Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenecg a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 27
Desperté con una extraña sensación de extrema claridad e inmensa confusión entremezcladas. Podía escuchar tantas cosas, casi todo, incluso antes de que abriera los ojos. Desde el sonido del agua que goteaba de la piedra, hasta el crepitar del fuego, y las hojas crujiendo por el viento. Y esos eran solo los sonidos más bajos. Por encima de ellos, más fuerte, podía escuchar voces desconocidas hablando cerca de mí, esperando a que me moviera. Podía escucharlos moviéndose, y un extraño ruido de algo húmedo que no pude identificar fácilmente de inmediato.
Luego estaban los olores. Nunca antes había notado realmente los olores, al menos no en serio. Claro que había apreciado el olor de la buena comida en la cocina de mi madre cuando niño, o me había alejado del hedor de la ropa sucia que dejaba mi compañero de cuarto en la escuela, pero literalmente podía oler la piedra debajo de mí y la hierba de afuera. Podía oler el cuero desgastado de mi chaqueta. Pero por encima de todo, podía oler la sangre. No solo un tipo de sangre, sino la sangre de muchos.
Y la necesitaba.
Ahora.
Mis ojos se abrieron de golpe e inmediatamente me di la vuelta para defenderme de los que estaban cerca. No estaba seguro de quiénes eran todavía, pero hasta que lo supiera, no podía llamarlos amigos o enemigos. En un solo movimiento rápido, me puse de pie y estiré la mano para tomar mi estaca que estaba cerca.
—Yo no haría eso…
En el momento en que mis dedos tocaron el familiar objeto de plata, mi piel se quemó como si hubiera metido la mano en fuego ardiendo. Rugí de dolor, sosteniendo mi muñeca en estado de shock y tropezando mientras trataba de orientarme. Mi estaca siempre había sido como una extensión de mí mismo, y esto era prácticamente una traición. Era casi como el rechazo de mi propio ser.
Sin embargo, fue solo entonces que realmente comencé a ver. Las sombras de las cuevas casi no tenían oscuridad para mis ojos. Podía ver cada borde y grieta en las superficies a mi alrededor. Cuando las figuras se levantaron hasta alcanzar su altura máxima, también pude verlas claramente, desde el color pálido de su piel hasta sus ojos rojos.
—Dimitri, ¿cierto? —Reconocí al Strigoi rubio que había hablado como el que me había convertido, pero me negué a responderle—. Así es como la chica Hathaway te llamó de todos modos. ¿Cómo se llamaba? ¿Rose? ¿Algo así? Como sea, ¿tienes apellido?
Una vez más, me negué a responderle, optando por mantener mi posición y mi silencio. Desafortunadamente, su temperamento parecía tener una mecha muy corta. En unos segundos, me tenía contra el suelo con una rodilla presionada dolorosamente contra mi garganta. Jadeé en busca de aire, temiendo repentinamente a la muerte a pesar de ser un no muerto. Sin embargo, matarme no era su objetivo. Su ataque tenía mucho más que ver con el control que con la asfixia.
—Escucha Dimitri. Podrás haber sido grande y poderoso como Dhampir, pero yo te desperté. Soy tu maestro y no eres nada sin mí, ¿entendido? Eres débil sin sangre y eres débil sin mí. Así que hasta que te comportes y reconozcas quién está a cargo aquí, vamos a tener problemas. ¿Entendido?
Por terquedad o rencor, mantuve mis labios sellados. Todo lo que me gané con eso fue que me golpeara contra el piso de piedra. Él tenía razón en una cosa... realmente no tenía mucha fuerza. Ni siquiera podía quitármelo de encima, mucho menos pelear con él o con los demás si me las arreglaba para ponerme de pie.
—¿Entendido? —El Strigoi rubio, mi maestro, repitió.
—Entendido, —acepté finalmente, aunque de mala gana.
—Bien, —sonrió, enseñando sus colmillos completamente—. Ahora, ¿cuál es tu apellido?
—Belikov.
Me ayudó a levantarme y me dio unas palmaditas en la espalda como si fuéramos viejos amigos, aparentemente olvidando que me había inmovilizado y golpeado mi cabeza contra el piso de piedra hace unos momentos—. Bueno muchachos, ¿qué dicen si le damos a Belikov su primera comida?
Con algunos aplausos y gritos de los demás, pasó un brazo alrededor de mi hombro–. Por cierto, puedes llamarme Nathan. Nathan Tarus. Aunque normalmente no solemos usar nombres de la realeza por aquí. La "sangre real" adquiere un significado completamente nuevo en el otro lado. —Se rió maniacamente de alguna broma privada, sacudiendo la cabeza casi con lástima cuando no lo entendí de inmediato.
Cuanto más profundo me llevaba a las cuevas, más fuerte era el olor a sangre. Se volvió abrumador. En el pasado, recordaba que el olor era algo que hacía que mi estómago se revolviera de disgusto, pero ahora mi cuerpo lo ansiaba. Podía sentir mi lengua correr por mis colmillos, nuevos y afilados. Mis músculos prácticamente se contrajeron por la excitación. Me sentí casi animal en mi deseo de encontrar y consumir a mi presa.
Cuanto más veía, más corría mi mente. Era casi como si mi cabeza no pudiera procesar todo lo suficientemente rápido. Había tantas cosas nuevas: vistas, olores, y sensaciones de todo tipo. Todo era igual a lo que había visto no hace mucho tiempo cuando había luchado aquí con los demás, pero también era completamente diferente. Nunca hubiera notado la vena delgada de pirita a lo largo de la pared de la cueva, apenas visible, pero brillando con el parpadeo de las brasas. Era el oro de los tontos, algo con lo que estaba familiarizado en Rusia y algo que sabía que también existía aquí, al menos en teoría, pero ciertamente no era algo que admirarías mientras luchabas por tu vida. Tampoco era algo a lo que le prestaría atención, pero aún así... lo vi. Escuché que los animales empezaban a salir de sus escondites, aunque era obvio que se mantenían a cierta distancia de nosotros. Por el olor a sangre, tan tentador como era, también podía empezar a oler el hedor de la muerte y la decadencia. Mi único consuelo en todo esto era que mi abrumadora experiencia sensorial parecía ser un síntoma de mi reciente condición como "despertado," y no parecía perturbar a los demás tanto como a mí.
Aún podía escuchar los sonidos de otras personas, Strigoi, hablando y riendo. Era casi extraño ver a estas criaturas, aquellas que siempre había visto como monstruos, actuando tan... humanos. O casi humanos. Algunos se estaban alimentando de los muertos recientes. Incluso pude identificar los cuerpos de la mayoría de sus víctimas, pero tampoco pude negar mi fascinación e incluso mi deseo de probar la sangre de mis antiguos compañeros.
Sin embargo, mi respiración comenzó a acelerarse cuando escuché un gemido silencioso por encima de los sonidos de los demás que estaban comiendo. También pude escuchar un latido débil pero aún algo constante, inusual en esta masa de personas. Una figura estaba siendo arrastrada entre dos personas, la sangre goteaba de su sien, y lo arrojaron frente a mí como un cordero de sacrificio arrojado ante el altar.
—Ahí tienes, Dimitri. Lo encontramos inconsciente y apenas respirando, pero lo guardamos para ti. La sangre fresca siempre es lo mejor. No puedo decir que ofrecerá resistencia, pero oye, al menos no te va a estacar mientras intentas hundir tus dientes en él.
Varios hombres y mujeres comenzaron a reírse ante lo que parecía ser una broma para ellos, pero en lo único que yo podía concentrarme era en la sangre que goteaba de la frente del hombre. Era como un canto de sirena, bloqueando casi todo lo demás. Era casi intoxicante el solo verla, olerla, y ni siquiera la había probado todavía...
—¿Dimitri?
El sonido de mi nombre me sacó de mi delirio, dirigiendo mi mirada del rastro de sangre a los ojos del hombre justo al lado. Reconocí esos ojos. Pertenecían a Yuri.
No. Estaba muerto. Yo lo vi. Él había muerto.
—¿Qué... qué te hicieron, Di…
Nathan pateó a Yuri en el suelo, incitándome a empujarlo contra la pared en represalia. Nathan simplemente puso los ojos en blanco con molestia antes de volcarme sobre mi espalda con un golpe doloroso. Al instante volví a los primeros años de mi niñez en la academia previos a mi crecimiento acelerado, cuando parecía perder cada pelea contra mis compañeros.
—Confía en mí, Dimitri, no quieres jugar con tu comida. En realidad, olvida eso. Juega con tu comida todo lo que quieras, especialmente con los bonitos. Simplemente, no te apegues a ella, ¿entiendes? —Me levantó de nuevo, un poco más bruscamente que antes y me empujó hacia Yuri—. Intentemos esto de nuevo, ¿de acuerdo?
Frente a frente con Yuri, pude ver la súplica en sus ojos. Él no quería morir, y yo no quería matarlo. Al menos no en la superficie. Sin embargo, mis ojos seguían dirigiéndose hacia el lento goteo de sangre que aún fluía de su herida en la cabeza. La forma en que su corazón se aceleró solo hizo que mi hambre se volviera más desgarradora.
—¡Maldita sea, Dimitri! ¡No estamos aquí para un maldito concurso de miradas! —Un segundo después, Nathan pasó un dedo por la herida de Yuri y me lo metió en la boca, casi atragantándome en el proceso. Lo rechacé con ira, y él retrocedió con la manos en alto en señal de rendición lamiendo lo que quedaba en su dedo manchado de sangre, pero cuando mi mente registró el sabor de la sangre de Yuri, nada más importó. Sólo alimentarme.
Fue un movimiento tan natural que ni siquiera tuve que pensar, solo actuar. En un momento estaba arrodillado frente a Yuri, y al siguiente estaba en su cuello, mis colmillos hundiéndose profundamente en su garganta mientras su sangre bombeaba al mismo tiempo que los latidos de su corazón. Todo lo que tenía que hacer era beberla. Con cada onza que brotaba de él, podía sentirme fortalecido, el poder absoluto en cada fibra de mi ser.
En un momento, me alejé, repentinamente consciente de lo que estaba haciendo. No estaba seguro de si era de asco o asombro, pero estaba en shock.
Yuri, de alguna manera, seguía con vida, aunque estaba agonizando. Aún podía ver algo de luz en sus ojos mientras me miraba.
No sé si podría haberle dicho algo en ese momento, incluso si hubiera querido. Me sentí como un animal en medio del salvajismo y estoy seguro de que cualquier sonido que hiciera habría sonado como un gruñido salvaje.
Pero Yuri sí habló. Haciendo gárgaras, ahogándose con su propia sangre mientras ésta goteaba de sus labios, pronunció sus últimas palabras. Aunque éstas podrían haberse perdido en el tirón de la muerte, su intención era clara. Eran de perdón. Y una disculpa por no poder salvarme.
En respuesta, sólo volví a hundirme en su cuello con más vigor, hasta que su corazón ya no bombeó su sangre y tuve que chuparlo para secarlo. Ahora podía identificar el sonido de succión húmeda que había escuchado antes cuando me desperté por primera vez en la boca de la cueva; eran los otros que se alimentaban, festejando con la sangre de los que estaban recién muertos.
Me moví, acunando el cadáver hacia mí mientras intentaba consolarme satisfaciendo mi hambre. La sed de sangre superó mi dolor, controlando mis abrumados sentimientos y, finalmente, la fuerza superó mi debilidad.
Me llené, después de quién sabe cuánto tiempo. El cuerpo, de alguna manera, estaba más pálido que el mío cuando terminé, pero todo eso no era nada comparado con la carnicería que había creado. Lo arrojé a un lado como una botella vacía, horrorizado. Había visto muchos cuerpos de personas asesinadas por Strigoi, y nunca habían lucido como mi primer víctima. Ni siquiera podía culpar a Nathan por reírse de mí cuando vio lo que había sucedido, a pesar de la rabia que me provocaba. Yo también me habría burlado de alguien por crear un desastre así. Su cuello estaba destruido, casi desgarrado. Parecía más una víctima de un ataque de perro salvaje que de un Strigoi. Y especialmente no de alguien que había sido entrenado para atacar y matar con delicadeza como yo.
—No te preocupes, novato. La primera vez es la más desastrosa. El hambre es el mejor sazonador dicen. Obtendrás más práctica a medida que envejezcas. —Me lanzó un pañuelo con las letras NT bordadas, dándome un momento para limpiarme antes de volver a hablar. Mi camisa estaba arruinada, pero podría haber estado así desde antes de que me alimentara. La batalla había tenido sus estragos en mí—. Nos vamos hoy. Habrá algunas camionetas que nos recogerán y nos dirigiremos al aeropuerto inmediatamente después. Si tienes algún asunto que atender, te sugiero que lo hagas ahora. Después de eso, nos iremos de aquí y no vamos a volver.
No me molesté en preguntar a dónde íbamos o qué tenía planeado a continuación. No importaba. Solo había una cosa en la que estaba concentrado ahora. Mientras miraba hacia la salida de la cueva, supe que tenía un último asunto que atender...
Había una persona que no planeaba dejar atrás.
Con éste capítulo llegamos al fin de ésta historia chicas. Parece ser que nuestro malvado Ruso tiene pensado ir por alguien. ¿Quién creen que sea?
Espero que les haya gustado, en lo que cabe, ésta nueva faceta de Dimitri. Parece ser que al principio no era tan malo, después de todo no quería matar a Yuri, aún lloro de acordarme del pobre. Siempre tuve la teoría de que cuanto más tiempo pasaba y más personas mataban, los Strigoi se volvían más malos y crueles, la prueba está en que Dimitri apesar de ser malo en Blood Promis, no lo era tanto como en Spirit Bound. ¿Ustedes que opinan acerca de esto?
Ya tengo listos los primeros capítulos de Blood Promise, ustedes díganme si ya quieren empezar a leerlo o si quieren esperar un poco más de tiempo para peocesar lo sucedido en los últimos dos capítulos. Espero sus comentarios ;)
Cuídense y nos leemos pronto.
