Capítulo 24

Tomar una decisión de algo tan grande era más difícil de lo que siempre habría imaginado. Tenía seis días y tras la reunión podría aún no aceptar, sin embargo se estaba presionando a sí misma para tomar esa decisión lo más rápido posible. Por un lado, suspiraba solo de imaginarse ante un aula hablando de una de las cosas que más feliz la hacía, era una puerta abierta hacia la realización de un sueño; por otro, su corazón se encogía al pensar que siete meses lejos podría acarrear cambios que no quería que sucedieran. Mirar a Regina dormitando en sus brazos con nítidas señales de cansancio podría hacer que renunciara fácilmente a todo. No podía imaginarse un día sin que la morena no estuviera bien y ella no estar presente para hacer que mejorara, aunque fuera estar ahí, en silencio, manteniéndola contra su cuerpo intentando transmitirle seguridad.

Inhalar el olor del acondicionador de Regina la hacía desear, como todas las noches, no necesitar salir nunca más de ahí.

El mismo deseo se hizo presente cuando, al intentar moverse en la cama, Regina percibió que su cuerpo era rodeado por dos brazos que la abrazaban del tal modo que parecía que no querían soltarla nunca más. Realmente no se importaba si eso sucediera. Giró lentamente su cuerpo, sin apartar los brazos de Emma de su cintura, y se acurrucó más contra el otro cuerpo. Sus labios involuntariamente formaron una pequeña sonrisa al sentir el escalofrío causado por la respiración de la rubia en su nuca. Todavía era incapaz de creerse la paz que aquella mujer le transmitía.

Tuvo la sensación de que el despertador sonó en cuanto hubo cerrado los ojos de nuevo. Se estiró para alcanzar su móvil sobre la mesilla de noche y escuchó a Emma murmurar algo y apretar más los brazos alrededor de su cuerpo.

-Apágalo- murmuró

-Si me dejaras…

Emma la soltó, permitiéndole alcanzar el móvil y apagar el despertador. Volvió a acercarse, quedando cara a cara con la rubia, acariciando su rostro con las puntas de los dedos. Era tan agradable enamorarse de la misma persona todos los días y cada día más. Swan despertaba en ella cosas tan puras que antes solo conocía de oídas.

-¿No vas al hospital, no?- susurró Emma despertándola de sus devaneos

-No sé…

-Creo que debes quedarte en casa y descansar hoy. Has trabajado dos semanas sin parar, los dos días que tenías para quedarte en casa no los usaste. ¿De qué sirve cuidar de la salud de los demás y no de la tuya?- Emma hablaba casi cerrando los ojos y con el ceño fruncido.

Regina se negaría de todas las maneras si fuera otra persona quien estuviera pidiéndole que no fuera a trabajar. No le importaba ir al trabajo tras dos semanas en que apenas estuvo en casa, apenas se alimentó y apenas durmió. Como Emma había dicho, le importaba más la salud de los otros que la suya propia y los dos días que tenía de permiso, ya los usaría más adelante. Sin embargo, no era cualquier persona y no rechazaría los cuidados de Emma. La preocupación que la rubia había tenido todos esos días, el preguntarle en cada llamada por ella y por el estado de la paciente, el pedirle que se fuera a descansar tras su turno fueron de las pocas cosas que la mantuvieran firme.

El cuidado que ella prodigaba a los otros ni se comparaba con el que ella recibía.

-Vamos a dormir entonces

-¿De verdad no te vas?

-¿Te he negado algo a ti?

-Sí, todas las veces que te pedí que te fueras a casa a descansar

-Era una pregunta retórica

Emma no respondió y se giró hacia el otro lado, pasando el brazo de Regina por su propia cintura y entrelazando sus dedos sobre su barriga.

Horas después despertó con la claridad que había en el cuarto, incluso con las cortinas echadas. La respiración pesada de Regina tras ella le confirmó que aún dormía y no parecía que fuera a despertarse pronto. Sin salir de la posición en que estaba, alcanzó su móvil sobre la mesilla de noche, abrió la conversación donde vio un mayor número de mensajes

«¿Ya hablaste con ella?»

«Estoy segura de que no»

«¿Ye te he dicho que eres una blanda?»

«¡Patito, es Milán!»

«Llámame después porque necesito gritarte al oído para que entiendas lo grande que es esta oportunidad»

Ruby, con estos y el resto de mensajes, solo hizo que sintiera más aprensión. Le había dicho que solo daría una respuesta tras conversar con Regina, necesitaba saber lo que ella pensaba.

Sacó el brazo de la morena de su cintura lentamente para no despertarla y se levantó de la cama dejando el móvil de nuevo sobre la mesilla.

Tenía trabajo que hacer en el taller, sin embargo, como le había pedido a Regina que se quedara, no se iría mientras esta estuviera durmiendo y no la despertaría para despedirse, la intención era que descansara.

Al entrar en el baño y ver sus cosas en el estante, se dio cuenta de lo lejos a lo que habían llegado en tan poco tiempo. Apreciaba mucho la manera en lo sencillo que era todo entre ellas y cosas que para los demás podrían significar un gran paso, para ellas era algo totalmente común.

Dividían la vida con tanta naturalidad que ni se acordaba cómo había comenzado eso.

Oyó uno de los móviles sonar en el cuarto y salió del baño lo más rápido posible para que Regina no se despertara con el sonido, pero no fue lo suficientemente rápida.

Regina estaba sentada en la cama, con el cabello todo revuelto, las sábanas sobre sus piernas en una postura que jamás tendría fuera de ahí. Era otra escena más que Emma desearía fotografiar y enmarcar.

Miró a la rubia parada en la puerta del baño y la llamó con un gesto.

-Te la paso- respondió tras murmurar algo –Hasta luego- entregó el móvil a Emma y solo entonces, esta percibió que era el suyo, miró el nombre en el pantalla y al ver que era Ruby, pidió en su interior que la amiga no hubiera citado nada con respecto al viaje pues tenía la absoluta certeza de que a Regina no le gustaría enterarse por terceras personas.

-¿A qué debo la honor de esta llamada?

-Swan, aún no se lo has dicho, ¿no?- su tono era serio

-Aún no

-Díselo pronto

-Ruby, paciencia

-No me pidas que tenga paciencia, Swan. Estoy más ansiosa que tú

-Ya lo veo…

-Bueno, patito, la decisión es tuya. Pero no te olvides de lo mucho que siempre has querido algo así

-¿Me has llamado para esto?

-No, pero te dije que te iba a gritar para que te dieras cuenta de la importancia de esto y como has visto mis mensajes y no me has llamado, ni respondido, decidí llamar, pero me he dado cuenta de que eres consciente. Tómate tu tiempo. Solo toma la decisión de la que no te vayas a arrepentir después.

-Eso haré. ¿Algo más?

-No me dijiste si me ibas a necesitar de nuevo en el taller y tengo que confirmar otro compromiso si no me necesitas

-Puedes confirmar tu compromiso

-Bien, patito, hasta luego

-Ciao

Colgó la llamada y dirigió su mirada hacia Regina que la observaba callada.

-Espero que no me estés escondiendo nada, Swan. Ruby no habla tan bajo- retiró la sábana que cubría sus piernas y se levantó de la cama para dirigirse al baño antes de que Emma le respondiera.

Emma respiró hondo mientras encaraba la puerta del baño cerrada.

Ruby no era su amiga más cercana sin motivos. Desde el comienzo, demostraba la importancia que Emma tenía en su vida, cuánto le importaba sus deseos y sus sueños, desde lo más pequeños hasta lo más difíciles de alcanzar, y siempre estuvo ahí haciendo lo necesario para ayudarla. Era algo recíproco, porque si fuera al revés, Emma estaría intentando mostrarle lo mismo, una oportunidad como esta es casi imposible dejarla pasar. Entendía la insistencia, era una característica suya, así que en una situación como esta, no se esperaría algo diferente.

-No te estoy escondiendo nada, ni pretendo hacerlo nunca, pero necesito tiempo para la conversación que debemos tener- dijo cuando Regina salió del baño.

Regina la miró confusa

-Entonces, ¿es algo que debo saber?

-Sí. Ahora tengo que ir al taller, pero hablarnos cuando vuelva

-¿Es algo malo?- frunció el ceño

-Depende de tu punto de vista

-¡Emma!

-A la noche hablamos- sonrió en un intento de convencerla y se levantó de la cama -¿Estás mejor?

-Un poco…Ahora no tengo mucho que hacer. Y gracias por haber venido a las dos de la mañana- le dio una sonrisa

-Sabes que vengo a cualquier hora- juntó sus labios en un demorado piquito

-¡Qué suerte la mía!- sonrió dándole otro beso –Vamos a tomar un café.


Emma llegó a la empresa y fue informada sobre la llegada de otro email. Lo abrió y el contenido era parecido al anterior, sin embargo, en este había alguna información nueva, lo demás sería aclarado en la reunión.

Nunca se sintió tan dividida.

Pidió que sus padres subieran a su despacho para poder conversar. Sabía lo que dirían, pero aún necesitaba escucharlo. Cualquier incentivo era válido.

Aprovechó el tiempo de espera para responder a otros emails, incluyendo los de la organización de su desfile de otoño. Todo estaba siendo resuelto con bastante tiempo, eso sería algo positivo si iba a estar siete meses lejos.

-Entrad- dijo al escuchar golpes en la puerta.

-El asunto por lo visto es serio- comentó David al ver a Emma con el ceño fruncido mientras tecleaba –El rostro de preocupación.

-Es muy serio- se quitó las gafas, las dejó sobre la mesa y arrastró la silla para quedar frente a sus padres.

-Buenas tardes para ti también, hija- Mary sonrió

-¡Buenas tardes- sonrió a su vez

-¿Cómo estás?

-Confusa, indecisa, dividida y todos los otros sinónimos de duda sobre el hecho de tomar una decisión importante.

-Cuéntanos- pidió Mary aprensiva

-Bien…- entrelazó los dedos sobre la mesa –He recibido una propuesta para dar clases- observó las expresiones de los padres, los dos tenían las cejas arqueadas y sonreían.

-¿Vas a aceptar, no?- preguntó Mary

-Durante siete meses

-No entiendo las dudas- David comentó moviendo la cabeza de un lado a otro

-En Milán- alternaba su mirada entre David y Mary, ambos con una expresión de sorpresa que pronto se transformó en satisfacción.

-¡Sigo sin entender las dudas!- repitió

-¡Eso es increíble, Emma!

-Sí, sé que es increíble…

-¿Entonces, qué te deja tan dividida?- preguntó Mary deshaciendo la sonrisa

-Supongo que es una doctora

-También, pero no solo ella. Está el desfile, las cosas están yendo demasiado bien, jamás cancelaría. Antes de esta, el desfile fue mi mejor propuesta.

-Con todos los medios de hoy en día puedes seguir encargándote desde allí

-Ese no es el gran problema, no querría dejar las prendas en manos de otras personas…

-Eso debería ser tu menor preocupación, para todo hay solución. ¿Cuándo debes marcharte?

-Si- enfatizó-aceptara, tengo una reunión en seis días y solo entonces sabré cuándo. Lo único que sé es que es pronto.

-No puedes rechazarlo, Emma. Sé que lo quieres- Mary colocó su mano sobre las de Emma y le sonrió

-Nosotros haremos lo necesario aquí con tu tan esperado desfile de otoño, también está tu consejo que tampoco te dejaría con una mano delante y otra atrás.

-Siempre te hemos enseñado que de vez en cuando hay que ceder. Conocemos tu orgullo en relación a tu trabajo, no queremos que desistas de esto ni queremos hacerlo en tu lugar. Todo saldrá como lo has planeado.

-Y sobre Regina, estoy seguro de que te apoyará tanto como nosotros- David juntó sus manos a las de ellas.

-La elección es tuya, sabemos que harás lo que consideres mejor, no obstante, no olvides lo mucho que te puede ayudar en tu carrera y ayudarte a crecer mucho más, no como profesional, sino como persona.

-Será un cúmulo de buenas experiencias.

Emma ni se preocupaba por esconder lo bien que la hacía escuchar todo aquello, su indecisión había disminuido gracias a que las personas más importantes en su vida veían la oportunidad como algo muy grandioso.

No sabría explicar cuán agradecida estaba por tener unos padres que siempre habían estado dispuestos a ver el lado positivo de todo lo relacionado con ella y siempre habían apoyado sus decisiones, aunque no estuvieran de acuerdo. Innumerables veces dejaron que se rompiera y después la ayudaron a ensamblar los pedazos, y en cada ocasión de esas, aprendió con su error.

Si un día llegara a ser madre, querría ser al menos la mitad de lo que ellos eran para ella.

-¿Cómo reaccionaríais si supierais que estaríais siente meses lejos el uno del otro?- preguntó haciendo que los padres se mirasen.

-Mantener una relación a distancia no es tan difícil, Emma, sobre todo cuando es por un tiempo determinado- Mary le respondió

-Sobre todo cuando el motivo de la distancia es precisamente este

-En todo caso, si ella no lo comprende, lo que me parece imposible, para realizar sueños, necesitas dejar ir otras cosas.

-Espero que esta vez no sea necesario llegar a eso- sonrió con pesar

-Nada que una buena conversación no resuelva- su madre le sonrió también

-Gracias- sonrió abiertamente esta vez, agarrando las manos de los padres.

-Nunca necesitarás agradecernos- David respondió –Estamos orgullosos

-Orgullosos es poco

-Por cierto…¿cómo es que ha pasado todo esto?

Emma les mostró los emails a los padres, les explicó lo de Ruby y como ya esperaba, recibió otro incentivo más para dar una respuesta positiva.

Estaría apunto de confirmar la reunión si todavía no se sintiera tan insegura con respecto a Regina.

Sus padres tenían razón en el hecho de que había que dejar ir algunas cosas para realizar su sueño, pero era mucho más fácil dejar ir el sueño a favor de Regina.

Se sorprendía consigo misma al pensar en cómo su carrera siempre había sido su prioridad y pensaba que no había nacido persona que alterase eso, sin embargo, ante Regina, el resto del mundo no parecía tener tanta importancia.

Regina Mills destruía todas sus certezas, derrumbaba todos sus muros y sobrepasaba todas sus barreras.

Salió del taller cuando hubo acabado una pieza más de las que estaban siendo confeccionadas, los resultados la satisfacían, era placentero concretizar sus ideas. Su dedicación era tanta que se negaba a salir de allí hasta que no acababa lo que había comenzado.

Pasó el tiempo antes de regresar al apartamento de Regina pensando en sus posibles reacciones. No podía ni quería depender de su aprobación, sabía que la elección solo era suya, pero escuchar su opinión era de extrema importancia. Si su respuesta a la propuesta es un sí, tendrían que saber cómo lidiar con ello. En el punto en que estaban las dos, para Emma estaba fuera de toda discusión dar una respuesta sin conversar antes con Regina.

Al abrir la puerta, Regina fue atraída por la cintura hasta chocar con el cuerpo de Emma. Sonrió en mitad del beso al percibir lo que estaban haciendo en medio del pasillo y se apartó prendiendo el labio de Emma entre los suyos.