Capítulo 4

-Por petición de alguien que te está cuidando- Mary le entregó uno de los cuadernos que Emma usaba para dibujar las prendas para ella misma junto con un estuche. Se había despertado hacía pocos minutos, se levantó de nuevo con la ayuda de una enfermera y ya estaba de vuelta en la cama en la que no quería estar.

-Lo pidió de verdad- dijo Emma más para sí misma que para los padres-Gracias por traerlo- abrió una sonrisa

-Agradece a la doctora Mills la atención- Mary respondió

-Lo haré- sonrió y asintió

-¿Ya te han dado la previsión del alta?- David se pronunció por primera vez desde que habían entrado

-Regina me dijo que me tengo que hacer algunos exámenes y dependiendo de los resultados, puedo ir a casa en dos días

-¿Regina?- preguntó Mary demostrando confusión en su mirada

-La doctora Mills

-¿Te estás haciendo amiguita de tu doctora, Emma Swan?- David cruzó los brazos

-Bueno, es la que me hace más compañía cuando vosotros no estáis. Nada es más justo, ¿no?

-Alguien te echa de menos y hoy vendrá a verte- recordó Mary

-Dime que es Ruby, por favor- Emma juntó las manos por debajo del mentón. Pensaba en su mejor amiga todos los días, y que todo sería menos monótono si ella le hiciera compañía, sin embargo su agenda, por el hecho de ser modelo, no ayudaba mucho.

-La misma- Mary sonrió –Ha llamado todos los días para saber de ti, incluso hablamos de llamarla cuando estuviéramos aquí, pero ya sabes, la diferencia horaria.

-¿Te vienes a casa cuando salgas, verdad?- preguntó David

-Necesitaré ayuda mientras tenga esto en la pierna- señaló el yeso- así que creo que sí

Se escucharon tres golpes ligeros en la puerta y esta fue abierta despacio.

-¿Interrumpo?- dijo Regina en cuanto hubo entrado.

-De ninguna manera- respondió Mary con la sonrisa de siempre y la doctora se la devolvió

-¿Cómo se encuentra?- la doctora preguntó a Emma, que contuvo una sonrisa

-Mejorando, creo

-¿Cree?- Regina frunció el ceño

-Solo estaré cien por cien bien cuando me quite esto de la pierna- señaló de nuevo el yeso –esto de mi barriga –levantó el camisón mostrando el curativo- y salga de esta cama

-Más tarde le harán unos exámenes y como le dije ayer, podrá irse a casa en dos días si todo está bien.

-No veo la hora- Emma exhaló

-Vamos a salir para que la doctora Mills haga su trabajo- dijo Mary intercambiando una mirada cómplice con el marido, y enseguida dejaron el cuarto.

-Veo que hicieron caso a mi petición- dijo Regina al ver el cuaderno y el estuche sobre las piernas de Emma

-Gracias una vez más- Emma sonrió, provocando que la doctora hiciera lo mismo.


La rubia ya estaba de vuelta en el sitio al que jamás querría volver en la vida tras hacerse todos los exámenes necesarios y tomar de nuevo un baño con la ayuda de Belle, que había podido escaparse de su área.

-¡Emma Swan, un susto más como este y yo te mato con mis propias manos!- fue lo primero que Ruby dijo al entrar en el cuarto donde Emma estaba garabateando sin inspiración alguna. La rubia levantó la mirada y sonrió abiertamente al ver allí a su mejor amiga.

-¿Qué te parece si me secuestras y me sacas de aquí, hum?- sugirió

-¿Cómo estás, patito?- ese era el mote con el que siempre llamaba a Emma desde que descubrió cómo se apellidaba.

-Bien, pero podría estar mejor

-Tu madre me contó todo sobre Killian. ¿Estás bien con eso?- dijo mientras se sentaba en el borde de la cama. Emma dejó el cuaderno y el lápiz encima de la mesilla y miró a Ruby de forma diferente.

-Estoy genial con respecto a eso- suspiró –pero él no me va a dejar en paz.

-Podemos organizarle un viaje bien lejos, sabes que tengo contactos- sugirió, ya que Killian también era modelo.

-Estaría bien, pero no un viaje largo, solo un viaje con billete de ida.

-Realmente no tienes pena del muchacho

-Tengo pena de mí que besé aquella boca- Emma fingió que iba a vomitar arrancando una risa de Ruby –Ahora, cuéntame cómo ha ido tu viaje por Milán.

-Ha sido todo increíble. Tienes que ir pronto para allá, patito- suspiró

-No me prives de detalles

Ruby, entonces, comenzó a contarle sobre su viaje a Milán debido a su trabajo de modelo. Ambas se conocieron precisamente debido a que sus profesiones están relacionadas.

Al comienzo de su carrera, Emma necesitaba una modelo para fotografiar y que desfilara su primera colección. En un proceso selectivo, allí estaba Ruby que, sin duda, fue la más bella a los ojos de la rubia. Solo fueron necesarias dos pruebas para Emma tener la plena certeza de que aquella era la modelo perfecta. Durante la preparación, los ensayos y los desfiles, las dos crearon un lazo más allá de una relación basada en la profesionalidad. Algunas copas tras los eventos y las dos ya compartían prácticamente todos los secretos, volviéndose una el apoyo de la otra, incluso sin la presencia del alcohol.

-…y ellos adoraron el vestido negro, que ya sabes que es mi preferido de todas las cosas hermosas que haces-Ruby finalizó con una sonrisa en el rostro después de minutos contándole los más mínimos detalles

-Todavía iremos a Milán juntas

-Londres y París de nuevo

-Londres y París de nuevo- Emma confirmó y sonrió

-Te echaba mucho de menos, tonta- Ruby se recostó en el pequeño espacio que había al lado de Emma y apoyó su cabeza en el hombro de la amiga, entrelazando sus dedos con los suyos –Has hecho dos cosas equivocadas: acabar una relación por teléfono y coger el móvil mientras conducías.

-¿Por qué siempre me tenéis que recordar el motivo?- respondió como una niña enfadada

-Para que no lo repitas. ¿Qué sería de mí sin mis ropas maravillosas hechas exclusivamente para mí y firmadas por Emma Swan?

-¿Todo esto es por interés?- Emma giró su rostro dejándolo lo más cerca del de Ruby

-¿Acaso sería otra cosa?- Ruby rió provocando que Emma también se riera.

La puerta fue abierta y las dos se giraron hacia adelante. Ruby se levantó de la cama, quedando a un lado.

-¿Molesto?- preguntó Regina por segunda vez en el día

-En realidad, quien molesta soy yo- cogió el móvil mirando la hora y lo metió de nuevo en el bolso –el horario de visitas está acabando –Ruby sonrió y se giró hacia Emma –Vuelvo mañana, patito. Cuídate

-Te espero- Emma sonrió y recibió un beso en la cabeza

-Te quiero, tontita

Regina desvió su mirada de la ventana hacia las dos, de brazos cruzadas y parada cerca de la puerta.

-Te quiero- Emma lanzó un beso al aire hacia la amiga que salió del cuarto, despidiéndose de la doctora con un movimiento de cabeza que le fue retribuido por la misma. La puerta fue cerrada y entonces Regina se movió hacia la paciente aún sin descruzar los brazos.

La escena que se encontró al entrar la dejó incómoda. Se encontró con otra mujer sobre la cama de Emma, con las manos entrelazadas y podría jurar que se habrían besado, dada la proximidad de sus rostros y sus sonrisas, si no hubiese llegado ella.

-¿Está segura de que no interrumpí nada? Pido disculpas si…- dijo a Emma que sonrió y negó con la cabeza, interrumpiéndola

-No ha interrumpido absolutamente nada

-Hum. Ok- finalmente descruzó sus brazos y exhaló –Los resultados de los exámenes salen mañana. Creo que todo estará bien.

-Solo quiero mi casa, mi cama, mi trabajo- Emma suspiró

-Lo sé- Regina sonrió a medias –Vengo a quitarle el curativo antes de marcharme

-¿Quitar? ¿No lo va a cambiar?

-Ya no es necesario

-Vale…- dejó de hablar y miró hacia la persiana cerrada -¿podría abrir la ventana, por favor?- pidió y Regina asintió. Algo que la calmaba era observar la ciudad desde lo alto, de donde quiera que fuera, amaba observar los edificios, sobre todo cuando ya era de noche y todos tenían sus luces encendidas. Observar la agitación de las calles de Nueva York desde la azotea de su edificio era su cosa preferida cuando tenía tiempo, y solo era de ella, le gustaba estar allí sola, generalmente solo acompañada de su chocolate caliente con canela.

Aunque la ventana del cuarto del hospital no fuera su azotea o el balcón de su sala, desde el que tenía una vista privilegiada, se podía ver hacia lo lejos y ya era algo.

Regina abrió la persiana y el cristal, se giró hacia Emma que miraba hacia la ventana con una mirada serena.

-Sé que echa de menos lo de fuera- Regina sonrió

-Y tanto…- Emma volvió a mirarla. La doctora llevaba su cabello corto recogido en una cola de caballo baja y el flequillo suelto cayendo por un lateral de su rostro. Su cicatriz siempre realzada y el uniforme del hospital la dejaban hermosa ante los ojos de la paciente.

-¿Puedo?- dijo agarrando la parte baja del camisón, Emma asintió. El toque delicado de Regina, solo para no perder la costumbre, la estremeció. Cuando hubo retirado el curativo, la doctora limpió alrededor de los puntos con cuidado y después bajó de nuevo el camisón.

-¿Cuándo me quitan los puntos?

-La semana que viene, cuando venga a quitarse también el yeso- respondió mientras caminaba hacia el baño para tirar el curativo en la basura.

-¿Cómo están las cosas en su casa?- soltó Emma su curiosidad debido a la conversación que habían mantenido.

-Sin cambios- Regina respiró hondo –Ayer-soltó aire de nuevo –antes de dormir, me habló sobre tener un hijo

-¿Y cómo reaccionó?- Emma volvía a tener su mirada clavada en los ojos castaños de la otra.

-Creo que reaccioné mal. Quizás haya estado demasiado borde en lugar de simplemente conversar y decirle que no quiero.

-Desengáñelo. Aunque lo hiera. Será peor si tarda en hacerlo- arqueó las cejas comprimiendo los labios

-Lo haré

-No sirve de nada huir de su problema, siempre seguirá ahí

-Lo peor es que lo sé- sonrió con pesar

-Pero si quiere, aunque solo sea por hoy, estaré aquí para servirle de escape- dijo haciendo reír a Regina

-No sería mala idea. Pero solo acepto si puedo ver lo que tiene ahí- señaló para el cuaderno de Emma sobre la mesilla

-Nada muy interesante. Son solo cosas que diseño para mí. A veces sale algo también para Ruby.

-¿Ruby?

-La que salió hace un momento

Regina arqueó las cejas y asintió

-¿Su amiga?- enfatizó la última palabra

-Mi mejor amiga- respondió con una sonrisa en el rostro

-¿Con beneficios?- soltó arrepintiéndose mentalmente enseguida por la invasiva pregunta.

Emma pasó unos segundos intentando entender el porqué de aquella pregunta proveniente de Regina.

-Hasta donde sé, soy hetero- rió –y si un día tuviera algo con una mujer, no sería con Ruby

-Disculpe la pregunta

-Está bien- sonrió –no pasa nada

-¿Ahora puedo ver?- dijo acercándose a la mesita

-Puede, pero ya aviso que no hay nada espectacular ahí

-Lo dudo- Regina cogió el cuaderno de Emma, tirando el lápiz que estaba sobre la mesilla. Abrió la primera hoja y se deparó con un conjunto de pantalón y blusa muy bien dibujado, hasta en los más mínimos detalles –Dígame que tiene esta ropa- dijo sin apartar la mirada

-La tengo. En tres colores diferentes, un dos piezas

Regina pasó la hoja, esta vez había un vestido largo, pintado en dos tonos de azul.

-¡Emma!- exclamó pasando de nuevo la hoja

-¿Qué?

-Es muy egoísta haciendo estas cosas solo para usted.

-No es para tanto

-Su mejor amiga tiene suerte de tener alguien con tanto talento haciéndole ropas exclusivamente para ella.

-Por eso que no quede, puedo hacerle algo que quiera- dijo con naturalidad, captando la atención de Regina, que desvió la mirada de las hojas que estaba observando atentamente para encarar los ojos verdes.

-Solo estaba bromeando- Regina entonces sonrió y volvió a mirar el cuaderno.

-Pero yo no.

-No se moleste, solo fue un comentario

-Está bien entonces- Emma se encogió de hombros, pero no lo dejaría pasar. Solo necesitaba estar en el sitio donde podría poner en práctica sus ideas.

Regina se sentó en la silla que estaba al lado de la cama y con el cuaderno aún sobre las piernas, pasaba lentamente las hojas, atenta a cada cosa diferente.

-¿No piensa añadir alguno de estos modelos a alguna colección?- dijo tras algunos minutos de silencio y llegar al último diseño que aún estaba sin acabar. Cerró el cuaderno, lo dejó sobre sus piernas y reposó las manos sobre él, mirando hacia Emma.

-Nunca lo he pensado, me gustan esos solo para mí.

-Si no fuera tan egoísta, con plena certeza los tendría yo en mi vestidor.

-No soy egoísta, solo me gusta la exclusividad.

-Eso se llama e-go-ís-mo- dijo pausando, lo que hizo reír a Emma –Bromas aparte, realmente ha nacido para esto

-Gracias- su sonrisa aún se extendía más

-Las verdades están ahí para ser dichas- sonrió de vuelta. Miró su reloj y respiró hondo, dejó el cuaderno de Emma de nuevo sobre la mesa –Ya es mi hora.

-Desafortunadamente- prácticamente susurró, pero Regina pudo escuchar perfectamente

-¿Cómo?- contuvo una sonrisa y se puso en pie

-Me gusta su compañía- dijo en alto, provocando en la morena, que tenía sus ojos clavados en Emma, un frío en la barriga –Las verdades están ahí para ser dichas- se encogió de hombros al repetir la frase dicha antes por ella.

-Me gusta hacerle compañía y me quedaría más, pero no quiero causar más problemas en casa.

-Está bien.

-Nos vemos mañana- sonrió ligeramente

-Hasta mañana

Regina ya iba a abrir la puerta cuando Emma la llamó, haciéndola girarse.

-Buenas noches

-Buenas noches, Emma- sonrió a la rubia y entonces cerró la puerta.

Emma realmente apreciaba su presencia, cuando estaban conversando sobre cosas que nada tenían que ver con la salud ni siquiera veía a Regina como su doctora, y viceversa.


-¿Mamá?- pronunció Regina algo más sorprendida de lo que debería. Cora se encontraba sentada en un sofá y Robin en otro, ambos con una copa de vino.

-Menos mal, querida. Llegas tarde.

-No son ni las nueve

-Sueles llegar antes de las siete

-Trabajo en un hospital, no tengo hora exacta para llegar- saludó a la madre con un beso en la mejilla y se sentó a su lado en el sofá.

-¿Ya no saludas a tu marido?- preguntó mirando fijo a Robin, que estaba con los brazos apoyados en sus piernas y pasaba su dedo índice por el borde de la copa.

Él había recurrido a su suegra. Sabe que Regina, por más difícil que sea, cede a todos los pedidos de la madre, y pensó que si la situación con su esposa no estaba yendo en la dirección correcta, podría pedir ayuda a alguien con el don de la persuasión.

-¿Qué te trae por aquí?-Regina ignoró la pregunta

-Que echaba de menos a mi hija y a mi yerno. No aparecieron en la cena de esta semana.

Cora había impuesto a sus dos hijas que todos los miércoles habría una cena de familia inaplazable si no había ninguna urgencia. Era de extrema importancia para ella saber cómo estaban Zelena y Regina y sus maridos, priorizaba tener a su familia cerca y participar en la vida de las dos, pero lo hacía de modo equivocado, metiéndose en los matrimonios y en cosas que no eran de su incumbencia.

-También estuve hasta tarde, perdona por no avisar

-Robin me avisó, querida. Él tiene algo más de consideración.

Regina cerró los ojos y tardó unos segundos en abrirlos de nuevo, intentando mantener el control. Odiaba cuando su madre la comparaba con su marido, siempre infravalorizándola.

-¿Ya cenasteis?- preguntó poniéndose en pie

-Estábamos esperándote- respondió Robin

-Primero voy a tomar un baño, ¿ok?

-Bien, pero no tardes

-Con permiso

Subió las escaleras ya agradeciendo los minutos que iba a estar lejos de los dos. Quería a su madre, pero detestaba sus actos y la forma en cómo la trataba algunas veces, siempre queriendo tener la razón.

Tomó su baño absorta en sus pensamientos, una u otra vez deseaba con todas sus fuerzas poder trabajar hasta la hora que le diera la gana, o solo estar en aquel hospital en compañía de alguien agradable.

Los minutos que pasó sola en su cuarto fueron suficientes para querer encerrarse allí y solo salir para ir a trabajar, pero era un deseo que no se realizaría.

Volvió a la sala, Robin y Cora ya estaban acomodados en sus lugares, esperándola. Dejaron de conversar en voz baja cuando Regina apareció y se juntó a ellos.

-¿Cuándo coges vacaciones, querida?- preguntó Cora mientras comían en absoluto silencio, y no era un silencio normal en una cena común, era un silencio pesado.

-Aún no sé. En realidad, ni sé si las voy a coger.

-¿Cómo que no? Necesitas descansar

-Me gusta trabajar- se limitó a decir, centrando su atención en su plato casi sin tocar.

-¿Por qué no hacéis un viaje de unos días? Como una segunda luna de miel- dijo conteniendo una sonrisa, haciendo sonreír a Robin de canto

-No será posible. No puedo dejar mi trabajo. Quién sabe si más adelante

-Puedes pedir unos días más de vacaciones, querida- sugirió Robin

-Ya he dicho que podemos verlo más adelante, querido- sonrió forzadamente hacia el marido.

-Puedo buscaros el mejor lugar, un hotel de cinco estrellas y paseos increíbles para parejas- Cora dejó la copa de vino sobre la mesa y miró a Regina.

-¿Sería posible que escucharais algo de lo que digo?- mantuvo su tono de voz bajo, intentando mantener la calma

-Vamos a esperar que puedas. Pero sería bueno que pasaras tiempo a solas con tu marido, lejos de toda la rutina diaria.

No respondió nada, solo terminó de comer y apenas tocó su copa de vino. Cora enseguida percibió que era hora de marcharse, y dejarlos a solas. Regina no sabía si era peor quedarse a solas con Robin o tener la compañía de la madre.

-Querida, ¿podemos conversar?- Robin agarró sus dos manos, en cuanto cerraron la puerta tras la salida de Cora. Ella solo asintió –Sé franca conmigo, como siempre lo has sido

-Lo seré. Habla

-¿Está sucediendo algo? ¿Me he equivocado en algo contigo?

Regina miró al marido sin saber qué responder, jamás quiso que se sintiera culpable de nada. Abrió la boca para hablar, pero tardó en pronunciarse.

-No te has equivocado en nada

-Entonces, ¿cuál es el motivo para que nuestra relación se haya convertido en un iceberg?

De nuevo pensó antes de responder. Dudaba entre contar todo lo que sentía o si lo omitía y esperaba a reunir el valor para hablar. No quería de forma alguna herirlo, pero le había pedido que fuera sincera y ella dijo que lo sería. Así que era el momento.

-Robin, presta atención. En momento alguno has sido mal marido. Siempre estaré agradecida por todo lo has hecho por mí, por la forma en que siempre me has tratado y me has cuidado. Solo que hoy, para mí eres- dio una pausa, soltó aire- un amigo.

-No entiendo, ¿puedes repetir, por favor?- él soltó sus manos. Ella miró hacia el techo y volvió a encararlo.

-Ya no te veo como mi marido. Mis sentimientos no son los que supuestamente deberían ser para mantener una relación como se supone que debería ser la nuestra- dijo de un tirón antes de perder el valor. Él la miraba atónito, pasó la mano por su rostro y volvió a encararla. Regina mantenía el ceño fruncido por puro miedo ante lo que vendría. No sabía cuál sería su reacción, tampoco estaba preparada en caso de que fuera negativa. No había programado su cerebro para qué todo ocurriera ya.

-¿Estás hablando en serio?

-Me pediste que fuera franca, Robin

-¿Alguien tiene la culpa de esto?

-¿Me estás preguntando si tengo sentimientos hacia otra persona? No, Robin, no hay otra persona

-Entonces, ¿por qué esto ahora?

-Porque no controlo lo que siento, Robin. No me siento bien por no corresponder a tus sentimientos, pero no puedo.

-Dame un tiempo para probarte que me amas, solo que no te estás dando cuenta- dio un paso hacia delante y la agarró por la cintura.

-No, Robin. Solo será peor para ti- colocó las manos sobre las de él, intentando apartarlas de su cintura, pero fue imposible, él puso una fuerza que no la dejaba hacerlo.

-¡Me amas, Regina!- dijo elevando el tono de su voz y la pegó contra la pared.

-Suéltame. Vamos a tener una conversación civilizada, por favor- pidió cerrando los ojos ante la incomodidad que sus manos le causaban apretando su cintura.

-Solo estás confusa. Sé que también sientes lo que yo siento por ti- presionó su cuerpo contra el de ella, apretándola contra la pared. Quitó una de las manos de la cintura y la llevó a su cabello, tirando de su cabeza hacia atrás, y besando su cuello.

-¡Robin, no!- exclamó seca

-¿Qué problema tienes?- apretó sus brazos contra la puerta –¡Siempre te he dado lo mejor, te he tratado como una reina durante prácticamente diez años, Regina! ¡Diez años! ¿Y es esto lo que recibo a cambio?- la rabia lo estaba consumiendo, sus dedos apretaban aún más su brazo.

-Me estás haciendo daño. Suéltame, por favor- dijo mirando en sus ojos, él aflojó los dedos poco a poco y dio un paso hacia atrás.

-Perdóname. No quería hacer eso- se pasó la mano por la cara –Es que no lo entiendo. No lo acepto.

-Vamos a sentarnos y conversar- pidió pasándose la mano por el brazo donde él había ejercido su fuerza.

-¿Conversar para qué? Ya lo has dejado claro

-Tienes innumerables posibilidades de encontrar a alguien que te ame, Robin. Alguien al que puedas darle tu amor. Ese alguien no soy yo, solo eso.

-No quiero a otra persona. ¡Tú nunca encontrarás a nadie que te haga tan feliz que como yo te hecho y como podría hacerte!- abrió la puerta y salió dando un portazo, dejando a Regina sin saber qué hacer.

Se quedó allí paralizada por minutos. Le dolían los brazos y estaba perpleja ante el hecho de que él se había pasado de los límites. Estaba asustada con eso, jamás esperó que su reacción fuera buena, pero tampoco esperó que fuera esa.

Robin salió sin ni siquiera llegar a un término, dejándola con miedo de que cometiera cualquier tontería, pero se calmó, intentando pensar que él solo estaba con la cabeza caliente y volvería enseguida. Por más que no lo amase, tampoco lo odiaba, por eso no deseaba que le pasara nada malo.

Había ido mal, pero había sido el primer paso para acabar con esa farsa.