Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.


Capítulo 15

Pasé las últimas horas que nos quedaban en la Corte haciendo algunas cosas que normalmente no podría hacer. Llevé a afilar mis estacas profesionalmente, además de reforzar su magia. No era algo que necesitáramos hacer a menudo, pero era mucho más fácil hacer esas tareas aquí en la Corte que hacerlas en la Academia. Incluso llegué a comprar algunos artículos familiares de la tienda de abarrotes internacional y me senté a charlar con la amable babushka de la panadería, disfrutando del placer adicional del aroma de otro pan negro horneándose. Juro que ella estaba cocinando solo para atraerme de regreso una vez más.

Finalmente, llegó el momento de despedirme de la anciana, y de la propia Corte. Agradecido de que todo el proceso hubiera finalizado mucho más rápido, y con mucho menos drama de lo que había anticipado originalmente, estaba encantado de empacar mis pocas pertenencias y regresar a la relativa familiaridad de la Academia. No podía evitar pensar en que pronto este lugar sería mi nuevo hogar. Estaba casi garantizado que Vasilisa, como la última de su línea de sangre, pasaría algún tiempo en el epicentro gubernamental de nuestro mundo. No me sorprendería si algún día nos mudábamos aquí permanentemente.

No era partidario de la política, y mi voz realmente no importaba incluso si me interesara, pero creo que había peores lugares para pasar mi vida. No sería tan diferente a la Academia en muchos aspectos, y tendría bastante más tiempo libre que si Lissa viviera fuera de las guardas. Era un pensamiento agradable, pero por más que lo intentaba, había una voz persistente que me recordaba que no tendría a nadie con quien pasar ese tiempo libre. Hacía mi mejor esfuerzo para ahogar ese pensamiento con trabajo.

El vuelo partiría pronto, y cuando comencé a reunir mis cosas en el vestíbulo del hotel, pude ver a Christian y Eddie haciendo lo mismo.

—Espero que las chicas regresen a tiempo.

Parecía una declaración bastante inocente, pero me llamó la atención. Por lo que yo sabía, ya deberían de estar de regreso aquí, idealmente empacando como el resto de nosotros.

—¿Qué quieres decir? ¿Todavía no han vuelto de ver a la Reina? —Le pregunté a Eddie, que estaba a punto de confirmar las palabras de Christian. Alberta había escuchado la petición de la Princesa Voda y me había informado al respecto. El hecho de que no supiera específicamente dónde estaban Rose y Lissa en este momento me ponía un poco nervioso.

—Oh, creo que la princesa programó algo en el spa para ambas. Nos pidió a Christian y a mí que empacáramos sus cosas y se las lleváramos al avión. Dijeron que nos encontrarían allí antes de embarcar el avión.

Asentí con la cabeza, sin sorprenderme por el hecho de que las chicas estuvieran pasando un tiempo juntas el día de hoy, especialmente dado que tenían muy pocas oportunidades de hacerlo en este momento. Si Eddie no parecía preocupado, tampoco debería estarlo yo. Un rápido chequeo del reloj me confirmó que el tiempo para despegar estaba acercándose rápidamente.

—¿No te dijeron específicamente a que hora volverían?

—No, —Christian negó con la cabeza—, Lissa pensaba que volverían hace unos diez minutos aproximadamente, pero solamente era una estimación.

—Sin embargo, estoy pensando en ir para allá para ver cómo están, —añadió Eddie apresuradamente al ver mis cejas fruncidas por la preocupación.

No estaba cuestionando la decisión de Eddie de estar lejos de Lissa en este momento, Alberta y yo le habíamos dado permiso para hacerlo, y la había dejado en las manos más que capaces de Roza mientras él se hacía cargo de Christian. Según todas las medidas, había hecho todo lo correcto al pie de la letra. Tan rápido cómo él intentó tranquilizar mi posible desaprobación, yo tranquilicé la suya—: No, quédate aquí con Christian. Yo iré a buscarlas si no vuelven en cinco minutos.

Con todas las maletas reunidas ambos chicos se dirigieron a la pista, y cinco minutos después, comencé a caminar hacia el spa que había visto hacía apenas un día en la plaza principal. Las campanas sonaron cuando abrí la puerta, llamando la atención de la joven recepcionista detrás del mostrador. Sus ojos se abrieron por un momento, pero se recuperó rápidamente.

—Hola. Bienvenido a Serenity. ¿Tiene una cita?

Sonreí ante lo absurdo de poder disfrutar de un lugar como este, pero respondí amablemente—. No, pero estoy buscando a alguien que sí. ¿La princesa Vasilisa Dragomir aún está aquí? Ella y Rosemarie Hathaway estaban usando sus servicios esta tarde.

Otra mujer, alta y esbelta, caminó detrás del mostrador por un momento y le dió a la recepcionista un rápido beso en los labios con una sonrisa—. Gracias, cariño, puedes tomar tu descanso ahora. Yo me haré cargo hasta que regreses.

La chica se sonrojó por la atención, pero asintió—. Solo déjame terminar de atender a este caballero y me iré. ¿Dijo que estaba buscando a la Princesa Vasilisa y a su invitada?

Asentí mientras ella comenzaba a hojear el libro de citas, pero la mujer alta habló primero—. ¿La Princesa Dragomir? Ambrose la llevó a ella y a la otra chica a ver a su tía hace un momento.

—¡Eve! ¿Por qué le permitiste hacer eso? —La primera chica parecía tan sorprendida por ésta información que pude sentir la preocupación comenzar a burbujear dentro de mí mientras esperaba una explicación más detallada.

—¿Qué se suponía que debía hacer? Él estaba conversando con la hermosa y pequeña dhampir y le mencionó que su tía era psíquica. Mencionaron algo sobre descubrir realmente "cuál era su misión en ésta vida" o alguna tontería como esa. La princesa parecía interesada y les preguntó que si podían ir. Intenté disuadirlos pero fueron insistentes.

—¿Dónde están? ¿Lo saben? —Interrumpí la pequeña discusión de la pareja antes de que pudiera empeorar.

—Ambrose aún no ha vuelto, así que supongo que todavía están con Ronda. Su establecimiento está justo afuera de las oficinas de las habitaciones rojas en el otro lado del edificio. ¿Sabe dónde está?

Reprimí un gemido. Las habitaciones rojas eran uno de los secretos peor guardados de la Corte. Técnicamente, eran simplemente otra parte del mismo complejo de oficinas en el que se encontraba este spa, pero esa área específica era algo más sórdida. Básicamente, aquellos que operaban fuera de las habitaciones rojas a menudo proporcionaban servicios que eran muy solicitados pero que no siempre se consideraban apropiados para comentar sobre ellos en compañía de gente educada. La psíquica Ronda era una de los dueños de esos negocios. Otro propietario de una de esas empresas básicamente administraba un burdel bajo la apariencia de un club de caballeros, y si alguien decía que iría a las habitaciones rojas, la mayoría de la gente suponía que visitaría ese lugar.

Los hombres de negocios Moroi eran los clientes más comunes, pero sabía que también servían felizmente a guardianes fuera de servicio. Me habían informado sobre el lugar pocos días después de mi primera visita a la Corte, y aunque personalmente no sentía la necesidad de participar de esa clase de consuelo, había escuchado involuntariamente historias de mis compañeros de trabajo que sí lo hacían. Básicamente, no era el tipo de lugar donde Rose o Lissa deberían ser vistas.

—Sí. Por favor dígame que tienen una entrada posterior.

La recepcionista principal, no Eve, parecía un poco compasiva—. Sí, de hecho voy hacia allá ahora. Lo guiaré hasta allí si quiere.

Habitación 135… 135. ¿Dónde está la habitación 135?

Sophie me había dado instrucciones generales y un número de habitación, pero no había ningún directorio, así que simplemente estaba siguiendo los números y esperando lo mejor. La mayoría de las habitaciones no daban ninguna indicación de lo que podría estar sucediendo detrás de sus puertas, aunque escuché golpes demasiado distintivos y rítmicos detrás de una pared y aceleré mi paso.

Finalmente, encontré un establecimiento pequeño y casi escondido fuera del corredor principal con solo unas pocas habitaciones. Al final estaban los tres pequeños números dorados que estaba buscando. Golpeé una vez antes de entrar, esperando encontrar a las chicas del otro lado. En cambio, había otra recepcionista; una mucho más hostil que la anterior.

—¿Otro cliente? Tengo que decir que esto es lo más interesante que hemos visto en meses. —Sus habilidades de servicio al cliente necesitaban un poco de trabajo.

—En realidad, estoy buscando a alguien. ¿Vinieron dos mujeres jóvenes? Me dijeron que iban a venir a ver a la vidente Rhonda.

—Sí, Ambrose las trajo hace unos minutos. Están justo detrás de esa puerta. ¿Le gustaría esperar aquí? —Hizo un gesto hacia un par de sillas de aspecto rígido en la esquina que proporcionaban más decoración a la habitación que todo lo demás junto, pero eso no decía mucho.

—En realidad, tenemos un poco de prisa. Tenemos que tomar un vuelo en unos minutos, ¿estaría bien si entro?

Parecía personalmente ofendida por la sugerencia, pero me hizo un gesto indiferente.

En comparación con el área de recepción, cruzar la puerta fue como caminar hacia otro mundo. Una alfombra oriental exuberante, un lujoso sofá de terciopelo rojo cargado con almohadas en tonos que iban desde carmesí a burdeos, y un papel tapiz de estampado damasco oscuro. Con todos los colores sangre en el espacio, me pregunté si esta era la verdadera razón por la que llamaban a estas oficinas las habitaciones rojas.

A través del humo espeso del incienso, pude ver a Rose y a Lissa sentadas sobre unos cojines ante una mujer que asumí era la vidente, y un hombre que vigilaba al trío desde el sofá. Era un poco más joven que yo, y lo conocía más por su reputación que por cualquier otra cosa. Ambrose, el "masajista" personal de la reina. Las cuatro cabezas se volvieron hacia mí con el sonido de mi repentina interrupción.

—Ah, me dijeron que estarían aquí. —Saludé a Rhonda con un asentimiento de cabeza antes de dirigirme a ella—. Lamento interrumpir, pero necesito llevármelas para que tomen su vuelo.

La extraña forma en que me miraba era demasiado familiar y me envió escalofríos por la espalda. Los rizos oscuros de Rhonda se volvieron grises y tenues, su piel se convirtió en el rostro arrugado y desgastado de mi abuela. Lo único que permaneció igual fueron sus ojos. Oscuros pero afilados y penetrantes. Ella no solo estaba viendo mi apariencia, sino que estaba asimilando mi alma.

Un momento después, sonrió y la ilusión se rompió—. No hay nada por lo que pedir disculpas. Pero tal vez tengas tiempo para una lectura tú mismo.

Sabía que no era una oferta, sino una sugerencia, pero aún así lo dudé. En general, era escéptico de este tipo de cosas. No era un creyente de lo sobrenatural, pero sería negligente olvidar la forma en que mi abuela tenía sueños y premoniciones. En la mayoría de los casos, se volvían realidad, y si ver la imagen de Yeva momentos antes era una indicación, entonces no estaría de más escuchar lo que esta mujer tenía para decirme.

Me senté en el cojín vacío al lado de Rose, doblando torpemente mis piernas debajo de mí en el pequeño espacio—. Gracias.

—Voy a ser breve, —aseguró, colocando las cartas sobre la mesa de nuevo en la pila y barajando antes de ofrecerme el mazo un momento después. Después de cortarlo, ella repartió tres cartas.

La primera era de un hombre, un caballero, montado a caballo con una larga lanza. La segunda era un círculo, casi como un reloj pero no del todo, rodeado de nubes. La última carta era de un hombre, envuelto en una capa y de espaldas, mientras cinco tazas derramaban su contenido a su alrededor. No significaban nada para mí, pero podía ver los ojos de Rhonda moverse de un lado a otro entre mí y las imágenes sobre la mesa.

—Perderás lo que más valoras, así que atesoralo mientras puedas. —No había emoción en su voz, pero había una advertencia silenciosa en sus ojos.

Las palabras me atravesaron, dando vueltas una y otra vez en mis pensamientos, y sentí el impulso de defenderme de ellas. En mi mente, traté de decirme a mí mismo que no era nada, que las cartas no tenían más poder que el cojín en el que estaba sentado. Me mantuve en silencio y educado, pero estaba tratando de encontrar una forma de ignorar todo el asunto en mi propia cabeza, solo por el hecho de que era demasiado perturbador pensar en que ella podría estar en lo cierto.

Desafortunadamente, todavía no había terminado de hablar. Señaló la tarjeta del medio con el objeto similar a un reloj—. La rueda está girando, siempre girando.

Todas mis defensas se hicieron añicos con su último comentario. Sabía que racionalmente, podría ser una coincidencia, pero en mi corazón lo sabía mejor. Mi abuela había usado la misma frase durante toda mi infancia.

"Están creciendo. Un día, Olena, no se sentarán en silencio mientras él proyecta su oscura sombra sobre esta casa. La rueda está girando, siempre girando."

"La rueda está girando, Dimka. Un día estarás agradecido por una casa llena de mujeres."

"Tu bebé es una bendición. La rueda de la fortuna siempre está girando, y somos sabios para aceptar nuestro destino en lugar de resistirlo".

Su mensaje siempre era el mismo: no se puede luchar contra el tiempo o el destino, ambos vendrán, lo queramos o no.

Miré las cartas un momento más y consideré interrogarla más pero sentí a Rose moverse incómodamente a mi lado. En cambio, di un último asentimiento—. Gracias.

Ella asintió en respuesta, lanzándome una simpática mirada antes de sonreír a las chicas que estaban a mi lado—. Fue un placer conocerlas.

Ambrose sacó primero a Rose y a Lissa, pero Rhonda me agarró del brazo cuando me iba—. Lo siento, muchacho. En verdad, lo siento. Tu tiempo antes del final es limitado, así que hazlo que cuente. —Pude ver la súplica nerviosa detrás de sus ojos oscuros y me preocupó más que cualquier otra cosa. Si ella podía ignorar la lectura como si nada, entonces tal vez yo también podría, pero parecía que la había sacudido tanto como a mí.

La profunda risa de Ambrose, dirigida a una ceñuda Rose, llamó nuestra atención. Le di las gracias por última vez y me dirigí hacia el exterior del edificio, listo para poner tanta distancia entre mí y esas cartas como fuera posible...

...aunque no es como que eso fuera a hacer alguna diferencia.

Lissa corrió hacia Christian en el momento en que estuvo a la vista y me tragué una sonrisa por su joven y fácil amor mientras la levantaba y la hacía girar como si hubieran estado separados meses en lugar de horas. Era la primera vez que mis pensamientos se habían desviado de la lectura de Rhonda durante todo el camino hasta allí, y Rose pareció darse cuenta del hecho.

—¿Sigues pensando en lo que dijo Rhonda? Esa mujer es una estafa total. —Parecía ser que Rose había pasado por alto completamente los sentimientos oscuros que había sentido con mis cartas. Parecía más frustrada que cualquier otra cosa.

Una ráfaga de aire frío barrió el claro de la pista, lanzándonos heladas agujas de nieve—. ¿Por qué dices eso? —Apreté mi chaqueta alrededor de mi cuerpo, deteniéndome para interponerme entre Rose y lo peor del viento mientras alzaba el cuello de su abrigo aún más para cubrirse el cuello. Al menos había recordado ponerse los guantes que le había dado antes.

—¡Porque no nos dijo nada! —Soltó Rose con un pequeño bufido, creando una nube de vapor que salió de sus labios y que desapareció un momento después por la brisa—. Deberías haber escuchado mi fortuna. Era una frase que decía lo obvio. La de Lissa estuvo mejor, pero realmente no era nada profundo. Rhonda dijo que sería una gran líder. En serio, ¿que tan difícil es eso de averiguar?

Le sonreí haciendo una mueca—. ¿Le creerías si te hubiera dado una lectura más interesante?

—Tal vez si fuera buena. —Su respuesta fue tan honesta que no pude evitar reírme. Ella también lo hizo, antes de golpear su hombro contra mi brazo—. Pero tú te lo estás tomando muy en serio. ¿Por qué? ¿Realmente crees en ese tipo de cosas?

—No es tanto si lo creo... o no, —tiré un poco de mi sombrero, tanto para cubrir mis oídos casi congelados como para ganar un poco de tiempo para aclarar mis propios pensamientos—. Es simplemente que respeto a las personas como ella. Tienen acceso a un conocimiento que otras personas no tienen.

Rose no parecía muy convencida—. Ella no es una usuaria del espíritu, así que no estoy segura de dónde obtiene ese conocimiento. Sigo creyendo que es una estafadora.

—En realidad, es una vrajitoare.

—Una... —tartamudeó, renunciando a intentar pronunciar la palabra extranjera—, …¿Qué? ¿Es eso ruso?

—Rumano. Significa... bueno, no hay una traducción literal. "Bruja" está cerca, pero tampoco es correcto. Su idea de una bruja no es la misma que la de los estadounidenses. —Los rumanos y los rusos tenían una idea muy parecida sobre las brujas, y fue un choque cultural para mí cuando experimenté mi primer Halloween en los Estados Unidos. Esa festividad no existía en mi tierra natal y ver a los niños corriendo de un lado para otro con sombreros puntiagudos y palos de escoba parecía prácticamente una locura.

Eché un vistazo a Rose y ella me miró casi en estado de shock. Pude ver algo trabajando en su mente, y esperé a que dijera lo que parecía ser tan importante para ella, pero un segundo más tarde, su expresión se había ido.

En cambio, continué—: Mi abuela era como Rhonda. Es decir, practicaba el mismo tipo de arte. En cuanto a la personalidad, son muy diferentes. —Yo no diría que mi Yeva es mala, pero no es la dulce y gentil dama que la mayoría de la gente imagina cuando piensan en una abuela. Práctica sería una buena palabra para describirla, y tenía muy poca paciencia con aquellos a quienes sentía que estaban perdiendo el tiempo. Honestamente, Rose y mi abuela probablemente tenían más en común con respecto a sus personalidades que Yeva y Rhonda. La idea era demasiado aterradora para ponderarla por mucho tiempo.

—¿Tu abuela era una v... lo que sea?

—En Ruso se llama diferente, —respondí—, pero sí, tienen el mismo significado. Ella solía leer cartas y dar consejos también. Era cómo se ganaba la vida.

Las ya de por sí sonrosadas mejillas de Rose se volvieron aún más rosas, y pude ver que lamentaba su insistencia anterior sobre que Rhonda era un fraude—. ¿Acertaba? ¿En sus predicciones?

—A veces. —Mi admisión pareció encender un destello de malicia en sus ojos mientras sacaba su lengua para humedecer sus labios agrietados—. No me mires así.

—¿Cómo? —preguntó inocentemente.

—Tienes esa expresión en la cara que dice que piensas que estoy delirando, pero eres demasiado amable para decir algo. —Sin mencionar, agregué silenciosamente, que te ves casi demasiado perfecta para no tocarte.

Rose se acercó un poco más, usando mi cuerpo como su propio escudo personal contra la nieve—. Delirando es un poco duro. Estoy sorprendida, eso es todo. Nunca esperé que creyeras en estas cosas.

Me encogí de hombros, deslizando mis manos en mis bolsillos para evitar quitarle el pelo de la cara—. Bueno, crecí con ello, así que no me parece extraño. Y como dije, no estoy seguro de creerlo al cien por ciento.

La cara de Rose se volvió pensativa, estudiándome como lo hacía ocasionalmente, como si estuviera tratando de armar las piezas de un rompecabezas complejo—. Nunca pensé que tuvieras una abuela. Quiero decir, obviamente, tuviste que tener una. Pero aún así… es extraño pensar que creciste con una.

Siempre me dolía cuando salía a la luz el fuerte contraste entre mi infancia y la de Rose. No había tenido la mejor infancia de ninguna manera, pero tuve a mi familia cerca y eso era más de lo que Rose podía decir. Supongo que era tan extraño para ella pensar en cenas familiares y disputas entre hermanos, como era para mí pensar en nunca tener a mi madre para hablar con ella o pasar la Navidad con profesores y compañeros de clase en lugar de amigos y familiares.

—¿Era extraño tener una abuela bruja? ¿Daba miedo? —Su pregunta fue ligera, disipando mi remordimiento de un momento antes—. ¿Siempre te amenazaba con lanzarte hechizos si te portabas mal?

—La mayoría de las veces solo me amenazaba con enviarme a mi habitación.

Rose frunció los labios y me dirigió una sonrisa descarada—. Eso no suena tan aterrador para mí.

Levanté mi ceja en respuesta—. Eso es porque no la has conocido.

Ella rió y miró a mi alrededor al resto del grupo. Adrián estaba armando un poco de alboroto sobre el frío. No estaba seguro de cuándo había llegado, pero ahora era difícil ignorarlo. Honestamente, estaría bien sí lo dejáramos atrás.

—¿Todavía está viva?

—Sí, —dije asintiendo—. Se necesitaría más que la vejez para matarla. Ella es dura. En realidad, fue guardiana durante un tiempo.

—¿De verdaf? —Esto pareció impresionarla casi tanto como el tener una bruja de abuela—. ¿Entonces ella se retiró para convertirse en...? ¿para quedarse con sus hijos?

Sabía que las cosas que le habían enseñado a Rose durante toda su vida estaban tan arraigadas en ella como mi propia educación tradicional estaba arraigada en mí. No podía culparla por preguntar si mi abuela era o no una prostituta de sangre. Hasta hace poco, le habían dicho que cualquier mujer que vivía en una de las comunas dhampir se dedicaba a esa vida. Le enseñaron a menospreciarlas, pero pude ver que estaba tratando de mantener su mente abierta en éste momento.

—Tiene ideas muy fuertes sobre la familia, ideas que probablemente te parezcan sexistas. —Honestamente, yo también pensaba que eran sexistas, pero como dije antes, fui criado en un hogar muy tradicional—. Ella cree que todos los dhampirs deberían entrenar y trabajar un tiempo como guardianes, pero que las mujeres eventualmente deberían regresar a casa para criar a sus hijos.

—¿Pero no los hombres?

—No, —dije con un bufido sardónico—. Ella piensa que los hombres necesitan quedarse afuera y matar Strigoi.

—Wow, —parecía estar considerando todo lo que le dije—. Tú fuiste el que se tuvo que ir. Las mujeres de tu familia te echaron.

—Difícilmente. Mi madre me aceptaría de vuelta en un segundo si quisiera volver a casa. —Yeva probablemente tendría un ataque, pero mi madre estaría más que feliz de tenerme sano y salvo bajo su techo donde podría tratarme como a su bebé, a pesar de que yo era un pie más alto que ella.

La celebración repentina de Adrián nos alertó de que el avión estaba listo para ser abordado y permití que Rose subiera los escalones después de todos los demás. Los pensamientos de mi familia y mi hogar invadieron mi mente con agradables recuerdos. Por mucho que no me gustara la idea de obligar a las mujeres a quedarse en casa, y tanto como me desagradaba la idea de forzar a cualquier dhampir a servir como guardián, hombre o mujer, apreciaba el hecho de haber podido tener a mi madre cerca en mi infancia. Era agradable tener esa seguridad y familiaridad. Era lindo saber que siempre estaría allí cuando la necesitara. Amaba los recuerdos de ella enseñándome a hornear pan negro y mostrándome cómo hacer todas esas pequeñas cosas por las que nunca le di la suficiente gratitud. Nunca podría pedirle a Rose que se quedara en casa con nuestros hijos si eso no era lo que ella quería, pero no podía decir que no apoyaría su decisión si alguna vez lo decidiera. Era lindo tener a mi madre cerca, y solo podía esperar que la vida fuera mucho más maravillosa si mis hijos tuvieran un padre y una madre cariñosos para cuidarlos.

No se me ocurrió hasta más tarde que una familia con Rose nunca sería una posibilidad para mí.


Ahora si chicos, se viene la escena del avión. Por fin leímos la lectura de las cartas, cuando leí el original nunca pensé que Dimitri realmente creyera en eso, pero parece ser que si se preocupó, y tristemente tiene motivos para preocuparse. Su tiempo está contado y ya sabemos lo que le sucederá. Esa maldita cueva que tanto odio.

Chicos, solo quería aclararles que el número de reviews quedó mal en la misma página de los reviews. Ese número de abajo no es igual que el de afuera, arriba de la historia justo debajo del resumen. No sé por qué quedó mal, pero es el número de afuera el que me sale en las estadísticas oficiales, y es ese el número que estoy contando para las actualizaciones. El capítulo 16 lo subiré el próximo viernes o cuando lleguemos a los 1300 reviews. Muchas gracias por todo su empeño y apoyo a pesar de todos los fallos de la web, de verdad se los agradezco mucho. Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.