Capítulo 22

Regina sonrió al ver que la piel de Emma se erizaba bajo la punta de sus dedos que acariciaban su desnuda espalda. No solo su cuerpo reaccionaba al toque de la rubia. Estaban en silencio, echadas lado a lado, con sus respiraciones normalizadas hacía poco. Emma tenía sus ojos cerrados y casi sonreía bajo las caricias que estaba recibiendo.

La distancia en que estaban era suficiente para que Regina la observase, la admirase y la memorizase una vez más. Le hacía mucho bien encontrarse en cada trazo de la mujer que pintaba sus días con los colores más bonitos.

-Tengo algo para ti- dijo Emma aún con los ojos cerrados, y al abrirlos se encontró con dos ojos castaños despiertos por la curiosidad y sonrió ante eso. Se giró hacia el otro lado, para poder abrir el primer cajón de la mesilla de noche, y sacar de ahí una caja negra de terciopelo que llevaba allí algunos días.

-¿Emma?- frunció el ceño cuando la rubia se sentó con la caja en las manos. También ella se sentó, subiéndose la sábana hacia su cuerpo ya que el calor se estaba difuminando.

-La caja es un poquito grande para que sea lo que estás pensando- Emma rio y vio el semblante de Regina cambiar y quedar más tranquilo –Estaba esperando a algún momento especial para darte esto, y no consigo pensar otro que no sea este- le extendió la caja a Regina, quien la cogió y alternó su mirada entre la rubia y lo que tenía en sus manos. La abrió y enseguida una sonrisa se pintó en su rostro.

-Esto representa…- Regina empezó a hablar pero fue interrumpida por Emma

-La corona simboliza tu nombre, y es lo que eres para mí

-¿Una reina?- su mirada se ancló en la de Emma, quien asintió

-Y la hoja de plátano representa el otoño. Siempre fue mi estación favorita, y ahora tengo un motivo aún mejor para que me guste, ya que nos conocimos a comienzos de otoño.

Regina tocó cada uno de los colgantes, sin dejar de sonreír. El collar de plata con dos cadenas, sin sombra de dudas, se volverá su joya favorita en segundos.

-¿Te gusta?

-Dime que eso es una pregunta retórica, por favor

-Vale, no he dicho nada

-Es hermoso, Em. Gracias- volvió sus ojos hacia Emma quien sonrió

-Qué bien que te haya gustado. Es para que tengas un poco de mí contigo

-Ya hay mucho de ti en mí- dejó la caja sobre la mesilla de noche de su lado de la cama. Emma no respondió inmediatamente, y al girarse hacia ella, analizó su semblante sereno y sus ojos verdes que miraban directamente a los suyos. Aprovechaban lo máximo que podían siempre que acababan perdiéndose en la inmensidad de la otra.

-Te amo- dijo en tono bajo, pero lleno de musicalidad para los oídos de Regina.

Hablar nunca había sido necesario. Nunca había habido dudas de que ese sentimiento existía y nunca habían faltado demostraciones, sin embargo, es innegable que las palabras causan efecto, y mucho más dichas por primera vez.

Regina sabía que nunca, en su existencia, había dado tantas sonrisas a alguien como le sonreía a Emma, esa que apreciaba cada marca que su piel hacía cuando los ojos casi se cerraban simultáneamente ante los labios que se alargaban.

En un movimiento automático, sus cabezas se juntaron, y sus narices se rozaron.

-Te amo, Swan- los dedos dentro de los rizos rubios acariciaban la nuca de Emma mientras se deleitaban con sus respiraciones mezcladas y el silencio nada incómodo que se había instalado en el cuarto.

Emma sabía que nunca, en su existencia, había habido nadie que hiciera su corazón cambiar de ritmo como lo hacía Regina, con o sin intención. La morena era dueña de cada alteración dentro de ella.

Durante el beso, los dedos de Regina se perdieron aún más dentro de los cabellos de Emma, mientras la otra mano, apoyada en el colchón, aguantaba su cuerpo.

Swan se deshizo de la sábana que cubría el cuerpo que para sus ojos era el más hermoso que había visto, le daría calor con el suyo. Pasó una de sus piernas sobre las de Regina e hizo que se apoyara en el cabecero depositando todo el peso de su cuerpo sobre el de la morena. Ya desnudas, estaban a punto de repetir lo que habían hecho una hora atrás, las manos buscaban tocar de nuevo cada milímetro que alcanzaran, y cuanto más contacto había, más querían.

Emma juntó sus manos, entrelazando sus dedos a cada lado de la cabeza de Regina, se apartó un poco y la observó tan entregada, con su cabello oscuro y corto revuelto sobre la almohada, sus labios enrojecidos debido al ávido beso, su pecho que subía y bajaba con cada jadeante respiración. Cada línea, cada curva de la mujer que amaba era su camino trillado para su plena satisfacción. Sonrió sola ante su pensamiento sobre la suerte que tenía, la sonrisa involuntaria se reflejó en los labios de Regina. Sin soltarse las manos, comenzó a besar el cuello de la morena, aprovechando cada mínimo espacio para ser amado.

Debido a la posición, sus vaginas chocaban, demostrando ya el ansia de placer, y los movimientos de pelvis de Emma se intensificaban poco a poco, siguiendo el ritmo marcado por las manos de Regina que se habían soltado para agarrarla. Los labios de la rubia, y su lengua, y a veces sus dientes, proporcionaban placer a los pechos de Regina, en un intercambio de atención. El placer para ella, en ese momento, estaba siendo proporcionado por los gemidos graduales y la voz ronca que emitía palabras y frases cortas cargadas de sensualidad.

Ya que Regina le había dicho lo que quería, Swan cambió la posición, dejando las piernas de la novia al lado de las suyas, escuchando, muy cerca de su oído, la satisfacción de la otra mujer al deslizar hacia dentro de ella sus dedos corazón y anular de su mano derecha. Mills movía su cadera buscando más contacto.

Era algo común que los hombros de Emma quedaron marcados por las uñas de la morena cuando estaba cerca de alcanzar su clímax, y Regina no dudó en dejar en su piel blanca un recuerdo más de esa noche.

Emma disminuyó la intensidad de los movimientos de sus dedos y los sacó cuando el cuerpo de Regina se relajó bajó el suyo.

-Hey- susurró. Estaba apoyada en sus codos sobre Regina, quien tenía sus ojos cerrados y la respiración alterada, pero los abrió y frunció el ceño esperando que la rubia hablara.

-Habla, Swan

Emma se mordía el labio inferir y seguía callada. Sus ojos se detuvieron en la cicatriz del labio, donde dejó un beso.

-Amo esta cicatriz, no tienes idea de cuánto- se echó al lado de Regina, sin quebrar el contacto visual –Fue una de las primeras cosas que me llamó la atención de ti

-Elogiaste mi cicatriz, Swan, hasta hoy has sido la única en hacerlo.

-Es hermosa- las dos palabras de Emma hicieron que el corazón de Regina se disparara. La gente siempre reparaba en su cicatriz, pero ¿un elogio? Eso nunca

-Es la única que lo cree. Pero gracias

-Veo belleza en cada mínimo detalle tuyo. Tú eres belleza, Regina Mills, en todos los sentidos- colocó tras la oreja un mechón oscuro que estaba a punto de caer sobre su rostro. La sonrisa que recibió por su sinceridad era de aquellas que la derretían.

-Y yo amo cada mínimo detalle tuyo, ¿sabes? De aquí en adelante, quiero que tengas en mente que, cada vez que te diga que te amo, lo estaré diciendo sobre cada cosa que te compone como un todo, sea por dentro como por fuera, incluso las imperceptibles. Eres el ser más hermoso que podría haberse cruzado en mi camino.

La mano de Regina estaba posada en el rostro de Emma, y su pulgar la acariciaba. Sonrió al percibir que sus ojos estaban empezando a humedecerse.

-¿Cuántas veces he dicho que soy la persona con más suerte que existe?- sonrió también

-Incontables. Pero puedes seguir diciéndolo, siempre escucharás que no eres la única.

Debido al frío, sus cuerpos, por el resto de la madrugada, quedaron juntos bajo las sábanas.

Cuando dos almas se enlazan, el calor es constante.


-¿Emma?- abrió la puerta del despacho de la novia lentamente y la encontró sentada, con el mentón apoyado en una de las manos y con sus gafas de pasta, que amaba, aunque raramente las usaba fuera del trabajo.

-Hey, entra- dijo al apartar la vista del ordenador

-¿Todo bien? ¿Qué es eso tan urgente? ¿Qué haces aquí en pleno domingo?

-Calma, muchas preguntas, una de cada vez- apartó la silla y finalmente miró hacia Regina –En primer lugar, sí, todo está bien. No hay nada urgente, solo quería que vinieras rápido- rió al ver que Regina cambia su rostro y pasaba de preocupación a seriedad –Y prefiero hacer este tipo de cosas cuando estoy aquí sola.

-Entonces, ¿a qué debo el honor de esta invitación? Aunque pensé que era una emergencia por los incontables mensajes y llamadas perdidas.

-Quiero tu ayuda.

-¿Para qué?

-Ven- Emma acercó la silla de nuevo a la mesa y la giró hacia Regina

-No recuerdo haber cambiado de profesión

-Hoy lo vas a hacer- agarró la cintura de su novia y la empujó para que se sentará sobre sus piernas –Mira esto…- abrió una carpeta del ordenador con fotos de pasarelas y Regina reconoció el lugar, incluso algunas fotos del desfile al que habían asistido -¿Qué tiene todas en común con respecto a los colores?

-Todas son de colores cálidos

-Exactamente. Sé que todos los que han realizado esto merecen estar ahí, son todos increíbles y con talento, pero nadie se ha atrevido a cambiar. ¿Sabes lo que sucede con estas ropas cuando el otoño o el invierno pasan? Se quedan escondidas en el fondo del armario, y cuando llega de nuevo el otoño o el invierno, la paleta de colores de nuevas colecciones ya es otra, no muy diferente, pero lo es, o sea, todas estas ropas han sido hechas para ser usadas una o dos veces, porque las personas ven la moda de una manera superficial, algo que no dura en el tiempo, eso es desperdicio de creatividad.

-¿A dónde quieres llegar con esto?- preguntó con media sonrisa. Adoraba escuchar a Emma hablar sobre esas cosas, la enorgullecía más. Jamás había imaginado estar con la creadora de algunas de las piezas que tenía en su armario.

-La colección lleva meses lista en el papel, al pasarla al ordenador, la hice en diferentes tonos y los borré todo, pues inconscientemente estaba razonando de la misma manera que todos estos, pero he tenido un flash de realidad. No quiero que estas prendas sean compradas, usadas una o dos veces y después olvidadas. Chanel decía que no podía imaginar una prenda siendo rechazada solo porque era primavera, pienso lo mismo. ¿Qué colores crees que son hermosos en cualquier estación? O mejor, ¿qué colores usarías tú en cualquier estación, independientemente de lo que esté de moda según nombres importantes?

-¿Yo?

-Sí, tú

Emma llevaba horas en su despacho, su propia indecisión la estaba irritando. Miraba a la pantalla después de haber borrado los modelos ya con los colores elegidos y descartados y ninguna nueva idea le venía a la mente, hasta que entonces, al igual que había usado a Regina de inspiración para crear aquella colección, la usaría una vez más, y esta vez de un modo concreto. La morena no tenía idea de que todo eso había sido confeccionado pensando en ella, y jamás habría esperado que Emma le pidiera ayuda, conociéndola bien, sabía que la diseñadora detestaba cualquier opinión ajena en sus cosas

-Tonos oscuros, colores fríos, sobre todo el negro y el azul. Conoces mi armario, Em

-Exactamente por eso te he llamado

-¿Para decir cosas obvias?

-Para ayudarme con las piezas. Quiero que escojas los colores que creas que quedan mejor en cada una de ellas, sin salir de esa paleta de colores, según lo que tú usarías.

-Pero yo…

-La mayoría serán jeans- Emma la interrumpió –No era ese mi plan inicial, pero los jeans no son apartados al fondo del armario, y es exactamente eso lo que quiero, además, los jeans y los colores que dices van casi juntos. No será toda la colección, tiene que haber un abanico de opciones, no a todo el mundo le importa usar algo dos o más veces, pero de todos modos tiene que ser algo sencillo y a la vez elegante, tiene que ser para todo el mundo.

-¿De verdad me vas a dejar hacer esto?

-Ya te he dicho que hoy ibas a cambiar de profesión- salió de la carpeta donde estaban guardadas todas esas fotos y buscó el archivo donde estaban sus esbozos.

-¿Em?- Regina no apartó la atención de su rostro ni un segundo mientras ella estaba centrada en la pantalla.

-¿Sí?

-Mírame- puso sus dedos bajo su mentón, girando su rostro –Estás muy hermosa con estas gafas.