Capítulo 16
-¿Tu terraza? ¿Estás segura?- preguntó Ruby mientras miraba incrédula a Emma que mantenía una mirada tranquila bebiendo su café y contándole a la amiga lo que había sucedido la noche anterior y sobre su idea de usar su sitio favorito. Estaban en la misma cafetería en donde le había contado a Ruby sus sentimientos por Regina. Sus dudas expuestas allí una vez, ahora ya eran certezas absolutas.
-No sé por qué tanto asombro, tú la mandaste a ir allá
-Necesitabais conversar.
-Ahora necesitamos crear un buen recuerdo en ese sitio
-Tienes razón. Pero, ven acá, la primera vez en la terraza sería épico- sus labios formaron una sonrisa lasciva –No sé cómo habéis conseguido dormir juntas y controlaros.
-¿Puedes entender que dos personas pueden estar en el mismo sitio sin hacer ninguna insinuación de sexo?
-No. Creo que os controláis demasiado.
-Existe una cosa llamada momento oportuno y…- respiró hondo –Regina respeta mis límites, Ruby
-¿Sobre el hecho de que nunca te has ido a la cama con una mujer?- Emma asintió -¿No te sientes segura al ser con ella?
-La cuestión no es ella, sino lo que va a suceder entre nosotras. Es inevitable la inseguridad, aunque sea mínima.
-Por lo que sé, ella se porta increíblemente bien contigo, no será diferente esta vez.
-Lo sé- sonrió
La tarde caía mientras las dos seguían en la mesa del café, ya parcialmente lleno.
El día de Emma había comenzado de la mejor manera posible, como si hubiera borrado todo lo sucedido durante la semana. Acabó durmiendo con Regina después de que esta insistiera en que era tarde para que se marchara; sus deseos eran casi siempre una orden.
Regina era muy consciente de la inseguridad de Emma, se conocían lo suficiente para poder percibir, a veces, lo que pasaba con la otra. No podía negar que ciertos besos hacían que quisiera ir más allá, sin embargo, su consciencia le gritaba que aún no era el momento, y que debería ser cuando Emma estuviese igual de preparada. Respetaría todos los límites y esperaría el tiempo que fuera necesario. Sobre todo porque no había motivos para tener prisa, tenían todo el tiempo del mundo.
Habían dormido juntas como la otra vez tras la fiesta de Belle, probando de nuevo que sus cuerpos encajaban a la perfección y que no era necesario mucho más para sentirse en casa, en el lugar al que pertenecían.
El ápice del día de ambas fue la forma en que despertaron. Regina lo hizo con su despertador sonando y lo apagó tan rápido como pudo; Emma apenas se movió, aunque el ruido fuera alto.
Regina pensaba que era imposible encontrar hermoso ver a alguien dormir, hasta que había dormido con Emma. No quería despertarla, pero tenía que ir a trabajar.
Despertar con besos en su hombro, que ascendían hasta su cuello, hizo que Emma se despertara con escalofríos y una sonrisa boba en sus labios al notar de quién se trataba.
Si pudieran, esa cama tendría aquellos dos cuerpos durante todo el día, sin embargo, el dicho «lo bueno dura poco» es verídico.
Ruby apareció en el taller a media tarde después de otro viaje. Emma era siempre una de las primeras personas a quien buscaba cuando llegaba a Nueva York y viceversa. Ni tuvo que preguntar para saber cómo había ido todo, con apenas una mirada inquisitiva y las uñas golpeando en la mesa del despacho, Emma ya sabía lo que la otra quería.
Emma había pedido al portero del edificio que cerrar cualquier otro acceso a la terraza. Le explicó el motivo y así se hizo. Así que, su terraza, esa noche, era literalmente solo de ella.
De ella y de Regina.
El ameno clima de otoño colaboró para que Emma consiguiera concretizar sus planes.
Se sentía con el deber de crear buenos recuerdos en lo alto de aquel edificio que tanto preciaba. No había vuelto a subir desde que Regina había aparecido por allí. No estaba bien que su espacio le trajera malos recuerdos, así que, tenía que ser capaz de crear buenos.
Nunca se le había pasado por la cabeza algo como lo que estaba a punto de hacer.
Haría una cena en una terraza.
Jamás había pensado en llevar a alguien ahí.
Jamás había pensado en planear una cena para y con alguien.
Mucho menos los dos a la vez.
¿Cuántas veces ya se había preguntado lo que sería capaz de hacer por Regina?
Ruby la había ayudado en algunas cosas por libre deseo, poniendo como excusa que quería formar parte de aquello de alguna manera.
Vivir en un edificio lujoso daba ventajas a la hora de improvisar una mesa de cena en la terraza. Esta estaba puesta según el gusto de Ruby y Emma lo aprobó.
La cena había sido realizada por la cocinera de Emma, que iba a cocinarle dos días a la semana, los dos días en que Emma comía como los ángeles, ya que sus dotes culinarias podían resumirse en una lista muy corta.
Mientras Emma acababa de vestirse, Ruby terminó de colocar la cena sobre la mesa, ambas esperaban que Regina no se atrasase, si así fuera, la comida se enfriaría.
-Wow, parecería que la cena es un restaurante de lujo- dijo Ruby al pararse en la puerta del vestidor.
-Era la intención- sonrió aún girada hacia el espejo, mirando sus reflejos.
-Cinco minutos para la hora marcada- dio algunos pasos hasta acercarse más –No tiene gracia elogiar tu ropa, pero, estas hermosa. Si ya está enamorada de ti, hoy lo estará aún más- la abrazó por detrás, le dio un beso en la mejilla -¡Buena cena, patito!
-Gracias, no solo por lo de «buena cena», sino por todo.
-Ha sido un placer ayudarte- sonrió –Me voy antes de que ella llegue. Quiero detalles después, ¿ok?
-Como quieras…
Ruby la soltó y le mandó un beso volado antes de salir del vestidor.
Tras una última ojeada en el espejo, salió del vestidor y en ese momento el timbre sonó. Ruby y Regina definitivamente se habrían encontrado en el pasillo.
Regina creía que irían a cenar a algún restaurante que Emma había escogido. Ella le había pedido que pasara por su casa para ir juntas, no había querido desvelarle lo que tenía planeado.
-Hey- dijeron al unísono y en medio de sonrisas -¿Vamos?- preguntó Regina sin borrar la sonrisa del rostro.
-Vamos, sí- Emma agarró la mano de Regina y la arrastró hacia dentro del apartamento, cerrando la puerta enseguida.
-¿Emma?- Regina frunció el ceño mientras era guiada hasta la puerta de cristal que llevaba a las escaleras -¿Por qué…- no terminó la pregunta, la respuesta ya estaba allí delante de ella. Emma se detuvo cuando percibió que Regina también se había detenido, se giró hacia ella con los ojos cargados de expectativas y asistió a su mirada que alternaba entre ella y la mesa -¿Tú…?- Emma la interrumpió
-Quería al menos un buen recuerdo contigo aquí
-¡Emma!- exclamó su nombre como solía hacer siempre que no sabía qué decir, Emma creía que sonaba gracioso -¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Quería ver tu reacción- sonrió
-No sé qué he expresado al verlo, pero quiero que sepas que además de muy sorprendida, me has dejado extremadamente feliz- su voz salía en un tono que dejaba claro lo que había dicho.
-La intención siempre es esa.
Se acercaron más a la mesa y se sentaron, una frente a la otra.
-¿Has hecho todo esto sola?- frunció el ceño
-¿Dudas de mi capacidad?- preguntó mientras cogía la copa de Regina y le servía el vino.
-En absoluto, solo es una pregunta
-Tuve ayuda de Ruby- le puso la copa delante
-¿Viste?- sonrió orgullosa
-Créeme al menos cuando te digo que la idea sí ha sido enteramente mía- ahora se servía vino en su copa.
-Nunca he dudado de tu creatividad, mi bien.
Bajo un cielo estrellado, la cena siguió regada de lo que siempre surgía cuando estaban juntas: tímidos roces, sonrisas bobas todo el rato, carcajadas arrancadas con facilidad, y, sobre todo, sensaciones indescriptibles ante la presencia de la otra.
Pasaron horas sentadas en el mismo sitio. Los punteros de un reloj parecían no avanzar cuando respiraban el mismo aire. El deseo de parar el tiempo era cumplido de forma imperceptible.
Por más que se conocieran y supieran muchas cosas una de la otra, los descubrimientos en cada tema tocado eran incesantes.
Cada parcela era desvendada sin necesitar un contacto físico.
-¿Si tuviera la misma visión que siempre tienes, conseguiría entender por qué este es tu lugar favorito?- dijo dejando la copa vacía sobre la mesa.
-Nunca lo sabrás si no lo intentas- Emma señaló el parapeto de la terraza con la mano.
Regina se puso en pie, mientras Emma, aún sentada, la vio caminar hasta el sitio que había señalado. Sus brazos se doblaron delante de su cuerpo, apoyados en el parapeto, exactamente como Emma estaba el día en que Regina la encontró ahí.
La vista a la cantidad de edificios que se alzaban en el horizonte fue un elemento más de aquella noche que hasta el momento podría considerarse como perfecta. Era innegable que la noche neoyorkina tenía su belleza, la perspectiva de donde estaba le permitía admirar cada elemento que Emma decía que la calmaba.
-¿Y?- sintió su cuerpo ser apartado un poco de la baja pared de cemento por dos brazos que siempre la hacían sentirse cómoda.
-Tienes todos los motivos del mundo para tener este lugar como tu sitio favorito, aunque mi punto de vista no es como el tuyo, al menos puedo comprenderlo un poco.
-Y ahora tengo un motivo más para que este sitio me guste- apoyó su mentón en el hombro de la morena.
-Habría jurado que este sería el último sitio donde cenaríamos, pero no podrías haber escogido lugar mejor.
-Me alegra que te haya gustado, he creado buenos momentos de las dos aquí y también he conseguido agradarte.
-Agradar es poco- Regina giró su cuerpo aún pegado al de Emma –Todavía no han creado palabra que defina lo que has hecho conmigo- selló sus labios en los de ella suavemente, apartándolos segundos después –Espero que tengas noción de lo increíble que eres.
-Tú…- Regina colocó su dedo índice sobre sus labios, de igual manera que lo hizo segundos antes de su primer beso, y lo quitó solo para dejarlos libres para sus propios labios.
Si alguien desde algún otro edificio pudiera ver la terraza y lo que allí estaba pasando, sería testigo de un sentimiento que crecía a cada segundo y rodeaba a dos personas que nítidamente se entregaban sin vuelta atrás.
-Me he enamorado de quien bebería conmigo para lamentar la falta de ese sentimiento- Emma dijo mientras intentaba-sin éxito-controlar su respiración alterada por el beso.
-Hago mías tus palabras- respondió con una sonrisa contenida
Pasaron horas juntas, la cintura de Regina estaba presa de los brazos de Emma, manteniéndose tan juntas que casi demostraban lo contrario a lo que decía que dos cuerpos no ocupan el mismo espacio al mismo tiempo.
Emma sintió un escalofrío recorriendo su espina cuando los dedos de Regina acariciaban su espalda por debajo de su blusa.
Su inseguridad estaba desapareciendo con Regina tan cerca despertando aún más su deseo hasta entonces controlado.
-Vamos a bajar- susurró con dificultad a milímetros de la boca de Regina.
Pocos segundos después, la puerta de vidrio de la sala vio cómo un cuerpo era apoyado en ella con desespero.
A pesar de las ganas inconcebibles de actuar con rapidez, Regina reunió lo poco de cordura que le quedaba y fue más cautelosa. No era fácil, sin embargo, valía la pena por ser con y por Emma.
El fino abrigo que Emma usaba estaba a sus pies, y las asillas de su blusa estaban caídas en sus brazos, los cuales recibían la atención de las manos de Regina que subían y descendían por ellos, mientras sus labios recorrían la piel del hombro, subiendo al cuello para acabar en su maxilar. La respiración de Emma estaba cada vez más pesada y ya no podía mantener sus ojos abiertos.
Empujó a Regina hacia dentro del apartamento, volviendo a pegar sus bocas en un beso ávido.
El cuarto, en ese momento, parecía estar más lejos de lo que realmente estaba, así que, Regina apoyó a Emma en el brazo del sofá, quedando entre sus piernas.
Al mismo tiempo que sintió dos manos agarrar la parte baja de su blusa, notó su móvil vibrando en el bolsillo trasero de los pantalones que usaba, segundos después, el toque resonó por todo el apartamento, que solo estaba siendo llenado con el sonido de jadeantes respiraciones.
-Emma, tengo que…- susurró y antes de que terminase, Emma asintió, permitiendo que se separara un poco. Sacó el móvil del bolsillo que aún tocaba y atendió todavía más rápido cuando vio el número del hospital –Llego en diez minutos- dijo antes de apartarse el móvil de la oreja. Emma que miraba hacia el suelo la miró –Es una emergencia- frunció el ceño.
-Está bien- le dio una media sonrisa y se levantó, acompañando a Regina hasta la puerta, que abrió para ella.
-Lo siento mucho- dijo con pesar
-Regina, es tu trabajo- le dio un veloz piquito –Avísame cuando llegues a casa, ¿ok?
-Ok- le dio una última sonrisa con pesar y dio dos pasos mientras seguía mirando a Emma, antes de girar su cuerpo y caminar deprisa hacia el ascensor.
Emma cerró la puerta en cuanto las puertas del ascensor también se cerraron. Se pegó a la madera y sus ojos se detuvieron en el abrigo tirado en el suelo, cerca de las escaleras. Suspiró mientras se pasaba la mano por el cabello. Caminó hacia la otra puerta, cogió el abrigo del suelo y la cerró. Las cosas de la terraza las recogería cuando despertara, lo que necesitaba ahora era un baño que amenizara los efectos que Regina le había causado.
¿Qué problema había en que por una vez todo ocurriera sin sobresaltos?
Estaba lista y lo quería tanto como aparentemente también lo quería Regina.
Al menos todo lo planeado había salido mejor de lo esperado. Regina hacía que no solo alcanzara sus expectativas, sino que las sobrepasara.
