Buenas!

Tarde pero seguro aún continuo con la historia y si, aún falta muchas cosas por hacer

Ninguno de los personajes de INUYASHA me pertenece, y solo los que no forman parte de el son completamente miooos!


Seth

Hace años que no sabía lo que era un hogar, hace años que no sabia lo que era tener compañía y allí recordó sentado en aquel claro lo que había pasado cuando aquellos hombres irrumpieron su hogar para buscar algo más que cosas, más que saquear todo lo que allí tenía, se llevaron la vida de su abuela, sus juguetes y su niñez que al menos tenía, se llevaron todo lo que podía tener un niño de nueve, y con ello la inocencia también, su abuela muchas veces le decía que la guerra en algún momento llegaría a su puerta y el debía ser fuerte por todos los niños olvidados que junto a él y su abuela vivían, ahora ya todos muertos recordaba a alguien quien no vino de la calle si no con una pareja, era pequeña y fea y por lo recordaba muy peculiar por su cabello, una pequeña mota blanca brillaba en su frente pero aquello fue nada cuando vio a sus padres dejarla con su abuela, con el tiempo ella creció y apenas eran unos niños, ella tendría unos cuatro el unos ocho o nueve cuando se separaron pero aún seguía aquella promesa de protección.

-. Recuerda protegerla cariño, es la más pequeña de la manada...-

Su abuela le había dicho aquello en cuanto a la pareja que la dejo se marchó, nunca supo si la pequeña sería parecida a ellos porque nunca vio sus rostros pero de algo si estaba seguro su abuela nunca trato diferente a la niña, y ella nunca resalto más de lo que podía resaltar alguien con aquella ceja y mechón blanco entre su cabello negro, sus ojos azul oscuro y su piel oscura no la hacían relevante. Observó su alrededor y sintió aquella energía de nuevo, aquella energía que lo llamaba sin cesar y por la que siempre escapaba de donde estuviera. Recordó a esa pareja que por años evito, el peliplata y la morena los cuales muchas veces estuvo a punto de ser encontrado, pero no él no podría ser capturado.

-. siempre debes correr pues en tus manos llevas la llave que puede terminar con todo.-

Su abuela le había dicho esas últimas palabras él sabía que hacer para acabar todo pero aún dudaba de si terminarlo todo, aún tenía mucho que hacer y mucho que aprender, sus cabellos rubios y sus ojos marrones con un toque de dorados observaron la pradera en la que se encontraba, solo y sin compañía de nadie hasta que escucho a lo lejos unas risas, vio a una rubia de ojos azules correr en dirección a un pelirrojo el cual iba disparado mientras que las risas aumentaban y observó quien los estaba persiguiendo eran al parecer hermanos por el cabello rubio de ambos y sus risas idénticas y más atrás una pequeña de piel oscura y cabello curioso negro con un largo lunar de cabello blanco y la reconoció sin importar cuanto tiempo había pasado, sus rasgos eran más finos su nariz chata y respingada y sus ojos azul oscuro la observó desde aquella roca en la que estaba sentado, la observó reír y correr junto a una pequeña bola de pelos gris a la cual cargo y siguió el rumbo hasta el pelirrojo, en la lejanía quiso acercarse pero algo se lo impedía y de momento así lo dejaría. Él seria una persona solitaria hasta que decidiera que hacer con aquella información que tenía entre sus manos.

Oh, por su puesto que él sabia que era lo que Kaguya buscaba de él con tanto desespero, y claro sabia también porque el de ojos dorados con aquella mujer lo buscaban, querían respuestas, él quizás era la persona más joven en retener tal información, él mismo sabia quien era el duque de Noxexs él también sabia quien era el heredero del duque, y por supuesto que sabia como derrotar a Kaguya, también sabía que en la historia de Kaguya el tercer hermano hizo algo tan jodido y tan genial que nadie sabia y el lo sabia y ahora tenía a Kaguya muerta del pánico por no saber algo que ella debía saber, el conocimiento es poder no el pode en si, y eso él a sus catorce años lo sabia por eso estaba allí, cerca del castillo de Umi, luego de su larga caminata llego de incógnito al castillo, ya era de tarde casi anochecía así que busco la biblioteca y se adentró en ella como el bandido que era, escucho risas entre dos adultos.- ¡Ya basta Inuyasha! Alguien puede venir y vernos..- Decía la mujer.-

-. Nadie entra tanto a una biblioteca como tú Kagome.- Le dijo el hombre, Seth no se inmuto y continúo por su camino hasta lo más profundo de aquella biblioteca, entre uno de los libreros se escondía una pared sellada la cual él pudo abrir mediante un libro viejo sucio gris que se encontraba en uno de los libreros, se adentro a aquella habitación donde solo había una larga pared traslucida en la cual se encontraba una niña con joyas y hermosos trazos en su piel, pulseras y aretes de oro la adornaban y vestía un traje rojo y dorado de media manga, de cabello oscuro abrió los ojos y lo observó, junto a ella se encontraba una mujer blanca de cabello blanco como la nieve y a su lado otra blanca de cabello negro y ojos misteriosos.- Llegas tarde..- Le dijo la mujer de cabello negro.- El heredero esta haciendo un desastre y tú no te ocupas de tú trabajo...-

-. Lo siento Lady Kikyo...- Seth dijo al espejo.- Pero la verdad es difícil mantenerme fuera de la vista de Kaguya y su siervo Koga...-

-. No hay tiempo...- Dijo Kanna.-

-. Eso lo se...- Respondió de nuevo el joven.- Pero su heredero no es fácil y aún no esta listo.- Refuto sin miedo.-Aún necesita tiempo, y si así lo quiere el heredero lo tendrá...-

-. Eres un insolente...- Kikyo calló de inmediato al escuchar el tintineo de las pulseras sonar cuando la niña alzó su mano.-

-. Tendrá tiempo, pero tú has de quedarte en el castillo.- Dijo una voz dulce.- No prepares nada todo a su tiempo...- Y sin más desaparecieron las tres dejando solo a Seth con una mueca de molestia, sin embargo sonrió ahora podría jugar por los pasillos del castillo y estar un poco seguro de momento, Kaguya nunca lo encontraría en aquel lugar que ella creía eran sus enemigos, sería algo sencillo de hacer.- No me defraudes Seth, tú eres mi heredero...- Le susurro hasta desvanecerse Kikyo mientras que el rubio quedaba allí observando a la nada, y sin pensarlo imagino el destino que temía, un destino que ya no podía detener.

El juego había empezado.


Aquí de nuevo!

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