Capítulo 28

No se puede adaptar una vida a una relación amorosa y la tarea de adaptar la relación amorosa a esa nueva etapa no estaba saliendo muy bien.

Otras dos semanas pasaron en llamadas de cinco minutos, mensajes monótonos y ni una llamada de video, que habían dejado para el fin de semana cuando Emma estaría más libre.

Ruby estaba esforzándose para meterle en la cabeza a la amiga que todo se resolvería, otra tarea complicada. Emma parecía bien cuando estaba en el aula dando clase, el amor y la dedicación a su trabajo era importante para que no dejara de aprovechar su estadía en Italia, pero cuando estaba en casa, Ruby apenas veía una sonrisa en su rostro, mencionar el nombre de Regina era la chispa para que todo resquicio de humor se esfumara. Siempre había sido sincera con Emma y veía que todo lo relacionado con su relación amorosa se estaba yendo por el desagüe, pero su papel era ayudar a darle aunque fuera la mínima dosis de optimismo, y no dudaba de que tendría que ayudar a Emma a juntar sus pedazos. Si se ponía en su lugar, veía que ya no había mucha salida para una relación que estaba colgando de un hilo. Era increíble. Regina y Emma parecían una pareja de película a la que nada desestabilizaría.

-Llámame si me necesitas, patito, no estaré muy lejos.

-No te preocupes- sonrió desviando los ojos de la pantalla del ordenador para observar a Ruby de pie junto a la puerta a punto de salir. La intención era dejarla sola para que pudiera hablar con Regina.

-No te pongas triste, ¿eh? Es un pecado estar triste en Milán- dijo haciendo que Emma soltara una risa queda.

-Estoy bien- sonrió forzadamente

-Y yo soy rubia. Ciao, patito.

-Diviértete- dijo mientras Ruby ya iba saliendo

-Ciertamente lo haré- dijo lo suficientemente alto para que Emma la oyera desde el cuarto.

Emma había reservado su sábado para, al menos, tener una conversación decente con Regina. Había pasado dos semanas intentando tener un mayor contacto, sin embargo había fallado en todos sus intentos, no porque Regina no estuviera intentándolo también, sino porque no había tiempo suficiente y el horario no coincidía.

Ya estaba anocheciendo en Milán, en Nueva York aún estaban a comienzos de la tarde, y siendo sábado, Regina probablemente estaría con Tinker o Zelena, esperaba que, al menos, viera sus mensajes pronto.

Esperó un tiempo, ocupándose en la confección de un nuevo modelo, cuya idea le vino como una luz al final del túnel, era su escapatoria. Solo fue sacada de sus pensamientos cuando el ruido de una llamada de video se oyó. Dejó sus cosas de lado, y enderezó su cuerpo en la silla, frente al portátil y aceptó la llamada.

Se sentía de nuevo como una adolescente teniendo su primer amor al ver a Regina en mitad de las tempestades que estaban ocurriendo entre ellas, era como el arcoíris pintando el cielo de azul en un día soleado tras haber pasado la lluvia de cosas malas.

-Hey- dio una media sonrisa analizando el rostro de Regina en la pantalla de su ordenador, ella llevaba una blusa suya que había olvidado en su apartamento-Me gusta la blusa- sonrió abiertamente esta vez.

-Aún tiene tu olor- sonrió a su vez, sin embargo no tan abiertamente como ella

-Echo de menos el tuyo- fue lo último que dijo antes de que el silencio se instalara entre ellas.

-Emma…creo que tenemos que hablar- dijo finalmente

-Yo estoy segura de que sí

También estaba segura de que esa conversación no traería nada bueno.

-Creo que hemos alcanzado un punto que no está haciendo daño a las dos- dijo tras unos segundos en silencio. Emma solo asintió –Ya no parecemos novias, Emma, como máximo colegas o ni eso- intentó mantener su tono firme, sin embargo Emma percibía que estaba intentado hablar sin vacilar. Hasta la forma en cómo pronunciaba su nombre era extraño, últimamente ya no la llamaba como antes.

-Faltan pocos meses, Regina, si hemos aguantado hasta aquí, ¿por qué no esperar un poco más?

-¿Hemos aguantado, Emma? Lo estamos soportando por puro miedo a poner un punto y final. Tu vida está genial ahí, siento que ya no formo parte de ella. No tenemos tiempo para caprichos, como te dije la última noche aquí, nuestras vidas son nuestros trabajos, no es justo que cambiemos por la otra, tenemos que hacerlo por nosotras mismas.


No tenía idea de dónde había sacado fuerzas para pronunciar todo aquello sin soltar el llanto contenido, el nudo que tenía en la garganta parecía querer estrangularla. Ver el rostro de Emma, cuánto estaba esforzándose para tampoco flaquear solo empeoró la situación. Sabía que no sería fácil, pero era lo correcto. Emma estaría completamente sin ataduras para realizar su sueño en Milán, creía que ella se recuperaría pronto, su rutina la ocuparía y apenas tendía tiempo para pensar en lo sucedido.

-Siempre formarás parte de mi vida, Regina.

-No pienses que estoy desistiendo de ti, hago lo que creo que es mejor para las dos. Ahora tienes una vida completamente diferente, sé que en breve estarás aquí de nuevo, pero una relación no cambia de la noche a la mañana solo por estar cerca físicamente. Tendremos marcas de lo que está sucediendo entre nosotras y cuando regreses, puede que la forma en que estábamos antes no vuelva. Esto lo ha cambiado todo.

-Me imaginaba que esto sucedería desde nuestras últimas conversaciones, estoy de acuerdo con tu punto de vista, nunca me he opuesto a lo que piensas, no será ahora el momento en que lo haga. Me apoyaste a venir y siempre estaré agradecida por todos los incentivos, porque sé lo difícil que ha sido esto. Nuestro error fue creer que seríamos capaces de pasar por encima de cualquier cosa.

-Mi prioridad siempre fue verte bien, Emma, no cómo estaríamos. Tu oportunidad de aprovechar este regalo no incluía nuestra relación en perfecto estado.

-Lo dejamos aquí para no dañar más lo que hasta ahora ha sido bueno- concluyó en voz alta, hablando más para sí misma que para Regina

-Dijiste que estaríamos bien, no significa que tenga que ser juntas, ¿verdad?- estaba llegando a su límite, su voz comenzaba a salir ahogada. No conseguía mirar directamente hacia la pantalla del ordenador, si lo hacía, se echaría a atrás y no podía. Escuchó cómo Emma soltaba un suspiro de llanto y su corazón se encogió más. Tenía que apagar lo más rápido posible, solo le haría más daño dejar que Emma la viera llorando.

-Regina…- salió en un susurro lo suficientemente alto para que escuchara. Tomó valor para mirarla una última vez y cuando lo hizo, sus lágrimas resbalaron sin permiso –Te amo

-Lo sé, cariño, nunca he dudado de tu amor. Yo también te amo y siempre lo haré. Cuídate- apretó los labios y miró a la rubia una última vez antes de apagar la llamada. En pocos segundos, su rostro se cubrió de lágrimas. Estaba paralizada encarando la pared que tenía delante.

Todo había acabado.

Era tan difícil dejar ir a la persona que se amaba.

Era consciente de que el amor no era suficiente. No había modo de sustentar una relación basada en la falta de contacto, es necesario tiempo que dedicarle a la otra persona, es necesario darse y eso no lo podían hacer. Querían, pero no podían. No ahora.

No podía atar a Emma a ella, sería demasiado egoísta. Continuar con algo que no ya no estaba funcionando sería martirizarse ambas. Ya no se podía arreglar, no había manera de comunicarse más de lo que lo habían intentado.

Les estaba faltando tanto.

Era demasiado tiempo para esperar y esperaría si ese tiempo no estuviera haciendo que se convirtiesen en dos extrañas.


Emma tuvo la impresión de que todo a su alrededor daba vueltas. Parpadeó varias veces dejando caer las lágrimas que no conseguía retener. Ya lo esperaba, no había otra salida, pero no imaginaba el dolor cuando sucediera.

Nunca deseó tanto estar en Nueva York.

Perder a la persona que amaba por culpa de una elección incentivada por la propia persona era contradictorio.

La única certeza que tenía en su vida, de momento, era que la quería, que necesitaba su voz diciendo que todo era un error y que los próximos meses pasarían rápido y cuando regresara al sitio al que pertenecía, todo estaría tal cual lo había dejado.

Dejar todo atrás esperando que todo estuviera intacto al regresar era demasiada ingenuidad.

Sabía que era lo correcto, lo mejor que había que hacer en ese momento, solo que no lo aceptaba. No podía perder a Regina así, sin embargo tampoco podía continuar de la forma en que estaba e intentar mejorar era inviable.

Estaban aprisionadas en un callejón sin salida.

Dolía lo que tenía que doler y el dolor se multiplicaba cuando se daba cuenta de que no sufría sola. Al igual que todo lo que tenía que ver con ellas, había sido algo mutuo.

Su vida sin ser compartida con Regina no tenía sentido, y era lo que estaba sucediendo desde hacía meses.

Todo había acabado hacía un tiempo, lo ocurrido ahora solo era la confirmación.

-¿Patito?- dijo Ruby con pesar desde la puerta del cuarto. Emma se había echado en su cama y abrazado a la almohada, apretándola con todas sus fuerzas como si fuera a aliviar lo que sentía. Se sentó al lado de la amiga, apartando el cabello que se había pegado a su rostro debido a las incesantes lágrimas -¿Quieres hablar?- Emma negó con la cabeza y escondió aún más su rostro con la almohada –Ni salí, estaba aquí por lo que pasara.

Se había quedado sentada todo el rato en la sala. No podía escuchar lo que ambas conversaban, pero imaginó que no había sido nada bueno cuando escuchó los quedos sollozos provenientes del cuarto de Emma. En el momento en que Emma había mencionado esa llamada de video para poder hablar con más calma de lo que estaba pasando, sus pensamientos no fueron muy optimistas.

Emma recostó su cabeza en las piernas de Ruby y recibió caricias en su cabello. Ruby no diría nada, solo estaba ahí para escuchar. Era lo más conveniente.


-Querida, ¿está todo bien?- Cora preguntó al notar que la hija pequeña jugueteaba con la comida en el plato, moviéndola con el tenedor de un lado a otro. Regina siguió con lo que estaba haciendo sin preocuparse por responder.

-¡Regina!- Zelena golpeó la mesa con las dos manos, haciendo que los cubiertos que no estaban usándose tintinearan al chocarse.

-¿Hum?- alzó la mirada, soltando el tenedor.

-¿Está todo bien?- Cora preguntó de nuevo

-Todo esto es falta de un orgasmo, mamá- Zelena respondió despreocupada, volviendo a comer. Regina no respondió –No, sí ha sucedido algo, no se ha enfadado- soltó sus cubiertos también y miró a la hermana.

-Emma y yo hemos terminado- dijo en voz baja

-¿Qué vosotras qué?- Zelena preguntó demasiado alto

-¿Cuándo y por qué, querida?- Cora preguntó mientras ponía su mano sobre la de Regina.

-Hace cuatro días. Ya no nos hablábamos, no nos entendíamos las pocas veces en que conseguíamos mantener un diálogo, cosa que nunca había pasado cuando estaba aquí. Ya no era una relación que se pudiera mantener.

-Pero, ¿y cuandoo ella vuelva, hermanita?- Zelena había bajado el tono de voz y mantenía su ceño fruncido analizando cada trazo de su hermana.

-Hum…¿Seremos Emma y Regina? Dos personas que se aman, pero que no supieron mantener una relación a distancia, y no cambiará de la noche a la mañana cuando ella esté en Nueva York. Este viaje lo ha cambiado todo entre nosotras, parecíamos dos desconocidas conversando. Cuando conversábamos…- susurró la última frase.

-¿Y había necesidad de poner un punto y final de esta manera?- preguntó Zelena. En su cabeza aún no tenía sentido.

-¿Y continuar con esta guerra fría hasta que regresara a Nueva York y no saber cómo actuar ante eso?

-¿Pero no había otra manera?- preguntó de nuevo

-Lo hemos intentado. Había días en que se quedaba despierta durante la madrugada, que corresponde a la hora en que yo llego del trabajo, solo para al menos hablar un poco, pero de nada sirvió. Eran apenas cinco minutos de llamada. Está demasiado ocupada allá, y yo acabé por ocupándome demasiado aquí.

-¿Y por qué no me has llamado antes?

-Porque no iba a servir de nada, nadie tiene la capacidad de cicatrizar la herida que ha sido abierta.


Aunque no se hablaran durante mucho tiempo desde que había comenzado a trabajar en Milán, aún realizaba el acto repetitivo de mirar varias veces el móvil con la ilusión de tener algún mensaje o una llamada perdida.

No sabía qué era peor, no poder hablar con su novia como Dios manda o ya no tener una novia para preocuparse por eso.

Estar días sin hablar con Regina era algo que no sucedía desde la semana tras el primer beso, debido a aquella desaparición repentina de ella. Pensaba que eso no volvería a pasar nunca. No le gustaba ni pensar en no escuchar su voz que ora la calmaba, ora le quitaba el sosiego. Hubiera querido tener la certeza de que nunca más estarían días sin hablarse, pero una vez más se había equivocado.

Solo el hecho de que sus cuerpos estuvieran alejados era doloroso, estar distante en todos los sentidos era aún peor.

Intentó de todas las formas actuar con normalidad el tiempo que estaba dando clase, sin embargo su concentración la había abandonado, su cerebro definitivamente no estaba a su favor. Este estaba trabajando con su lado emocional cuando debería estar solo usando el lado racional.

Ahora odiaba cómo Regina tenía un poder absurdo sobre ella incluso cuando y donde no debería.

Llegó a su apartamento un día más sin estar satisfecha en cómo habían ido las clases, parecía que todo lo que podría salir mal, estaba saliendo mal a la vez. Dejó sus zapatos en una esquina de la sala y ni se preocupó por saber si Ruby estaba ahí, se dirigió al baño inmediatamente. Su cuerpo imploraba por un baño cálido.

Cuando se dio por satisfecha, salió del baño y se encontró a su amiga apoyada en la puerta de su cuarto.

-Milán está sin agua, te la has gastado toda.

-No he tardado tanto. ¿Estabas aquí cuando he llegado?

-No, acabo de entrar

-¿Y cómo sabes que he tardado en el baño?

-Estás preguntado cómo una madre conoce a su hija- reviró los ojos y dejó caer su cuerpo en la cama mientras Emma se vestía.

-¿Dónde estabas?

-No viene al caso, lo importante es que estamos invitadas a un desfile mañana por la noche.

-¡Qué lo pases bien!

-¡Emma Swan! Respeto tu dolor, pero no voy a dejar que sigas con esta rutina aburrida de ir a dar clases y volver a meterte en casa. Estamos en Milán, Emma, Milán, una de las capitales de la moda, el lugar donde antes parecías una niña perdida en una tienda de caramelos.

-Podría estar en Grecia, Japón, Australia, Ruby, mañana no iría a ningún desfile.

-¿Grecia? ¡Qué óptima idea! Está cerca. Puede ser nuestro próximo destino.

-Mi próximo destino es mi cama. Apaga la luz cuando salgas y no te atrevas a entornar la puerta como sueles hacer, la quiero totalmente cerrada.

-Patito, no me gusta verte así. Me gusta mi positividad en persona.

-Me pondré bien- forzó una sonrisa al echarse al lado de Ruby.

-Sé que sí. Pronto estarás en Nueva York, en los brazos de tu doctora maravillosa.

-Era mi plan, pero no va a suceder- se giró hacia el otro lado

Ruby inmediatamente se arrepintió de haber tocado el tema, pero no dudaba de que eso sucedería. Aún creía que todo era cuestión de tiempo.

-¿No vas a cenar?- dijo desde la puerta

-No tengo hambre.

-En caso de que cambies de idea, hay varios tipos de pasta en la nevera. Mira la ironía, parece que estamos en Italia- dijo mientras salía del cuarto.

Fue lo único que arrancó una sonrisa de Emma, bueno, menos daba una piedra.

Sus intentos por dormir fallaron pues el motivo de su insomnio tenía los únicos brazos que la calmaban. Su corazón desbordaba añoranza de las noches mal dormidas debido a las conversaciones, las caricias y las veces que habían pasado las madrugadas amándose.

Le gustaría poder contar aún los días para estar de nuevo en la misma cama que Regina.