Hasta ayer este capítulo tenía 800 palabras; de la nada salieron 1662. De todas formas siento que me quedó un poco corto, pero espero que eso no impida que lo disfruten.
Aclaro que tengo muy poco conocimiento sobre tribus nativas de Malasia y que no encontré demasiada información, así que lo que escribí es todo sacado de mi cabeza y espero no ofender a nadie que tenga verdadero conocimiento del tema.
VII
Teniendo en cuenta el estado del avión en el que estaban viajando y que la pista de descenso era un descampado lleno de rocas y baches, el aterrizaje fue bastante bueno a pesar de que Leia, aún con el cinturón puesto, casi salió volando de su asiento. Pero estar viva después de volar por una hora en ese cacharro era más que un milagro.
Han se asomó desde la cabina, algo despeinado quizá por el brusco salto que había hecho el avión, pero con su sonrisa galante intacta.
-¿Todo bien?
-Sí, ¿por qué preguntas?-siseó ella.
-No lo se, te oí gritar cuando aterrizamos.
-Será tal vez porque casi salí volando de mi asiento.
-Oh, olvidé decirte que te ajustaras bien el cinturón. Perdón.
-Descuida-murmuró Leia, tratando de reacomodar sus trenzas cómo podía, sin darse cuenta que aquel gesto le causó algo de gracia a su profesor.
Desesperada por descender del infame Halcón Milenario, tomó la enorme mochila que tenía sus pocas pertenencias y bajó para encontrarse con un fuerte sol de media tarde que calcinaba, pastos largos y un paisaje selvático que rodeaba pequeñas chozas y casitas muy rústicas a lo lejos.
-Bueno, vamos-gruñó Chewie.
Empezaron a caminar entre los yuyos y Leia empezó se arrepintió de haber elegido pantalones cortos porque las hierbas raspaban e irritaban su pálida piel, en la cual comenzaban a verse algunas marcas rojas; disimuladamente intentaba rascarse sin que su profesor ni su amigo lo notaran, pero fue imposible.
-Pensé en advertirte que no eran buena idea los pantalones cortos-mencionó Han.
-¿Y por qué no lo hiciste?
-No se, se te veían bien-rió.
La joven sofocó un bufido: ¿así sería todo el viaje? ¿Estaría coqueteándole a todo momento ahora que habían dejado las formalidades de lado? ¿Qué pretendía lograr con todos esos halagos? ¡No saberlo la sacaba de quicio!
Luego de caminar algunos minutos, achicaron la distancia entre el avión y las chozas lo suficiente cómo para notar que por las ventana y las puertas iban asomándose rostros curiosos: eran aborígenes. Un cosquilleo la recorrió entera por la emoción, no solo por conocer otro país, si no también su gente. Siempre había apreciado las culturas nativas y su modo de supervivencia a pesar de todos los cambios que habían tenido lugar en el mundo hacía pocos años: guerras, hambrunas, crisis y colapsos, pero estos pequeños pueblecitos aislados parecían no notar el paso del tiempo.
De repente se vieron rodeados por personas de todas las edades: niños y niñas que los observaban fascinados y con sonrisas muy amables, jóvenes murmurando en una lengua propia, mujeres cargando a sus bebés contra sus pechos envueltos en rudimentarias mantas y hombres que miraban con una comprensible desconfianza. Compartían algunos rasgos cómo el color de piel oscuro, estatura baja y ojos algo pequeños; en algunos cuerpos masculinos se veían tatuajes conectados que probablemente relataran historias o momentos importantes en la vida del portador, y las mujeres llevaban gruesos collares y grandes aretes. Leia pensó en cuán diferente sería la vida de una chica de su misma edad que vivía aquí, al otro lado del globo.
Chewie, con un paso lento, empezó a adelantarse, y cuando Leia quiso imitarlo Han la detuvo tomándola de la mano.
-Déjalo hablar a él.
Los niños que estaban delante de todo, sin poder creer la altura del gigante que se acercaba, fueron abriéndose hacia los lados con algo de temor hasta formar una pasarela que conducía a un hombre un poco más gordo y anciano que el resto de los varones de la tribu y, que por su cantidad de tatuajes, collares y la enorme lanza tallada que portaba, Leia dedujo que debía tratarse de algún jefe o cacique.
Luego de hacer una reverencia, Chewbacca dijo algo inentendible, claramente intentando hacerse entender mezclando el idioma nativo, su extraño acento y algunos gestos con sus manos y cuerpo.
-Chewbacca-dijo, señalándose, y les hizo un gesto para que se acercaran. Han, aún tomándola de la mano en un gesto protector, la hizo caminar con él pero la obligó a permanecer un paso atrás.
-Indiana-dijo Han, señalándose y luego apuntando a ella-Leia.
El hombre asintió cautelosamente en silencio e hizo un gesto con las manos que Chewbacca y Han entendieron cómo una señal para acercarse, y ella los siguió porque eran la única guía que tenía al verse rodeada por una cultura desconocida. Leia siempre sabía que hacer, y estar tan perdida la hacía sentirse inútil y molesta.
Las personas los observaban curiosos desde los costados, viendo cómo seguían a su cacique hacia una choza especialmente grande, y Leia solo supo hacer una cosa para demostrar amabilidad y aliviar la desconfianza: sonreír. Vio cómo algunos niños, que eran quienes estaban más adelante y cerca, le devolvían el gesto con sonrisas agujereadas por dientes caídos y con hoyuelos adorables; una niña que no habrá tenido más de cinco alzó su mano tímidamente para saludarla y Leia la imitó muy conmovida y enternecida.
-Bien-oyó que le susurraba su profesor, volteándose un segundo para mirarla.
-¿Qué cosa?
-Eso que hiciste, ya demostraste mucha amabilidad. Tienen curiosidad por nosotros, pero ya no tanta desconfianza: les diste una buena imagen-la felicitó. La joven solo se encogió de hombros, feliz de ser útil.
Las cabañas tenían paredes gruesas de barro que evitaban que el calor de afuera entrara; en ellas, agujeros oficiaban de ventanas y uno grande hacía de entrada. La estructura se veía muy sólida a pesar de su básica ingeniería y estaba tan fresco allí dentro cómo en una habitación climatizada en cualquier ciudad. El piso era de tierra, sobre el cual una mujer, que parecía tener la misma edad que el jefe de la tribu, extendió una manta de un cuero que debía ser de algún animal autóctono y los invitó a sentarse.
Chewbacca hizo un gesto de agradecimiento antes de volver a intentar comunicarse en esa mezcla de lenguajes que a Leia le parecía fascinante. Por lo visto, el cacique entendía porque asentía, meditaba las palabras y daba algunas respuestas cortas que su interlocutor también parecía comprender. Han también parecía captar algo de lo que decían, pero ella estaba completamente perdida porque no entendía nada.
-Nos está invitando a pasar la noche, porque es peligroso que salgamos y nos arriesguemos a que caiga la noche y no hayamos instalado un campamento-explicó su profesor-nos recomienda partir mañana a primera hora, así también podrán abastecernos con algunas de sus comidas: tienen técnicas para poder conservarlas durante algunos días.
-De acuerdo-asintió Leia, antes de volver su completa atención a Chewie y al hombre nativo.
-Pareces interesada-le susurró Han-casi cómo si entendieras.
-No entiendo una palabra-admitió-pero es tan…
-¿Fascinante?
-Sí. Están comunicándose mezclando una lengua que debe tener miles de años y con poquísimos hablantes con una que es moderna y casi universal, ¡y se entienden! Y no puedo creer que estoy aquí viéndolo con mis propios ojos, conociendo otra cultura tan diferente-explicó, con un brillo de emoción en sus ojos-tú seguro hiciste esto muchas veces, ¿siempre es así de emocionante?
Han tenía que admitir que le divertía su entusiasmo y que llegaba a conmoverlo.
-Cada vez más emocionante que la anterior-sonrió él.
La tribu festejaba de manera muy especial la visita amigable de forasteros, por lo cual tuvieron el honor de ser los protagonistas de una celebración. Al atardecer empezaron con una oración a sus dioses, pidiendo especial protección para los viajeros; las frentes de estos fueron ungidas con un limo extraño, mezcla de algunos frutos machacados, tierra y savia de un árbol nativo, porque garantizaba seguridad durante la travesía por parte de sus deidades. Las niñas de la tribu, cómo regalo, le dieron a Leia un hermoso collar que ellas habían hecho trenzando cordones de cuero y con una pequeña piedra extraña, casi incolora, que la joven no recordaba haber visto nunca en ningún libro.
-¿Qué clase de piedra es?-preguntó, suponiendo que el brillante arqueólogo que viajaba con ella tendría la respuesta. Este tomó el dije entre sus dedos y lo observó extrañado, volteandolo.
-No tengo idea-que Han admitiera que no sabía algo es porque de verdad que no tenía noción absoluta del objeto-nunca ví una roca así. Me pregunto de donde la habrán sacado.
Una mujer que al parecer los había visto se acercó y sólo murmuró una palabra.
-Kyber-dijo, señalando el collar; luego señaló al cielo e hizo el gesto mediante el cual la tribu se refería a sus dioses. Han, Leia y Chewbacca se sorprendieron al oír el nombre del objeto que los había llevado hasta ese lugar y la mujer empezó a explicar con gestos y mezclas de palabras todo lo que sabía sobre aquella misteriosa pedrería.
-Creen que tienen poderes-explicó Indiana a Leia-pero muy pocos pueden controlar su energía y utilizarlas cómo se debe; cuando eso pasa, cambian de color. Dice que se encuentran algunos pedazo pequeños cómo este por doquier, pero no son demasiado poderosos. Se cree que algunos más grandes pueden llegar a encontrarse en el templo.
Eso era lo que estaban buscando.
Chewie murmuró algo, y luego de oír la respuesta, se encargó de traducirla.
-El templo está tan en lo profundo de la selva que nadie ha ido allí por generaciones. Quienes lo habitaban lo resguardaban con trampas, así que es muy peligroso-cuando el hombre terminó de hablar, el cacique se paró frente a ellos y los miró con severidad antes de empezar a hablar con un deje de pena y temor muy notorio en su voz, incluso si las palabras no se entendían-hombres blancos ya pasaron por aquí, y están destrozando todo a su paso en la búsqueda del templo. Masacraron la una comunidad cercana, la comunidad de Jedha; tienen armas poderosas que parecen arrancar la vida. Dice que no debemos ir.
Entonces tal vez Luke y el viejo Kenobi estaban en aprietos mucho más grandes de lo que esperaban: si un grupo armado estaba en búsqueda de los famosos cristales seguro estarían dispuestos a todo.
-Chewie, debes explicarles que no vamos por el poder de los cristales, que solo tenemos que encontrar a mi hermano. Tal vez pueda darnos una pista más certera-pidió Leia. Este le hizo caso y empezó a comunicarse de vuelta con el aborigen; este, al terminar de escuchar, clavó sus ojos por primera vez en los de la joven y al parecer notó la desesperación en ellos porque asintió y susurró algo en tono solemne.
-Tus motivos son buenos, pequeña, pero él solo puede desearnos suerte en lo que nos queda de camino: nadie sabe donde está el templo, las trampas son peligrosas y los cazadores blancos no tienen escrúpulos con quienes se crucen en su camino-tradujo.
-No voy a rendirme-dijo Leia, convencida. Aunque tuviera que morir, vería a su hermano aunque sea por única vez.
El jefe de la tribu pareció entender su firmeza y sonrió levemente antes de inclinar la cabeza.
-Te ganaste su respeto-su profesor parecía impresionado-los jefes no agachan la cabeza por muchas personas, menos por un extranjero.
La chica solo pudo sonreír con timidez y sintió que nada iba a detenerla.
Los músicos nativos detuvieron de repente sus percusiones cuando la luna y las estrellas iluminaron el cielo. Se encendió una fogata y las mujeres trajeron las comidas que habían preparado; Leia apenas pudo distinguir algunas formas y colores de lo que le habían servido en la poca luz que había.
-¿Puedo darte un consejo para estas situaciones?-inquirió Han, divertido.
-¿Qué?
-No intentes descifrar que es, porque morirás de hambre. Solo come-rió, antes de llevarse un bocado de aquella pasta extraña a la boca con la mano; Leia juró que vio algo moverse entre sus dedos, pero el vacío en su estómago era demasiado grande cómo para rechazar lo que le ofrecían. Además, no iba a despreciar algo que seguro solo guardaban para ocasiones muy especiales.
Cuando la comida finalizó, fue el momento de la verdadera fiesta. La música se cargó de alegría y muchos se pararon a danzar alrededor del fuego, mientras gritaban a los cuatro vientos cánticos inentendibles pero que contagiaba un verdadero espíritu de festejo que daba ganas de sumarse al baile.
Leia observaba la escena colorida, aún maravillada, sin notar que del otro lado del fogón alguien la miraba muy interesado. Cuando una sombra se cernió sobre ella, levantó la vista y se encontró con los ojos tímidos de un chico de su edad, una suave sonrisa y su mano extendida, invitándola a unirse a la fiesta. Ella miró a su alrededor, y al ver que sus dos compañeros estaban muy entretenidos hablando con algunos de los hombre más ancianos de la tribu, aceptó la oferta.
-Maui-se presentó, bajando la cabeza.
-Leia-respondió la joven. El ambiente era tan acogedor que las palabras sobraban.
En ronda, dando pequeños saltos, pasó lo que parecieron varias horas bailando y cantando con alegría, imitando lo mejor que podía los gritos de estas maravillosas personas que la rodeaban, celebrando la vida y sobre todo la libertad que tan recientemente le había llegado. Su nuevo amigo le tomó la mano y la tiró con él hacia el centro, donde le mostró un par de pasos nuevos que Leia imitó, y terminaron bailando juntos al ritmo de los aplausos del resto.
Agotados luego de tanta danza, se retiraron a un costado, y de reojo Leia vio cómo su profesor y Chewbacca se acercaban un poco hacia ellos. A Maui no pareció importarle porque siguió mirándola a los ojos con ese semblante encantado que iluminaba su mirada de una manera que a la joven la hacia sonrojar. Le soltó las manos con delicadeza y se quitó un collar se cuero que rodeaba su cuello para ofrecérselo; Leia miró maravillada el objeto y cómo no sabía agradecer en su idioma, le dio un ligero abrazo y se sorprendió de su mirada expectante cuando se separaron.
Una risa masculina se oyó detrás de ella.
-No creo que le vayas a dar el honor-murmuró Han, con una mirada desafiante y postura tensa.
-¿De qué hablas?
-Que te de una posesión personal es una propuesta-explicó-de matrimonio.
La cara de Leia perdió todo rastro de color en ese momento y se volteó hacia Maui sin saber cómo rechazarlo.
-No, no puedo aceptarlo-murmuró, tendiéndole el collar de vuelta. Miró desesperada a Chewie, pidiendo ayuda para hacerse entender; el grandulón rió y habló con el muchacho, quien no pudo evitar decepcionarse. Con algo de culpa Leia se inclinó para darle un casto beso al chico y este se levantó con una sonrisa triste.
-Lo que nos hubiera faltado en el viaje, por dios, una boda-bufó Indiana, aunque ella no pudo dejar de notar que se lo veía un poco más relajado.
-Controla tus celos, Solo-siseó la joven, antes de ponerse de pie y retirarse a la cabaña que les habían asignado.
Cuentenme que les pareció!
