Capítulo 18

No podía mantener los ojos abiertos, pero la sonrisa se abrió sola. La punta de los dedos pasaba lentamente por el rostro de Regina despertándola de la mejor forma posible. Emma tenía la mitad de su cuerpo sobre el de ella y su rostro tan pegado que notaba su respiración en la propia piel.

-Tu despertador tocó hace cinco minutos- Emma susurró

-Perdóname por despertarte con eso- susurró también

-No me despertó- tres palabras que habían hecho que Regina abriera los ojos de una vez y se apartara un poco para mirarla, al menos intentarlo, ya que la claridad que entraba por la abertura de la ventana no les permitía ver mucho.

-¿Llevas tiempo despierta?

-No

-Es una pena que no sepas mentirme. Tienes que dormir, Emma

-Lo he intentado- dijo mientras apartaba su cuerpo del de Regina y se sentaba –Te vas a atrasar

-No importa- se sentó también y atrajo a Emma más cerca –Puedo llamar y decir que no voy o cambiar mi horario.

-Estoy bien, lo juro

-Hummm- murmuró –Mientes muy mal

-Estaré bien. Puedo esperarte a que vuelvas, allí hay personas que también te necesitan.

-Es difícil tener que escoger entre dos prioridades

-Regina, tu trabajo…Estaré bien, ¿ok?

-Cuanto más lo intentas, menos me convences

-Eres difícil- recostó su cabeza en el hombro de Regina y bostezó –Voy a intentar ocupar mi cabeza lo máximo que pueda para intentar, al menos, olvidar un poco, de verdad estaré bien.

-Necesitas dormir

-Lo intentaré, ¿ok? Confía en mí- Regina no le respondió, solo pegó su cabeza a la de ella –Te vas a atrasar, Regina

-No estoy segura de si…

-Vas a ir- la interrumpió Emma –Mientras te preparas, te voy a hacer un café

-No es necesario

-Pero quiero- Emma se levantó de la cama antes de que Regina protestara y entró en el baño.

La morena se quedó casi un minuto mirando la puerta cerrada, hasta que se levantó y entró en el vestidor de Emma. Se cambió de ropa y entró en el baño que ya estaba vacío.

Bajó a la cocina, y antes de entrar, la observó de lejos, apoyada en la encimera de la cocina, esperando a que el café saliera de la cafetera para llenar la taza que tenía al lado. La cercanía de Regina no llamó su atención como para que levantara la mirada.

-Hey- Regina dijo en voz baja mientras descruzaba sus brazos, haciendo que la mirara. Su semblante cansado solo confirmaba que se había pasado la noche en blanco. Sin tardanza, Regina la atrajo hacia ella y la envolvió en un abrazo. Habían pasado toda la noche juntas, pero aún así, aquel abrazo fue muy necesario. Cuanto más cerca Regina estuviera, más acogida Emma se sentiría y esa era la intención de una y la necesidad de la otra.

-¿Has visto qué hora es?- preguntó Emma mientras apartaba su rostro del de Regina, sin romper el contacto de sus cuerpos.

-Sí, estoy totalmente atrasada y no me importa. Me voy a quedar y desayunar contigo.

-No tienes que hacer eso

-Pero quiero- Regina repitió la frase de Emma, haciéndola sonreír. No era una sonrisa de oreja a oreja, pero de todas maneras era una sonrisa y eso ya satisfacía un poco el deseo de Regina de verla un poco mejor, por más que aquello no significara tanto, lo poco para quien no tenía nada era mucho.

Hizo lo que prometió, se atrasó como nunca antes lo había hecho y ni se preocupó por avisar a nadie, era consciente de sus responsabilidades, pero todas estaba siendo dejadas de lado. No se levantó de la silla mientras Emma no terminó su desayuno.

-Intenta dormir, Em- dijo Regina parándose en el umbral del apartamento y girándose hacia ella –Hasta más tarde.

-Hasta más tarde y gra…- Regina la calló con un piquito.

Tras luchar mucho contra su propio deseo, Regina dejó el apartamento de Emma.

En cuanto se apartó de Emma, todos los sentimientos negativos hacia Killian vinieron a la superficie. Cerca de Emma estaba más preocupada por ella, pero ahora que estaba sola solo podía pensar en acabar con él de todas las formas posibles.

La sensación de impotencia se hacía presente junto con todo lo que la hacía querer dar la vuelta y volver a aquel ático para estar al lado de Emma el tiempo que fuera necesario hasta que ella estuviera bien. Tenía plena noción de cómo lo ocurrido podía dejar a una persona y aunque la otra insistiera en que estaría bien, sabía que no sería algo fácil ni repentino.


Cuando cerró la puerta del apartamento, Emma se apoyó en la misma y sintió cómo las lágrimas que había contenido salían a flote. Las secó varias veces durante la noche con miedo de que Regina despertara y la viera de aquella manera.

Se sentía a gusto y completamente segura con ella, solo que no quería dejarla ver lo destruida que estaba por dentro. Dejó que Regina se preocupara por ella y la cuidara, cosa que fue de una ayuda enorme, estaría muchísimo peor si no fuera por ella, pero aún así, no quería que esa preocupación se multiplicase.

Siempre que cerraba los ojos para intentar dormir, las escenas de la noche pasada pasaban con perfecta nitidez en su cabeza. Eso solo aumentaba su asco hacia él y volvía a sentirse sucia. Y era aún peor cuando pensaba en lo que habría sucedido si las dos no hubieran entrado en el baño.

Solo el intento era destructivo.

Se levantó de la cama cuando el timbre sonó insistentemente. Ya que el portero no le había avisado, ni tuvo que mirar para saber quién era.

-¿Qué es eso?- dijo al abrir y ver a Ruby con un ramo de rosas en sus manos.

-Alguien me ha pedido que lo entregue- Ruby sonrió y le extendió el ramo que estaba formado por rosas de siete colores distintos, predominando las rojas –Esa mujer es definitivamente el amor de tu vida- dijo al entrar y cerrar la puerta. Tenía el móvil en la mano y sacó una foto del momento exacto en que Emma abría una sonrisa de oreja a oreja cuando vio el nombre en la tarjeta.

-No puede ser real una persona como esta-dijo en medio de la sonrisa que aún no había abandonado sus labios.

-Consiguió lo que quería- sonrió Ruby

-¿Cómo?

-Lo sabrás cuando leas la tarjeta. Y las llaves de tu coche están aquí- Ruby las dejó sobre el aparador.

-¿Tenías mi coche?- Emma la miró incrédula –Regina está loca

-Pues que sepas que conduzco muy bien, Emma Swan

Emma se sentó en el sofá con el ramo de rosas sobre sus piernas y abrió la tarjeta, y una sonrisa tan larga como la que puso al ver el ramo apareció en sus labios. Una vez más, y sin que se diera cuenta, Ruby registró el momento, tal y como Regina le había pedido.

«Tu sonrisa es hermosa y es solo una de las innumerables cosas que amo de ti»

-Ganaste la lotería, patito

-Creo que sí- sonrió otra vez –Aunque es tu letra

-Ella me pidió el favor y se lo hice, deja de ser ingrata. Pero en fin…¿Cómo estás?- preguntó aún sentada en el sofá mientras Emma se levantaba para ir a la cocina y poner las flores en agua. Volvió al salón y las dejó en la mesita de centro.

-Estoy…- Emma se calló y se sentó al lado de Ruby, respirando hondo y enfocando su mirada en algún punto de la sala que no fuera su amiga –Estaré bien.

-Sé que es lo que siempre se dice, pero si pudiera, todo tu dolor, asco y todo lo que estás sintiendo me lo pasaría a mí.

Sin que Ruby la atrajera hacia ella, Emma descansó su cabeza sobre su pecho, y Ruby comenzó a acariciarla.

-Fue horrible, Ruby, en realidad, lo sigue siendo.

-Regina me ha dicho que no has dormido…

-Lo intenté, durante toda la noche y pocos antes de que llegaras, pero es cerrar los ojos y verlo todo de nuevo.

-No quiero que ahora hables de eso, ¿ok? Vamos a cambiar de tema. Mira, en el año que viene, tu colección en aquella pasarela, y lo mejor de todo, tus prendas en mí

Emma la miró y sonrió brevemente, volviendo a sentarse bien en el sofá.

-Demasiado creída, ¿no crees?

-Aún no me has enseñado todos tus diseños. Apuesto a que Regina ya los ha visto todos y considero que es una injusticia

-Ella no los ha visto todos.

-Pero más que yo sí, que lo sé

-Quizás…

-Está bien, se lo merece. Es más, cambiando de tema de nuevo, estaba pensando en algún viaje. Cuando estabas en el hospital, hablamos sobre volver a Europa…

Mientras Ruby conversaba sobre diferentes temas con Emma para alejarla un poco de los malos recuerdos, acabó quedándose dormida, sentada en el sofá, con su cabeza sobre el pecho de la amiga.

Ruby la colocó mejor en el sofá, fue a su cuarto y le trajo su edredón y su almohada.

Nunca había visto a Emma tan indefensa como estaba. Sentía lo mismo que Regina, asco, odio, impotencia, preocupación y necesidad de estar ahí.

En su mente había algo de lo que haría con Killian. Se había equivocado de parte a parte al hacer eso y ella se lo haría pagar. No mediría esfuerzos para arrastrar por el suelo al que había herido a una de las personas más importantes de su vida.


«Se ha quedado dormida»

Regina dio un suspiró involuntario de alivio al leer el mensaje de Ruby, debajo de dos fotos de Emma sonriendo abiertamente, primero con el ramo y después con la tarjeta.

Le había pedido a Ruby que fuera al hospital y cogiera el coche de Emma que ella tenía cuando aquella le dijo que podría cancelar el único compromiso que tenía; le dio el dinero para las flores y le explicó exactamente cómo las quería, anotó la frase de la tarjeta en el bloc de notas de su móvil. Le pidió las fotos en cuanto le entregase todo a Emma pues la intención era exactamente hacerla sonreír.

Estaba segura de que Emma se quejaría de las fotos espontaneas y a traición, pero con toda certeza ya se habían convertido en sus dos fotos favoritas de ella.

Era algo de luz en medio de la oscuridad que se hacía presente en esos momentos.

El día de trabajo de Regina se resumió en mirar el móvil a casa tiempo muerto que tenía, fue informada de que Emma había dormido prácticamente todo el día y que al despertar, Ruby estaba haciendo todo lo que tenía a su alcance para distraerla.

Esperaba a un taxi frente al hospital y en cuanto entró en este, su móvil comenzó a sonar. Pensó que era Ruby o incluso Emma, pero en la pantalla apareció el nombre de su hermana.

-Te juro por lo más sagrado que hay en esta tierra que si no apareces en la cena de hoy, ayudo a nuestra madre a planear tus torturas.

-Hola, hermanita, ¿todo bien? No sé si por aquí lo están, gracias por preocuparte

-Regina, hablo en serio

-Hoy no puedo, Zelena

-Llevas semanas sin hablar con tu propia madre, no tienes idea de lo que tengo que escuchar

-Suerte la tuya

-¿Qué está pasando? No hablas conmigo como debe ser

-Podemos conversar mañana, pero hoy realmente no puede ser

-Tres horas de tu noche, juro que te ayudo a librarte de ella, pero ven. Por favor, Gina

-Hoy realmente no puedo, Zelena

-¿Y por qué? No es por nada, pero aún tienes familia, ¿sabías?

Regina no respondió mientras repetía mentalmente las palabras que su hermana acababa de decir.

-A las nueve en punto salgo de aquella casa, ni un minuto más

-No es mucho, pero ya es algo

-Es eso o nada

-Está bien. Hasta dentro de un rato

-Hasta luego.

Sus planes eran llegar a casa, tomar un baño rápido y volver a casa de Emma para juntarse a ella y a Ruby, sin embargo, como Zelena le había dicho claramente, aún tenía a su familia, y por más que no fuera la mejor, Cora aún era su madre y era difícil negarle algo a Zelena, sobre todo cuando lo hacía con ese tono de súplica capaz de convencer a cualquiera.

Las cenas eran todos los miércoles, a las siete. Y que ni Regina ni Zelena se atrevieran a retrasarse…hasta que Regina decidió que los sermones que escuchaba de su madre eran dignos de una adolescente y no de una mujer con la vida prácticamente hecha, así que podía bien no comparecer si no quería.

Faltaban dos minutos para las siete cuando detuvo su coche detrás del de Zelena. Miraba hacia la puerta de entrada debatiéndose en un dilema: pasar por aquella puerta y encarar todas las cosas ruines que en algún momento tendría que escuchar y atender el pedido de su hermana, o si volvía a arrancar el motor y se dirigía al apartamento de Emma, que era donde quería estar.

Escogió la primera opción, insultando mentalmente a Zelena por casi haberla coaccionado para que estuviera ahí.

-Menos mal que has aparecido- dijo Zelena al abrirle la puerta –Buena suerte con lo que vas a escuchar- susurró mientras la abrazaba.

-Escuchar porque tú me pediste que viniera –susurró a su vez mientras se apartaba.

-Una Mills tiene el don del convencimiento, todos lo sabemos

-Deja de usarlo para esos fines

-Fue necesario. No me iba a quedar sola

-¿Y tu marido?

-Demasiado ocupado con cosas del trabajo

-En un pésimo momento…

-Deja de quejarte, querida- dijo Cora apareciendo en la puerta de la sala

-Jamás me quejaría por estar aquí- Regina le dio una sonrisa tan cargada de ironía que Zelena casi le pidió que parara.

-Está bien saber cómo te importa tu madre- daba pasos lentos sin desviar los ojos de su hija pequeña.

-Digo lo mismo

-Casi sale fuego de esas miradas- Zelena murmuró

-¿Estabas saliendo de la cocina?- su pregunta, sin intención, amenizó el tenso clima.

-Hoy le dio el día libre a la empleada. Parece que adivinó que vendrías- respondió Zelena antes de que su madre lo hiciera.

-Dos milagros en una sola noche- Cora miraba directamente a Regina a los ojos como si sus palabras no fueran las que le gustaría escuchar, y realmente no lo eran –Voy a seguir con la cena, os llamo cuando esté en la mesa.

Cora se apartó, volviendo a la cocina bajo las miradas de sus dos hijas que enseguida intercambiaron miradas de sorpresa.

-Va a destilar su veneno en la mesa durante la cena- Regina fue la primera en hablar lo que ambas pensaban.

-Menos mal que vienes preparada.

-Nadie está nunca preparado para Cora Mills.

-Tu armadura, al menos, es más resistente

-Dices eso porque raramente tienes que usar una con ella

Zelena no respondió, no tenía nada que contestar, su silencio solo probaba lo cierta que estaba su hermana. Cora siempre las había tratado a las dos con riendas cortas, pero con la pelirroja las cosas mejoraron cuando se licenció y se casó, y hasta ahora demostraba tener un matrimonio estable y una profesión bien ejercida. A diferencia de Regina que solo cumplía uno de los requisitos para ser la hija ejemplar. Todo estaría mil veces peor si Cora descubriese que estaba con una mujer, y sobre todo, la misma que la alentó de todas las formas para pedir el divorcio, que Cora odiaba.

-Dijiste que las cosas no estaban bien. ¿Qué ha sucedido?- preguntó mientras se sentaban en el sofá.

-Bueno…Creo que te debo información de cómo está mi vida de unos meses para acá, solo así puedo llegar al motivo.

-Tenemos tiempo, empezó con la cena poco antes de que llegaras.

-He conocido a alguien…- contuvo su sonrisa al hablar de Emma.

-¿Y?

-Y creo que me encamino hacia una relación seria

-Calma. ¿Me estás diciendo que alguien ha encontrado las siete llaves de ese corazón tuyo?

-Creo que no solo ha sido abierto con llaves, fue invadido sin permiso alguno.

-¡Regina, eso es genial!- su sonrisa era tan grande que Regina no sabía si sonreía por la sonrisa de la hermana o por estar de acuerdo en que de verdad era genial ver su corazón invadido por alguien que le hacía tanto bien -¿Dónde lo conociste? Detalles, por favor

-En realidad, no es lo, sino la- dijo más bajo por miedo a que no entrara en la cerrada mente de la otra mujer

-Deja que ligue los puntos- Zelena desvió su mirada hacia delante, volvió a mirar a la hermana y abrió una sonrisa –¿Es esa Emma que tanto citas en nuestras conversaciones?- no necesitó una respuesta, la sonrisa de la morena respondió por sí sola –¡Eso es solo un detalle, quiero el resto!

Durante el tiempo que tardó la cena en estar lista, Zelena escuchaba atentamente lo que Regina le contaba sobre algo que no tenía que ver con su amistad con la rubia, cosa que ella ya sabía.

-Solo imaginé que finalmente alguien había conseguido el corazón de Regina Mills

-Lo veo difícil…

-Difícil, pero la persona correcta lo conseguirá

Como hermana más vieja, muchas veces tenía razón sobre las cosas de la más joven y esa había sido una más de esas cosas.

La cena se sirvió alrededor de las ocho y en silencio, excepto por algunas pocas palabras intercambiadas entre Zelena y Regina o Zelena y Cora.

-Entonces, Regina, cuéntame cómo van las cosas en tu vida. Sé que mantienes informada a Zelena- desvió su mirada desde su plato a Regina que estaba sentada enfrente de ella

-Todo está bien

-No necesitas ser escueta, tenemos tiempo

-No tengo nada que decir, solo que está todo bien

-¿De verdad? Entonces dime cómo llevas tu vida de soltera- dijo provocando que Regina alzara su mirada para encararla -¿Conociendo a muchas personas?

-En realidad, no

-Una sola es suficiente, ¿no?

-No te estoy entendiendo, mamá

-Puedo aclararlo, querida- soltó los cubiertos y entrelazó los dedos sobre la mesa -¿Por qué no puedo saber yo los detalles que hace un momento le has contado a Zelena?- la pregunta hizo que Zelena intercalara su mirada entre las dos, Regina tenía la boca abierta para hablar, pero no salió ningún sonido, tampoco se movía.

-¿Qué quieres saber realmente?- arqueó una ceja procurando no dejar ver el miedo ante la respuesta que vendría

-¿Desde cuándo has perdido la cabeza y comenzaste a relacionarte con mujeres?- su tono de voz era firme y sus ojos no se desclavaban de los de Regina –¡Anda, Regina, responde!- estaba empezando a perder el control y elevó la voz.

-Es cierto lo que dicen de que las paredes tiene oídos- murmuró Zelena

-No he perdido la cabeza, no hay nada anormal en ello.

-¿Dónde no hay nada de anormal, Regina? Es completamente fuera de lo común. ¡Y mucho más para alguien como tú!

-¿Alguien como yo? ¿Alguien normal?

-Una mujer a la que crié siempre lo mejor que pude- se levantó de la silla, empujándola y apoyando las manos en la mesa

-¿Y eso qué tiene que ver con que me relacione con una mujer, Cora?- hizo exactamente lo mismo que su madre

Zelena también se levantó y se apartó un poco de Regina, agradecía tener una mesa separándolas.

-¡Te crié para ser una mujer casada con un hombre! ¿Qué piensas que estás haciendo con tu vida?

-Tengo mi libertad y se sale de tus padrones

-Libertad esa que no te fue permitida. ¿Qué quieres que piense de una hija que se divorcia de un hombre que le daba todo y ahora decide volverse lesbiana?

-No me he convertido en lesbiana, Cora, me pase la vida antes del matrimonio manteniendo relaciones como estas que, hay que añadir, son completamente normales, y no debería ser una sorpresa para ti ya que te encanta conocer la vida de sus hijas.

-Deberías darme orgullo, Regina, no traerme decepciones- en ese momento, ambas gritaban y Zelena no tenía valor para parar la discusión.

-Si ver a tu hija feliz es una decepción, siento mucho informarte que estás desempeñado muy mal tu papel de madre- profirió en tono normal antes de salir del comedor.

-¡Zelena, no te atrevas!- Cora gritó

-¡Hermanita!- Regina sintió su brazo ser agarrado al tocar el pomo –Perdóname por esto, yo te pedí venir y…

-¡Zelena!- Regina la interrumpió -¡Para! Tú no tienes culpa de nada, ¿ok?

-Claro que ten…

-No, no la tienes

-¿Estás bien?

-Lo estaré

-Tus manos están temblando- dijo al agarrarlas

-Sabes por qué pasa esto…

-Entonces, ve a relajarte, yo lidio con la fiera. Te quiero- le dio un beso en la cabeza e hizo que sonriera. Zelena siempre mejoraba cualquier situación desde que tenía uso de razón.

-Te quiero

No le llevo mucho tiempo llegar de casa de su madre al edificio de Emma. Ese tiempo al menos le sirvió para calmarse un poco.

Era siempre así, las cosas estaban yendo demasiado bien, después todo lo malo que podría suceder, sucedió sin pausa.

Subió al ático de Emma y en cuanto paró en la puerta, pudo escuchar carcajadas viniendo de dentro. El sonido de la risa de Emma junto con la de Ruby fue suficiente para arrancarse el peso que sentía encima de ella.

Apretó el timbre y en segundos la rubia abrió, ofreciéndole inmediatamente una sonrisa al verla ahí.

-Hey- su voz ya sonaba mucho mejor que la última vez que la había escuchado, al teléfono antes de ir a la cena. Se acercó y le dio un piquito rápido antes de que Ruby se quejara de lo que veía.

-Eso mismo, dejen eso para después, cuando yo no esté mirando

-Regina, ¿estás loca por dejar mi coche en sus manos?- preguntó Emma mientras cerraba la puerta.

-Disculpa, no quería que por irme con él estuvieras todo el día sin él. Quizás lo ibas a necesitar.

-Nada de disculpas, yo conduzco muy bien. Sois demasiado ingratas, las dos, os merecéis la una a la otra-se levantó del sofá y caminó hacia las dos mostrando una falsa indignación.

-Gracias por haber hecho todo lo que te pedí, incluso las fotos –Regina sonrió a Ruby mientras esta estaba al lado de la puerta para marcharse.

-¿Qué fotos?- Emma miró de una a otra

-Bueno, Regina, ahora te toca a ti. Cuidaos- mandó un beso a las dos y antes de que alguna respondiera, salió y cerró la puerta.

-Solo unas fotos que me confirmaban si había salido bien lo que le había pedido- Regina buscó las fotos y giró el móvil hacia Emma, enseñándole la primera que había recibido.

-¡No me lo puedo creer!- dijo provocando que Regina sonriera presuntuosamente

-Las fotos han quedado bien, no puedes negarlo- recibió una mirada de desaprobación de Emma que la hizo reír, estaba segura de que Emma iba a odiar lo de las fotos -¿Cómo estás?- preguntó al sentarse en el sofá

-Bien. Gracias por las flores y la tarjeta…

-Si siempre que recibas flores, pones una sonrisa como aquella, juro que todos los días te mando un ramo

-No es necesario que hagas eso- sonrió casi igual que en las fotos

-Solo es bueno verte sonriendo- Regina recostó todo el cuerpo en el sofá, atrayendo a Emma más cerca y sellando sus labios por un corto momento.

-¿Cómo fue la cena con tu madre? Has llegado más pronto de lo que dijiste y no muy animada- con el brazo apoyado en el respaldo del sofá, recostó su cabeza en su mano mientras miraba a Regina dar un suspiro segundos antes de abrir los ojos.

-Prefiero no hablar de eso ahora…¿te parece?

-Como quieras

La mano de Regina era acariciada por el pulgar de Emma, algo tan simple le transmitía una sensación de tranquilidad inigualable. Desde el comienzo, Emma había tenido el poder de aliviar las cosas cuando todo a su alrededor era un caos. Para ambas, el mundo se paraba cuando estaban juntas, aunque fuera por pocas horas.

Regina no quería tocar otro tema que no era agradable. La noche pasada y el día ya habían sido bastante pesados para Emma, quedaría peor si supiera lo que había sucedido antes de llegar a su apartamento. La intención era mejorar las cosas, y no lo haría si le contara el ataque que le había dado a la madre al saber lo de ellas.

-¿Te vas a quedar hoy también?- preguntó Emma quebrando el silencio.

-¿Quieres que me quede?

-Siempre quiero.