Capítulo 8

-¡Has tardado!- exclamó Emma al abrirle la puerta a Regina

-Mi hermana no vive cerca- se encogió de hombros dándole una sonrisa

-Entra- Emma le dio espacio para que entrara, y en cuanto lo hizo, cerró la puerta -¿Qué ha pasado?- la pregunta hizo suspirar a Regina

-¿Qué quieres escuchar primero? ¿La mala o la buena noticia?

-La mala- Emma caminó hasta la vinería, acompañada por Regina

-No sé muy bien cómo se desarrollarán las cosas de aquí en adelante, pero Robin y mi madre están en mi contra y contra mi decisión de divorciarme- Emma le ofreció una copa de vino que fue aceptada inmediatamente -Mi hermana escuchó algo de un documento falso de divorcio que yo firmaría y así poder seguir casada sin enterarme.

-Eso es enfermizo- comentó apartándose la copa de la boca

-Solo que yo ya comencé con el papeleo, el proceso seguirá su curso.

-¿Y eso ya no quiere decir que os vais a divorciar?- preguntó mientras veía a Regina beber el vino dejando la marca de sus labios en el borde de la copa.

-Los dos van a poner trabas hasta donde puedan.

-Algo que tendría que ser sencillo...

-Nada es sencillo cuando mi madre está envuelta- bajó su mirada hacia el suelo.

-Si le explicas esto al abogado quizás pueda agilizarse el proceso, ¿no crees?

-No sin pruebas

-Pero tienes un testigo...Y aunque no quiera recordártelo, yo puedo testificar que te vi con hematomas en los brazos provocados por él, también es una ayuda.

-Si eso fuera necesario, te lo agradezco

-No tienes por qué, como siempre- Emma sonrió y agarró la mano de Regina guiándola hasta el sofá donde se sentaron.

-¿Cómo están las cosas en la empresa?- Regina cambió de tema

-Todo bien, fue tranquilizador volver- sonrió

-Quiero conocerla- también sonrió

-Y lo harás, en breve...- se limitó a decir

-Esperaré la invitación

-Juro que no tardará- Emma sonrió

Regina miró a su alrededor, reparando en los detalles de la estancia donde estaban. El apartamento entero tenía el mobiliario en blanco y negro, con algunos detalles de color, todo debidamente en su lugar, como si hubiera sido todo hecho y colocado bajo la supervisión de un especialista en decoración.

-Tu apartamento es hermoso- dijo al volver a mirarla

-Gracias- sonrió

-Todo tan...escape- dijo haciendo reír a Emma

El timbre sonó, haciendo que las dos se giraran hacia la puerta. Ya eran las once de la noche pasadas, si no era Ruby o algún vecino, sería extraño que alguien viniera a esa hora sin ser invitado. Emma se levantó del sofá para ir a abrir y en cuanto lo hizo, prefirió no haberse molestado en levantarse del sofá.

-Hey, love- Killian sonrió desde el umbral -Te he echado de menos- Emma iba a protestar, pero él se lo impidió al dar un paso hacia delante, agarrando su cintura y pegando sus labios en los de ella en contra de su voluntad. Con toda la fuerza que tenía, ella lo empujó provocándole una risa sarcástica.

-Ya has sido más fácil, Swan

-¿Qué estás haciendo aquí?- dijo pausadamente. Regina, aún sentada en el sofá, los estaba observando y estaba a punto de ponerse en pie.

-He venido a recuperar lo que es mío

-No hay nada tuyo aquí

-Lo tengo delante- lanzó una sonrisa lasciva y dio un paso hacia delante, haciendo que ella retrocediera -¿Qué ocurre, Swan? ¿De verdad vas a hacerte la difícil?

-Sal de mi casa, Killian- usó su tono de voz más firme y cerró los puños intentando controlar sus manos que temblaban a causa de la rabia.

-Sabrá que invasión de domicilio es un delito, ¿verdad? No recuerdo haber escuchado que ella le haya invitado a entrar- Regina se colocó al lado de la rubia, cruzándose de brazos

-No sabía que te traías a tus sexys doctoras a casa, Swan

-O te marchas ahora mismo, o...

-¿O qué?- la interrumpió -¿Vas a llamar a la policía?- soltó otra vez su risa sarcástica

-¿Puedo, Emma?- Regina preguntó y Emma asintió sin apartar los ojos de él

-¡No!- vociferó cuando Regina hizo amago de sacar el móvil del bolsillo -Me voy, Swan, pero no te librarás de mí tan fácilmente- la miró durante unos segundos antes de atravesar la puerta. Emma la cerró y se recostó en ella, cerrando los ojos y respirando hondo.

-¿Estás bien?- preguntó. Emma abrió los ojos y asintió

-Perdóname por esto

-Quien se tiene que disculpar es él contigo- sonrió a medias -Tengo que irme, ¿estarás bien?

-¿Ya?

-En un momento u otro tengo que marcharme, ¿no?

-Aún es temprano, quédate un poco más- Emma se separó de la puerta, para acercarse a Regina y poner sus manos en sus hombros. Le dio la vuelta y volvió a conducirla al sofá -¿No decías que querías estar lejos de casa? Ahora me harás compañía- Mientras Regina se sentaba de nuevo en el mismo sitio donde estaba antes, Emma cogió las dos copas que estaban vacías sobre la mesa de centro y volvió a la vinería.

-Voy a conducir, Emma- rió al ver a la rubia llenando la copa con más vino.

-Olvida que tienes que volver a casa- dijo al regresar cerca de ella y darle la copa con una cantidad considerable -dos copas de vino no hacen mal a nadie.

-Si pudiera, bebería hasta caer desmayada y olvidar el rumbo que mi vida está tomando.

-Siéntete a gusto- rió- te presto mi cama

-De ninguna manera. Trabajo mañana temprano, señorita Swan- Regina colocó la copa en la mesa, y detuvo su mirada en una hoja con un diseño aún sin terminar. Era el vestido que Emma estaba confeccionando pensando precisamente en ella, pero del que nada sabría hasta que estuviera listo. Cogió la hoja y la analizó, Emma sintió su corazón acelerar al ver cómo cogía la hoja con una expresión indescifrable -Imagino que quedará hermoso cuando lo acabes- sonrió apartando los ojos de la hoja y posándolos en Emma, volviendo en seguida a poner la hoja donde estaba.

-Espero que sí- dio una media sonrisa

-¿Es para una colección o alguien en específico?

-Para alguien específico- se limitó a decir

Pasaron más horas conversando, Emma incluso puso una película que les gustaba a las dos cuando las palabras ya no se hacían presentes entre ellas. Si Regina quería estar lejos de casa, ella haría eso.

Estar ahí con Emma era como tener un refugio recién descubierto, era un lugar nuevo, pero donde desde un comienzo había sido cuidada. ¡Ah, si su amiga de siempre, que siempre estuvo a su lado, descubriera que casi a las tres de la mañana Regina estaba en casa de otra, viendo una película, mientras esa otra era llevada por el sueño, con su cabeza recostada en el hombro de la morena! Ella ni se había dado cuenta de que Emma se había quedado dormida a mitad de la película. Esa compañía para Regina era sinónimo de consuelo, era una persona nueva en su vida, era lo nuevo que, si dependiera de ella, se convertiría en permanente.

Cuando los créditos finales aparecieron en la pantalla, Regina miró a la rubia que estaba acurrucada desde hacía un tiempo, con la cabeza apoyada cómodamente en su hombro, cosa que sucedió al comienzo del film, de forma involuntaria. Miró su móvil y vio que ya era hora de marcharse. Durante unos segundos estuvo indecisa sobre si despertarla o no, pero prefirió avisarle de que se marchaba, así, al menos Emma también podría irse a dormir a un sitio más cómodo que el sofá.

-Emma- susurró en su oído y se movió un poco

-¿Hum?- murmuró

-Ve a dormir a tu cama- Regina rió al ver a Emma alzando la cabeza de su hombro y refregándose los ojos

-Perdona por usar tu hombro de almohada- sonrió a medias -¿Qué hora es?

-Casi las tres de la mañana. Para mí ya es hora- se puso en pie y observó a Emma con los cabellos rubios desgreñados y casi dejó escapar una sonrisa al verla así, con cara de quien ha dormido durante horas.

-Es tarde para que te marches

-Sí-respiró hondo -Pero de todas maneras tengo que hacerlo

-Está bien- se puso en pie también -Te acompaño abajo

-No es necesario, vuelve a dormir- se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla -Gracias, escape

-¿Por qué?- Emma la encaró confusa

-Por haber sido mi escape una vez más- sonrió y se giró. Cuando estaba a punto de abrir la puerta para salir, Emma la llamó y ella se giró.

-Cuidado

Regina sonrió ante la única palabra dicha por Emma y asintió, saliendo inmediatamente después.

Swan apagó la tele y caminó arrastrándose hacia el cuarto.

Mientras, fuera del edificio, Regina miró la calle casi desierta, no totalmente gracias a que pasaba un coche u otro cada cierto tiempo. Entró en su coche con una sensación diferente a la que tenía cuando llegó. Estaba empezando a creer que Emma tenía algún don que la hacía sentirse más ligera, trayendo un poco de paz donde hay puro caos.


Regina bajó a desayunar antes de salir para el hospital, en cuanto puso los pies en el último escalón, escuchó una voz que conocía perfectamente proveniente de la cocina. ¿Qué hacía Cora ahí a esa hora?

Se dirigió hacia de donde provenían las voces de Robin y de su madre y miró a los dos buscando una explicación. Ambos estaban sentados cerca de la encimera donde estaba servido el desayuno y actuaban con normalidad, como si la presencia de Cora a las seis de la mañana en la casa fuera algo rutinario.

-Buenos días, querida- Cora dio una media sonrisa

-Buenos días- respondió de mala gana -¿Qué haces aquí tan temprano?- cogió una taza y esperó la respuesta mientras la llenaba con café, que esperaba que estuviera amargo para que estuviera en sintonía con su humor.

-Tu marido- enfatizó -me dijo que anoche no volviste a casa y estaba preocupado. He venido a saber si todo estaba bien.

-Todo genial- colocó la taza ya vacía en la encimera -Espero que tu abogado te avise pronto para firmar los papeles del divorcio – dijo manteniendo su mirada en Robin, marchándose enseguida.

El aviso estaba dado, todo el miedo de que su madre estuviera allí se desvaneció en el momento en que la rabia al recordar que estaban unidos para hacerla infeliz se encendió.

Cora no estaba ahí por preocupación, estaba ahí porque quería controlar su vida y continuar manteniendo las riendas, Regina tenía plena consciencia de ello.

Si no fuera por Zelena, habría caído en una trampa perfecta creada por su propia madre, la persona que debería apoyarla en sus decisiones independientemente de cuales fueran, o darle un tirón de oreja cuando fuera necesario para ayudarla, la persona que debería estar a su lado en los momentos en que su vida estaba cabeza abajo por haberse cansado de la estabilidad de un matrimonio fracasado. Le dolía ver que la persona que estaba dispuesta a tenerla a toda costa por puro egoísmo tuviera el apoyo de quien debería tener su felicidad como prioridad. Se había pasado su vida intentando agradar a su madre, siempre había sido la mejor alumna, un ejemplo de hija incluso en la adolescencia, que apenas rompía una regla por muy tonta que fuera, se casó porque su madre se jactaba de su imagen y Robin era el hombre perfecto para posar en las fotos de las fiestas de final de año, para presentarle a los compañeros de la clase alta como el marido de su hija pequeña.

Era hora de colocarse en primer lugar, era hora de demostrar que ya hacía años que no dependía de su madre y ya no haría nada para agradarla. No importaba cuánto afectara ese divorcio a Cora, estaba decidida a continuar con eso a pesar de las trabas que tuviera por culpa de la de más edad.

¿Era pedir demasiado tener una familia estructurada, donde madre e hija mantuvieran una relación saludable?


«¿Llegaste bien a casa esta madrugada?»

Sonrió como tonta al leer el mensaje que aparecía bajo el nombre de Escape. El mensaje habia llegado dos horas atrás, sin embargo no había sido el momento adecuado para responderle. Emma ya estaba acostumbrada a las respuestas tardías si le mandaba mensajes durante su turno.

«A pesar de la cantidad de vino que me diste, sí, llegué bien»

Respondió en cuanto pudo sentarse a tomar una taza de café caliente y amargo.

«¿Cómo están las cosas? ¿Cómo estás tú?»

«Si tienes en consideración que el estado caótico de mi vida ya es normal, entonces todo está normal»

«Tu conformismo me irrita, doctora Mills»

Regina tuvo una imagen perfecta en su mente de cómo Emma diría eso si estuvieran cara a cara y sonrió sola.

-Eh...¿doctora Mills?- una voz baja la llamó. Regina se giró buscando a su dueña y la encontró parada detras de ella.

-¿Sí?- respondió a French

Belle dio tres pasos y se sentó al lado de Regina.

-Sé que no tenemos tanta intimidad, pero el sábado es mi cumpleaños y he venido a invitarla a mi casa, será algo parecido a...una fiesta- se mordió el labio inferior, apartando enseguida la mirada -Hágalo por Emma, le va a encantar tenerla cerca- sonrió de oreja a oreja al volver a mirar a la doctora.

Belle había visitado dos veces a Emma durante la semana, como le había prometido a la amiga, y en una de ellas acabó descubriendo el contacto que la doctora y la paciente mantenían. Sospechaba de que algo sobrepasaba los límites de la profesionalidad cuando percibió la prioridad que Regina le daba a su amiga cuando estaba ingresada. Le sonsacó a Emma que las dos hablaban diariamente y se llevaban incluso demasiado bien. No podía dejar a Emma sola en la celebración de su cumpleaños. El círculo de amigos no era el mismo, no quería pedirle a Emma que llevara a su mejor amiga, que pensaba que le había robado su lugar, y la rubia ya no tenía novio. Regina sería la persona perfecta para que le hiciera compañía y no era algo fuera de lo común invitar a la doctora, ya que compartían el mismo ambiente de trabajo.

Regina la analizó por unos segundos y esbozó una sonrisa serena, asintiendo enseguida. Belle sabía que si el nombre de su amiga era metido en medio, la invitación no sería rechazada. Anotó en el bloc de notas del móvil de la doctora la dirección y la hora y volvió a su área.

«Acabo de ser invitada a una fiesta por tu culpa, escape»

Sacó a relucir

«¿Belle?

«La misma»

«Me siento honrada de tener tu compañía en medio de extraños»

«Seré tu escape por una noche»