Capítulo 13
"Darling, just kiss me slow
Your heart isa ll I own
And in your eyes you're holding mine"
-¿Estás segura de que estarás bien sola en casa?- preguntó Regina a Tinker mientras se ponía los zapatos
Tinker estaba echada en la cama del cuarto de invitados de su apartamento mientras Regina se vestía para salir con Emma.
-Ya te he dicho que sí incontables veces
-No me culpes después por dejarte, siempre lo haces
-No voy a culparte esta vez, pero solo porque hoy vas a salir con tu amiguita- mientras hablaba mantenía una sonrisa lasciva –De verdad debes lanzarte. Tus ojos brillan más por un mensaje de ella de lo que brillaron para Robin en diez años.
-Guárdate tus equívocos para ti- dijo tras retocarse el labial rojo y girarse hacia Tinker
-Regina…- cogió el móvil y miró la hora –Aún faltan diez minutos para que ella llegue, vamos a gastarlos para que dejes de mentirte a ti misma. ¡Siéntate aquí!- dijo sentándose y golpeando el colchón a su lado.
-¿Tengo cómo huir?
-¡Para nada!- sabiendo que Tinker no la dejaría salir de casa sin antes decirle lo que quería, Regina se sentó obedeciendo su orden –Estás enamorada.
-¿Lo estoy?- frunció el ceño
-No te hagas la tonta. Lo estás y sabes que no puedes y no tienes por qué escondérmelo.
Regina bajó la mirada al escuchar las palabras y contuvo una sonrisa.
-Yo…- vaciló volviendo a mirar a Tinker –Quizás…
-¿Quizás?- el sonido de su risa resonó por toda la habitación –Bueno…ya es un comienzo
-Estoy enamorada de ella- profirió por primera vez en voz alta, volviéndolo más real para sí misma tras la admisión -¿Mejor así?- la pregunta hizo que Tinker sonriera de oreja a oreja
-Siempre supe que estabas loca por darle unos achuchones a la diseñadora- antes de que Regina pensara en ignorar a la amiga, su móvil comenzó a vibrar con un mensaje proveniente de Emma -¡Disfruta tu noche! Pero antes, ven acá, deja ver una cosa- cogió las dos manos de Regina y las miró –Las uñas están cortas, bien.
-No sé por qué aún sigo siendo tu amiga- Regina apartó sus manos de Tinker al levantarse de la cama
-Porque me quieres mucho y no vives sin mí
-Puedo aprender a vivir si sigues siendo tan petulante- dijo al mismo tiempo que sus tacones resonaban en el piso del apartamento.
-Buena cita- Tinker sonrió desde detrás de Regina que estaba a punto de abrir la puerta.
-¡No es una cita!
-Da igual, pero no vuelvas a casa sin besarla
Regina le mandó un beso volado y salió del apartamento antes de que Tinker tuviera la oportunidad de decir alguna inconveniencia más.
El tiempo que pasó dentro del ascensor antes de llegar a la plata baja pareció alargarse, y sus pasos desde el ascensor hasta la escalera de la entrada del edificio parecían dados a cámara lenta.
Emma estaba apoyada en la puerta del coche mientras miraba su móvil. Regina contuvo una sonrisa al verla con otra chaqueta roja y se acercó más. Lo que hizo que Emma alzara la cabeza fue el perfume de Regina, que podría reconocer de lejos.
Dos sonrisas se abrieron en ambos rostros, y las dos sintieron sus estómagos revirarse en el preciso momento en que sus miradas se alinearon.
-Hola- dijeron a la vez. Era la palabra que más usaban para saludarse, casi como una marca registrada. Emma se apartó del coche, y dio un paso hacia delante a la vez que Regina. Sus brazos rodearon los cuerpos en un abrazo que a ambas estremeció, los brazos de Regina alrededor del cuello de Emma, y los de esta alrededor de la cintura de Regina, pegando sus cuerpos que por dentro parecían estar en combustión; una era la mecha y la otra la llama.
-Estás hermosa- dijo Emma en medio de una sonrisa
-Tú eres hermosa- Regina enfatizó el verbo
-Tú también, pero ya sabes lo que quise decir
-Solo he aprovechado la ocasión para decir la verdad- Regina se encogió de hombros
La noche apenas había comenzado y ya estaban rezando interiormente para que no acabara.
En cuanto entraron en el coche, Mills preguntó a Emma a qué sitio la iba a llevar, y Emma rió ante su nítida curiosidad, ya que en ningún momento había dicho dónde iba a cumplir el trato hecho hacía más de un mes cuando la rubia aún estaba bajo los cuidados de la doctora.
Regina había percibido que apreciaba hasta una sencilla sonrisa de Emma de la misma manera que Emma apreciaba la de ella. Su venda cayó al mismo tiempo que sus sentimientos estaban a flor de piel y sus latidos acelerados estaban comenzando a tener nombre, apellido y dirección.
Después del fin de tarde en Central Park el día anterior, ella se encontró completamente perdida, reviviendo los momentos importantes que habían despertado en ella todo lo que la estaba asaltando.
Odiaba tener que admitir que su mejor amiga siempre veía las cosas antes que ella misma. Tinker le había nombrado varias veces su posible pasión por Emma, y ella misma, aunque con cuidado, podía ver que algo estaba pasando en su interior, solo que no era tan fácil admitirlo para sí misma, pero su amiga se lo había metido tanto en la cabeza que lo había sacado a la luz.
Se perdía intentando contar cuántas veces el día anterior se habían producido momentos en que la tensión entre ambas era patente. Posiblemente, según su punto de vista, Emma permitía que esos momentos sucedieran porque quizás estaba sintiendo lo mismo. Si todo eso estaba pasando, era notorio que no era unilateral.
Gastaron el tiempo que tardaron en llegar al lugar que Emma había escogido conversando sobre cualquier cosa, la compañía mutua, desde el comienzo, nunca resultó ser monótona, siempre que estaban juntas significaba nuevos descubrimientos mutuos e incluso sensaciones aún desconocidas.
Al entrar en el local, Regina aferró el brazo de Emma para que ella la guiase. Swan había escogido un sitio desde el que se veía la vida nocturna de Nueva York, la primera y la segunda planta eran restaurantes, y en la tercera, había un bar.
-Realmente tienes buen gusto- dijo Regina mirando a su alrededor, en cuanto se hubieron sentado en una mesa apartada, donde estaba un poco más vacío.
-Tenemos gustos parecidos- Emma sonrió al mirar hacia ella
-Cuéntame qué relación tienes con sitios desde lo que se puede ver perfectamente la ciudad.
Antes de que Emma pudiera responder, llegó un camarero para anotar los pedidos, y en cuanto los hicieron, volvieron a enfocarse en ellas mismas.
-Es algo mío, no tiene explicación- se encogió de hombros y desvió su mirada hacia el parapeto de vidrio que rodeaba la planta –Me trae paz mirar todo desde arriba- volvió a mirar a Regina que mantenía una mirada de comprensión
-¿Tiene que ver con tu lugar secreto al que nadie nunca ha ido?
-Absolutamente
Llegaron las bebidas, cosa que hizo que detuvieran de nuevo la conversación.
-Siento curiosidad sobre ese lugar secreto- dijo Regina tras quedar solas de nuevo.
-No es nada muy sorprendente
-Por cierto, hablando de tus lugares, recuerdo haberte escuchado decir que recibiría una invitación para conocer el sitio donde todo lo hermoso que plasmas en papel se convierte en realidad.
-Quiero conocerlo- sonrió también
-Y lo harás, en breve…-se limitó a decir
-Voy a esperar una invitación
-Juro que no tardará- Emma sonrió
Emma sintió que su barriga se helaba, se acordó de lo que ya estaba listo en su despacho, y estaba decidida a entregarlo, pero su recelo hacía que lo repensara y dudara.
-Siéntete invitada a ir cuando quieras, solo avísame antes
-Te voy a tomar la palabra
-Hazlo- confirmó riendo
-Ok entonces
Pasaron horas en que las dos se perdieron una en la otra, compartiendo palabras, sonrisas, carcajadas, y aunque oculto en sus interiores, compartiendo el placer por estar ahí. El restaurante casi lleno no tenía importancia para ninguna de las dos, ya que cuando estaban juntas parecía que el mundo se paraba y el resto perdía valor.
Como si aquellas horas ahí fueran un punto de inflexión, sirvieron para confirmar que en algún momento habían dejado de ser solo amigas que cuidaban una de la otra y habían pasado a ser dos personas que habían construido en poco tiempo una amistad que muchos en años no consiguen, y habían dado unos pasos al frente de la línea que las limitaba. El deseo comenzaba a arder poco a poco y la búsqueda por controlarlo crecía en la misma proporción.
La cantidad de alcohol de las bebidas era baja así que estaban totalmente sobrias.
Ya era más de medianoche cuando Emma tuvo un momento de locura y se levantó de la mesa pidiendo a Regina que salieran de ahí. Tras pagar, salieron y volvieron al coche de Emma, Regina de nuevo le preguntó
-¿Te encuentras bien? ¿Por qué marcharnos así de repente?- Regina preguntaba mientras se ponía el cinto
-Estoy genial. Ahora entenderás por qué- dijo mientras hacía lo mismo
-¿Estás segura de que estás sobria?
-Totalmente, solo confía en mí
Emma arrancó el coche dejando a Regina con muchas signos de interrogación en la cabeza. Pasaron casi media hora en el coche en un silencio que nada tenía que ver con la situación en la que habían estado en el restaurante.
En cuanto Emma se detuvo frente al edificio, buscó la llave dentro de la guantera del coche y al encontrarla, abrió la puerta sin bajar del automóvil, y miró enseguida a Regina que estaba inerte intentando entender.
-Ven conmigo- dijo Swan antes de salir y así lo hizo Regina
Abrió la puerta principal y desconectó la alarma, encendiendo las luces enseguida.
-¿Estamos en el taller?- preguntó en cuento subieron al ascensor
-Solo estoy cumpliendo atrasadamente con la invitación
-¿A la una de la mañana?
-El horario no importa, Regina- se encogió de hombros y poco segundos después el ascensor se detuvo. Al abrirse las puertas, Emma ni se molestó en enseñarle nada, solo caminó en línea recta hasta su despacho antes de arrepentirse de lo que iba a hacer.
-¿Por qué tus cosas tienen tanto de ti? Ni sería necesario que me dijeras que todo esto te pertenece, lo sabría con solo mirarlo- dijo Regina al direccionar su mirada hacia Emma que estaba parada junto a la puerta aún cerrada.
-¿Eso es malo?
-Claro que no- reviró los ojos con una sonrisa contenida –Me gustan las cosas que me recuerdan a ti
Emma pensó que si el alcohol bebido esa noche no la había emborrachado, las palabras que Regina decía con tanta naturalidad quizás lo harían.
-¿Recuerdas cuando me llamaste egoísta por hacer cosas supuestamente bonitas solo para mí?- preguntó Emma con la mano en el pomo tras recuperarse de lo que aquellas nueve palabras habían hecho. Regina solo asintió y entonces ella abrió la puerta, entró y miró directamente al vestido que aún estaba en el maniquí, perfectamente listo al estilo Emma Swan –Si lo aceptas, este es para ti- el tono de su voz demostrada tanto recelo que Regina casi preguntó si estaba segura de lo que estaba diciendo.
-¿Tú…- Regina miró el vestido y volvió a mirar a Emma-…lo has hecho para mí?
-Te dije que lo haría si lo querías, tú te negaste, sin embargo no siempre sigo lo que me dicen.
-¡Emma!- exclamó exactamente de la misma forma en que lo había hecho mientras miraba los diseños de Emma y la había llamado egoísta –Es perfecto- sonrió acercándose más y se detuvo, girándose hacia ella.
-¿Realmente te gusta?- preguntó antes de que Regina hablase
-Haces unas preguntas tan innecesarias, Emma Swan. ¡Es realmente perfecto!- sonriendo, giró su cuerpo de nuevo hacia el maniquí y pasó la mano ligeramente por el tejido.
-Yo…vaciló otra vez …¿puedo verlo en ti?
-¿Ahora?- se giró hacia ella
-Si quieres
-Claro- su sonrisa iba de oreja a oreja y según Emma totalmente apasionada.
La rubia se acercó a Regina y al maniquí, bajó la cremallera de la parte de atrás y lo retiró, dándoselo a ella.
-Avísame cuando acabes
-Ok
Emma salió de su despacho, dejando a Regina sola dentro, quien estaba totalmente sin poder creérselo.
Emma se había tomado en serio lo que no había sido sino una broma aquella noche en el hospital. Admiraba su talento y todo su trabajo, tanto que realmente tenía prendas firmadas por Emma, sin embargo, jamás se le había pasado por la cabeza que tendría algo que hubiese sido realizado especialmente para ella.
La sonrisa no se iba de su rostro mientras se desnudaba. Era algo que ni sabía cómo agradecer, era otra cosa más en la lista de las cosas que Emma había hecho, y que esperaba un día poder recompensar.
Usó el espejo que casi cogía toda la puerta del despacho para colocárselo y se sorprendió aún más cuando el vestido cupo en su cuerpo como si Emma hubiese medido cada milímetro de él.
De tamaño le llegaba a mitad de muslo, y una seda negra subía hasta su cadera, donde una cinta fina de encaje, también negra, la envolvía, volviendo a ser solo seda desde la cintura hasta el busto. A partir de los hombros, las mangas largas, ceñidas, del mismo encaje de la cintura llegaban a sus muñecas.
Solo quedaba subir la cremallera de atrás.
Cuando se dio cuenta de que no podría hacerlo sola, abrió despacio la puerta y llamó a Emma
-¿Me subes la cremallera, por favor?- se mordió el labio inferior, conteniendo una sonrisa. Emma entró en su despacho, cerró la puerta para poder tener acceso al espejo y se colocó detrás de Regina, subió lentamente la cremallera mientras apoyaba su otra mano en su cintura. Regina sintió un escalofrío ante aquel gesto aparentemente involuntario –No recuerdo que hayas medido mi cuerpo- dijo Regina mientras observaba el vestido perfectamente ajustado mientras Emma subía toda la cremallera y daba un paso hacia atrás.
-Soy buena observadora- Emma sonrió tras ella, provocando que ella sonriera mirándola a través del espejo.
-Es hermoso- volvió a pasar la mano por la tela. El vestido iba perfectamente con los zapatos que había escogido esa noche y quien la viera tendría la certeza de que estaba preparada para alguna ocasión de mucha importancia.
-¿Gracias?- Emma frunció el ceño conteniendo la risa
-Gracias- Regina dio la espalda al espejo y caminó hacia Emma que estaba apoyada en su mesa, con los brazos cruzados –Una vez más, para variar- reviró los ojos de nuevo y se detuvo frente a ella –Prométeme que vas a dejar de hacer cosas por mí
-Pero yo no…- Regina colocó su dedo índice sobre sus labios
-Has hecho mucho y no podré retribuírtelo
Emma agarró la mano de Regina, bajándola pero manteniéndola en la suya
-No quiero retribución alguna si no es verte bien, mi intención nunca fue otra.
La sinceridad en las palabras hizo que Regina sonriera una vez más.
-No sé lo que hecho para merecerte- dijo aún riendo -¡Gracias!- soltó su mano de la de Emma y la envolvió en un abrazo, haciendo que se despegara de la mesa.
Los cuerpos tan pegados generaban una electricidad que pasaba de una a otra, pero una vez más acabando con todo lo que tenían alrededor. Tenía que ser un abrazo de pura gratitud, pero fue mucho más que eso.
Al apartarse, fue casi como un choque a mínima distancia, exactamente igual a como habían quedado en el umbral del apartamento aquella mañana de domingo, pero esta vez no había un atisbo de sentido común que hiciera que se separaran.
Los ojos estaban conectados como imanes, sus corazones más acelerados que nunca. Sus respiraciones se hicieron pesadas en cuanto la nariz de una chocó con la de la otra. Cerraron los ojos al mismo tiempo como si hubiera estado cronometrado.
Estaban entrando en una mezcla de ansiedad y desespero, hasta que, tras un rozar de labios, fue inevitable que se entregaran. Tras comenzar solamente con un intercambio de cariños, Emma aferró a Regina aún más contra ella, agarrando su cintura como si su vida dependiera de ello, a la vez, Regina aferró su rostro entre sus manos y si los brazos de la rubia no la estuvieran sujetando, sus piernas la habrían dejado caer cuando sus lenguas se tocaron.
-Regina…- Emma susurró al cesar el beso y juntar sus cabezas
-No digas nada- Regina susurró mientras acariciaba su rostro. Un suspiro escapó antes de sellar sus labios con los de Emma de nuevo por unos segundos –Si esto está mal, deja, que después lo arreglamos- susurró de nuevo antes de besarla otra vez
Todas las dudas de Emma estaban resueltas. Había esperado que estas se resolvieran en algún momento, pero no tan pronto y mucho menos de ese modo.
Regina había entendido en ese exacto momento por qué Emma.
Los sentimientos floreciendo en ambas era como si la primavera comenzara en Alaska tras muchos días de oscuridad.
Se quedaron sin aire durante el beso aunque hubiera sido lento. Regina se apartó un poco más esa vez y sonrió mientras limpiaba con un dedo las comisuras de los labios de Emma que se habían manchado con su labial.
-No vamos a arreglar nada después, nada está mal- dijo Emma bajito
-Mejor así- sonrió haciendo que Emma también sonriera
-A propósito, estás hermosa con él- dijo al coger la mano de Regina, levantándola y haciendo que diera una vuelta.
-Gracias por esto- dijo con una sonrisa
-Emma…- dijo Regina en cuanto ella detuvo el coche frente al edificio de Tinker
-No me agradezcas nada más
-Pero no me has dado tiempo a hablar
-Es previsible lo que vas a decir
-Solo quiero que sepas lo agradecida que estoy- dijo al contener la sonrisa
-Yo también lo estoy- sonrió
Como si una fuera el polo positivo de un imán y la otra un metal, el magnetismo las acercó. Los dedos de Emma estaban enredados en el cabello de Regina mientras el beso lento manifestaba todo lo que pasaba dentro de ellas.
-¿Sabes que vamos a tener que hablar sobre esto, verdad?- profirió Emma en voz baja debido a que sus narices estaban tocándose.
-Eso queda para después- dijo antes de darle un piquito lento –Buenas noches, Emma- sonrió al apartarse y antes de que su voluntad se lo impidiese, abrió la puerta del coche.
-Buenas noches, Regina- salió como un suspiro
La morena le dio una última sonrisa y bajó del coche. Emma esperó a que entrase en el edificio para arrancar.
Regina, en el ascensor, miró la caja con el logotipo de la marca y el nombre de Emma y sonrió sola, tocando sus propios labios con la punta de los dedos.
La noche había sido casi como una vida paralela a la suya.
Al abrir la puerta del apartamento, despacio para no despertar a Tinker en caso de que estuviera durmiendo, se deparó con la rubia sentada en el sofá y el portátil en el regazo.
-Las tres de la mañana, Regina Mills- dijo sin apartar la mirada de la pantalla –No puedo creer que te borrara el pintalabios – miró directa a la boca de Regina que estaba apoyada en la puerta, y sonrió
-Me dijiste que no volviera a casa sin besarla.
