Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.


Capítulo 9

Me senté en mi asiento habitual. Banco trasero, en la esquina más alejada a la izquierda de las puertas principales de la iglesia. Era un lugar tranquilo, lejos de la charla de otros estudiantes que estaban más interesados en socializar que en las Escrituras, y sin tomar los preciosos lugares cerca del altar para aquellos que eran verdaderos creyentes.

No había comulgado en años, desde la muerte de Iván. Incluso si no me sintiera inseguro de mi valía para participar de la comunión debido a mi lista de muertes, siempre ha habido una gran duda que ha crecido y se ha arraigado en mi alma. Era enserio cuando decía que de verdad quería creer. Quizás tenía miedo de no creer. Ya sea con miedo o con esperanza, asistía a misa cada semana como mi madre me había enseñado en mi juventud. Canturreaba silenciosamente o cantaba los himnos, escuchaba el sermón y oraba junto a los demás en la congregación. Hacía todos los movimientos, con la esperanza de que un día fuera suficiente.

Cerca del final del servicio, vi el largo cabello rubio de Lissa levantándose de su asiento, caminando por el pasillo para participar de la ofrenda de la Comunión. Varios otros se unieron a ella frente al sacerdote. Como era de esperar, Rose se quedó atrás, aunque Lissa trajo un pedazo de pan bendito para ella y para Christian, que estaba sentado al otro lado del asiento desocupado de Lissa. Poco después del ritual, el servicio terminó y los estudiantes comenzaron a salir, prácticamente huyendo a otras actividades del día. Podía decir que los estudiantes dhampir especialmente, estaban ansiosos por disfrutar su único día de libertad. Todos menos uno.

Rose continuó enfurruñada en el mismo lugar en que la había visto antes, ahora sola. Sin duda, Lissa y Christian habían partido para disfrutar algo de su privacidad también. Rose nunca había sido devota del concepto de arrepentimiento y penitencia, no creo haberla visto participar en el servicio nunca, y parecía menos entusiasta ahora. Alberta me había avisado que su servicio comunitario estaba programado para completarse inmediatamente después de la misa. Lentamente me dirigí hacia ella, sorprendiéndola en el momento en que mi mano tocó su hombro.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Me preguntó. Había conmoción en su rostro, pero también una mezcla de emociones que no podía leer.

—Pensé que podrías necesitar ayuda. Oí que el sacerdote tiene mucho que limpiar.

Rose me miró con escepticismo—. Sí, pero tú no eres el que está castigado aquí. Y este es tu día libre también. Nosotros, bueno, todos los demás, pasamos toda la semana luchando, pero ustedes son los que realizaron las peleas todo el tiempo. —Su enfoque cambió de mis ojos a mi mejilla derecha, donde sabía que había un pequeño moretón ganado hace solo un día. Era uno de muchos, pero probablemente una de las lesiones menores con las que tendría que lidiar durante las próximas semanas.

Solo le devolví la sonrisa, saboreando su preocupación tácita—. ¿Qué más podría hacer hoy?

—Podría pensar en un centenar de cosas. —Su rostro permanecía en blanco, su tono era seco, pero sus ojos tenían una chispa de malicia en ellos—. Probablemente hay una película de John Wayne en algún lugar que no has visto.

—No, no la hay. —Traté de igualar su ingenio, pero apenas pude contener mi sonrisa—. Las he visto todas. Mira, el sacerdote nos está esperando.

El padre Andrew ya se había cambiado, intercambiando su ropa ceremonial por algo más práctico, y ahora nos miraba expectante. Cuando nos acercamos a él, aún podía ver a Rose lanzando ocasionales miradas de interrogación.

—Gracias a los dos por ofrecerse como voluntarios para ayudarme. —La voz del padre Andrew se abrió paso antes de que pudiera considerarlo más—. No vamos a hacer nada particularmente complejo hoy. En realidad será un poco aburrido, de verdad. Tendremos que hacer la limpieza regular, por supuesto, y luego me gustaría ordenar las cajas de suministros viejos que tengo acumulados en el ático.

—Estaremos felices de hacer lo que usted necesite. —Su entusiasmo por nuestra ayuda era obvio y me pregunté si estaría acostumbrado a limpiar todo por su cuenta cuando no había una delincuente y su mentor enfermo de amor coaccionados para ayudarle con el servicio. Mi madre a menudo nos mandaba a ayudar a limpiar la capilla después de la misa en casa, y tal vez debería empezar a hacerme el hábito de ofrecer una mano aquí de vez en cuando.

Me dió un trapo para quitar el polvo y me puse a trabajar puliendo cada banco. Rose tomó la fregona y el cubo y trabajamos en silencio. Era un trabajo repetitivo que no requería mucha concentración y que siempre ofrecía una gran oportunidad para la reflexión y la meditación. Era similar a correr, donde podías estar tan concentrado que todo lo demás desaparecía. Sin embargo, por más que intenté concentrarme, no pude evitar mirar a Rose una y otra vez.

De vez en cuando, ella se detenía, tomándose un momento para mirarme mientras trabajaba. Cada vez, ella me miraba confundida y yo permitía que esa confusión se desvaneciera lentamente antes de encontrar su mirada y ofrecerle una sonrisa a cambio. Sin embargo, nunca duraba mucho. Uno de nosotros rompería el contacto visual en el siguiente momento, continuando nuestro trabajo con vigor hasta que todo el ciclo se repetía de cinco a diez minutos más tarde.

Una vez que finalmente terminamos con la limpieza, el Padre Andrew nos llevó al desván. Me estremecí al recordar a Lissa, tendida en un pequeño charco de su propia sangre, una terrible imagen que me perseguía. Me preguntaba si Rose veía lo mismo que yo, pero basándome en su mal genio, lo dudaba.

Nos tomó varios viajes, pero pudimos mover todas las viejas cajas de libros sin problemas o lesiones, y pronto nos acomodamos en el pequeño cuarto de almacenamiento, dividiéndolas en pilas de las que teníamos que guardar y las que teníamos que tirar según las instrucciones del padre Andrew. Se sintió tan bien relajarse un poco después de la larga semana. Era incluso mejor pasar tiempo con Roza. Hubiera preferido que tuviéramos un poco más de privacidad y un poco más de conversación, pero no iba a desairar ningún momento que pudiera pasar con ella.

La observé estirando distraídamente sus músculos cansados, recordándome a mí mismo que no debía mirar. Por el amor de Dios, estaba en compañía de un sacerdote. Afortunadamente, él no pareció darse cuenta de nada y tampoco ella. Cortésmente preguntó por sus clases e incluso me preguntó cómo estaba mi familia. Me sorprendió que incluso los recordara, ya que solo había hablado de ellos una vez cuando me mudé aquí. La conversación continuó agradablemente mientras trabajábamos durante la siguiente hora, pero como era su naturaleza, Rose nos sorprendió.

—Disculpe, ¿usted cree en los fantasmas? —Tanto el padre Andrew como yo nos detuvimos ante su pregunta antes de continuar—. Quiero decir, ¿hay alguna mención de ellos en... en todos estos libros?

La risa afable del sacerdote ahogó mi suave reprimenda—. Bueno... depende de cómo definas "fantasma," supongo.

Rose rozó sus dedos contra un viejo libro de teología—. El punto de todo esto es que cuando mueres, vas al cielo o al infierno. Eso hace que los fantasmas solo sean historias, ¿verdad? —No pude dejar de notar que se negaba rotundamente a mirarnos a los dos—. No están en la Biblia ni nada.

—De nuevo, depende de tu definición. —El padre Andrew apartó la pila de libros que estaba ordenando y le ofreció toda su atención a Rose—. Nuestra fe siempre ha sostenido que después de la muerte, el espíritu se separa del cuerpo y puede quedarse en este mundo.

—¿Qué? —El ruido sordo de un cuenco de madera golpeando el suelo resonó en las paredes. Rose lo había estado sosteniendo momentos antes, pero ahora rodaba por el suelo bajo sus manos y su expresión ansiosa. Ella se apresuró a recoger el plato antes de cuestionar al cura desesperadamente de nuevo—. ¿Por cuánto tiempo? ¿Por siempre?

La forma en que Rose estaba tan atenta a su respuesta me sorprendió. Rose tendía a decir lo que pensaba, y de vez en cuando eso significaba que iba de un tema al azar a otro, pero me pareció que esto no era simplemente otro tema de conversación. Casi parecía que necesitaba saber.

—No, no, claro que no. Eso va en contra de la resurrección y la salvación, que forman las piedras angulares de nuestras creencias. Pero se cree que el alma puede permanecer en la tierra durante tres a cuarenta días después de la muerte. Eventualmente recibe un juicio "temporal" que lo envía desde este mundo al cielo o al infierno, aunque nadie experimentará realmente ninguno hasta el verdadero día del Juicio Final, cuando el alma y el cuerpo se reúnan para vivir en la eternidad como uno solo.

—Sí, pero ¿es cierto o no? ¿Los espíritus realmente caminan por la tierra durante cuarenta días después de la muerte?

—Ah, Rose... aquellos que tienen que preguntar si la fe es verdadera están abriendo una discusión para la que quizás no estén preparados.

Rose suspiró, asintiendo con la cabeza con un pequeño gesto de acuerdo que quizás también estaba teñido de decepción.

—Pero, si te ayuda, —el sacerdote ofreció amablemente—, algunas de estas ideas son paralelas a las creencias populares de Europa del Este sobre fantasmas que existían antes de la expansión del cristianismo. Esas creencias han defendido por mucho tiempo la idea de que los espíritus se quedan por poco tiempo después de la muerte, particularmente si la persona en cuestión murió joven o violentamente.

Y así como así, mi mente se transportó hacia donde la suya seguramente había estado encarcelada todo este tiempo. Masón. Había pasado solo unas pocas semanas atrás. No podía imaginar que hubieran pasado incluso cuarenta días. Y si la muerte de alguien podía considerarse joven o violenta, era la de su amigo y admirador.

Era natural que Rose siguiera preocupada por su muerte. Ella había sido testigo de primera mano. A pesar de que había intentado convencerla de lo contrario, sabía que todavía se culpaba parcialmente a sí misma. ¿Era tan extraño para ella preocuparse por lo que podría haber sido de él después de esta breve mortalidad? Sentí una punzada de enojo porque una vez más me había ocultado sus preocupaciones, pero la sacudí rápidamente. No era una autoridad en el más allá. Mi único papel en la comprensión de la muerte era enviar criaturas sin alma a lo que nos esperaba a todos en el otro lado.

Su voz, pequeña y cautelosa, rompió la tensión creciente—. ¿Por qué? ¿Por qué se quedarían? ¿Es... es por venganza?

El padre rápidamente echó un vistazo en mi dirección, enviando un mensaje de interrogación silencioso lleno de preocupación—. Estoy seguro de que hay algunos que creen eso, al igual que algunos creen que es porque el alma tiene problemas para encontrar la paz después de algo tan inquietante.

—¿Usted que cree?

El padre Andrew lo pensó por un momento y sonrió. No era de alegría, sino de consuelo—. Creo que el alma se separa del cuerpo, como nuestros padres nos enseñaron, pero dudo que el tiempo del alma en la tierra sea algo que los vivos puedan percibir. No es como en las películas, con fantasmas rondando edificios o visitando a aquellos que conocían. Imagino a estos espíritus más como una energía existente a nuestro alrededor, algo más allá de nuestra percepción mientras esperan avanzar y encontrar la paz. Al final, lo que importa es lo que sucede más allá de esta tierra cuando alcanzamos la vida eterna que nuestro Salvador compró para nosotros con su gran sacrificio. Eso es lo importante.

Por la forma en que Rose se mordió los labios, no podría decir si estaba considerando sus palabras, o considerando discutir con su lógica. Al final permaneció en silencio. Se negó a mirarnos a los dos, levantando lentamente otra caja polvorienta y poniéndola en la pila adecuada.

Un momento después, el sacerdote trató de hacerla volver a su anterior humor más jovial—. Acabo de recibir algunos libros nuevos de un amigo en otra parroquia. Historias interesantes sobre San Vladimir. ¿Sigues interesado en él y Anna?

Sabía que Rose había hablado antes sobre San Vladimir y su guardiana, Anna. Ella había investigado intensamente a la pareja a principios de año, y finalmente sus hallazgos le dieron claridad al vínculo entre ella y Lissa. San Vladimir era un usuario del espíritu, aunque los registros de él y sus habilidades habían sido enmascarados por el tiempo y el lenguaje. Anna, su compañera de vínculo, del mismo modo que Rose lo era para Lissa, tenía aún menos información escrita sobre ella. Aprender sobre Anna era similar a aprender sobre ella de alguna manera, y no era ninguna sorpresa que hubiera buscado información sobre ella. Entonces, me sorprendió cuando su respuesta fue menos que entusiasta.

—Sí, estoy interesada. Pero no creo que pueda ponerme a ello pronto. Estoy bastante ocupada con todo esto, —agitó su mano libre junto a su cabeza vagamente—, ...ya sabe, cosas de la experiencia de campo.

Y eso fue el final de su charla. Nuestra conversación se restableció gradualmente durante la siguiente media hora, aunque Rose solo ofreció respuestas de una sola sílaba, y solo cuando se le hacía una pregunta directamente. Por lo demás, el padre y yo hablamos sobre la antigua capilla en mi ciudad natal, y algunos de los eventos comunitarios que ofrecía durante todo el año. El padre Andrew, quien había pasado un año en Tula, a varios miles de kilómetros de la casa de mi familia, recordó los gratos recuerdos de Maslenitsa. El festival de una semana que proseguía Semana Santa era algo que no se celebraba fuera de las fronteras de Rusia, aunque Mardi Gras sería considerado similar, supongo. A menudo presentaba bailes, banquetes y todo tipo de tradiciones extrañas. El padre habló de la quema anual de la efigie de Lady Winter, y yo relaté las carreras de trineos que muchos de los niños practicaban durante todo el invierno. Más que nada, hablamos de los muchos, muchos panqueques que consumíamos durante solo siete días. Si había un aspecto de ese festival del que mi madre se enorgullecía, era su contribución de blini relleno de queso.

Rose, cuyo humor normalmente se iluminaba cada vez que ofrecía una parte de mi pasado, permaneció curiosamente en silencio todo el tiempo. Parecía estar perdida en su propia mente, reflexionando sobre pensamientos que se negaba a compartir conmigo. Si ayer me había molestado y casi enojado por su falta de apertura conmigo, hoy estaba más preocupado que nada.

Eventualmente, nos quedamos sin libros para ordenar y el Padre Andrew nos dijo que había una última tarea que quería que hiciéramos antes de terminar.

—Necesito que lleven estos libros al campus de primaria, —dijo, señalando cuatro de las cajas que acabábamos de organizar. Dos grandes, y dos más pequeñas. Si recordaba correctamente, estaban llenas con biblias ilustradas y otros materiales para niños. Muchos eran viejos y se consideraban obsoletos, pero, una vez más, no era como si la Biblia hubiera cambiado mucho recientemente—. Déjenlos en el dormitorio Moroi. La Señora Davis ha estado impartiendo clases dominicales para algunos de los niños de kinder y podría usarlos.

Rose se dirigió automáticamente hacia la caja más grande y más pesada, pero rápidamente la tomé antes que ella. Me miró frunciendo un poco el ceño por mis acciones, pero no protestó mientras tomaba la segunda caja más grande en la pila. Ninguno de los dos podía cargar nada más, así que parecía que nos tomaría dos viajes terminar el trabajo.

Permaneció en silencio cuando salimos de la capilla y caminamos la larga distancia al campus de Primaria. A mitad del camino, no pude soportarlo más. Por lo general, no me molestaban los momentos tranquilos entre Rose y yo. A menudo eran pacíficos. No necesitábamos palabras para llenar el espacio. Sin embargo, en este momento, cualquier paz que hubiera esperado estaba siendo enmascarada por la ansiedad.

—¿Por qué te interesa el tema de los fantasmas? —Intenté mantener mi tono ligero.

—Sólo estaba haciendo conversación.

—No puedo ver tu cara en este momento, —gracias a una caja que curiosamente parecía estar cada vez más pesada con cada paso—, pero tengo la sensación de que estás mintiendo de nuevo.

Prácticamente pude verla rodar los ojos por mi acusación—. Por Dios, todos piensan lo peor de mí últimamente. Stan me acusó de buscar la gloria.

—Oí algo sobre eso. —Hice todo lo posible para no mencionar el conflicto entre ellos, pero si ella estaba dispuesta a compartirlo, no iba a rechazar la oportunidad—. Eso debe haber sido un poco injusto por parte de él.

—¿Un poco, eh? —Mi corazón saltó al escuchar la sonrisa en su voz, pero tan rápido como había llegado, se había desvanecido—. Bueno, gracias, pero estoy empezando a perder la fe en esta experiencia de campo. A veces en toda la Academia.

—No lo dices en serio. —La Academia la había educado, incluso la había criado. Era su hogar en todos los sentidos.

—No lo sé. La escuela parece estar envuelta en reglas y políticas que no tienen nada que ver con la vida real. Vi lo que hay allá afuera, camarada. Entré directamente en la guarida del lobo. —La forma en que lo dijo estaba llena de remordimiento, sin jactarse de ello—. De alguna manera... no sé si esto realmente nos prepara para ello.

—A veces... yo también pienso eso. —Creo que mi admisión nos sorprendió a los dos.

El pie de Rose se enganchó en el último escalón de uno de los dormitorios Moroi del campus de primaria, afortunadamente recuperó el equilibrio justo a tiempo para evitar que ella y la caja cayeran—. ¿De verdad?

—De verdad, —confirmé—, quiero decir, no estoy de acuerdo con que los novicios salgan a luchar al mundo cuando tengan diez años de edad o algo así, pero a veces he pensado que la experiencia de campo debería estar realmente en el campo. Probablemente aprendí más en mi primer año como guardián que en todos mis años de entrenamiento. —Mi mente recordó todo lo que sucedió ese primer año, desde mi primer asesinato hasta la primera vez que pensé que iba a morir. No… eso no sucedió en el campo, eso sucedió dentro de las cuatro paredes de mi casa durante mi infancia—. Bueno... tal vez no todo. Pero es una situación totalmente diferente.

Me alegraba que mi admisión pareciera haber construido un puente entre la distancia que había sentido entre nosotros todo el día. Parecía casi agradecida por mi apoyo silencioso. Desafortunadamente, este no era el momento de conectarnos sobre la utilidad del entrenamiento de la experiencia de campo. Rose ajustó su pesada caja una vez más y examiné el vestíbulo en busca de un adulto. Todo lo que pude ver fue un grupo de jóvenes adolescentes.

—Oh, estamos en el dormitorio de la escuela secundaria. Los niños más pequeños están al lado.

—Sí, pero la Señora Davis vive en este edificio. Déjame tratar de encontrarla y ver dónde quiere esto. —Puse mi caja en uno de los bancos cerca de la entrada, y Rose hizo lo mismo—. Vuelvo enseguida.

Se recargó contra la pared cuando comencé a caminar hacia la escalera. Alisa Davis era una de las pocas personas originarias de Rusia en San Vladimir. Ella había crecido en San Petersburgo y conoció a su esposo en la corte. Falleció unos años después de casarse y, en lugar de volver al lugar que una vez conoció, se mudó a la Academia. Ahora enseñaba ruso en el campus de la escuela primaria, atraída por los niños pequeños que nunca llamaría suyos.

De manera similar, me sentí atraído por ella cuando me trasladé por primera vez aquí. Ella me recordaba a mi propia madre, y ocasionalmente pasábamos una velada disfrutando de platillos y conversaciones familiares de nuestra patria. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que la había visto.

—¡Mitya! —Ella abrió la puerta con una enorme sonrisa al primer golpe. La Señora Davis había solicitado ser una de las matronas del piso en los dormitorios y su apartamento estaba al final del pasillo.

—Tyotya, —contesté con una sonrisa. Alisa me había pedido que la llamara tía la primera vez que nos conocimos y ella ciertamente había estado a la altura del título—. ¿Cómo estás?

—Maravillosamente, mi querido muchacho. Aunque no te he visto en mucho tiempo. ¿Qué te ha mantenido alejado? ¿Finalmente has encontrado una dama?

Dejé escapar una pequeña risa. La tía Alisa estaba aún más preocupada por mi vida amorosa, o la falta de ella, que mi propia madre y mis hermanas—. Sí, pero no de la manera en que claramente estabas esperando. He estado entrenando a una estudiante, Rosemarie Hathaway.

Sus ojos se iluminaron ante el nombre y me tomó un momento darme cuenta de que la Señora Davis había estado aquí durante años, por supuesto que se había encontrado con Roza en algún momento—. Oh, esa chica es un encanto, y muy bonita. —Levantó una ceja hacia mí, sugiriendo algo que había sido obvio para mí desde el principio, aunque difícilmente iba a dejar que ese pequeño secreto saliera de mi boca.

—Como sea, Roza y yo te trajimos algunas cajas que te manda el padre Andrew. Él pensó que podrías usarlas en tus clases de la escuela dominical. Solo quería saber dónde te gustaría que las pusiéramos.

—Oh, si los dejas en la recepción, estaría bien. El padre Andrew ha sido muy amable al ayudarme con los niños pequeños. ¿Cuándo vas a tener hijos propios, Mitya? Eres tan bueno con los pequeños.

Una vez, la había ayudado con su clase una vez—. Gracias, tía. Te dejaré las cajas.

—Voy a hacer pelmeni este fin de semana. Deberías venir a comer. Trae a Rose contigo. Me encantaría verla también—. Alzó la mano y me dio unas palmaditas en el hombro con cariño.

Comencé a caminar hacia la puerta, sabiendo que no podía prometerle que disfrutaría de su cocina cuando prácticamente me veía asfixiado por la experiencia de campo en este momento—. Veré qué puedo hacer. Extraño tu pirozhki también.

—Eres un buen chico, Mitya. Te veré pronto. ¡Do svidaniya!

—Do svidaniya.

Bajé las escaleras, dos escalones a la vez, y vi a Rose hablando con una niña que parecía estar prácticamente saltando sobre las puntas de sus pies. Rose parecía un poco incómoda. Tan pronto como entré en su línea de visión, su comportamiento cambió.

—¡Hey! —Sus ojos me miraron casi implorantes—. Tengo a alguien que quiere conocerte. Dimitri, esta es Jill. Jill, Dimitri.

Me sorprendió que una jovencita estudiante Moroi estuviera interesada en conocerme, pero sonreí y extendí la mano.

Jill la tomó con vacilación, su cara completamente roja, y me pregunté brevemente si me tenía miedo. No sería la primera vez que alguien se sintiera intimidado por mi presencia. Intenté tranquilizarla—. Hola Jill, ¿cómo estás?

—Bien, —su voz sonó aguda—. Yo... me tengo que ir, adiós. —Giró sobre sus talones y prácticamente salió corriendo por la puerta.

Rose respondió mi mirada interrogativa encogiéndose de hombros antes de mover las cajas detrás de la recepción y comenzar de nuevo nuestro camino de regreso hacia la capilla.

—Jill sabía quién era yo. —Rose sonaba asombrada de que su reputación la precediera—. Tiene una especie de adoración por los "héroes." Me considera una heroína.

—¿Eso te sorprende? ¿Que los estudiantes más jóvenes te admiren? —A pesar de las reacciones más salvajes de Rose, ella realmente tenía algunas cualidades muy admirables. No me sorprendería que muchos estudiantes la admiraran.

—No lo sé, —negó con la cabeza—. Nunca pensé en ello. No creo que sea tan buena como un modelo a seguir.

—No estoy de acuerdo. Eres sociable, dedicada y excelente en todo lo que haces. Te has ganado más respeto de lo que crees.

Me miró con incredulidad—. Y sin embargo, no es suficiente para ir al juicio de Victor, al parecer.

Sabía que no debería sorprenderme, pero estaba un poco decepcionado—. No esto de nuevo.

Rose se puso delante de mi camino, deteniéndome efectivamente y forzando la conversación—. ¡Sí, esto de nuevo! ¿Por qué no entiendes cuán importante es esto? Victor es una gran amenaza.

—Sé que lo es, —siseé en respuesta. ¿No entendía que había hecho todo lo que podía? Quería verlo alejado tanto como cualquiera de ellos. No podía soportar la idea de que él la lastimara, o a Lissa.

—Y si queda libre, comenzará nuevamente sus locos planes.

Pude ver que la preocupación y el miedo volvían a crecer en ella, así que, sin importar lo duro que era, respiré hondo e intenté reprimir mi frustración—. Es muy poco probable que quede absuelto, ya lo sabes. La mayoría de esos rumores sobre la reina considerando dejarlo libre son solo eso: rumores. Ustedes tienen que saber que no deben creer todo lo que oyen.

Inmediatamente, comenzó a mordisquear su labio inferior, deliberadamente sin mirarme—. Aun así deberías dejarnos ir. O... —suspiró y finalmente levantó la mirada—, …al menos deberías dejar ir a Lissa.

Pude ver lo difícil que fue para ella decirlo, pero cuando llegaba el momento, siempre hacía lo que más le convenía a Lissa. Al menos, ella siempre haría lo que creía que era lo mejor para Lissa, y en este momento, eso significaba enviar a Lissa a testificar y solidificar la sentencia de Víctor, incluso si no podía agregar la suya. Sin embargo, estaba un poco sorprendido de que Rose estuviera dispuesta a dejar que la princesa se alejara de su vista por un momento, incluso aunque yo estaría allí para protegerla.

—Tienes razón, ella debería estar allí, pero una vez más, no puedo hacer nada al respecto. —Necesitaba que entendiera esto—. Sigues creyendo que puedo controlar esto, pero no puedo. —Admitir eso fue casi tan doloroso para mí como lo que pensé que había sido para Rose sacrificar su oportunidad de alejar a Víctor para siempre.

—¿Pero hiciste todo lo que pudiste? —Prácticamente me estaba suplicando, y me dolía saber que la había decepcionado—. Eres muy influyente. Debe haber algo que puedas hacer, cualquier cosa.

—No soy tan influyente como tú crees. —Me mordí la lengua, avergonzado de no poder estar al nivel del hombre que ella creía que era—. Tengo una posición alta aquí en la Academia, pero en el resto del mundo de los guardianes, sigo siendo bastante joven. Y sí, en realidad hablé por ti.

Pude ver que sus ojos se alejaban de mí, dejando salir sus palabras en una fría y amarga bocanada de aire—. Tal vez deberías haber hablado más alto.

Mi mandíbula se tensó y traté de ignorar el impulso de defenderme o enojarme. Quizás ella tenía razón. Tal vez había algo más que debería haber dicho, algo más que debería haber hecho. Tal vez había alguien más con quien debería haber hablado.

Caminamos un poco más en un incómodo silencio, la distintiva cruz de la capilla se acercaba cada vez más a cada paso. Rose se centró en su ira hacia mí, y yo me odié a mí mismo.

—Victor sabe lo que hay entre nosotros. —Expresó su preocupación oculta casi en silencio. Aunque estábamos solos, dudaba de que alguien pudiera haberla escuchado si no hubiera estado caminando junto a ella. Tal como estaba, apenas la había escuchado yo mismo—. Podría decir algo.

La idea realmente no me había cruzado por la mente. Sí, sabía que Victor había descubierto las emociones enmascaradas entre Rose y yo, explotándolas en su beneficio la noche en que había intentado llevarse a Lissa. Sin embargo, no podría demostrar la existencia de algo nefasto entre mi estudiante y yo. Había cubierto cualquier rastro de nuestra casi infracción y había tenido cuidado de mantener todo lo demás al mínimo. Él no tendría ninguna prueba... ¿o sí? ¿Qué le importaba en el gran esquema de las cosas, de todos modos?

—Victor tiene cosas más importantes de las que preocuparse con este juicio que de nosotros.

—Sí, pero lo conoces. Él no actúa exactamente como lo haría una persona normal, —me dirigió una mirada de soslayo, llena de preocupación—. Si siente que ha perdido todas las esperanzas de salir libre, podría decidir destruirnos solo por venganza.

Quizás esto era una razón más para que Rose no estuviera presente en el juicio. No quería ponerla en la posición de mentir bajo juramento sobre lo sucedido esa noche. Si Víctor de alguna manera presentaba evidencia de nuestra relación, entonces realmente no quería que ella fuera testigo de lo que podría pasar. Definitivamente sería una marca en su reputación, pero en general debería estar a salvo. Sin embargo, no quería que ella los viera arrestarme. No quería que Rose luchara contra ellos si lo hacían…

—Entonces tendremos que lidiar con eso lo mejor que podamos. Pero si Víctor tiene previsto delatarnos, lo hará independientemente de si testificas o no.

Rose estuvo callada durante el resto del camino. Su postura era tensa, pero no podía decir si era por preocupación o frustración. Una cosa segura era que esta tarde no había salido tan bien como esperaba.

Rose agarró la última caja pequeña y el padre Andrew llevó la otra al almacén después de decidir quedarse con esos libros por el momento—. Yo la llevaré. No tienes que venir conmigo. —Se negaba obstinadamente a mirarme una vez más e incluso llegó a intentar caminar a mi alrededor.

—Rose, por favor no hagas un gran problema acerca de esto.

—¡Es un gran problema! —Espetó—. Y tú no pareces entenderlo.

—Lo entiendo, —repliqué, igualando su tono casi a la perfección—. ¿Realmente crees que quiero ver a Víctor libre? ¿Crees que quiero que todos estemos en riesgo otra vez? —No estaba enojado con ella, realmente no. Podría haberme sentido frustrado de que siguiera mencionando éste tema, pero la única persona con la que estaba enojado era conmigo mismo—. Te lo dije, he hecho todo lo que podía hacer. No soy como tú. No puedo hacer una escena cuando las cosas no salen como yo quiero.

—Yo no hago eso.

—Lo estás haciendo ahora mismo.

Sabía que la había atrapado, pero Rose no se rendía fácilmente.

—¿Por qué me ayudaste hoy? ¿Por qué estás aquí?

La acusación de Rose me dolió—. ¿Es eso algo tan extraño?

—Sí. Quiero decir, ¿estás tratando de espiarme? ¿Descubrir por qué fallé en la prueba? ¿Asegurarte de que no me meta en ningún problema?

El cuchillo se retorció en mi corazón mientras ella escupía todas las supuestas razones por las que podía justificar mi presencia aquí, cada una de ellas dejaba fuera la simple idea de querer pasar un tiempo con ella—. ¿Por qué tiene que haber algún motivo oculto?

Ella vaciló, como si se preguntara "¿quizás?" pero la desconfianza ganó—. Porque todos tienen un motivo.

—Sí, pero no siempre son los motivos que piensas. —Aproveché la oportunidad para colocar un mechón de cabello errante detrás de su oreja. Siempre era tan obstinado, yendo por su camino, ya sea que se arreglara el pelo en la escuela o se preparara para el entrenamiento. No pude evitar estudiarla, preguntándome qué pecado había cometido para hacer que se sintiera tan recelosa de mí recientemente, pero al final no importó. Así que abrí la puerta y la dejé terminar la tarea sola—. Te veo luego.

Ni siquiera dijo adiós.


Chicos, una vez más me sorprende lo rápidos que son cuando quieren, y cómo siempre aquí estoy puntual dejándoles el capítulo nuevo.

¿Qué les pareció? Pobre Dimitri, Rose lo está haciendo sufrir mucho, pero a fin de cuentas el tiene la culpa por ser tan seco y cerrado con ella.

Empezaré a subir el fanfic nuevo "Meet me in the Memory" el próximo viernes, hay un pequeño avance en mi pagina de Facebook.

Bueno chicos, eso es todo por hoy. El próximo capítulo lo subiré cuando alcancemos los 700 reviews, cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.