Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.


Capítulo 11

Una vez que llegamos a la Corte, Rose pareció sentirse mucho mejor, incluso recuperó el apetito. Sin embargo, su nuevo ánimo alegre no se extendía en el clima que nos recibió afuera. El aguanieve helado se clavaba en nosotros como agujas en el viento, haciendo que echara de menos la nieve que parecía polvo más suave de casa. Me tomó un momento darme cuenta de que no sabía si estaba anhelando la Academia o Baia, pero en este momento tomaría cualquiera de las dos.

Ajusté mi gabardina a mi alrededor, agradecido por la protección adicional que proporcionaba antes de cambiar mi postura para ayudar a proteger a Rose y a Lissa de lo peor del viento y la nieve. Ambas chicas también estaban metidas en sus chaquetas, pero no pasó inadvertido para mí que Rose había olvidado sus guantes una vez más.

Lo juro, voy a tener que empezar a cargar conmigo un par extra de guantes para ella. Que más daba, si ya llevaba agua extra a nuestros entrenamientos. Sacudí la cabeza ante la idea, planeando en silencio comprar un par de guantes tan pronto como llegáramos a la plaza principal. Por más que fingiera estar molesto con ella por ser tan olvidadiza, honestamente disfrutaba ser de utilidad para ella, incluso si solo era de esta pequeña manera. Rose probablemente perdería la cabeza si no la tuviera pegada a ella.

Varios guardianes de la Corte se reunieron con nosotros en la pista de aterrizaje, sus uniformes blancos y negros ya empapados. Sí, sus abrigos de invierno brindaban cierta protección contra el frío invernal, pero era casi cruel forzarlos a mantener un estándar profesional tan alto en este clima, especialmente cuando solo estaban esperando escoltar a nuestro pequeño grupo.

Estreché varias manos de conocidos, saludé a algunos ex estudiantes de la Academia e incluso a un antiguo Guardián de la Academia, antes de dirigirnos hacia los grandes edificios que formaban la aislada ciudad. La Corte, que en realidad se llamaba Odessa, aunque nadie la llamaba así, era un área escondida cerca de las montañas Poconos que pasaba como una universidad privada para el mundo humano. Aunque nunca había revisado personalmente, aparentemente había un sitio web que publicitaba la escuela ficticia y, según los informes, recibía varias solicitudes cada año. Por supuesto, a cada una se le había respondido con una carta de rechazo de disculpa, pero aún así era bastante impresionante.

Los edificios en sí no eran menos impresionantes. Esta no era la primera vez que visitaba la Corte, pero aun así me dejó un poco impresionado. Un corto paseo después, nos encontramos afuera del edificio gótico adyacente al edificio principal de Gobierno. Cuando nuestra escolta se detuvo, miré a mi alrededor en busca de una razón obvia para nuestra parada, antes de darme cuenta de que la razón más obvia era simplemente inesperada: aquí era donde nos hospedaríamos. El edificio de invitados en la corte generalmente estaba destinado a los dignatarios visitantes u otros invitados especiales. Nunca pensé que yo encajaría en esa categoría.

Alberta parecía tan inesperadamente complacida como yo, y más aún cuando la recepcionista nos entregó una llave de habitación individual a cada uno en lugar de agruparnos en parejas. Sin embargo, una persona no estaba tan emocionada.

—Lo siento, pero ¿hay alguna manera de que me den una habitación doble? —La abrupta pregunta de Eddie hizo que la recepcionista tartamudeara en su respuesta hasta que Eddie ofreció una explicación—. La princesa Vasilisa es mi responsabilidad por el momento y preferiría estar lo más cerca posible de ella por si me necesita. Suponiendo que eso está bien para la princesa, por supuesto.

Eddie miró a Lissa en busca de confirmación, pero ella solamente frunció los labios vacilante, mirando furtivamente a Christian a su lado. Basándome en algunas quejas vagas pero no totalmente inesperadas de Rose en una de nuestras sesiones matutinas, solo podía adivinar que Lissa esperaba aprovechar su habitación individual sin el estricto toque de queda.

—Eddie, eso no será necesario. Es atípico que los guardianes estén presentes constantemente en la Corte. De hecho, los guardianes que acompañan a sus Moroi aquí a menudo tienen la oportunidad de relajarse de una manera que normalmente no podrían hacerlo. La Corte está fuertemente custodiada y protegida como la Academia, si no es que más. Solo requerimos una estricta dedicación en la Academia durante la experiencia de campo, de lo contrario no tendrías que estar tan cerca allí tampoco. No creo que tengamos ningún conflicto durante el juicio. Estoy seguro de que la Guardiana Petrov estará de acuerdo en que durante esta inusual circunstancia, no será necesario que te quedes con la princesa por la noche.

Tanto Eddie como yo miramos a Alberta para que dijera la última palabra, y ella asintió con la cabeza. Eddie se volvió hacia Lissa para una última confirmación.

—Gracias, Eddie. —Pude escuchar el tono neutral que Lissa solía utilizar cuando hablaba de temas delicados como la política. Era el mismo tono que tenía la capacidad de calmar y cautivar simultáneamente a sus oyentes—. Aprecio tu dedicación, pero estoy segura que estaré bien.

Después de un momento más de renuencia, finalmente accedió—. Bien. Una habitación individual será suficiente. Gracias.

Antes de que partieran nuestros acompañantes, Alberta tomó un pequeño paquete que contenía nuestros horarios, y resumió los próximos eventos. Discutimos uno o dos puntos antes de que nos despidiera—. Relájense un poco y prepárense para la cena en cuatro horas. —Miré mi reloj para anotar la hora mientras ella continuaba—, Lissa, la reina quiere verte en una hora.

Rose y Lissa intercambiaron miradas, una mucho más preocupada que la otra. Lissa se enderezó, recuperando su aire majestuoso—. Claro, Rose y yo estaremos listas.

Casi como si hubiera esperado su respuesta, Alberta negó con la cabeza—. Rose no va a ir. La reina pidió específicamente que fueras tú sola.

Rose se mordió el labio, obviamente descontenta con la situación, pero sabiamente se mantuvo en silencio sobre el asunto. No pude evitar que la pequeña energía nerviosa me atravesara también. Vasilisa estaba a mi cargo y si hubiera cambios importantes en su vida, sería una de las primeras personas en saberlo, ¿correcto? Aparté la preocupación, siguiendo al resto del grupo hacia los ascensores.

Estábamos distribuidos en tres pisos diferentes. La mayoría de los guardianes de nuestro grupo salieron del ascensor en el segundo piso, mientras que Lissa, Christian y el último guardián de nuestro grupo bajaron en el cuarto piso. De repente sentí una pequeña ráfaga de los mismos instintos protectores que Eddie había expresado en voz alta antes. No sentía la necesidad de estar junto a Lissa, pero si algo sucediera en un entorno desconocido, preferiría poder contactarla rápidamente. Afortunadamente, nuestra última parada fue solo una planta arriba de la suya. Alberta, Eddie, Rose y yo caminamos por el pasillo.

Rose se detuvo primero en la puerta 512 y miré la llave en mi mano, 517. Solo unas puertas después.

Eddie siguió alejándose cada vez más, pero Alberta se quedó quieta, dándome una innecesaria mirada de advertencia sobre el hombro de Rose quien fue inconsciente de éste gesto mientras luchaba con su llave. Finalmente, cuando los instintos maternos de Alberta aparentemente estuvieron satisfechos de que no me aprovecharía de la situación, desapareció a la vuelta de la esquina hacia su propia habitación.

La puerta de Rose se cerró de golpe, despertándome de mi aturdimiento lo suficiente como para caminar los últimos metros hasta mi propia puerta y deslizar la llave en la cerradura. Decir que la habitación era impresionante era insuficiente. En el complejo de invierno durante las vacaciones, me había quedado en el alojamiento de los guardianes. Habían sido cómodos, pero de ninguna manera habían sido lujosos. No había sido más que una habitación de hotel económica. La última vez que me había alojado en la Corte, me había quedado en el edificio de guardianes en una de sus suites para invitados. Había sido escaso pero aún así adecuado. Realmente yo no necesitaba mucho para ser honesto. Esto sin embargo, era... algo más.

La habitación estaba dividida en varios espacios distintos. Puse mi bolsa al lado del escritorio, colgando mi gabardina en el armario detrás de ella. El armario era más grande que el que tenía en mi departamento y me pregunté por un momento cómo alguien que se quedaba en la Corte para un viaje de negocios podría llenarlo alguna vez. Sacudiendo la cabeza, exploré el resto de la suite.

El sofá de cuero blanco cerca de la entrada daba a un televisor grande, e incluso incluía una pequeña mesa de café. Para no llamarse así inútilmente, había una cafetera y una selección de café en una de las mesas auxiliares. Revisé brevemente los diferentes tipos de café que había, preguntándome por un momento si era demasiado tarde para tomar una taza. Decidí que no importaba de una forma u otra y prendí la máquina colocando en ella una marca local de la que nunca había oído hablar, pero parecía lo suficientemente interesante.

Fue solo después de que asimilé mi entorno inmediato que noté que había un segundo espacio, oscurecido por una pared semiopaca que dejaba pasar la luz desde la ventana más allá. Cuando doblé la esquina, me sorprendió ver una enorme cama tamaño king. Era... increíble. Solté una pequeña risita antes de darme la vuelta y caer de espaldas contra el lino blanco, deleitándome con el enorme espacio. Me había acostumbrado a la cama individual extralarga con la que había crecido en casa, casi idéntica a la que había usado durante toda la escuela e incluso ahora en mi apartamento de la Academia. La cama más grande tamaño queen que tuve en la casa de Iván había sido una gran mejora, pero tuvo una vida relativamente corta. Y ninguna había sido algo como esto.

Me estiré, mis manos y pies apenas tocaban las cuatro esquinas. Por más infantil que pareciera, me alegré del pequeño e inesperado lujo del gran espacio para dormir. El juicio seguramente causaría una gran cantidad de estrés en los próximos días, pero al menos disfrutaría de esto mientras tanto.

A regañadientes, me puse de pie para buscar mi libro, decidido a aprovechar al máximo el tiempo de inactividad, pero otro golpe desde el exterior despertó mi curiosidad. Me asomé por la puerta solo para ver el cabello oscuro de Rose desaparecer entre las puertas cerradas del ascensor. La reina podía haberle prohibido a Rose acompañar a Lissa a su reunión, pero Rose permanecería a su lado cada momento hasta entonces y probablemente miraría a través de los ojos de Lissa después.

Mientras me maravillaba de lo lejos que Rose iría para proteger a Lissa, me di cuenta de que no iba a pasar la tarde relajándome con una buena historia después de todo. En cambio, agarré mi gabardina y me dirigí hacia el centro de la ciudad de la Corte.

La calle principal estaba llena de tiendas, en su mayoría boutiques de diseñadores de un tipo u otro, con algunos restaurantes intercalados entre ellas. La mayoría de éstos estaban dirigidos a la clase alta de los Moroi reales que consideraban la Corte su casa, y por supuesto como una experiencia especial para los visitantes, pero había un área que tenía un poco más de color y mostraba la verdadera vida de los ciudadanos de la Corte de la clase trabajadora. Doblé a la derecha en uno de los callejones, deteniéndome mientras salía a una calle lateral que estaba mucho menos estructurada que la principal avenida comercial.

Los dueños de las tiendas se llamaban entre sí, los olores de varias cocinas se mezclaban tanto como la gente de aquí. Había casi tantos Moroi como dhampirs, una vista inusual en sí misma, pero era aún más extraña por el hecho de que todos los guardianes estaban fuera de turno. Los Moroi aquí no tenían un nombre prestigioso para realzar su lugar en la sociedad y aquellos que caminaban lado a lado con un dhampir por lo general lo hacían con las manos o los brazos unidos entre sí.

Saludé a la amable anciana de la panadería rusa, saboreando el momento en que su sonrisa se iluminó al recordar una versión más joven de mí que se había dado un festín con su pan negro como si pudiera curar mi nostalgia hace unos años. Establecí una nota mental para comprar un pan antes del final del viaje, aunque tenía la tentación de ver si de alguna manera podía arrebatar a Rose del lado Lissa y compartir algunas de mis delicias infantiles favoritas con ella.

Había muchas otras tiendas básicas que pasé, necesidades del mundo que la gente a menudo dejaba para alejarse en busca de algo más hermoso y emocionante. Había una pequeña farmacia, una casa de empeño llena de tantos artículos que prácticamente se desbordaban, y una tintorería familiar. Era el pequeño negocio secundario asociado a las tintorerías lo que me interesaba.

Si bien muchos guardianes compraban un uniforme formal poco después de la graduación, había muy pocos que realmente no tenían la necesidad de hacerlo, a excepción de la rara ocasión especial en que necesitaran usarlo. Por lo general, optaban por alquilar uno en lugar de comprarlo. Estaba seguro de que Rose había traído algo aceptable para el juicio, pero dado que el resto de los guardianes estaría vestido de blanco y negro, tenía sentido que ella también vistiera el uniforme tradicional. Era un pequeño detalle, pero proporcionaría mucha más validez a su apariencia y testimonio.

La pequeña sala principal estaba dividida en dos, con un largo escritorio que separaba la entrada de los bastidores giratorios de trajes cubiertos de plástico que esperaban ser recogidos. Cada lado de la sala estaba forrado con bastidores de tres piezas básicas, chicos a la izquierda, chicas a la derecha. La adolescente detrás del mostrador me dirigió una mirada divertida mientras revisaba las chaquetas de las mujeres, agarrando una mediana que parecía estar en buenas condiciones y encajaría bastante bien. Cogí una camisa blanca mediana en conjunto con la chaqueta. Sin embargo, dudé sobre los pantalones. Había bastantes más opciones de tallas disponibles y me sentí perdido por un momento, incluso contemplé brevemente las faldas mucho más simples al final del estante antes de decidir que Rose probablemente me encadenaría por ofrecerle una falda en primer lugar.

La chica, probablemente la hija de los dueños de las tiendas, finalmente dejó su revista y caminó alrededor del mostrador, con aspecto casi de que mi aparición era lo más emocionante que había sucedido el día de hoy—. ¿Puedo ayudarte?

—Solo estoy tratando de... —comencé, considerando el inusual sistema de tallas otra vez. Rose era aproximadamente de la misma talla que mi hermana, pero tampoco conocía la talla de Victoria. Cuando volví a mirar a la adolescente, me di cuenta de que en realidad se parecía bastante a mi hermana también. Era algo inusual que un Moroi y un dhampir se parecieran, pero allí estaba: el mismo cabello castaño, una altura similar y, lo más importante, aproximadamente la misma constitución que Vika y Roza—. ¿Qué talla eres tu?

La chica parecía comprensiblemente sorprendida por mi pregunta, pero respondió de todos modos—. Talla seis. ¿Por qué?

—Lo siento, solo estoy tratando de elegir un atuendo para una amiga y no puedo decidir cuál es la talla de pantalón apropiada para ella. Ustedes dos son más o menos de la misma talla.

—Ah, vale. —Se acercó a mí para agarrar uno de los pantalones talla seis y luego me quitó la camisa y la chaqueta. Su nariz se arrugó un poco antes de revisar el bastidor de chaquetas de nuevo y agarró otra que parecía casi idéntica a la que acababa de devolver—. Sí es de la misma talla que yo, este se verá mejor. Es un poco más ajustado en la cintura.

Asentí con la cabeza, agradecido por su conocimiento mientras llevaba los tres artículos al mostrador de nuevo y me gritaba por encima del hombro—: ¿Algo más?

Casi dije que no, pero recordé a otro guardián en entrenamiento. Escoger un uniforme de hombre era una tarea mucho más simple. Pagué rápidamente los dos alquileres y acepté cuando ofreció plancharlos y entregarlos de última hora gratis. Ella prometió que ambos podrían ser entregados en sus respectivas habitaciones a las siete de la mañana del día siguiente y casi deseé haber traído mi propio uniforme para que recibiera el mismo tratamiento. La plancha en el armario de mi habitación de hotel tendría que hacer el trabajo.

Sabía que no era mucho, pero se sentía bien ofrecer este pequeño gesto a Rose y Eddie. Ya casi eran guardianes, las primeras marcas molnija de Rose solidificaban la idea más de lo que incluso una marca de la promesa podría hacerlo. Era justo que se presentaran como tales.

Después de recoger un par de guantes de punto baratos en la farmacia, pasé por la pekarnya y compré una barra pequeña de pan negro, todavía caliente del horno y la generosa ración de crema de mantequilla dulce Babushka que insistía en gotear un poco entre mis dedos. Aunque la razón por la que estábamos en la Corte no era nada agradable, mi tiempo aquí había sido casi tranquilo hasta el momento, y lujoso. Odiaba decir que me estaba divirtiendo aquí, pero era difícil no hacerlo. Había una cierta sensación de libertad... de normalidad. Era adictivo.

Finalmente me instalé de nuevo en la cama extragrande, el libro en la mano ya que tenía otras pocas horas antes de la cena, sin nada que hacer más que descansar y relajarme, cuando escuché varios golpes agudos en la puerta. No esperaba a nadie, pero no hubiera sido una sorpresa para mí que Alberta viniera a verme para actualizar nuestro itinerario y calendario.

Sin embargo, la aparición de Rose fue una sorpresa.

—Necesito hablar contigo.

Su postura mostraba determinación, pero había preocupación en sus ojos. Después de un segundo de vacilación por mi parte, su labio inferior desapareció entre sus dientes. Lo que sea que estaba en su mente, estaba estresándola y sabía que no podía negarle la oportunidad de hablar conmigo cuando se había estado guardando tanto para sí misma últimamente. Quién sabía si alguna vez volvería a acudir a mí si la rechazaba.

Sin embargo, cuando me aparté y le permití pasar, no pude evitar recordar una noche no hace mucho tiempo cuando una situación muy similar había tenido lugar. Sabía que las posibilidades de que eso se repetiera eran escasas o nulas, especialmente porque ya me estaba preparando contra la más mínima posibilidad, pero respiré hondo para sacudirme el recuerdo antes de cerrar la puerta detrás de nosotros.

En el momento en que sonó el clic de la cerradura, Rose me entregó una hoja de papel. Estaba sentada en el sofá con la cabeza entre las manos antes de que tuviera la oportunidad de leer las primeras palabras. No tardé mucho en ver por qué.

Rose,

Estoy tan feliz de saber de tu llegada. Estoy seguro de que tu presencia hará que los procedimientos de mañana sean mucho más entretenidos. Hace tiempo que tengo curiosidad de saber cómo está Vasilisa y tus escapadas románticas son siempre divertidas. No puedo esperar para compartirlas en el tribunal mañana.

Mis mejores deseos,

V. D.


Chicos, lo lograron antes del domingo.

¿Qué les pareció éste capítulo? A mí me encantó el detalle de Dimitri de rentarles los uniformes a Rose y a Eddie.

Espero que les haya gustado, el próximo capítulo lo subiré el Jueves o cuando lleguemos a los 900 reviews. Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.