Perdón por la demora, y gracias por esperar.
IX
No necesitó que nadie fuera a despertarla a la mañana siguiente porque la luz del sol se coló por la tela de la tienda para darle justo en la cara y, aunque le hubiera gustado seguir durmiendo un par de horas más, se levantó sabiendo que cuanto antes salieran mejor.
-Buen día-saludó. Chewbacca, quien era bastante callado, le dedicó una sonrisa amistosa, y Han levantó los ojos de lo que estaba haciendo para mirarla.
-Hola cariño-saludó, poniéndose de pie. Se acercó y le tendió sus manos, las cuales estaban llenas de diferentes frutos pequeños, todos de aspecto deliciosos-¿desayunas?
Leia tomó un puñado y le devolvió la sonrisa: al menos no habían empezado el día peleando. Se sentó cerca de las cenizas que quedaban de la fogata y empezó a comer, intercalando los bocados de fruta con agua y algunas nueces y almendras que habían comprado antes de partir; no era un gran desayuno, pero era suficiente, práctico y no necesitaban nada más.
Nunca en su vida había ido de campamento, pero insistió en que podía e iba a ayudar: no la dejaron hacer mucho porque se demoraría la partida, pero se dedicó a observar con atención como Chewie y Han lo hacían para poder ayudarlos luego; odiaba sentirse una carga o una molestia.
Avanzaron en diagonal con dirección al río para ahorrarse unos pocos kilómetros por un par de horas; Leia notó que ya no se cansaba tanto como el día anterior y que un muy buen truco para no fatigarse era no pensar: dejar de lado las preocupaciones y los temores por donde acamparían esa noche, o que comerían, y solo concentrarse en caminar aligeraba bastante el paso, y tomarse un segundo cada tanto para respirar y beber un sorbo de agua también ayudaba. El trayecto hasta la ribera no se hizo tan largo, aunque apenas vio el agua dejó su mochila a un lado para correr a la orilla: lo que tenían para beber ya se había agotado y ansiaba poder meter la cabeza y las piernas en el agua para desprenderse un poco de todo el sudor que la cubría. Se desató el pelo, tomó aire y sin pensarlo sumergió la cabeza y exhaló fuera del agua, disfrutando del sonido de las burbujas.
-Bonito lugar, ¿no cariño?
-Creo que podría quedarme aquí todo el día-rió la joven, escurriéndose el pelo mientras salía.
-¿Las picaduras?
-Ya no molestan, pero siguen algo rojas creo-explicó-supongo que se irán en unos días.
-Buscaremos aloe vera durante la caminata, eso va a aliviarte.
-¿Hay algo de lo que no sepas? Arqueología, Historia, Jedis, ungüentos para la piel, ¿algo más?
-Soy una caja de sorpresas-rió, dándose la vuelta-ven, vamos que tenemos que seguir.
Caminar junto al río era una muy buena idea, porque quitaba la tensión y el miedo que podía provocar la paranoia de quedarse sin agua; además, en la ribera todo parecía tener más vida y mucha más energía, incluso ellos bajo el sol del mediodía quemándoles el cráneo.
La sombra de un inmenso árbol les propició un sitio ideal para comer, y Leia no pudo evitar notar que las provisiones eran ya escasas.
-Oigan, queda poca comida. ¿Qué hacen cuando se acaba?
Ambos hombres dejaron de prestarle atención a los pedazos de carne salada que mascaban gustosamente, para mirarla extrañados y casi divertidos.
-Cazar-respondieron al mismo tiempo. Por la pose encorvada en la que estaban y por su básica contestación, Leia concluyó que parecían cavernícolas. Aún así los miró incrédula, sin dar crédito a sus oídos.
-¿Cazar?
-Claro, cariño-dijo Indiana, sonriendo de costado-¿ves por aquí alguna tienda?
-No me trates como idiota, Solo.
-Era broma. Descuida, lo tenemos bajo control; sabemos como hacerlo, que animal elegir y que partes cortar. Chewie sabe hacer manjares con esos bichos, vas a comer como en tu casa princesa.
Aquel sobrenombre no le hacía mucha gracia a la joven, pero lo dejó pasar. Si iban a estar caminando juntos y viviendo al extremo por quien sabe cuanto tiempo, mejor acostumbrarse a sus bromitas.
Con la caída del sol decidieron que era momento de volver a adentrarse en el bosque y aprovechar el poco tiempo de luz natural que quedaba. Habiendo caminado bastante, eligieron un claro para instalarse antes de que cayera la noche, y Chewbacca y Han comenzaron a armar las carpas y a preparar el suelo para la fogata. Leia los miraba de lejos, sin mucho aún que aportar.
-¿Por qué no vas a buscar alguna fruta? Debe haber algún que otro árbol de duku por aquí, esas cosas crecen en todos lados.
La joven se adentró en la jungla y se concentró en buscar ramas en las que saltaran a la vista los frutos amarillos; cada vez se iba un poco más lejos, pero se detenía cada tanto a ver si oía la voz de su profesor para orientarse. Una vez que hubo llenado la especie de cesta que se había inventado con un pañuelo y al ver que las estrellas ya habían asomado, decidió regresar, pero en cuanto hubo dado la vuelta oyó algo, un movimiento que no había sido suyo. Sintió que cada parte de ella, cada sentido, se agudizaba: giró la cabeza y entre las ramas vio destellos blancos moviendose, pasos que sonaban casi como una marcha. Ya no oía la voz de Indiana.
No pudo evitar acercarse un poco más para intentar descubrir quienes estaban ahí; unos pasos más adelante notó humo en el aire y, entre los árboles, un color anaranjado y más calor: una fogata, una muy grande, en el medio de un gigantesco campamento.
El miedo se había convertido en curiosidad y caminó hasta poder ver todo de cerca con lujo y detalle, escondida tras unos arbustos: decenas de hombres corrían de un lado a otro en grupos, como si hicieran guardia mientras otros comían alrededor del fuego. Llevaban uniformes blancos, algo extraño si estaban en una expedición en medio de la selva, con pistolas largas de formas raras colgando en sus cinturones, chocando contra las hebillas de metal. ¿Quienes eran? ¿Qué hacían aquí? ¿Tendrían algo que ver con la desaparición de Luke?
Podía imaginar la voz de su profesor regañandola por la demora y de solo pensarlo ya le daba jaqueca; lo mejor era volver y advertirle que gente armada había montado un campamento cerca, admitir que quizá había estado en lo cierto cuando decía que alguien más podía estar buscando los cristales.
Despacio se puso de pie, pero quizá no fue lo suficientemente cuidadosa: su cabeza chocó con una rama, las hojas se movieron y un ruido rompió el monótono ritmo del campamento.
Que no me hayan visto.
Levantó la cabeza y encontró dos ojos oscuros mirándola: el hombre era más alto que el resto y su uniforme era todo negro. Era imposible ver su rostro en el juego de la noche y la luz del fuego, pero una sonrisa maligna asomó en la oscuridad.
-Atrápenla.
Fueron las últimas palabras que Leia oyó antes de salir disparada, procurando a seguir sin fijar rumbo ni destino más que el escape. Nunca había sido la chica deportista promedio, y siempre prefirió las actividades físicas más tranquilas como la equitación: en ese momento, mientras los pasos enemigos se oían cerca, pensó que no hubiera estado mal correr de vez en cuando cuando su padre lo proponía, y que nada servía saber montar un caballo si no había caballo para huir.
El aire escapaba cada vez más rápido de sus pulmones y el cansancio del día florecía a cada paso. Tenía que perderlos, pero sus persecutores eran reacios a dejar de seguirle la pista; se le nublaba la vista, sus extremidades eran un peso más que una ayuda y en un paso en falso tropezó. Antes de que pudiera siquiera intentar levantarse se vio rodeada por armas y rostros sin expresión alguna; la obligaron a ponerse de pie y, a pesar de su lucha por liberarse, le ataron las manos con un soga dura y rasposa.
-¿Quién eres mocosa?-preguntó el que parecía ser el comandante.
Leia estaba algo asustada, pero su respuesta fue pegarle una patada en la cadera. Trató de salir corriendo pero no hubo caso y entre tres la apresaron mientras un cuarto le amarraba las piernas; el oficial, con su orgullo herido, la miró y sonrió antes de darle una fuerte cachetada. Los ojos se le cerraron, cada parte de su cuerpo se aflojó y la fuerza que le quedaba se esfumó; uno la cargó sobre su hombro y las protestas no salieron nunca de su boca.
-Estará bien-dijo uno, y ese fue su último recuerdo antes de perder la consciencia.
Voy a ser honesta y gráfica: siento que mi cabeza parió este capítulo luego de… ¿mes y medio de trabajo de parto? No tengo hijos, pero supongo que es algo como esto solo que más físico que mental.
A los que siempre leen quiero darles las gracias por la paciencia, agradecerles los comentarios que siempre son un gesto hermoso y espero que hayan disfrutado la lectura. Hasta hace unas horas solo había 400 palabras y no sabía como hacer que la idea que tenía funcione, pero mi cabeza imaginó todo lo de la persecusión y me pareció genial, así que es un cambio a último momento en lo que iba a ser la trama de este cap.
De nuevo, gracias por esperarme!
