Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.
Capítulo 12
Rose,
Estoy tan feliz de saber de tu llegada. Estoy seguro de que tu presencia hará que los procedimientos de mañana sean mucho más entretenidos. Hace tiempo que tengo curiosidad de saber cómo está Vasilisa y tus escapadas románticas son siempre divertidas. No puedo esperar para compartirlas en el tribunal mañana.
Mis mejores deseos,
V. D.
La leí dos veces antes de que Rose hablara.
—V. D.
—Sí, lo sé, —traté de dominar mi creciente preocupación y brusquedad. Rose era solo el mensajero, no el enemigo—. Victor Dashkov.
—¿Qué vamos a hacer? Ya sé que ya hablamos sobre esto, pero ahora está diciendo realmente que nos va a delatar. —Rose estaba mirándome esperando que le respondiera, y traté de buscar desesperadamente cualquier cosa que pudiera decirle para tranquilizarla.
El primer pensamiento que vino a mi cabeza fue mi inútil deseo de que ella se hubiera quedado en la Academia. Quizás Víctor no habría sentido la necesidad de amenazarla, amenazarnos, con delatarnos, e incluso si hubiera decidido hacerlo, ella se habría librado de lo peor de la escena.
Sin embargo, no valía la pena detenerme en algo que no podía cambiar ahora. Si de repente Rose se negara a testificar, solo despertaría sospechas y empeoraría las cosas.
Caminé frente a Rose, que estaba atenta y lista para seguir cualquier plan de ataque que le propusiera.
Podrías dejarlo hablar y dejar que las piezas caigan en su lugar. Mi mente traicionera se movió en espiral, llenando mi cabeza con pensamientos que me distraían y que me impedían encontrar otra solución. Te lo mereces por la forma en que has actuado con Rose. La forma en que piensas y sueñas con ella. Ella estaría mejor sin ti y estarías donde perteneces: deshonrado y tras las rejas.
No. Quizás si realmente pensara que Rose estaría mejor si nuestra historia se ventilara en la corte, entonces dejaría que la suerte decidiera mi destino. Sin embargo, conocía a Rose lo suficiente como para saber que lucharía por defenderse, y más importante aún, ella lucharía por defenderme. La escena se convertiría en un circo, y no había duda alguna de que el rumor alimentaría la historia durante días y días. Si la Academia era dura en éste aspecto, el mundo real era brutal.
Tenía que hablar con él. Víctor debe querer algo de ella. ¿Por qué otra razón le enviaría una nota? Era obvio que la estaba provocando, persuadiéndola para que fuera a verlo. Quizás lo más sensato sería simplemente ignorarlo, pero sabía que la curiosidad de Roza ya se había despertado, y para ser sincero, la mía también. Sería mejor que la acompañara a verlo en lugar de que ella lo viera solo. Él estaba tras las rejas, la pelota estaba en nuestro lado de la cancha, por así decirlo, y si pudiéramos descubrir lo que quería, estaríamos un paso más adelante. Si lograra convencerlo de que mantuviera la boca cerrada en el proceso... que así fuera.
—Dame un momento. —Saqué mi teléfono, marcando un número que había estado guardado en él durante años sin uso.
Dejé escapar un suspiro cuando escuché una voz largamente olvidada saludarme en un idioma familiar—, ¡Belikov! Escuché que vendrías a la Corte.
—Grigory, ha pasado demasiado tiempo. Ojalá pudiera decir que estoy llamando solo para saludar, pero necesito pedirte un favor.
Grigory se rió, su naturaleza jovial de nuestros días en la academia seguía intacta—. No puedo decir que no te debo más de unos pocos favores. ¿Qué puedo hacer por el hombre responsable de que haya aprobado Literatura Rusa?
—Necesito hablar con un prisionero, Victor Dashkov. —Pude escuchar la risa morir en su pecho mientras pronunciaba el nombre—. Todavía trabajas en el centro de detención, ¿correcto?
—Sí, pero no puedo dejar que hagas eso. Estás programado para testificar en contra del hombre. Esto es mucho más grande que revisar y corregir ensayos. Podría perder mi trabajo, —su voz tenía cierta preocupación, la cual entendía completamente. Grigory era uno de los pocos guardianes que había logrado casarse con su novia de la escuela secundaria, una dulce chica Moroi que ahora enseñaba ruso en la escuela primaria local. Él la había seguido hasta aquí y se había asegurado un puesto estable en la Corte poco después. Ahora vivían lo más parecido a la felicidad familiar que podía imaginar—. No solo eso, si se corre el rumor de que hablaste con él antes del juicio, todo podría ser descartado. Escuché lo que hizo, Dimitri. ¿Vale la pena poner a tu cargo en riesgo?
—Sí, —ni siquiera dude en responder—. Y además, es demasiado tarde. Ya me contactó.
—Entonces deberías contactar a la fiscalía, no a mí.
Froté la tensión de mi frente. Si solo fuera así de fácil. Podría llevar la nota a la fiscalía, pero sin duda plantearía más preguntas que respuestas, especialmente dado que el veredicto de culpabilidad de Víctor ya estaba asegurado sin ninguna evidencia adicional. Sabía que el testimonio de Lissa no permitiría ninguna duda al respecto. Sin embargo, esa nota podría causar un mar de problemas—. No puedo hacer eso. Te lo pido como amigo, necesito una reunión privada con Dashkov, y la necesito lo antes posible.
La línea estuvo en silencio por unos minutos, y no podía soportar mirar a Rose hasta que obtuviera una respuesta.
—Está bien, Dimitri. Veré qué puedo hacer. Te llamaré dentro de una hora. —Colgó sin ceremonia y yo sabía que probablemente había tensado demasiado los tenues vínculos de nuestra amistad. Aún así, valdría la pena el sacrificio si pudiera resolver esto.
—¿Qué está pasando? —Rose se sentó nuevamente en el sofá, pero no me pasó desapercibida la mirada que le dio a la cama. Por más que hubiera estado deseando extenderme completamente en ella esta noche, con gusto renunciaría a la cama si eso significaba que podría compartirla con Rose.
Détente, cálmate. Me senté en la silla del escritorio, pensando que era mejor mantener una pequeña distancia entre nosotros en ese momento—. Te lo haré saber pronto. Por ahora, tenemos que esperar.
—Estupendo. —Rose rodó los ojos mientras mordía su labio inferior con enojo—. Lo que más me gusta hacer.
Sabía que el sarcasmo era su defensa contra el miedo, y sabía que probablemente debería decir algo... cualquier cosa... para distraerla. Desafortunadamente, mi propio mecanismo de defensa era el silencio.
¿Por qué se puso en contacto con Rose? ¿Por qué no me contactó a mí? Había aprendido a no subestimar a Víctor ni a sus poderes de percepción, pero mi mala costumbre de sobre-analizar las cosas estaba tomando el control. Si había alguna información que solo Rose podría ofrecerle, ni siquiera podría comenzar a adivinar de qué se trataba. Entonces, siempre existía la posibilidad de que simplemente estuviera tratando de jugar con su mente, pero si ese fuera el caso, ¿no trataría de burlarse de los dos? Quizás él sabía que Rose compartiría su nota conmigo de todos modos. Si me hubiera enviado la nota a mí, probablemente habría intentado que ella no se enterara. Enviarle la nota a ella era tan malo como amenazarme a mí directamente, tal vez incluso más, y no me sorprendería que estuviera seguro de ese hecho.
Pero estaba haciendo la pregunta incorrecta. No era una cuestión de por qué le había enviado la nota, sino cómo supo que ella estaría aquí para enviársela. Podía sentir el cabello en la parte posterior de mi cuello levantarse cuando las piezas comenzaron a caer en su lugar, pero esto en lugar de aclarar la imagen, solo me dejó más confundido.
Alberta había sido notificada que debía traer a los estudiantes solo una hora antes de nuestra partida. Su llegada era poco conocida o anticipada. Sin embargo, de alguna manera, Victor lo sabía. Él no debería tener contacto con el mundo externo, pero de alguna manera sabía que ella iba a venir.
Traté de calmarme, razonando que lo más probable era que los abogados fueran notificados acerca de los testigos de última hora, y tal vez la defensa lo había advertido. Podría ser tan simple como eso. Aún así, ¿cómo se las había arreglado para mandar la nota sin que nadie lo descubriera...?
—¿Por qué lees esto?
La voz de Rose me sacó de mi peligrosa preocupación. La miré inquisitivamente y levantó el libro que había estado leyendo antes. Debí dejarlo en el sofá cuando abrí la puerta, y ahora ella estaba hojeándolo, su cara se torció en una mueca como si el libro la hubiera ofendido personalmente de alguna manera.
No pude evitar sonreír—. Algunas personas leen libros por diversión.
—Oye, cuida el sarcasmo. —El libro se cerró con toda la fuerza que un libro de bolsillo podía reunir, y se concentró en la portada estereotípica que consistía de un vaquero montando a caballo, usando un sombrero Stetson y mirando hacia la puesta del sol sobre la llanura occidental—. Y sí leo libros. Los leo para resolver misterios que amenazan la vida y la cordura de mi mejor amiga. No creo que leer estas cosas de vaqueros realmente salve el mundo como lo que leo yo.
Solo su sonrisa y su mirada juguetona asomándose por sus pestañas la salvaron. Sabía que mis hábitos de lectura eran uno de los tres temas que guardaba bajo su manga para hacer burlas de rutina, los otros eran mis raíces rusas y naturaleza antisocial. Todo era muy divertido, y podía decir que lo único que intentaba hacer era reducir la tensión.
Entonces, en lugar de indignarme por el asunto como lo hubiera hecho si alguien más se hubiera burlado de mi pasatiempo, simplemente le arrebaté el libro de las manos, hojeando las páginas gastadas—. Como cualquier libro, representa un escape. —Un escape que necesité desesperadamente en mis años más jóvenes—. Y hay algo... hmmm... no sé. Hay algo atractivo en el Viejo Oeste. No hay reglas. Todo el mundo se rige por su propio código. No tienen que estar atados por las ideas de los demás sobre lo que es correcto e incorrecto para hacer justicia.
—Espera, —se rió, sus ojos prácticamente brillando con malicia—. Pensé que era yo quien quería romper las reglas.
—No dije que quería hacerlo. —Oh Dios, había algunos días en que deseaba hacerlo desesperadamente—, es solo que puedo ver el atractivo acerca de ello.
—No puedes engañarme, camarada, —si su sonrisa era una indicación, ella podía ver a través de mí—. Quieres ponerte un sombrero de vaquero y mantener a los ladrones de bancos en línea.
Sonreí ante la idea de ser un vaquero renegado, encargándome de los errores del mundo yo solo. Aun así, era más que solo la libertad de luchar por lo que creía correcto lo que hacía que ese mundo fuera atractivo. Esos hombres también luchaban por los que querían...
—No hay tiempo, —contesté finalmente—. Tengo suficientes problemas para mantenerte a ti en línea.
Echó la cabeza hacia atrás ante mi respuesta, y sentí la alegría recorrerme por haberla hecho reír. Era raro que me permitiera bajar la guardia, especialmente a su alrededor, a pesar de su habilidad para atravesar mis paredes. Aún así, los momentos en los que actuábamos libremente siempre eran lo primero en mi mente.
Sin embargo, estos momentos nunca duraban. Incluso ahora, podía ver que se ponía seria ligeramente y que comenzaba a alejar su mirada de mí.
Sentí esa ola de culpa sobre mí nuevamente. Esa que siempre parecía estar allí cuando se trataba de nuestra relación, de una forma u otra. Se movía y fluía, pero sin embargo era constante. Tenía tantas preguntas sobre "qué pasaría si" y pensamientos de "desearía," pero al final todos eran tan inútiles como yo.
—Lo siento.
—¿Por qué? ¿Por leer novelas cursis? —Su intento de bromear fue un poco plano.
—Por no haber podido hacer nada para traerte al juicio. —Miré el libro en mi mano, desesperado por ver algo más que la decepción que temía que habría en su mirada—. Siento que te decepcioné.
Al principio parecía sorprendida por mi admisión, aunque no podía decir si era porque estaba admitiendo haberla decepcionado, o el hecho de que eso me molestara tanto. Tan rápido como un rayo, su sorpresa se transformó en simpatía y tomó mi mano como si un gesto tan pequeño no significara el mundo para mí. Su toque fue más tranquilizador para el dolor de mi corazón que cualquier bálsamo curativo.
—No lo hiciste, —insistió ella. Su pulgar rozó mis nudillos, sus callos todavía de alguna manera más suaves que los míos—. Actué como una total malcriada. Nunca me has fallado antes, y tampoco lo hiciste esta vez.
Estaba agradecido por sus palabras, pero sabía que la amarga verdad era que nunca sería capaz de darle todo lo que ella quería, todo lo que se merecía. Le daría el mundo si tuviera el poder para hacerlo. Casi le digo esto cuando mi teléfono rompió el momento.
—Belikov aquí.
—Ven ahora. No puedo darte mucho tiempo, pero si te das prisa, deberías tener unos minutos antes de que llegue el guardián del siguiente turno. —El borde afilado impregnaba su voz de nuevo, y nuestro ruso nativo lo hizo sonar aún más letal.
—Gracias, Grigory.
—Por favor, no me lo agradezcas. No por esto. Solo asegúrame que todo lo que tengas que hablar con él vale la pena.
Miré a Rose que me miraba ansiosamente, esperando impacientemente lo que fuera que le dijera a continuación.
—Lo vale, —le aseguré—. Estaremos allí en unos minutos.
Me volví hacia Rose, quien seguía esperando en el sofá mi orden.
—Muy bien, vamos.
—¿A dónde? —Rose parecía lista para seguirme a la batalla.
—A ver a Victor Dashkov.
El camino a la prisión fue silencioso. Rose no me cuestionó, al contrario, me siguió sin protestar. Me preguntaba si debería haberla dejado atrás, pero sabía que la necesitaba aquí. Víctor podría negarse a hablar conmigo de otra manera, y aunque ese no fuera el caso, prefería tenerla a mi lado.
Cada paso más cerca agregaba otro peso a nuestros hombros, y para cuando llegamos a la construcción gris aburrida, comencé a cansarme por la energía que se necesitaba para mantener la calma. Grigory se encontró con nosotros en la recepción, dejándonos pasar por alto los detectores de metal y conduciéndonos directamente a un pasillo largo y bien iluminado.
—Tomen este pasillo, celda 8. Es el único prisionero aquí ya que está esperando la sentencia final. Ya apagué las cámaras de vigilancia, anotando que necesitaban ser reiniciadas. Tienen diez minutos antes de que se prendan nuevamente.
Asentí y cerró la puerta detrás de él, esencialmente aislándonos del mundo exterior. Rose se mordió el labio y supe que estaba esperando una traducción. Hasta ahora había sido paciente, pero sabía que esto estaba poniendo a prueba los límites de su autocontrol.
—¿Por qué estamos haciendo esto? —susurró, y pude escuchar un leve temblor en su voz—. ¿Crees que podemos convencerlo de que no lo haga?
Negué con la cabeza. Estaba seguro de que era una de las pocas cosas que nunca lograríamos—. Si Victor quisiera vengarse de nosotros, lo haría sin previo aviso. No hace las cosas sin una razón. El hecho de que te lo haya dicho significa que quiere algo, y ahora vamos a averiguar qué es.
Victor estaba sentado tranquilo y sereno en su celda. Era casi como si nos estuviera esperando. Quizás era así. De cualquier manera, no pareció sorprendido de encontrarnos a ambos frente a él en este momento. Me dio asco ver lo bien que se veía. Sabía que sería tratado con humanidad, pero no escapó a mi mente que probablemente estaría muerto si no hubiera torturado a Lissa para que lo curara con el Espíritu, causando un dolor insoportable a Rose en el proceso. En cambio, se veía saludable y casi próspero, a pesar de su encarcelamiento.
—¡Oh mi Dios! Esto es un regalo. La encantadora Rosemarie, prácticamente una adulta ahora. —Odiaba la insinuación, pero no tanto como odiaba la forma persistente en que él la acogía, como si estuviera memorizando su forma. Me coloqué un poco entre el objeto de su mirada maliciosa, llamando su atención y alejando su burla de Rose—. Por supuesto, algunos te han estado tratando de esa manera durante bastante tiempo.
Rose me empujó, presionándose contra las barras plateadas. La magia que había en ellas molestaría a un Moroi, y prácticamente quemaría a un Strigoi, pero Rose no sentiría nada raro—. Deja de joder con nosotros, hijo de puta. ¿Qué quieres?
Pude ver el temblor en su mandíbula. Su enojo, frustración, nervios y miedo sacaban lo peor de ella. Puse mi mano en su hombro, suavemente persuadiéndola—. Tranquila, Rose.
Ella tomó aliento, cerró los ojos por un momento y se puso en línea conmigo. Desafortunadamente, su rara sumisión solo pareció divertir a Victor.
—Después de todo este tiempo, tu cachorra aún no ha aprendido a controlarse. Pero tal vez nunca quisiste que lo hiciera realmente.
—No estamos aquí para bromear. —Por más difícil que fuera, sabía que necesitaba mantener la calma, o al menos pretenderlo. Esta era simplemente otra batalla, una que necesitaba ser llevada a cabo con ingenio en lugar de fuerza—. Querías que Rose viniera, y ahora necesitamos saber por qué.
—¿Tiene que haber alguna razón siniestra? Solo quería saber cómo estaba y algo me dice que mañana no tendremos la oportunidad de conversar amistosamente.
—No vamos a tener una conversación amistosa ahora, —insistió Rose, aunque sus palabras fueron más un gruñido que una afirmación.
—Crees que estoy bromeando, pero no es así. —Víctor casi parecía ofendido por el hecho de que una de sus víctimas no estuviera nada contenta de estar en su presencia—. Realmente quiero saber cómo estás. Siempre has sido un sujeto fascinante para mí, Rosemarie. La única persona besada por las sombras que conocemos. Te lo dije antes, ese no es el tipo de cosa de la que puedas escapar ilesa. No hay forma de que puedas mezclarte silenciosamente en la rutina reglamentaria de la vida académica. Las personas como tú no están hechas para encajar.
—No soy algún tipo de experimento científico.
—¿Cómo ha sido? ¿Qué has notado?
—No hay tiempo para esto. Si no vas al grano, nos iremos. —El tiempo pasaba y no estábamos llegando a ninguna parte.
—No hay forma de que te dejen libre mañana. Espero que disfrutes la prisión. Apuesto a que será genial una vez que te enfermes otra vez, y lo harás, ¿lo sabes?
—Todas las cosas mueren, Rose, —habló con prudencia. El destello malicioso en sus ojos regresó un momento después—. Bueno, excepto por ti, supongo. O tal vez estés muerta. No lo sé. Esos que visitan el mundo de los muertos probablemente nunca puedan eliminar por completo su conexión con él.
Pude ver el fuego salir de los labios de Rose, listo para quemarlo, pero un shock repentino lo reemplazó. La sostuve cuando tropezó, la fuerza de sus piernas cedió bajo el peso de algo que Victor había dicho. Antes de que pudiera interrogarla, corrió de nuevo a las barras, esta vez más desesperada que disgustada.
—¿Sí? ¿Hay algo que quieras decir? —Pude ver el placer en el rostro de Víctor. La tenía justo donde él quería y yo no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo a mi alrededor o cómo fue que había sucedido esto.
—¿Qué es el mundo de los muertos? —El temblor había vuelto, peor que antes, ya que su pregunta surgió entre dientes apretados—. ¿Es el cielo o el infierno?
—Ninguno.
—¿Qué es lo que vive allí? ¿Fantasmas? ¿Voy a volver? ¿Salen cosas de ahí?
Aunque me sentía completamente perdido, una cosa me llamó la atención. ¿Fantasmas?
Esta era la segunda vez en las últimas 48 horas que mencionaba la idea de los fantasmas. Al principio pensé que era solo por Mason, pero... ¿podría ser más? ¿Había alguna manera de que esto estuviera relacionado con su vínculo con Lissa? ¿Estaba todo conectado de alguna manera?
Mientras sus preguntas me aterrorizaban, parecían agradar a Victor. Estaba deleitándose en su atención, colocándola deliberadamente en esa posición para su propia diversión—. Bueno, claramente algunas cosas salen de ahí, porque aquí estás tú delante de nosotros.
—Te está poniendo una trampa. Déjalo ir, —le dije a Rose, prácticamente implorando mientras trataba de detenerla. Todo lo que ella hizo fue ignorarme.
—La estoy ayudando. —Victor me miró con dureza, furioso por mi interrupción antes de volverse hacia Rose—. Honestamente, no sé mucho al respecto. Tú eres la única que ha estado allí, Rose. Yo no. Todavía no. Algún día, probablemente serás tú quien me enseñe. Estoy seguro de que entre más trates con la muerte, más cerca estarás de ella.
—Suficiente. —Rose saltó un poco ante mi tono, pero esto necesitaba terminar ahora. La llevaría sobre mi hombro si fuera necesario—. Nos vamos.
—Espera, —Víctor llamó casi con amabilidad—, todavía no me has hablado sobre Vasilisa.
—Aléjate de ella, —Rose dio un paso amenazador y me moví con ella mientras continuaba su amenaza—. Ella no tiene nada que ver con esto.
—Dado que estoy encerrado aquí, —hizo un gesto alrededor de la habitación casi vacía—, no tengo más remedio que alejarme de ella, querida. Y te equivocas: Vasilisa tiene todo que ver con todo esto.
—Eso es. —Una risa mordaz, ligeramente enloquecida, emitida por Rose cuando se dio cuenta de algo—. Es por eso que enviaste la nota. Me querías aquí porque querías saber algo sobre ella, y sabías que no había manera de que ella viniera a hablar contigo. No tienes nada con que chantajearla.
La mano de Víctor cubrió su corazón, protegiéndolo de las palabras ofensivas—. Chantaje es una palabra fea.
—No hay forma de que puedas verla, al menos fuera de la sala del tribunal. Nunca va a sanarte. Te lo dije: te volverás a enfermar y vas a morir. Vas a ser el que me envíe postales desde el otro lado.
—¿Crees que de eso se trata? ¿Crees que mis necesidades son tan insignificantes? —La burla degradante que Victor había mantenido sobre ella casi todo el tiempo se convirtió en rabia, su sonrisa se torció en una mueca burlona—. Has olvidado todo, el por qué hice lo que hice. Has quedado tan atrapada en tu propia forma de ver las cosas que te perdiste el panorama que yo estaba viendo.
Sabía que Rose estaba al tanto de más de la conversación entre Víctor y Lissa esa noche del secuestro, e incluso tuvo algún tipo de conversación propia antes del fallido intento de fuga de Víctor mientras Natalie había tratado de matarla. Aunque nunca pensé en preguntarte. No parecía importante en ese momento ni en el gran esquema de las cosas. Sin embargo, si la expresión y el tono de Dashkov eran alguna indicación, esas conversaciones habían sido vitales.
—¡Querías organizar una revolución! —El rostro de Rose se iluminó con una comprensión repentina—. Aún quieres hacerlo. Es una locura. Eso no va a suceder.
—Ya está sucediendo, —respondió—. ¿Crees que no sé lo que está pasando en el mundo? Aún tengo contactos. Las personas pueden comprarse. —Él me miró momentáneamente. ¿Cómo crees que pude enviarte ese mensaje? Sé sobre los disturbios. Conozco el movimiento de Natasha Ozera para hacer que los Moroi peleen al lado de los guardianes. Tú estás de su lado y me calumnias, Rosemarie, pero yo traté de hacer lo mismo el otoño pasado. Sin embargo, de alguna manera, parece ser que no lo miras del mismo modo.
Nada... y quiero decir nada... podría estar más lejos de la verdad. Natasha no se parecía en nada a Victor. Incluso si afirmaba estar trabajando para fines similares, lo que dudo mucho en primer lugar, lo estaban haciendo de maneras muy diferentes. Y así se lo hice saber.
—Y es por eso que no está llegando a ninguna parte, —insistió—. Tatiana y su consejo están siendo detenidos por siglos de tradiciones arcaicas. Mientras ese tipo de poder nos gobierne, nada cambiará. Nunca aprenderemos a pelear. Los Moroi que no son de la realeza nunca tendrán voz y voto. Los Dhampirs como tú serán continuamente enviados a la batalla.
—Es a lo que dedicamos nuestras vidas. —Odiaba el hecho de estar de acuerdo con él en cualquier cosa, incluso en este pequeño núcleo de verdad que atormentaba mis pensamientos.
—Y es por lo que pierden sus vidas. Están esclavizados y ni siquiera se dan cuenta. —Me daba cuenta más de lo que él sabía—. ¿Y para qué? ¿Por qué nos protegen?
—Porque, —la voz de Rose se movió, de repente insegura de sí misma—, los necesitamos para que nuestra raza sobreviva.
La burla de Víctor fue cruel, pero no tan cruel como el gesto aparentemente despreocupado que hizo entre nosotros—. No necesitas lanzarte a la batalla para eso. Hacer hijos no es realmente tan difícil.
¿No es tan difícil? Entre dos dhampirs, era imposible. Lo mejor que yo podía esperar era criar a los hijos de Rose, no engendrarlos biológicamente. Tal vez estaría dispuesto, no, sé que estaría dispuesto, pero la sociedad no permitiría ni siquiera eso entre dos guardianes sancionados.
Si las palabras de Victor molestaron a Rose tanto como a mí, ella no lo demostró—. Y porque los Moroi… los Moroi y su magia son importantes. Pueden hacer cosas increíbles.
Me llamó la atención lo mucho que Rose estaba luchando para dar una razón de por qué nos convertíamos en guardianes. Me pregunté si de alguna manera había fallado como su mentor, pero mi pensamiento se vio eclipsado por la idea de que... ni siquiera yo tenía una mejor respuesta. Lo mejor que podía decir era que era un guardián porque era lo que se suponía que debía hacer. Yo era bueno en eso. Me ayudaba a brindar un poco más de apoyo a mi familia en casa.
—Solíamos hacer cosas increíbles. Los humanos solían venerarnos como dioses, pero con el tiempo, nos volvimos perezosos. El advenimiento de la tecnología hizo que nuestra magia fuera cada vez más obsoleta. Ahora, todo lo que hacemos son trucos de salón.
Lo que hacía a Víctor tan poderoso, tan peligroso, no era su magia. No era su riqueza, título o conexiones. Ciertamente no era su fuerza física. No, Víctor era poderoso porque podía entender a las personas y sus deseos más profundos y oscuros. Él se aprovecharía de ellos, haciéndolos cuestionarse a sí mismos y considerar sus ideas venenosas hasta envenenar su sentido común.
Tiré de Rose de los hombros, como si el metro extra de distancia de alguna manera la protegiera de la seducción corrupta de los ideales de este hombre—. Si tienes tantas ideas, haz algo útil en prisión y escribe un manifiesto. —Quizás el papel de alguna manera atemperaría el infierno.
—¿Y qué tiene que ver esto con Lissa de todos modos? —A pesar de todo, la principal preocupación de Rose siempre sería su amiga, incluso sacrificando su propio bienestar.
Víctor respondió como si el hecho fuera claro como el día—. Porque Vasilisa es un vehículo para el cambio.
—¿Crees que ella va a dirigir tu revolución? —Rose parecía encontrar la idea tan repulsiva e imposible como yo.
—Bueno, preferiría dirigirla yo, algún día. Pero, independientemente, creo que ella va a ser parte de eso. También he oído hablar de ella. Es una estrella en ascenso, aún joven, pero la gente la está notando. —Víctor se apoyó contra la pared de su celda, con los brazos cruzados casualmente y luciendo como si nuestra discusión fuera sobre algo tan ligero y natural como el clima, en lugar de sus intenciones de manipular a una mujer joven para derrocar a un gobierno centenario—. Ninguno de los miembros de la realeza son creados iguales, ya sabes. El símbolo Dragomir es un dragón, el rey de las bestias. Del mismo modo, la sangre Dragomir siempre ha sido poderosa. Es por eso que los Strigoi los han atacado de manera tan consistente. Un Dragomir retomando el poder no es poca cosa, especialmente uno como ella. Mi impresión de los informes es que ella debe haber dominado su magia. Si eso es así, con sus dones, no hay forma de decir lo que ella podría llegar a hacer. La gente siempre se siente atraída por ella casi sin esfuerzo de su parte. Y cuando ella realmente intente influenciarlos... bueno, harán todo lo que ella quiera.
Al final de su diatriba, los ojos de Victor habían tomado una apariencia remota, como si estuvieran perdidos en un mundo imaginario y enfermo de su propia creación y diseño. Por supuesto, mientras que yo lo encontraba, o al menos los métodos para obtenerlo, infernal, Víctor lo consideraba una utopía.
Sin embargo, no escapó a mi atención cuán cerca había sido capaz de vigilar a Lissa, incluso mientras estuvo encarcelado. Pensé que tenía contactos con el mundo exterior, pero tenía que haber al menos un contacto lo suficientemente cercano a la princesa para informarle de su avance en la magia. Había un traidor cerca, y necesitaba detener a quien la había puesto en peligro. Había jurado hacerlo, e incluso si no podía pensar en una razón noble sobre por qué quería servir como guardián, protegería a Lissa con mi vida porque sabía que Rose haría lo mismo. Puede que no fuera noble, pero era cierto.
—Increíble, —murmuró Rose—. Primero querías esconderla para mantenerte con vida. Ahora realmente quieres que esté en el mundo y usar su compulsión para tus propios planes psicológicos.
—Te lo dije, ella es una fuerza para el cambio. Y como tú, besada por las sombras, es la única de su clase que conocemos. Eso la hace peligrosa... y muy valiosa.
Con las palabras de Victor, pude ver una chispa de algo en los ojos de Rose. Fuera lo que fuera, era como si el conocimiento oculto inclinara la balanza a su favor. Víctor también lo vio, pero parecía tan desorientado como yo.
Me rompí la cabeza, buscando lo que Rose podría haber encontrado. De repente, hizo clic. Adrián… él no sabía nada de Adrián. Yo me había enterado recientemente de las habilidades de Adrián, y hasta donde sabía, solo había otras pocas personas que conocían sus habilidades espirituales. Sin embargo, si Víctor lo supiera, quién sabe qué podría pasar. De lo único que estaba bastante seguro era de que había muchas más probabilidades de que Vasilisa resistiera la tentación de Victor. Por lo que sabía, Adrián podría vender su alma por un paquete de cigarrillos y una botella de vodka. Víctor no podía enterarse de su habilidad.
Antes de que pudiera terminar la discusión, o que Víctor pudiera continuarla, Rose se mantuvo firme con su nueva confianza y habló con seguridad—. Lissa nunca lo haría. Nunca abusaría de sus poderes.
—Y Víctor no va a decir nada sobre nosotros, —le dije, hablando con Víctor tanto como con Rose—. Ha logrado su objetivo. Te trajo aquí porque quería saber sobre Lissa.
Ella rió victoriosamente—. No descubrió demasiado.
Ella tenía razón, él no había descubierto mucho. Pero si nos quedábamos mucho más tiempo, podría hacerlo.
—Te sorprenderías. —La sonrisa de Victor estaba llena de tanta malicia que incluso me erizó la piel—. ¿Y qué te hace estar tan seguro de que no ilustraré al mundo sobre sus indiscreciones románticas?
—Porque eso no te salvará de la prisión. —Di un paso adelante, poniéndome completamente entre Rose y Victor—. Y si arruinas a Rose, destruirás cualquier débil posibilidad que tengas de que Lissa te ayude con tu fantasía retorcida.
Pude ver a Victor reconocer la verdad de mi declaración, estremeciéndose un poco, pero aún no había terminado. Me apreté contra los barrotes, acercándome lo más posible a él antes de bajar la voz.
—Y de todos modos sería inútil, —continué—, porque no permanecerías con vida en prisión el tiempo suficiente para organizar tus grandes planes. No eres el único con conexiones.
Pude escuchar la aguda respiración detrás de mí, y con una rápida mirada, pude ver el miedo en sus ojos. Rose me tenía miedo. El mismo miedo se manifestó en el rostro de Víctor por un breve momento antes de que cambiara su expresión.
—Ustedes dos son una pareja hecha en el cielo... o en algún lado.
Me volví, guiando a Rose fuera del pasillo con mi mano en la parte baja de su espalda. Justo antes de cruzar la puerta, ella llamó por última vez por encima del hombro.
—Te veo en la corte.
La puerta se cerró de golpe detrás de nosotros, y Grigory nos estaba esperando del otro lado.
—Salieron justo a tiempo Guardián Belikov.
Sentí un aguijonazo interno por el uso mi título profesional—. Gracias, Grigory. Sé que te pedí mucho. Te debo un favor muy grande.
Su mirada parpadeó hacia Rose y se suavizó por un momento—. Entiendo, yo también haría cualquier cosa por mi esposa.
Mi reacción instintiva fue corregirlo, pero era tan cierto como podría serlo dadas las circunstancias. Haría cualquier cosa por Roza.
Chicos, ¿qué les pareció éste capítulo? Aquí pudimos ver a nuestro pobre Dios Ruso sufriendo junto con Rose. El trata de hacer todo lo posible por brindarle paz y tranquilidad a Rose, aunque él sufra por dentro.
Espero que les haya gustado, ésta vez llegaron más rápido a la meta, espero que sigan así ;)
También quiero invitarlos a que lean "Meet Me in the Memory" y que dejen sus comentarios, sé que les va a gustar y que los mantendrá al borde del asiento.
El capítulo 13 lo subiré cuando lleguemos a los 1000 reviews o el próximo Lunes.
Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.
