VIII

No perdieron tiempo en partir la mañana siguiente, dejando atrás las bendiciones de aquel amistoso pueblo, buenos augurios y saludos alegres de los niños aborígenes que los despidieron con gritos emocionados por haber conocido a esos forasteros tan valientes y extraños.

Sus mochilas estaban más pesadas, cargadas ahora con talismanes y comidas que los nativos les ofrecieron, y sus espíritus llenos de euforia por la siguiente aventura, que no sabían cuando llegaría. Leia pensó que quizá debería tener en cuenta las advertencias del jefe de la tribu y tener algo de miedo, o al menos cautela, sobre los posibles peligros que podían presentarse, pero estaba demasiado alegre: conocer un nuevo país, la adrenalina de la aventura, la posibilidad de salvar a su hermano… era todo demasiado increíble cómo para plantearse los riesgos.

A pesar del calor y del peso sobre su espalda, el entusiasmo la ayudó a seguirle los pasos a los dos hombre que la guiaban y que eran mucho más experimentados en estas caminatas, pero luego de cuatro horas y con el sol cerniéndose sobre sus cabezas cómo un farol empezó a notar que le costaba cada vez más ir a la par de su profesor y su amigo.

-Podemos parar-sugirió Indiana, con un mirada burlona, un poco bastante delante de ella.

-No-se apuró a responder, y caminó rápido hasta llegar a donde estaba él-estoy bien, a menos que tu lo necesites.

-Nunca he estado mejor en mi vida-rió el hombre, secándose el sudor de la frente con el dorso del brazo; se miraron con desafío antes de que Leia diera un paso y empezara a caminar delante de ellos. Han no perdió tiempo en ponerse a la par de ella-espera cariño, que lo último que necesito es que te pierdas.

La joven rodó los ojos e ignoró el comentario mientras seguía caminando; ninguno de los dos oyó a Chewbacca gruñir por lo bajo, harto de este juego de "peleas- coqueteo" que tenían estos dos.

Las hojas se balanceaban solo con la corriente que provocaban los caminantes, porque no corría una sola gota de viento. Cada paso se volvía más pesado en ese clima abrasador y Leia no paraba de repetirse que podía hacerlo, que iba a demostrarle a su profesor que podía seguirle el paso; negaba las ayudas ofrecidas, no quería parar a descansar y miraba con odio a Indiana cada vez que le dirigía una lastimosa mirada. ¿Creía acaso que ella, solo por ser una niña rica criada en cuna de oro, no podía caminar unas cuantas horas en la selva incluso cuando un propósito tan grande la movía? Estaba muy equivocado.

Pero sus piernas parecían tener otras ideas cuando se aflojaron en el segundo que se detuvieron para ver por que camino seguir, dejando a la chica caer sobre una roca. Enseguida tuvo a su lado al profesor y, cuando abrió los ojos, se encontró con una preocupada mirada.

-No vas a llegar a ningún lado así, Leia. Es normal que esto te cueste.

-No tenemos tiempo que perder.

-Tiempo perderemos si tengo que llevarte cargando-sonrió él, galante y provocador, antes de mirar a Chewbacca-tendremos que costear el río. Será más largo, pero no llegaremos lejos con este clima.

-No es necesario-protestó Leia.

-No es solo por tí, cariño. No esperaba este calor-explicó el profesor, quitándose el sombrero para secarse el sudor. Leia se quedó casi embobada con la imagen de él con la camisa abierta y el pecho y el rostro transpirados; casi que la reanimaba como un trago de agua pero la hacía sentir más acalorada que el pesado clima.

Se irguió, tratando de recuperar la postura, y notó que Chewie se agachó a su lado y le tendió la mano: en ella había unos pequeños frutos amarillos.

-Come, Leia-sugirió y ella aceptó, curiosa-te darán energía y te refrescaran.

Quitó la piel que envolvía a la parte carnosa, dejando al descubierto unos gajos parecidos a los de una naranja, pero de otro color y forma; tímidamente probó uno y descubrió un sabor dulce que no alcanzaba a empalagar, y el jugo era casi una caricia a su reseca garganta.

-¿Qué son?

-Duku-dijo Indiana-son típicos para estas excursiones y crecen en todos lados. Si hay algo de bueno que tienen las selvas de Asia es que abundan las frutas.

-Ya lo creo-respondió Leia, mirando la cantidad de árboles a su alrededor.

-Toma agua y seguiremos hacia el río. Ahí pararemos a comer un poco de lo que nos dieron, recargaremos agua y podemos aprovechar a nadar un rato-esa última parte sonaba más a broma, pero Leia no pudo evitar pensar en cuán hermoso sería darse un chapuzón.

El azúcar de la fruta y el agua lograron revivirla lo suficiente como para poder seguir hasta que el camino se abrió para dar lugar a la ribera de un caudaloso río de aguas claras; ver tanta cantidad de agua fue para los aventureros como encontrar un oasis en el desierto. Se arrodillaron en la orilla para lavarse la cara y beber con las manos casi con desesperación.

Una vez saciada la necesidad, se descalzaron y dejaron que sus pies se sumergieran para que el río arrastrara el cansancio con la corriente. Han sacó un mapa de su bolso y lo desplegó entre sus brazos para que todos pudieran verlo.

-¿Dónde estamos?-preguntó Leia.

-Aquí-respondió su profesor, indicando un punto cercano una bifurcación del curso del agua-más o menos. Vamos a seguir hasta donde se dividen y dentro del bosque armaremos el campamento porque si alguien viene lo más probable es que se acerque al río. Mañana seguiremos hacia el noreste costeando el brazo del río.

-¿Cada vez que tengamos que acampar vamos a tener que adentrarnos en el bosque?-preguntó Leia, como si la sola idea sonara estúpida.

-Sí, por supuesto.

-Por día perderemos ese tiempo entre ir y volver a la ribera, es ridículo.

-Si alguien más viene, el primer lugar al que irá a buscarnos es a la orilla del río porque estar cerca de un cuerpo de agua es lo más lógico. Nos moveremos para despistarlos.

-Entiendo, pero caminar hasta adentrarse en el bosque lleva casi dos horas, instalar y desinstalar el campamento toma bastante tiempo y si encima tenemos que volver a la ribera se nos irán como seis horas. ¡Es una tontería!

-¡Pero prefiero avanzar más lento pero seguro! ¿Crees que no me fijé en el tiempo que perderíamos? ¡Claro que lo hice!-espetó, enojado por su falta de comprensión-aunque sea solo por los primeros días, hasta asegurarnos de que no haya nada raro, lo mejor es avanzar así. Y no me importa cuanto protestes, no vamos a cambiar el rumbo.

Leia lo miró con sus ojos llameantes de ira: ¡perder el tiempo no era un lujo que pudieran darse! ¡Luke podía estar en peligro!

Detestaba tener que seguir sus órdenes, porque su personalidad estaba hecha para liderar, no para obedecer; pero el camino era arduo y podía ser peligroso, y no estaba tan loca como para meterse sola en la selva. Por una vez tendría que ceder, admitir que no sabía nada sobre este lugar y seguir a sus guías.

Aún enojada, apartó la mirada de los ojos de Han y sacó los pies del agua para volver a calzarse; se puso de pie, tomó sus cosas, y empezó a caminar sin esperarlos.

-¿A dónde crees que vas?-inquirió Indiana, apurado por recoger todas sus cosas para alcanzarla.

-Bueno, si vamos a desperdiciar tantas horas será mejor que aprovechemos las que nos quedan.

El profesor casi corrió tras ella y Chewbacca los siguió con paso lento, esperando a que no volvieran a discutir por lo que quedaba del día.


Decidieron armar solo dos tiendas cuando encontraron un espacio para pasar la noche: Chewie necesitaba una para él solo por su tamaño, y Leia insistió que al armar tres les llevaría más tiempo levantar el campamento y que no le molestaba compartir una con su profesor. De verdad no le molestaba, e incluso a una pequeña y aún muy adolescente parte suya le encantaba la idea, pero que fuera una situación cómoda era otra historia.

Leia se retiró apenas terminaron de comer alrededor de la fogata, dejando a los dos amigos con sus cuentos y anécdotas, rellenando el año en el que no se habían visto. Ella quería estar sola un momento con su cuaderno, en el cual no había escrito nada en casi tres días.

Recostada boca abajo, se entretuvo un par de minutos releyendo las últimas páginas y notó cuanto aparecía su misterioso hermano en ellas. Luke Skywalker era un desconocido que había llenado su corazón de felicidad y esperanza por la ilusión de tener lo que siempre había querido: un hermano, un compañero incondicional y una conexión con su familia de sangre de la cual sabía poco y nada. Desde que habían partido le pedía al cielo encontrarlo bien, sano y salvo porque no sabía si su corazón resistiría la decepción de volver sin él, sin poder haberlo conocido.

Se preguntaba a menudo si Luke la aceptaría, si estaría contento con la idea de tener una hermana; ¿Kenobi le habría hablado siquiera de ella? No tenía idea. Solo esperaba que tuviera tantas ilusiones como ella.

El cansancio tuvo mucho efecto en su escritura porque no pudo ni llegar a escribir una carilla entera antes de empezar a sentir que se le cerraban los ojos. Bostezando, guardó sus cosas y fue hacia la tela colgada que hacía de vestidor para ponerse el camisón, que era lo que mejor tenía para dormir con semejante calor. No era una prenda que la tapara demasiado, pero se metería en su cama, se cubriría con una manta delgada y nadie la vería en ese atuendo tan revelador.

Dejando caer la delicada prenda primero sobre su cabeza y luego por el resto de su cuerpo, sintió una leve comezón en la parte baja de la espalda; tocó la zona, primero por arriba de la tela y luego por debajo, y sintió unas enormes protuberancias que al rozarlas picaban y ardían como los mil demonios. ¿La había mordido algo? ¿Podía ser acaso algo venenoso? El pánico empezó a apoderarse de ella, y de su boca salió casi sin pensar un grito llamando a Indiana.

-¿Qué sucede?-preguntó el hombre, entrando con una lámpara en su mano.

Han creyó que se había dormido junto a la fogata y que estaba teniendo uno de sus mejores y más salvajes sueños: Leia estaba de espaldas a él, algo temblorosa, bajándose las correas de su camisón por los hombros y dejando que este cayera hasta el inicio de su cadera, descubriéndose por completo la espalda. Un fuerte deseo lo invadió, pero respiró profundo para controlarse.

-Creo que me picó algo-murmuró, temerosa, señalándome la parte baja. El miedo la hacía parecer ajena al hecho de que estaba con el torso desnudo frente a él, y entendió de inmediato que no se trataba de una situación sexual intencionada.

Indiana se agachó junto a ella para ver más de cerca, acercando la luz a su piel. Leia suprimió un jadeo al sentir el calor de cerca y la piel se le erizó cuando una dedo calloso tocó la picadura con cuidado; se volteó sobre su hombro y sus miradas se cruzaron, haciéndola caer en que condición se encontraba frente a él. Los ojos avellana de su profesor ardían y lo vio tragar con pesadez, como si quisiera reprimir algo muy fuerte: deseo, y al parecer ella lo estaba provocando.

El silencio era incómodo y la tensión parecía crecer más cada segundo.

-¿Es algo venenoso? Me pica mucho y…

-Son mosquitos-sonrió, tranquilizador-solo que gigantes, y por eso las picaduras tienen este tamaño. No te preocupes, mañana te daré algo para que pique menos.

-Que alivio-murmuró la joven, empezando a cubrirse de nuevo; Han se quedó mirando un segundo, pero se puso de pie rápido y volteó los ojos a otro lado-gracias, pensé que era algo peor.

-No te preocupes, lo peligroso son las arañas y serpientes, pero si miras donde pisas no te llevarás sorpresas-ambos compartieron unas sonrisas algo forzadas, y no pudo dejar de notar que Leia estaba colorada hasta la punta de la nariz-vete a dormir, vas a necesitarlo.

-¿Tú no?

-Me acostaré en un rato.

-De acuerdo. Buenas noches-saludó ella, volteandose para ir a la cama.

Le dedicó una última sonrisa y salió hacia afuera, esperando que un rato más de charla con su amigo le quitara las imágenes de Leia de la cabeza: con eso en su mente y ella durmiendo a su lado no podría pegar un ojo.


Confieso que robé esa última escena de uno de los primeros capítulos de The X- Files; cuando la vi me dije que tenía que adaptarla de un modo u otro a Han y a Leia y esta parecía la situación perfecta.

En el próximo capítulo se encuentran con una compañía no muy amistosa y se dan cuenta de el asunto de verdad es peligroso. ¡No puedo esperar a escribirlo!

Ya saben, me gusta leer sus opiniones ;)