Capítulo 20
Pero sé que es tan fácil
Fue fácil perder el tiempo contigo
Cabello desordenado
Tú de mi lado
Dos cuerpos diseñados para no despegarse
Cuando se trata de expresión, generalmente, se usan las palabras para tal fin, sin embargo no siempre estás son las que más dicen. Gestos, toques, miradas son capaces de expresar cualquier sentimiento que nos esté quemando por dentro.
El amor, con su singularidad, puede ser considerado el sentimiento que no es pronunciado, sino que, en silencio, es expresado de otras formas.
Regina nunca le ha dicho a Emma que la ama
Emma nunca le ha dicho a Regina que la ama.
Y no era necesario.
Regina tenía un bloqueo en su mente que le impedía tener ese momento íntimo con Emma, y no haría absolutamente nada que no fuera consentido por ella. Cuando, dentro del coche, la rubia emitió aquellas palabras con voz cargada de deseo, su control se quebró. Tenía el consentimiento, había deseo mutuo, tenía absolutamente todo para comenzar el juego de la manera que esperaban.
Cada movimiento gritaba lo que nunca había salido de sus bocas.
Debido a las circunstancias, Regina, que estaba totalmente segura de sí misma, ahora podía sentir un resquicio de recelo. Dudó un momento cuando recordó que Emma podría sentir rechazo ante lo que estaban a punto de realizar, sin embargo, esos sentimientos se desvanecieron cuando, ya en su cuarto, mientras sus manos aferraban al cuerpo de Emma al suyo, la rubia comenzó a desabotonar con maestría, botón a botón, su blusa, sin cesar el beso. Beso este que cargaba consigo la demostración de cuánto se deseaban.
Emma deslizó sus manos por los hombros de Regina para que la blusa cayera, y en cuanto lo hizo, sintió su propio vestido soltarse de su cuerpo vagarosamente cuando la diestra de la morena descendía la cremallera lateral.
Regina deshizo el contacto de sus labios para poder distribuir besos por el cuello de la rubia, y conforme sus manos bajaban las asillas, su boca se detuvo en su hombro. El vestido cayó a los pies de Emma, al lado de los zapatos de ambas que habían sido retirados rápidamente en cuanto cerraron la puerta del cuarto.
Emma contuvo una sonrisa cuando Regina, al apartarse, la miró de una forma que podría jurar que estaba leyendo su alma.
-Estás segura de que…- Emma selló sus labios con los de ella de nuevo, esta vez con un piquito rápido, solo para callarla, y se apartó, sin salir de encima de sus piernas.
-Confío en ti…
Aferrando una de sus manos, Regina la guió hasta la cama e hizo que se sentara en el borde, y bajo una mirada de completa fascinación-cosa que nunca terminaba cuando de ambas se trataba-, retiró sus pantalones, los que Emma había desabrochado en medio del pasillo donde habían quedado sus abrigos.
Emma sintió su corazón acelerarse aún más cuando subió su mirada por el cuerpo de Regina y sus ojos se encontraron. No necesitaba verla para saber lo hermosa que era, pero esa concretización le había causado un efecto mayor de lo que había esperado.
Sin decir una palabra siquiera, Regina la besó antes de dar la mayor sonrisa que podía dar al notar la mirada de la otra en sí. Sus manos recorrían los cuerpos buscando memorizar cada canto de la otra con urgencia.
Regina dobló una pierna a cada lado de Emma en cuanto se subió en la cama. Encontró el cierre del sujetador en su espalda y lo abrió sin dificultad. Emma sacó las manos de la cintura de Regina para que su sujetador fuera retirado por completo.
Al echarse en la cama, los labios de ambas pegados en un beso, Emma sintió una de las manos de Regina subir de su abdomen hasta su pecho. Con su cuerpo sobre el de la rubia, Regina bajó sus labios desde la boca hasta su cuello, con una lentitud que demostraba lo mucho que quería aprovechar cada milímetro de la otra. Sus ojos subieron al rostro de Emma cuando un gemido escapó de esta en cuanto tocó su pecho con la lengua.
Si ya había sentido la sensación de estar tan entregada a alguien, Emma no lo recordaba.
La mano de Regina, que estaba en uno de los pechos de Emma, de nuevo pasó por su abdomen, hasta llegar a sus bragas, en un trayecto que debido a las sensaciones que le causa, Emma podría jurar que era bien conocido por la otra. Sin dejar de succionar su pecho, Regina detuvo su mano sobre el fino tejido que daba señales de su excitación y de que claramente también la deseaba.
Al igual que Emma estaba extasiada por estar siendo tocada de aquella manera, Regina también lo estaba por tenerla.
Regina detuvo los movimientos de sus dedos sobre las bragas de la rubia y la mirada que recibió fue su permiso para sacarlas, y tras hacerlo, volvió a encajarse entre las piernas de Emma. Acercó su boca a su oreja, mordiendo su lóbulo y soltándolo lentamente, escuchando cómo gemía bajito, mientras sentía su humedad en los dedos al hacer movimientos circulares sobre su clítoris.
-Eres literalmente hermosa por entero- susurró aún cerca de su oído.
-Regi…- su voz entrecortada y en tono de súplica fue interrumpida por su propio gemido cuando la morena introdujo lentamente un dedo, y enseguida otro.
Realizando movimientos continuos, Regina dio una sonrisa lasciva, que nunca antes le había ofrecido a Emma, pero con los sonidos que estaba escuchando era imposible contenerla. Comenzó a besar el cuerpo que tenía bajo el suyo, y no le importaría gritar para que Emma y el mundo entero escucharan cuánto amaba no solo sus gestos, sino también cada átomo que la componía.
Las uñas de Emma, que habían dejado la espalda de Regina toda marcada, se clavaron en las sábanas cuando sintió la respiración caliente sobre su vagina, y la suya se alteró aún más al sentir a la morena pasando su lengua de abajo arriba antes de empezar a chuparla.
Si de verdad fueran a expresarse con palabras, o mejor, con gritos, como querían, mientras Regina le comunicaba al mundo que amaba cada átomo de Emma, la rubia lo haría partícipe de que estaba completamente entregada a la otra de todas las formas imaginables e inimaginables.
Con cada sensación indescriptible que una le daba a la otra, los sentimientos y las sensaciones estaban siendo declarados.
Regina no desvió la mirada del rostro de la otra que mantenía los ojos cerrados y los codos apoyados en la cama sujetando su cuerpo. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás, haciendo que algunos mechones de cabellos, debido al sudor, se pegaran a su espalda. Mills solo no podría decir que esa sería la visión del paraíso, porque, aunque casi lo fuera, prefería cuando Emma sonreía abiertamente mirando dentro de sus ojos.
Notó que sus dedos eran apretados aún más mientras el cuerpo de la rubia se estremecía al alcanzar el clímax. Disminuyó la intensidad de los movimientos antes de retirarlos por completo. Pasó de nuevo la lengua por toda la intimidad de Emma y se arrodilló en la cama, mirándola mientras respiraba jadeante, intentando en vano controlarla.
Swan por poco no contuvo la sonrisa al ver a Regina llevarse a la boca sus dedos con la prueba del placer que le había dado, de una forma intencionada y totalmente cargada de sensualidad.
-Literalmente eres hermosa por entero- dijo Emma con una sonrisa y con su respiración algo más normalizada en cuanto Regina se echó a su lado.
-Yo te comparo a un sueño. Un buen sueño. Quizás el mejor sueño de mi vida, del que jamás querría despertar- trajo a Emma hacia su pecho, le dio un piquito y besó en su cabeza tras colocar su cabello tras la oreja.
-¿Puedo hacer mías tus palabras? Siempre me dejas sin saber qué decir- la miró sonriendo.
-Te cobraré derechos de autor y puedes creerme, no quiero que me pagues la indemnización con dinero- sonrió aún más al escuchar la risa de Emma.
-No solo tú saldrás ganando- acomodó su cabeza en la curva del cuello de la otra y cerró los ojos al notar el perfume. Los brazos de Regina estaban alrededor de su cintura al igual que estaban los suyos- Tu corazón está acelerado.
-Dudo que no sepas que se pone así cuando tú estás cerca- levantó su rostro que estaba pegado a los cabellos dorados para mirarla y vio sus labios curvarse en una sonrisa.
-Eso me hace recordar la primera noche que dormimos juntas y te dejé avergonzada al decir que tu cuerpo reaccionaba a mi toque.
Emma acariciaba su brazo lentamente y soltó una risa contenida.
-¿Qué ocurre?- Regina levantó su rostro
-Te estremeces fácilmente
-No tiene gracia
-Claro que sí. Tu cuerpo reacciona a mi toque
Regina no respondió. No podía llevarle la contraria.
-Todo en mí ya sabía que estaba sin salida. Solo tardé en darme cuenta.
-¿Sin salida?
-Completamente
-Es contradictorio que le digas a eso a alguien a quien llamabas escape
-Siempre serás mi escape; mis horas buenas en un día turbulento; mi suspiro de alivio en medio a respiraciones pesadas debido a sensaciones ruines. Y es por eso que no tengo salida, mi único escape. Realmente no me gustaría una salida. Eres tú y punto.
-He encontrado mi nuevo lugar favorito- dijo Emma en voz baja, provocando que Regina se apartara de nuevo para mirarla.
-¿Sí? ¿Y qué lugar es ese?
-Aquí, en donde puedo escuchar tu corazón latir, oler tu perfume, escuchar tu voz cerca de mi oído y tener tus brazos a mi alrededor que hacen que me sienta en casa.
Emma buscó los ojos de Regina al levantar su rostro, pero no pudo porque Regina los cerró antes de besarla.
Dos corazones que estaban más próximos de la cercanía que proporcionaba un abrazo.
Dos corazones inflamados por llamas incontrolables que quemaban de una forma placentera.
-Hey- dijo Regina al entrar en su apartamento y ver a Emma saliendo de su cuarto vistiendo una blusa suya abierta por encima de la lencería. Había dos deseos bullendo en su interior, agarrarla y llevarla a la cama para hacerla suya por la manera en que estaba vestida, o solo agarrarla sin segundas intenciones debido a su rostro de alguien que acabara de despertarse.
-Hey. Pensé que tardarías más.
-Eres tú quien ha dormido mucho. ¿Encontraste las cosas en el baño? Tuve que escribir rápido la nota.
-Fuiste bien específica para tener poco tiempo- sonrió -¿Todo bien por allá?
-Ahora está todo bajo control.
-Odié despertar sola en aquella cama enorme sin ti. Las urgencias aparecen siempre cuando no deben.
-Tienes que acostumbrarte, mi amor
La sonrisa de la rubia se formó automáticamente al escuchar a Regina llamándola así por primera vez. Se acercó más y la morena retrocedió.
-Acabo de llegar del hospital, Emma
-¿Has preguntado si me importa?- Emma la miró inquisitivamente y Regina negó –No me importa- sus manos agarraron su cintura pegándola a la puerta y pegó su cuerpo al de ella, aproximando más sus rostros.
-Puedes hacer lo que quieras conmigo, pero antes voy a tomar un baño- Regina la empujó por el hombro y se dirigió al cuarto, dejándola parada en el sitio mirándola –Estás más que invitada- dijo al pararse junto a la puerta y sonreírle de manera sugestiva.
Ya en su apartamento, Emma recibió una llamada de Ruby, que prácticamente la obligó a no salir porque tenía algo que decirle que no podía ser dicho en otro momento. Llegó minutos después con una bolsa de papel negándose a decirle lo que había dentro.
-Solo te lo digo si Regina está aquí- se sentó en el sofá y apoyó los pies en la mesita de centro.
-Me lo dices a mí y después se lo digo a ella- insistió una vez más
-De eso nada, patito. Llama a tu novia ahora si quieres saberlo. Es algo que os interesa a las dos.
-Eres la peor persona que he conocido en la vida- murmuró mientras se ponía el móvil en la oreja.
-No dirás eso después de que te cuente. Es más, deja que yo hable con ella, tú eres muy blanda, Swan- le quitó el móvil de la mano y se apoyó en el sofá de nuevo –Es gracioso, pero no necesitas llamarme amor- dijo Ruby en cuanto Regina atendió
-¿Ruby?
-¿Estás ocupada?
-No. Le ha pasado algo a…
-No- Ruby la interrumpió –Tu patito está bien. Un poco impaciente, pero bien. ¿Puedes venir a su apartamento? Tengo algo muy importante que deciros y tiene que ser en persona.
-Tu pedido es una orden, querida
-Por eso apruebo vuestra relación. Te estamos esperando, no tardes mucho porque tu novia es un poco impaciente a veces. Hasta luego- cortó antes de que Regina dijera algo -¿Ves? Ni se quejó, te digo que tú eres blanda. Y, además, te lo habría dicho ayer si hubierais cogido el móvil.
-Llamaste a mala hora
-¿A mala hora, eh?- Ruby sonrió abiertamente, causando extrañeza en Emma al no ser una sonrisa maliciosa
Swan intentó insistir una vez más para saber antes de que Regina llegara, pero en vano. Ruby la acosó a preguntas de cómo había sido su noche y eso fue suficiente pasar el tiempo.
-Ya puedes echarlo afuera, venga- dijo Emma a Ruby en cuanto Regina cerró la puerta tras ella
-Quiero saber qué está pasando aquí- Regina se dirigió al sofá y se sentó al lado de Emma
-He hecho algo por lo que me deberíais agradecer el resto de la vida –Ruby sonrió presuntuosa -¿Acaso creíais que aquel imbécil que intentó hacer aquello no iba a cumplir una pena muy larga, eh?
-Ruby Lucas…
-Déjame hablar ahora. Ya que eso no se iba a resolver, decidí actuar. Al contrario de lo que dije, no quiero que me lo agradezcas, lo he hecho porque creí que debía pagar de alguna manera. Usé lo que tenía a mi alcance y no me pidáis que explique cómo lo conseguí, tengo mis contactos y no voy a deciros que fue sencillo porque eso no importa.
-Ve al grano, haz el favor- Regina frunció el ceño y cruzó los brazos
-Realmente sois la una para la otra-reviró los ojos –El grano es que he acabado con la carrera de Killian Jones en el mundo de la pasarela, y no solo de las pasarelas, sino en todo el mundo de la moda.
-¿Que tú qué?- Emma soltó más alto de lo normal
-He jugado limpio, Swan. Tu nombre no se ha visto envuelto. Pero créeme, no solo contigo intentó ese tipo de cosas.
-¿Debería estar feliz por la desgracia de otra persona?- Emma miró de una a la otra
-Ha tenido lo que se merece- Regina le respondió –Y ahora no os veréis más en el mismo sitio de trabajo.
-Absorbe la información mientras te bebes esto- Ruby abrió la bolsa, sacó una botella de champán y se levantó para ir a buscar las copas
-¿Has traído champán para celebrar la desgracia de alguien?- Emma preguntó mirándola incrédula
-Champán con sabor al deber cumplido- dijo Regina haciendo que Ruby riera y que Emma le dirigiera la misma mirada
-¿Tú también?
-¿Te decepciona que esté feliz de que Ruby le haya hecho pagar lo que te hizo?
-No…- suspiró –Tenéis razón
-Entonces degusta el sabor de la venganza, amor- Regina le dio la copa de champán que Ruby había llenado.
Aún no estaba segura si el acto de Ruby había sido correcto o no, pero si ella jugó limpio, como había dicho, no negaría que estaba satisfecha y agradecida por haber hecho algo que ella misma no iba a hacer. Y se sentía aliviada por saber que ya no se lo volvería a encontrar, al menos no con frecuencia. Aunque lo sucedido nunca la abandonaría, ya no pensaba demasiado en ello. Su amiga había hecho que pagara de alguna manera, sabía lo mucho que a él le gustaba su trabajo y lo bien que se movía en ese medio. Y también estaba Regina, que la había hecho sentirse amada cada vez que sus manos o sus labios la tocaban, o sencillamente con su presencia.
