Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 17
Afortunadamente, el resto del viaje transcurrió sin incidentes. La Dra. Olendzki se reunió con nosotros en la pista de aterrizaje, y mientras Alberta le informaba sobre lo que había pasado, yo llevaba a Rose dormida en mis brazos hasta un carrito de golf. Éstos no se usaban con mucha frecuencia, pero había unos cuantos en la academia específicamente para emergencias.
Después de revisar rápidamente los signos vitales de Rose, la Dra. Olendzki tomó asiento junto al Guardián que la había acompañado. Alberta me puso una mano en el hombro y no me dejó sentarme junto a Rose para poder sostenerla en el camino de regreso.
—Yo puedo hacerme cargo a partir de aquí Guardián Belikov. Será mejor que vayas a descansar un poco.
Ya había negado con la cabeza antes de que pronunciara mi nombre. No había forma de que dejara a Rose fuera de mi vista hasta que supiera que estaba bien—. Estoy bien. He estado despierto por mucho más tiempo antes.
Alberta me miró vacilante. Sabía que mi insistencia en quedarme con Rose podría causar sospechas, pero me escudé detrás del hecho de que probablemente yo era lo más cercano a un adulto que se preocupaba por ella, además de la propia Alberta. Incluso la madre de Rose era una extraña para ella, aunque al menos ahora hablaban—. Bien. Puedes acompañarla a la clínica. Estaré allí en una hora y discutiremos la situación.
El viaje a la clínica fue bastante tranquilo teniendo en cuenta la condición del camino lleno de nieve, y poco después, Rose estaba en su propia cama, conectada a un monitor cardíaco con la Dra. Olendzki hablando de lo pronto que podrían programar una resonancia magnética. Rose seguía sin reaccionar, solamente esbozaba una que otra mueca de dolor y lo único que yo podía hacer era caminar impotente y esperar a que se despertara.
Su respiración y ritmo cardíaco parecían bastante normales, pero una parte de mí estaba preocupada por lo que sucedería cuando se despertara. ¿Comenzaría a gritar de nuevo? ¿Seguiría sufriendo? Había muchas preguntas sin contestar, pero desafortunadamente, la única forma de obtener esas respuestas era que Rose despertara.
—Belikov, —me llamó la Guardiana Petrov en cuanto cruzó las puertas de la clínica. Volví a poner el tapón en mi botella de agua y esperé a que llegara a la relativa privacidad fuera de la sala de exámenes de Rose—. ¿Puedo hablar contigo un momento por favor?
Asentí con la cabeza, sin confiar todavía en mi garganta seca para hablar.
Su voz se redujo a un susurro—. ¿Qué fue eso? Nunca la había visto a ella, o a alguien, actuar de esa manera. Obviamente era más que una migraña, pero no estoy segura de qué. ¿Has oído algo?
Me permití recordar la palabra que, sin saberlo, murmuré en voz alta cuando llegamos aquí—. La mencionó algo sobre convulsiones. Sé que no tiene ningún historial, pero... quién sabe.
Alberta se frotó la cara, alisando su cabello con un suspiro mientras consideraba esta nueva información—. Bueno, supongo que no es la mejor noticia del mundo, pero sé que podría ser peor. La mayoría de las convulsiones se manejan fácilmente con medicamentos.
—Hola, Rose. —El nombre captó nuestra atención y Alberta y yo entramos rápidamente a la habitación de Rose. La Dra. Olendzki continuó—, ¿Cómo te sientes?
La cara de Rose se contorsionó por un momento y trató de alejar la exhausta confusión de su rostro con la palma de su mano—. Bien.
Parecía un poco insegura del comentario, pero finalmente sus ojos se posaron en mí por un momento. Desearía no haber visto la forma en que su expresión decayó un poco.
Alberta carraspeó a mi lado—. ¿Podemos pasar?
Con el consentimiento de la doctora, seguí a Alberta dentro de la habitación. Rose se enderezó, cambiando su expresión a una de valentía.
—Rose… —la voz de Alberta se desvaneció, obviamente insegura de cómo continuar. Así que me hice cargo.
—Rose, ¿qué fue lo qué pasó? —Pude verla abrir la boca así que rápidamente corté su negación—. Y no digas que no fue nada.
Hizo una mueca de dolor, pero permaneció en silencio, sin siquiera poder mirarnos.
La doctora puso su mano sobre el hombro de Rose, ofreciéndole el consuelo que yo quería darle—. Solo queremos ayudarte.
—No necesito ayuda, —respondió, sin siquiera intentar sonar convincente—. Estoy bien.
El rechinar de los dientes de Alberta fue casi tan audible como el suspiro que siguió—. Estabas bien cuando estábamos en el aire. Pero cuando aterrizamos... definitivamente no estabas bien.
—Estoy bien ahora, —insistió ella, obstinadamente, negándose a mirar hacia arriba.
—¿Qué pasó entonces? —El rostro de Alberta se oscureció, tanto por preocupación como por desilusión. Tal vez había un poco de ira ahí también, aunque sinceramente no podía culparla. Yo también estaba un poco molesto con Rose—. ¿Por qué los gritos? ¿Qué quisiste decir cuando gritabas que teníamos que hacer que "se fueran"?
Rose sacó la lengua, lamiéndose lentamente los labios mientras consideraba la pregunta, o más importante aún, su respuesta a la pregunta. Casi podía ver la respuesta escapando de sus labios, pero permaneció en silencio, dejando caer algunas lágrimas en su lugar.
No podía soportar verla así. Prefería verla gritando de miedo y agonía, aunque no por mucho. Di un paso adelante, arrodillándome al lado de su cama de la misma manera que había hecho con Lissa cuando la interrogué sobre los asesinatos de animales hace meses. Era difícil ver a Rose tan vulnerable y aterrorizada, pero necesitaba que me dijera la verdad. No solo por ella, sino también por mi.
—Rose, —le rogué suavemente—. Por favor.
Su voz se quebró suavemente a través de su respiración forzada, y se alejó de mí otra vez. Esta vez no fue por terquedad, sino por vergüenza.
—Fantasmas. Vi fantasmas.
Un silencio pesado cayó sobre nosotros, sin que nadie supiera exactamente cómo responder a eso. Estaba aturdido. Las piezas estaban empezando a caer en su lugar.
—¿Qu… qué quieres decir? —La voz de la Dra. Olendzki sonó vacilante.
Rose tragó saliva, ahogando algunas de sus lágrimas—. Me ha estado siguiendo durante las últimas semanas. —Antes de que pudiera preguntar, ella me miró y me aclaró—. Mason. En la escuela. Sé que suena loco, pero es él, o su fantasma. Eso fue lo que me sucedió con Stan. Me bloqueé porque Mason estaba allí, y no supe qué hacer. En el avión... creo que él también estaba allí... y otros. Pero no podía verlos muy bien cuando estábamos en el aire. Eran solo sombras... y el dolor de cabeza. Pero cuando aterrizamos en Martinville, él estaba allí en plena forma. Y no… no estaba solo. Había otros con él. Otros fantasmas.
Se limpió una lágrima, mirándonos vacilantemente mientras esperaba algún tipo de respuesta. No sabía qué decirle. Una parte de mí quería asegurarle que todo estaba bien, pero no era así. Ella estaba... viendo cosas. Alucinante.
—¿Los conocías? —No estaba tomando la situación a la ligera, pero quería llegar al fondo del asunto.
Rose me miró a los ojos, casi cuestionando mis motivos antes de aceptar que no iba a enviarla a un manicomio—. Sí... vi a algunos de los guardianes de Víctor y a la gente de la masacre. Lissa... también estaba la familia de Lissa.
Todas las personas de su pasado. Personas que ella había conocido. Todas las personas que habían muerto relativamente jóvenes y de una manera extremadamente violenta. Sus recuerdos la perseguían.
Eché un vistazo entre Alberta y la Dra. Olendzki, quienes estaban haciendo lo mismo. Aparentemente no era el único sorprendido por la revelación.
—¿Puedo hablar con los dos en privado?
Seguimos a la doctora hasta el pasillo, aunque dudé por un momento, sin querer dejar a Rose, quien obviamente nos estaba mirando en busca de algún tipo de consuelo. Eventualmente, logré alejarme y cruzar la puerta antes de que ésta se cerrara.
—Honestamente, —siseó, volviéndose hacia nosotros tan pronto como estuvimos fuera del alcance del oído de Rose—. Es obvio lo que está pasando. —Echó un vistazo compasivo a la puerta antes de volver a mirarnos—. Está pasando por un trastorno de estrés postraumático, y no es de extrañar después de todo lo que ha sucedido.
—¿Está segura? Tal vez sea algo más... —las palabras de Alberta se desvanecieron, sin ni siquiera tratar de encontrar una excusa adecuada.
El trastorno de estrés postraumático era bastante común entre los guardianes, pero admitirlo o, lo que era aún peor, diagnosticarlo oficialmente era casi peor que una sentencia de muerte. Al menos con la muerte, se recibían los honores finales. Una discapacidad médica como esta era tratada como una baja deshonrosa. No quedaban otras opciones reales de empleo en el mundo Moroi para los dhampir, y como no era una enfermedad física, los guardianes que la padecían eran mirados con desprecio en lugar de lástima. Si bien técnicamente había algunos recursos y terapia disponibles, la utilización de estos era lo mismo que admitir una debilidad o la derrota.
—Miren los hechos: una adolescente que fue testigo de la muerte de uno de sus amigos y luego tuvo que matar a sus asesinos. ¿No creen que eso haya sido traumático? ¿No creen que haya tenido algún efecto en ella? —La Dra. Olendski prácticamente estaba gritándonos, gesticulando salvajemente.
—La tragedia es algo con lo que todos los guardianes tenemos que lidiar, —admitió Alberta lamentablemente.
Sin embargo, la doctora no prestó atención a sus palabras—. Tal vez no hay mucho que hacer por los guardianes en servicio, pero Rose sigue siendo una estudiante aquí. Hay recursos que pueden ayudarla.
—¿Como qué? —No me importaba lo que costara, Rose necesitaba ayuda y haría todo lo posible para asegurarme de que se le ofreciera toda la que fuera posible.
—Terapia. Hablar con alguien sobre lo sucedido puede hacerle mucho bien. Debería haberlo hecho en cuanto regresó. De hecho, todos los que estuvieron secuestrados con ella deberían tener sesiones de terapia. —La doctora negó con la cabeza, frotando la tensión creciente de entre sus ojos—. ¿Por qué nadie piensa en estas cosas?
Mi mente ya estaba trabajando. La Dra. Olendzki tenía razón. Rose necesitaba hablar con alguien. Yo quería ser con quien lo hiciera, pero no me importaba si hablaba con alguien más, siempre y cuando eso la ayudara—. Es una buena idea. Podría hacerlo en su día libre.
—¿Día libre? —La forma en que lo dijo sonó como si no estuviera de acuerdo—. Más bien todos los días. Deben sacarla de la experiencia de campo totalmente. Los ataques falsos de Strigoi no son la forma de que se recupere de uno real.
—¡NO!
Una cuarta opinión irrumpió por la puerta antes de que ninguno de nosotros pudiera ofrecer la nuestra. Mi cabeza se giró hacia Rose, mientras se apoyaba contra la pared cuando se dio cuenta de lo que estábamos hablando. No debería haberme sorprendido de que estuviera espiando, y honestamente, probablemente debería haber sido incluida en la conversación. Dios sabe que ella es lo suficientemente mayor como para opinar sobre el asunto. Sin embargo, al verla tan débil mientras luchaba contra lo último del sedante y la preocupación prácticamente irradiando de ella, no pude evitar sentir el impulso de querer protegerla de cualquier disgusto.
Parecía que no era el único. La Dra. Olendzki se acercó a ella lentamente, con la mano extendida como si estuviera tratando de calmar a un animal herido, y su voz era irritantemente suave—. Rose, deberías acostarte.
—Estoy bien, —insistió, mirando más allá de la doctora para ver a Alberta—. Y no pueden sacarme de la experiencia de campo. No podré graduarme si lo hacen.
—No estás bien, Rose, y no tienes nada de qué avergonzarte después de lo que te ha sucedido. Pensar que estás viendo el fantasma de alguien que murió no es tan descabellado si consideramos las circunstancias.
No sé si los demás notaron que Rose quería argumentar, pero yo sabía que estaba ocultando algo. Cuando finalmente habló, lo hizo con sorprendente claridad—. A menos que me vayan a dar terapia las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, solamente empeorarán las cosas. Necesito tener algo que hacer. La mayoría de mis clases están suspendidas por la práctica. ¿Qué voy a hacer? ¿Sentarme sola y pensar más y más sobre lo que sucedió? Me volveré loca de verdad. No quiero vivir en el pasado para siempre. Necesito avanzar y concentrarme en mi futuro.
—Tiene razón. Necesita terminar su experiencia de campo. A parte de sus pruebas finales, esto determinará su futuro más que cualquier otra cosa. Dejarlo incompleto no es una opción.
—Su futuro no tendrá sentido si no está lo suficientemente sana como para trabajar.
—Rose está bien. Obviamente ha tenido algunos problemas, pero no hay razón para desechar por completo su educación y su carrera. Tiene que haber alguna forma de solucionar esto.
—¿Y si continúa con el ejercicio pero en un horario parcial? De esa manera podrá participar en el ejercicio de campo, pero también tendrá un descanso para enfocarse en las terapias, y será menos estresante. —Las tres mujeres consideraron mi sugerencia, con diferentes niveles de entusiasmo.
—¿Estar en servicio medio tiempo? Eso podría ser... aceptable. ¿Es eso suficiente para poner a prueba sus habilidades?
—Podría ser. —Confirmó Alberta—. Tendría que discutirlo con el resto del comité de pruebas, pero teniendo en cuenta las circunstancias, estoy segura de que aceptarán.
—¿Y qué hay del novicio Castile? ¿Deberíamos sacarlo también? —Sabía que Rose era quien parecía estar pasando más dificultades con todo esto, pero Eddie estaba lejos de ser inmune a los mismos problemas.
—Insisto en que al menos lo evaluemos, y luego podremos tomar una decisión a partir de eso, dependiendo de lo que sugiera el consejero. —Alberta asintió con la cabeza ante las palabras de la doctora.
Rose se quedó en silencio durante toda nuestra plática. Me di cuenta de que no estaba muy emocionada por recibir un tratamiento especial, pero aunque no quisiera aceptarlo, era algo que necesitaba hacer.
Eventualmente, después de considerar que Rose estaba bien, al menos físicamente, la Dra. Olendzki le dio permiso para regresar a su dormitorio. La decisión final sobre lo que sucedería con sus pruebas se tomaría mañana, y hasta nuevo aviso, Rose estaba fuera de servicio.
Alberta se fue con la doctora, discutiendo sobre cómo hacer que Rose pudiera volver a trabajar con los ataques de Strigoi mientras ella se ponía la chaqueta y los zapatos. Recogí sus guantes olvidados en la silla, y mi mano rozó la de ella mientras se los devolvía. Ella me ofreció una débil sonrisa, pero por lo demás permaneció en silencio.
Salimos al sol que brillaba sobre nuestras cabezas marcando el mediodía. La escuela estaba esencialmente desierta en este momento, pero sabía que Rose amaba la luz del sol. Sin embargo, no parecía estar disfrutándola el día de hoy. Su cuerpo se encogió a pesar de la relativa calidez en esta época del año y, aunque estaba caminando justo a mi lado, bien podría haber estado a un millón de kilómetros de distancia.
Después de esquivar otro charco, finalmente rompió el silencio—. Gracias por pensar en el medio tiempo. —Sabía que ella hubiera preferido estar practicando tiempo completo, pero aún así había gratitud en su voz.
Desafortunadamente, a estas alturas, no estaba de muy buen humor. En cuanto terminó de hablar, me moví en frente de ella, bloqueándole el camino y haciendo que casi chocara contra mí, y eso no habría importado. La agarré por los hombros y la abracé pegándola a mí lo más cerca que me atreví ya que alguien podía vernos.
—Rose, —la obligué a mirarme a los ojos, necesitaba que ella lo entendiera—. ¡Esta no debería haber sido la primera vez que yo escuchara sobre esto! ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Sabes lo horrible que fue para mí? —Pude oír mi garganta apretarse justo cuando recordé verla estremecerse ante nada, gritando llena de terror—. ¿Sabes lo que fue para mí verte así y no saber lo que estaba sucediendo? ¿Sabes lo asustado que estaba?
Por un momento, Rose no dijo nada. Solo me miró con los ojos muy abiertos, casi como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo. Vi como observaba cada detalle de mi cara, memorizando la preocupación que se reflejaba en ella.
—Tú no le tienes miedo a nada. —Parecía tan segura de eso, al menos por un momento la duda nubló sus ojos.
—Tengo miedo de muchas cosas. —Negué con la cabeza, ligeramente divertido, pero principalmente preocupado por lo fuerte que ella parecía creer que yo era—. Tenía miedo por ti. No soy perfecto. No soy invulnerable.
—Lo sé, es solo... —No se trataba de no creer que fuera cierto, sino de no querer creer que fuera cierto.
Pero su fantasía de que yo era invencible, de que era demasiado fuerte para necesitar ayuda, era solo eso: una fantasía—. Y esto ha venido sucediendo durante mucho tiempo también. Te sucedió con Stan, cuando hablaste con el padre Andrew sobre fantasmas... ¡estabas lidiando con esto todo el tiempo! —Cuanto más pensaba, más me daba cuenta de cuánto tiempo había estado fingiendo. Tal vez yo también había estado pretendiendo que todo estaba bien. Me había dado cuenta de todas las veces que ella había hecho caso omiso de mi preocupación, cada vez que tomaba sus palabras al pie de la letra cuando me decía que estaba bien, o que simplemente estaba cansada. Debería haberla presionado más sobre el tema. Yo sabía que había algo mal y, aunque ella era obstinada, ya habíamos cruzado la línea de fingir que nada pasaba.
—¿Por qué no le dijiste a nadie? —le exigí—. ¿Por qué no le contaste a Lissa... o... a mí?
La miré fijamente, tomándome un momento para calmar la ira que estaba dirigida más hacia mí que hacia cualquier otra persona. Podía ver la vergüenza y el dolor en sus ojos y una parte egoísta de mí estaba contenta de que no fuera completamente apática al terror que me había hecho pasar hoy, pero lo que más quería hacer era envolverla en mis brazos y prometerle que todo estaría bien.
—¿Me hubieras creído?
Negué con la cabeza, sin comprender del todo sus suaves palabras—. ¿Creerte qué?
—Que estoy viendo fantasmas. —Su sonrisa era sardónica, medio suplicante y medio distante.
—Bueno... —No pude hacer nada más que pestañear y tratar inútilmente de formar palabras en mi boca—. No son fantasmas, Rose, —insistí con suavidad—. Solo crees que lo son porque…
—¡¿Lo ves?! —Ni siquiera pude terminar antes de que levantara las manos, tirando de su despeinado cabello y mirando a todo menos a mí para evitar que la viera realmente. Sin embargo, aún tenía algunas palabras para mí—. Es por eso que no podía decírtelo ni a ti ni a nadie. Nadie me creería, al menos no sin pensar que estoy loca.
Extendí la mano para estabilizar sus movimientos erráticos, pero me detuve. Obviamente ella estaba tan molesta como yo en este momento y había una buena posibilidad de que sobrepasar mis límites solo perjudicara nuestra tenue conversación en este momento—. No creo que estés loca, pero sí creo que has pasado por mucho.
Quería que supiera que estaba allí para ella, que no la abandonaría solo porque estaba pasando por un momento difícil, pero la expresión de traición en su rostro era clara. No estaba seguro de qué era peor: verla sufrir de alucinaciones o verla creer que esas alucinaciones eran reales. Sabía que insistir en que todo estaba en su cabeza solo empeoraría las cosas, pero también lo haría el alentar su creencia.
Su rostro se endureció tan pronto como vio que no iba a ceder ante el tema de las ilusiones—. Es más que eso.
Se giró para alejarse logrando dar un paso o dos antes de que la agarrara y la atrajera hacia mí. Le podía permitir enojarse conmigo, gritar, hacer pucheros, llorar, o lo que sea que fuera necesario para que finalmente se abriera y hablara conmigo. Demonios, incluso la dejaría que se desquitara conmigo en el gimnasio si sintiera que eso podría ayudarla. Lo único que no le permitiría era marcharse; y si tenía que mantenerla físicamente en su lugar, entonces que así fuera.
—¡Cuéntame entonces! —exigí—. Dime por qué es más que eso.
—¡No me creerás! —Gritó salvajemente, y me sentí agradecido de que la vida social de la Academia estuviera esencialmente muerta a esta hora del día, porque de lo contrario la escena que estábamos causando no hubiera pasado desapercibida—. ¿No lo entiendes? Nadie me creerá. Ni siquiera tú... de todas las personas.
Su voz se atascó en su garganta, tirando de mi corazón. Pude ver lo desesperada que estaba por que alguien, no, por que yo le creyera.
—Voy a… intentarlo, —le prometí, preguntándome si era un error cuando las palabras salieron de mi boca—. Aunque sigo sin creer que entiendas realmente lo que te está sucediendo.
—Si lo sé, —afirmó—. Eso es lo que nadie entiende. Mira, tienes que decidir de una vez por todas si realmente confías en mí. Si piensas que soy una niña demasiado ingenua para entender lo que está pasando con su frágil mente, entonces puedes seguir caminando. —Hizo una pausa, mirándome desafiante a pesar de que no tenía intención de irme—. Pero si confías en mí lo suficiente como para recordar que he visto cosas y que conozco cosas que superan a las experiencias de otras personas de mi edad... entonces también deberías darte cuenta de que puede ser que sepa un poco de lo que estoy hablando.
Estaba lanzando mis palabras a mi cara, acerca de que ella era consciente de cosas que mucha gente de su edad ignoraba. Aún así creía de todo corazón que era más madura en algunos aspectos que muchas mujeres de su edad o incluso mayores, pero dudaba que esto fuera coherente con esta situación en particular. Sin embargo, tenía que saber, sin lugar a dudas, que yo confiaba en ella con mi vida.
Sostuve sus manos en las mías contra mi pecho, atrayéndola tan cerca que nuestros cuerpos se rozaban—. Confío en ti, Roza. Pero... no creo en los fantasmas.
Consideró mis palabras vacilantemente, mordiéndose el labio inferior mientras las trabajaba en su mente. Finalmente, las aceptó por lo que eran y me ofreció un compromiso entre los dos—. ¿Tratarás de hacerlo? ¿O al menos intentarás no asumir que esto es producto de alguna extraña psicosis?
Estaba asintiendo antes de que ella siquiera terminara su pregunta—. Sí, lo puedo hacer.
—La primera vez que vi a Mason fue cuando me atrapaste afuera de los dormitorios. ¿Recuerdas? Me preguntaste sobre mi cumpleaños.
—Diez páginas, por los dos lados, y sin espacios, —recordé, llevándola a uno de los bancos, específicamente al que estaba parcialmente oculto por los arbustos.
—Sí. Creo que ya sé que es lo que quiero... no estar loca. —Ambos nos reímos sin humor, pero lo estábamos intentando—. De todos modos, justo después de que te fuiste con Alberta, él estaba parado allí.
Rose continuó contándome acerca de cómo había tratado de disfrazarlo como un producto del agotamiento, o estrés, o algo más lógico. Mencionó que temía que no se le permitiera ser guardiana si alguien pensaba que estaba realmente loca, que todavía estaba preocupada por eso, y que por eso mintió en la audiencia disciplinaria. Para ella, ser incompetente parecía mejor que estar loca.
Mientras me contaba todo, estábamos en el banco con mi brazo alrededor de sus hombros para protegerla del frío, y su cabeza contra mi pecho, respirando al mismo compás. La posición no era demasiado comprometedora en caso de que alguien nos hubiera atrapado, pero sinceramente no me importaba lo que la gente pensara si esto era lo que Rose necesitaba para sentirse reconfortada en este momento.
Cuando comenzó a hablar sobre el avión, sobre el dolor, las sombras y la oscuridad que la llamaba, la acerqué más. Podía escuchar la advertencia de Adrián en el fondo de mi mente, pero no tenía ni idea de cómo detenerlo.
—¿No parece algo, um… bastante específico para ser una reacción de estrés al azar?
—No sé si realmente las "reacciones de estrés" sean aleatorias o específicas, —reflexioné, hablando por primera vez desde que comenzó a contarme sobre todo por lo que había estado pasando—. Son impredecibles por naturaleza.
Sin embargo, cuanto más pensaba en lo que ella estaba pasando, era más probable que fuera algo más que una reacción al estrés. Nunca había oído hablar de un guardián que se hubiera enfrentado a algo parecido a esto. Es cierto que todos se enfrentaban al dolor a su propia manera; algunos se cerraban por completo, y otros, como yo, se centraban por completo en su trabajo. La situación de Rose estaba tan fuera de lo normal, que casi no tenía sentido. Desafortunadamente, nada parecía lógico aquí, y menos los fantasmas.
—¿Por qué estás tan segura de que no son solo cosas que estás imaginando? —Traté de hacer la pregunta lo más suavemente posible, pero no creo que nadie hubiera podido tener éxito diciendo algo así. La rápida mirada que me dio cuando se apartó pareció confirmarlo, aunque pareció perdonar mi infracción un momento después.
—Bueno, al principio pensé que lo estaba imaginando todo. Pero ahora... no sé. Hay algo al respecto que se siente real... aunque sé que en realidad no hay evidencia. Pero escuche lo que el Padre Andrew dijo sobre los fantasmas que se quedan después de que mueren jóvenes o violentamente.
Recordé lo raro que había sido el cuestionamiento de Rose ese día en la iglesia, pero ahora tenía mucho más sentido. Una parte de mí quería decirle que esas historias de fantasmas eran solo eso: historias. Estaban diseñadas para consolar y enseñar, no para ser tomadas literalmente. Sin embargo, le había prometido mantener la mente abierta, así que le pregunté—: ¿Crees que Mason ha vuelto para vengarse?
Ella negó con la cabeza, mirando por encima de la extensión visible del patio. Estaba mojado por el frente ligeramente cálido, y el sonido de la nieve derretida que goteaba de los árboles formaba una banda sonora inusual para nuestra conversación—. Eso pensé al principio, pero ahora no estoy tan segura. Nunca ha intentado lastimarme. Parece que quiere algo. Y luego... todos esos otros fantasmas también parecían querer algo de mí, incluso los que no conocía. ¿Por qué?
Me di cuenta de que ella ya tenía una explicación, y aunque estaba un poco nervioso de escucharla, la presioné de todos modos—. ¿Tienes una teoría?
—Sí. Estaba pensando en lo que dijo Víctor. Mencionó que, debido a que soy una besada por las sombras, porque morí, tengo una conexión con el mundo de los muertos. Que nunca lo abandonaré por completo.
Mi espalda se puso rígida, poniéndome en alerta máxima en el momento en que escuché el nombre de Víctor—. Yo no le haría mucho caso a lo que Víctor Dashkov dice.
—¡Pero él sabe cosas! Tú lo sabes, no importa que sea un desgraciado.
Por mucho que detestara escuchar a ese criminal hablar sobre cualquier cosa, la desesperación de Rose me convenció de al menos considerar el hecho de que hasta ese momento, él había sido su principal fuente de información sobre su condición de besada por las sombras. Además de él, todo lo que parecíamos tener era un puñado de libros antiguos con una traducción cuestionable.
—Está bien, suponiendo que sea cierto, que estar besada por las sombras te permite ver fantasmas, ¿por qué está sucediendo ahora? ¿Por qué no sucedió justo después del accidente automovilístico?
—También pensé en eso, —Rose casi parecía ansiosa por discutir esto conmigo ahora, lo cual era casi tan sorprendente como el tema de conversación en sí mismo—. Fue algo más que dijo Víctor, que ahora que había matado, estaba mucho más cerca del otro lado. ¿Y si el hecho de haber causado la muerte de alguien fortaleció mi conexión y es por eso que ahora esto está pasando? Acabo de cometer mi primer asesinato, dos en realidad.
—¿Por qué es tan aleatorio? —Mi mente seguía aturdida por la idea, pero pronuncié mis siguientes palabras sin pensar—. ¿Por qué ocurre cuando ocurre? ¿Por qué en el avión? ¿Por qué no en la corte?
—¿Qué eres, un abogado? —Su temperamento se encendió mientras me criticaba.— Cuestionas todo lo que digo. Pensé que mantendrías una mente abierta sobre el asunto.
—Eso estoy haciendo, —le aseguré, tomando sus manos una vez más y acariciando suavemente sus palmas hasta que se relajó de nuevo—. Pero tú también debes hacerlo. Piénsalo. ¿Por qué este patrón de avistamientos?
—No lo sé. —De repente, el ánimo de Rose decayó y miró nuestras manos juntas mientras se perdía en otra parte de su mente—. Sigues pensando que estoy loca.
No hay muchas cosas que me harían desear soltar voluntariamente la mano de Rose Hathaway, pero resulta que asegurarle a esta hermosa, rota y sorprendente chica que estaría bien era una de ellas. Ahuequé su barbilla, forzándola a mirarme—. No, nunca, jamás, ninguna de estas teorías me hace pensar que estás loca. Pero siempre he creído que la explicación más simple tiene sentido. La de la Dra. Olendzki. La teoría de los fantasmas tiene agujeros. Pero si puedes averiguar más... entonces tendremos algo con lo que trabajar.
Rose frunció el ceño ante una palabra—. ¿Tendremos?
—Por supuesto. No te dejaré sola en esto, no importa qué suceda. Sabes que nunca te abandonaría.
—Y yo nunca te abandonaría a ti, ya lo sabes. Lo digo en serio. —Su respuesta fue rápida, pero no automática como si solo lo estuviera diciendo para apaciguarme. En todo caso, parecía un poco tímida cuando se dio cuenta de lo que sin saber había prometido—. No es que esto te vaya a pasar nunca, por supuesto, pero si empiezas a ver fantasmas o algo así, te ayudaré a superarlo.
La sonrisa que me brindó, sincera pero juguetona, me recordó la suerte que tenía de tenerla en mi vida. Nunca esperé que alguien tuviera tanto impacto en mí como Roza, y si alguna vez hubiera tenido que adivinar de quién me iba a enamorar por completo y definitivamente, no creo que hubiera podido imaginar a una chica tan salvaje, hermosa, y perfectamente imperfecta como Rose. Y aún así, allí estaba ella.
—Gracias. —Cogí su mano de nuevo, la necesitaba para asegurarme de que este momento era real. Todo era casi demasiado maravilloso en este momento para creer que no era así. La primavera estaba en el horizonte, la graduación llegaría pronto y, si bien no seríamos completamente libres para estar juntos, al menos no tendríamos la presión adicional de su edad o la Academia. Solo había un último obstáculo en nuestro camino, y aunque aún no sabía cómo superarlo, tal vez con Roza... los dos juntos... podríamos resolverlo.
Nos alejamos nuevamente mientras regresábamos al mundo real hacia su dormitorio, disfrutando silenciosamente de la compañía del otro y la relativa paz del momento. No sabía cómo se sentía Rose, pero yo estaba completamente agotado. Fantasmas, oscuridad, la corte... no habían pasado ni siquiera 24 horas desde que Víctor había sido sentenciado, y se sentía como si hubiera pasado toda una vida.
Cualquiera pensaría que alguien de tan alto rango como la Guardiana Petrov preferiría vivir en una de las casas del campus, pero ella vivía en el mismo edificio que muchos de los otros guardianes de la academia. Tenía uno de los apartamentos más grandes, pero prefería estar entre la mayoría de su equipo. Desafortunadamente, ella no se encontraba en su departamento en este momento, sino en el vestíbulo del edificio, esperando.
—¿Regresó bien a su habitación?
La débil pero persistente burbuja de esperanza se reventó—. La dejé allí hace unos minutos.
Ella asintió, levantándose de su sillón con solo un poco de dificultad. Era más un indicador del estrés del día que de su edad. No tenía dudas de que Alberta aún podría conmigo si alguna vez decidiera poner a prueba sus habilidades—. Cuarenta y cinco minutos. Sé que Rose puede ser difícil a veces, pero ese es un nuevo récord.
—Hice que se abriera conmigo un poco más y que me hablara sobre lo que le ha estado pasando.
—Va a ver a un consejero para eso. —La advertencia en su tono me inquietó y me puso nervioso. Había asumido que ella quería que yo estuviera allí para Rose, que fuera un apoyo para ella, pero la forma en que Alberta me estaba mirando ahora...
—Y yo soy su mentor.
—¿Lo eres? —cuestionó—, ¿de verdad lo eres?
Me froté la frente, demasiado cansado para el comienzo de una discusión en la que apenas podía enfocarme—. ¿Qué quiere decir?
—¡Estoy diciendo que necesitas cuidar tu trasero, Belikov! —Pude ver el deseo de gritar, pero sus palabras salieron como un silbido duro—. Fuiste todo menos sutil en ese avión.
—Rose es mi estudiante, me preocupo por ella.
—Ambos sabemos que es más que eso, y si no puedes aprender a mantener un perfil bajo, entonces toda la escuela lo sabrá. Apenas lograste salir de ese tribunal sin ser arrestado y fuiste malditamente afortunado de que la gente hubiera visto el lado loco de Víctor antes de que él dejara caer la bomba. —Alberta suspiró y rodó sus hombros hacia atrás—, ¿y después el avión? La forma en que la abrazaste no era la forma en que un instructor sostiene a su estudiante, incluso una que estaba sufriendo de esa manera. Yuri hizo algunas preguntas, pero creo que pude aclarar sus dudas antes de que llegaran demasiado lejos.
Por muy cuidadoso que hubiera sido en la Corte, la sutileza había sido lo último en mi mente en el momento en que Rose comenzó a gritar, y se mantuvo en segundo lugar desde entonces. Sabía que Alberta estaba justificadamente preocupada y advirtiéndome, pero escuchar esto justo después de que finalmente lograra que Rose se abriera a mí, me golpeó de la manera equivocada. Quería estar enojado, pero no era su culpa. No era culpa de nadie, excepto del destino.
Tomé aliento, liberando la frustración que nunca parecía disminuir por completo estos últimos días—. Tiene razón, no estaba pensando claramente. Le prometo que seré más cuidadoso.
Parecía algo satisfecha con mi débil disculpa, o tal vez estaba dispuesta a aceptar cualquier cosa que le brindara la oportunidad de acostarse y descansar dentro de la siguiente media hora.
—Solo prométame una cosa, —continué—, si algo sucede, si algo sale mal, manténgala a salvo. No me importa si tiene que arrastrarla pataleando y gritando, solo manténgala a salvo. Por favor.
Alberta suspiró, viéndose algo arrepentida por un momento antes de asentir—. Por supuesto, Dimitri. Yo también la amo.
Finalmente, después de lo que podría ser fácilmente el día más largo de la historia, pude acostarme.
Chicas he vuelto, después de muchos meses de ausencia aquí estoy para seguirles trayendo éstas maravillosas historias. Espero que de verdad puedan disculparme por todos los meses que los dejé en el limbo sin publicar, pero problemas de índole personal me habían mantenido lejos de mi ordenador y sobre todo me habían quitado el ánimo para traducir y trabajar en esto. Debo confesar que llegué a considerar más de una vez el abandonar por completo las traducciones, pero los recordaba y aún más importante, sus mensajes de cariño, preocupación y apoyo fueron los que me animaron a seguir adelante con esto. Así que es gracias a ustedes que aquí sigo al pie del cañón en FF. Espero que me sigan apoyando con sus comentarios. Sin embargo ya no podré publicar tan seguido como lo hacía antes, ahora solamente subiré un capítulo por semana de cada historia. Ya también está publicado el capítulo 5 de Meet Me in the Memory. Cuídense mucho y nos seguimos leyendo en el próximo capítulo.
