Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 26

Los guardianes escolares y los de apoyo se dividieron en dos grupos. El primero incluía a muchos de los guardianes que aún no habían descansado o que habían sido heridos en la batalla anterior. Ellos se quedarían en la Academia para mantener las guardas protegidas junto con el resto de la clase de novicios de último año.

El segundo grupo era casi un ejército. Incluía a cincuenta guardianes, seis Moroi y diez novicios. Sesenta y seis personas en total llegaríamos a la cueva poco después del mediodía. Si Rose no iba a quedarse segura detrás de los límites de las guardas, al menos podría consolarme con el hecho de que no tendría que entrar a las cuevas. Los novicios eran puramente una fuerza de respaldo, una última línea de defensa. Mientras todo saliera según lo planeado, ella solamente estaría en la entrada de la cueva por unas horas, y saldría de ahí completamente ilesa.

Ella no tendrá que pelear, me dije. Ella estará bien.

Incluso si alguno de los treinta guardianes que entraríamos a la cueva, quince en cada entrada, caía, había una segunda línea de defensa disponible antes de que los estudiantes tuvieran que pelear.

Rose estaría bien.

Comenzamos nuestra misión con luz natural de sobra. Nuestro ritmo era bastante rápido, pero más lento de lo que debería haber sido debido a los Moroi que nos acompañaban. Algunos podrían pensar que era lo mejor, dándonos tiempo para descansar un poco mientras caminábamos, pero también nos daba tiempo para pensar. Demasiado tiempo. Podía ver miradas de preocupación cruzando los rostros de aquellos que marchaban a mi lado. No me sorprendería si mi cara mostraba la misma expresión.

Aunque Rose y yo habíamos mantenido nuestra distancia durante la caminata, no podía evitar vigilarla de vez en cuando, solo para asegurarme de que estaba bien. Y parecía que ella estaba haciendo lo mismo conmigo. El hecho de que ni siquiera pudiera caminar hasta las cuevas sin preocuparme por ella era solo la confirmación de que no deberíamos trabajar juntos protegiendo a la misma persona: estaba demasiado concentrado en ella.

Había una conexión tácita entre nosotros y temí que ésta fuera visible para todos los que nos rodeaban. Con la madre de Rose a mi lado, era aún más preocupante. Afortunadamente, Janine parecía estar más preocupada por los asuntos estratégicos actuales que por la vida romántica de su hija.

Eventualmente, llegó el momento de que nuestro grupo se dividiera. La Guardiana Hathaway y yo formaríamos parte de la tripulación que tomaría la entrada principal, mientras que Rose sería parte del grupo que cubriría la entrada posterior. Nos dirigió una última mirada, y después de que su madre asintiera hacia ella rápidamente, los ojos de Rose se encontraron con los míos.

Con esperanza, recordé todos los planes que tenía para nuestro futuro. Esto no era un adiós. Rose estaría a salvo fuera de las cuevas, y yo era más que capaz de defenderme de los enemigos. Sí, cualquier cosa podría pasar, pero considerando las probabilidades insuperables... nuestras posibilidades de salir de aquí con bien eran bastante buenas.

Esto no era un adiós.

Como si pudiera leer mi mente, Rose sonrió. Su sonrisa era pequeña, apenas perceptible para cualquiera que no estuviera viéndola directamente, pero fue suficiente para enviar una oleada final de confianza a través de mí.

Su grupo avanzó hacia la segunda entrada, desapareciendo rápidamente a través de los árboles, y cuando la perdí de vista respiré profundamente para aclarar mi mente. Era hora de concentrarme en la tarea que tenía entre manos.

Janine estaba tomando el punto delantero en nuestro equipo, liderándonos, mientras yo flanqueaba su lado izquierdo. Habíamos acordado un tiempo determinado para comenzar y ahora solo estábamos esperando a Alberta, que lideraba al otro escuadrón y toda la misión en su conjunto, antes de entrar. Con nada más que una señal de la mano, era hora de partir.

El primer grupo de guardianes avanzamos silenciosamente, sabiendo que en cuanto abandonáramos la protección de la luz del sol, la muerte nos acecharía desde cualquier rincón. Nuestros pasos eran cuidadosos y calculados, pero aunque estábamos tratando de evitar las rocas y los escombros, no había forma de saber si nuestra presencia ya había sido detectada.

La idea apenas se había planteado en mi mente cuando comenzó el primer ataque. Janine no era mundialmente conocida por nada; era como si pudiera escuchar a los Strigoi antes de que estos atacaran, bloqueándolos y estacándolos en un movimiento rápido. Sin embargo, no había tiempo para maravillarse con su técnica porque segundos después me encontraba enfrentando a mi propio oponente.

Era alto y fornido, obviamente dhampir y entrenado como guardián antes de ser convertido. Esquivé su primer golpe, agarrando su muñeca y cerrando su brazo con un giro para abrir un tiro limpio. En general, la pequeña batalla duró varios minutos, pero entre nuestro grupo de quince, pudimos acabar con su pequeño grupo de guardia de cinco Strigois con bastante rapidez. Lamentablemente, ya habíamos perdido el elemento sorpresa hace mucho tiempo.

Ya no nos preocupaba movernos lenta o silenciosamente, así que decidimos movernos rápidamente a través de las cavernas, revisando cada hueco y sombra oculta mientras nos movíamos. Había muchos giros y vueltas, pero seguimos el rastro más grande de huellas hacia lo que esperábamos llevaría al grupo de cautivos.

Aunque el camino fue casi demasiado tranquilo. No nos encontramos con otro Strigoi más y, aunque la mayoría estaría tranquilo por ese hecho, era preocupante cuando esperábamos una horda de ellos. Adelante, podía escuchar los sonidos de la batalla. El otro equipo debía haber encontrado su campamento antes que nosotros, y por el sonido de la lucha, necesitaban desesperadamente refuerzos.

Al llegar, vimos que Alberta y su equipo estaban agonizando en una batalla, y no perdimos el tiempo para ayudarlos. Había cuerpos a mi alrededor, el caos hacía que mi sentido del tiempo no existiera y la única forma en que realmente podía decir quién era amigo o enemigo era por aquellos que me atacaban directamente en cualquier momento.

Finalmente, sin embargo, otra vista llamó mi atención. Un pequeño grupo de figuras estaba agrupado en una esquina, protegido por dos valientes almas. Entre los atacantes, reconocí que era Eddie protegiendo a algunos de los muchachos capturados del caos que nos rodeaba.

Me dirigí hacia él lo más rápido posible, esquivando y atacando a los Strigoi a medida que me acercaba a los chicos. Varios, incluido el propio Eddie, mostraban signos de abuso y alimentación. Muchos trataron de esconder las marcas de sus mordiscos avergonzados, frotándose el cuello o las marcas rojas que quedaban de los nudos de sus muñecas, pero Eddie se mantuvo firme y listo para recibir instrucciones en el momento en que me vio.

—Dimitri, nos separaron. No sé dónde están los otros, pero junté a tantos como pude aquí. ¿Sabes cómo sacarlos?

Un grito agudo resonó cerca de nosotros, haciendo que varios Moroi detrás de él saltaran y atrajeran nuestra atención. Otro Strigoi había caído, hiriendo a un guardián en el proceso, pero eso significaba un paso más cerca de nuestra victoria. Sin embargo, esa victoria no tenía que pasar con esta gente aquí. Ya habían visto suficientes horrores. Solo había un puñado de Moroi con Eddie y el otro estudiante novicio que había sido capturado con él, y aunque los dos estaban un poco peor, siempre y cuando pudiera llevarlos al túnel correcto, probablemente podrían salir de éste infierno por su propia cuenta.

—Síganme. —Los jóvenes lo hicieron sin pensarlo dos veces, guiando a sus cargos tal como les habían enseñado durante años—. Limpiamos el camino de Strigoi para que tuvieran un paso seguro. Sin embargo, mantengan los ojos bien abiertos. La salida está a menos de una milla de aquí. Hay una intersección en forma de "T," tomen el túnel de la izquierda cuando lleguen ahí. Cuando se encuentren con los demás, díganles que envíen la segunda oleada de guardianes.

El fuego de la ira se encendió en Eddie mientras su mano apretaba su estaca con más fuerza—. ¿Qué? ¡No! ¡Puedo quedarme y luchar! Deja que James...

—Ya has hecho tu parte aquí, Eddie. —Con una mirada, lo silencié—. Ahora éstas personas necesitan que los lleves a un lugar seguro. Ve, ellos confían en ti.

Podía darme cuenta que quería discutir conmigo, quería pelear, pero él era un guardián y sabíamos que acatar las órdenes era más importante que luchar. Así que, con un último asentimiento hacia mí, dirigió a los demás hacia el túnel.

Miré la carnicería en la habitación mientras Eddie conducía a su grupo a un lugar seguro. Técnicamente, no era mi decisión pedir refuerzos, pero podía ver con claridad que necesitaríamos más ayuda. Cuando más guardianes se unieron a nosotros menos de tres minutos después, dudé que Eddie ya hubiera logrado salir de la cueva con los demás. Probablemente se había encontrado con los guardianes en el camino de salida.

Mis heridas aumentaban rápidamente. Aunque no tenía ninguna lesión grave, varios rasguños cubrían mi cuerpo y no me sorprendería descubrir más tarde que también tenía una costilla fracturada. Me habían tomado por sorpresa mientras ayudaba a Celeste, y un segundo Strigoi había venido desde atrás para tirarme contra una de las rocas. La caída podría haberme dejado inconsciente si mi cabeza hubiera sido la más afectada, pero había dado la vuelta antes del impacto y había tenido suerte. Me quedé sin aliento por un momento, pero podría haber sido significativamente peor. El Strigoi había tratado de llevarme mientras yo estaba tirado, pero en lugar de eso, se había encontrado con su propia muerte momentos más tarde.

En general, la situación no estaba yendo tan mal. La idea de Janine, o de Rose, de usar a los Moroi como refuerzos en esta misión estaba ayudando significativamente. Entre eso y algunos guardianes que usaban el fuego que los Strigoi habían encendido para iluminar y calentar la cueva, teníamos una clara ventaja.

Había ruidos a nuestro alrededor, gritos resonaban en cada superficie hasta crear un rugido casi ensordecedor, pero un ruido distintivo llamó mi atención por encima del caos. Fue un trueno que me sacudió hasta el mismo corazón, literalmente. Strigoi, Dhampir y Moroi se detuvieron ante el sonido. Todos por igual bajo el poder de la Madre Naturaleza.

—¡Dimitri! ¡MUÉVETE! —Sentí un fuerte empujón aventándome lejos antes de que una pared de rocas nos separara a Yuri, que había estado a mi lado momentos antes, y a mí. No había forma de saber si él estaba vivo o no, y mi preocupación no iba a salvarlo cuando tenía que preocuparme acerca de mi propia supervivencia. Alberta, algunos otros guardianes y yo, quedamos atrapados con casi una docena de Strigoi. No había ninguno de los usuarios de fuego con nosotros. La ventaja estaba claramente a favor de nuestros enemigos y, aunque teníamos el camino libre para escapar por la salida trasera, ellos eran mucho más rápidos que nosotros. La retirada era imposible. Dado que la segunda oleada de guardianes ya había sido enviada, no podíamos solicitar más refuerzos, a menos que llamáramos a los novicios.

Alberta me miró, llegando a la misma conclusión que yo antes de que sus labios comenzaran a moverse, un susurro silencioso en sus auriculares que no pude escuchar.

Rose vendría aquí.

Cualquier dolor físico que había sentido en la pelea no fue nada en comparación con la preocupación de saber que Rose estaba a punto de adentrarse en este horror. Era una sección tan pequeña de la caverna, que luchar era aún más difícil de lo que había sido antes. Sentí que la punta de la estaca de alguien me rasgaba el brazo mientras ese guardián luchaba contra su propio demonio cerca de mí, y aunque me dolió como el infierno, no podía culparlo. Estaba bastante seguro de que yo también había golpeado a alguien mientras peleaba.

Escuché a Rose antes de verla. El grito de batalla que lanzó cuando se arrojó contra su oponente era algo con lo que estaba familiarizado después de meses de entrenamiento. Ella todavía no había perdido totalmente esa peculiaridad suya. La vi justo cuando estacaba a un Strigoi antes de apresurarse hacia Stephen, quien debía haber venido con ella. No había nadie más, pero tampoco había tiempo para preguntar por qué.

La Guardiana Petrov y yo peleamos en equipo contra un Strigoi más viejo. Lo distraje con mi tamaño, fingiendo atacarlo mientras Alberta se las arreglaba para acercársele por detrás y usaba su velocidad para estacarlo antes de que pudiera darse cuenta de lo que venía. Había una razón por la cual Alberta se había ganado su puesto como Capitana de la Guardia Escolar. Ella era una gran maestra, sí, pero también tenía habilidades increíbles. Y tener veinte años más que yo no la había frenado ni un poco.

Durante toda la pelea, me mantuve vigilando a Rose por el rabillo del ojo cada vez que podía. Sabía que no podía mirarla constantemente, pero entre respiraciones, bloqueos y contraataques, la buscaba. Hice todo lo posible por mantenerme entre ella y quienquiera que sintiera era la mayor amenaza en un momento dado. Me quedé lo suficientemente cerca para llegar hasta ella en cualquier momento si era necesario. Sobre todo, escuchaba su voz. Si ella gritaba, si me llamaba, dejaría todo por ella. Eso iba en contra de todo lo que me habían enseñado, pero ella había cambiado mi mundo y todo lo que conocía sobre él.

Finalmente, la balanza se inclinó a nuestro favor. Sólo quedaban dos Strigoi contra ocho Guardianes. Nada más habíamos perdido a uno de los nuestros desde que Rose y Stephen vinieron en nuestra ayuda.

—¡Retirada! ¡Hemos terminado aquí! —Con la llamada de Alberta, todos hicimos nuestros movimientos finales.

Tres guardianes se marcharon hacia la entrada trasera, y aunque esperaba que se llevaran a Rose con ellos, ella permaneció obstinadamente en su lugar. Sabía que me estaba esperando. Ninguno de los dos se marcharía sin el otro.

El plan inicial había sido tomar la salida más cercana a la parte trasera de la Academia. Con el derrumbe, eso parecía imposible, pero Stephen corrió hacia la pared, desapareciendo por un pequeño agujero. Un momento después, apareció nuevamente.

—Petrov, ésta área está limpia. Será más rápido que tomar la salida trasera. Estamos perdiendo luz.

—¡Llévate a Rose! —Alberta y yo gritamos al unísono, acercándonos al último Strigoi sobreviviente con los pocos guardianes que quedaban.

Podía oírlo llamarla a través de los gritos de nuestro último enemigo. Cuando terminamos, ella ya no estaba. Los otros dos guardianes eran los siguientes, y aunque Alberta quería que yo fuera antes que ella, insistí en que ella pasara primero.

—No hay mucho espacio. Si no puedo pasar, preferiría que tu pasaras primero y yo podría tomar el camino de regreso por la otra salida.

Ella asintió con la cabeza y se abrió paso, y afortunadamente, con cierta dificultad pude pasar al otro lado justo después.

El cuerpo de Yuri yacía boca abajo junto a la abertura del hueco, con los ojos cerrados y una profunda herida en la cabeza. Sentí que mi estómago se sacudía al ver a mi amigo. Estaba tan quieto y había tanta sangre, que sólo podía suponer que estaba muerto, pero no había tiempo suficiente para revisar su pulso. Afortunadamente, vi a Rose a continuación y verla sana y salva me tranquilizó. Alberta y Stephen asumieron las posiciones delanteras dirigiéndonos hacia la salida, a la seguridad de la luz del sol, mientras yo ocupaba la retaguardia. Corrí directamente detrás de Rose por el largo túnel, con una mano agarrando mi estaca y estirando la otra hacia donde sabía que Rose estaba delante de mí, solo para asegurarme de que todavía estaba allí.

Durante mucho tiempo, no pasó nada mientras corríamos. Podíamos escuchar los ecos de algo, pero nada claro. Los destellos rojos de los incendios fueron los primeros signos de más enfrentamientos que nos encontramos en el camino. Janine y un maestro se estaban enfrentando a otros pocos Strigoi, y con nuestra ayuda, los redujimos en segundos.

—Esos son todos los de este grupo, pero creo que hay más de lo que pensamos. —Pude escuchar la falta de aliento en su voz. Todos estábamos llegando al punto de agotamiento—. Creo que dejaron algunos atrás cuando fueron a atacar la escuela. El resto de nuestra gente que sobrevivió ya salieron.

—Hay otros túneles en la cueva, —señaló Alberta—. Podría haber Strigoi escondidos allí.

La Guardiana Hathaway asintió—. Puede ser. Algunos saben que están superados y esperaran a que nos vayamos para escapar más tarde. Otros podrían venir detrás de nosotros.

Stephen miró entre las dos poderosas mujeres—. ¿Qué hacemos? ¿Los acabamos o nos retiramos?

A nadie le gustaba la idea de dejar Strigoi atrás, pero al final del día, esta era una misión de rescate y habíamos cumplido la tarea que nos habíamos propuesto. Todos vimos a Alberta y ella tomó la decisión final—. Nos retiramos. Matamos tantos como pudimos, y el sol está cayendo. Necesitamos volver a la protección de las guardas.

Todos aceptamos sus instrucciones, y más que nada, yo estaba feliz por salir de éste infierno. Estaba más que feliz de haberme podido defender de los Strigoi y por haber podido salvar a las almas inocentes, pero a este punto buscarlos solo aseguraría nuestra sentencia de muerte.

El camino era más ancho aquí, y con Janine ahora liderando el camino y el Guardián Gabriel ahora tomando la retaguardia, corrí junto a Rose. Necesité de todas mis fuerzas para evitar tomar su mano en la mía mientras corríamos, alimentado por el sabor de la victoria y la libertad.

—¿Eddie salió?

—Sí, —jadeé. En cualquier otra situación, Rose podría haberme molestado por poder correr más rápido que yo—. Prácticamente tuvimos que obligarlo a salir. Quería quedarse a pelear.

Rose se rió, acelerando levemente mientras su madre llamaba al grupo.

—¡Recuerdo esta curva! No estamos muy lejos. ¡Deberíamos ver la luz pronto!

El camino se dividía en dos justo al frente, y justo antes de dar vuelta, siete Strigoi saltaron de las sombras a la derecha. Varios miembros de nuestro grupo pudieron pasarlos, pero no todos. Justo frente a Rose y a mí, le rompieron el cuello al Guardián Alan Jackson. Escuché un pequeño sonido de sorpresa cuando Rose se detuvo a mi lado antes de prepararse para saltar a la pelea un momento después.

—¡Comiencen a retirarse! —Alberta gritó hacia ella y algunos de los otros. No había espacio suficiente para que todos pudiéramos pelear, y si algunos de nosotros teníamos que retroceder, preferiría que ella fuera parte de ese grupo.

Traté de empujarla en la dirección de la salida mientras el caos reinaba a nuestro alrededor. Entre la locura de puños y estacas volando a mi alrededor pude ver una mano pálida que se acercaba a ella, decidida a llevarla de nuevo a la refriega. Sin dudarlo, me deslicé entre ella y el agresor, sintiendo sus uñas clavarse en mi brazo herido mientras apretaba los dientes contra el dolor.

Vete, Rose. Corre.

Le dirigí un último pensamiento antes de darme la vuelta y enfrentar al Strigoi frente a mí. Era viejo, mucho más viejo que cualquiera de los otros con los que me había enfrentado esta noche. En la superficie no parecía así; de hecho, solo parecía mayor que yo por uno o dos años, pero se podía ver en sus ojos; él había vívido durante décadas.

Batallé contra su fuerza y él emparejaba mis ataques, golpe por golpe, ninguno de los dos vencía. Eventualmente, algo que ninguno de los dos había enfrentado antes inclinó la balanza a mi favor: llamas.

Comenzó como un pequeño humo en su hombro, humeando la tela lentamente. Sin embargo, en unos instantes, el fuego estalló como un fósforo sobredimensionado y dejé de ser la mayor amenaza contra él en este mundo. Algo me dijo que éste era un hombre que no le había temido a alguien o a algo en mucho tiempo. Con la distracción, pude aprovechar mi momento para matarlo.

Janine, Celeste, la Sra. Carmack y yo salimos vivos de alguna manera. Sin embargo, perdimos a Gabriel.

Pero pudimos ver la luz enfrente de nosotros. Pude ver a Rose. En el momento en que me vio, sonrió y pude sentir mis pies cada vez más ligeros. Solo unos pocos pasos más y todo esto habría terminado. Ella estaba a salvo en la luz, y pronto los dos estaríamos dirigiéndonos hacia la seguridad de las guardas de la Academia. Estábamos muy cerca, muy, muy cerca.

No lo suficientemente cerca.

El primer Strigoi fue tras Celeste, casi rasgando su cara por la mitad. Ella era una mujer hermosa, aunque no era vanidosa sobre tales cosas. Ni siquiera tuvo tiempo de gritar antes de que su sangre manchara las paredes de roca. Para las criaturas que ansiaban la sangre, desperdiciaron un poco en este acto de carnicería.

El segundo arremetió contra la Sra. Carmack, pero el tiempo de reacción de Janine no tuvo comparación, la quitó del camino del Strigoi y la empujó hacia la luz. Probablemente iba a dolerle más tarde, pero finalmente le salvó la vida.

El tercero... nunca lo vi venir. Todo lo que vi fue la mirada de horror de Rose mientras yo caía. Era joven, había sido un Moroi anteriormente, y no podría haber sido mucho mayor que Rose cuando fue convertido. Pero era fuerte, y yo estaba agotado.

Mientras forcejeábamos, golpeó mi mano derecha contra una roca, aflojando mi agarre sobre mi estaca antes de golpearla con el pie. En ese momento, supe que no iba a salir de la cueva.

Podía escuchar los sonidos de otros. Más pasos, gritos. No pude escuchar a Rose. Recé para que alguien se la hubiera llevado. Ella no necesitaba ver esto.

Por favor, no me mires morir.

Mi fuerza comenzaba a ceder por completo cuando lo escuché, un momento antes de sentir el dolor de ese primer mordisco.

Rose gritó. Estaba gritando mi nombre. Al principio estaba lleno de terror por ella porque estaba llamándome. Pero no era porque necesitara mi ayuda, sino por mí.

Había crecido viendo marcas de mordiscos. Habían sido parte de mi vida diaria. Mi madre tenía marcas de las mordeduras de mi padre. Sabía que mis amigos y maestros usaban los alimentadores como los de la escuela. Había visto a Ivan alimentarse. Incluso sabía que Rose había alimentado a Lissa, y yo mismo había sido testigo. Sin embargo, nunca me habían mordido. Ocasionalmente, era un problema con el que los guardianes tenían que lidiar en las batallas, pero por lo general, si un Strigoi se acercaba lo suficiente como para morderte, no lograbas salir con vida. Ese sería el caso para mí.

Lo que más me sorprendió fue que el dolor solo duró un momento, luego llegó esa extraña sensación de entumecimiento y delirio. Esperaba el placer y la euforia que tantos decían que seguía a la mordedura que prometía la muerte, pero tal vez eso solo sucedía si no luchabas por seguir con vida.

Las sombras crecieron en el momento, pero no podía decir si era el sol que se desvanecía o simplemente era mi propia vida que se extinguía. Pude oír que la voz de Rose se volvía más distante también.

—¡Él está ahí! ¡Tenemos que volver por él!

Corre... Rose. Alguien... sáquela... fuera... de aquí. Incluso mis pensamientos parecían venir más lentos y más distantes en mi mente.

Eventualmente, no hubo más voces excepto la del monstruo frente a mí.

—¿Oíste cómo gritaba por ti? Apuesto a que también la hiciste gritar antes, ¿no? —Él se burló de mí con una sonrisa—. Aún puedo olerla en tu piel, ya sabes. No te culpo. Probablemente yo también me habría divertido con esa pequeña perra si no te hubieras interpuesto en el camino.

Me estaba desvaneciendo, incapaz de defenderme incluso aunque quisiera—. Termina conmigo… —le susurré, sabiendo que aún podía oírme. No suplicaría por mi vida. Sabía que no había ninguna posibilidad de salir vivo de aquí. No me arrepentía. Tomaría la misma decisión una vez más. Aún así, no podía soportar escucharlo jugar conmigo e insultar mis últimos momentos con mi Roza—. Sólo mátame.

Se quedó parado de una manera antinatural, mirándome, hasta que sentí mi piel picándome bajo su escrutinio—. No, no creo que lo haga… —Una sonrisa siniestra se dibujó en la cara del rubio Strigoi—. Tengo una mejor idea.

En mi estado actual, me tomó mucho más tiempo del que debería para darme cuenta de lo que estaba sugiriendo. Antes de reconocer lo que estaba sucediendo, él estaba a mi lado, tirando de mi cabello hacia atrás para exponer mi cuello una vez más. Sentí otra oleada de endorfinas inundar mi cuerpo y traté de mantenerme consciente. Traté de luchar, pero todo lo que pude hacer fue poner mis manos en la grava a mi lado. Mi cuerpo, entrenado para luchar y defender, ahora me traicionaba dejándome indefenso ante su tortura.

Después de una última y larga extracción de sangre, el monstruo retrocedió. Se burló de mi debilidad antes de morderse la muñeca y forzar la herida en mi boca.

Su sangre sabía a ácido, y me quemaba la lengua y la garganta mientras me obligaba a tragar el vil elixir. En un momento, sentí que todo mi cuerpo estaba ardiendo, consumiéndome dolorosamente de adentro hacia afuera. A pesar de mi convicción anterior, traté de gritar, pero solo terminé asfixiándome con la sangre que aún corría por mi boca. No podía gritar, no podía pelear, ni siquiera podía morir. Todo lo que podía hacer era desear que el dolor se detuviera. Eventualmente, lo hizo, y finalmente la oscuridad me arrastró desvaneciendo el mundo a mi alrededor.


¿Están llorando? Porque yo si.

Éste ha sido uno de los capítulos más difíciles de traducir hasta ahora, no por la complejidad del mismo, sino por la ola de sentimientos y tristeza que me provocó.

Aún recuerdo cuando lo leí por primera vez desde el punto de vista de Rose. Fue desgarrador, Dimitri había estado apunto de salir de ahí, de tocar la luz de sol y disfrutar de su Rose después de esa pesadilla, y justo antes de alcanzar la seguridad en el exterior, ese maldito Strigoi le arrancó los sueños y las esperanzas de un solo mordisco.

También recuerdo que compartí el sentimiento de culpa de Rose cuando reconoció al Strigoi que le había arrebatado la felicidad. Era el mismo que se le había escapado durante la pelea en la Academia. Y no pude evitar pensar igual que ella, que eso no habría sucedido si lo hubiera matado.

Aún en ese momento, como lectora soñadora que soy, no perdí las esperanzas de que de alguna manera el Dios Ruso hubiera logrado salir, sino ileso, al menos vivo, de ahí. No podía creer que Richelle Mead nos hiciera algo así, en aquel entonces aún no era común para los autores matar a sus protagonistas. Y esas esperanzas crecieron más cuando no encontraron su cuerpo en la cueva.

Sin embargo, volví a sentir el mundo derrumbarse dentro de mí, al igual que Rose, cuando Mason le confirmó que era un Strigoi. Al principio no lo podía creer, yo al igual que Rose pensaba que Dimitri era invencible e infalible. Pero nunca me había puesto a pensar que nuestro Dios Ruso no estaba al cien por ciento de sus capacidades. No había descansado después del ataque a la escuela. Y para el momento en que Nathan lo atacó, ya estaba agotado.

Cuéntenme cómo fue para ustedes leer esto por primera vez. Cuáles fueron sus sentimientos y si sufrieron con ello. Yo la verdad llegué a pensar que Dimitri sería la excepción a la regla de que todos los Strigoi eran malos. Pero cuando se encontró con Rose, ese pequeño rayo de esperanza también se apagó.

Bueno, después de ésta larga e inmensa nota, me despido. Ya solo falta un capítulo para concluir éste libro. Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.