Disclaimer: Gravity Falls le pertenece a Alex H.
Summary: Conjunto de one-shorts, drabbles y viñetas de la pareja MaBill. Chapter 3: Sonrió preguntándose si era algo bueno o malo el haberse dado cuenta de que le gustaba a ese desquiciado demonio rubio. Y todo por una simple cuestión de celos.
Advertencia: One-short. Universo Alterno. Posible OOC.
Notas de la autora: Y este es el resultado de pasarse horas escuchando canciones de este género mientras leo historias MaBill, cumpliendo mi pequeño headcanon de que Mabel disfruta de este tipo de música, lo cual no sería algo sorprendente tomando en cuenta sus gustos XD A propósito la canción que mencioné en realidad existe, es de un grupo de este "género" que me gusta mucho. En fin, espero que les guste este one-short, intenté ponerle un poco más de MaBill tipo romántico así que espero que me haya quedado bien, nótese que me gusta la idea de Bill celoso de los ídolos musicales de Mabel —bueno me gusta la idea de Bill celoso en general—.
De revistas, celos y chicos coreanos
En cuanto Estrella Fugaz encendió su reproductor de música, Bill comenzó a quejarse en "voz baja" —o lo que él consideraba como tal—, deseando por unos momentos haber perdido el sentido del oído junto con la mayoría de sus poderes al ser encerrado en ese estúpido cuerpo humano. Y cuando la primera de esas canciones empezó a resonar a todo volumen en la habitación, el demonio agarró con fuerza la almohada de Pino y se cubrió la cabeza con un gesto dramático y desesperado, intentando en vano dejar de escucharla.
Porque si había algo que Bill detestaba era esa estúpida música con sintetizadores que a Estrella Fugaz tanto le gustaba, más en específico, aquellas estúpidas "boy-bands" coreanas con las que Mabel últimamente se había obsesionado.
— ¡Son tan geniales! —pudo escuchar el grito no muy bien reprimido de la pre-adolescente, quien poco se avergonzaba en demostrar el amor que sentía hacia una de sus bandas favoritas.
Bill solamente bufó, encontrando tentadora la idea de marcharse y dejar sola a Estrella Fugaz junto a sus canciones y revistas llenas de artículos de esos chicos coreanos. Por otro lado recordó que no tenía nada más que hacer, pues Pino había salido a visitar a Llama —sospechosamente iba a verla con bastante frecuencia esos últimos días—, mientras que Fez y Seis Dedos estaban ocupados en sus respectivos "trabajos", por lo que no tenía a nadie a quien molestar, y había sido por eso que había decidido quedarse con Estrella Fugaz, esperando que ella se mostrara gustosa de ofrecerle su compañía y pasar un rato juntos, claro que sin pensar que también se dedicaría a atormentarlo con su música.
— ¡Esta canción es tan buena! —exclamó Mabel, tarareando el coro de esa canción, "Call me baby" parecía llamarse, pensó Bill, aunque poco le interesaba y creía que de por si era un nombre bastante ridículo.
—Vamos Estrella Fugaz —se quejó, soltando la almohada de Dipper y pasándose una mano por el cabello, exasperado—, de seguro ni siquiera sabes lo que significa la letra. Han de escucharse como puros balbuceos impronunciables para ti.
Mabel levantó la mirada de la revista que leía, y la posó en el demonio con cuerpo humano que flotaba con aparente despreocupación sobre la cama de su hermano. Frunció ligeramente el ceño, inflando las mejillas en un gesto infantil, provocando que el rubio arqueara una ceja.
—Claro que lo sé Bill —respondió y suspirando añadió—, ya estas empezando a hablar como Dipper.
— ¿Por lo menos podrías usar audífonos? —resopló Bill— No es como si estuviera muy feliz de escuchar a esos sujetos desafinados.
—Me duele la cabeza si los uso mucho tiempo —se excusó la Pines femenina ignorando el insulto de Bill hacía la banda—. Además si tanto te molesta perfectamente puedes ir a otro lugar. Este es mi cuarto, por si lo olvidas, puedo hacer lo que quiera aquí —extendió un brazo en un (exagerado) gesto, como si estuviera hablando con un niño pequeño.
—También es el cuarto de Pino, por si lo olvidas —replicó Bill imitando su manera de hablar—. Y estoy seguro que a él tampoco le gustaría estar escuchando a tus grupitos todo el maldito día.
—Pues yo sé que a Dipper no le gustaría verte agarrando sus cosas —comentó señalando la almohada con una pequeña sonrisa—, ya sabes como es con todo eso de "su espacio personal".
El rubio rodó su ojo visible: —Como si me importara —refunfuñó.
Mabel extendió su sonrisa y lanzó una pequeña risa al escucharlo, y el demonio no pudo evitar quedarse casi estático, observando su rostro más de lo normal hasta que la castaña se dio la vuelta y se recostó de estomago sobre su cama, apoyando sus codos sobre una almohada y posando el mentón sobre sus manos. Bill lanzó un sonido de frustración al ver como Mabel se estiraba para alcanzar su reproductor de música y subirle el volumen, obviamente a propósito. La observó fijamente con el ceño fruncido, en un intento de fulminarla con la mirada, sin embargo la Pines femenina ni siquiera pareció inmutarse, demasiado concentrada en las páginas de su revista.
¿¡Pero qué diablos podía ser tan importante como para que Mabel lo ignorara de esa forma!? ¡A él, a Bill Cipher! ¡El todopoderoso demonio de los sueños! —aunque bueno, tal vez ya no tan poderoso (Bill maldijo nuevamente a ese estúpido y débil cuerpo humano en el que estaba encerrado) — Estrella Fugaz debería sentirse alagada de tenerlo ante su presencia, de tener la dicha de poder estar a su lado sin morir incinerada en cuestión de segundos ¡Pero no! Tenía que tener sus ojos fijos en esa estúpida revista humana —para nada interesante ni divertida en comparación con él— en vez de tener su atención puesta en él ¡Se sentía indignado! ¡Era un completo golpe a su orgullo! ¿¡Cómo se atrevía Estrella Fugaz a hacerle eso, después de que él la había considerado digna de disfrutar su compañía!?
Disimuladamente Bill se inclinó lo suficiente para ver de una vez por todas que era, específicamente, aquello que le parecía tan interesante a Estrella Fugaz—y aquello que le impedía concentrarse en él—, pero al hacerlo solo vio un montón de fotos de los miembros de esa dichosa banda, la mayoría con ropa ajustada o extraña que a su manera de pensar los hacía lucir afeminados y ridículos, pero que a Mabel y el resto de la horda de fanáticas pubertas que tenían les fascinaba, también había lo que parecía ser una entrevista y un ranking —del cual al principio pensó que hablaba sobre cual era su canción más famosa, pero resultó ser un ranking de cual era el miembro más atractivo según las votantes—.
Con una expresión de asco por aquella estúpida revista elevó la mirada hasta toparse con el rostro de Mabel, quien tenía la vista fija en aquellas insulsas fotografías y las miraba con un extraño brillo en los ojos. Como si estuviera admirando a los seres más perfectos del mundo. Bill la miró bastante molesto, con un tic apareciendo en su ojo visible, deseando tener aquella revista entre sus manos para poder quemarla con los pocos poderes que le quedaban, y así eliminar aquella "cosa" que le robaba la atención de Mabel.
Y es que sin duda no entendía los gustos de Estrella Fugaz.
—Son tan lindos —suspiró Mabel con un sonrojo en las mejillas, ignorándolo olímpicamente.
Ante aquella declaración el demonio apretó los puños inconscientemente y sintió una extraña punzada en el abdomen —no recordaba haberse clavado ningún cuchillo u objeto corto-punzante ahí—, por algún motivo comenzaba a sentirse muy irritado, y sabía que no era solo por tener que escuchar esas molestas y chillonas voces ¡No podía ser que el hecho de que Mabel lo ignorará le enfureciera tanto! Pero así parecía ser e incluso empezaba a sentir como el iris de su ojo se teñía color sangre conforme su enojo iba creciendo, e inclusive así la gemela Pines no parecía reparar en él.
No, sin duda no entendía los gustos de Estrella Fugaz, ni que diablos les veía a ese grupito de plásticas que se hacían llamar cantantes.
« ¿Cómo es que los diferencias? Lucen exactamente iguales para mi» recordó haber oído decir a Pino hace un par de días —y nunca pensó que diría esto, pero estaba de acuerdo con él—, a lo que Mabel, bastante fastidiada, ni siquiera se dignó a contestar, en parte ya acostumbrada a ese tipo de comentarios de parte de su gemelo. Una idea cruzó por su cabeza, decidió ponerle fin a su aburrimiento y relajarse jugando un poco con ella, además así podría conseguir que finalmente Estrella Fugaz dejara de lado aquella "cosa" por unos minutos y se concentrara en él. Sería como "matar dos pájaros de un tiro", un viejo refrán humano —aunque él no lo entendía mucho, porque Mabel se había asustado bastante cuando él apareció con dos pájaros muertos en las manos tras escuchar por primera vez esa frase—.
Relajó su expresión, haciendo todo lo posible para que no se notara que había estado apunto de hacer arder la cama de Pino por la rabia, lanzó una risa burlesca para luego comenzar.
—Pero que cosas dices Estrella Fugaz —le sonrió burlonamente ganando (por fin) su atención—, todos ellos lucen idénticos y usan tanto maquillaje que parecen chicas. Además suenan peor que cuando Pino se pone a cantar esa cosa de "Disco Girl" pensando que nadie lo está escuchando —comenzó a reír ante sus propias palabras, hasta que sintió el impacto de una almohada contra su rostro.
—No me molestes Bill —dijo Mabel haciendo un mohín con los labios, lo cual Bill debía admitir que la hacía lucir bastante adorable—. No tienes derecho a insultarlos —se cruzó de brazos.
— ¿A no? —Bill arqueó una ceja, aunque sin borrar esa maliciosa sonrisa de su rostro— Vamos Estrella Fugaz, sólo admítelo, he visto bacterias más atractivas que esos raritos.
—Tu eres el único raro aquí Bill —atacó la castaña—. No conozco a nadie más que crea que un montón de dientes de ciervo es un buen regalo.
Bill solo se encogió de hombros, pues el comentario ni siquiera lo había ofendido. No había nada que Estrella Fugaz dijera que pudiera herirlo, nada. Estaba a punto de decir algo más —seguir con la conversación, impedir que Mabel volviera a ignorarlo y ser el único merecedor de su eterna atención—, cuando notó que ella se había dado la vuelta, volviendo a clavar su mirada en las páginas de su revista, casi como si hubiera decidido hacerle la ley del hielo ¡a él! —el simple pensamiento le irritaba—.
Entonces comenzó a sentir como volvía a inundarlo aquella desagradable sensación que era incapaz de controlar, y que se incrementaba más y más al oír los suspiros de fan enamorada de Mabel. Antes de poder darse cuenta, se hallaba de pie y caminando a grandes zancadas hacia la cama de Mabel, con pequeñas llamas azules saliendo de sus zapatos a cada paso, con los puños tan apretados que casi no los sentía y rechinando los dientes inconscientemente. Solo se detuvo al estar frente a Mabel, quien había entrecerrado levemente los ojos como preguntándose qué era lo que quería él ahora. En un rápido movimiento Bill arrancó la revista de entre las pequeñas manos de Estrella Fugaz, consiguiendo que ella alzará la cabeza para mirarlo sorprendida.
— ¡Bill! ¿Qué está-?
Antes de que pudiera terminar de hablar, Bill tomó la revista entre sus manos y la rompió a la mitad, para después quemarla lentamente ante una incrédula Mabel. Quien se quedó con las palabras atoradas en la garganta y con la boca abierta, sin poder creer que Bill hubiera hecho eso ¡Su pobre revista favorita!
El Cipher esbozó una pequeña sonrisa, finalmente triunfante, sin embargo aquella pequeña victoria no había sido suficiente para apaciguar su enojo, pues comenzaba a sentir como el iris de su ojo volvía a teñirse color bermellón, al igual que algunos mechones de su cabello y parte de su traje anteriormente amarillo. Mabel debió haberlo notarlo también, porque rápidamente cambió su expresión de asombro por una de genuina curiosidad, consiguiendo que Bill frunciera el ceño levemente, repentinamente incomodo por la inquisitiva mirada que le dirigía Estrella Fugaz.
Se quedaron en esa posición por lo que pareció ser una eternidad —aunque no debieron de ser más de un par de segundos—, hasta que finalmente Mabel volvió a reparar en las cenizas en las que se había convertido su pobre revista de chicos.
— ¡No! ¡Era mi favorita! —exclamó con gestos dramáticos— ¿Por qué hiciste eso Bill? —preguntó con indignación.
El demonio de apariencia humana pasó a tomar un completo color carmesí tras aquella simple pregunta, haciendo que sus puños apretados fueran rodeados por su característico fuego azul, ganando un aspecto intimidador.
— ¡¿Por qué?! —exclamó— ¡¿Me preguntas por qué?! —Mabel podía sentir como la temperatura en la habitación comenzaba a aumentar drásticamente— ¡Has estado ignorándome todo este maldito tiempo Estrella Fugaz! ¿Cómo te atreves? ¡Prefieres tener la vista pegada en esos ridículos cantantes chillones que en mí! ¡¿No recuerdas quien soy?! ¡Para tu información soy Bill Cipher! ¡Tú menos que nadie puede ignorarme de esa forma Estrella Fugaz! ¡Me perteneces desde hace mucho tiempo! ¡¿Entendiste…?!
Se detuvo súbitamente al escuchar una pequeña carcajada escapar de los labios de la joven Pines, parpadeó un par de veces sin poder creer lo que veía; Estrella Fugaz lo miraba divertida y con una dulce sonrisa en el rostro, sin mostrar rastro alguno de su anterior molestia. Sintió como aquel rojo que lo había teñido volvía a pintarse del amarillo brillante de siempre, pues toda su ira había sido remplazada por la sorpresa al ver a Mabel observarlo de esa manera.
— ¿De…? ¿De qué te estás riendo Estrella Fugaz? —inquirió notando un extraño calor acumularse rápidamente en sus mejillas, sintiéndose repentinamente avergonzado.
—Estás celoso, ¿no es así Bill? —preguntó con una mirada levemente traviesa.
El demonio rubio se quedó estático, con la boca abierta y boqueando cual pez fuera del agua.
¿De qué demonios (valga la redundancia) estaba hablando Estrella Fugaz? ¿Celoso, él? ¡Pero que idea más estúpida! ¡Era imposible que él de entre todas las personas (o demonios de sueños) pudiera sentirse celoso! Los celos solo eran uno de esos estúpidos sentimientos humanos, ¡y él no era humano! ¿Cómo iba a poder sentirse celoso por Estrella Fugaz? ¿Y por qué motivo? ¿Sólo por verla hipnotizada ante las imágenes de esos cantantes de pacotilla que ella consideraba atractivos? ¿Solamente por el hecho de que ella hubiera estado ignorándolo descaradamente? ¡Ja! ¡Si claro! ¡Por supuesto! —nótese el sarcasmo—.
No tenía nada de malo, después de todo, que él reclamara su atención. Estaba en todo su derecho. Pues en realidad no había mentido —o exagerado— al exclamar que ella le pertenecía —todos lo símbolos le pertenecían de cierta manera—. No había tenido nada de malo y sin embargo Estrella Fugaz lo miraba con cierta expresión, como si ante ella se hubiera hecho una gran revelación. Y no pudo contener la sorpresa al notar como sus mejillas comenzaban a tomar un tono de rubor más fuerte que el natural. Ni cuando ella volvió a comenzar a reír sin motivo alguno.
Dirigió su mirada al suelo de manera inconsciente, casi como si fuera un reflejo. Se sentía extraño, mucho más que antes, porque sin duda no era normal que la dulce risa de la chica Pines le provocara esas sensaciones, ni esas repentinas ganas de sonreír como un idiota al escucharla. Chasqueó la lengua pensando que quizá hubiera sido una mejor idea no haber ido a la habitación de los gemelos en primer lugar. Y estuvo apunto de abandonar el lugar, un poco cansado de la situación, hasta que sintió como Mabel lo tomaba suavemente pero a la vez firme de la manga de su traje. Giró la cabeza levemente para verla.
—No tienes que estar celoso Bill —el rubio estaba a punto de reclamar aquello, pero no le salían las palabras—, lo siento si te estuve ignorando, no fue mi intención hacer que te sintieras así.
—N-no sé de que ha-hablas —se sorprendió a si mismo al escucharse tartamudear de esa forma, era humillante—, Es-estrella Fugaz.
— ¿De verdad? —Mabel alzó una ceja sin creerle— Porque no fue eso lo que pareció con todas esas cosas que gritaste.
Bill maldijo por lo bajo ¿Por qué Estrella Fugaz tenía que estar diciéndole esas cosas?
Mabel sonrió nuevamente, colocándose de pie sobre la cama, pero sin soltar la manga del Cipher. Y antes de que Bill tuviera tiempo de preguntarse que estaba tramando hacer la castaña, Mabel rodeó su cuello con los brazos, colocando la cabeza sobre su hombro, en un inesperado abrazo. El demonio se quedó atónito, pues realmente no esperaba aquella acción de su parte, y mucho menos después de lo ocurrido. Poco a poco se fue relajando, rodeando el pequeño torso de Mabel, aprovechando que, al ella estar incorporada sobre su cama, se encontraban a la misma altura. Posando a la vez el mentón sobre su hombro, sintiendo el dulce aroma de su cabello, su esencia natural, que le provocaba pequeños y curiosos cosquilleos en la zona del estómago.
Bill no supo cuanto tiempo se mantuvieron en esa posición, y tampoco le importaba. Lentamente Mabel fue separándose, pero sin borrar la sonrisa de su semblante, Bill no pudo evitar sonreír escuetamente —de la manera más "normal" que pudo—.
— ¿Ves? —el Cipher arqueó una ceja sin comprender su punto— No tienes que sentirte así Bill. Tal vez me gusten mucho esos cantantes, y sí creo que son muy lindos. Pero ellos tienen miles de fans que piensan igual que yo, y además con ellos no podría hablar o hacer las mismas cosas que contigo.
Bien, tal vez si tenía un punto. Y tal vez si había exagerado un poco, pero no pensaba retractarse, él no estaba celoso. Aunque debía admitir que se sentía más tranquilo después del cariñoso abrazo de Estrella Fugaz, como si con ese simple acto Mabel le hubiera transmitido cierta serenidad.
Entonces finalmente notó como el rostro de la gemela Pines se encontraba a tan poca distancia del suyo, y terminó echándose para atrás por la impresión, casi cayendo de espaldas contra el suelo. Mabel lo miró sorprendida por su imprevisto actuar, extendiendo una mano con algo de preocupación por si el demonio se había lastimado, además podía notar como su respiración se había descontrolado y abrió los ojos lo más que pudo al ver como Bill comenzaba a teñirse de diversos colores a gran velocidad, influido por sus cambios de animo.
— ¿Bill?
El demonio suspiró, volviendo a su color original e intentando controlar aquel martilleo que sentía en el pecho, le sorprendía no estar desangrándose por ello. Miró a Estrella Fugaz sintiendo el rostro incluso más caliente que antes y exclamó:
— ¡Yo no estaba celoso Estrella Fugaz! ¡Deja de decir tonterías y déjame en paz!
Antes de que Mabel pudiera decir algo o siquiera acercársele, Bill abrió rápidamente la puerta y salió corriendo, aunque tropezando un sinfín de veces e incluso rodando sobre algunos de los peldaños de la escalera —aunque no es como si le molestase aquello—.
Mabel parpadeó un par de veces, aturdida por el espectáculo que Bill acababa de hacer. Sin duda que el "todopoderoso demonio de los sueños, Bill Cipher" prácticamente escapara a toda velocidad de una niñita de doce años no era algo que se viera todos los días. Aunque, pensándolo mejor, ver a Bill Cipher celoso no era algo que se viera todos los días. Por más que este lo negase, claro.
Sonrió preguntándose si era algo bueno o malo el haberse dado cuenta de que le gustaba a ese desquiciado demonio rubio.
Probablemente lo descubriría tarde o temprano.
Espero que les haya gustado este capitulo, creo que esta vez no tardé tanto en actualizar XD Les quiero comentar que tengo pensado escribir algo basado en el AU de Reverse Falls para el próximo one-short, ya que me gusta mucho este AU y hay pocos fics sobre Rev!MaBill.
En fin, que tengan un buen día. No olviden dejar un review si desean, nos vemos en la próxima actualización.
