Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.
Capítulo 13
El camino de regreso fue largo y silencioso. Todo estaba cubierto de nieve, y aunque el paisaje era bastante hermoso, era difícil concentrarse en cualquier otra cosa excepto la posibilidad de que Victor dijera algo mañana. Apreté y aflojé mis puños en un inútil esfuerzo de aliviar mi estrés, pero no tenía sentido.
—¿Estás bien? —su voz era vacilante y supe que se había dado cuenta de mi tensión.
—Sí. —La respuesta fue automática, aunque no podría haber estado más lejos de la realidad. Por supuesto, Rose no lo creería.
—¿Estás seguro?
—Tan bien como puedo estarlo. —Sabía que estaba siendo tan frío como el aire que nos rodeaba, pero me costaba distinguir si realmente habíamos logrado algo visitando a Victor. Lo único que podía decir con certeza era que estaba mucho más preocupado y enojado de lo que estaba antes.
Después de algunos latidos, Rose hizo una pregunta que realmente esperaba que no hiciera.
—¿Crees que les contará a todos sobre nosotros?
—No. —Era una mentira. Estaba bastante seguro de que lo haría. Honestamente, debería haber aceptado que lo haría desde que ella me mostró esa estúpida nota. ¿Qué pensé que pasaría? No teníamos nada que él quisiera; nada con lo que negociar, ninguna información para usar como soborno. No era como si pudiéramos pedírselo amablemente y que él lo reconsideraría. Incluso suplicar no habría funcionado, aunque creo que probablemente lo habría entretenido el verme de rodillas. El único poder que tenía era una vaga amenaza que estaba bastante seguro que él había comprendido.
No podría decirle eso a Rose. Sabía que ya estaba bastante inquieta por la idea de que nos expusiera. Decirle que era casi una certeza ahora, no haría nada más que provocar que ella perdiera el sueño esta noche. Ya sabía que yo estaría exhausto cuando llegara la mañana.
—¿Lo dijiste en serio…? —su voz era apenas un susurro y sus palabras casi se perdieron en el viento—, ¿que si Victor hablaba... que tú...?
Lo mataría. Ella no lo dijo, pero su pregunta era obvia. ¿Estaba dispuesto a matar a Víctor? Era un asesino, entrenado y probado, pero, ¿era un asesino a sangre fría?
—No tengo mucha influencia en los niveles superiores de la realeza Moroi, pero tengo la suficiente entre los guardianes que manejan el trabajo sucio en nuestro mundo.
Logísticamente, era posible. Tenía las conexiones correctas. Conocía gente en Butyrka, Tarasov y Oryol. Probablemente podría convencerlos de que lo hicieran. No sería la primera vez que un recluso era asesinado bajo el radar por un bien mayor. Sin embargo, nunca había creído personalmente en la noción de que los guardianes jugaran el papel de jurado y jueces. Éramos protectores, no verdugos...
—No respondiste mi pregunta. ¿Realmente lo harías? —Rose se paró frente a mí, forzándome a parar y enfrentarla a ella y a su pregunta.
Yo era un guardián, un protector. Daría mi vida por mi cargo... pero mataría por mi Roza.
—Haría muchas cosas para protegerte, Roza.
Ella apartó la mirada, mostrando una sonrisa tensa que mostraba más su reconocimiento que su aprobación real. Su pecho se levantó con un profundo suspiro—. No sería exactamente protegerme. Sería después del hecho, a sangre fría. Tú no haces ese tipo de cosas. —Sus ojos se encontraron con los míos otra vez con un triste brillo—. La venganza es lo mío. Yo tendré que matarlo.
No lo decía en serio. Sabía que no lo haría. Aún así, no podía soportar escucharla decir eso. La agarré por los hombros, inclinándome levemente para asegurarme de que estaba concentrada en mí—. ¡No hables así!
Ella saltó un poco en mis manos, obviamente sin esperar una reacción tan fuerte. Traté de salvar el momento apretando suavemente sus brazos y apartando un hilo de su abrigo—. Y de todos modos, no importa. Víctor no va a decir nada.
Rose asintió con la cabeza, aceptando completamente mis palabras simplemente porque había sido yo quien las dijo. Finalmente la dejé ir, dejando que mis manos se deslizaran por sus brazos para poder tocarla el mayor tiempo posible antes de regresar al hotel. El resto del paseo fue en silencio, lo cual estuvo bien para mí. No quería mentirle más.
Decidí subir las escaleras, necesitaba gastar un poco de mi energía nerviosa a solas antes de retirarme a mi habitación para pasar la noche. Si Rose notó que algo andaba mal, no lo mencionó y optó por el ascensor.
Subí los escalones lentamente. Era casi incomodo subir uno por uno cuando podía subir de dos en dos fácilmente, casi como si fuera una prueba de mi paciencia. No es que no tuviera suficientes pruebas de ese atributo en particular en este momento. Supongo que podría decir que sería algo el que pudiera superar ésta prueba.
Sesenta y cuatro. Esa era la cantidad de escalones que conté. Cualquiera podría decir que eso sería suficiente para tranquilizarme, pero no fue así. Pude escuchar una voz femenina más aguda cuando pasé por la habitación de Rose. La voz de Lissa. No podía escuchar a Rose, pero sentí un poco de consuelo al saber que no estaba sola en este momento. Estaba lo suficientemente preocupada por Lissa que sabía que no le diría nada sobre nuestra reunión de hoy, y Lissa era buena para animar a Rose.
Mi habitación estaba en silencio. Vacía y oscura. Prender la luz solo resolvió uno de estos problemas. La cama que me había parecido tan grande y tentadora hacía solo unas pocas horas, ahora me parecía fría y solitaria. Encendí la televisión, esperando que el sonido de la misma me engañara pensando que había alguna forma de compañía aquí, pero era solo una ilusión. Estuve a punto de volver a poner en marcha la cafetera, pero sabía que tenía hambre y que la cafeína no lo solucionaría, así que agarré el folleto del servicio de habitaciones.
Cualquiera que fuera la cena que había sido planeada para nuestro grupo, ya había pasado hacía mucho tiempo. Casi me sentí mal al mirar las opciones disponibles del menú, porque seguramente lo que se había servido en la cena tenía que haber sido mejor que un sándwich de tocino, sopa del día, o hamburguesas. Finalmente decidí apostar por el pollo y hacer el pedido. Recordé brevemente que si yo me había perdido la cena, Rose probablemente también lo había hecho, y me pregunté si debería asegurarme de que ella comiera algo esta noche, tal vez incluso invitarla a cenar conmigo. Estaba seguro de que podrían traer ambos pedidos aquí.
¿A quién quería engañar? Rose nunca olvidaba una comida, y yo había visto pizza en el panfleto. Probablemente ya había pedido una o dos rebanadas de pizza de pepperoni incluso antes de que yo encontrara el menú, y seguramente había comido un brownie de postre, por si acaso. Si Lissa no la animaba, su comida favorita ciertamente lo haría.
Sonó un golpe en la puerta, y tuve que admitir que el servicio rápido del hotel compensaba con creces su deslucida selección en el menú. Mientras abría la puerta, busqué a tientas mi billetera, pero no era un ayudante de camarero quien esperaba al otro lado. Era Alberta.
—Te perdiste la cena, Guardián Belikov. —No parecía ni sonaba demasiado complacida.
—Mis disculpas, Guardiana Petrov. Tenía algunos asuntos que atender. —Mantuve mi respuesta vaga, sabiendo que no podía decirle dónde había estado realmente.
—¿Y Rose? Ella también estuvo desaparecida.
Me mordí la lengua, sabiendo lo mal que se veía esto—. Sí, Rose estaba conmigo.
—Dimitri, —suspiró, como si realmente esperara que fuera una coincidencia que Rose y yo nos hubiéramos perdido de la cena—. No puedes…
—Prometo que fue estrictamente profesional, —la interrumpí, esperando calmar lo peor de sus miedos antes de que se cruzaran en su mente.
Su ceja se elevó levemente—. ¿Entrenamiento?
Asentí. No estaba completamente equivocada. Rose necesitaría aprender a lidiar con criminales y presos eventualmente, especialmente porque los guardianes a menudo teníamos doble función como oficiales de paz, por lo que la visita a Victor podría ser considerada de alguna forma como instructiva—. Perdimos la noción del tiempo, pero ahora está de vuelta en su habitación. Estoy seguro de que ya se hizo cargo de su cena y parece que la mía también está aquí.
Un joven ayudante de camarero llevaba un plato cubierto en una bandeja, deteniéndose al lado de Alberta y parecía más interesado en nuestra conversación interrumpida que en entregar la comida. Me aparté, permitiéndole colocar la bandeja sobre la mesa de café antes de darle un par de dólares. Echó una última mirada por encima del hombro a la Guardiana Petrov, que seguía de pie en la puerta, antes de regresar a los ascensores.
Alberta había permanecido en silencio durante todo el tiempo que el muchacho había estado haciendo su trabajo, pero tan pronto como estuvo fuera de la vista y del alcance del oído, volvió a fijar su mirada en mí—. Infórmame de todas las sesiones improvisadas de entrenamiento que planeen tener de aquí en adelante, ¿está bien? Puede que no estemos en la Academia, pero eso no significa que no estés caminando por una línea muy fina. Un resbalón y no seré capaz de protegerte. ¿Lo entiendes?
A pesar de la firmeza de sus palabras, pude ver las grietas de preocupación en los bordes de las mismas. Alberta se preocupaba por Rose y me respetaba. Sabía que no quería que nos sucediera nada a ninguno de los dos. Odiaba saber que mañana por la mañana probablemente sacaría esos temores a la luz.
Aún así, no serviría de nada meter a otra persona en este lío, así que guardé mis pensamientos para mí y simplemente asentí una vez más—. Entiendo.
Alberta no se había convertido en la Capitana de la Guardia Escolar por nada. Creo que ella podía ver que algo no estaba del todo bien. Sin embargo, estaba agradecido de que no lo mencionara. En cambio, se fue con un simple adiós y un recordatorio de que debía estar abajo a las ocho de la mañana. Cerré la puerta, encerrándome una vez más.
Decidí que una ducha me vendría bien en éste momento y pasé la siguiente media hora tratando de borrar los recuerdos del día de mi piel. Lástima que la vida no funcionaba así, así que sin nada más que demostrara mis esfuerzos a parte de los dedos arrugados, comí mi pollo ahora frío y vi el final de una película de James Bond antes de darme la vuelta, temiendo lo que me esperaría en la mañana.
Después de una noche inquieta, una carrera temprana y una ducha que podría haber sido un poco más fría de lo necesario para lograr que pareciera un poco despierto, estaba vestido y listo para recorrer el largo paseo hacia mi perdición. Debía haber estado en peor forma de lo que inicialmente había previsto ya que Rose me había ganado y ya estaba en el lobby.
Estaba de pie muy firme y con orgullo, ajustando su blazer de vez en cuando. Tendría que acordarme de agradecerle a esa chica de la tienda si la volvía a ver. Todo le quedaba perfectamente y se veía increíble. También debía haber recibido mi nota, ya que tenía el pelo recogido en un moño apretado, mostrando las marcas que se había ganado antes de tiempo. De pie uno al lado del otro, nadie podría decir que Eddie y Rose aún no habían sido prometidos como guardianes. Ambos habían enfrentado al enemigo y sobrevivido para contarlo, y eso era más de lo que muchos podían decir. Los trajes en blanco y negro eran solo el envase para su talento interno.
El camino a la sala del tribunal fue mucho más corto de lo que alguna vez pensé que sería posible, o al menos así se sentía. Nos encontramos caminando dentro del lujoso y ornamentado edificio en cuestión de minutos. Alberta lideraba la marcha, seguida por los estudiantes. Rose y Eddie flanqueaban a sus Moroi, y yo los seguía con el resto de los guardianes de la escuela. Varios murales se alineaban en las paredes, y pude ver a Lissa detenerse frente a uno, tocando el sello dorado de un dragón, rodeado de un profundo color verde esmeralda. Las caras de Rose y Lissa se torcieron por un momento en un doble dolor antes de que Rose guiara a la Princesa solitaria a nuestros asientos detrás del área de la parte acusadora.
Para tratarse del juicio de una figura política tan prominente, el tribunal estaba bastante vacío, pero sabía que eso se debía a la orden de la reina de mantener el proceso fuera del centro de atención. Una parte de mí se preguntaba qué es lo que pensaba que su gente pensaría. La repentina desaparición de Víctor Dashkov no pasaría completamente desapercibida. Quizás permitirían que circularan los rumores de su muerte. Dios sabe que había estado cerca de su lecho de muerte antes de que todo esto sucediera.
En el momento en que Víctor fue presentado ante la audiencia, atravesó las puertas traseras con un traje de diseñador que estaba mucho más allá de lo que yo podría pagar, aunque las esposas estropeaban un poco la imagen. Noté que Lissa se acercaba ligeramente a Rose. Rose susurró algo en el oído de Lissa, haciendo que se calmara un poco. Su tranquilidad no duró mucho tiempo sin embargo. Víctor estaba buscando a alguien en la multitud, y cuando vio a su víctima, me pregunté cuáles instintos de Rose tomarían el control: sus instintos protectores, o los de lucha.
De alguna manera, logró llegar a su asiento sin ser asesinado.
Como la costumbre dictaba para los juicios reales, la reina Tatiana era la única que juzgaría a Víctor Dashkov. Se suponía que era una forma de combatir la corrupción al eliminar los diversos prejuicios políticos y sociales de las diferentes casas reales, quienes normalmente servirían de jurado en un caso judicial normal. La idea era que el Rey o la Reina no tendrían otro interés que el que sentían que era mejor para su gente. Era un gran ideal que casi nunca funcionaba en realidad.
Uno por uno, todo el grupo de guardianes dio su testimonio de los eventos de esa noche. Alberta, como capitana, comenzó. Sabía que la parte acusadora había estado guardando mi testimonio para el final, ya que era el único que había ofrecido algo nuevo en cuanto a información, ya que Rose había sido la que me había informado lo sucedido y yo se lo había informado a Alberta. Ahora que Rose, Christian y Lissa estaban allí, solo podía imaginar que serían ellos los que realizarían el acto final de este circo.
Cuando Yuri bajó del estrado, escuché mi nombre. Mantuve la cara impasible mientras trabajaba para aquietar mi mente y mi corazón acelerado. Respira, sabes qué decir. Había dicho las palabras para mí una y otra vez hasta que casi las creía yo mismo... pero solo funcionaba hasta que los recuerdos me hacían recordar la verdad.
Un alguacil ofreció una Biblia, urgiéndome a ponerle la mano encima y a jurar que defendería la verdad por el bien de la justicia. Sabía que nunca podría cumplir esa promesa, no cuando el futuro de Rose estaba en juego, pero dije la respuesta apropiada junto con una oración silenciosa pidiendo perdón.
—Guardián Dimitri Belikov, tengo conocimiento de que fue el primer guardián en notificar a la Capitana de la guardia escolar sobre la desaparición de la Princesa Dragomir. ¿Cómo obtuvo esta información? —Quería corregir al abogado de Víctor. No fue una desaparición, fue un secuestro, pero sabía que para superar esto necesitaba responder las preguntas que se me pedían y nada más.
Con una respiración profunda, comencé a hablar—. Estaba con mi estudiante, Rosemarie Hathaway. Ella comparte un vínculo con la princesa y fue la primera en sentir lo que había sucedido.
Esperaba que la próxima pregunta fuera sobre el vínculo entre Rose y Lissa, y lo que eso implicaba. Suponía que éste sería el punto débil que el abogado intentaría explotar, ya que sería difícil probar la existencia del vínculo, y aún más difícil explicar cómo funcionaba, pero pareció pasar por alto la idea por completo—. En función de los acontecimientos, parece que hubo un retraso entre el momento en que ella descubrió lo que pasaba y cundo alertaron a los demás.
Se había proporcionado una línea de tiempo de los eventos ocurridos basada en nuestros testimonios como parte del paquete de pruebas. Estaba claro para todos que había un lapso de aproximadamente media hora desde que Rose se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y cuando la llevé con Alberta. El testimonio de Christian confirmaba esa información, y todos los demás pudieron corroborarla cuando llegamos a la base de los guardianes. No tenía sentido tratar de ignorar ese retraso. Sabía que ese tema se mencionaría aquí, así que mentí.
—Ella no pudo actuar inmediatamente porque el señor Dashkov le había infundido un encanto, uno que hizo que me atacara. —Mantuve mi expresión neutral e incluso mi voz, pero pude sentir la tensión en mi mandíbula mientras escupía cada palabra falsa. Necesitaba mantener la calma. Necesitaba hacer esto. Por mucho que odiara mentir sobre el asunto, necesitaba hacerlo por Rose.
—¿Un encanto? —El abogado parecía incrédulo, pero sabía que él estaba plenamente consciente de lo que había dicho—. ¿Le importaría elaborar su respuesta?
—No soy un experto en el tema, pero seguro. —Me moví, tratando de aligerar el estrés de mis hombros—. El Sr. Dashkov trabaja con la magia de la tierra, y algunos que usan ese poder y son fuertes en la compulsión pueden influir en nuestros instintos básicos. En éste caso, él afectó su ira y violencia a través de un objeto.
Apenas había terminado mi oración antes de que una fuerte carcajada sonara desde la mesa de la defensa.
—¡Señor Dashkov! —La jueza, una mujer moroi mayor cuyo trabajo era simplemente asegurarse de que se respetara el procedimiento adecuado, reprendió a Víctor—. Por favor, respete el decoro de este tribunal.
Los hombros de Victor todavía temblaban levemente mientras hacía una señal desdeñosa—. Lo siento mucho, Su Señoría y Su Majestad. Algo en el testimonio del Guardián Belikov acaba de despertar mi imaginación, eso es todo. No volverá a suceder.
Mi cuerpo se sentía como una piedra, atrapado en una silla de madera dura sin ningún sitio a donde correr ni nadie con quien pelear mientras esperaba el golpe final. Éste nunca llegó.
—Mencionó un objeto encantado... ¿podría describirlo?
—Un collar con forma de rosa con varios diamantes. Víctor se lo había regalado un poco antes bajo la apariencia de un regalo de felicitación por su éxito al proteger a la princesa Vasilisa durante una excursión fuera de la Academia.
—¿Tiene el collar?
—No. Lo arranqué del cuello de Rose durante nuestra lucha, tirándolo por la ventana para aliviarnos de sus efectos. Hasta donde sé, nunca fue recuperado. Inmediatamente después de que los efectos del encanto se desvanecieron, Rose fue capaz de transmitir su mensaje y la llevé con la Guardiana Petrov.
El resto del interrogatorio fue más fácil. No más mentiras. No más preguntas sobre los 35 minutos sospechosos en los que solo dos personas podían dar una cuenta precisa. Pronto, me agradecieron mi participación y me pidieron que bajara del podio.
Christian fue el siguiente e identificó a varios de los guardianes bajo el empleo de Victor como aquellos que lo habían agredido y secuestrado a Lissa, pero no pudo ofrecer mucho más que eso. Aún así, su testimonio pudo fortalecer las pruebas de la culpabilidad de Victor.
Luego llegó el turno de Rose. Verla caminar hacia el estrado fue casi más angustioso que cuando caminé yo mismo. No podría protegerla ahora. No podría decirle qué decir más allá de lo que ya lo había hecho. Nuestra historia era muy sólida después del secuestro real, y si ella mantenía nuestra historia falsa, estaríamos bien. Si no... no había nada que pudiera hacer.
Contuve la respiración cuando los abogados la interrogaron. A través de cada pregunta, ella se mantuvo calmada y resuelta. Tanto la verdad como la mentira fluyeron en una apariencia perfecta de tranquilidad. El único momento en que pude darme cuenta que no estaba siendo completamente sincera fue cuando mencionó el hechizo de "ataque" y la forma en que miró hacia la izquierda antes de parpadear. Le preguntaron sobre los animales antes del secuestro e incluso la discusión que tuvo con Víctor después de su encarcelamiento inicial, pero incluso con toda la información que tenía para ofrecer... terminaron en menos de diez minutos. Sentí un suspiro de alivio quemándome en el pecho cuando se sentó en su asiento una vez más.
Lissa fue la última en ser llamada desde nuestro lado del pasillo. Su testimonio prometía ser, de lejos, el más dramático. Ella había sido la víctima después de todo; el objetivo de toda la trama nefasta de Víctor. Lissa habló sobre cómo Víctor había sido como un tío para ella, especialmente después del fallecimiento de su familia. Natalie era lo más cercano que tenía a una prima. Habló sobre el terror de encontrar animales muertos y mutilados en lugares que deberían haber estado asegurados, como su habitación y su mochila. Habló sobre cómo le había confiado a Víctor sobre sus conflictos en la escuela y cómo él se había ofrecido a llevarla a ella y a algunos de sus amigos a Missoula como una forma de "animarla".
Cada palabra que pronunciaba parecía atraer más y más compasión, pero no era nada en comparación con su versión del secuestro y la tortura. Incluso sentí un tirón de agonía compasiva hacia mi cargo cuando habló de su miedo mientras veía a Christian siendo atacado justo en frente de ella y de su terror al verse con los ojos vendados y secuestrada. Aunque había visto a Rose sufrir la tortura en persona, y acababa de escuchar su testimonio de cómo ella había visto y sentido cada dolor a través de los ojos de Lissa, escuchar la descripción de la propia Lissa era mucho más difícil de soportar. Sin embargo, parecía haber tenido un efecto aún peor en Rose, quien palideció levemente por los recuerdos de Lissa, o por los suyos.
El sufrimiento no había terminado, porque el testimonio final provendría del mismo Víctor. La historia había sido contada una y otra vez desde diferentes puntos de vista por diferentes personas, y la narrativa culminante de Lissa pintó una imagen clara y horrible en la mente de todos. No había forma de que le permitieran salir de aquí como un hombre libre, pero incluso un villano condenado tenía derecho a su último monólogo.
Parecía ser que Víctor también lo sabía. La expresión de su rostro no era la de un tipo tratando de mantener una fachada tranquila. Víctor no estaba ocultando los nervios o la ira. Él estaba bien y verdaderamente sereno, y solo eso fue suficiente para ponerme nervioso. Pero incluso eso no era nada comparado con la diversión en sus ojos cuando me miraba. Todos éramos solo piezas en su juego enfermizo y retorcido, y él estaba listo para hacer su jugada final.
Chicos, ésta vez lo lograron en tan sólo dos días. Les pido una disculpa por actualizar tan tarde, pero el trabajo y la escuela absorben todo mi día. Pero cómo siempre, aquí está el capítulo sin falta.
¿Qué les pareció? Pobre Dimitri, la verdad es que yo personalmente nunca pensé en él y en como todo esto le afectaría personal y profesionalmente. ¿Ustedes que piensan? ¿Qué les gustó de éste capítulo? ¿Qué escena es la que esperan más de los capítulos que faltan?
Bueno, espero que les haya gustado y el próximo capítulo lo subiré cuando lleguemos a los 1100 reviews o el próximo Miércoles. Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.
