Capítulo 14

El quinto día de cielo nublado en Nueva York se parecía a lo que acontecía dentro de dos personas que vivían en esa ciudad y al mismo tiempo habitaban la una en la otra. Cinco días después de la primera entrega, cinco días después de las primeras demostraciones de otro tipo de afecto, todo estaba más confuso que antes de aquella noche.

Emma había solventado sus dudas con aquel primer beso de iniciativa mutua y con los otros que habían partido de Regina, pero todas volvieron por triplicado cuando al día siguiente no tuvo señales de vida de la otra. Y ni al otro. Cuando el tercero se acercaba, aquel momento que la había sacado del caos la empujó de vuelta a un precipicio forrado de preguntas sin respuestas que no podía conseguir sola. Los mensajes que normalmente se mandaban fueron ignorados, y lo único que quería saber era si estaba todo bien cuando se decidió a hacer la llamada que en noventa y seis horas no fue devuelta.

Regina la había besado y tras eso, desaparecido.

Cuando Emma estaba empezando a entender lo que las personas llaman pasión y tenía algunas dudas sobre ello, aún estaba todo bien, solo eran dudas comunes, el mayor problema era que todas esas dudas habían desaparecido por algunas horas y al día siguiente volvieron trayendo con ellas otras dudas y sentimientos negativos. Se estaba preguntando sin parar el motivo. Regina le había dicho clarísimamente que si todo estaba mal, después lo arreglarían, pero en ningún momento se definió como equivocación, y aunque así lo fuera, ese no era el modo correcto de arreglarlo. Buscó en su memoria si había hecho algo mal, pero la última vez que se habían hablado, Regina también le había dicho-una vez más-que estaba agradecida. Aquel último beso en el coche, frente al edificio, no tenía que haber sido un beso de despedida como si lo ocurrido tuviera que ser olvidado. Cuando Emma dijo que necesitaban hablar sobre lo ocurrido, se refería a dejar todo aclarado por si todo volviera a suceder, que era lo que quería y esperaba.

Antes pensaba que sus pequeñas dudas la estaban consumiendo, hasta probar estas otras y percibir que eran peores.

Estaba sentada en su mesa al final de la jornada laboral mirando directamente al maniquí, en la esquina del despacho, donde ya no se encontraba el vestido negro con mangas de encaje. Su corazón había comenzado a latir más rápido a casi un metro de donde estaba su silla. Podía revivir aquella noche cada vez que cerraba los ojos, por más que eso la incomodaba demasiado. Se maldecía a sí misma por echar de menos el sabor de su beso, por echar de menos su perfume y la manera en como la había tocado aquella noche aunque no envolviera segundas intenciones.

Había sido puro.

Puro y por lo visto lanzado al aire.

Horas más tarde, cuando la tonalidad oscura del cielo despuntaba sobre la ciudad, Emma se encontraba sola otra vez en su esquinita alejada del resto del mundo. Apoyada en el parapeto de costumbre, asistía de lejos la vida de incontables personas que desde lo alto parecían minúsculas; estaba sintiéndose igual de pequeña.

Era la primera vez que, de hecho, dejaba que alguien la invadiera de esa manera; estaba completamente subyugada por alguien que, aparentemente, solo le había dado algunos besos y no había vuelto más. Si hubiera sido cualquier otra persona, ni le importaría un poco, porque ya había pasado diversas veces por una relación de apenas una noche y si te he visto no me acuerdo, pero no había sentimientos envueltos, eran solo sus necesidades carnales siendo satisfechas, sin embargo, esta vez no era cualquiera, era Regina, la quería de nuevo de la misma manera que aquella madrugada en su despacho, de la misma manera que dentro del coche a las tres de la mañana, y no saber el motivo de este alejamiento fue un golpe, como si aquellas horas hubiesen sido vividas solo para ser guardadas y recordadas, pero no repetidas.

Cinco días eran pocos, sin embargo, parecían ser muchos.

Sus ojos estaban fijos en un edificio localizado a algunas calles por delante y le hizo recordar que Regina se había mudado a su nuevo apartamento, así que probablemente había estado ocupada durante la semana. Quizás sus pensamientos estaban demasiado revueltos, lo pensó durante unos segundos, pero descartó la idea de que Regina hubiera estado demasiado ocupada todos los días como para no responder un mensaje o atender una llamada. Tenía ganas de ir a buscarla una vez más, pero su orgullo hablaba más alto diciéndole que lo mejor era estar callada y quieta.


-¡Has sido una inconsecuente!- Tinker profirió en un tono como si dijera «¡te avisé!» pero con otras palabras

-Me arrepentí, ¿ok? Estoy intentado llamar, pero no me lo coge.

-Tampoco yo lo cogería- balanceó los hombros y volvió a mirar hacia el techo. De nuevo estaba echada mientras Regina hablaba, pero esta vez no hacía compañía a una Regina que se preparaba para ir al encuentro de Emma, y sí a una Regina totalmente arrepentida de sus actos durante los últimos cinco días y que estaba intentando inútilmente concertar su error.

-Pero es Emma, no eres tú

-Nadie lo cogería- su voz ahora sonaba diferente –Vamos a ordenar tus errores cronológicamente. La besaste y eso no fue un error, pero vas tú y no respondes a sus mensajes al día siguiente, tampoco al otro, ella te llama, ¿y qué haces tú? Ah sí, no lo coges y tampoco le devuelves la llamada. Bien, le has faltado al respeto a la diseñadora.

-Estaba fuera de mí, necesitaba un momento mío.

-¡Haberla avisado!

-Pero…

-No hay «peros» que valgan- la interrumpió

-No me estás ayudando- Regina se sentó en el borde del sofá

-Venga, Regina Mills, ve a su casa

-Creo que me estaría comportando de manera más inconsecuente

-¿Más de lo que ya has sido?

-Hay muchas probabilidades de que no me deje subir

-¿No conoces a nadie que tenga pase libre a su apartamento?

-¿Sus padres?

-Alguna otra persona. Una amiga, no sé, Regina, apáñatelas.

-Siempre serás mi hadita genial- Regina sonrió

Ruby vino a su mente. Buscó el contacto de la modelo en sus redes sociales y en cuanto lo consiguió, llamó sin pensarlo dos veces.

-¿Regina Mills?- Ruby casi gritó al otro lado de la línea cuando Regina se identificó –Dime

-Necesito tu ayuda

-Escucho

-¿Me sabrías decir si Emma está en casa ahora?

-Es muy probable que sí

-No me coge el teléfono y necesito hablar con ella lo más rápido posible

-Creo que tu nombre está en la lista de quienes pueden subir a su apartamento.

-¿Hablas en serio?

-Sí, estoy segura de que Emma lo puso después de que la visitaras varias veces- su tono malicioso era palpable a través del teléfono.

-Gracias, Ruby

-Antes de colgar, ¿puedo decir algo?

-Sí…- sonó vacilante

-Me ha contado todo y está enfadada contigo

-Lo imagino- susurró

-No me interesan tus motivos, pero espero que sean buenos. Solo intenta hacer las paces con ella.

-Lo estoy intentando

-Ve, si no abre la puerta, mira a ver si está abierta, ve hasta el balcón y sube las escaleras que llevan a la terraza. Estará allí.

-Es allanamiento de morada

-Un poco, pero dejo que me culpes si resulta una mala idea.

-¿Estás segura?

-Sí. Emma es orgullosa a veces, pero su rencor se pasa rápido, confía en mí, Regina, haced las paces independientemente de cómo.

-Ok. Gracias una vez más.

-No es necesario. No me gusta verla con sentimientos ruines en ella y los tiene ahora mismo, así que haz algo para sacárselos.

-Lo haré.


Regina detuvo el coche frente al edificio y apoyó la cabeza en el respaldar del asiento mientras decidía si subir o no. ¿De verdad Emma le habría dado acceso a su apartamento? Y si fuera así, ¿lo habría retirado durante esos cinco días?

Era completamente consciente de que se había equivocado con la rubia.

Tardó horas en dormir cuando llegó al apartamento de Tinker después de que Emma la hubiera besado esa madrugada de sábado. Había percibido que estaba nutriendo sentimiento por Emma, pero aún así, cuando se dio cuenta de que era verdad, solo fue eso, no se había parado a pensar, aunque los recuerdos se hacían presentes, no se había dado cuenta hasta entonces de que era por estar enamorada.

Mientras una supo lidiar con aquello y seguir con todo con normalidad mientras organizaba sus pensamientos, la otra necesitó espacio y tiempo para ello, quería respuestas urgentes y sabía que cerca de Emma salía de órbita, cosa que no facilitaba las cosas, tenía que poner los pies en el suelo para después proseguir con lo que habían comenzado aquella noche.

Tinker tenía cien por cien razón cuando decía que tardaba en darse cuenta que sentía y tardaba en admitir los sentimientos, cosa contradictoria en este caso, pues en cuanto se dio cuenta, lo admitió enseguida y era la primera vez que eso sucedía, no le llevó el tiempo que siempre le llevaba. La rapidez con la que admitió todo fue lo que hizo que necesitara después tiempo.

No se apartó por hacer mal, en realidad, su única intención era conseguir ser digna para proseguir sin arrastrar a Emma consigo, no tenía idea de que Emma por dentro estuviera hecha un lío por su culpa. Necesitaba estar segura de que no era pasajero, porque si lo fuera y la rubia nutriera por ella sentimientos, saldría herida y era lo que menos quería. Aunque no lo había hecho por mal, acabó equivocándose al actuar así. Debería haber tenido aquella conversación mencionada por Emma en medio de los besos en el coche, pero estaba tan extasiada con el momento que ni siquiera pensaba en tener una conversación sobre aquello. Y ese tiempo que ha tenido a solas la ha preparado para hablar sobre cómo quedarían.

Al darse cuenta de que quería a Emma, que no era pasajero y que cinco días lejos eran más que suficiente para echarla de menos, se sintió preparada para tener esa conversación y esperaba que ella aceptase, incluso después de su desliz.

Bajó del coche tras haber reunido el valor y en cuanto el portero del edificio la dejó subir sin tener que anunciarla, confirmó lo que Ruby le había dicho.

Dudó antes de tocar el timbre, pero aún así, lo hizo. Esperó que abriera la puerta, pero no sucedió nada. Apretó de nuevo el timbre y esperó un poco más, mismo resultado. Pensó si debería o no seguir el consejo de Ruby y llegó a la conclusión de que era invadir la privacidad, sin embargo ya había sido bastante inconsecuente, serlo un poco más quizás no cambiaría en nada las consecuencias.

Abrió la puerta del apartamento y analizó el sitio, realmente estaba vacío. Entonces reparó en que la puerta de cristal del balcón estaba abierta y el viento gélido entraba por ella balanceando la blanca cortina. Miró las escaleras y en un rápido movimiento ya estaba subiendo los primeros escalones.

Sintió su barriga helarse al ver a la rubia de espaldas, con los brazos doblados sobre el parapeto de la terraza, el viento ligero movía hacia atrás algunos mechones de sus cabellos.

Instantáneamente le vino a la cabeza que ese era el sitio que Emma nunca le había revelado. Era el sitio de la rubia y ella estaba invadiéndolo completamente, entendería si Emma la expulsaba de allí. Sería un error más que estaba dispuesta a cometer por el bien de ambas.

-Hey- dijo bajito aún cerca de las escaleras. Emma la miró asustada y giró todo su cuerpo hacia ella.

-¿Cómo?- Emma frunció el ceño

-Ruby- se encogió de hombros

-Desgraciada- pensó el alto sobre su mejor amiga.

Regina estaba allí, parada a metros de distancia. Emma la miraba incrédula, estaba demasiado enfadada y ese enfado se intensificó al verla allí.

-¿Podemos hablar?- pidió cerrándose más el abrigo por culpa del frío.

-¿Disculpa?- Emma cerró los ojos por segundos y cuando los abrió, Regina estaba algunos pasos más cerca.

-¿He preguntado si podemos conversar?

-¿Conversar sobre los días en que has estado desaparecida después de lo que pasó?

-Emma…

-No, Regina- la interrumpió –Necesito estar sola

-¿Estás muy enfadada conmigo?

-¿Lo parezco?- dio una sonrisa irónica

-Si me dejaras explicar…

-De momento no quiero explicación, solo quiero que te marches- le estaba doliendo decir eso y una sombra de arrepentimiento pasó por su mirada, pero ver a Regina allí solo la hacía recordar el tiempo esperando respuestas que no llegaban, lo perdida que se sintió, más que antes, lo que odiaba sentirse así, sobre todo por alguien.

-Echarme no va a resolver nada

-Desapareciste, Regina. Sé que solo han sido cinco días, pero han sido cinco largos días para mí.

-Yo…

-¿Te has dado cuenta de cuánto me has ignorado?

-Necesitaba tiempo

-¡Habérmelo contado! Habrías tenido todo el tiempo del mundo, yo misma habría desaparecido si me hubieras dicho que necesitabas espacio.

-No pensé en eso, solo me tomé tiempo para mí antes de cualquier cosa

-No sé para ti, pero para mí lo que sucedió significó mucho. Si te has arrepentido, debería saberlo, y saberlo por medio de una conversación y no por un alejamiento repentino e inexplicado.

-No me he arrepentido de nada, necesitaba pensar en todo antes de avanzar, colocar todo en orden primeramente.

-¿Y yo tengo la obligación de entender tus caprichos?

-¡No, no es eso!

-¿Qué, entonces?- buscó el resto de autocontrol que le quedaba. Sus manos estaban temblando, se las pasó por el pelo y miró a Regina.

-Necesitaba comprender lo que estaba pasando conmigo para no herirte.

-Gracias por la consideración, fue lo primero que imaginé cuando busqué los motivos- otra sonrisa irónica. Regina amaba cualquier tipo de sonrisa siempre que viniera de Emma, pero esa la estaba odiando –No tienes derecho a aparecer aquí, así de la nada, al sitio donde menos deberías estar después de días sin decirme si estaba todo bien.

-No pensé en las consecuencias, solo lo hice, actué por impulso y me equivoqué, he venido a pedirte disculpas e intentar conversar, pero estas impasible.

-No deberías haber venido- susurró apartando la mirada

-Me estoy arrepintiendo

-Tuviste tu tiempo, Regina, ahora yo necesito el mío.

-Está bien, Emma, no puedo obligarte a hablar conmigo, solo quiero que sepas que en ningún momento me he arrepentido de lo que sucedió, mi único arrepentimiento de momento es haber venido hasta aquí- dio algunos pasos hacia atrás aún sin apartar la mirada de Emma -¿Este es el sitio, no?- preguntó bajo y Emma asintió –Perdóname por invadirlo, no lo sabía- fueron las últimas palabras antes de darle la espalda

-¡Regina!- la llamó antes de que bajara, y ella se giró –Discúlpame- de nuevo se pasó los dedos por el pelo apartándolo hacia atrás, gesto que hacía cuando estaba nerviosa –Solo he estado perdida…- el arrepentimiento en su voz baja era nítido, tanto como su semblante que había cambiado.

-Ten tu tiempo, Emma. Aunque ahora yo también esté irritada, entiendo tu lado, solo me sorprende que por primera vez no hayas intentado comprender el mío. Y perdóname una vez más por haber invadido tu espacio.

Emma la vio descender las escaleras. Estaba mal consigo misma por haberse mostrado impasible y el arrepentimiento estaba creciendo en sus entrañas por no haber dejado que Regina se explicara.

Había sido egoísta y orgullosa.

Consideró equivocada la actitud de ella de desaparecer, sin embargo, también ella se había equivocado. Debería haber comprendido que también ella necesitó tiempo para poner en orden las cosas en su interior, y Regina se tomó su tiempo para ello, el único error fue no decir que lo necesitaba.