Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 19

El amanecer hizo que la luz coloreada de la ventana bailara sobre los marcos dorados y los candelabros, hipnotizándome mientras se mezclaba con las sombras entre la madera resplandeciente y el terciopelo profundo de las diversas cortinas y las túnicas pintadas de los santos y altares de la capilla. Aún no estaba seguro de entender todos los aspectos espirituales de la religión, pero tenía que respetar la majestuosidad y el honor que abarcaban todos los aspectos de la ceremonia de todo esto. Todo se había hecho con tanto cuidado y devoción, era difícil mezclarme, siendo un impostor, entre los verdaderos creyentes. Aún así, me sentía cerca de mi hogar dentro de estas paredes, o lo más cerca que podía estar de mi hogar. Era casi como si al salir de éste lugar pudiera ver las colinas que me eran tan familiares en mi niñez frente a la ventana de mi habitación.

Mi cabeza cayó hacia atrás contra el banco de madera, curvando mi cuerpo en una forma extraña para encajar en el pequeño espacio entre las filas. No era cómodo de ninguna manera, pero era mejor que volver a mi cuarto ahora mismo. Podía fingir que no estaba tan solo con todos los santos observándome.

—¿Guardián Belikov? —Una voz suave me sacó de mi descanso, y vi al padre Andrew mirándome al final del largo banco de madera—. ¿Estás bien, hijo mío?

Le ofrecí una sonrisa, más para asegurarle que estaba bien que otra cosa—. Sí, padre. Solo busco algo de soledad y claridad. Ha sido una semana larga.

Él asintió, pero pude ver en sus ojos que estaba debatiendo algo. Después de un momento, pareció contento con simplemente dejarme descansar en paz dándome nada más una palmadita de apoyo en el hombro—. Tengo algo de trabajo que hacer en mi oficina, pero fuera de eso ya he terminado mis labores del día. Puedes quedarte todo el tiempo que necesites.

Le ofrecí mi gratitud por su generosidad, pero mientras se retiraba, ofreciéndome la soledad que había venido a buscar, me dió un último consejo—. Y Dimitri, recuerda que la claridad puede estar más cerca de lo que crees. A veces el Señor la coloca justo frente a nosotros, ya que somos demasiado tercos para aceptarla. Buenas noches, Dimitri.

Mi mente apenas tuvo la oportunidad de procesar, mucho menos aceptar y responder a lo que había dicho, antes de que el padre Andrew se fuera. Había pasado unas pocas horas con Rose y conmigo, pero durante ese tiempo apenas habíamos hablado, y mucho menos habíamos hecho algo más que pudiera haber insinuado algo más que nuestra relación de mentor-alumna. Seguramente no podría haberse enterado de eso. E incluso si lo hubiera hecho, seguramente no lo estaba alentando.

No, había sido simplemente una coincidencia y estaba leyendo demasiado entre lineas.

Pasé mis dedos por mi cabello, quitándome la corbata y frotando mi cuero cabelludo para aliviar la tensión antes de apoyar la cabeza en mis manos. ¿Qué iba a hacer? No podía seguir así. No podíamos seguir así. Rose y yo eventualmente nos quebraríamos y eso nos pondría en peligro, y a Vasilisa también.

El mundo Moroi no nos perdonaría si una relación entre Rose y yo ponía en riesgo a la última Dragomir, y lo que es peor, si algo le sucedía a Lissa, sabía que Rose nunca me lo perdonaría. Ella me culparía y se culparía a sí misma.

Aún así, no podíamos mantenernos alejados el uno del otro, y una vez que la graduación terminara nos veríamos obligados a estar juntos aún más tiempo. Entrenar diario durante unas cuantas horas era una cosa, pero pronto viviríamos bajo el mismo techo las 24 horas del día, los siete días de la semana. La vería más que sólo diariamente, la vería casi cada hora, constantemente, incluso. Habría tantas oportunidades para sucumbir a la debilidad y… no estaba seguro de ser lo suficientemente fuerte.

Así que, lógicamente, lo correcto parecía ser lo que debería haber hecho la Navidad pasada. Irme.

No con Tasha, por supuesto, ni con alguien más. Ahora sabía que tratar de reemplazar a Rose era algo imposible. Pero al igual que Yuri se había marchado por el bien de la persona que le importaba, yo también debería irme. Lissa estaría más segura. Probablemente Rose también estaría más segura, aunque incluso ahora sentía algo de ansiedad ante la idea de que no estaría allí para protegerla si era necesario. El hecho de que sintiera ese miedo era solo una prueba más de que debería irme. Estaba más preocupado por la seguridad de Rose que por la de Lissa.

El problema era que cuando se trataba de Rose, no solo era débil, también era egoísta. Yo era un hombre débil y egoísta. No podía darle lo que se merecía, pero tampoco podía abandonarla.

Estaba tan absorto en mis propios pensamientos que apenas oí los pasos de alguien que se acercaba a mí. No era frecuente que alguien me tomara por sorpresa, y esta era la segunda vez en una noche. Sin embargo, esta vez me encontré con la misma persona que ocupaba mis pensamientos.

—Rose, ¿está todo bien? —Me preocupé al instante. Ya era pasado el toque de queda, y aunque esta no era la primera vez que lo rompía, por lo general no me buscaba fuera del horario de trabajo a menos que hubiera una emergencia.

—Sí... bueno, más o menos. No he tenido más episodios de pánico, si eso es lo que te preocupa. —Ella disminuyó mi preocupación, deslizándose a mi lado e inhaló el aroma persistente del incienso. Parecía tener el mismo efecto calmante sobre ella que sobre mí—. Solo tengo una pregunta. O, bueno, una teoría más bien.

—¿Una teoría que no podía esperar hasta mañana?

Al menos tuvo la decencia de parecer un poco avergonzada por ponerme en la posición de tener que excusarla si la atrapaban fuera de su dormitorio después del toque de queda. Me estaba volviendo casi tan bueno en volver a meterla a su dormitorio a escondidas como ella escabulléndose de él.

—Estuve con Christian esta mañana…

—Rose, se suponía que estabas fuera de servicio hoy. —Trabajar mientras se suponía que debía estar descansando no le ganaría ningún punto, e incluso podría retrasarla en lo que respecta a su terapia.

—Créelo o no, camarada, yo estaba allí puramente como su amiga. Sin deberes de vigilancia, lo prometo. —Después de eso, una expresión de apasionada excitación se apoderó de ella—. Estuve hablando con Alice. Ella mencionó algo sobre las guardas y cómo mantienen a los muertos fuera. No solo Strigoi, Dimitri, cualquier cosa muerta, incluso a los fantasmas.

—No entiendo.

—Yo tampoco lo entendía, al menos no al principio. Si las guardas alejan a los fantasmas, ¿cómo es posible que pudiera ver a Mason aquí? Él no debería haber podido entrar en absoluto. Pero no lo vi en la Corte. La Corte también está protegida, incluso más que aquí. Sin embargo, en Martinville no hay protección y los fantasmas estaban por todas partes. En cuanto aterrizamos en el aeropuerto, fue entonces cuando se volvió abrumador. Sin embargo, aquí lo veo ocasionalmente. Es por eso que creo que algo está mal con las protecciones de la Academia. ¡Eso lo explicaría! ¡Son las guardas! Una vez que arreglemos eso, estaré bien.

Ella me sonrió. En algún momento de su discurso, su mano había encontrado la mía, estrechándola con euforia. Había tanta esperanza en sus ojos, y fue absolutamente desgarrador para mí.

—Rose...

Con una palabra, vi que cada onza de su alegría se hacía añicos.

—No... no creo que sean las guardas.

Ni siquiera había terminado mi oración antes de que ella comenzara a alejarse de mí, no solo físicamente, sino también emocionalmente. Sus ojos se nublaron, sus hombros cayeron hacia adelante y, tal vez sin que ella siquiera lo notara, su cabeza comenzó a sacudirse de un lado a otro como si en silencio me suplicara que reconsiderara mis palabras.

—Conozco a Alice. No estoy seguro de que sea una fuente creíble. —Perceptiva seguro, pero creíble era otra cosa. Ella siempre me había parecido amable y le encantaba conversar, pero una charla con ella podría salirse del camino en una dirección salvaje en un abrir y cerrar de ojos.

—Lo sé, —estuvo de acuerdo, aunque sin entusiasmo—. Pensé lo mismo. Pero tiene mucho sentido.

Ella quería que tuviera mucho sentido—. No exactamente. Como tú misma dijiste, ¿por qué tus visiones son tan irregulares aquí? Eso no concuerda con la teoría de las guardas. Deberías sentirte como te sentiste en el avión.

—¿Qué tal si las guardas simplemente están débiles?

Negué con la cabeza, aunque no estaba seguro de si ella podría verlo. Rose estaba mirando fijamente al suelo, como si él fuera a responder a sus preguntas—. Eso es imposible. La magia de las guardas tarda meses en agotarse, y las renovamos cada dos semanas.

—¿Tan frecuentemente? —La decepción fue clara en su voz y pude sentir mi pecho apretarse nuevamente. Sabía que no era mi culpa que estuviera sufriendo en este momento, pero aún así me sentía responsable de quitarle ese breve momento de esperanza—. Tal vez están siendo estacadas, —sugirió después de un tiempo—. Por humanos o algo ¿como antes?

—Los guardianes recorren los terrenos unas cuantas veces al día. Si hubiera una estaca en los bordes del campus, nos habríamos dado cuenta.

Suspiró, encogiéndose sobre sí misma y metiendo sus manos entre sus rodillas y de alguna manera haciéndose tan pequeña que sentí que podría perderla si no la agarraba rápidamente.

Sin embargo, cuando toqué su mano, fue casi como si ella hubiera olvidado que yo estaba allí. Rose se estremeció ante el contacto, quizás sin esperar que yo me acercara a ella cuando estaba tan acostumbrada a ser ella la que necesitaba acercarse a mí.

—Creíste que si ella estaba en lo correcto, eso explicaría todo.

Finalmente me miró, asintiendo dos veces. Podía ver cómo apretaba la mandíbula y de vez en cuando parpadeaba, negándose a dejarme ver las emociones que sabía que estaba tratando de ocultarme.

Una parte de mí quería asegurarle que estaba bien, que estaba bien si estaba enojada conmigo, y que tenía todo el derecho a estar enojada, triste y frustrada, y un millón de otras emociones que probablemente no podría nombrar, mucho menos sentir.

—No quiero estar loca, —susurró, casi sin aliento.

—No estás loca. —Mis palabras fueron probablemente más duras de lo que deberían haber sido. Ella no se inmutó, pero me encontré lamentando mi tono de inmediato. Odiaba que Rose se considerara loca. Odiaba que alguien la considerara loca. Realmente odiaba que pensara, incluso por un momento, que alguna vez yo la consideraría loca.

—Pero no crees que realmente estoy viendo fantasmas.

No tenía una respuesta para eso. No podía mentirle, ni siquiera para evitarle más sufrimiento. Ver alucinaciones y creer en esas alucinaciones podría traer tantas consecuencias. Había hecho algunas investigaciones por mi propia cuenta, tratando de encontrar respuestas sobre cómo ayudarla y apoyarla. Todas coincidían en una cosa: no seguirle la corriente con el tema de las alucinaciones. No ser agresivo, sino honesto y guiarla gentilmente a través de vías de discusión más lógicas. Nunca hacerla sentir avergonzada de lo que estaba sucediendo en su mente, pero ignorar el problema por completo o alentarlo tampoco ayudaría.

En general, me sentía totalmente descalificado para ser lo que ella necesitaba en este momento, pero no iba a decepcionarla.

—No sé, —admití finalmente, no queriendo iniciar una discusión, pero tampoco estaba dispuesto a ceder—. Sigo tratando de mantener la mente abierta. Y estar estresada no es lo mismo que estar loca.

—Lo sé. —Podía darme cuenta que ahora lo estaba diciendo solo para evitar comenzar una discusión conmigo. Sin embargo, no insistí en el problema, en cambio disfruté de la sensación de su mano en la mía.

Había pasado tanto tiempo desde que me había permitido el simple placer de abrazarla, e incluso ahora ese placer estaba teñido de preocupación por su bienestar. Tenía que preguntarme si alguna vez habría un día en el que pudiera tocarla sin que el movimiento fuera provocado por una situación de vida o muerte que nos obligara a estar juntos en medio de la desesperación.

Como si fuera una señal, mi mente regresó a los pensamientos que había tenido justo antes de que Rose me encontrara, y lo que había estado considerando antes de que ella hubiera entrado a la capilla. Irme seguía siendo lo mejor para ella, por nuestro mejor interés.

—Pero... bueno... hay algo más...

—¿Hmm? —Apreté su mano, alentándola a que continuara, pero pude sentir su vacilación. A diferencia de su excitación anterior por las noticias que había compartido conmigo antes, lo que sea que se estaba preparando para decirme ahora parecía ponerla nerviosa.

—Hablé con el padre Andrew, sobre Anna. Específicamente, sobre su vínculo con San Vladimir.

Rose y yo habíamos hablado de vez en cuando sobre el vínculo entre el Santo de la escuela y su compañera de vínculo que era muy similar al de Rose y la princesa. Eran la única referencia real que teníamos sobre el vínculo, por lo que todo lo que podíamos encontrar sobre ellos era valioso, incluso si a menudo era vago y difícil de entender. Sabía que Rose había estudiado algunos libros antiguos en la biblioteca de la capilla y que incluso había discutido con el sacerdote, aunque no creo que haya dejado claro por qué estaba tan interesada en el tema.

—Probablemente hemos estado investigando a la persona equivocada en esa historia. Siempre hemos estado tan preocupados con la forma en que Vladimir manejó el espíritu y el precio que pagó por ello, el precio que potencialmente podría caer sobre Lissa. Aparentemente las consecuencias no las sufrió sólo él. Lo que sea que el espíritu le hace al usuario, esa locura y esa oscuridad... también se apoderaron de Anna.

Todo el tiempo que Rose estuvo hablando evitó mirarme a los ojos. Su mirada se centró en el parpadeo de la luz de la vela, como si de algún modo pudiera deshacerse de las sombras que tanto temía. Sin embargo, no funcionó, y cuando finalmente miró hacia mí, sus ojos brillaban con la misma solemnidad. Aún no entendía del todo, pero ya estaba armando las piezas en mi cabeza y no me gustaba la imagen que estaba viendo. Espíritu, oscuridad, nada sobre esto terminaría siendo positivo, estaba seguro de eso.

—Me está sucediendo a mí, creo. No estaba muy segura antes, pero creo que eso es parte de por qué todo esto ha estado sucediendo. Los cambios de humor, la agitación, el... ver cosas. —Rose tomó un aliento tembloroso antes de continuar—. Adrián mencionó algo cuando me conoció, algo sobre mi aura oscura, dijo que estaba "bordeada de negro" o algo por el estilo. Dijo que era extraño, pero realmente no pensamos mucho sobre eso, ya que pensamos que tal vez era solo una señal de que estoy besada por las sombras. Pero recientemente, dijo que se estaba volviendo más oscura y que ahora era casi totalmente negra.

Mi sangre se sentía fría y espesa en mis venas, recordando la mirada temerosa en los ojos de Adrián mientras trataba de explicarme lo mismo. Su aterrorizada advertencia en el avión cuando Rose gemía inconsciente a mi lado, "Creo que algo podría estar tratando de matarla."

—El otro día, mientras cuidaba a Christian, Adrián vio algo. Lissa estaba enojada y yo podía sentir su inestabilidad. Yo... no sé... mentalmente deseé que ella estuviese bien y de repente comenzó a calmarse. Al parecer, Adrián vio algo en su aura, una sombra tenue, qué pasó de su aura a la mía. Él piensa que lo que sea que la está afectando también podría lastimarme a mí.

—Puede que no sea así, —intervine desesperadamente, esperando convencerme más a mí mismo que cualquier otra cosa—. Pasaste por mucho en Spokane. Puede que siga siendo simplemente est…

—¡No digas estrés, Dimitri! Solo... no lo hagas. —Su repentina ira se disipó rápidamente con una mirada de disculpa—. Sé que estoy estresada. Todos lo estamos, incluso tú. Pero esto es más que simplemente estrés y creo que tú también lo sabes.

Sí, incluso antes de esta noche, había una parte de mí que sabía eso, pero no quería aceptarlo.

—Pero aún hay más. Anna no sólo se volvió loca. Eventualmente... —Rose se detuvo, mordiéndose el labio por un momento y yo me preparé para lo que fuera que vendría después—. Eventualmente ella se suicidó, Dimitri. Después de la muerte de Vladimir. Ni siquiera pudo sobrevivir un año antes de que se volviera demasiado inestable y se suicidara.

Hubo un largo momento de silencio aturdido. Rose me miró, esperando mi reacción. La miré, rezando por que hubiera oído mal.

No tuve tanta suerte. El miedo y la incertidumbre en sus ojos me dejaron sin palabras, buscando alguna manera para decirle que estaría bien. Yo necesitaba que todo estuviera bien. Necesitaba que ella estuviera bien.

—¿Le has contado a alguien más sobre esto? ¿A Lissa? ¿A tu consejero?

—No, tenía miedo de lo que pensarían. —Al ver que estaba claramente asustada por lo que yo pensaba, traté de no ser demasiado duro con ella.

—Tienes que detener esto. No tienes miedo de lanzarte hacia al peligro, pero te da miedo abrirte con alguien.

—Yo... no sé. Supongo que sí.

—¿Entonces por qué me lo contaste a mí?

—Porque me dijiste que debería confiar en la gente, y yo confío en ti. —Ella me sonrió como si fuera la cosa más obvia del mundo. Quizás lo era. Yo confiaba en ella de la misma manera, y lo único que me impedía abrirme completamente eran mis propios problemas que no tenían nada que ver con ella.

—¿No confías en Lissa?

Su sonrisa titubeó al instante—. Confío en ella, absolutamente. Pero no quiero contarle cosas que la hagan preocuparse. Supongo que es una forma de protegerla, al igual que el mantener a los Strigoi lejos de ella.

Podía entender eso, especialmente porque había hecho lo mismo en el pasado cuando Rose había llegado a la Academia. Había guardado secretos pensando que, de alguna manera, le ahorraría sufrimiento o la mantendría a salvo. Aunque nunca había sido así. Eso solo causaba una discusión o empeoraba las cosas al final. Necesitaba aprender a confiar en Rose y acudir a ella cuando fuera necesario, tal como ella había aprendido a recurrir a mí. Ella era más valiente que todas las personas que yo conocía, y más fuerte que cualquiera que yo pudiera imaginar. Y Lissa también era más fuerte de lo que nosotros creíamos. Le dije a Rose lo mismo.

—¿Y qué? ¿Quieres que confíe en ella y no en ti?

—No, quiero que confíes en nosotros dos. Creo que sería bueno para ti. —Dejé que un soplo de paz pasara entre nosotros antes de volver a plantear el temido tema—. ¿Te molesta lo que le pasó a Anna?

—No, —desvió la mirada, trazando el borde de la uña de su pulgar—. Me asusta.

Creo que la admisión nos sorprendió a los dos. Rose no era de las que admitían sus miedos, y yo tampoco lo era, al menos abiertamente. Pero en esta última semana, ambos lo habíamos hecho sin dudarlo. El ataque de ansiedad de Rose, o lo que sea que haya sucedido en ese avión, me había aterrorizado. Sin embargo, eso palidecía en comparación con lo que sentía ahora. Imaginar un futuro donde Rose perdía el sentido de sí misma tan completamente que prefería la muerte a la vida en cualquier infierno que su mente le ofreciera, eso era demasiado doloroso para comprender, y mucho menos poner en palabras.

La apreté contra mí, tratando de asegurarle que estaba aquí para ella, incluso si no tenía las palabras adecuadas para hacerlo. Honestamente, me estaba asegurando que ella también estaba allí, porque sabía que mi pesadilla momentánea continuaría atormentándome esta noche y necesitaría un recordatorio tangible de su presencia más tarde.

Sentí su sollozo romper contra mi pecho, y no traté de callar su llanto porque ella merecía derramar sus lágrimas y dejar salir sus emociones por completo. Simplemente la abracé más contra mí mientras me ofrecía sus miedos, uno por uno.

—No quiero estar así. Quiero ser como los demás. Quiero que mi mente sea... normal. Normal para los estándares de Rose, quiero decir. No quiero perder el control. No quiero... no quiero ser como Anna y matarme. Me encanta estar viva. Moriría para salvar a mis amigos, pero espero que eso no suceda. Espero que todos vivamos vidas largas y felices. Como dijo Lissa, una gran familia feliz. Hay tanto que quiero hacer, pero tengo tanto miedo... miedo de ser como ella... miedo de no ser capaz de detenerlo...

—Eso no va a suceder, —le prometí mientras hundía mi cara en su cabello, dejando que el aroma me consolara y escondiendo mi miedo en mi propia máscara mientras trataba de mantenerme fuerte por su bien—. Eres salvaje e impulsiva, pero al final del día, eres una de las personas más fuertes que conozco. Incluso si te pasa lo mismo que a Anna, y no creo que sea así, ustedes dos no compartirán el mismo destino.

Me aparté un poco, metiendo su cabello detrás de su oreja y limpiando una lágrima perdida de su mejilla. Intentó darse la vuelta automáticamente, como si simplemente reconocer que podía llorar fuera un signo de debilidad, pero no lo permití, tomé su mejilla y giré su rostro para que me mirara a los ojos.

—También estás olvidando algo. Si estás en peligro por la magia de Lissa, al menos sabes por qué. Puedes pedirle que deje de usarla, y eso será el final de todo.

—¿Pero puedo pedirle que haga eso? —respondió, como si le hubiera sugerido que le pidiera a Lissa que cometiera traición por ella—. He sentido cómo la hace sentir la magia. No sé si puedo quitársela.

Sabía que Rose haría cualquier cosa para salvar a Lissa, pero no me había dado cuenta que haría cualquier cosa por Lissa, solo para hacerla feliz. Mi dedicación, incluso con Ivan, no había sido tanta—. ¿Incluso a costa de tu propia vida?

—Vladimir hizo grandes cosas, ella también podría hacerlo. —Su atención volvió a nuestras manos otra vez—. Además, ellos son primero, ¿verdad?

Vi su mano, mucho más pequeña en la mía. De alguna manera, parecía encajar perfectamente. Nunca esperé que ella entrara en mi vida, y si me hubieran dado la opción hace un año, no sé si sinceramente habría pedido que se cruzara en mi camino. Ella complicaba mi vida en formas que no podría haber empezado a imaginar el año pasado. Ahora, no creo que pudiera imaginar mi vida sin ella. No estaba seguro de querer probarlo.

Por lo tanto, aunque era mejor para Lissa que yo me fuera, y aunque esto podía hacer las cosas más difíciles para Rose y para mí, no había forma de que pudiera pedir que me re-asignaran, no ahora. Era egoísta poner mis propios deseos por encima de las necesidades de mi cargo, pero estaba dispuesto a ser egoísta. Iba a ponerme a mí primero. Y para mí, eso significaba que Rose era lo primero.

—No siempre. A veces, Rose, tienes que saber cuándo ponerte tú primero.

Ella me miró, con la boca abierta por la incredulidad, antes de negar con la cabeza—. No con Lissa.

Para mi sorpresa, de repente vi algo de enojo en sus ojos. Su mano se apartó de mí y traté de alcanzarla, intentando desesperadamente no volver a perderla—. Ella es tu amiga, lo entenderá, —le supliqué, jalando el chotki en su muñeca para demostrar mi punto.

No funcionó, solo la hizo enojar más—. ¡Es más que eso y, en todo caso, esto lo demuestra! Estoy unida a ella, tengo que proteger a los Dragomir, cueste lo que cueste.

—Lo sé, pero... —¿Qué podría decir? ¿Ella te necesita? ¿Yo te necesito? ¿Que su valor como persona era más que ser solo un escudo mortal para proteger a alguien de esta sociedad desordenada que se considera más importante, sin importar cuántas veces se nos haya forzado ésta información en nuestra mente cuando éramos niños?

Honestamente, al final sabía que no importaba porque nada de lo que dijera esta noche haría la diferencia. Había casi dieciocho años de entrenamiento en dónde le habían enseñado que tenía que darle su vida en su totalidad a Lissa. No solo eso, sino también el vínculo, que era incluso más fuerte que el entrenamiento.

Abruptamente, Rose se levantó, marcando el final de nuestra conversación. Solo podía esperar que no fuera el fin de cualquier progreso que hubiera hecho que ella confiara lo suficiente en mí como para abrirme las puertas de su alma—. Tengo que volver. Ya pasó el toque de queda.

—Y necesitas que te ayude a entrar o te meterás en problemas, —terminé por ella.

—Bueno, sí, estaba esperando que pudieras ayudarme. —Me lanzó una pequeña sonrisa y le ofrecí una irónica a cambio. Supongo que ella aún me necesitaba también.

—Vamos entonces.

El padre Andrew nos dio las buenas noches cuando nos fuimos, y le agradecí su hospitalidad. No era una caminata larga hacia los dormitorios de los dhampir, pero con el sol de la madrugada, era agradable y pacífico. A pesar de lo cansado que estaba y de lo cansada que sabía que debía de estar Rose, había una parte de mí que deseaba poder estar juntos un poco más. No estábamos hablando en este momento, pero incluso el silencio entre nosotros era amistoso, como antes solía ser. Nunca nos sentíamos obligados a llenarlo con charla ociosa. Simplemente estábamos contentos de estar en presencia el uno del otro. Sin embargo, tenía la tentación de tomar su mano una vez más, extrañando la sensación a la que me había acostumbrado en la capilla.

Una vez que llegamos a la recepción, la matrona apenas nos miró a Rose y a mí antes de hacerle señas diciéndole que podía entrar. Había utilizado la excusa de una "práctica por la tarde" lo suficiente como para que, mientras yo la estuviera acompañando, apenas la cuestionaran.

Sin embargo, antes de girar para tomar las escaleras hacia su habitación, vi a Yuri afuera, dirigiéndose hacia los mismos apartamentos a los que me dirigiría en un momento. Le rocé la espalda a Rose, tirando de su chaqueta como una señal silenciosa para que se quedara quieta por un momento antes de que yo girase y abriera la puerta del vestíbulo para llamarlo.

—Has estado trabajando en la seguridad del campus, ¿verdad? ¿Cuándo fue la última vez que colocaron las nuevas guardas?

Las cejas de Yuri se fruncieron ante la pregunta, la cual era bastante extraña dado que yo podía acceder a la información fácilmente desde mi teléfono con solo unos pocos clics. Sin embargo, sabía que Rose se beneficiaría de escuchar a otra persona decirle lo que necesitaba escuchar—. Hace un par de días. ¿Por qué?

—Sólo curiosidad. —Le lancé una mirada comprensiva, solo para asegurarme de que ella entendía. Rose asintió con la cabeza, sonriéndole a Yuri que parecía más confundido que nunca por nuestro intercambio de miradas, antes de doblar la esquina y desaparecer.

Una vez que se hubo ido, Yuri y yo caminamos alrededor del edificio hacia los apartamentos de los guardianes.

—¿A que se debió todo eso?

—Rose solo tenía algunas preguntas sobre la seguridad del campus, eso es todo. —Le respondí, esperando que no insistiera en el asunto.

—¿Y tu palabra no era lo suficientemente buena para ella?

—Ella cree en mi palabra, pero tu confirmación la reforzó.

Él asintió, sin agregar nada más. Los dos optamos por las escaleras, a pesar de la hora, y no fue hasta que estuvimos en mi piso, y que él estaba a punto de subir el último piso extra hasta su habitación, que volvió a hablar.

—Se veía triste, Dimitri, y un poco asustada.

Sentí que mi mandíbula se aflojaba, sin saber cómo responder. Pero antes de que pudiera decir nada, él continuó.

—Eso podría no haberme preocupado tanto, excepto que tú también luces así. Estás asustado y triste por ella. Te juro que ustedes dos son tan duros como la piedra hasta... —se interrumpió, dejando el resto sin terminar a excepción de un encogimiento de hombros y una sonrisa torcida—. Espero que las cosas funcionen para ustedes dos, no importa qué sea lo que decidas.


Chicas, aquí está el capítulo de hoy. ¿Qué les pareció? Parece ser que nuestro Dios Ruso también sufre. La primera vez que leí el libro original pensé que Dimitri era demasiado racional, que trataba de buscarle la lógica a todo, y eso de cierta manera me parecía un poco incoherente dado el hecho de que vivía rodeado de vampiros. Pero ahora creo que sólo estaba atravesando una etapa de negación, no era a Rose a quien quería convencer de que solo estaba estresada y no volviéndose loca. A quien estaba tratando de convencer realmente era a sí mismo.

También me encantó el momento en que Dimitri decide que Rose es más importante para él y que está dispuesto a ser egoísta con respecto a ese tema y quedarse con ella (literalmente lancé mi puño al aire y grité: ¡Por fin!, pero mi entusiasmo se acabó cuando recordé cómo termina este libro) Aún sigo sin perdonarle todo mi dolor a Richelle Mead.

¿Ustedes que opinan de todo esto? Déjenme sus opiniones en los comentarios. Me encanta leer sus fangirleos, me hacen sentirme un poco menos loca y siento que hay alguien más en éste mundo que me comprende :D

Cuídense mucho, y nos leemos en el siguiente capítulo.