Bueno, queridas lectoras llegamos al último capítulo. Espero que os haya gustado, y ya veremos cómo quedan nuestras chicas.

Capítulo 30

"Baby, I'm dancing in the dark, with you between my arms

Barefoot on the grass, listening to our favrite song

I have faith in what I see

Now I know I have met an angel in person

Ans she looks perfect

I don't deserve this

You look perfect tonight"

-¿Estás segura de que irás?- preguntó Tinker echada en la cama de Regina mientras esta terminaba de maquillarse.

-Absolutamente

-Evitaste verla aquel día y ahora creo que esto solo traerá todo a la superficie

-Necesito estar allí, se lo prometí

-No es necesario, hay promesas que se quiebran solas con el tiempo, vosotras sois la prueba viva de ello.

-Quiero estar allí

-Está bien, quizás incluso sea lo mejor, quién sabe si no os arregláis…

-Eso no va a pasar, ya hemos puesto punto y final.

-También lo negaste la otra vez

-Buena cita- Tinker sonrió detrás de Regina que estaba a punto de abrir la puerta

-¡Esto no es una cita!

-Da igual, pero no vuelvas a casa sin besarla antes

-¿Te has dado cuenta de que siempre sales con la misma?

-¿Y tú no te has dado cuenta de que siempre tengo razón?

Regina no respondió, en el fondo rezaba para que de verdad Tinker tuviera razón aunque todo probase lo contrario.

Al igual que para Emma, para Regina también existía un clima nostálgico, todo parecía suceder de nuevo en una nueva versión, casi como en sus sueños, intentaba borrar lo poco que le quedaba de esperanzas, pero había algo que aún le susurraba que todo podría salir bien como por dentro imploraba.

-Ayúdame a ponerme el vestido- dijo saliendo del vestidor con la caja de la firma de Emma en las manos.

-¡Solo puedes estar quedándote conmigo!- gritó Tinker de tal manera que el edificio entero pudo escucharla -¡Estás completamente loca!- dijo más bajito cuando vio la mirada de descontento de Regina a causa de su tono de voz.

-Nunca me lo puse, no creo que haya ocasión más adecuada.

-Regina, ¿quieres que escriba en tu cabeza "Emma, vuelve a mí"?

-Te gusta ver cosas donde no las hay. Solo es un vestido que tiene un gran significado para mí y en algún momento tendría que usarlo, ella lo hizo para eso.

-¿Precisamente en su desfile?

-Sí, y te he pedido que me ayudes a ponérmelo y no que te quedes opinando sobre la elección de mi ropa.

-Estúpida- murmuró

Regina se puso el vestido, ciñéndose a su cuerpo delante del espejo.

-Súbeme la cremallera, por favor.

-Yo…- vaciló otra vez -¿puedo vértelo puesto?

-¿Ahora?- se giró hacia ella

-Si quieres

-Claro

[…]

-Súbeme la cremallera, por favor

-Claro, majestad- se acercó a Regina y subió la cremallera del vestido mientras observaba su reflejo en el espejo –Literalmente hecho para ti.

Regina sonrió al analizar el vestido.

-Es hermoso- volvió a pasar la mano por el tejido. El vestido pegaba perfectamente con los tacones que había escogido esa noche y quien la viera tendría la certeza de que estaba preparada para alguna ocasión de alto nivel de importancia.

-¿Tengo que agradecer?- Emma arqueó las cejas conteniendo una sonrisa

-Tengo que agradecer- Regina se dio la vuelta y caminó hasta Emma que estaba apoyada en su mesa, de brazos cruzados –Una vez más, para variar-reviró los ojos de nuevo y se detuvo delante de ella –Prométeme que vas a dejar de hacer las cosas por mí.

-Pero yo no…- Regina puso su dedo índice sobre sus labios

-Has hecho mucho y no puedo devolvértelo

Emma agarró la mano de Regina, y la bajó manteniéndola en la suya.

-No quiero otra retribución que no sea verte bien, mi intención nunca fue otra.

La sinceridad en las palabras hizo sonreír a Regina una vez más.

-No sé lo que he hecho para merecerte- dijo aún sonriendo -¡Gracias!- soltó su mano de la de Emma y la envolvió en un abrazo, haciendo que se despegara de la mesa.

Los cuerpos tan pegados generaban una electricidad que pasaba de uno a otro, borrando una vez más todo el mundo a su alrededor. Debería haber sido un abrazo de gratitud, pero fue mucho más que eso.

-Tu maquillaje se ha borrado- comentó Tinker torciendo la nariz sacando a Regina de sus devaneos.

Regina se miró en el espejo, había una raya de rímel recorriendo toda su mejilla, no se había dado cuenta de que había dejado caer una lágrima.

No respondió a su amiga, se dirigió al baño, se limpió el desastre que había hecho en su propio maquillaje y se retocó rápidamente, ya era casi la hora. Volvió al vestidor, se puso los zapatos rojos que contrastaban con el vestido negro. Se echó un último vistazo en el espejo y se giró hacia Tinker que aún estaba sentada en la cama.

-Estás muy guapa- sonrió

-Gracias- sonrió también –Creo que llegaré atrasada- dijo saliendo del cuarto junto con Tinker

-Eres la cereza del pastel.

-Tu sentido del humor a veces me molesta, ¿sabes?

-Lo sé hace años.

-Y sigues…

Salieron del apartamento y Tinker la acompañó hasta el coche antes de dirigirse al suyo.

-Regina…- la llamó cuando la morena hubo cerrado la puerta del coche, y bajado la ventanilla

-¿Sí?

-No vuelvas a casa sin antes besarla

Regina no contuvo la sonrisa al escuchar aquellas palabras, quizás aún tuvieran el mismo efecto.

No se había equivocado al decir que llegaría atrasada, entregó las llaves al aparcacoches y entró en el salón intentando mantener la calma, aunque por dentro todo estuviera dando vueltas. En cuanto comprobaron que su nombre estaba en la lista, respiró hondo intentando controlar todo lo que sentía, pero falló miserablemente cuando sus ojos encontraron a Emma sobre la pasarela. Dejó de escuchar lo que ella estaba diciendo al micrófono, se olvidó completamente de que cada silla estaba ocupada. El mundo parecía haberse detenido y el tiempo congelado.

Tenía miedo de que alguien pudiera escuchar los latidos de su corazón al acercarse.

Emma estaba deslumbrante usando unos pantalones de vestir negros, una blusa roja con encajes negros y un chaleco por encima del mismo color que los pantalones, y su corazón casi se para al ver sus cabellos rubios ondulados por encima de los hombros. Jamás la había imaginado con el cabello tan corto, sin embargo la sorpresa fue positiva, la encontró más bella, su belleza era angelical.

Se sentó en la última fila, en el único sitio que quedaba vacío. Suerte fue ya estar sentada cuando sus miradas se cruzaron en cuanto Emma acababa de hablar y le diera una sonrisa contenida desde encima de la pasarela antes de darse la vuelta.

Era indescriptible todo lo que estaba pasando en su interior.

Como si las sensaciones y sentimientos que se habían adormecido, se hubieran despertado de una vez, sin avisar. Había sido una ingenua al pensar que la vería y que todo continuaría como si nada.


-¡Emma!- Ruby llegó en su dirección vistiendo las primeras piezas que subirían a la pasarela.

-Ella está aquí, Ruby- sonrió –¡con el vestido que hice para ella!

Esa decisión de Regina de usar algo tan importante para las dos fue su detonante. La morena nunca se lo había puesto desde el día en que se lo había dado, al menos no mientras ella estuvo en Nueva York antes de marchar a Milán. Reconocería aquel vestido a kilómetros de distancia y si el propósito de Regina era golpearla directamente con aquello, lo había conseguido perfectamente. Cuando se dio cuenta de su presencia mientras daba comienzos al evento, tuvo que controlar sus emociones para no sonreír bobaliconamente ante todos, casi se le había ido de su cabeza lo que quería decir. No consiguió controlarse totalmente, buscó sus ojos y los encontró dirigidos hacia ella, su sonrisa fue inevitable.

No existía autocontrol cuando se trataba de Regina.

-¡Te dije que vendría!

-Creo que este es el día más feliz de mi vida

-Vas a rasgar tu rostro, puedo verte toda la dentadura en esa sonrisa- dijo Ruby haciendo que Emma se riera –Solo tiende a mejorar.

-Lo creo imposible. Ahora vamos, eres la primera

Quería expresar de alguna manera la forma en que se sentía, pero no sabía cómo.

Todo estaba según lo planeado, impecable, a su estilo, como había imaginado desde el comienzo, cada detalle como quería. No era posible explicar la sensación de dos sueños cumplidos, con las personas que amaba presentes. Era un desfile enteramente suyo, total y literalmente al estilo Emma Swan. Había tantas personas que admiraba sentadas en aquellas sillas, asistiendo a la materialización de sus ideas y, además de eso, tenía a su musa en persona también, sin que ella supiera que había sido el motivo de que cada prensa saliera tal y como había salido. Se sentía orgullosa de su trabajo, agradecida a todos lo que la habían ayudado y que estaban ahí. No sabía qué había hecho para que todo estuviera saliendo bien de una vez.

Asistía a su propio desfile desde detrás de la pasarela, ya que tenía que conducir a las modelos, observaba cada rostro que tenía en su campo de visión y los semblantes reflejaban sonrisas.

Había escogido a las modelos con ayuda de Ruby, y todas huían del patrón que se solía ver en las pasarelas, quiso salirse de lo común y lo hizo sin vacilar.


-¡Regina!- escuchó la voz de Mary detrás de ella, e inmediatamente se giró sonriendo

-¡Mary!

-¡No estoy sorprendida de que estés aquí!- se acercó más para saludarla

-Le prometí a Emma que vendría- sonrió de nuevo. Mary agarraba sus dos manos

-Imagino lo feliz que debe estar ella por eso

-Y espero que se entere de lo feliz y orgullosa que estoy yo por haber conseguido que todo esté increíble

-Debes decírselo a ella…

-Lo haré…

-No has hablado con ella desde su regreso, ¿no?

-Aún no, tampoco sé si es una buena idea. Le prometí que vendría y aquí estoy, he asistido al desfile pero no pretendo prolongar la noche.

-No seas boba, Regina, estáis las dos perdiendo tiempo por testarudas. Sé perfectamente lo que ha sucedido, pero ya ha pasado, ella está de regreso, las dos sentís un amor enorme la una por la otra. Nunca hubo nadie así en su vida, debes imaginar los efectos que causas.

-Mary…- iba a comenzar a hablar cuando David se acercó sonriendo

-Ahora está ocupada pero en un rato te buscará

-No quiero robarle su tiempo, puedo hablar con ella después- intentó sonar convincente

-Está con la idea de marcharse, David, dile lo importante que es para Emma que se quede- dijo mirando al marido.

-Ni pienses en marcharte de aquí sin conversar con ella. Además, Emma ha hecho todo esto para aprovecharlo, no es justo que precisamente tú te marches ahora.

Sopesó la idea y decidió que se quedaría un poco más, no solo por querer hablar con Emma, sino por los argumentos citados por los padres de la rubia.

La observó desde donde estaba. Su felicidad estaba estampada en su rostro, las sonrisas que daba eran tan sinceras que sintió nostalgia de cuando eran dirigidas a ella y envidia de las personas que ahora las recibían.

Pensaba que un día podría dejar guardado todo el amor que sentía, sabía que no se borraría, pero lo dejaría en algún lugar que no fuera tan visible, sin embargo, se dio cuenta, al observar sus trazos de nuevo, de que el deseo de gritarle al mundo que amaba cada átomo de ella estaría siempre presente.

Emma avivaba en ella una llama incontrolable.


Cada minuto trascurrido tras el final del desfile se lo pasó intentando a toda costa hablar con Regina, sin embargo siempre había alguien que iba a elogiarle y robarle su tiempo. Solo el tiempo, porque su atención solo pertenecía a una persona. Desviaba su mirada cuando podía, desistió de contar las veces que intentó ir hasta ella, pero fue parada por alguien. Se estaba cansando de sus intentos fallidos, aunque se sentía lisonjeada con cada elogio y lo agradecía en el alma, pero no desistiría de acercarse a ella.

Le había enviado la invitación como un recuerdo de que no se había olvidado de su promesa, pensó que Regina no vendría, había pensado que el motivo de dejarle las llaves en vez de entregárselas en mano había sido para evitarla.

Regina solo había mejorado el día que tenía de todo para ser perfecto. Iba a empezar a llamarla su amuleto de la suerte.

-Si yo fuera tú, correría antes de que se metiera en el coche y se marchara- David dijo al detenerse al lado de Emma

-¿Cómo?- miró al padre con expresión confusa

-Regina

Se disculpó con las personas que estaba hablando y buscó la salida lateral que llevaba al aparcamiento.

-Hey- dijo llamando la atención de Regina que caminaba en dirección a los coches. La luz era débil y un viendo helado movía sus cabellos. Sintió su corazón saltarse un latido cuando la morena se giró hacia ella para mirarla. Verla de nuevo así, tan cerca, sacaba a la superficie emociones distintas y ya conocidas. Su único deseo era correr y abrazarla, llenarle el rostro de besos y recuperar todo el tiempo que habían pasado lejos.

-Hey- respondió dando media sonrisa y poniéndose el cabello tras la oreja. Creyó que estaba soñando cuando escuchó la voz de Emma resonando tras ella, solo estaba ella y no había visto a nadie siguiéndola. Si la rubia se acercara un poco más, seguramente escucharía los latidos de su corazón.

-Gracias por haber venido- dijo Emma al pararse cerca de ella. Los ojos castaños estaban fijos en los de ella, quería decirle tantas cosas, sin embargo sabía que no era necesario, nunca necesitó palabras, su mirada siempre desvelaba todo lo que ocurría en su interior. Estaba de acuerdo con el dicho de que los ojos eran las ventanas del alma y la vitrina del corazón.

-No rompería mi promesa- su voz daba indicios de que desaparecería si no se movía de ahí. El olor de Emma la estaba embriagando, los ojos verdes fijos en los suyos hacían temblar sus piernas. Se desmoronaría en cuestión de minutos.

-Perdóname por haber roto la mía- susurro y apretó los labios

-Está bien, Emma. No siempre sale todo según lo planeado y fue necesario- Maldita necesidad. Todo su conformismo se desvanecía delante de Emma, toda su razón se esfumaba, quería dar voz a su corazón y lanzarse a los brazos diciéndole que nunca más la dejaría marcharse tan lejos. Tenía tanto deseo reprimido –Tu desfile ha sido hermoso, todo como lo planeaste, estoy orgullosa- dijo tras segundos en silencio, Emma ahora miraba hacia abajo y tenía sus manos juntas en un gesto de evidente nerviosismo.

-Cuando estaba en el hospital y desesperada creyendo que no tendría tiempo de hacer esta colección, mi padre me dijo que cada hoja caída de los árboles sería una inspiración- volvió a mirar a Regina a los ojos, que estaba atenta a los suyos –Tú fuiste todas mis hojas de otoño- la última frase salió junto con una sonrisa contenida. Más tarde o temprano Regina tendría que saberlo, y no había mejor momento que ese.

Sus manos sudaban frío y estaban trémulas, tuvo la sensación de que el mundo a su alrededor desaparecía cuando Regina dio un paso más, quedando a una distancia de centímetros.

-Tú eres mi otoño-su derecha acarició el rostro de Emma. El primer toque después del último beso en el aeropuerto meses atrás fue como si fuera el primero. Causó estremecimiento, todavía más desorden y un caos interior, causó aún más ansias y percibió que Emma también se había estremecido –Mi estación preferida, aunque estemos en verano, primavera o invierno, la que siempre espero- acabó con la distancia que había entre sus cuerpos y como en el primer beso, se habría ido al suelo si los brazos de Emma alrededor de su cintura no la estuvieran sujetando-, y cuando llega me produce un bien inigualable- susurró la última frase con su nariz tocando la de Emma, sus ojos se habían cerrado automáticamente.

Tuvieron la sensación de haber alcanzado el cielo.

-Sin más viajes esta vez- la voz de Emma sonó baja y tomada, provocando que Regina apartase un poco su rostro y sonriese abiertamente al notar la única lágrima que había resbalado y la sonrisa que siempre sería la más hermosa del mundo para ella. Secó la mejilla de Emma y la miró de nuevos a los ojos.

-Pueden existir los viajes, yo voy contigo- fueron las últimas palabras dichas antes de unir sus labios en un beso que denotaba nostalgia, amor, empatía, complicidad. Un beso que sería el primero de muchos que se darían en nombre de los que no existieron durante esos meses. El mundo podría acabar en ese exacto momento en que sus respiraciones se mezclaron y sus labios se tocaron, dejándolas extasiadas, tenían todo lo que necesitaban la una en los brazos de la otra.

No importaba la cantidad de caminos, el destino era solo uno.

Sus almas nunca se apartarían.

El lazo nunca había sido deshecho.

Emma estaba definitivamente en su casa, en el lugar al que siempre había pertenecido.

-A propósito, estás bella con él- dijo al separar sus labios. La misma frase que había dicho tras el primer beso, estaba segura de que Regina se acordaba y lo confirmó cuando esta se echó a reír.

"Fíjate que el otoño es más estación del alma que de la naturaleza" –Carlos Drummond de Andrade

FIN