Capítulo 9

«Tú y tu doctora que parece más una modelo venís, ¿no?»

Emma recibió un mensaje de Belle en cuanto la puerta del ascensor se abrió y el sonido de su carcajada resonó dentro, menos mal que estaba completamente sola en su propia empresa en plano sábado por la tarde. Se había pasado el día poniendo en práctica el diseño que estaba en el papel. Había tardado días en dejarlo tal y como quería, tal y como lo imaginaba en el cuerpo de Regina. Aprovechó que todo era suyo, literalmente; prefería hacer eso mientras pudiera dedicarle el cien por cien de su atención, sin personas conversando, sin cualquier ruido de máquinas de coser, sin tacones resonando en el suelo o cualquier otra cosa que le robase la atención para así puder trabajar.

«Si no fuera, me buscas y me arrastras por el pelo, ¿no?

La puerta del ascensor se abrió de nuevo y Emma salió a la planta baja, tiempo que tardó en llegarle otro mensaje

«Por supuesto que lo haría, Swan»


Swan se ajustó la falda negra de pliegues que le llegaba hasta la mitad de los muslos y pegaba perfectamente con sus botas también negras de tacón bajo que cubría sus piernas hasta la rodilla, y la blusa del mismo color, cubierta por una chaqueta de cuero roja, ya que el tiempo en Nueva York exigía algo que la protegiera del viento gélido. Su cabello rubio caía ondulado sobre sus hombros y espalda, y el maquillaje que solía usar solo remarcaba lo innecesario que era para realzar su belleza natural.

Tras una última ojeada en el espejo, cogió el móvil que estaba sobre la cama y vio que ya pasaba un poco de la hora marcada, lo que hizo que saliera precipitadamente. Si quería llegar no tan atrasada, no podría perder más tiempo, teniendo en cuenta que Belle no vivía tan cerca y el tráfico de Nueva York un sábado por la noche era caótico.

Tardó casi cuarenta minutos en llegar a la casa de la amiga y deseó que uno de los coches allí estacionados fuera el de Regina, ya que apenas había podido hablar con ella durante el día. Comprobó las notificaciones en su móvil antes de bajar y confirmó que no tenía nada de la morena. Estaría algo preocupada si no supiera que la vería en minutos. O, al menos, así lo esperaba. Guardó el móvil en el bolsillo de la chaqueta y cogió el regalo bajando después del coche.

Caminó hasta el jardín del fondo del que salía una música electrónica, y fue recibida inmediatamente.

-¿Dónde está tu doctora sexy?- preguntó mientras se acercaba

-¿Aún no ha llegado? Pues, no lo sé- le dio una sonrisa torcida y le dio la caja de regalo –Feliz cumpleaños, bajita

-¡Gracias!- abrió un sonrisa y los brazos al mismo tiempo que Emma, permitiéndose darle un caluroso abrazo –Mi casa es tuya, lo sabes. Siéntete a gusto hasta que la doctora sexy llegue –le guiñó el ojo derecho.

-Deja de llamarla así- profirió en mitad de una sonrisa

-Está bien, perdóname, no sabía que fueras celosa- le dio la espalda a Emma antes de que esta respondiera.

Emma analizó todo el jardín buscando algún rostro conocido y falló, realmente Regina era su salvación de la noche. Caminó entre las personas que estaban extremadamente animadas mientras movían sus cuerpos al ritmo de la música, bebiendo y comiendo. Una de las mesas de pic-nic estaba vacía, y aprovechó para sentarse, como siempre hacía con Belle cuando eran más jóvenes, era el lugar de ellas. Sacó el móvil del bolsillo y una vez más nada de Regina.

Belle había dicho a las nueve y ya pasaban de las diez y media. Regina, con su actitud, había demostrado ser alguien puntual. Emma había mandado varios mensajes preguntándole dónde estaba, y cada cinco minutos miraba la pantalla, y no obtuvo respuesta alguna. Tamborileó las uñas en la mesa, observando cada esquina de aquel sitio y ni señal de Regina Mills. Se levantó para coger alguna bebida, pero en cuanto se puso en pie, Belle le entregó un vaso lleno.

-Deshaz esa cara de entierro, vendrá- se cruzó de brazos

-Gracias- dijo por la bebida y suspiró –No responde a mis mensajes

-Solo está atrasada, ven, voy a presentarte a algunos amigos- Belle la arrastró hacia la rueda de personas en medio del jardín e hizo las debidas representaciones. Conversaban de un asunto que se le escapaba a la rubia, así que, solo observaba callada al lado de la amiga que estaba más animada que nunca. Percibió la mirada de uno de los amigos de Belle, que se le presentó como Graham. Sus miradas se encontraron y ella recibió una sonrisa ladeada. Jamás negaría que era atractivo e incluso podría ser interesante, pero su mente estaba demasiado ocupada en estar preocupada por otra persona para que le importara un tipo cualquiera.


-No puedes marcharte así sin darle satisfacciones a tu marido- intervino Cora en cuanto Regina colocó la mano en el pomo de la puerta. Le había cuestionado todo el rato sobre a dónde iba a esa hora, muy bien arreglada y sola. Apareció en su casa para invitarlos a una cena en familia, una disculpa sin fundamento para una vez más intentar manipular a su hija.

-No es mi marido- dijo pausadamente sin mirar a la madre

-¡Aún estáis casados!- alteró el tono de voz

-¡En el papel!

-¡Mientras lo sigáis en el papel aún estáis casados! He venido a tu casa para que cenemos juntos, no te vas a ningún lado- dijo quitando la mano de Regina del pomo.

Ella cerró los puños y miró a su madre y a Robin. Si fuera a demostrar toda la rabia que estaba sintiendo, ciertamente causaría una discusión mayor, y era lo que menos necesitaba.

-Deja que se vaya, no es la primera vez que esto pasa- Robin posó su mano en el hombro de Cora, que miraba a la hija como si algún tuviera algún dominio sobre ella.

-Sois tal para cual.

Su mano alcanzó el pomo otra vez y solo entonces percibió que estaba temblando, su cuerpo entero estaba tenso. Se detuvo afuera y buscó calmarse antes de salir para casa de Belle, a la que ya ni ganas tenía de ir. Le gustaría un lugar tranquilo, sin embargo aún así iría, porque uno de sus lugares tranquilos estaba allí.

En cuanto desbloqueó el móvil, ya dentro del coche, para ver la dirección, vio que había innumerables mensajes de Emma y una llamada perdida, fue como si un peso se le quitara de encima al ver la preocupación de la rubia, al menos tenía personas que se importaban con sus sentimientos. La vería en minutos y ya estaba atrasada, así que volvió a guardar el móvil sin responder.

En cuanto puso los pies en el local de la fiesta, Belle le dio un codazo a Emma y apuntó con la cabeza hacia Regina.

-Te dije que vendría- sonriendo, llevó a Emma con ella para recibir a la doctora- Hola, atrasada

-Hola, perdóname el atraso-sonrió –Feliz cumpleaños –la abrazó durante unos segundos y en cuanto se separaron, le dio el regalo.

-Gracias, y gracias de nuevo por haber venido. Siéntete a gusto, esta es como la casa de Emma- se apartó dejándolas solas.

-¿Qué ha pasado esta vez? ¿Estás bien?- Swan dijo con un suspiro

-Lo de siempre, escape. Estoy bien en la medida de lo posible

-¿Robin? ¿Tu madre?

-Ambos

Emma pasó su brazo por el brazo de Regina, la llevó a la mesa donde estaba antes, que por suerte continuaba vacía.

-¿Quieres hablar de ello?- dijo en cuanto se sentaron

-Quiero el divorcio, solo eso- dio una sonrisa con pesar y se reflejó en los labios de la otra.

-Está cerca- con la mano que no agarraba el vaso, acarició la mano de la morena. Involuntariamente, su cuerpo correspondió al toque, su piel se erizó.

-No parece- suspiró y cogió el vaso de Emma de su mano, bebiéndose lo poco que quedaba –Voy a traerte otro- Mills hizo amago de levantarse, pero Emma agarró su brazo

-Yo voy- cogió el vaso y se puso en pie

Al acercarse a la mesa de bebidas, cogió otro vaso para Regina también, y estaba a punto de llenarlos cuando sintió que tocaban su hombro.

-¿Molesto?- era él. El guapo amigo de Belle que la había observado por minutos y le lanzaba varias sonrisitas siempre que ella lo miraba. Emma alzó la cabeza, y giró un poco su cuerpo hacia él y sonrió de la misma manera que él sonreía.

-No

-¿Emma, verdad?- Emma asintió a la pregunta –Graham- le extendió la mano –Es un placer conocerte

-El placer es mío- sonriendo, aceptó el saludo y en cuanto sus manos se soltaron, él cogió un vaso y le sirvió la misma cerveza que llevaba tomando –No es necesario, pero gracias

-Siempre es un honor poder ayudar a alguien tan hermoso

Regina, aún sentada en el mismo sitio, observó el lugar con calma, ya que era imposible enfocar otra cosa cuando Emma estaba delante de ella. La rubia prendía su atención incluso sin querer, solo con estar ahí.

Miro de lado hacia el lugar a donde Swan se había dirigido, ya que no se tardaba tanto en coger una bebida. Giró su cuerpo, dejando la espalda pegada a la mesa y cruzó los brazos mientras asistía al evidente coqueteo que estaba teniendo lugar frente a ella. Emma agarraba los dos vasos, mientras el hombre que tenía delante-guapo también a ojos de Regina- hablaba con ella con una sonrisa galanteadora en los labios. Debía estar saliéndose bien, ya que Emma claramente se había olvidado que la había dejado sola ahí.

Era egoísta por su parte, pero aquella escena la incomodaba. Aunque conocía a algunas personas de vista, ya que eran compañeros de trabajo, estaba ahí por Emma.

Minutos después, la rubia volvió hacia ella, se sentó a su lado y le dio uno de los vasos.

-Discúlpame…

-El asunto parecía interesante desde aquí- interrumpió a Emma con más seriedad de la que debería haber expresado. Swan la miró frunciendo el ceño –Es guapo

-Y tú una mimada que está enfadada por haberme quedado unos minutos conversando con otra persona.

-Emma, solo digo que realmente es guapo- se encogió de hombros

-No voy a dejarte sola, eres mi escape esta noche, ¿recuerdas?- le dio un codazo en su brazo, que hizo sonreír contenidamente a Regina

-Sobre todo porque cambiar a una amiga por un hombre es feo, señorita Swan

El móvil de Emma vibró en el bolsillo de la chaqueta. Era un mensaje de un número desconocido. Era el número de Graham.

-Ya le he dicho a él que esta noche estás acompañada- dijo Belle sentándose en la mesa, en la silla de enfrente, haciendo que Emma y Regina se giraran hacia ella.

-Emma está totalmente libre esta noche- Regina sonrió a Belle

-No, no lo estoy- respondió a Regina haciendo reír a Belle

-Si no fueseis heteros, podría jurar que esto es una escena de celos- dijo en medio de la carcajada. Regina ignoró el comentario que hizo que sintiera frío en la barriga, llevándose el vaso a la boca –Formaríais una hermosa pareja-cuatro palabras suficientes que hicieron reaccionar sus cuerpos y hacerlos estremecer

-¡Belle French!- Emma la reprendió

-Está bien, está bien, me callo, pero solo porque vais a estallar de lo rojas que estáis- se puso en pie y rodeó la mesa –Acordaros de que heteros están con heteros- susurró a las dos marchándose después

-Da la impresión de ser más tímida

-Sobria y con quien no tiene confianza lo es.


-Te está invitando a una madrugada en su casa, es rápido- Regina rió al leer el mensaje –Ve, Emma- dijo lo contrario que quería

-No

-Tienes dudas, está escrito en tu cara

Emma dio una media sonrisa

-No tengo dudas

-Sí tienes. Si lo haces por mí, te juro que no me importa

-Dijiste minutos atrás que no querías que la noche acabase porque no quieres ir a casa, y hace una hora también dijiste que es feo cambiar a una amiga por un hombre.

-Te he dicho que si es por mí, todo está bien, Emma

-No, tú y yo nos vamos a mi casa- Emma sonrió

-¿A tu casa?- arqueó las cejas

-¿No quieres volver a la tuya, verdad?- Regina negó con la cabeza –Pues bien.

-¿Pero y él?- señaló a Graham con la cabeza

-Es guapo y simpático, pero tú lo eres mucho más, señorita Mills- el alcohol ingerido hacía brotar su sinceridad de forma inevitable. Regina sintió que su estómago se reviraba al escuchar esas palabras. Emma estaba dejando a un chico atractivo que demostraba, incluso demasiado, estar interesado en ella y además la llevaría a ella a su casa –Vamos a despedirnos de Belle –se puso en pie, y Regina la siguió. La encontraron cerca de la entrada principal.

-No me digáis que ya os vais- se cruzó de brazos

-Tu fiesta ha estado genial, bajita- Emma le dio un beso en la mejilla

-Gracias por haber venido- le sonrió a las dos –Cuídense –les dio una sonrisa lasciva y le guió el ojo derecho antes de despedirse también de Regina.

Dieron la vuelta a la casa de Belle y llegaron a la calle.

-¿Vienes a mi casa?- dijo Emma al parar cerca del coche

-No sé, Emma- salió más como un suspiro

Era su deseo, pero al mismo tiempo no era correcto. Tenía su casa, tenía a Robin que, una vez más, tendría un motivo para molestarla y también se estaba sintiendo algo culpable por haber estropeado la noche de la rubia con el tío guapo.

-Usa tu escape de forma correcta- dijo sonriendo –Yo me voy, tienes todo el derecho de irte a tu casa, pero me gustaría que vinieras conmigo- abrió el coche y Regina asintió y caminó hasta el suyo que estaba algo más lejos.

Emma sonrió victoriosa y satisfecha cuando percibió que el coche que estaba detrás del suyo en el semáforo era el de la morena. Era muy satisfactorio ser casi un refugio para Regina. Se había dado cuenta de que se transmitían confianza la una a la otra, le gustaba ser llamada escape y se daba cuenta de que ahora era mucho más que eso. Habían creado un lazo tan sencillo pero tan bonito y agradable. No se cansaba de la presencia de Regina, podría escuchar su voz algo ronca todo el tiempo, su carcajada sonaba como una orquesta dirigida por el mejor maestro.

Swan descendió del coche al mismo tiempo que Regina, soltó un suspiró al ver que ella había cedido a su pedido. Cuidaba de ella y siempre la apartaría de sus pesadillas. Entraron en el edificio juntas y en silencio caminaron hacia el ascensor.

-Estoy guardando todo lo que haces por mí para un día devolvértelo, solo que no sé si estaré a la altura- anunció Mills con su mirada posada en sus propios pies.

A Emma le estaba siendo imposible escuchar cosas así provenientes de la otra y no sentir una placentera sensación, llamada por muchos mariposas en el estómago.

Puso sus dedos en el mentón de la morena y alzó su rostro, buscando clavar sus ojos en los de ella.

-Te cuido porque me gustas, Regina, ya es una gran retribución verte bien.

Regina solo sonrió sin conseguir decir palabra alguna.

Sus piernas estaban trémulas.

Las miradas eran intercambiadas con tanta intensidad, estaban tan cerca la una de la otra que podían escuchar sus respiraciones.

El ruido del ascensor indicando que habían llegado al último piso las sacó del trance, haciendo que las mejillas de ambas se enrojecieran. Salieron del receptáculo, testigo de una palpable tensión. Los tacones de Regina resonaron en el suelo del pasillo, quebrando el silencio, hasta llegar a la puerta. En cuanto Emma la abrió, tiró las llaves al aparador al lado de la puerta y se giró hacia Regina.

-Acompáñame- hizo señal con las manos y siguió hacia su cuarto. Regina miró alrededor, reparando en como todo, al igual que el resto del apartamento, era la imagen de la rubia. Emma entró en el vestidor y Regina se quedó de pie en su cuarto, girándose cuando la rubia la llamó –Puedes coger lo que quieras para dormir –dijo abriendo un cajón grande, repleto de camisones y pijamas

-Emma…- sonó bajito

-¿Sí?

-¿Estás segura de que debería dormir aquí?

-¿No quieres?- Emma se giró hacia ella, pegando su cuerpo en el espejo enorme que se encontrada en mitad de la pared, del techo al suelo.

-Es que no quiero molestar- se encogió de hombros

-No eres tan tímida –rió –No molestas nunca- colocó la mano en su hombro y se apartó del armario.

Regina pasó los ojos por todo de nuevo. Era básicamente del mismo tamaño que el suyo, incluso algunas prendas eran parecidas, sin embargo, lo que le llamó la atención fueron las chaquetas de cuero rojas, cada una de un modelo diferente. Y al mirar a los zapatos expuestos, también le sorprendió la cantidad de botas. Las que llevaba esa noche eran un par más entre tantos.

Regina suspiró, aspirando el aroma del vestidor que era el mismo de Emma. No era un perfume o algo de ese tipo, era algo específico que solo ella tenía. Era bueno y le traía la sensación de estar en casa, en un sitio al que pertenecía y que solo ahora había encontrado.

Salió de sus pensamientos, que en su opinión, eran enfermizos, y de lo que culpaba al poco alcohol ingerido. Cogió uno de los pantalones de dormir de Emma y una blusa sin mangas. Se quitó los zapatos y los pantalones de vestir que llevaba, se puso el pijama y dobló su ropa, colocándolas en una esquina para cogerlas en cuanto despertase.

Salió del vestidor y Emma estaba echada en la cama, con las piernas hacia afuera y entretenida en el móvil. Centró su atención en la doctora, bloqueó el móvil y se sentó.

Se preguntó por qué su cerebro la hacía pensar en lo sexy que estaba Regina en una de sus prendas para dormir.

-¿Prefieres dormir en otro cuarto? Te juro que mi compañía es agradable- arqueó el ceño y Regina le dedicó una sonrisa que podría considerarse tímida.

-La casa es tuya, eres quien manda.

-Te concederé el honor de compartir cama conmigo- salió de la cama

-Creo que prefiero otro cuarto- la sonrisa de Emma se estaba deshaciendo –No me gusta estar cerca de personas enteradas.

-Siéntete a gusto y, por favor, como si estuvieras en tu casa. Voy a cambiarme de ropa. En el primer cajón del lado izquierdo tienes un cepillo nuevo- señaló la otra puerta cerrada y Regina asintió.

Emma entró en el vestidor e instantáneamente sintió el perfume de Regina. Se cambió de ropa en seguida, se puso el pijama que más solía usar, un short y una blusa de seda.

Contuvo una sonrisa cuando volvió y Regina estaba sentada en la cama, pegada al cabecero, mirando el móvil. Era una escena diferente a todas las que ya hubiera visto y aunque quisiera sacar una foto para mantener aquella imagen, solo la guardó en una esquinita de su cerebro, en el sitio donde habitaban sus recuerdos preferidos. Apagó la luz principal, dejando solo las pequeñas luces amarillas que estaban cerca de la pared y no iluminaban tanto.

Se sentó en la cama, de la misma forma en que estaba Regina y sacó su móvil.

-No finjas que no me conoces bien, tu timidez me incomoda

Regina la miró sonriendo y negó con la cabeza

-No estoy nada tímida, cosa de tu cabeza

-Así lo espero. ¿Te importa si dejo la ventana abierta?

-No, para nada

Emma se levantó de la cama, abrió la ventana de su cuarto desde donde se veía perfectamente la ciudad.

-¿Tienes algo con las ventanas? Recuerdo que en el hospital siempre la querías abierta.

-Me gusta la vista y el viento que entra- volvió a la cama

-Gustos peculiares- dio una media sonrisa

-Y eso que no te he contado mi lugar favorito

Apagó todas las luces del cuarto, dejando que la luminosidad de fuera entrara por la ventana, siendo la única fuente de luz en el sitio.

-¿Lo sabré algún día?

-Quizás…

Emma tiró del fino edredón que estaba doblado a los pies de la cama y se echó, cubriendo su cuerpo y el de Regina, que también se recostó.

-¿Muy secreto?

-El sitio no. Pero es algo que considero muy…- buscó la palabra –mío. Solo Ruby y mis padres lo conocen.

-¿Hay algún criterio para conocerlo?

-Tiene que ser importante para mí

Quizás

-Entiendo

Pasaron unos minutos en silencio, ambas estaban echadas en la misma posición, con la espalda en el colchón y las manos entrelazadas en el abdomen. El silencio no era nada incómodo, estaba bien estar simplemente ahí, una con la otra.

-Emma- dijo bajito

-¿Sí?- Emma la miró

-¿Me puedo quejar de que hace un poquito de frío?- rió nerviosa y se mordió el labio inferior

-Acércate más al centro de la cama

Así lo hizo Regina. Emma se movió un poco hacia un lado, y de un modo algo receloso, atrajo a Regina hacia su pecho, colocándola en sus brazos y entrelazando sus piernas.

-Juro que si no ayuda, puedo coger otro edredón

-No es necesario.

Pasó su brazo sobre el abdomen de Emma, y colocó su cuerpo aún más cerca, acabando con cualquier milímetro de distancia.

Emma acariciaba su brazo lentamente y soltó una risita contenida.

-¿Qué ocurre?- Regina alzó el rostro

-Te erizas fácilmente

-No tiene gracia

-Claro que sí. Tu cuerpo reacciona a mi toque

Regina no respondió. No podía decir lo contrario. Solo le habría gustado que Emma no lo hubiera percibido. Se sentía una idiota por no tener control sobre sí misma cuando se trataba de Emma.

-Emma- dijo de nuevo después de minutos de silencio

-Di

-Perdóname por haber estropeado tu noche con el tío guapo

-Eres una idiota cuando quieres- Emma rió alto esa vez –No me gustaría estar en otro sitio que no fuera este.