Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Advertencia: Recuerden que la clasificación del fanfic es "M" lo que significa que contiene escenas sexuales explícitas. Si éste tipo de escenas no te gustan, te recomendaría que leyeras sólo el final del capítulo.
Capítulo 22
—Podemos hacer esto fácil o difícil. —Mi voz era dura, compensando en exceso lo difícil que era para mí arrastrar a Rose por el brazo hacia el bosque, lejos de las miradas indiscretas de los demás. Rose se apartó, viendo el carro de golf que transportaba a Jesse y al equipo médico antes de desaparecer en la distancia hacia la enfermería, y afirmé mi agarre sobre ella—. No hay forma de que te deje poner las manos sobre Jesse. Además, se lo están llevando a la enfermería, así que no podrás acercarte a él. Si puedes aceptar eso, te soltaré. Pero si tratas de escapar, sabes que te sujetaré nuevamente.
Sus pasos se ralentizaron, vacilando ligeramente mientras consideraba sus opciones—. Está bien.
Aflojé ligeramente mi agarre, probando si me decía la verdad. No recuerdo la última vez que me había sentido inseguro de creer en la palabra de Rose. Cuando no intentó escapar de mí inmediatamente, la solté por completo y me permití relajarme un poco. Todavía no estaba seguro de qué esperar de ella de un momento a otro, pero por ahora parecía al menos algo estable.
—Alberta te dijo que me llevaras a limpiarme las heridas, ¿vamos a la enfermería? —A pesar de que su voz había estado llena de ira y odio un momento antes, ahora estaba completamente fría y sin ningún sentimiento. El cambio no fue tranquilizador.
—Buen intento, —gruñí, enmascarando mi nerviosismo—. No te dejaré estar cerca de él. Te curaré las heridas en otro lugar. —La pregunta era... dónde. Quería mantenerla lejos de la gente tanto como fuera posible, no sólo por su seguridad, sino también para evitar que los rumores se propagaran más rápido. Sabía que no podría protegerla por completo de eso, pero podría tratar de hacerlo tanto como fuera posible.
Sin embargo, ¿importaría? Mis pasos vacilaron ligeramente antes de continuar por el borde del campus. La cabaña en la que Tasha se había alojado durante las vacaciones estaba por aquí y, aunque hacía tiempo que no había estado allí, estaba bastante seguro de que ella había dejado el lugar bastante abastecido antes de partir.
Sin embargo, mis pensamientos seguían enfocados en el asunto más apremiante que tenía entre manos, mientras ocasionalmente urgía a Rose a seguirme. Había atacado físicamente a un estudiante Moroi de la realeza, y había amenazado de muerte a otro. Lamentablemente había habido múltiples testigos. Incluso con la excusa de sus problemas emocionales, no creo que hubiera una manera de revertir esto. No creo que hubiera algo que Alberta, su consejero, o yo pudiéramos hacer para salvarla de la expulsión. Rose... no sería una guardiana. No había forma de que lo permitieran. Así no.
¿Cómo podrían hacerle eso?
¿Cómo se lo diría?
¿Qué significaría esto para ella?
Lo primero es lo primero, me recordé a mí mismo, abriendo la puerta de la pequeña cabaña. La pequeña corriente de aire fue suficiente para crear un fuerte frío en el interior, pero no lo suficiente como para evitar que el polvo se depositara sobre cada superficie plana. Las motas de polvo se arremolinaban con nuestros pasos, repentinamente perturbadas por nuestra presencia.
—Siéntate. —Rose se movió hacia la cama por sugerencia mía, pasando sus manos sobre la manta acolchada que le había dado a Tasha después de que se quejara de lo frío que era este lugar. La casa de mi infancia estaba llena de mantas cosidas a mano, y mi madre me había enviado varias a lo largo del año. Prestarle una a Tasha no había sido un sacrificio.
Me acerqué a la chimenea con la esperanza de librar a la vieja cabaña del intenso frío. Solo me tomó un minuto o dos encenderla y el alivio fue inmediato. Encontrar el botiquín de primeros auxilios y otros suministros fue un poco más difícil, pero eventualmente encontré todo lo que necesitaba y coloqué una silla frente a Rose.
—Tienes que dejarme ir, —me suplicó—. ¿No lo ves? ¿No ves que Jesse tiene que pagar? —Cuando no respondí de inmediato, pude escuchar que su enojo comenzaba a elevarse nuevamente—. ¡La torturó! Le hizo cosas horribles.
Abrí el paquete de gasas y mojé una con la botella de agua, sin confiar en los paños viejos de la cocina. Sí, la posibilidad de infección era mínima, pero no iba a arriesgarme. Cuando comencé a lavar algo de la sangre y la suciedad de su frente, no pude evitar recordar donde habíamos estado hace una semana. Ella y yo, sentados así en el baño del gimnasio, pero había sido ella quien me había curado a mí. La sensación del contacto de sus dedos ardiendo en mi piel había perdurado durante días, y en este momento parecía que Rose apenas podía darse cuenta que yo estaba aquí.
—Será castigado, créeme. Y los demás también.
—¿Con qué? ¿Detención? —Preguntó Rose, la decepción y la amargura inundaban su voz—. Esto es igual de grave que lo que hizo Víctor Dashkov. ¡Nadie hace nada aquí! La gente comete crímenes y se sale con la suya. Él y los demás tienen que sufrir.
Observé, completamente aturdido, mientras sus ojos se llenaban de oscuridad... todo ese dolor, ira y odio puros dilataban sus pupilas hasta que todo el calor que había llegado a adorar en ellos se esfumó—. Rose, sé que estás molesta, pero sabes que no castigamos a la gente así. Es... salvaje.
—¿Sí? ¿Y qué hay de malo en eso? Apuesto a que eso les impediría volver a hacerlo. —Comenzó a inquietarse en mis brazos, incapaz de contener sus nervios–. ¡Necesitan sufrir por lo que hicieron! ¡Y yo quiero ser quien los haga pagar por ello! ¡Quiero lastimarlos a todos! ¡Quiero matarlos a todos!
Rose pasó junto a mí, dando medio paso hacia la puerta antes de que la empujara de vuelta a la cama con la fuerza suficiente para hacer que ésta arañara las viejas tablas de madera del piso.
—¡Rose, tienes que salir de esto! —Le había gritado a menudo durante los últimos meses, gritándole órdenes mientras entrenaba, y gritándole comandos mientras practicábamos. Sin embargo, esta era la primera vez que realmente le había levantado la voz. Había visto la forma en que mi madre se había encogido ante las duras palabras de mi padre con terror, y yo nunca había querido ser cómo ese hombre. Sin embargo, Rose era quién más me asustaba en éste momento—. No estás hablando en serio. Has estado estresada y bajo mucha presión, y eso está empeorando un hecho que por sí sólo ya es bastante terrible.
—¡Ya basta! —Rose tiró de su cabello y gimió—. Lo estás haciendo otra vez, como siempre lo haces. Siempre eres tan razonable, sin importar qué tan horribles sean las cosas. ¿Qué hay de la vez que querías matar a Víctor en prisión? ¿Por qué eso estaba bien, pero esto no?
—Porque eso fue una exageración. Tú lo sabes. —No lo había sido, no realmente—. Pero esto... esto es algo diferente. Hay algo mal contigo en este momento.
—¡No, al contrario, hay algo bien en mí! ¡Soy la única que quiere hacer algo aquí! —Rose me miró de arriba a abajo antes de darse la vuelta como si ya no pudiera soportar mirarme. Cuando volvió a hablar, su voz era más suave, más tranquila—. Si eso está mal, lo siento. ¡Sigues queriendo que yo sea una persona imposible, una persona buena, pero no lo soy! No soy una santa como tú.
—Ninguno de nosotros es un santo. —Si tan solo ella supiera algunos de mis muchos pecados—. Créeme, yo no...
Rose había estado esperando que mirara hacia otro lado, que me relajara ante una falsa sensación de seguridad antes de correr, y yo había caído directamente en su trampa. Sin embargo, seguía siendo más fuerte que ella, y no avanzó ni siquiera dos metros antes de que la tuviera en mis brazos y la arrojara bruscamente de nuevo sobre la cama, arrojándome sobre ella. No iba a cometer el mismo error otra vez. Utilicé todo mi cuerpo para inmovilizarla, asegurándome de que no sería capaz de moverse de ese lugar hasta que sintiera que estaba completamente bajo control y la dejara levantarse. Sin embargo, Rose se retorció debajo de mí, pateando y luchando inútilmente contra mis extremidades y luchando aún más fuerte contra la incomodidad del colchón.
—¡Déjame ir! —Probablemente la había escuchado gritar esa frase más de cien veces esta noche, pero no iba a ceder. Ni siquiera cuando maldijo mi nombre.
—No. No hasta que salgas de esto. —Rose comenzó a retorcerse de una forma poco natural debajo de mí y tuve que ajustar mi agarre para evitar que se rompiera el brazo. El hecho de que estuviera dispuesta a llegar tan lejos solo para escapar de mí era completamente aterrador—. Esta no eres tú.
Parecía prácticamente poseída, escupiendo sus palabras sin importar con quién estaba hablando en realidad—. ¡Sí soy yo! ¡Déjame ir!
—No es cierto, tú no eres así. —Le rogué, suplicándole que lo entendiera. Ella era Rose, mi Roza, no esta cosa oscura que estaba tomando posesión de ella—. ¡No eres tú! ¡No eres tú!
—¡Estás equivocado! Sí soy…
Sus palabras se detuvieron, su lucha se ralentizó, su respiración se estabilizó un poco y esperé... sin estar seguro de si debería estar esperanzado o aterrorizado de lo que encontraría cuando volviera a mirar a Rose a los ojos.
Cuando sus pestañas finalmente se abrieron, el chocolate puro y cálido que había llegado a conocer había regresado, aunque lleno de miedo e incertidumbre. Sin embargo, era mejor que la rabia asesina anterior.
—¿Rose?
—Oh, Dios mío, —su voz se estremeció, y sus ojos se llenaron con una nueva ola de lágrimas. Sus palabras sonaban casi como ella de nuevo, pero aún no sabía si confiar en ellas.
—¿Rose? —Ahuequé su mejilla suavemente, limpiando sus lágrimas—. ¿Estás bien?
Ella asintió, apretando fuertemente los labios y los ojos por el esfuerzo de un movimiento tan simple—. Yo... creo que sí. Por ahora. —Casi de inmediato, su cuerpo comenzó a temblar de miedo y conmoción.
El alivio me inundó—. Ya pasó, —declaré, más por mi bien que por el suyo. Le quité el pelo de la cara, tratando desesperadamente de mirar a los ojos que representaban mi consuelo—. Ya pasó. Todo está bien.
Sin embargo, Rose se negó a mirarme a los ojos, haciendo todo lo posible por evadir mi mirada—. No. No es así. Tú... no entiendes. —Su desesperación era casi tan desgarradora como lo había sido su rabia asesina—. Es cierto, todo lo que me preocupa. Lo de Anna, y absorber la locura del Espíritu. Está sucediendo, Dimitri.
Comencé a sacudir la cabeza, sin querer creerlo. No Rose. No mi Roza. No la perdería. Me negaba a hacerlo. Pero mi determinación simplemente la alteró.
—Lissa perdió el control con Jesse. Estaba totalmente fuera de sí, pero logré que se calmara porque absorbí su rabia. Y fue... fue horrible. Fue como si yo fuera, no sé, una marioneta. No pude controlarme.
—Eres fuerte, —traté de razonar con ella—. No volverá a suceder.
—¡No! —Su voz me suplicaba que lo entendiera, que lo viera, pero no podía. No quería permitir que esta locura la consumiera, que se apoderara de ella. Se trataba de algo que estaba fuera de mi control y aparentemente también del de ella—. Volverá a suceder. Me pasará lo mismo que a Anna. Cada vez empeoraré más y más. Esta vez fue sed de sangre y odio. Quería destruirlos. Necesitaba destruirlos. ¿La próxima vez? No sé. Tal vez sólo sea locura, como la de la señorita Karp. Tal vez ya estoy loca, y es por eso que veo a Mason. Tal vez será depresión como la que solía tener Lissa. Seguiré cayendo y cayendo en un pozo sin fondo, y luego me pasará lo mismo que a Anna y me mataré…
—No, —interrumpí suavemente, pero con firmeza, sin voluntad e incapaz de imaginar un futuro donde ella no era parte de mi mundo—. No te va a pasar eso. Eres demasiado fuerte. Lucharás contra la oscuridad, tal como lo hiciste esta vez. —Nuestras caras estaban tan cerca ahora, nuestros susurros a tan solo un suspiro de distancia y nuestras frentes casi tocándose.
Prácticamente podía ver mi propio reflejo en sus lágrimas mientras se reunían en sus pestañas antes de deslizarse por sus mejillas—. Sólo lo logré porque estabas aquí conmigo. No podré hacerlo sola.
Su desesperanza, el que estuviera considerando ni siquiera intentarlo, me dolía hasta el corazón. La apreté contra mí para que estuviera segura y protegida contra mi pecho, y enterré mi cara en su cabello—. Si podrás, —le prometí—. Eres fuerte, mucho muy fuerte. Es por eso que te amo.
Para ser algo que difícilmente podía admitir ante mí mismo, mucho menos ante alguien más, decirle a Rose que la amaba fue tan simple que el pronunciar esas palabras fue casi un alivio para mí. ¿Y por qué no debería ser así? Era la verdad, simple y llanamente. Aún así, sentía como si un secreto, que innecesariamente le había estado ocultando, finalmente hubiera sido revelado, y al instante me sentí más ligero por ello, incluso en esta horrible circunstancia.
Sin embargo, si esperaba alguna fanfarria, hubiera estado completamente equivocado. No había una orquesta tocando suavemente de fondo, mientras ella de repente me confesaba que también me amaba. No hubo una escena dramática como las de las películas o mis novelas. Rose solo apretó mi camisa más fuerte en su puño, negando con la cabeza ante mis palabras.
—No deberías hacerlo. Me voy a convertir en algo terrible. Puede que ya lo sea.
Nunca. La aparté de mí, forzándola a ver la verdad en mis ojos. Ella necesitaba saber que sin importar qué, siempre, siempre estaría allí para traerla de vuelta—. No es así. Eso nunca sucederá. No lo permitiré. Sin importar qué pase, no lo permitiré.
La observé, estable y concentrada, mientras su mirada se movía de un lado a otro buscando cualquier señal de mentira. Había sido defraudada antes, por otros e incluso por mí mismo, así que no sentí ninguna ofensa personal por su duda, pero pude ver el momento en que encontró lo que estaba buscando: la devoción perfecta, honesta, cien por ciento completa y total que sentía por ella.
Porque en ese momento lo supe. Supe que Rose era todo para mí. Ella era mi mejor amiga y mi confidente. Me hacía sacar la mejor versión de mí mismo y me hacía esforzarme por ser un poco mejor todos los días solo por ella. Ella era mi amor y, cuando estuviera lista, sería un honor para mí ser su amante. Ella era mi compañera y mi igual. Ella me volvía loco en más formas de las que podía imaginar y me hacía sentir más en paz que cualquier otra cosa. Ella era mi alegría y mi esperanza. Estaría perdido sin ella, y no estaría realmente vivo hasta que ésta chica salvaje entrara en mi vida. La amaba con cada fibra de mi ser.
Y finalmente ella lo sabía.
Vi una pequeña sonrisa en sus labios, la primera que había visto en toda la noche, antes de que esa sonrisa se uniera a la mía. El beso fue gentil, casi un contraste directo con la desesperación, la rabia y la oscuridad que habían llenado esta noche hasta ahora. De hecho, fue probablemente el primer beso que compartimos y que no estaba lleno de ningún tipo de desesperación o frustración. Estaba tan acostumbrado a estar preocupado por lo mal que era el hecho de besarla, que nunca me había permitido disfrutar realmente de la cercanía real que surgía con el acto.
Así que ésta vez lo hice. Pasé mis dedos por su pelo, saboreé sus labios completamente, escuché su ligera risita cuando rocé mi nariz contra las suaves pecas de su mejilla, disfruté la sensación de su cuerpo presionado contra el mío y susurré su nombre en la quietud a nuestro alrededor. Todos los momentos que había sacrificado en búsqueda de lo que era "correcto," finalmente estaban siendo nuestros.
Esa dulce simplicidad solo duró unos minutos antes de que un calor más poderoso comenzara a desarrollarse entre nosotros. Sus risitas se convirtieron en gemidos cuando mis manos comenzaron a vagar un poco más atrevidamente sobre su cuerpo. Una desesperación, una totalmente diferente de la que habíamos sentido momentos antes, pero igual de fuerte y abrazadora, comenzó a arrastrarnos hacia abajo mientras caíamos más profundamente contra la cama.
Las manos de Roza se aferraron a mis hombros, manteniéndome cerca. Envolví sus piernas alrededor de mí, deseando que supiera el efecto que siempre ha tenido sobre mí y saboreé el gemido que exclamó cuando me sintió presionar contra su centro.
La pausa resultante en su respiración fue suficiente para tranquilizarme momentáneamente, al menos lo suficiente como para recordar que Rose aún era muy joven, incluso menor de edad, y había un millón de razones por las que no deberíamos hacer esto... y una increíble razón por la que deberíamos hacerlo.
—No podemos... —pero oh, cómo lo deseaba, estaba tan cansado de...
—Lo sé. —Y realmente lo sabía. Ella siempre sabía mis palabras no dichas, incluso mejor que yo.
Así que cuando mis labios encontraron los suyos, supe que ella estaba lista, que los dos lo estábamos, y que no había necesidad de dar marcha atrás o seguir cuestionando nuestras acciones. Ella era mía y yo era de ella. Lo había sido desde el momento en que Rose entró en mi vida, estuviera dispuesto o no a admitirlo.
Me deshice de nuestra ropa con bastante rapidez, más de lo que probablemente lo habría hecho en una circunstancia normal, pero el recordatorio de la tela rasgada y manchada de sangre era lo último que quería cerca de nosotros en este momento. Este momento era nuestro, no quería que fuese arruinado por alguna fuerza externa que intentaba separarnos más allá de estos muros.
Rose parecía tan ansiosa como yo, tirando de mi camisa sobre mi cabeza tan rápido que apenas tuve que romper el contacto con ella para quitármela. Su relativa inocencia era evidente en algunas áreas, recordándome que ella aún era nueva en todo esto. Luchó dulcemente con la hebilla de mi cinturón por un momento antes de que yo lo desabrochara con una mano y apartara el ofensivo objeto. También se sonrojó cuando revelé el sostén deportivo y práctico que se había puesto. Estaba seguro de que, si hubiera sabido a qué la conduciría esta noche, hubiera preferido algo más atractivo, pero había habido tantas prácticas vespertinas en las que la había visto con estos sostenes, tal vez incluso éste mismo, en las que había tenido que contenerme para no arrojarme sobre ella. Retiré la provocativa prenda de su corazón y besé la piel recién revelada, mirándola a los ojos mientras lo hacía.
De muchas maneras, esto no era lo que yo hubiera planeado para nosotros. Nunca la habría llevado a una cabaña abandonada, polvorienta y con corrientes de aire, después de una batalla. La habría llevado a una cita adecuada, lejos de la Academia. De hecho, la habría llevado a varias citas en realidad. Ella merecía ser cortejada. Tendría que esperar hasta después de la graduación o al menos hasta después de su cumpleaños la próxima semana. Y a pesar del riesgo inexistente, me hubiera gustado, al menos, ofrecer protección ahora mismo. Era grosero asumir algo antes de discutir el asunto con ella, y maldije el hecho de que ya no llevaba condones conmigo regularmente. Lo había hecho durante el corto tiempo que Tasha había estado aquí de visita, pero había arrojado el paquete vergonzosamente a mi mesita de noche cuando me di cuenta del enorme error que había estado apunto de cometer.
Así que no, ésta no era la situación perfecta que me hubiera gustado. Pero al final, no importaba. No importaba si había planeado algo con flores o velas, porque el elemento más importante era ella. Todo lo que había hecho antes, cada persona con la que había estado antes, nada de eso importaba porque ahora Rose era mi mundo.
Y ella era hermosa. Mi Roza había hecho que todo en el mundo pareciera mucho más maravilloso, pero al mismo tiempo había eclipsado a todo lo demás. Al verla ahora, desnuda ante mí, tan vulnerable de una manera que sabía que sólo yo la había visto, no pude evitar dar gracias al destino por habernos unido.
Le rendí mis alabanzas con un beso en el valle entre sus pechos, sonriendo ante la rápida subida y caída de su pecho con cada respiración, mientras mi mano serpenteaba por su estómago. Mirar y sentir su reacción a cada uno de mis toques era casi tan emocionante como saber lo que vendría pronto. Cada estremecimiento, cada mirada anhelante, cada sonido que hacía, todo me hacía sentir cada vez más agradecido de que me hubiera elegido a mí. Ella podría tener a cualquiera, y yo sabía que se merecía mucho más, pero me había elegido a mí.
Sin embargo, nada me emocionó más que cuando capturó su labio inferior entre sus dientes en el mismo momento en que mis dedos rozaban su botón por primera vez. La había visto morderse el labio miles de veces antes; cuando estaba enojada, cuando estaba pensando en un problema, cuando retenía un pensamiento sarcástico, e incluso en los raros momentos en que nos permitíamos un momento de flirteo entre nosotros. El saber ahora que yo, que el éxtasis que le estaba dando, era suficiente para causar esa mirada…
Seguí adelante, manteniendo mi mano en su lugar para continuar dándole placer mientras liberaba su hinchado labio de sus confines. Sus dedos se clavaron en mí ansiosamente, manteniéndome lo más cerca posible, como si pudiera desaparecer en cualquier momento si me soltaba. Una parte de mí quería asegurarle que no pensaba ir a ninguna parte, pero no valía la pena gastar el aliento en eso. Preferí probárselo con mis acciones.
Su respiración era irregular, salpicada de suaves gemidos. Ocasionalmente, tuve la bendición de escuchar mi nombre entre todos ellos, pero sus quejidos en el aire inmóvil eran más que suficiente para mí. Mis labios bailaron sobre su piel, buscando cualquier centímetro de piel que no había sido bautizada por mis besos. Sus mejillas, sus ojos, su cuello, su escote, sus hombros, sus pechos, cualquier cosa y todo lo que pudiera alcanzar.
—Di… Dimitri. Por favor. —Sus caderas se movieron hacia adelante, buscando más, incluso si ella no sabía qué era exactamente lo que estaba buscando. Sin embargo, yo si lo sabía. Sabía lo que su cuerpo ansiaba, y tenía la intención de satisfacer cada deseo que nos había negado a ambos durante demasiado tiempo.
Dejé que mi mano bajara más, deslizándome más allá del punto en el que me había enfocado tan suavemente, para separar sus labios y presionar tentativamente un solo dedo dentro de ella. Estaba tan mojada, pero también muy estrecha. No pude evitar gemir mientras ella me animaba con un pequeño empujón y un suspiro de placer.
—Oh, Dios, sí.
Cambié mi posición sobre ella, escondiendo mi cara en su cuello y descansando mis caderas contra su muslo. Necesitaba un poco de fricción, solo un poco. Había pasado tanto tiempo… y tener a Roza tan cerca me estaba volviendo loco, pero estaba decidido a asegurarme de que esto fuera lo más increíble posible para ella. Eso significaba tomar las cosas más lentamente, asegurándome de que estuviera lista. Su placer sería primero, ahora y siempre.
La sensación de su cuerpo tensándose y relajándose debajo de mí, acercándose simultáneamente a su clímax mientras se sentía más y más cómoda conmigo, con nosotros dos juntos, con cada movimiento que pasaba, era gloriosa. Cuando comenzó a gimotear, sin decir palabra alguna, pidiendo alivio, introduje otro dedo en ella y la besé para avivar su repentina falta de aliento.
Sus piernas se levantaron, sus tobillos se engancharon alrededor de mi cintura para mantener mi cuerpo cerca y atrapar mi mano en su lugar entre sus muslos. Una de sus manos se enredó en mi pelo, y la otra se apoderó de mi hombro. Con mi mano libre le acaricié suavemente la mejilla antes de acelerar mi agresivo ataque contra ella con la otra.
En el momento en que supe que ella estallaría, cuando pude sentir su cuerpo comenzar a latir alrededor de mis dedos y comenzar a desestabilizar por completo mi deseo por primera vez, presioné suavemente su clítoris con mi pulgar, desencadenando su orgasmo e intensificándolo al mismo tiempo.
Sin embargo, más importante aún, la observé, tratando de grabar éste momento en mi memoria. No quería olvidar la expresión de sorpresa en su rostro cuando las primeras oleadas de euforia se apoderaron de ella, ni el sonido de su voz cuando trató de decir mi nombre, o cómo éste se perdió en una plegaria al cielo. Luego llegó el momento en que todo se volvió tan abrumador que no pudo soportar mantener los ojos abiertos por más tiempo, ni siquiera para mirarme, y con una sonrisa sus ojos se cerraron. Sin embargo, no podía usar su placer contra ella, no cuando era yo quien estaba tan ansioso por proporcionárselo. Mientras los últimos temblores de éxtasis seguían su curso, masajeados suavemente por mi mano ahuecada contra su sexo, simplemente admiré al ángel en mis brazos.
—Я тебя люблю всем своим сердца и души.
Totalmente relajada contra la almohada, Rose contestó a mis palabras con un murmuro inquisitivo y un par de cejas levantadas.
Me reí suavemente, besando la tentadora piel de su abdomen. Quizás ella no era la única que estaba aturdida por el placer. Ni siquiera me había dado cuenta de que había hablado en ruso—. Dije: "Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma," Roza. Hasta la última parte de mí te pertenece.
Rose sonrió, sin contestar con palabras, pero llevándome gentilmente hasta sus labios, poniendo mi promesa a prueba. El beso fue perezoso, con ella aún saciada, pero rápidamente se volvió más y más voraz con cada momento que pasaba.
—No tenemos que ir más lejos, Rose. Hoy no. Puedo esperar todo el tiempo que quieras…
—No, —interrumpió ella, desesperada e impaciente—. No, soy tuya. Soy tuya, y tú eres mío. Ahora muéstramelo.
Todo lo que pude hacer fue asentir con la cabeza, rendido a su entera disposición. Volví a subir por su cuerpo, marcando mi camino con mis labios y mi lengua a través de la extensión de su piel y saboreando su sabor. Mis dientes mordieron suavemente la curva de sus pechos, calmando la mordida con un beso de disculpa un momento después.
Nos movimos una vez más y pude ver la emoción en el semblante de Rose mientras me rozaba contra ella. También pude ver un poco de preocupación, nerviosismo tal vez, pero fueron disipados por su confianza. Confiaba en que yo cuidaría de ella.
Deslicé mis dedos suavemente entre sus pliegues una vez más, comprobando una última vez para asegurarme de que estaba físicamente lista para mí antes de usar su propia excitación para lubricarme. Con un último beso y una promesa susurrada, me coloqué en su entrada y presioné hacia adelante firmemente.
Cuando la sentí tensarse a mi alrededor, seguido de un chillido de protesta, me detuve. Los ojos de Rose estaban cerrados por la frustración. Su mente estaba dispuesta, pero su cuerpo rechazaba mi invasión.
—Shh, —besé la lágrima que se le formaba en el rabillo del ojo—. Respira, solo respira. Es como un nuevo estiramiento en nuestras prácticas. Respira hasta que te acostumbres. Yo te tengo, estoy aquí.
Me mantuve inmóvil, contando su respiración y jugando con su cabello para distraerla hasta que finalmente la sentí calmarse debajo de mí y la vi asentir suavemente. Con una rápida embestida final, me enfundé completamente dentro de ella. Los dos estábamos sin aliento, Rose por mi invasión, y yo por su estrechez. La abracé, luchando contra el impulso de moverme dentro de ella mientras le permitía tomar el control de nuestro ritmo.
El suave movimiento de sus caderas contra las mías me estaba volviendo loco, cada sensación aumentada diez veces por la intensidad entre nosotros. Incluso su aliento, caliente y pesado en mi cuello, era suficiente para volverme loco. Y cuanto más audaz se volvía en sus movimientos, más difícil era para mí mantener mi autocontrol.
Comencé a cantar su nombre, incapaz de pensar o formar cualquier otra palabra, ruso o español, por el momento. Rose, incapaz de decir nada, simplemente gritó de placer una y otra vez mientras empujaba dentro de ella, con la cabeza echada hacia atrás contra la almohada.
No me llevó mucho tiempo sentir el comienzo de las contracciones dentro de ella, el suave apretón que indicaba que estaba casi tan cerca como yo. Sin embargo, no liberaría mi placer antes de que ella lo hiciera.
Dejé que mi mano se moviera una vez más entre nosotros, encontrando el pequeño punto que sabía que la llevaría al borde del éxtasis. Con apenas un roce, comenzó a retorcerse contra las sábanas, arañando mi trasero desnudo y presionándome más profundamente en su interior para encontrar su liberación.
Y lo hicimos, los dos juntos.
La sentí estremecerse, su cuerpo me abrazó y atrajo mi espíritu hacia ella mientras yo me vaciaba en su interior. De repente, me sentí débil y fuerte. Físicamente, estaba exhausto, pero nunca me había sentido más poderoso de lo que me sentí en el momento en que me miró con tanto amor y adoración. Sabía que estaba unido a ella para siempre. Tal vez no era lo mismo que su vínculo con Lissa, pero nuestra unión era igual de poderosa a su manera.
Puse mi frente contra su hombro, frotando descaradamente mi mejilla contra su pecho y saboreando la risa que provocó en ella. Mi cuerpo seguía cernido sobre ella, aún unidos para prolongar nuestra conexión tanto como fuera humanamente posible. Cuando esto ya no fue una opción, me acosté a su lado en la cama, metiéndola debajo de mi brazo y acercándola para sentir cada centímetro de su cuerpo contra el mío. Sin embargo, incluso eso no fue suficiente, por lo que mi otra mano asumió la tarea de rastrear cada curva de su cuerpo.
Cuando el frío comenzó a filtrarse nuevamente en la cabaña, robándonos el calor que habíamos creado juntos y recordándome el mundo exterior que yacía esperando detrás de esas paredes de troncos, jalé la vieja colcha deshilachada a nuestro alrededor en un intento de protegerla y proteger nuestro santuario un poco más.
—Te amo, Roza. —Besé su frente, pasando mis dedos por su cabello libremente—. Siempre estaré aquí para ti. No dejaré que te pase nada.
Sabía que esas palabras eran peligrosas, e incluso mientras las decía, sabía que era una promesa que no tenía forma de mantener, a pesar de mi sincero deseo de hacerlo. Estaba obligado por mi marca de la promesa a poner primero a Lissa, a poner primero a todos los Moroi. Podría morir en batalla o ser transferido para cuidar a un nuevo Moroi en cualquier momento, y no tendría voz ni voto en el asunto. Si alguien se enterara de lo nuestro, sin duda nos separarían sin pensarlo dos veces.
Además, todavía estaba el asunto de lo que había pasado con Rose anteriormente. Su quiebre por la oscuridad, o lo que sea que finalmente la había llevado a atacar a Ralph y a Jesse. La repercusión de eso no podía ser ignorada o pasada por alto, y sabía que en el momento en que regresáramos, habría una discusión seria con Alberta sobre su futuro aquí en la academia y como guardiana en general.
Sin embargo, no podía decirle eso, al menos no por ahora. No cuando me estaba mirando con tanta adoración, aún reluciente por nuestro reciente encuentro.
—Y yo no dejaré que te pase nada a ti. Yo también te amo.
La besé rápidamente, cortando cualquier otra palabra que intentara prometerme. Prefería vivir el presente, este momento, con ella. Incluso si éste no duraba para siempre, podría vivir con el recuerdo de este momento perfecto. Y si lo pensaba una y otra vez, tal vez comenzaría a creerlo.
Después de unos minutos de silencio, donde tan sólo se escuchaba nuestra respiración constante y el viento entre los árboles y las vigas, Rose habló.
—¿Recuerdas el encanto de lujuria de Víctor?
Mis dedos habían estado trazando patrones distraídos en su cabello, pero su comentario me detuvo y la miré inquisitivamente—. Por supuesto. —Primero podría olvidar el color del cielo que esa noche.
—No sabía que podría ser mejor. —Observé con asombro cómo su suave sonrisa, la sonrisa que parecía reservar sólo para mí, se extendía por su rostro. Sin embargo, rápidamente sus mejillas se tiñeron de rosa antes de esconder su cara en mi pecho desnudo, calmándose una vez que encontró el latido de mi corazón—. Pensaba en ello todo el tiempo... lo que pasó entre nosotros.
Me tomó medio segundo, pero una vez que me di cuenta de la razón de su repentino sonrojo, resistí el impulso de sonreír y me volví para mirarla completamente, envolviendo las mantas más cerca de nosotros.
—Yo también.
—¿De verdad? —La sorpresa en su voz era obvia y totalmente justificada. De acuerdo, prefería ver eso en ella que disgusto o ira, lo cual podría haber sido justificado—. Yo creía... no sé. Creía que eras demasiado disciplinado para eso. Pensé que tratarías de olvidarlo.
Me reí y mordisqueé su cuello. Un momento después lo rocé con un beso mientras ella se retorcía en mis brazos—. Rose, ¿cómo podría olvidar el estar desnudo con alguien tan hermosa como tú entre mis brazos? Me quedaba despierto muchas noches, recordando cada detalle. Me decía una y otra vez que estaba mal, pero eres imposible de olvidar.
Intenté olvidarlo al principio, intenté ser tan disciplinado como ella pensaba que era, controlar mis deseos e impulsos, especialmente después del encanto de lujuria... pero la verdad es que yo ya había estado perdido desde mucho antes de esa noche, incluso si no estaba dispuesto a admitirlo.
No es que el encargarnos de nuestras "necesidades" nosotros mismos fuera algo a lo que un guardián no estaba acostumbrado. A menudo era eso, o encuentros sin importancia de una noche, y esto último ciertamente no era lo mío, pero teníamos que arreglárnoslas de alguna manera. Después de todo, ésta era una vida solitaria. Pero nunca había tenido la intención de arrastrar a Rose a mis fantasías. Todo había comenzado con un destello de cabello oscuro, o una risa familiar que me sería difícil ubicar en el momento, o el aparente pensamiento inofensivo de tal vez... no... Solo una vez.
Por supuesto, eso cambió cuando Rose y yo nos volvimos más cercanos, y especialmente después del encanto de lujuria. Se volvió casi imposible para mí imaginar a cualquier otra mujer. El intentarlo sólo me conducía a la frustración al final. Por supuesto, el pensar en ella tampoco me había ayudado demasiado, ya que si me permitía hacerlo, solo terminaba lleno de desprecio por mi mismo. Atrapado en ese dilema, intenté prescindir de ello, y las frías duchas, la amargura y la abnegación resultantes me habían llevado, a menudo, a sacar mi frustración con ella, aunque no había sido su culpa en lo más mínimo. Eventualmente acepté mi humanidad y cedí a mi pecado privado, por el bien de mi propia cordura y por nuestra amistad en general. No podía seguir explotando contra ella a diario simplemente porque no podía lidiar con mi propia culpa.
Pero ahora esto, sabiendo lo hermosa que se veía, poder imaginarla con todos los detalles perfectos, sabía que no habría marcha atrás. La curva de sus pechos, los tres lunares en su hombro izquierdo, su cuerpo fuerte y firme, pero al mismo tiempo suave y femenino. No había forma de que fuera capaz de sacarla de mi mente. Nunca, nunca olvidaría la forma en que había gritado mi nombre cuando mi toque la llevó al paraíso, o cómo se iluminaban sus ojos cuando mordisqueaba sus pezones con mis labios. Nunca olvidaría la sensación de tenerla en mis brazos en este momento tranquilo que era solo nuestro, saboreando cada segundo que podía antes de tener que regresar a la realidad.
—Estás grabada a fuego en mi mente para siempre, —le prometí—. No hay nada, nada en este mundo que pueda cambiar eso.
Encontré mi zapato debajo de la cama, agradecido por la longitud de mis brazos cuando vi lo lejos que lo había pateado en mi prisa por desvestirme antes. Cuando salí de la cubierta de las mantas, pude ver a Rose tirando de su sostén sobre su cabeza. Fue una pena ver cada capa de tela ocultar otra pulgada de su piel que acababa de descubrir. Sin embargo, no teníamos tiempo de disfrutar del lujo de la privacidad. Habían pasado horas y alguien vendría a buscarnos pronto.
—Roza, ¿podrías darme mi camisa?
Miró por encima del hombro con una sonrisa antes de recoger el objeto en cuestión—. ¿Esta camisa?
Extendí mi mano mientras caminaba hacia mí, distrayéndome por el obvio balanceo de sus caderas, el cual sabía que era solo para mi beneficio. Justo antes de que pudiera tomarla, Rose la arrebató lejos de mi alcance.
—No... no creo que te la dé. Me gustas más así cómo estás. —Sus ojos recorrieron mi pecho desnudo, y me encantó la forma en que brillaban llenos de la misma chispa traviesa que tintaba su sonrisa.
—Roza... —mi voz era casi un gruñido bajo, pero mi advertencia era cualquier cosa menos amenazante. Pude ver el pensamiento en su mente, la flexión en sus piernas. Me moví hacia ella justo cuando ella comenzaba a correr, cogiéndola por la cintura y levantándola mientras reía sobre mi hombro. Roza cayó con un rebote en la cama, mi cuerpo sujetando el suyo contra el colchón.
En algún momento desde que la atrapé en el aire hasta que la aprisioné contra el colchón, había comenzado a reírme con Rose, y el sonido de los dos riendo tan despreocupadamente, incluso por un momento, fue casi tan embriagador como lo habían sido antes sus gemidos de placer. No podía decir cuál prefería, así que la besé hasta que provoqué otro gemido en sus labios.
Sus gemidos, decidí, definitivamente prefería su gemidos.
Vi como sus ojos se abrían de nuevo y sacaba su lengua para saborear el sabor de mi beso en sus labios—. ¿Por qué fue eso?
Por cada vez que debería haberte besado así. Dudé en decir las palabras en voz alta, no queriendo presionarla más. En las últimas dos horas, le había declarado mi amor y ella me había entregado su virginidad. Era mucho para que yo pudiera analizar todo lo sucedido por el momento, y solo podía imaginar que era demasiado para ella también, especialmente con todo lo demás. Sin embargo, no iba a insistir en el futuro, no cuando este momento era la perfección absoluta.
La miré, observando el latido del pulso en su cuello, la suave subida y bajada de su pecho con cada respiración, y la forma en que se retorcía ligeramente bajo mi escrutinio. Podía darme cuenta que aún no se sentía completamente cómoda estando tan expuesta ante mí, pero yo podría mirarla para siempre.
—Eres hermosa, Roza. Muy hermosa.
Ella se mordió el labio, mirando tímidamente lejos de mí. No entendía cómo podía siquiera cuestionarse cuán asombrosa era, cuánto me cautivaba.
Mi voz se convirtió en un susurro, atrayéndola hacia mí—. A una gran parte de mí le encantaría quedarse aquí contigo para siempre, en esta cama donde nadie podría encontrarnos.
Ella sonrió, pero también levantó sus dos cejas intentando levantar solo una, y eso me hizo levantar la mía.
—Buena elección de palabras, Camarada. —No lo entendí hasta un momento después cuando sus caderas se levantaron para encontrarse con las mías mientras se frotaba sugestivamente contra el bulto de mis jeans. El gruñido involuntario que salió de mi boca la hizo reír de nuevo.
Esta chica sería mi muerte, pero oh, qué muerte tan dulce sería. Mis labios se encontraron con los de ella una vez más, y sabía que pasarían unos minutos más antes de que estuviéramos listos para salir de esta cabaña.
Eventualmente, nos las arreglamos para vestirnos completamente. Rose se recogió el cabello en un desaliñado moño, ocultando efectivamente la evidencia de lo que le había hecho. Bueno, cualquier evidencia que no estuviera escondida debajo de su ropa, pensé con una sonrisa mientras recordaba la marca en su piel todavía enrojecida justo encima de su corazón donde la había mordido un poco más fuerte de lo debido. Me froté el cuello donde estaba seguro de que también había algunas marcas nuevas, y esperaba que se mezclaran lo suficiente con los moretones de la experiencia de campo que tenía en todas partes.
Arreglé las mantas de la cama, aparté mi pelo de mis ojos y maldije gentilmente el hecho de que mi lazo del pelo se hubiera perdido para siempre en algún lugar en el fondo de esas sábanas. Sin embargo había valido la pena. Cuando alisé el último pliegue de las mantas, pude ver a Rose mirando melancólicamente el lugar dónde mi mano se había detenido. Yo tampoco quería irme, pero ya era hora.
Me acerqué a ella y robé su atención una vez más con el roce de mi mano contra la de ella. Ella abrió su palma, permitiendo que nuestros dedos se entrelazaran mientras le ofrecía un último beso. Fue dulce y gentil, sin la desesperación que ambos habíamos sentido antes. Fue mi disculpa por el hecho de que no podíamos quedarnos aquí, y era mi promesa de que volveríamos.
Tomé una respiración profunda y abrí la puerta, dejando entrar el mundo exterior que nos rodeaba y adentrándonos en la oscuridad de la noche.
Caminamos tomados de la mano, aún sin estar del todo dispuestos a dejarnos ir. Su felicidad era contagiosa, calmando mis nervios y mi preocupación mientras nos acercábamos cada vez más a la Academia. No tenía ni idea de qué pasaría de aquí en adelante, pero era obvio que tendríamos que hablar sobre lo que acababa de suceder y lo que sucedería pronto.
Mientras caminábamos, comencé a formular planes en mi mente. Obviamente lucharía duro para mantener a Rose en la Academia, para que la escuela le permitiera permanecer en la carrera para convertirse en Guardiana o al menos para graduarse. Sin embargo, si esto no era posible, si la expulsión era la única opción, sabía que tenía suficientes ahorros para comprar un boleto de ida a Baia. Había esperado ir a casa pronto, pero un boleto de último minuto sería más caro. Además, dudaba que la escuela me permitiera acompañarla a Rusia. No era exactamente como esperaba presentar a Rose ante mi familia, pero preferiría enviarla allí y saber que estaba a salvo, que preocuparme por que estuviera sola. Sabía que mi madre se ocuparía de ella, y tan pronto como pudiera, iría a verla. Una vez que las cosas se resolvieran... encontraríamos la forma de arreglar lo nuestro...
De repente, Rose se detuvo, tirando de mi mano detrás mientras yo trataba de avanzar.
Sin embargo, ella no me estaba viendo a mí, ni a nada más por lo que pude ver. Se veía pálida y algo enferma. Por un momento me pregunté si había terminado de asimilar todo y ahora estaba lamentando lo que había pasado entre nosotros.
—¿Qué pasa?
—¿Lo ves? —Su susurro aterrorizado me cortó el alma.
Intenté ver lo que ella estaba viendo, pero no había nada excepto el aire delante de ella—. ¿Ver a quién?
—Masón.
Tal vez estaba al borde de otro ataque de pánico o lo que sea que haya sucedido antes y comencé a debatir entre si deberíamos ir a la academia o a la cabaña. La academia estaba más cerca ahora, pero no estaba seguro de querer llevarla allá hasta que supiera con qué estábamos lidiando. No podía permitir que Rose atacara a alguien de nuevo.
—Rose... deberíamos regresar...
Ella no se movió, resistiéndose cuando traté de dirigirla suavemente hacia la cabaña. Su concentración se intensificó en la nada—. ¿Qué? ¿Qué pasa?
Mi preocupación se intensificó. Rose estaba hablando con... nada. No sabía cómo manejarlo; cómo manejarla. Miré entre ella y el lugar en el que parecía estar viendo la alucinación mientras trataba de imaginar qué hacer a continuación.
Su interrogatorio se convirtió en una mendicidad desesperada—. ¡Dime!
Justo cuando estaba a punto de levantarla y llevarla a la enfermería si era necesario, lo escuché. Las palabras fueron tan suaves, casi como si hubiese sido el viento y no una voz humana. Pero habían sido claras, y también lo era el recuerdo de la persona a quién pertenecía esa voz.
Las palabras de Mason me perseguirían como su fantasma perseguía a Rose—. Ya vienen...
¡Chicas! Tal y como se los prometí, un capítulo largo para deleite de todas y todos. No me maten por ese final, ya saben que a nuestra querida Gigi256 le encanta terminar los capítulos de esa manera.
¿Qué les pareció el capítulo? Personalmente es uno de mis favoritos, amé leer todo lo que sintió Dimitri en ese momento y verlo esperanzado pensando que realmente podría tener un futuro con Rose. Debo admitir que la autora me sorprendió gratamente con el hecho de que Dimitri hubiera considerado mandar a Rose a Baia con su familia en caso de que la expulsaran. La verdad cuando leí el libro original, jamás consideré el hecho de que podrían haberla expulsado por golpear a dos alumnos Moroi de la realeza. Yo no sé ustedes, pero a mí me encantó ese detalle, y me mata el hecho de saber que ese futuro será muy diferente para los dos y que sus horas están contadas.
Algo más que me sorprendió fue el hecho de que Dimitri pudiera escuchar a Mason. Eso es algo que tampoco me había planteado antes. Aunque pensándolo bien, era obvio que lo había escuchado. ¿Ustedes que opinan de esto?
Otra cosa que me encantó fue la promesa silenciosa de Dimitri de que volverían a la cabaña. Nuestro Dios Ruso estaba dispuesto a seguir teniendo encuentros clandestinos con Rose. Eso me encantó, pero lamentablemente cuando nuestro Ruso favorito decide luchar por su amor, pasa lo que sabemos que pasa. ¡OMG! Les juro que aún no supero esa desgracia. Y sí chicas, ya nos estamos acercando a ese fatídico momento, ya solo quedan cinco capítulos para que la historia llegue a su final.
Bueno chicas, como pudieron ver, éste es uno de mis capítulos favoritos y ya me extendí demasiado en mi comentario. Espero que ustedes también me dejen comentarios muy extensos platicandome su opinión acerca del capítulo.
El próximo capítulo aún no lo tengo listo, pero estén pendientes de la página de Facebook, que ahí les haré saber cuando lo termine y si voy a pedir reviews para subirlo antes de la próxima semana.
Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.
