Disclaimer: Gravity Falls le pertenece a Alex H.

Summary: Conjunto de one-shorts, drabbles y viñetas de la pareja MaBill. Chapter 4: (AU Reverse Falls) Y él, como llevaba haciendo desde el día en que la conoció hasta ahora, felizmente le obedecería, como el fiel sirviente que era.

Advertencia: One-short. Universo Alterno: Reverse Falls.

Notas de la autora: Primeramente debo decir que realmente lamento haber tardado tanto —de nuevo— en actualizar, pero —otra vez— me extendí más de lo que tenía planeado con el one-short, originalmente pensé que lo terminaría en unas dos mil palabras y terminaron siendo casi seis mil ¿por qué siempre me pasará eso? Además tampoco se me ocurría un final que me convenciera e incluso este no termina de gustarme.

Segundo, para quien no conozca este AU —aunque supongo que la gran mayoría ya lo conoce— les digo que se trata básicamente de un cambio de rol entre varios personajes, como por ejemplo nuestros queridos gemelos Pines con Gideon y Pacifica —aunque, claro, sin mantener las mismas personalidades que ellos—. Siendo Dipper y Mabel los "villanos" en este universo, conocidos como los "gemelos telepatía" y apellidándose Gleeful, aunque manteniendo algunos aspectos de la familia de Pacifica como lo sería el estatus social alto. Además de tener a Will —la versión Reverse de Bill— esclavizado, siendo nuestro querido triángulo en vez del maniático que tanto amamos (?) un demonio bastante llorón y asustadizo —pero adorable—. Y creo que esa sería básicamente toda la explicación de este AU.

En fin espero que les guste este one-short.


Es una orden

El demonio de cabello azul intentaba en vano hacer que sus manos dejasen de temblar, pero la persistente y penetrante mirada que la gemela Gleeful le estaba dirigiendo en esos momentos no hacía más que provocarle escalofríos. Casi podía escuchar el sonido de la fina tetera de loza quebrándose en cuanto se resbalara de entre sus torpes manos, y sabía perfectamente cuanto se molestaría Dipper en cuanto viera el desastre que se formaría sobre la cara alfombra del salón, y, claro, por su culpa. Y también sabía el castigo que recibiría en cuanto sucediera, de solo pensarlo al Cipher le entraban unas inmensas ganas de echarse a llorar por el desgarrador miedo que lo embargaba.

—Querido hermano, ¿vas a salir? —pudo escuchar la voz de la señorita Gleeful, y elevó levemente la mirada para ver que ocurría.

Dipper había entrado a la habitación, y se encontraba acomodando su amuleto alrededor del cuello de la camisa, mientras Mabel lo observaba con un deje de curiosidad sentada en una de las sillas del camerino. El chico volteó a ver a su gemela y dijo:

—Así es, hermana, volveré dentro de un par de horas, tengo que encargarme de algunos asuntos mientras Stan no está en el pueblo.

Mabel asintió y una pequeña sonrisa maliciosa comenzó a dibujarse en su rostro, el demonio empezó a tener un mal presentimiento ante eso, sensación que se reforzó al oír su tono de voz y la pregunta que se había atrevido formular.

— ¿Y esos asuntos no implicaran a cierta rubia Southwest, verdad?

Al oír aquella pregunta Dipper frunció levemente el entrecejo, mientras Will tragaba saliva, preocupado por la reacción del joven Gleeful. Mabel solamente dejó escapar de sus labios una pequeña risa traviesa, habiendo logrado su cometido de molestar a su usualmente inexpresivo hermano.

—Pues en parte tienes razón, hermanita —respondió Dipper relajando su expresión—, en realidad me dirigía a hacerles una visita a nuestro par de primos forasteros favoritos —sonrió con superioridad y de una manera casi cruel.

—Oh, en ese caso te acompañaré —dijo Mabel poniéndose de pie, y al hacerlo Will suspiró con alivió. Sin embargo Dipper la detuvo— ¿Qué?— preguntó arqueando levemente una ceja.

—Lo siento hermana pero no va a ser posible —espetó con un falso tono de disculpas—, voy a ir yo solo esta vez.

— ¿Qué? Pero, ¿Por qué?

Al verlos como mero espectador, Will se atrevería a decir que Mabel parecía querer asesinar lenta y dolorosamente a Dipper con la mirada por lo que acababa de decirle. No le sorprendería si en verdad quisiera hacerlo, después de todo Mabel era el tipo de chica a la que no le gustaba que le dijeran un "no" como respuesta.

—Porque aun recuerdo que nuestro ultimo plan se arruinó por tu culpa, Mabel —la miró duramente, sin molestarse en esconder su disgusto.

— ¡Pero ya te dije que no fue mi culpa! —se defendió cruzándose de brazos y elevando las voz— Fue de esa estúpida Pacifica, esa torpe mocosa se interpuso en mi camino como siempre y…

—Sin peros Mabel, no intentes excusarte, te quedarás aquí —Mabel suspiró con pesadez, rindiéndose finalmente, aunque visiblemente molesta—. Y tú —dijo Dipper con tono autoritario, señalando al demonio en cuerpo humano quien se sobresaltó al escucharlo—, más te vale que todo esté arreglado y limpio cuando regrese, ¿entiendes William?

—S-si maestro —respondió con voz temblorosa e intentando reprimir las lágrimas que amenazaban con emanar de sus ojos—, a-así será.

—Eso espero.

Sin decir nada más ni despedirse, Dipper se dirigió a la puerta y salió. Mabel se quedó estática y mirando la puerta por un par de eternos segundos; como si se debatiera entre seguirle o no, finalmente cerró los ojos, chasqueando la lengua y se sentó nuevamente en el sillón con las piernas cruzadas, esperando a que Will terminara de servirle el té. Will continuó mirándola casi inconscientemente por unos momentos, hasta que vio como volvía a abrir los ojos momentáneamente y enfocaba su mirada en él, en una clara señal de que se apresurara, el demonio bajó rápidamente el rostro y finalmente sintió como sus manos ya no temblaban tanto, pero no se sentía más tranquilo —no podía sentirse tranquilo cerca de la intimidante señorita Gleeful—. Con suma lentitud colocó sobre la mesita de noche del camerino una pequeña taza de porcelana, rebosante del líquido color ámbar, justo frente a Mabel.

—A-aquí ti-tiene señorita —dijo apenas en un hilillo de voz—, su té, tal co-como le gusta…

Mabel no respondió, simplemente sostuvo la taza humeante entre sus manos y bebió un sorbo del té. Will observó disimuladamente la puerta del cuarto, sintiendo como sus piernas temblaban ansiosas ante la espera; no podía marcharse a menos que ella se lo ordenara, sin embargo Mabel no parecía interesada en hacerlo, bebiendo su té demasiado lentamente. El demonio se sorprendió a sí mismo deseando encontrarse a solas con el gemelo Gleeful en lugar de con Mabel, por lo menos con Dipper él sabía a que atenerse, mientras que con Mabel últimamente era un historia distinta.

Antes no le molestaba o preocupaba, para nada, e incluso llegaba a sentirse, de una manera un tanto extraña, más seguro con Mabel. Porque si bien podía llegar a ser cruel y peligrosa cuando se le provocaba, en comparación con su hermano ella no solía lastimarlo con tanta frecuencia o torturarlo de la manera en que Dipper lo hacía —solía replicar que no le gustaba manchar sus manos con él y con su sangre, Will simplemente intentaba no sentirse ofendido por ello—, además de que la mayoría de las cosas que le ordenaba hacer eran sencillas tareas superficiales, prácticamente lo utilizaba como a un mayordomo y a veces hasta como jardinero. Por lo que estar con ella no lo aterrorizaba con la misma medida en que lo haría si estuvieran ambos gemelos juntos.

Pero últimamente la situación era distinta. No había sido un cambio repentino, mas bien había sido de forma paulatina, de tal manera que él apenas se dio cuenta cuando las habituales órdenes de Mabel habían tomado un giro distinto al habitual.

Solamente había notado como ella lo observaba más fijamente que antes, incluso más atentamente, como si lo analizara con aquellos fríos orbes azules que poseía. Y su mirada no hacía más que hacerlo temblar violentamente, incluso con más frecuencia de lo normal, temiendo que sus penetrantes miradas fueran una premonición a algún castigo futuro, minuciosamente planeado por la joven Gleeful. Pero no lo comprendía, él no recordaba haberse equivocado, ni haber hecho nada que mereciera una nueva tortura. Sin embargo ya al cabo de un par de semanas nada le había sucedido, de hecho las cosas en las mansión Gleeful había estado bastante tranquilas para el demonio de cabellera azul. Pero las inquietantes miradas de Mabel persistían y él nada podía comprender de lo que estaba pasando por la cabeza de la señorita —de todos modos jamás había alcanzado a comprenderla del todo—. Llegó a creer que simplemente aquella era su manera de torturarlo, de presionarlo constantemente para que no cometiera error alguno, para que supiera que siempre estaba bajo su mirada y que no podía ocultarles nada. Sí, eso era lo más probable, después de todo, tras ese tiempo sirviéndole a los gemelos más de una cosa había aprendido de ellos, especialmente la crueldad que los caracterizaba y por la cual no escatimaban en castigarlo en cuanto se presentara cualquier oportunidad, por más pequeña que fuera.

Sin embargo lo más extraño había comenzado un par de días después de aquello. Porque Mabel había pasado repentinamente de observarlo fijamente casi todo el tiempo que estaban los dos solos, a prácticamente ser incapaz de sostenerle la mirada, desviándola cada vez que él se atrevía a mirarla al rostro. Parecía como si algo la incomodara, como si su presencia le intimidara de alguna forma. Pero eso carecía completamente de sentido alguno ¡Era Mabel Gleeful de quien estaba hablando! Ni siquiera el maestro Dipper ni Stanley Gleeful podían intimidarla, ¡mucho menos él! ¡¿En qué clase de realidad alterna estaban, quién era esa chica y qué le había hecho a Mabel?!

Aquel comportamiento, curiosamente, duró menos que el anterior. Y extrañamente ni siquiera Dipper pareció notar algo extraño en su gemela, solamente él parecía ser consiente del cambio de actitudes de la señorita hacia su persona. Y podía deberse en gran medida a que aquel inexplicable cambio se presentaba solamente cuando estaban solos, sin nadie alrededor que los observara, como si el motivo detrás de todo eso fuera un gran secreto del que la Gleeful no quería que nadie se enterara.

Después vinieron las extrañas ordenes que Mabel comenzó a darle, y a las cuales obviamente él no podía desobedecer —después de todo, para ambos gemelos, solamente era un esclavo—. Por más que le incomodaran y resultaran extrañas —y que por algún motivo al recordarlas sintiera cierto calor acumularse en sus mejillas—.

Un día simplemente se encontraba en el elegante invernadero de la mansión, cuidando de las plantas que ahí crecían, principalmente flores predominando entre ellas las rosas azules —no era una gran sorpresa pues aquel lugar le pertenecía a Mabel, y además era bien conocida la afición que esa familia tenía hacía esa paleta de colores—. Cuando repentinamente Mabel entró al invernadero pasando a sentarse alrededor de una mesita, expresamente puesta allí para cuando ella quería tomar el té rodeada de sus preciadas flores. El demonio intentó ignorar su presencia y concentrarse en su tarea, pues si cometía algún error podía provocar que Mabel le castigara aun cuando no solía hacerlo. Pero inevitablemente volteó a verla unos segundos, y notó como su semblante reflejaba una curiosa seriedad, parecía pensativa, casi absorta en lo que fuera que pensara.

—Will —lo había llamado, y a él se le hizo extraño pues ambos gemelos solían llamarlo "William" (el nombre perfecto para un sirviente, ¿no?).

— ¿S-si? —había murmurado— ¿Qué ocurre, se-señorita?

Mabel, quien había mantenido hasta ese momento su mirada centrada en su regazo, le miró fijamente al rostro haciendo que el demonio dejara escapar un pequeño chillido de miedo, preguntándose si había dicho algo mal. La señorita sin embargo se mantuvo en silencio unos momentos, como si pensara en qué hacer ahora que había captado su atención.

—Acercate —lo había dicho en voz tan baja, que cualquier otra persona no la hubiera oído.

Claro que él no era una "persona" cualquiera.

Caminó lentamente hasta donde se encontraba Mabel, y se detuvo frente a ella a una distancia prudente. Había comenzado a temblar sin siquiera darse cuenta, algo preocupado por lo que haría a continuación la chica Gleeful.

—Más —le hizo una seña para que siguiera avanzando.

Will avanzó un par de pasos y entonces vio como la castaña se colocaba de pie, estando ambos frente a frente a pocos pasos de distancia. El demonio de cabellos azulinos no pudo evitar sorprenderse al notar lo pequeña que era Mabel —siempre lo hacía cada vez que se detenía a verla mejor—, apenas le llegaba al pecho, aunque podía decirse que tenía la altura promedio para una humana de su edad, poco más de trece años. Sin embargo sabía que por nada del mundo había que subestimarla por su aspecto, por más que pudiera lucir casi como una chica dulce o hasta frágil —con aquella piel blanquecina, casi traslucida, y aquellos grandes ojos color cielo, además de esa larga y lisa cabellera castaña que le daban un aspecto de muñeca— él sabía muy bien lo aterradora que podía ser.

—Agachate.

El Cipher sin dudarlo ni un momento se arrodilló, teniendo que elevar el rostro para poder ver la cara de Mabel. Esta se le acercó un poco y, antes de que él pudiera reaccionar o decir algo, posó sus manos con inusitada suavidad sobre ambos lados del rostro de Will. El demonio se estremeció ante aquel tacto, no estaba para nada acostumbrado a recibir tal suave toque de parte de ella y por instinto se echó para atrás.

—Se-señorita… —tartamudeó conmocionado.

—No te muevas —lo interrumpió Mabel inmediatamente, y con un tono de voz que no daba lugar a objeción alguna.

Will tragó saliva con dificultad y volvió a acercársele, Mabel nuevamente colocó sus manos de manera suave pero firme sobre las mejillas del Cipher, obligándolo a mantener el contacto visual con ella. El demonio comenzó a sentirse repentinamente avergonzado por la forma en la que Mabel lo veía, con los ojos levemente entrecerrados y sus rostros a tan poca distancia, se sentía confundido por la suave manera en que la señorita lo sostenía e intrigado por el motivo detrás de aquella orden.

Se mantuvieron en esa posición hasta que, sin previo aviso, Mabel lo soltó, dándole la espalda para salir rápidamente del invernadero. Will se quedó estático unos minutos, sin poder creer todo lo que había ocurrido, hace cosa de segundos. No supo distinguir cuanto tiempo pasó sin mover un solo musculo por la impresión, hasta que pudo escuchar la voz de Dipper llamándolo, se escuchaba bastante molesto, por lo que Will supuso que llevaba un tiempo buscándolo. Tragó saliva, colocándose de pie para atender la orden de su maestro, pensando en que probablemente recibiría un castigo de su parte por hacerlo esperar.


Pasaron un par de días después de aquella extraña orden, un par de días en los que Mabel pareció no prestarle demasiada atención al demonio azul, ocupando su tiempo en planear junto a Dipper nuevas ideas para robarles el Diario 3 a Gideon y a Pacifica. Estaban tan ocupados que el tiempo que dedicaban a torturarlo se había reducido drásticamente, lo cual hacía que Will se sintiera levemente más relajado, incluso llegando a restarle importancia a aquella extraña situación vivida con Mabel hace pocos días, pensando que a fin de cuentas no debió ser nada importante, tal vez solo uno de los cotidianos caprichos de Mabel.

O eso pensó hasta que una tarde, mientras ambos se encontraban en el cuarto de la Gleeful, esta volvió a darle una orden bastante… peculiar, incluso más que la anterior.

Mabel estaba sentada frente a su tocador, preparándose para la función de esa noche, peinando su larga cabellera castaña mientras se observaba en el espejo con algo de vanidad. Will se encontraba organizando los atuendos de Mabel —conjuntos en los que predominaban los colores negro y distintas tonalidades de azul, además de ser ropa algo más ajustada de la que debería usar una niña de su edad— y escogiendo aquel que usaría durante el show. Los únicos sonidos en el ambiente eran los que producían los pasos de Will, más allá de eso ambos se mantenían en un silencio algo pesado, sin embargo aquello no era algo extraño cuando estaban solos. La mayoría de las veces Mabel se mantenía reacia a dirigirle la palabra a no ser que fuera para darle órdenes —o para burlarse de él—.

Finalmente Will observó satisfecho el conjunto elegido; una blusa negra con leves brillos en las mangas, una chaqueta celeste sin mangas, una falda negra hasta un poco más arriba de la rodilla, pantis grises y zapatos negros de tacón, además de una cinta negra con un prendedor en forma de estrella. Volteó a ver a la castaña, tembloroso.

—Se-señorita, su atuendo ya está listo —comunicó intentando no tartamudear—. Yo…

—Will —lo interrumpió.

El demonio sintió un escalofrió recorrer su espalda; esta era la segunda vez que ella lo llamaba por su nombre, la primera había sido en esa ocasión.

— ¿Si?

—Ven —Mabel ni siquiera había volteado a verlo, sino que lo miraba a través de su reflejo en el espejo—, ahora. Es una orden.

Will se acercó lentamente hasta quedar detrás de ella, observando disimuladamente su rostro en el espejo, Mabel mantenía un semblante inexpresivo y le devolvía la mirada a través del espejo, provocando que Will tragara saliva, incomodo por la manera en que Mabel lo veía. De repente Mabel cambió levemente su expresión por una más pensativa, como si estuviera pensando en la orden que estaba a punto de darle.

—Extiende tus brazos.

El Cipher parpadeó un par de veces antes de obedecer, preguntándose de qué se trataba todo eso y para qué quería Mabel que hiciera algo así. Entonces la castaña tomó a Will de las muñecas, acercando sus brazos a ella y haciendo que la rodeasen por la cintura, en una especie de abrazo que tomó por sorpresa al demonio de cabello azul. Quien sintió como su rostro se calentaba exageradamente al sentir la calidez del cuerpo de Mabel contra sus brazos, al igual que una extraña sensación de martilleos sin control en su pecho.

—No te muevas —advirtió Mabel al sentir como Will se removía inquieto—. Es una orden Will, no querrás desobedecerme.

—N-no señorita —negó repetidas veces.

Mabel suspiró, acurrucándose un poco contra el respaldo de su silla y apoyando la parte trasera de su cabeza contra el pecho del demonio, provocando que este volviera a sonrojarse violentamente y que de manera inconsciente la estrechara un poco más entre sus brazos. Will, dejándose llevar por esa cálida sensación que sentía, se agachó levemente hasta recargar su mentón contra la cabeza de la muchacha, pudiendo percibir la suavidad de sus cabellos castaños, al igual que su dulce aroma. Al darse cuenta de qué hacía, Will esperó recibir un regaño o un insulto de parte de la Gleeful, sin embargo Mabel no se quejó ante eso, ni siquiera pareció darse cuenta, por lo que el demonio no se separó de ella.

Pasaron así unos momentos, sumidos en un silencio algo incomodo para el demonio, pues en una situación así cualquiera esperaría que Mabel dijera algo, cualquier cosa. Ni siquiera entendía porque le había mandado hacer eso, porque repentinamente parecía querer que él —de entre todas las personas— la abrazara, eso no era normal en ella. Mabel seguía viéndose pensativa, casi inexpresiva, como si en esos momentos no tuviera los brazos del demonio alrededor suyo, como si tuviera mejores cosas en las que pensar, casi como si se encontrara en una especie de debate interno. Finalmente Mabel lo soltó, como una orden silenciosa de que ya se alejara, por lo que Will se alejó un par de pasos de ella, esperando que la chica le dijera algo, aunque fuera que le comunicara que ya podía irse de su cuarto. Empero, lo único que recibió de su parte fue una mirada escudriñadora a través de su reflejo, mirada que lo hizo volver a sentirse horriblemente nervioso.

—No lo entiendo —la escuchó murmurar.

— ¿Q-qué cosa señorita? —se atrevió a preguntar.

—No lo entiendo —repitió, como si no lo hubiese escuchado—, ¿por qué tú?

Will estuvo apunto de decir algo, pero se detuvo ante el sonido de la puerta abriéndose. Volteó para encontrarse con la imponente figura de Dipper Gleeful entrando en la habitación, portaba el atuendo que solía utilizar para las funciones —una camisa negra y chaqueta celeste sin mangas a juego con los de Mabel, pantalones negros y zapatos del mismo color, además de su característico amuleto amarrado al cuello con una lazo—, y su rostro lucía tan inexpresivo como solía estar. Will dio un salto hacía atrás por la impresión, casi chocando contra el respaldar de la silla de Mabel, quien se había puesto de pie y colocado rápidamente una cinta negra sobre el cabello con su respectivo amuleto místico, mirando a su hermano gemelo con los brazos cruzados.

— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Dipper arqueando levemente una ceja.

—Nada hermano —respondió Mabel rápidamente, mirándole directamente a los ojos— ¿Acaso debería estar pasando algo?

Dipper frunció ligeramente el ceño ante su respuesta, como si desconfiara profundamente de ella. Will comenzó a temblar en expectación de lo que su amo diría a continuación, mas el Gleeful relajó rápidamente su expresión, cambiando de tema.

—El show comienza en diez minutos —anunció—, así que apresurate, ya sabes como es Stan con todo eso de la puntualidad.

—Claro que lo sé hermanito —refunfuñó la castaña—. En fin, voy a vestirme así que pueden irse. Ambos —añadió mirando a Will de reojo.

El demonio asintió rápidamente, mientras que el castaño se encogía de hombros dándose la vuelta para marcharse. Will le siguió de cerca, no sin antes dirigirle una ultima mirada llena de intriga a la señorita Gleeful, la cual ni siquiera se inmutó al corresponderle la mirada, y al toparse ambos pares de ojos azules, Will desvió rápidamente el rostro con algo de vergüenza y salió de la habitación sin pronunciar palabra alguna.

Y así habían seguido las cosas por algunos días. Mabel pareciendo aprovechar cada momento que tenían a solas para darle aquellas extrañas órdenes que tanto embargaban al demonio azul de incertidumbre, y que le provocaban una extraña sensación de calor en el pecho por la cercanía momentánea que Mabel mantenía con él. No la comprendía, qué era lo que buscaba al realizar eso, lo único que sabía era que no podía desobedecerla, por más que algunas veces quisiera; ya que sabía que si llegaban a ser atrapados por Dipper, la tortura que recibiría de su parte haría que las anteriores parecieran juegos de niños. No entendía porque de repente Mabel había comenzado a observarlo así, tan pensativa, como si analizara cada una de sus facciones detenidamente, como si se cuestionase a sí misma una pregunta sin respuesta que él no conocía, como si quisiera tenerlo cerca —pero esa idea era totalmente imposible, y hasta una estupidez ¿verdad?—.

Pero mucho menos concebía porqué él ya no podía dejar de sentir ese martilleo en el pecho al tenerla cerca; porqué sentía aquel extraño calor acumularse en su rostro ante su repentina cercanía; porqué, cuando la tenía tan cerca suyo, no podía dejar de admirar aquellos profundos y brillantes orbes azules, perdiéndose en ellos, apreciando su piel blanquecina y careciente de imperfecciones, al igual que esos finos labios rosa que poseía. Contemplándola como nunca antes lo había hecho, como nunca antes se había permitido hacerlo. Y no podía negarlo, Mabel era hermosa.

Sin embargo sabía que él —de entre todos— no debía verla de esa manera, porque conocía más que nadie lo cruel que era, lo perversas que eran sus intenciones. Lo más probable era que con esas órdenes raras lo único que buscaba era jugar con él, hacer que se la pasara cuestionándose sus acciones, sin poder pensar en otra cosa. Después de todo, Mabel Gleeful podía ser muchas cosas —como hermosa—, pero entre esas cualidades sin duda no figuraba la inocencia.

El demonio suspiró ante aquellos recuerdos que lo habían conducido a esa incomoda situación, esperando a que Mabel le permitiera retirarse sin proferirle alguna de esas peculiares ordenes, que ya se habían hecho una rutina entre ellos. Sin embargo ella parecía tener planes distintos.

—Will —lo llamó después de haber colocado la taza de té sobre la mesita de noche.

Will comenzó a temblar con más fuerza que antes, tiritando de pies a cabeza, comenzando a sudar frío por el miedo y la expectativa sobre qué nueva orden iría a darle la señorita. No tenía escapatoria.

— ¿Qué necesita señorita? —preguntó intentando controlar sus temblores— ¿De-desea que le sirva más té?

Mabel negó suavemente, indicándole que dejara la tetera sobre la pequeña mesita y que se acercara a ella. Will tragó saliva con fuerza, y dócilmente se acercó hasta quedar a su lado.

—Vamos, agachate —ordenó con firmeza, pero con un extraño brillo en su mirada.

Y no fue necesario siquiera que Mabel articulara un «es una orden» porque el demonio ya se había arrodillado rápidamente hasta quedar a su altura, sabiendo que no había otra salida más que acatar los mandatos de Mabel para que ella le permitiera irse. La Gleeful pareció levemente sorprendida al ver la rapidez con que le obedeció, sin embargo de inmediato volvió a colocar un semblante pensativo y posó lentamente su mano sobre la mejilla de Will sin que este se resistiera. Trazando pequeños círculos con el pulgar, que le arrancaron un notorio rubor al demonio de cabellera azulina, sin embargo, y a pesar de aquella extraña sensación que había vuelto a embargarlo, él no intentó alejarse del —sorprendentemente—suave tacto de su ama.

—Señorita —un susurró se escapó de entre sus labios.

—Will —dijo deteniendo sus tenues caricias—, dame un beso.

El demonio en cuerpo humano pudo sentir como su respiración se detenía, como el único sonido perceptible era el de los desenfrenados latidos de su corazón, como su rostro se teñía completamente de rojo ante el impacto que habían dejado en él aquellas palabras, aquella orden, que jamás en toda su larga condena sirviéndole a esos gemelos esperó escuchar.

Abrió la boca, atónito, boqueando como un pez fuera del agua y solo por la sorpresa que aquella orden le había provocado ¿Pero qué diablos…? ¿Pero qué diablos acababa de decirle Mabel? ¿Acaso estaba bromeando? ¿¡Cómo era posible que ella le mandara hacer eso!?

— ¿Eh…? —fue lo único que fue capaz de formular.

—Dame un beso, ahora —repitió tranquilamente, como si lo que estuviera ordenándole no fuera para tanto—. Ya sabes, es una orden Will.

El Cipher le miró tembloroso, ¿acaso Mabel estaba hablando en serio? ¿Realmente le estaba ordenando que la besara? ¿Qué la besara en los labios?

Tal vez él no comprendiera algunas costumbres humanas, sin embargo sabía lo importante que era esa acción llamada besar para ellos, especialmente para las parejas. Y en especial sabía lo importante que el primer beso era para las chicas de la edad de Mabel. Porque sí, por más sorprendente que pudiera sonar, y a pesar de que él era consciente de que Mabel había tenido varios novios y que era bastante popular entre los muchachos del pueblo, ella aun no había dado su primer beso, ya que consideraba que ningún chico en Reverse Falls estaba a la altura de sus expectativas y que ninguno merecía su atención más allá de un par de citas.

Y a pesar de eso en esos momentos se encontraba exigiéndole que le besara, a él.

—P-pero señorita yo…

—Es una orden Will —se sorprendió a oír su tono de voz, se escuchaba tembloroso y hasta inseguro—, ¿vas a besarme o no?

Will podía sentir como su labio inferior no dejaba de temblar, por lo que se lo mordió levemente intentando reprimirse. ¿Eso realmente estaba pasando? ¿Qué debía hacer? Si bien estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que Mabel le ordenara con tal de poder salir de ahí, jamás hubiera esperado que le ordenara hacer aquello. ¿Por qué a él? ¿Por qué tan de repente?

No.

No podía engañarse a sí mismo, aquella orden no era repentina. Tomando en cuenta todo lo que había ocurrido entre ellos en el transcurso de esos días, era imposible considerar esa orden repentina. Pero seguía sin comprender porqué le estaba haciendo eso a él. Por otro lado una parte de él comenzaba a formular una posibilidad. Mas era tan absurda que no valía siquiera la pena considerarla —se negaba a creer que fuera posible—.

Era demasiado absurdo que llegara a pensar que Mabel lo…

—Will.

Elevó la mirada hasta volver a enfocarla en el joven rostro de la Gleeful, pudiendo notar que ella intentaba a duras mantener una imagen estoica e indiferente, sin embargo aquel leve rubor que había empezado a cubrir sus mejillas no le ayudaba para nada. Abrió un poco los ojos al notar aquello. Pues con esa expresión levemente sonrojada y los ojos brillando de esa manera se veía demasiado hermosa ante su mirada. No podía creer estar pensando eso, pero incluso los pequeños labios de Mabel se veían sumamente brillantes y deseables desde esa distancia, manteniendo sus rostros tan cerca uno del otro que casi podía sentir su cálida respiración. Humectados con aquel brillo labial que la castaña solía usar, Will se atrevió a preguntarse si sus labios sabrían tan dulces como lucían.

Pero no. No podía hacerlo. No podía obedecerla, no esta vez. ¿Qué ocurría si Dipper regresaba por casualidad? Si los encontraba en una posición tal, no existía en el mundo excusa alguna que Mabel pudiera darle a su gemelo para que este no se diera cuenta de la situación. Y era bastante obvio que quien tendría que "pagar los platos rotos" sería él.

—Will…

Él apenas y podía escuchar su voz. Sin embargo se notaba que la castaña estaba un poco nerviosa, como si no supiera que hacer si se daba el caso de que él se negara —lo cual no tendría sentido pues era imposible que él rehusara realizar alguna orden suya—. O, más bien, como si aquella ultima orden fuera la definitiva, la decisiva, aquella que aclararía cualquier duda que hubiera en su mente —y en su corazón—.

Y Will quería apartarse, sin embargo aquella repentina opresión en el pecho le obligaba a mantenerse en esa posición. Sin poder apartar la mirada del rostro de Mabel, de los labios de Mabel. Tan apetecibles y brillantes.

Las extrañas sensaciones que Mabel Gleeful le había hecho experimentar aquellos días, eran unas que jamás en su larga vida había sentido. Una extraña necesidad de estar junto a ella, de sentir el calor que su pequeño cuerpo le transmitía, de poder admirar sus ojos como si fueran las luces que lo guiarían a días mejores, y no aquellas que lo habían retenido y esclavizado en esa dimensión.

Y lo sabía, no podía ser otra cosa.

—Will —Mabel cerró los ojos con fuerza, levantando un poco su tono de voz—, qué estas es…

Entonces se inclinó, uniendo sus labios en un corto y fugaz beso, que pareció más un simple roce de labios que otra cosa. Pudo sentir que al hacerlo Mabel se sobresaltaba, sin duda no esperaba eso. Y tampoco él.

Will se apartó tan rápido como se había acercado, pero manteniendo la distancia inicial entre ambos rostros. La había besado, o algo así, había probado los labios de Mabel. Y tenía razón, eran suaves, eran dulces, eran… eran…

—…perando…

Como un placer culposo.

Ambos pares de ojos volvieron a conectarse. Y antes de que el demonio fuera consciente de lo que hacía, volvió a inclinarse, solo que más lentamente, hasta romper la distancia de sus labios con los de Mabel. Quien cerró lentamente los ojos mientras posaba sus manos sobre las mejillas del Cipher, moviéndolas hasta colocarlas suavemente sobre la cabellera azulina del demonio, acariciándola entre sus dedos y haciendo que él se sonrojara aun más. Will mientras tanto movía torpemente sus brazos para rodear a Mabel por la cintura, acercando su cuerpo contra el de él, y la castaña no se removió ni trató de apartarse ante su abrazo. Simplemente lo tomó con algo más de fuerza, aunque sin llegar a herirlo, haciendo que se agachara más hacía adelante, pero sin que afirmara su peso contra ella, solo acercando sus cuerpos aun más.

El beso fue lento, se acariciaban las bocas con tanto cuidado como si sus labios fueran de fino papel. Will solo podía percibir como el tacto suave de Mabel le hacía sentir descargas eléctricas recorriendo su espina dorsal, y como una calidez aun mayor que otras embargaba cada zona que era tocada por la Gleeful. Era una sensación tan agradable que deseaba durara para siempre.

Y ciertamente ninguno pudo notar cuanto tiempo se quedaron así, pudieron ser tanto unos segundos como minutos, y sin embargo poco les importó. Rompieron el beso a la vez, con las respiraciones levemente agitadas y las mejillas encendidas. Pero sin romper por completo el abrazo que los unía. Sin querer alejarse aun del otro.

—Así que… —susurró la chica una vez que su respiración se normalizó— sí era lo que pensaba.

(Porque sin duda no era normal que su corazón comenzara a latir de esa manera, desbocado, cada vez que aquel demonio estaba cerca. Porque a pesar de antes tenerlo como un simple y débil esclavo, de repente no podía apartar la mirada de él, ni dejar de pensar en él. Porque era demasiado extraño que cada vez intentara pasar más tiempo a solas con él, y que cuando lo atrapaba observándola nervioso, sintiera sus mejillas encenderse ruborizadas por más que intentara camuflarlas con indiferencia.)

Aquello alertó al demonio sin embargo no se atrevió a decir nada. Comprendiendo, finalmente, que quizá la posibilidad en la que había pensado no fuera tan absurda después de todo. Era la única que ahora tenía sentido.

(Llevaba semanas pensando en eso. Por ello le había ordenado hacer esas cosas, esperando que la cercanía del demonio no provocara ningún efecto en ella, sin embargo había resultado ser todo lo contrario. Su corazón había latido como nunca antes. Había sentido cosas que ningún otro chico —ni siquiera Gideon Pines— había hecho que sintiera. No podía ser una simple confusión, o una estupidez así. Y finalmente, después de haber sentido aquellos tersos labios contra los suyos, pudo darse cuenta —y aceptar— que era lo que sentía por él. Por aquel demonio cobarde, inútil, llorón y sumamente dulce que, sin proponérselo siquiera, le había robado el corazón.

Lo que sentía…)

—Sí, si lo es.

(Lo que sentía si era amor)

Y sorprendente eso a Will no le preocupaba, ni siquiera la reacción de Dipper al llegar a enterarse le infundía temor, porque ver aquel hermoso brilló en los ojos de Mabel hacía que su corazón se acelerar de tal forma, y le provocaba una infundada sensación de que a partir de entonces todo estaría bien. Mientras la tuviera a su lado.

—Señorita —murmuró para llamar su atención—, ¿puedo besarla? —preguntó con un repentino ataque de timidez.

Pudo ver como Mabel esbozaba una suave y pequeña sonrisa, que jamás había visto antes en ella, pues sus sonrisas siempre solían ser crueles, pretenciosas, llenas de intenciones ocultas y de mentiras. Sin embargo aquella sonrisa —que le había dedicado a él, y únicamente a él— era completamente sincera, y a sus ojos la hacía lucir incluso más hermosa que antes, como si no se encontrase frente a la chica que por tantos años había sido su verdugo, sino como si estuviera admirando al ser más perfecto y puro de este mundo.

Casi como si fuese un ángel (caído).

—Adelante Will —ladeó levemente la cabeza, mirándole con algo así como ternura—, es una orden.

Y él, como llevaba haciendo desde el día en que la conoció hasta ahora, felizmente le obedecería, como el fiel sirviente que era.


Bien espero que les haya gustado, intentaré no tardar tanto para la próxima actualización. Nos vemos.