Siento mucho la tardanza! Ni siquiera me había dado cuenta de que había pasado un mes desde que no actualizaba este fic.

Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Tite Kubo, a mí solo me pertenece mi Oc.

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Respuestas y frustraciones

El día paso como un día cualquiera hasta que el timbre sonó avisando que se terminaba la jornada de clases. Casi inmediatamente los alumnos comenzaron a levantarse guardando sus cosas, comenzaron a hablar entre ellos y salieron de la clase. Kai observo que Rukia se acercaba a su mesa y se iba hacia la puerta con unos amigos.

-Rukia- la llamó Kai.- ¿podrías venir un momento por favor?

-Sí. Nos vemos mañana Inoue, Tatsuki- se despidió de sus amigas.

-Adiós Kuchiki-san.- la despidió la pelinaranja por parte de las dos.- Nos vemos mañana.

Rukia se acercó hasta la mesa de la profesora mientras esta, al igual que sus alumnos, recogía sus cosas.

-A la mañana he hablado con tu hermano. Esta dispuesto a no cambiarte de instituto a cambio de que te de algunas clases particulares.- decía cogiendo sus carpetas

-¿De verdad?

-Sí. Ahora iremos a mi casa. Tengo que advertirte que estoy sin coche.

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En Tokio. Gin se encontraba en su despacho terminando con una gran cantidad de papeleo. El peligris suspiro. Aquello le aburría demasiado. Pero era lo mejor que podía hacer. Tenía un buen trabajo, donde le pagaban bien. Por lo que lo único que le quedaba era aguantarse.

Miro a su derecha en su escritorio para ver una foto de su querida Rangiku. Miro el reloj y vio que todavía le quedaban unas cuantas horas de trabajo. Se recostó en su asiento mientras pensaba en cómo iba a lograr encontrar a su marido. Aquel hombre desapareció de la noche a la mañana. Cancelo todas las cuentas que tenía anteriormente. Cualquier documento que podría utilizar para buscarlo, había sido borrado. Parecía que aquel hombre quería dejar de existir. Y sin duda lo había conseguido. Pero de alguna manera tenía que conseguir encontrarlo.

Descolgó el teléfono y llamó a su asistente.

-Izuru. Dile a Ulquiorra que venga a mi despacho.

Unos minutos más tarde tocaron su puerta y Gin hizo que pasara.

-¿Me llamabas?- pregunto, el moreno de ojos color verde esmeralda y piel parida, nada más haber entrado en el despacho.

-Sí. Me preguntaba si podrías hacer un trabajo para mí.- le dijo con una sonrisa.

-¿De qué se trata?

-Necesito que busques a una persona.

-Lo siento, pero ahora mismo estoy buscando a otra persona.

-Oh, vaya vaya.- le contesto mientras perdía durante unos segundos su sonrisa y agachaba un poco la mirada.- Es una lástima.- volvió de nuevo su mirada hacía el moreno con su característica sonrisa- ¿y a quien estas buscando?

-No puedo decírtelo.- ambos se miraron a los rostros durante unos segundos hasta que Ulquiorra volvió a hablar.- si no me necesitas para nada más, me voy.

-Bye bye- le dijo Gin animadamente mientras el otro se iba sin dirigirle la palabra- Vaya. Que frio… ¿Por qué le caigo tan mal?- se preguntó en voz alta cuando se quedó a solas.- Creo que esto traerá problemas.

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Las chicas llegaron a casa de la mayor tras andar un rato. Kai le dijo a la chica que se sentara en la mesa mientras sacaba un par de bebidas.

-¿Cuáles son las que peor llevas?

-Las matemáticas. Pero no sé si me puedes ayudar con eso.

-Puede que sí, si me acuerdo, que esa es otra cosa- le dijo con una sonrisa- pero, puede haber alguien que pueda ayudarte.- sacó su móvil y comenzó a escribir un mensaje. Casi inmediatamente obtuvo una respuesta.- En unos minutos vendrá aquí.

-¿Quién?

-Ichigo. A él se le dan muy bien.

El joven no tardó mucho en llegar hasta la casa de su prima. Cuando vio a Rukia en su casa se sorprendió. Kai le había dicho que fuera para que le ayudara con algo. Nunca se le había ocurrido que aquel asunto era ayudar a Rukia.

Ella simplemente les dejo a los jóvenes que siguieran con aquellas clases mientras ella corregía algunas redacciones.

Todo parecía que iba a estar bien, pero para nada era así. Los dos jóvenes no paraban de gritarse el uno a otro por cualquier tontería, consiguiendo así sacar de quicio a la mayor.

-¡No sabes explicarte! ¡Eres un idiota!- le gritó ella de repente.

-¡Aquí la idiota eres tú! ¡Enana! ¡¿Y qué es eso de dibujar horribles conejos!?

-¡Mis dibujos no son horribles idiota! ¡Y es para entender mejor tus estúpidas explicaciones!

-Pues si son tan malas ¡Intenta explicarlo tú! A no espera, ¡si ni siquiera sabes calcular dos más dos!

-¡Por supuesto que lo sé!- le gritó ella comenzando a alzar su puño en forma de amenaza.

Kai suspiro más de una vez para intentar calmar así sus nervios, pero no le era posible. Aquellos dos habían agotado por completo toda su paciencia.

-¡¿Queréis callaros los dos?! ¡No paráis de discutir! Cualquiera que os vea diría que parecéis un matrimonio.

Los dos se miraron el uno al otro sonrojados y casi al momento apartaron la vista para mirar a cualquier otro lugar. Kai volvió a suspirar dándose por vencida con aquel par de adolescentes.

-Cualquiera diría que estáis hechos el uno para el otro.- susurro la rubia. Haciendo que los dos se pusieran cada vez más rojos.

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Byakuya estuvo todo el día de reunión en reunión, por lo que no tuvo apenas tiempo para contactar con Kai. Aunque le dijera que la llamaría por la tarde, una parte de él prefería llamarla antes. Ahora que por fin podía volver a su mansión, fue cuando encontró tiempo para hacer lo que anhelaba todo el día.

Busco en su bolsillo la nota que ella le había escrito y con la otra mano cogió su teléfono móvil. Miro el reloj, Rukia había salido del instituto hacia ya un par de horas.

Aquella mañana le había sorprendido ver allí a la chica. Sobretodo el saber que ella le estaba esperando. Al ver como ella se encontraba, no pudo evitar preocuparse. Siempre se mostraba tan animada, como si pudiera soportar cualquier cosa que le viniera encima, pero aquella mañana la había visto totalmente vulnerable.

Sin pensarlo más veces, cogió su número de teléfono y la llamó. No tardó mucho en contestarle al teléfono.

-¿Sí?

-¿Kai? Soy Byakuya.- dijo el fríamente.

-¡Kuchiki!-escuchó como gritaba por teléfono. Momentos antes de aquello, le había parecido escuchar alboroto, pero ahora todo parecía estar en calma- ¿Cómo te va?

-¿Dónde voy a recoger a Rukia?- preguntó él yendo directamente al grano. Le sorprendió que ella le preguntara aquello, y sobretodo que no lo llamara por el mote que le había puesto, pero supuso que debía ser porque su hermana estaba con ella.

-A mí también me va bien, gracias- escuchó que le decía con tono sarcástico- apunta la dirección- el sacó un boli y un papel de su escritorio y escribió lo que le dicto la chica- ¿vas a venir ahora?

-Sí.

-Pues nos vemos en un rato. Hasta entonces- y le colgó.

Byakuya cogió su abrigo y salió de su despacho. Anduvo hasta el aparcamiento de la empresa, subió a su coche y condujo hasta la casa de la rubia.

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-Tu hermano viene ahora.- le informo Kai a Rukia.- es un milagro que hayáis estado tanto tiempo sin gritaros.- les reprocho.

-Ni que nos pasáramos la vida discutiendo- le contesto Ichigo.

-Lo que tú digas- respondió mientras guardaba sus cosas.- Rukia, ¿te ha quedado algo claro al menos? Tienes que aprobar el curso, o sino no podrás ir a la universidad el año que viene.

-Lo sé…

-Yo creo que su hermano ya le dará bastante la charla como para que se la des tú tambié- le defendió el pelinaranja dejando asombradas a las dos chicas.

-Vaya, fresita, cualquiera lo diría- dijo la mayor sin salir de su asombro, a lo que el pelinaranja volvió a ponerse colorado.

Poco después de aquello, el timbre de su casa sonó. La rubia fue a abrir y se encontró cara a cara con Byakuya. Ella le sonrió, pero él tan solo la observaba fríamente.

-Rukia, vienen a buscarte.- le llamó la rubia sin apartar la mirada del hombre.- Ichigo, vas a tener que irte tú también- decía dándose la vuelta para verles a los dos.

La rubia se apartó de la puerta, y fue a recoger su abrigo y su bolso. Byakuya se hizo a un lado para dejar que los jóvenes salieran. Estos dos bajaron las escaleras, el pelinaranja se fue a su casa mientras la otra esperaba a su hermano.

-Creí que iba a estar Rukia sola- dijo fríamente Byakuya observando el lugar por donde se habían ido.

-Y lo iba a estar, pero necesitaba ayuda para las matemáticas y a Ichigo se le dan muy bien.

-Exactamente- comenzó a decir el hombre mientras cerraba los ojos.- ¿Qué carrera tienes?- le pregunto haciendo que ella se sorprendiera.

-Tengo dos, medicina y humanidades.- él volvió a mirarla.

-¿Cómo una médico termina trabajando como profesora?

-Creo que eso no es asunto tuyo.- contesto de manera brusca cambiando totalmente su estado de ánimo. Byakuya frunció el ceño molesto y ella se sorprendió al percatarse de su propia reacción.

-Lo siento, no debería de haberte contestado así.- le dijo la chica agachando la cabeza, salió de su apartamento, cerró la puerta y bajo las escaleras seguido del moreno. Ninguno de los dos volvió a decir nada más.

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Más tarde, Kai se encontraba en la habitación de Ikkaku y Ukitake. El calvo podía volver a su habitación habitual, pero él prefirió quedarse en la que compartía con su nuevo compañero.

-Mañana iré a donde Urahara, me he quedado sin nada.

-Yo también. Supongo que mañana iremos a comprar los dos juntos, a la noche le llamó para avisarle.- le contesto un tanto desanimada.

-¿Estás bien?- le pregunto al ver que se encontraba más seria de lo normal.

-Sí… es solo que… hoy han acabado con mi paciencia. Nada más.

-Hay algo más.- le dijo Ikkaku. Conocía perfectamente a su amiga y sabía cuándo le ocurría algo.

-Es tan solo…- decía mirando a los dos- es solo que… estos dos días ha sido como volver al pasado. Han sido demasiados recuerdos.

-Es normal que te sientas así Kai- le dijo Ukitake- al fin y al cabo nosotros dos acabamos de reencontrarnos después de tantos años. Ha habido muchos cambios.

-Sí. Supongo que es por eso.

Pero aquello no era lo único que le pasaba.

Se sentía culpable por haberle hablado a Byakuya de ese modo. Ella intento disculparse con él, pero él pareció no aceptarlo. Era normal que él sintiera curiosidad por el tremendo cambio que había hecho, pero lo que él no sabía era que aquella era una pregunta demasiado incómoda para Kai.

-Kai- le llamó Ukitake- mi amigo Kyoraku me llamó antes para avisarme de una fiesta solidaria que estaban organizando. Puede que te interese ir, y así puedes despejarte un poco.

-Suena bien.- contesto ella dándole una sonrisa forzada.

-Es una fiesta de etiqueta.- le advirtió- según he oído van algunos de los más importantes de la ciudad.- con aquello Kai pensó inmediatamente en Byakuya.

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Gin llegó a la nueva casa que compartía con Rangiku y su hijo.

-¡Ya estoy aquí!- gritó el hombre mientras dejaba su abrigo en la entrada.

-¡Gin!- grito la mujer corriendo hacia él y envolviéndole en un fuerte abrazo.

-Ran-chan… casi no puedo respirar.- la mujer al escucharle le soltó.- ¿Dónde está Toushiro-chan?

-Sigue en el entrenamiento de futbol, hoy iban a salir más tarde.

-Oye, Rangiku, tengo que contarte algo.- decía el hombre poniéndose extrañamente serio.

-¿Qué ocurre?- él la agarro de la mano y la guio hasta el sofá donde los dos se sentaron.

-He llamado a Ulquiorra para que buscara a Ukitake.- la chica le miro de manera interrogante.- Él se encarga de la investigación dentro de la empresa, si hay algún problema de algún tipo, él es el primero que lo descubre, y así sabemos si es bueno invertir en un lado o en otro.- explico Gin.

-¿Qué… que te ha dicho?

-Que estaba ocupado en otro asunto, y no se encargaría de eso.

-Oh vaya- decía la mujer con pena.

-Eso no es todo. Creo… que a quien está buscando es a Kai.- ante aquella noticia, la mujer abrió los ojos como platos.

-¿Estás seguro?

-No del todo. Pero encajaría a la perfección. Ulquiorra es totalmente leal a Aizen, y él ahora esta como loco por encontrarla. Tiene toda la pinta.

-Deberíamos avisarla- ella se levantó y cogió su teléfono, pero Gin le agarro de la muñeca.

-No es algo seguro. Igual es mejor no preocuparla en balde. Tu misma me dijiste que ahora se la veía feliz.

-Sí, pero…- hizo una pausa asimilando sus palabras- puede que tengas razón. Puede que tan solo sea una falsa alarma.