Capítulo 19

-¿Entonces?- inclinó la cabeza y sujetó el móvil entre el hombro y el cuello ya que una de las manos agarraba una taza de café mientras con la otra abría la puerta de un cuarto vacío del hospital para sentarse en una de las camas.

-Pues que ha dicho que tiene que hablar contigo

-No estoy loca como para quedarme a solas con ella manteniendo una conversación sobre mi vida amorosa que ella no aprueba.

-Quizás quiera cambiar, Regina. Ayer, cuando hablé con ella, conseguí que entendiera algunas cosas.

-No sé si es una buena idea…

-No puedes sencillamente olvidar que tienes una madre. A pesar de cómo es, se preocupa por ti.

-Zelena, ¿te está apuntando con un arma para obligarte a decir eso?

-¡Te quejas de ella, pero eres igual de cabeza dura! No es algo a lo que esté acostumbrada, no es algo común para ella, pero quizás por ti, quiera comenzar a entender

-¿Estamos hablando de la misma madre?

-Quizás ahora al comienzo ella no lo acepte tan bien, pero quiera respetarlo. Estuve prácticamente dos horas hablando de eso con ella, solo me fui cuando tuve la plena certeza de que se había ablandado un poco.

-Te lo agradezco mucho, pero, de momento, no sé si de verdad es una buena idea.

-Eres imposible cuando quieres, no me sorprende que en esas venas corra la misma sangre de ella.

-Tengo que colgar, ahora, hermanita.

-Está bien, más tarde hablamos entonces. Pero piénsalo, bien, Regina, es tu madre

-Lo pensaré

-Cuídate

Zelena colgó antes de que respondiese. Guardó el móvil en el bolsillo y salió del cuarto.

Cora ablandándose y queriendo cambiar sus creencias podría comparase a la paz mundial.


La mayoría de los diseños preparados en el papel ya Emma los había pasado al ordenador.

Su trabajo era más un hobby que realmente un trabajo. La frase: «Escoge un trabajo que ames y nunca tendrás que trabajar un solo día en la vida» tenía completo sentido. Estaba pasando el tiempo e intentando ocupar su cabeza mientras guardaba cada diseño en colores diferentes para después decidir qué escogería para subir a la pasarela. Solo fue sacada de su distracción cuando escuchó golpes en la puerta.

-Mira, David, nuestra hija aún está viva- dijo Mary abriendo la puerta y entrando acompañada del marido.

-Hacéis que me sienta mal cuando habláis así- empujó la silla hacia un lado, quedando frente a los padres.

-Estamos acostumbrados a que no des noticias, aunque nos deja preocupado, sobre todo cuando no coges nuestras llamadas.

-Ha sido solo un día- sonrió a la madre

-¿Está todo bien?

-Todo dentro de la línea

Nada estaría dentro de la línea tras lo ocurrido dos días atrás, pero sus padres no necesitaban saber ni tener la imagen de la hija pasando por algo tan repugnante.

-¿Y cómo fue el desfile?- preguntó David

-Estuvo…- buscó las palabras para describir el desfile y no lo ocurrido que todavía estaba presente en su mente –genial. Todo hermoso, una vez más. Cada año lo es.

-Pero el año que viene lo será más- David le guiñó un ojo y ella sonrió.

-Espero que, al menos, llegue al mismo nivel.

-Siempre tan modesta- Mary balanceó la cabeza sonriendo –Pero entonces, fue un espectáculo verte a la doctora Mills y a ti en las fotos, las voy a enmarcar para ponerlas en la sala.

-¿Las visteis?

-Claro que sí, Emma. No dijiste que llevarías a alguien, pensábamos que ibas a ir sola, fue algo sorprendente.

-Sobre todo por la persona que te acompañaba. No sabíamos que esa amistad había ido más allá

-¿Cómo?- preguntó el padre que intentaba procesar las palabras «ido más allá»

-Dijiste que erais amigas, pero no tan amigas…- David sonrió encontrando gracioso la manera en que la hija se sonrojó sin darse cuenta.

-Sí, estamos bien…próximas.

-Nos hemos dado cuenta por cómo agarrabas su cintura, y en otra foto de otra persona se os ve dadas de la mano en la parte de atrás- Mary sonrió

-Dicen que los padres son los primeros en saber las cosas, una pena que tú nos las escondas…

-Yo…- bajó la cabeza, y la levantó segundos después –Os iba a hablar pronto, solo estaba esperando el momento oportuno…

-Emma, no tienes por qué ponerte nerviosa. Está todo bien- Mary rodeó la mesa y se detuvo al lado de la silla de la hija, acariciando su pelo.

-Perdonadme por no habéroslo contado antes

-Habría sido mejor si no nos hubiéramos enterado por una revista, pero ahora que lo sabemos, queremos que nos la presentes como Dios manda.

-Y ya era hora de que te dieras cuenta de que eres pésima para escoger hombres- su padre completó

-¿No tenéis ningún problema con eso?- alternó su mirada entre ellos.

-Ninguno. Es evidente que no lo esperábamos, jamás se nos pasó por la cabeza, pero es maravilloso. Tenías un brillo en tus ojos verdes en las fotos.

-Llévala a cenar a casa mañana, Emma- dijo David

-¿Vais a poneros como los padres protectores haciendo un millón de preguntas y al final decir que sabéis usar la pistola que tenéis en el fondo de un cajón? Hicisteis eso con todos.

-De ninguna manera, querida- Mary rio y besó su cabello

-Voy a hablar con ella, pero no prometo nada.

-Esperaremos tu respuesta. Mira, ya está oscureciendo, sabes que no nos gusta que te quedes aquí sola hasta muy tarde, todos ya se han ido.

-Seguís tratándome como si fuera una adolescente, y eso me da miedo de llevar a Regina a la cena.

-Es sin querer- Mary se colocó al lado del marido mientras Emma se levantaba para apagar el ordenador.

-Podríais tener otro hijo, ¿no creéis? Aún hay tiempo

-¿Emma, por Dios, no crees que es hora de que nos des un nieto en vez de que tengas un hermano?

-Aprovechad- Emma sonrió mientras cogía el bolso –Sé que aún practicáis el acto, solo tenéis que dejar de usar lo que lo impide. Adoraría tener otro niño en la familia.

-Os esperamos mañana

-Hablaré con ella- su carcajada salió involuntaria al ver lo callado que había dejado a su padre y probablemente pensando en la posibilidad, mientras que su madre solo se preocupó por cambiar de tema –Papá adoró la idea, mamá

Sus padres habían descubierto lo de Regina antes de que ella lo contara, se había quitado un peso de encima. No era algo que quisiera esconder de ellos, pero no sabía cómo contarlo. Había crecido sabiendo que nunca habían tenido problemas con eso, pero cuando se trataba de la propia hija podría ser diferente, y esa aceptación inmediata fue un gran alivio.

Llegar a casa y verla vacía, en un silencio al que ya estaba acostumbrada e incluso apreciaba, estaba empezando a ser extraño. Todo volvía a estar tan en silencio como cuando Regina no estaba, incluso Ruby, que había pasado el día anterior a hacerle compañía, ya no estaba, dejando todo en el silencio absoluto.

Las sensaciones desagradables permanecían, pero estaban más suavizadas. Ya no pensaba todo el tiempo en cómo sus manos, que consideraba sucias, la habían tocado sin su permiso, prensándola sin darle posibilidad de intentar escapar.

Regina, en la noche anterior, la había escuchado desahogarse acurrucada en sus brazos. Exponer sus sentimientos, dejar más a flote sus aflicciones, fue un paso más.

Regina la escuchó y la mantuvo segura, tanto por haberla sujetado contra su cuerpo como por haber usado las palabras correctas, las que más necesitaba oír.

Sus brazos descansaban en el parapeto de la terraza mientras el ruido de la vida nocturna era perfectamente audible. Un ruido que nunca la incomodaría. Era un elemento más que complementaba el cúmulo de cosas por las que le gustaba ese sitio que llamaba suyo.

El móvil en el bolsillo del abrigo sonó, provocando que involuntariamente sonriera. No había hablado con Regina desde que ella se había ido del apartamento, retrasándose una vez más por desayunar juntas.

-Hey

-Hey

-¿Cómo estás?

-Ahora puedo asegurar con toda certeza que estoy bien. ¿Y tú? Tu día aparentemente ha sido completo.

-Atrasarme me causó algunas consecuencias, pero nada a lo que no esté acostumbrada. Y ahora estoy mejor por saber que tú estás bien.

Emma amaba cada vez que Regina le causaba sonrisas bobas incluso a través de una llamada.

-Mis padres quieren cenar con nosotras mañana

-¿Cenar con tus padres mañana?

-Sí. Pero solo si tú quieres

-No, claro que quiero…

-¿Pero?- preguntó ya riendo

-Nada- era evidente que había desistido de hablar -¿A qué hora?

-A las siete estate lista. No sé por qué digo esto conociendo tu puntualidad.

-Para no perder la costumbre- Emma concordó riendo bajito –Em

-

-Tengo que hablar contigo de algo, pero puede ser mañana en persona

-¿Debo preocuparme?

-¿No me digas que tienes el ceño fruncido y poco a poco estás deshaciendo la sonrisa?

-Aún creo increíble que sepas mis trazos sin estar viéndome

-Ya te he dicho que conozco casi todas tus expresiones. Y no, no debes preocuparte. Es algo en lo que estás parcialmente envuelta, pero tiene que ver solo conmigo, solo quiero saber tu opinión sobre una cosa.

-Está bien, contendré mi curiosidad.

-Sé que has revirado los ojos mientras lo has dicho, sabes que detesto cuando lo haces

-Me das miedo, Regina

Regina se echó a reír, provocando que Emma también lo hiciera.

-Solo te conozco muy bien, cariño

-Empiezo a pensar que eres una psicópata que me vigila sin que me entere.

-He memorizado tus trazos solo por estar enamorada de cada uno de ellos.


-¿Tu padre mi interrogará sobre mis intenciones contigo?- preguntó Regina al parar en la puerta, y Emma la miró riendo.

-Es probable.

-Me siento como si tuviera quince años.

-Ya conoces a mis padres.

-Esta es una situación completamente diferente.

Emma tocó el timbre y David la abrió en segundos, y la reacción de Regina fue presionar aún más los dedos de Emma.

-Con razón Mary dijo que quería poner vuestra foto en la sala- David sonrió –Buenas noches, señorita Mills

-Hola, señorita Mills- repitió Mary colocándose al lado del marido.

-Buenas noches- sonrió –Prefiero Regina

-Te tomamos la palabra.

-Venid, entrad- dijo Mary dejando espacio para que pasaran.

Emma pasó primero, sin soltar sus manos, haciendo que sus padres sonrieran como si fuera la primera persona que ella les presentaba.

-Voy a ver si de verdad no hay ningún portarretratos con nuestra foto, o un cuadro…- Emma miró a su alrededor, apretando los ojos.

-¿Conoce ese lado petulante de ella, Regina?- David preguntó cruzando los brazos

-Perfectamente

-¿Os vais a unir para sacarme mis defectos, verdad? Eso pasó cuando ella conoció a Ruby- le dijo a los padres.

-Nunca haría eso, cariño- Regina sonrió

-Lo sé bien…

Antes de cenar, los minutos se llenaron con temas que no estaban relacionados con Emma, estos esperaban a cuando estuvieran en la mesa.

Mientras Mary y David contaba diversas historias de la infancia y la adolescencia de la hija, Regina soltaba carcajadas, que demostraban que estaba totalmente interesada en saber más. Con cada hecho que contaban, con cada buen recuerdo rememorado, e incluso con las tonterías que Emma había cometido, Regina se daba cuenta de que podía enamorarse más de lo que consideraba posible.

-Emma es una pieza rara, Regina, tienes que prometer que las vas a cuidar- dijo David cuando Mary terminó de hablar.

-Ya lo hace- respondió Emma antes de que Regina lo hiciera

-Tu padre no puede perder la oportunidad.

-Me estaba esperando algo así- Regina sonrió

-¿Desde cuándo sois novias?- preguntó David, y las dos se miraron

-Nosotras…-Regina comenzó, girándose hacia la pareja que tenía delante

-Aún no hemos rotulado nada.

-Emma no me ha pedido que salga con ella

-Solo puedes estar de broma- Emma la miró incrédula, haciendo que riera.

-Lo estoy- dijo animada en medio de una risa ya más tranquila

-¿Creeríais si os dijera que ella no es mi novia?- preguntó Emma a los padre que negaron, mirando enseguida para Regina, que sonrió de oreja a oreja, una sonrisa diferente a las formadas en sus labios con anterioridad –Entonces…

-Realmente no necesitamos una ceremonia para eso- confirmó, presionando más sus dedos que estaban sobre la pierna de Emma por debajo de la mesa.


-Puedes hablar ahora- dijo Emma al detener el coche cerca del edificio del apartamento de Regina.

-Antes quiero pedirte que no te preocupes con lo que te voy a decir

-Dijiste que no tenía que preocuparme y ahora me dices esto

-Porque realmente no tienes que hacerlo, pero te conozco, Swan. Mi madre escuchó sobre nosotras cuando yo estaba hablando con Zelena, acabamos peleando durante la cena por ello. Por eso llegué antes a tu casa y no muy animada, como tú misma observaste.

-Cuéntame todo.

-Dijo cosas sobre que no me había criado para que me relacionara con mujeres, no mucho más que eso…

-¿Y cómo te sientes tú con eso?

-¿Acostumbrada?- sonrió

-Hablo en serio.

-He crecido buscando ser un ejemplo, y lo logré por un tiempo, sin embargo, cuando lo conseguí, no era yo misma. Mi madre quiere que sea la muñeca que sigue las órdenes de ella y estoy lejos de ser eso. La cuestión es que Zelena me mete cosas en la cabeza que me hacen pensar demasiado. Es mi madre. A pesar de todo, ha hecho tantas cosas por mí, es injusto vivir el resto de mi vida en pie de guerra con ella.

-¿Eso quiere decir que…?

-¡No!- Regina la interrumpió –No va a cambiar nada entre nosotras- sonrió y buscó su mano, agarrándola por encima de la pierna –ella quiere conversar conmigo. Zelena me ha garantizado que consiguió hacer que entrara un poco en razón. Es que le estoy dando muchas vueltas a si debo o no. Estoy casi segura de que todo empeorará si lo hago.

-¿Por qué no lo intentas? Zelena puede tener razón. No puedes perder la oportunidad de vivir en paz con tu madre, que debería ser la persona más importante de tu vida, por miedo de hablar con ella. ¿Ya pasaste esa fase, no?

-Por eso quería tu opinión sobre esto.

-Bien, ya está dada. Incluso porque creo justo que converses con ella y si todo sale bien, quiero conocerla. Mis padres y Ruby ya han destruido mi imagen frente a ti. Tengo que conocer a Zelena y a tu madre para quedar al mismo nivel- sonrió

-Me has dicho que soy una idiota cuando quiero, pero tú no te quedas atrás.

La risa de Emma hizo sonreír a Regina y la atrajo más hacia ella. El beso, que comenzó calmo, ganó más intensidad cuando los dedos de Regina se enredaron en el cabello rubio. Descendió la otra mano hasta su cintura y con la intención de acercarla más, Emma pasó del asiento del conductor a su regazo, colocando sus piernas a cada lado de sus caderas.

Con su mano que ya estaba en los cabellos, Regina hizo estos a un lado, dejando más expuesta la piel de su cuello. Apartó sus labios y los descendió por el cuello, y antes de besarlo, hizo que Emma se estremeciera completamente cuando pegó su nariz, aspirando su perfume que tanto le gustaba.

-¿No me vas a pedir que suba?- su voz salió ronca, seguida de un suspiro, decretando el final de todo el control que Regina aún mantenía.