Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.
Capítulo 3
El juicio de Dashkov se acercaba. Me iría este fin de semana con los otros guardianes y por mucho que odiara enfrentarme a Víctor nuevamente, me alegraría cuando todo esto terminara. Había sido una tortura ocultarle esto a Rose y estaba más que listo para simplemente ponerlo en el pasado.
Estaba trabajando en la patrulla nocturna alrededor de los dormitorios esta noche. Faltaba una hora más o menos para poder regresar a mi apartamento, pero una visión extraña delante de mí hizo que el anhelo de las comodidades de mi cama se detuviera de repente.
Rose estaba de pie en el lado oeste del edificio de dormitorios dhampir, usando solamente una bata y pantuflas y disfrutando del calor del sol. Era bastante obvio por su cabello anudado que había salido apresuradamente y me pregunté si había tenido otra pesadilla. Cada vez parecían ser menos comunes, había pasado una semana más o menos desde la última. Todavía estábamos en invierno, y aunque la nieve no era tan espesa como lo había sido hace un mes, aún había suficiente para cubrir el suelo. Sin una chaqueta ni ninguna otra protección contra el frío de los elementos, no había forma de que esta hubiera sido una excursión planeada después del toque de queda.
—¿Eres sonámbula?
Ella giró rápidamente, obviamente sin esperarme. El ceño fruncido en su rostro se convirtió inmediatamente en algo parecido a la conmoción y la vergüenza mientras trataba inútilmente de alisarse el cabello salvaje. Pero más rápido que los vientos cambiantes, Rose se puso su máscara más confiable: el sarcasmo.
—Estaba probando la seguridad de los dormitorios… apesta.
Sonreí y sacudí la cabeza, divertido, extrañaba su sentido del humor, incluso si lo estaba usando como un escudo por lo que sea que la hubiera traído hasta aquí en medio de la noche vampírica.
Vi que sus ojos se movían lentamente sobre mí, antes de que cambiara su peso y se frotara los brazos cubiertos por la delgada tela de su bata. Seguramente se estaba congelando. Incluso en un día despejado como este, con un viento constante soplando a través del campus, probablemente estábamos a -1°C y ella no estaba vestida para enfrentar los elementos.
—Debes estar congelándote. ¿Quieres mi abrigo? —Sabía que debía mandarla adentro para que se calentara, pero la parte egoísta de mí quería pasar un poco de tiempo con ella fuera del gimnasio. Me justifiqué a mí mismo diciéndome que tal vez hoy sería el día en que ella me contaría acerca de lo que la despertaba en medio de la noche. Tal vez no pudiera alejar sus pesadillas, pero quizás podría consolarla.
—Estoy bien, —respondió obstinadamente, incluso mientras la veía temblar—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿También éstas probando la seguridad?
—Yo soy la seguridad. Este es mi turno.
Se mordió el labio, tratando de ocultar una sonrisa traviesa—. Bueno, buen trabajo. Me alegro de poder poner a prueba tus increíbles habilidades.
Un silencio cayó entre nosotros, convirtiendo nuestras bromas juguetonas en algo incómodo. Odiaba que cada momento de silencio entre nosotros se volviera cada vez más incómodo. Parecía que siempre había algo que escondíamos del otro y con eso en nuestras mentes, no podíamos encontrar ningún otro tema alternativo.
—Bueno, debería irme. —Rose comenzó a caminar de regreso hacia la entrada, pero mi mano salió disparada para detenerla mientras se movía a mi lado.
—Rose... —el toque de su piel envió una onda de calor, calentándome desde adentro hacia afuera. Era casi impactante contra el frío del viento invernal, y me alejé rápidamente. Por su respiración acelerada y la forma en que su mirada se detenía donde la había tocado, solo podía adivinar que Rose experimentó algo similar. Ignoré el anhelo de explorar más la sensación, y en lugar de eso busqué satisfacer mi necesidad de asegurarme de que estaba bien—. ¿Qué estás haciendo realmente aquí?
Rose respiró hondo y soltó un suspiro—. Tuve un mal sueño. Necesitaba algo de aire. —Por cierto, se negó a mirarme, podía decir que era la verdad, incluso si no lo era completamente. Sin embargo, sabía que era lo mejor que obtendría de ella.
—Y entonces simplemente decidiste escabullirte. Romper las reglas ni siquiera cruzó por tu mente, y tampoco el ponerte un abrigo.
—Si, eso lo resume bastante bien.
—Rose, Rose. Nunca cambias, —negué con la cabeza, divertido por su impulsividad. Sus instintos eran geniales en la batalla, pero su actuar en el día a día necesitaba un poco de trabajo—. Siempre actuando sin pensar.
—Eso no es cierto, —protestó. Sus ojos se volvieron repentinamente vidriosos, perdiéndose en un recuerdo y perdiendo la concentración en el presente por un momento—. He cambiado mucho.
Era cierto, había cambiado. Había una parte de Rose que nunca volvería a ser la misma. La parte de ella que había muerto junto a uno de sus mejores amigos hacía solo unas semanas. La infantil inocencia de cuán cruel podía ser el mundo había desaparecido, y cierta oscuridad había tomado su lugar. En su mayor parte, Rose estaba bien, considerando todo lo sucedido. Sin embargo, había momentos en que parecía perderse a sí misma. Se empujaba hasta sus límites y de vez en cuando los rebasaba. Últimamente, se frustraba más fácilmente. Había puesto distancia entre ella y todos los demás, incluyéndome a mí. No sabía si era por terquedad o por miedo, pero en cualquier caso había una pared entre nosotros y ella era la única que podía derribarla.
Odiaba que ella hubiera sufrido tanto—. Tienes razón, has cambiado.
Ella sonrió, y pude decir que fue para mi beneficio—. Bueno, no te preocupes. Mi cumpleaños está cerca. Tan pronto como tenga dieciocho años, seré una adulta, ¿verdad? Estoy segura de que me despertaré esa mañana y seré bastante madura y todo eso.
—Sí, estoy seguro. ¿Cuanto falta, alrededor de un mes? —Lo dije despreocupadamente, pero tenía la fecha marcada en mi calendario desde hace meses. Una parte de mí se preguntaba vagamente si lo estaba esperando más que ella. Ya había hablado con Alberta sobre cómo obtener un permiso para sacarla del campus para celebrar. Solo una buena cena, tal vez alguna pequeña actividad como ir al boliche. Todo lo que ella realmente quisiera. Solo quería darle un día en que pudiera ser normal, donde pudiéramos ser normales. Seguía diciéndome a mí mismo que no sería una cita, no realmente, pero no podía evitar pensar que sería lo más parecido a una.
Sin embargo, al mirarla, sabía que valdría la pena cualquier obstáculo que tuviera que superar para asegurarme de que tuviera su momento especial. Sus ojos brillaban de emoción y orgullosamente proclamó—: Treinta y un días.
Reprimí mi sonrisa—. No es que los estés contando. —No es que ninguno de los dos los estuviéramos contando.
Se encogió de hombros.
—Supongo que también has hecho una lista de regalos de cumpleaños. —Mi voz era ligera, pero estaba sinceramente curioso. Quería darle un regalo también, pero no sabía qué sería apropiado. —¿Diez páginas? ¿A un espacio? ¿Clasificada por orden de prioridad?
Pude ver otra respuesta sarcástica formándose en sus labios, pero desapareció tan rápido como su sonrisa. Apartó la vista y susurró—: No, ninguna lista.
La miré con curiosidad, sabiendo que tenía que haber algo que ella quisiera—. No puedo creer que no quieras nada. Va a ser un cumpleaños aburrido. —Por más que intenté que ella me mirara a los ojos, se negó a hacerlo.
—No importa, —insistió.
—¿Qué es lo que…? —Me detuve en seco, comprendiendo de repente. Lo único que ella quería era lo único que no podía ofrecerle. Estaba fuera de mi alcance para mi propia vida, mucho menos para dársela a alguien más. Libertad. Libertad para vivir nuestras propias vidas, hacer nuestras propias elecciones y estar juntos como los dos deseábamos tan desesperadamente.
Si hubiera sido solamente por la edad o por nuestros roles en la Academia, tal vez podríamos haber resuelto algo. Pero nuestro compromiso con Lissa y nuestro deber como guardianes nos mantendría siempre fuera del alcance del otro. Caminamos en un baile elaborado a nuestro alrededor. Nos atraía el deseo, susurrábamos promesas que nunca se cumplirían y nos dábamos besos robados. Sin embargo, la realidad siempre nos separaría nuevamente. No era una relación sana, pero sabía que nunca encontraría a otra persona que pudiera hacerme sentir como ella. Si no podía estar con ella, no valía la pena estar con nadie más.
Esa era mi elección sin embargo. Sabía que ella me quería. Aún podía ver el anhelo en sus ojos de vez en cuando entre nuestras sesiones de entrenamiento. Sin embargo, nunca la obligaría a aceptar el mismo voto de soledad que prácticamente me había impuesto. Me dio un vuelco el corazón al pensar que alguna vez estaría con alguien más, pero sentía que ella se merecía cada alegría que la vida tuviera para ofrecerle, y si yo no podía dárselo, no me opondría a que estuviera con alguien que pudiera hacerlo.
Aún así, esa era una conversación para otro día. En este momento, podía verla temblar y eso era algo de lo que podía ocuparme—. Puedes negarlo todo lo que quieras, pero sé que te estás congelando. Vamos adentro. Te ayudaré a entrar por atrás.
—Creo que eres tú el que tiene frío, —bromeó, golpeándome el brazo con el hombro mientras caminábamos lado a lado—. ¿No deberías de ser más resistente al frío y todo eso, ya que eres de Siberia?
—No creo que Siberia sea exactamente lo que te imaginas.
—Me lo imagino como un páramo ártico.
Me paré en seco, quedándome un poco atrás. Sabía que juguetonamente se burlaba de mi hogar de vez en cuando, pero un "páramo ártico" estaba tan lejos de la realidad que era casi cómico—. Entonces definitivamente no es lo que te imaginas.
Ella me miró—. ¿Lo extrañas?
—Todo el tiempo, —admití. Un día, la llevaría a conocer mi tierra natal para que pudiera entender por sí misma—. Algunas veces desearía…
—¡Belikov!
Una voz aguda me llamó. La reconocí de inmediato y maldije por lo bajo. Aunque Alberta tenía conocimiento de que la relación entre Roza y yo no era muy platónica, sabía que no aprobaría que pasara tiempo con ella pasado el toque de queda.
Rose ya había doblado la esquina, y con un poco de suerte, no la había visto. La empujé un poco más hacia atrás, solo para estar seguro, y le dije que se mantuviera fuera de la vista. Me estaba volteando para enfrentar a la Capitana de la Guardia Escolar mientras Rose se escondía detrás de un acebo.
Si la Guardiana Petrov pensaba que algo andaba mal, no lo demostró. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la saludé.— No estás de servicio.
—No, pero necesitaba hablar contigo. Solamente tomará un minuto. Necesitamos cambiar algunos de los turnos de guardia mientras estés fuera para el juicio.
Me tragué un gemido, sabiendo muy bien que Rose estaba escuchando esta conversación. Alberta y yo habíamos logrado mantener lo del juicio en secreto y Alberta iba a revelarlo unos días antes. Sin embargo, no podía decirle exactamente que no dijera nada sobre el asunto sin revelar que Rose estaba escuchando. Traté de desviar la conversación, sin dejar de ser lo más vago posible sobre el asunto—. Me lo imaginaba. Va a poner cierta presión sobre todos los demás, es un mal momento.
—Sí, bueno, la reina trabaja según su propio horario. —Alberta estaba frustrada. Honestamente, todos lo estábamos. Sin embargo, los Moroi dirigían el programa y nosotros los guardianes simplemente hacíamos línea—. Celeste se hará cargo de tus turnos, y ella y Emil se dividirán tus horas de entrenamiento. Dicen que no les importa el trabajo extra, pero me preguntaba si podrías balancear las cosas un poco y hacerte cargo de algunos de sus turnos antes de irte.
—Absolutamente. —Dije, esperando que esto fuera suficiente para terminar la conversación, al menos por el momento. No tenía problemas en tomar algunos turnos extra, especialmente porque había cancelado los entrenamientos adicionales de Rose por la experiencia de campo que comenzaba mañana. Ella estaría con su Moroi asignado casi a cada momento del día, y pronto estaría agregando unas horas más a mi agenda haciendo ataques fingidos para que ella y los demás estudiantes pusieran a prueba sus habilidades de entrenamiento.
—Gracias. Creo que eso ayudará. —Alberta suspiró, y pude ver su máscara profesional relajarse en algo más personal—. Desearía saber cuánto tiempo va a durar este juicio. No quiero estar lejos tanto tiempo. Uno pensaría que sería un caso cerrado con Dashkov, pero escuché que la reina está un poco aprehensiva acerca de poner en prisión a alguien de la realeza.
Me puse rígido cuando la Guardiana Petrov reveló el nombre de Victor. Mierda, no había forma de que Rose no hubiera escuchado lo que acababa de decir. Intenté mantener la compostura mientras proseguía la conversación—. Estoy seguro de que hará lo correcto.
—Eso espero. Y espero que éste proceso solo tome unos días, como dicen. Mira, el frío aquí afuera es miserable. ¿Te importaría venir a la oficina por un segundo para ver el cronograma?
—Claro. Déjame revisar algo primero. —Tuve suerte de que Rose no hubiera aparecido detrás del acebo en el momento en que escuchó el nombre de Dashkov, pero sabía que no sería tan paciente si intentaba irme sin explicarle nada.
—De acuerdo. Te veo pronto. —Alberta giró hacia el edificio de la Administración y me quedé quieto hasta que estuvo lo suficientemente lejos del alcance auditivo antes de doblar la esquina del edificio. Apenas había llegado al escondite de Rose antes de que ella saliera.
—Rose…
—¿Dashkov, de Víctor Dashkov?
No tenía caso negarlo. Ahora que la noticia había salido a la luz, me sentía peor por haberle mentido sobre el hecho de que habría un juicio—. Sí, Victor Dashkov.
—Y ustedes estaban hablando de... ¿quieres decir... —saltó de un pensamiento a otro, armando la imagen pieza por pieza. Tan pronto como el acertijo quedó bastante claro, su voz se volvió acusadora—. ¡Pensé que estaba encerrado! ¿Estás diciendo que todavía no ha sido enjuiciado?
Sabía que me merecía un poco de su enojo por ocultarle esto, pero por el momento parecía estar un poco irritada. Estaba medio esperando que me golpeara—. Ha estado encerrado, pero no, aún no ha habido juicio. Los procedimientos legales a veces tardan algún tiempo.
—¿Pero va a haber un juicio ahora? ¿Y tú vas a ir? —Su tono era acusatorio y pronunció las palabras con los dientes apretados.
Asentí—. La próxima semana. Necesitan que algunos de los otros guardianes y yo testifiquemos sobre lo que te sucedió a ti y a Lissa esa noche. —El hecho de que Víctor se hubiera apoderado de Vasilisa, quien era mi responsabilidad, y la torturara me enfermaba. Fue aún peor ver a Rose sufrir los efectos de la tortura a través del vínculo y ser completamente impotente para hacer algo al respecto. A una parte de mí, la parte que no quería reconocer que existía, no le habría importado si Víctor hubiera perecido en el rescate. La idea de que incluso tuviera una pequeña posibilidad de amenazar a Lissa o a Rose nuevamente era suficiente para ponerme los pelos de punta.
—Llámame loca por preguntar esto, pero, um… —Por la forma en que me miró, ya sabía cuál era su pregunta y estaba bastante seguro de que ella ya sabía la respuesta—. ¿Lissa y yo iremos contigo?
—No.
—¿No?
—No. —Ella no se veía más feliz escuchando mi respuesta que yo dándosela. Seguía pensando que tanto ella como Lissa tenían todo el derecho de estar presentes en el juicio, y su testimonio no haría más que garantizarle a Dashkov una condena de por vida.
—Mira, ¿no te parece razonable que si van a hablar sobre lo que nos sucedió a nosotras, entonces deberíamos estar allí?
Escondí mis emociones, deseando nada más que decirle lo mucho que estaba de acuerdo con ella, pero sabiendo que no debía alentar su temperamento en este momento. Le di la misma excusa general que Alberta me había dado—. La reina y algunos de los otros guardianes pensaron que sería mejor que ustedes no fueran. Hay suficiente evidencia con el resto de nosotros, y además, criminal o no, él es, o era, uno de los miembros más poderosos de la realeza en el mundo. Quienes conocen sobre éste juicio quieren mantenerlo en secreto.
Esperaba que esto fuera suficiente para aplacarla, pero tuvo el efecto opuesto. Continuó dirigiendo su frustración hacia mí, su objetivo más cercano, con una mirada furiosa y susurros ásperos—. Entonces, ¿crees que si nos llevas, se lo diremos a todos? —Estaba agradecido de que Rose estuviera tratando de permanecer oculta en ese momento, porque podía darme cuenta de lo mucho que quería gritar—. Vamos, camarada. ¿De verdad crees que haríamos eso? Lo único que queremos es ver a Víctor encerrado. Para siempre, quizás más. Y si hay una posibilidad de que él salga libre, tienes que dejarnos ir.
Respiré profundamente antes de responder, preparándome—. No me corresponde a mí tomar esa decisión.
—Pero tienes influencias, —suplicó—. Podrías hablar por nosotras, especialmente si... —Su enojo se desvaneció por un momento, revelando un pánico inesperado—. Especialmente si de verdad existe la posibilidad de que pueda quedar libre. ¿Hay alguna posibilidad de que la reina lo deje ir?
Sentí que el instinto protector se apoderaba de mí nuevamente; lo que me hizo desear envolverla en mis brazos y prometerle que todo estaría bien porque me aseguraría de que nunca le pasara nada malo. No podía prometerle eso, porque estaba casi garantizado que su vida estaría llena de dolor, miedo, decepción y experiencias cercanas a la muerte.
—No lo sé. No hay forma de decir lo que ella o algunos de los miembros de la realeza de alto rango harán a veces. —Podía sentir que esta conversación comenzaba a cansarme, no porque hablar con Rose fuera difícil, sino porque era incapaz de darle lo que ella quería. También sabía que el tiempo se estaba agotando y tenía que irme antes de que Alberta viniera a buscarme. Busqué en mi bolsillo y le arrojé a Rose mi juego de llaves—. Mira, sé que estás molesta, pero no podemos hablar de esto ahora. Tengo que ir a ver a Alberta, y tú tienes que entrar. La llave cuadrada te dejará entrar por la puerta lateral más alejada. Tú sabes cuál.
—Sí, gracias, —respondió, ligeramente abatida pero entendiendo de todos modos. Ojalá pudiera decir que esta era la primera vez que había colado a Rose de vuelta en su dormitorio después de haberla encontrado afuera después del toque de queda. No podía considerarme realmente su mentor por más de un motivo. Me aseguraba de que aprendiera las lecciones de combate más importantes, pero pasaba por alto la mayoría de las veces que Rose pasaba por encima de las reglas.
Sus hombros cayeron un poco mientras giraba hacia la entrada oculta. Solo había dado unos pasos cuando la llamé.
—¿Rose? —Su cabeza se volvió automáticamente hacia mí—. Lo siento.
Ella asintió, ofreciendo una sonrisa conciliadora ante mi disculpa. Sabía que no me culpaba personalmente por la situación, pero también era difícil admitir que no era tan poderoso como ella creía que era. La vi jugar con las llaves en la palma de su mano y sonreí en un intento de aligerar el estado de ánimo—. Y será mejor que me devuelvas esas llaves mañana.
Puso los ojos en blanco y comenzó a caminar de nuevo. Mi reprimenda juguetona había caído en oídos sordos. La miré hasta que dobló la esquina y luego me dirigí a la oficina de administración.
Los pasillos estaban bastante silenciosos, con uno o dos guardianes en el salón de guardianes durante el receso de su turno. Pasé junto a ellos saludándolos simplemente con la mano antes de llamar a la puerta de Alberta.
—Adelante. —Cuando entré, Alberta estaba escribiendo furiosamente en algunos papeles. Me detuve a unos pocos pies de su escritorio. No me senté, realmente esperaba que esto no llevara demasiado tiempo y pudiera regresar a mi apartamento rápidamente.
—Aún no estoy seguro de cuándo encuentras tiempo para dormir. —Si bien no estaba de humor para una charla ociosa, no pude evitar comentar el hecho de que Alberta había pasado todo el día detrás de su escritorio preparándose para las prácticas de campo de mañana, y no parecía que tuviera ningún plan para parar en cualquier momento próximo.
—Oh, entrené para eliminar la necesidad de dormir hace mucho tiempo, Belikov. Ahora soy inmune a sus garras. —Su voz debía ser ligera, pero podía escuchar la tensión detrás de su broma.
—Bien, encarguémonos de los horarios y esperemos que tenga algo de tiempo para descansar solo por la novedad.
Me dió unos papeles. Era un horario para la próxima semana, dónde registraba que tendría que trabajar turnos extra el lunes, el martes y el miércoles, ya que nos iríamos el jueves y estaríamos fuera al menos durante el fin de semana.
—Esto es lo que propongo. Sé que es una semana extremadamente agitada para ti, pero parece que será la más equilibrada para todos, especialmente si el juicio continúa durante la próxima semana. Tengo ese horario preparado también, pero sinceramente espero que no sea necesario.
Lo miré por última vez, dándome cuenta de que tal vez necesitaría tomar prestada la habilidad de la Guardiana Petrov para evitar dormir durante los próximos días. Estaría trabajando un turno extra de ocho horas por día durante la semana además de mis ocho habituales. El martes era mi día de diez horas, así que estaría trabajando 18 horas solo ese día. Todos los novicios de San Basilio habíamos sido entrenados para pasar hasta 36 horas sin dormir, pero era una experiencia difícil y frustrante. Incluso con la oportunidad de dormir períodos cortos entre mis turnos, sabía que los próximos días serían menos agradables.
Aún así, haría lo que tuviera que hacer. Alberta era justa, y no escribiría un horario como este a menos que sintiera que era realmente necesario. También sabía que no era el único que estaría trabajando en horarios como este. Alberta ya estaba asumiendo el peso del trabajo para poder ir al juicio, y había un puñado de guardianes trabajando igual de duro esta semana.
—Está bien, —admití, a pesar de que estaba cansado y listo para rechazar todo de una vez.
—Gracias. Sé que tu turno actual termina en unos 20 minutos, pero siéntete libre de tomar tu descanso de una vez. Lo necesitarás.
—En realidad, sé que hemos discutido esto antes, pero tengo que preguntar de nuevo…
Alberta levantó la vista, sabiendo lo que iba a decir.
—¿…hay alguna manera de que los estudiantes…?
—Lo siento, Dimitri. Lo he solicitado, dos veces, de hecho, pero la Reina es inflexible en el hecho de que quiere mantener el juicio lo más pequeño posible. No creo que haya nada más que ninguno de nosotros pueda hacer.
Rompí mi postura atenta y froté el pliegue en mi frente. Sabía qué respuesta iba a escuchar, pero fue decepcionante escucharla de todos modos.
—Por otra parte, quizás hay un lado bueno en todo esto. No tendrán que volver a verlo. Sé que no sería fácil para ninguno de ellos, especialmente para Vasilisa. Y con todo lo demás... bueno, Christian y Rose no necesitan el estrés adicional.
Asentí con la cabeza, de acuerdo con ella hasta cierto punto. Sabía que Rose haría cualquier cosa para asegurarse de que Víctor estuviera tras las rejas, incluso si era difícil para ella. Después de ver a Christian con Lissa, estaba bastante seguro de que él haría lo mismo. Sin embargo, también sabía que ambos le evitarían a Lissa cualquier sufrimiento asociado con el asunto, así como yo preferiría evitarle cualquier sufrimiento a Rose. Ella estaría molesta de que no pudiera prestar su voz a la causa, pero estaba seguro de que todo saldría bien y Victor obtendría la sentencia que merecía. Si todo salía bien al final, ¿no debería de ser eso suficiente?
—Quizás tengas razón, —admití, aunque mis palabras estaban vacías—. Deberías intentar descansar también, si puedes hacerlo. Mañana va a ser un día difícil.
Alberta emitió un sonido en vago acuerdo conmigo mientras escaneaba algunos papeles nuevos, despidiéndome con la mano cuando me vio salir por el rabillo del ojo. Estaba bastante seguro de que no tenía planes de dormir en el futuro cercano.
Chicos, aquí está el capítulo de ésta semana, ya que saben que la dinámica es subir un capítulo una semana después o cuándo alcancen la meta de los reviews, y ahora pasó la semana primero.
Muchas gracias a todos por sus lindos comentarios, no saben como me alegran el día con sus fangirleos, la mayor parte del tiempo me matan de risa con sus ocurrencias, quiero darle las gracias personalmente a Isabella, Beat Belikova, LuzdeLuna (que si eres fan de Sailor Moon, me caes aún mejor porque yo también lo soy jejejeje), Iran, Bar HerreraSilva, Duendha, maccacastro, Javiera Paz, Delta, Alexmar34, Lily, Brbara, herlandy, Sally, Jake Sandoval, Fran, Pilar, RoxyVbr, Kat, Jacqueline, MayraML, Mili98, Dimka, Gy, Diana Sauxedo, elliecrowne, esmeraldagc1518, y a todos los que comentan como guest, muchas gracias por sus lindos comentarios y su apoyo incondicional con las historias.
Espero que este capítulo les haya gustado, nuestra querida Rose ya se enteró del juicio de Víctor, y el pobre de nuestro Dios Ruso se siente mal por no ser tan influyente y poderoso como Rose piensa. ¿Sentirá celos de Adrián cuándo éste logre que los chicos asistan al juicio?
Bueno, el capítulo 3 lo publicaré el próximo viernes o cuándo lleguemos a los 190 reviews. Les deseo un muy feliz y próspero Año Nuevo, que todos sus deseos y metas que se propongan en este nuevo año se cumplan, y sean cómo nuestra Rose y nunca dejen de luchar por sus sueños. Cuídense mucho y nos leemos en el siguiente capítulo.
