Capítulo 5
Después de haber pasado casi toda la noche en claro, sin Robin haber regresado a casa, Regina, debido a esas pocas horas dormidas, se pasó de su horario. Se levantó a las prisas para tomar un baño y vestirse, sin tiempo para pasarse maquillaje que cubriera sus ojeras, apenas se miró en el espejo y ni se dio cuenta de que tenía morados donde Robin le había apretado con cierta fuerza, causada al descubrir que sus sentimientos no eran correspondidos.
Mills se pasó horas pensando si denunciar a la policía o no, se había dado cuenta de que sí había sido una agresión y debería tener consecuencias para Robin, pero consideró el hecho de que jamás le había levantado la mano y que debido al estado en que estaba ni él mismo se estaba dando cuenta de lo que hacía. Aún estaba intrigada con lo sucedido, pero pensó que solo había sido esa vez, y esperaba que algo así nunca más se repetiría.
Llegó al hospital, atendió a todos los pacientes ingresados y tuvo que atender a algunos más no tan graves. Dejó a Emma para al final ya que le iba a sobrar tiempo.
Cogió la carpeta con el resultado de los exámenes y caminó a paso largo hasta el cuarto de la rubia. Imaginó que sus padres o Ruby estarían allí, visitándola, así que dio tres golpes ligeros en la puerta, como siempre hacía, y abrió despacio, encontrando a Emma sola, concentrada en el cuaderno apoyado sobre su pierna sana, que estaba doblada.
Emma desvió la mirada de donde la tenía enfocada y encontró los ojos de Regina.
-Pensé que había abandonado a su paciente
-La dejé para al final a propósito- Regina sonrió -Aquí están los resultados de sus exámenes- Alzó la carpeta que llevaba en las manos y caminó hasta la mesita de noche.
-¿Y?
-Voy a mirar ahora- dijo abriendo la carpeta. Analizó cada hoja que había dentro y miró a Emma, que mantenía su mirada ansiosa sobre la doctora -¿Promete seguir todo lo que le pida?
-¿Eso significa que me puedo ir a casa?- abrió una sonrisa cargada de una mezcla de esperanza y ansiedad.
-Solo si lo promete- Regina sonrió también.
-¡Lo juro!
-Entonces mañana se puede ir a casa, desesperada
-No puedo creer lo que acabo de escuchar- Emma dijo con los ojos cerrados, causando una sonrisa en Regina al ver las maneras tan amables de la mujer que tenía delante.
-Después le prescribo sus obligaciones. Y me enteraré si no lo hace cómo le mando.
Emma asintió y sus ojos se detuvieron en los brazos de la morena que tenían manchas rosáceas que no tenía la noche anterior cuando salió de su habitación.
-¿Todo bien?- preguntó volviendo a mirarla a la cara. Regina asintió mientras sacaba las pastillas de Emma de los frascos.
-He olvidado coger el agua, como siempre
Salió del cuarto sin mirar directamente a Emma. Tras haberle contado cosas de su vida a la paciente, sabía que no podría mantener por mucho tiempo lo que había sucedido la noche anterior, pero sin embargo prefería mantenerlo solo para ella. Emma la había escuchado, pero no necesitaba saber más problemas suyos.
Fue inevitable para Emma no reparar en las ojeras en el rostro de la doctora cuando regresó al cuarto con el vaso de agua en las manos.
-¿Ha sucedido algo con su marido?- preguntó enseguida sin conseguir guardar su curiosidad y su nítida preocupación.
-No, todo está bien-respondió tras pensar la respuesta por dos segundos.
-Solo la conozco hace unos días, pero sé reconocer cuando alguien miente
Regina se giró hacia ella, le pasó las pastillas, y al coger el vaso de agua con una mano, Swan llevó la otra hasta el hemtoma de su brazo, tocandola con cierta fuerza.
-¿Duele?- preguntó frunciendo el ceño al ver su expresión cambiar al tocar su brazo. Regina solo asintió y dirigió su mirada al suelo -Fue él, ¿no?- dedujo y una vez más Regina asintió -Míreme- se tomó la última pastilla y se bebió el resto del agua, y lo dejó en la mesita.
-Dije que él no lo aceptaría fácilmente- profirió con voz baja
-¿Pelearon?
-No fue una pelea. Él solo...se alteró
-¿Y dejó marcas en su cuerpo por eso? ¡Regina, es un abuso!
-Lo sé, lo sé- soltó el aire con pesar
-¿Lo sabe y no va a hacer nada?
-Se fue de casa después de contarle cómo me siento. No lo odio, Emma, no quiero que nada malo le suceda por mi culpa- sus ojos seguían bajados
-Hey- Emma llamó su atención y llevó su dedo índice al mentón de Regina, alzando su rostro y dándose por satisfecha solo cuando sus miradas se encontraron -Hizo bien en hablar con él. Si pasa algo mal, no será su culpa- suspiró -Pero debería hacer algo con respecto a eso- miró hacia sus brazos
-No sé si debo. Ha sido solo esta vez, y creo que no ha sido intencionado.
-Puede volver a pasar, y peor si no hace nada. Es un abuso y él no debe salir de rositas.
-Está todo bien. No va a suceder de nuevo- dijo las palabras intentando creer que realmente eso no volvería a suceder.
-Estoy debilitada físicamente, pero puede contar conmigo para lo que necesite. Me siento en el deber de retribuir sus cuidados- Regina iba a interrumpirla, sin embargo ella continuó -aunque solo esté haciendo su trabajo- concluyó la frase que sabía que la otra iba a decir.
-Ni mis amigas y ni siquiera mi hermana conocen estos problemas, Emma, gracias por haberse puesto a mi disposición para escuchar sin conocerme.
-Ya he dijo que soy buena oyente y realmente estoy dispuesta a ayudarla- agarró la mano de Regina acariciándola con el pulgar.
-¿Sabe?- sonrió -Estoy pensando en no darle el alta- Emma rió y negó
-Puede buscarme fuera de aquí, solo déjeme salir- profirió aún entre risas
-No quiero interferir en su rutina de ninguna manera
-No lo está haciendo, lo juro. Déjeme su número y cuando compre un móvil, que seamos sinceras, me está haciendo una falta enorme, le mando un mensaje y usted guarda mi contacto, ¿puede ser?
-Puede. Gracias, querida- le dio una sonrisa sincera provocando que Emma también le sonriera.
-No hay que agradecer la empatía.
-La última vez que me arriesgo al salir de mi área por ti, Swan, ni me lo creo- dijo Belle después de que Emma le contara lo del alta. La rubia ya estaba de vuelta en la cama, cepillándose su largo cabello, que caía sobre sus hombros.
-No sé cómo agradecerte por esto
-Puedes empezar renovando mi guardarropa- guiñó a Emma que rió y asintió
-¿Tenéis una fijación con mis ropas o he entendido mal?- entrecerró los ojos
-No sé qué quieres decir con «tenéis», pero sí, la tengo. Sin embargo, estoy bromeando. ¿Te acuerdas cuando juramos cuidar la una de la otra hasta que muriéramos? Solo estoy cumpliendo esa promesa. Espero que cumplas tu parte.
-Con placer- sonrió
-A pesar de haberme cambiado por tu nueva mejor amiga, de buen grado me ofrezco para lo que necesites, Swan
-Sin dramas, por favor. Sabes que te quiero a ti tanto como a ella.
-¿Estás admitiendo querer a alguien? Eso es nuevo. Realmente te has dado fuerte en la cabeza.
-Hey, ¿qué es eso? Ya te he dicho varias veces que te quiero.
-Voy a llamar a la doctora para que compruebe si tienes fiebre- puso el dorso de su mano en la frente de la amiga provocando que esta revirara los ojos -Me gusta meterme contigo- sonrió -Te visitaré cuando salgas de aquí, ¿ok?
-Te tomo la palabra, no me decepciones.
-No lo haré- le dio un beso en la frente y salió del cuarto
Emma volvió al silencio habitual de cuando estaba sola. Ruby había pasado cinco minutos a verla, deprisa ya que tenía ensayo para una revista. David también se había pasado por un momento, solo para avisarle que mañana la recogería, y que estaban ocupados cuidando algunas cosas en el taller.
Estaba afligida por no saber cómo iban las cosas por allá, odiaba no poder estar al mando de todo, a su manera como siempre había hecho. No echarle un ojo al trabajo de sus funcionarios la dejaba casi en colapso. Y era peor cuando recordaba que estaba presa en un sitio que bloqueaba cualquier inspiración que pudiera tener.
Como ya no había cura que hacerle ni pastillas que tomar, imaginaba que su doctora ya se habría marchado, cosa que la dejaba preocupada debido a la situación con su marido. Prácticamente había creado una amistad con la doctora en una semana; se sentía agradecida por recibir tanto cuidado proveniente de la morena, y se sentía aún más agradecida al ver que conseguía que confiara en ella, que se abriese sobre su vida sin ni siquiera conocerla un tiempo suficiente para algo así. Le gustaba escuchar a Regina, sentía aprecio por la mujer, tanto por su faceta profesional, ya que la había ayudado a recuperarse relativamente rápido, como por el maravilloso lado humano que demostraba tener.
Swan sonrió instantáneamente cuando tres golpes en la puerta se escucharon. Ni necesitaba esperar para saber quién era.
-Hey- dijo Regina con la voz más baja y media sonrisa se formó en sus labios
-Hey- respondió idénticamente
-¿Todo bien por aquí?- cerró la puerta tras ella
-Si sigo marchándome mañana de aquí, sí, todo está bien.
-¿Te puedo usar de escape?-Regina se llevó el pelo tras la oreja
-Puede- Emma sonrió y entonces se movió hacia un lado y enseguida Regina se sentó en el borde de la cama, girada hacia ella -¿Está evitando ir a casa?
-No sé lo que me voy a encontrar cuando llegue. Tengo incluso miedo de hallarme un comité formado por mi marido, mi madre y compañía
-Intenté hablar con ellos otra vez- Swan le dio medio sonrisa pesarosa
-Lo voy a intentar. Todo debería haber acabado la noche pasada, pero se fue sin llegar a concretar nada.
-Si intenta cualquier cosa contra usted, llame a la policía, Regina, en serio- Emma frunció el ceño y Regina asintió -No tenga miedo de hacerlo, mucho menos sienta pena. ¿Entendido?
-Entendido
-Bien- sonrió con satisfacción.
La puerta de entrada de la casa estaba sin la llave pasada, lo que indicaba que Robin había vuelto. Regina abrió la puerta ya temiendo lo que encontraría dentro. La luz de la cocina estaba encendida, las otras no. Se detuvo unos segundos buscando valor para esta vez realmente poner un punto y final antes de que el marido se marchara de nuevo. Caminó a paso lento hasta la cocina y lo encontró de espaldas, sentado en la isla, con su botella de whisky preferido y el vaso en las manos.
-Robin- lo llamó en voz baja
-¡Querida, has llegado!- abrió una sonrisa y bajó del taburete con dificultad y se acercó a ella tambaleando. Estaba notoriamente borracho. Sin decir nada, ella le quitó el vaso de las manos y lo dejó en la encimera -Te he estado esperando todo el día -acarició su rostro e intentó una aproximación.
-¿No fuiste a trabajar? ¡Estás completamente alterado!- dijo apartándose
-Vamos a arreglar las cosas, querida
-No vamos a arreglar nada, mucho menos estando tú borracho- él estaba parado mirándola, sus ojos estaban rojos y luchaba por mantenerse en pie. Regina , de pie a cierta distancia, con las manos en la cintura, intentaba buscar alguna solución a la situación. No podría conversar con él en ese estado, y mucho menos dejaría que hiciera cualquier cosa que trajera consecuencias negativas -¡Vas a hacer todo lo que te diga y no te atrevas a contradecirme!-usó su tono de voz más firme y lo agarró por el antebrazo, arrastrándolo hacia el baño de la planta en que estaban. Tenía miedo ante cualquier cosa que él pudiera intentar hacer con ella estando como estaba, pero mantuvo la calma, queriendo hacer solo lo correcto.
Abrió la ducha, ajustó la temperatura fría y lo metió debajo aún con las ropas.
-No estoy borracho- balbuceó. Regina lo ignoró y continuó agarrándolo debajo del agua fría, que a ella también estaba enfriando porque la estaba mojando completamente.
Lo sacó de la ducha tras unos minutos, lo sentó sobre la tapa del water mientras buscaba otra ropa. Robin ya estaba casi quedándose dormido. Regina lo ayudó en lo necesario y estaba agradecida de que él hubiera obedecido en todo. Casi arrastrándolo con dificultad debido a la diferencia de tamaño y peso, lo acostó en el sofá y lo tapó.
-¿Regina?
-¿Sí?
-¿Quién es él?
-Duerme, Robin
-Dime...
-No existe un él
Robin no respondió. Ella esperó a que se quedara dormido para subir a su habitación. Cerró la puerta con llave para garantizar su seguridad allí dentro y fue a darse un baño caliente. En cuanto se sacó la ropa, se miró al espejo los brazos que estaban ligeramente marcados. Siempre pensó que jamás se encontraría así por su culpa, y quizás eso le demostrara que no conocía totalmente a quien había pasado años bajo su mismo techo.
Con su cuerpo ya sumergido en el agua caliente de la bañera, su vista se nubló por culpa de las lágrimas. Solo quería poner fin a una relación que no la hacía feliz, y le gustaría que ese fin fuera lo más amigable posible, aunque fuera difícil. Maldijo que Emma no tuviera un móvil en el hospital. Era la única persona con quien había conseguido abrirse. Tenía amigas y tenía a su hermana, pero nunca exponía sus sentimiento ante ellas, prefería guardarlos para sí, hasta que se ha visto confesándose con una paciente.
Robin seguía durmiendo cuando Regina salió hacia el trabajo. Llegó al hospital con otra noche mal dormida a cuestas, y una vez más dejó la visita a Emma para cuando hubiera hecho todo lo que tenía que hacer. Era hora de despedirse de quien escuchaba las cosas de su relación perturbada y hacía que se olvidara de todo durante unas pocas horas al día. Echaría de menos entrar en aquel cuarto y encontrar a la paciente a quien consideraba la más hermosa que hubiera visto, la más dulce y amable también. Le gustaba tener hacia donde y hacia quien correr al final de su turno; definitivamente echaría de menos a Emma y su sonrisa que inevitablemente siempre le sacaba una a ella.
Abrió la puerta del cuarto tras los tres golpes habituales, Emma ya estaba vestida con sus ropas y no las del hospital, con David y Mary a su lado.
-¿Lista para decir adiós a esta cárcel?- preguntó Regina haciendo reír a Emma y asentir -Buenos días-dijo dirigiéndose a los padres de la rubia
-¡Buenos días!- dijeron a la vez sonriendo
-Entonces vamos allá- se acercó más a Emma -Ya no necesita las pastillas, lo único que necesita es reposo a causa de la pierna. No se atreva a realizar cualquier movimiento que le perjudique la zona de la cirugía- colocó la plancheta sobre la mesa, anotó en una hoja, la arrancó y se la pasó a Emma -Vuelva el viernes a esta hora para retirarle los puntos y el yeso- sonrió
Emma bajó la mirada hacia la esquina de la hoja donde había un número de teléfono debajo de la hora y el día en que debía volver.
-Gracias- profirió la palabra que significaba mucho más de lo que parecía
-De nada...- sonrieron juntas -Y- se giró hacia Mary y David -Vigilen que no desobedezca ninguna de mis órdenes
-Nos ocuparemos de eso, doctora Mills
-Nos vemos la semana que viene.
