Diclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Tite Kubo. A mi solo me pertenece mi OC.


Era lunes por la mañana, el despertador había sonado fuertemente con el fin de que ella se levantara. Kai lo apago y se desperezo. Odiaba madrugar. Se metió en la ducha para despertarse del todo. Aquella no había sido una buena noche para ella. Se había levantado una gran cantidad de veces.

Fue hacia la cocina y se hizo un desayuno rápido mientras repasaba lo que tenía que hacer aquel día. Después de trabajar quedaría con Ikkaku, hacia bastante tiempo que no le veía, por lo que tenía muchas ganas. Tenía muchas cosas que quería contarle y estaba segura de que él también. Además tenía que ir a la tienda de Urahara a por lo acordado.

Fue con su coche hasta el instituto de Karakura. Estaba nerviosa. Aquella iba a ser la primera vez que trabajaba en años. Y no solo eso, sino que se trataba de algo totalmente diferente.

Fuera del aula vio a una chica bajita morena con ojos violeta sola. Kai tenía apuntado que aquel año iba a tener una nueva alumna y supuso que se trataba de ella.

-Hola- le dijo la rubia acercándose a la morena.- Tú eres la nueva, ¿verdad?

-Sí. Kuchiki Rukia- dijo está ofreciéndole su mano educadamente.

-Kurosaki Kai- le dijo mientras se la estrechaba- yo soy vuestra profesora. Espera aquí y ahora te presento a los demás.

Rukia asintió y la rubia entro en el aula. De inmediato todos los jóvenes se sentaron en sus asientos, y pero algunos todavía seguían hablando entre ellos.

-Buenos días a todos. Yo seré vuestra nueva profesora en varias asignaturas, pero antes, quería presentaros a vuestra nueva compañera de clase.

Todos los jóvenes se pusieron a murmurar entre ellos sobre cómo sería la chica nueva, y Kai tuvo que llamarles la atención para hacerlos callar.

-Chicos, ella es vuestra nueva compañera. Su nombre es Kuchiki Rukia.-decía mientras la nombraba entraba en clase y se quedaba de pie frente a ellos.

Todos los alumnos volvieron a murmurar, pero esta vez, algunos de los comentarios llegaron a oídos de las nuevas.

-¿Es una Kuchiki?

-¿Qué hace aquí?

-He oído que son casi de la aristocracia.

-No idiota, es que lo son.

-Chicos- les llamó Kai pero no obtuvo respuesta- ¡Chicos!- les gritó y todos se callaron casi de inmediato.- Podemos empezar tranquilamente el primer día por favor. Sí una Kuchiki, pero ¿qué importa? tenéis que tratarla con normalidad y punto. Ahora Rukia siéntate junto a…- no pudo evitar sonreír al ver donde estaba el asiento asignado para ella- el chico del pelo naranja.

Cuando se acercó ella le saludo educadamente, pero él solo le gruño a modo de respuesta.

-Bueno… como iba diciendo antes, mi nombre es Kurosaki Kai- todos los alumnos volvieron a hablar entre ellos y a dirigir miradas hacia el pelinaranja. Kai carraspeó llamando la atención de los alumnos- esto va a ser más difícil de lo que pensaba- se dijo a si misma- sí soy familiar de Ichigo, su prima. Ahora sigamos. Llamarme solo Kai, ¿entendido? Y yo os dale clases de…-saco un papel donde tenía puestas sus asignaturas para aquella clase- historia, arte, literatura y… lengua extranjera: español.- decía con una sonrisa a contrario que sus alumnos que comenzaron a quejarse.


Después de terminar aquel día, Kai se encontraba muy cansada. Pero aquello no iba a impedirle quedar con su amigo. Fue conduciendo por las calles de Karakura hasta llegar a un parque que se encontraba junto a un hospital. Cuando bajo, inmediatamente pudo ver a su amigo calvo esperándola.

-Ikkaku- le llamó esta.

Este con una amplia sonrisa fue hasta donde ella y los dos dieron un fuerte abrazo.

-¿Qué tal te va todo? Enana- le dijo este revolviéndole el pelo.

-Bien- le decía mientras reía.- pero suéltame, y no me llames enana.

-No te prometo nada.

-Tengo que ir a un sitio, así que tendrás que acompañarme. Sobre todo porque no sé dónde está.

-¿En serio tengo que llevarte?

-Sí, vago. Se llama la tienda de Urahara. ¿La conoces?

-Sí. Déjame las llaves. Conduzco yo.- Kai le obedeció y se sentó en el asiento del copiloto- puff, ¿todavía tienes esta chatarra?-decía mientras entraba- Un poco más y será para coleccionistas.

-Me has pillado, esa era mi intención.

Ikkaku sonrió y condujo mientras ambos hablaban de cosas triviales. El chico le llevo hasta una calle que parecía algo abandonada. En medio de esta, se podía ver una pequeña tienda que desde fuera parecía estar casi en ruinas.

-Es aquí- dijo el chico mientras bajaba del coche.

-¿En serio?- le contestó ella haciendo lo mismo que Ikkaku.

-¿Que te esperabas?

-Algo que por lo menos no parezca que se vaya a caer.

-Desde fuera lo parece, pero dentro es genial. Vamos.- y dicho esto entro en la tienda. Dentro había una niña con coletas y flequillo limpiando y un niño pelirrojo tumbado. A su lado había un rubio con un sombrero verde y blanco sentado bebiendo sake.

-Hola Ikkaku-san, ¿en qué puedo ayudarte?- le saludó el hombre al reconocerle.

-Yo solo he venido a acompañar a una amiga- dijo el calvo señalando a la rubia.

-¿Y tú eres?

-Kai. Le llame anoche.

-Mi nueva clienta- dijo tapándose con un abanico- Ururu tráeme lo que hay en la caja que ponga productos recientes.

-Si.- la niña dejo sus labores y fue hasta la trastienda. En un par de minutos volvió con una pequeña caja y se lo entrego al hombre.

-¿Tienes el dinero?

-Sí. Tome- le extendió una gran cantidad de dinero.

-Recuerda, que si te descubren, no tienes que decir de donde lo has conseguido.

-Urahara, por eso no hay problema.- intervino Ikkaku- Es amiga mía. Puedes fiarte de ella, te lo garantizo. O acaso no soy tu mejor cliente.

-Por esa razón sé que puedo confiar en ti, pero en su caso- le señalo con su abanico- se trata de un nuevo cliente.

-Tranquilo, no dejare que nadie lo descubra. Solo lo sabrá Ikkaku.

Después de aquello, los dos estaban en casa de la chica. Kai aprovecho que su amigo estaba allí y le pidió que arreglara algunos desperfectos de la casa. El chico al principio se quejaba, pero sabía que no tenía nada que hacer para evitar aquello. Mientras el calvo hacía su tarea en la cocina, la chica ordenaba sus cosas en las estanterías.

-Oye.- dijo Ikkaku serio- ¿Cómo te va con él? ¿Te ha vuelto a molestar?

-No. Parece que está demasiado ocupado con esa chica. Lo siento por ella.

-Pues yo no.

-Ikkaku- le regaño.

-Si no la molesta a ella, te estaría molestando a ti. Y no quiero eso.

-Lo se… pero no puedo evitar sentir pena por esa chica, solo espero que habrá pronto los ojos antes de que sea tarde.

-Nos hemos puesto demasiados serios.- soltó Ikkaku de repente- ¿Qué te parece si probamos lo de Urahara?- decía mientras dejaba su tarea y fue a sentarse en el sofá.

-Que ya estábamos tardando.


En una gran mansión, se encontraban dos morenos cenando silenciosamente. Ella se sentía en cierto modo intimidada por su presencia, puesto que no tenían una estrecha relación.

-¿Qué tal la clase?- preguntó él seriamente.

-Bien. Los compañeros son muy ambles y ya he hecho amistades y…

-¿Crees que podas aprobarlas?- la interrumpió, aquello aunque fuera importante para ella, no lo era para él. Lo único que importaba era que fuera a una buena universidad y correspondiera el honor de la familia Kuchiki.

-Todavía es pronto para saberlo. Solo ha sido el primer día, pero por ahora estoy bastante bien.

-Ya conoces cual es la condición para que sigas en ese instituto.

-Si nii-sama.


Unas semanas después

Kai salió de su casa como si fuera un día cualquiera, entro en su coche y lo puso en marcha. Pero este comenzó a hacer ruidos extraños y empezó a salir humo del capo.

-No. No te estropees, ahora no.- pudo oler un fuerte olor que parecía ha quemado y apago el motor- te tienes que estropear ahora viejo coche.

Después de aquello salió y se fue casi corriendo al instituto. No podía decir con exactitud cuánto tiempo llevaba con él. Siempre le decían que tenía que cambiarlo, pero ella no quería hacerlo. ¿Por qué gastarse el dinero en algo cuando ya tienes uno que vaya perfectamente?

Para su suerte llego solo cinco minutos tarde. Tras disculparse con sus alumnos por la tardanza comenzó a repartir los exámenes que habían hecho días antes. Tenía calificaciones de todo tipo: sobresalientes, notables, suspensos… Fue entregando los papeles a sus alumnos, algunos lo festejaban, en el caso de otros ocurría lo contrario.

Rukia estaba nerviosa por el resultado, aquel examen no le había salido bien, bueno en realidad ninguno, y temía que si su hermano se enterara cumpliera con su parte del trato. Había conseguido hacer amigos, amigos de verdad que no solo se preocupasen por su estatus. Y no quería irse. La rubia le dio el examen, y como se temía había suspendido.

-Después de clase quiero hablar contigo- le dijo a la morena y esta asintió.

Ichigo miro curioso aquella escena. Aunque no había hablado mucho con la pelinegra, sí que la había visto recibir sus calificaciones y por su reacción supuso que no eran muy buenas.

-Tu hermano siempre puede sobornarles- le dijo de manera brusca y esta le miro con el ceño fruncido.

-No quiero que lo haga. Tengo que aprobar por mi cuenta.

Tras la clase Rukia se acercó hasta la mesa donde estaba Kai sentada. La rubia la miraba preocupada.

-Rukia… veras… veo que andas mal con tus estudios, ¿no es así?

-Yo… me esforzaré. Sé que puedo mejorarlas.

-Aparte de las mías, ¿tienes más asignaturas suspensas?

-Si- dijo la chica apenada.- también me han quedado matemáticas y biología.

-Vaya… eso son muchas. Estoy preocupada Rukia, creía que tendrías mejores notas. Por lo menos en literatura, pero veo que no es así. Si sigues así no conseguirás pasar este curso.

-Lo sé.

-No me gusta hacer esto pero, creo que tendría que hablar con tus padres. Pregúntales si…

-Con mi hermano- la corrigió y la rubia la miro sorprendida- sería con mi hermano.

-Bueno, pues tendría que hablar con tu hermano. Pregúntale si mañana después de las clases le viene bien.

-¿De verdad es necesario?

-Sí. Creo que sí.


Rukia anduvo por el pasillo de la mansión hasta el despacho de su hermano. Estaba deprimida, no había conseguido buenas calificaciones, ¡le habían quedado seis! Sabía perfectamente cuál sería la reacción de su hermano.

-Nii-sama.-dijo está entrando por la puerta- tengo que decirte algo.

-¿Qué ocurre Rukia?

-Una profesora quiere hablar contigo mañana.

-¿Sobre qué? ¿Ha ocurrido algo?

-Sobre los exámenes- contesto agachando la cabeza.

-¿Cuantos?- preguntó el frunciendo levemente el ceño.

-Seis.

-Sabes lo que eso significa, ¿verdad?

-Pero, nii-sama, yo no quiero cambiarme de instituto.

-Ya hablamos de esto Rukia.


Aquella noche, Kai había ido a cenar a casa de su familia. La cena ocurría igual que siempre. Ella se metía con Ichigo, su padre le golpeaba, el pelinaranja se las devolvía, Yuzu les pedía que pararan y Karin o pegaba a su padre o mostraba indiferencia.

Con todo el espectáculo de la cena, no se molestó en comprobar su teléfono móvil. Pero cuando llegó a su casa y lo vio, se asustó al encontrarse 12 llamadas perdidas de Matsumoto. Sin perder más el tiempo, buscó el número de su amiga y la llamó. La pelinaranja contestó casi de inmediato.

-Kai, ¿dónde estabas? Te he llamado decenas de veces.- le reprocho algo enfadada.

-Lo sé, lo siento.-se sintió aliviada de que su amiga parecía que se encontraba bien- Rangiku, ¿ha pasado algo?

-Sí. Pero no te va a gustar.

-Dímelo.

-Me he enterado hoy.-hizo una pequeña pausa buscando las palabras para contarle lo sucedido.- Resulta que ayer él fue a tu casa, la de Tokio.-aclaró- Estuvo aporreando la puerta y gritando como un cuarto de hora. Menos mal que por lo menos todavía no se ha vendido, sino imagínate la cara de los nuevos.-dijo tratando de calmar el ambiente que había creado y después siguió- Los vecinos tuvieron que llamar a la policía para que se fuera. Un poco más y tiraba la puerta abajo.

-Joder…

-Menos mal que te marchaste. Por lo menos ahora no sabe dónde vives.

-No creía que volvería.

-Yo tampoco. Pero, Kai, me preocupa que intente buscarte allí. No sé qué se le habrá pasado ahora por la cabeza. Ten cuidado, ¿vale?

-Lo tendré.


Al día siguiente Kai se levantó más temprano de lo normal. Tenía que volver a ir andando hasta el instituto. Pero aquella no era la única razón. Durante toda la noche había tenido una serie de pesadillas por culpa de la llamada que le hizo Matsumoto.

Miro su reloj y todavía le quedaba como una media hora antes de tener que entrar al trabajo. Paró en una cafetería y pidió un café para llevar, dejando así el producto en una mano y en el otro brazo unas cuantas carpetas.

Cambio su ruta y fue por un camino más largo. En la zona que se encontraba era una dónde estaban las mejores empresas de la ciudad, así como los restaurantes más elegantes y tiendas de igual status.

Kai estuvo todo el camino pensando en por qué había vuelto, por qué no la podía dejar en paz. Creía que ya había terminado con todo aquello.

Dobló en una esquina, tan concentrada en sus pensamientos que cuando se quiso dar cuenta choco contra un hombre, tirándole todo el líquido encima y sus carpetas cayeron al suelo.

-L-Lo siento- dijo la chica tartamudeando mientras veía el destrozo que había hecho. Pudo observar que el traje que llevaba parecía muy caro, y ahora estaba completamente machado.- yo… yo pagare la tintorería.

-No se moleste.- contesto él asqueado intentando secarse con un pañuelo de bolsillo.

-Déjeme a mí-dijo la rubia quitándole el pañuelo y comenzando a limpiarle.-Es lo menos que puedo hacer.

-Déjelo- intento detenerla.

-Yo… iba pensando en mis cosas- decía ignorando al hombre- no me he dado cuenta, lo siento de verdad.

-Ese es su problema- comentó bruscamente.

-¿Perdone?- esta dejó lo que hacía y por primera vez le miro a los ojos y pudo ver que eran violáceos.

-No debería ir por la calle de esa manera. Mire lo que ha hecho.

-Y como se supone que debería de ir.- le exigió con el ceño fruncido y cruzándose de brazos.

-En una zona como esta, no debería ir así.- le dijo señalándola. Ella se miró, iba vestida con unos pantalones vaqueros y un jersey oscuro. Observó a su alrededor y vio que todos iban vestidos con trajes y ropa cara. El hombre miro al suelo y vio los objetos de ella- y por favor, recoja sus cosas del suelo.-Hasta aquel momento no se acordó de sus carpetas, y como si de una orden se tratase se agacho y las cogió.

-No creía que había que ir de uniforme por aquí- dijo de forma irónica.- sabes, creo que mejor me voy, no quiero seguir siendo la rara en este barrio estirado.

-Sí, sera mejor que se vaya.

-Sí. Espero no volver a verte, borde.- dijo tirándole el pañuelo en la cara. Y el hombre frunció levemente el ceño.

-Yo tampoco, mocosa.

-Estirado.- le contestó y después se fue de allí dándole un leve golpe con el hombro, haciendo así que el hombre se enfureciera un poco más.


Quería agradecer a azulaill por su review.

Espero que os haya gustado el capítulo y dejar vuestros reviews.