Disclaimer: Gravity Falls le pertenece a Alex H.

Summary: Conjunto de one-shorts, drabbles y viñetas de la pareja MaBill. Chapter 6: Es Bill que le sonríe con los colmillos de monstruo nocturno y Mabel que se cubre el rostro sollozante, sumergiéndose en la constante plegaria de que aquello no fuera más que un sueño.

Advertencia: One-short. Posible OOC. Universo alterno. Algunos spoilers del final de la serie.

Notas: Fiuuu… Vaya que me costó terminar este one-short, y eso que llevaba bastante tiempo tendiendo ganas de escribir algo así, un poco bastante distinto al resto de mis one-shorts, pero tuve que rescribir algunas partes varias veces para que me dieran el resultado que quería, y pudieran transmitir la idea que tuve. Espero haberlo logrado, aunque no puedo evitar pensar que el final está algo apresurado. Pero bueno.

Ah, también necesito aclararles que esto podría ubicarse dentro de un final alterno para el Weirdmageddon. Si mal no recuerdan hay una escena en la que Bill amenaza con matar a uno de los gemelos al azar y comienza a decir eso del "eenie, meenie, miney, mo" (no recuerdo si se escribe así) y es entonces cuando Stan (disfrazado de Ford) lo interrumpe y salva a los niños. Pues bien, este fic se ubica en la posibilidad de que Ford y Stan no hubieran planeado eso de intercambiarse la ropa y engañar a Bill, y cuando Bill termina el conteo ninguno logra reaccionar y él asesina a Dipper, para luego transformar a Stan en una estatua obligando a Ford a sellar el trato con tal de que no lastime a Mabel.

Con eso más o menos aclarado, los dejo con la lectura. Espero que les guste el one-short.


Prendiéndole fuego a una estrella fugaz

Bill le sonríe con los colmillos de monstruo nocturno mientras apoya su mentón sobre el puño. La observa con sus ojos de metal precioso corrompido, aquellos que ostenta pretencioso en esa forma ilusoria de cabellera rubia y piel mortal, y en las orbitas doradas se refleja una crueldad tal que le saca escalofríos involuntarios a la menor. Bill extiende su sonrisa al verla temblar, tan frágil y corroída, tan cansada y sollozante que ha pasado a no ser más que una simple sombra de la Estrella Fugaz que alguna vez fue. Y ahora es suya, le pertenece, ahora Mabel no es más que uno de sus tantos trofeos de los que se ha apoderado tras haber vencido a aquellos símbolos rebeldes que creyeron ser capaces de derrotarlo. (Y sin embargo ella era distinta, especial, incapaz de compararse con cualquier otra). Ríe al recordar el miedo reflejado en las miradas de aquellos simples mortales cuando él se proclamó el absoluto vencedor.

Entonces Mabel se cubre el rostro magullado y sucio con las manos de mimbre, esboza sonrisas temblorosas mientras pide y ruega (a alguien, a quién sea) que todo aquello resultara ser solo un sueño, una de las tantas pesadillas con las que el Cipher suele envolver su mente con el único objetivo de atormentarla y de hacerla temer (y teme, claro que teme). Porque no puede ser verdad, no es posible que Bill hubiera ganado. No podía ser verdad que todos sus amigos hubieran sido transformados en simples objetos sin alma, en tapices que decorarían aquel lúgubre y bizarro castillo, al igual como era imposible que sus tíos fueran convertidos en trofeos dorados con rostros desesperados rogando clemencia. Y también era imposible que Dipper—

No podía ser verdad, debía ser un sueño, debía—

Pero Bill la toma de las muñecas sujetas con grilletes, alzándola omnipotente y demostrándole que todo es verdad. Que lo que ven sus ojos de supernova es el verdadero resultado de esa batalla desde el inicio perdida, tras la cual él se ha alzado como amo y señor de esa patética dimensión.

Y entonces—

Mabel solloza un río de amargas lágrimas y niega con movimientos leves de cabeza casi involuntarios (se siente incapaz de respirar y se pregunta si no será acaso por aquel collar de hierro con el que Bill la ha aprisionado y marcado como propiedad suya). Empero se mantiene así, sin proferir palabra alguna tal como no lo ha hecho desde que aquello ocurrió —como si al hacerlo le demostrara que él no es merecedor ni siquiera de sus palabras de desprecio, que no merece volver a escuchar su voz antes dulce e inocente, nunca más—.

Oh Estrella Fugaz y porqué crees que querría oírte cuando es más satisfactorio verte sudar tus tristezas y llover los anhelos de tu corazón sollozante»)

Bill la suelta, haciéndola caer al duro suelo mas ella ni siquiera trata de levantarse, enterrando la cabeza entre las rodillas mientras puede seguir sintiendo la afilada mirada de Bill fija en ella (lo odia lo odia lo odia, siente que lo odia tanto que le duele).

Se niega a aceptarlo, que todo eso sea real. Se niega una y otra y otra vez y se pregunta—

(¿Oh Dipper dónde estás?)

¿Cuándo, cuándo lograría despertar?

Y Bill vuelve a reír mirándola con superioridad. Mas luego se irrita rápidamente al ver como ella seca el rastro de lagrimas de sus mejillas de mazapán masacradas, y se dibuja en el semblante una sonrisa hueca y vacía y completamente opuesta a las sonrisas de sol fundido que antes solía dar. Le enoja y lo enerva el ver como ella sigue aferrándose a la esperanza, a la tonta fe de que aquello no es más que una pesadilla (despierta despierta despierta). Le molesta ver como ella se sigue resistiendo.

Tonta, tonta Estrella Fugaz.

«Veamos por cuánto tiempo más vas a sonreír»

Bill mueve rápidamente la mano derecha mientras llamas azules comienzan a envolverla y Mabel lo mira sin verlo, completamente indiferente (despierta despierta despierta). Pero entonces alza la mirada al sentir un peso ligero sobre su cabeza y con dificultad levanta las manos para tomar aquel objeto.

Y se queda sin aliento nuevamente.

Y Bill ríe y ríe, tan desquiciado y cruel como solamente él puede ser. Y su risa retumba en las paredes y en sus oídos, los de ella, adentrándose a su mente y desgarrando cualquier cúmulo de esperanza sin sentido que hubiera habido allí.

—Pequeña Estrella Fugaz —se carcajea él pasando sus dedos-garras por los cabellos desordenados de la niña—, ya quisieras que esto fuera un sueño.

(Despierta despierta despierta ¡despierta!)

Y Mabel se derrumba se rompe se quiebra y llora silenciosamente y se aferra a aquella sucia y desgarrada gorra blanca y azul como si la vida se le fuera en ello (y probablemente así es). Pero pese a todo se mantiene sin pronunciar silaba alguna, a pesar de que una parte de ella quiere simplemente hundirse y gritar aquel nombre de aquel que estuvo a su lado siempre, hasta el ultimo instante.

(D-I-P-P-E-R)

(Por favor a él no a él no ¡a él no!)

En ese momento Bill la observa divertido mas rápidamente se aburre al darse cuenta de que ella nuevamente se negaría a dejar escapar siquiera un grito desesperado de entre sus finos labios. Entonces no hace más que mirarla y chasquea la lengua en un gesto despreciativo.

Ya se tomaría su tiempo con ella.

Después de todo Estrella Fugaz siempre había sido su símbolo favorita.

(…)

Hay veces en las que Bill suele mirarla más de lo debido, se cuestiona continuamente qué es lo que ocurrirá dentro de esa mente suya, se pregunta cuántos pensamientos serán los que le dedica a su familia destruida y a su utopía derrumbada y cuántos los dedicará a pensar en palabras de odio dedicadas únicamente a él —el simple hecho de suponer cuántas veces ella pensará en él lo hace sentir alagado y también cierto orgullo curioso—. Y es que pareciera que él ha dejado huellas y cicatrices imborrables dentro suyo, incluso cuando en ningún momento la ha torturado o lastimado físicamente —porque esa fue la condición que Seis Dedos le impuso para firmar el contrato, una vez que Pino y Fez dejaron de entrometerse en su camino, y claro el siempre cumplía (a su manera) sus partes de los contratos (ya que nunca dijo que no la podría destrozar por dentro, enloquecerla y romper todas sus alegrías con tal de que ella ya no pudiera irse de su lado)—, marcas que aunque no podían verse estaban ahí y era imposible que Mabel se las ocultara.

También hay veces en las que Kryptos o algún otro de sus "amigos" se acerca a él para preguntarle cosas que a él poco le importan, principalmente se cuestionan porqué mantiene a la niña Pines ahí a su lado, cuando perfectamente podría volver a encerrarla dentro de una burbuja donde viviría una realidad falsa de la cual nunca querría salir. Y entonces él se burla de ellos argumentando que Estrella Fugaz no caería tan fácilmente en esa trampa de nuevo y que probablemente encontraría la manera de escapar nuevamente y así huir de allí. Y no mentía, en parte, pues sabía que a pese a las apariencias Estrella Fugaz podía llegar a ser muy astuta, y lo que menos quería él era que ella escapara (ella era su juguete, su trofeo, después de todo).

(Y ellos no comprendían lo adictivo que su brillo podía resultar ser)

Pero ellos le siguen mirando escépticos, como si sospecharan que había otros motivos ocultos detrás de su insistencia. Y Bill se enfurece, enviándolos a seguir expandiendo el caos tal como les ordenó, en vez de seguir haciéndole esas preguntas tan estúpidas. Entonces ellos corren despavoridos a cumplir con su misión, y Bill suspira mientras se reacomoda el traje y voltea con una sonrisa en el rostro hacia donde se encuentra Mabel quien presenció toda la escena, agazapada a los pies de su trono.

—Lamento que hayas tenido que ver eso, Estrella Fugaz —se acerca a ella con pasos lentos y seguros, deleitándose al ver como Mabel parece reaccionar ante su cercanía—. Ellos simplemente no entienden qué es lo que quiero hacer contigo —extiende su sonrisa, mirándola con una amabilidad falsa que no hace más que darle nauseas.

Es que ella tampoco lo entiende.

¿Por qué Bill la mantenía con vida?

Sabe que el tío Ford se lo había pedido como su única condición para sellar el trato que le permitiría a Bill abrirse paso por su mente y encontrar la formula que necesitaba para salir del pueblo. Así que de cierto modo lo entendía, pero a la vez le extrañaba y confundía pues Bill no era de los que cumplían bien los tratos y ella lo sabía bien. No tiene sentido.

Bill continúa mirándola con cierto afecto enfermizo en las pupilas y alza levemente su rostro haciendo que ella le mire de frente, a pocos centímetros de distancia.

(Y es que Bill siente unas repentinas ansías por verla llorar, por derrumbarla solo para después poder volverla a levantar, así como lleva haciendo desde que se hizo el absoluto dueño de su voluntad. No puede explicar por qué, solamente sabe que algo dentro de él adora verla destrozada y con los anhelos pisoteados, verla expirar sus angustias y sueños rotos, verla revolcarse en esa brea que eran sus alegrías despedazadas y sus risas extintas.

No puede explicar por qué, pero hay algo en esa escena que lo conmueve hasta cierto punto, que lo hace incapaz de desviar la mirada de su figura tambaleante y que lo hace pensar que Estrella Fugaz se ve realmente hermosa y brillante con las lágrimas recorriéndole el rostro demacrado. Hay algo ahí que lo hace preguntarse cuánto tiempo más lograra resistir sin pronunciar palabra en contra suya, sin terminar de desquebrajarse y de caer como la estrella que era y que debía ser.)

Él esboza una sonrisa hipócrita bajo su mirada de cometas extintos (Bill piensa que casi no puede ver luz alguna en sus orbitas) y acomoda los castaños mechones sueltos detrás de su oreja a la vez que posiciona una de sus manos debajo de su barbilla, tres de sus dedos colocados sobre sus mejillas y apretándolas imperiosamente. Entonces se acerca de modo que sus narices entrechocan y ambos pares de ojos se mantienen abiertos y fijos en el otro, negándose a ser los primeros en ceder. Y Bill espera algo, una mueca, una lágrima, lo que fuera, pero Mabel continúa negándose a complacerlo.

(No lo mereces, no lo mereces Bill)

Bill la suelta bruscamente, pasando a sentarse en el trono y mirándola con los ojos entrecerrados. Mabel sigue con la mirada perdida en un punto inexistente, solo que esta vez él puede percibir como tiembla leve e irremediablemente. Y aquel detalle es suficiente para sacarle una carcajada limpia.

—Te has vuelto muy aburrida últimamente, ¿lo sabías Estrella Fugaz? —Niega con la cabeza, antes de mirarla nuevamente con el rostro ladeado— Antes solías brillar con tanta intensidad, ahora pareciera que algo dentro de ti se ha quebrado, ¿no lo crees?

«Pero, ¿sabes? Yo creo que eso aun no es suficiente» eso decide guardárselo para sí.

(Y es tan cruel e hipócrita y la lastima.

La lastima tanto)

Y entonces vuelve a reír desquiciado y sabiendo que dentro de poco, Mabel estaría lista para terminar de quebrantarse.

Él podría esperarla gustoso.

(…)

Mabel sopesa continuamente si aquello no será acaso su culpa. Tal vez si no hubiera accedido a darle aquella esfera al viajero del tiempo a cambio de un poco más de verano, o si no hubiera tomado estúpidamente la mochila equivocada, o si no hubiera escapado como una niña egoísta y malcriada al enterarse de la oferta que su tío Ford le había hecho a Dipper, tal vez, tal vez nada de eso habría ocurrido. Entonces todos seguiría con vida y Gravity Falls y el mundo estarían a salvo y ella no estaría sola, sola junto a aquel perverso monstruo de pesadillas disfrazado de muchacho.

Entonces ella tal vez podría darle un último abrazo a Dipper y aferrarse a él como nunca antes lo hizo.

Tal vez. Tal vez…

En resumen todo fue su culpa y quizá, quizá justo ahora no hacía más que pagar por todos lo errores que cometió. Tal vez… lo merecía.

Pero seguía sin creer que su familia y sus amigos hubieran merecido sufrir de esa forma.

No. Se niega aun a aceptarlo (le era más fácil refugiarse en la negación antes que aceptar aquella dolorosa realidad).

Especialmente cuando el monstruo con el que vive aprisionada se encarga personalmente de recordarle el estado en el que se encuentra su mundo.

— ¿Puedes verlo Estrella Fugaz? —pregunta él de manera casi inocente, observando junto a ella a través del gran ventanal del castillo.

Mabel no responde, como siempre, solo se queda allí petrificada, pudiendo escuchar claramente los gritos de agonía y las suplicas que inútilmente sueltan aquellas personas atacadas con tanta crueldad. Puede ver el cielo teñido de rojo-sangre y el fuego que cubre aquella ciudad sin misericordia alguna, puede ver también a los amigos de Bill quienes se entretienen torturando a algunos humanos que se niegan a ser convertidos pacíficamente en piedra. (No puede evitar preguntarse si entre esas personas podrían estar sus padres).

No puede soportarlo, no puede no puede—

— ¿No crees que es hermoso? —alza levemente las comisuras de sus labios en una media sonrisa.

Mabel se muerde los labios para evitar soltar palabra alguna (no lo merece, no lo merece).

No cree poder soportar más.

Todas esas personas, sufriendo como nunca y apenas comprendían qué era lo que pasaba, quiénes eran esos demonios que habían venido a atormentarlos. No comprendía cómo Bill podía ser tan cruel, tan monstruoso y horrible.

Y entonces una sola pregunta se refleja en su mirada, una sola pregunta que nunca saldría de sus labios pero que buscaba contestar a toda costa. Y Bill puede verla a través de aquellos orbes oscurecidos.

(¿Por qué me haces esto?)

Y aquella pregunta no hace más que darle ganas de sonreír con sorna.

—Por qué, preguntas, Estrella Fugaz —le dice pacientemente—. Mi querida Estrella Fugaz, ¿acaso no lo ves? Yo no quiero que tu destino sea el mismo que el de los otros símbolos o incluso el de esos patéticos mortales. No, no lo será Estrella Fugaz, porque tú eres distinta, completamente distinta y siempre lo has sido, siempre lo fuiste. Yo me haré cargo de que te des cuenta y me divertiré mucho al hacerlo. ¿No era eso lo que te gustaba? ¿O es que no disfrutabas de la diversión y el caos? Pues bien, dejame decirte Estrella Fugaz que terminaré de romperte tarde o temprano, así que te recomiendo que dejes de oponer tanta resistencia o las cosas no terminarán muy bien. Y yo no quiero que eso ocurra, mi dulce Estrella Fugaz.

Entonces vuelve a reírse y hay algo dentro de Mabel que la empuja a comenzar a sonreír abiertamente (hay algo dentro de ella que por fin entiende y llora por eso) porque lo merece y lo sabe, y no le da tiempo de reaccionar cuando Bill la ha alzado en brazos y la sostiene con firmeza. Le recorre las facciones con los dedos mientras no deja de reír y reír y algo en esa acción hace que Mabel comience a sentir que la cabeza le da vueltas sin cesar y que caería de no ser por los brazos del Cipher que la sujetan (sin dejarla ir jamás).

Y es Bill quien la acerca un poco más a sí mismo, aspirando el aroma de sus lágrimas infinitas y de sus sonrisas de verano eclipsadas. Se maravilla de la forma en que ella sigue brillando y piensa que finalmente a conseguido el resultado que tanto buscaba en ella, finalmente había podido destrozar todas las máscaras que ella se empeñaba a utilizar y estaba cada vez más cerca de ver su verdadero rostro (uno que sin duda alguna la haría lucir más hermosa que con cualquier otro). Ya estaba muy cerca, solo—

—Oh, Es-tre-lla-Fu-gaz, cuéntame lo que escondes detrás del llanto y las sonrisitas y yo te hablaré de los demonios que dominan mi mente mal construida.

Y le sonríe con una suavidad antinatural en él y hay algo dentro suyo que lo obliga a terminar por cerrar la distancia entre ambos rostros y—

(Él también logra comprenderlo).

(…)

Llega un punto en el que Mabel comienza a cuestionarse si acaso aquella realidad tan deplorable no sería en realidad todo lo que conoció durante su vida. Si en realidad ella siempre vivió así, siendo nada más que una coraza de piel casi vacía y sin voluntad. Si todo lo demás (sus sueños, sus amigos, su familia) no fue más que un dulce sueño, una ilusión que creó su mente maltrecha solo para compensar todo el dolor que aquella repudiable soledad y la continúa crueldad taciturna del Cipher (y sus miradas llenas de un afecto distorsionado y sin sentido) le provocaban. Si acaso ella siempre existió y existe solamente para vivir así, a su lado, para acompañarlo sin poder huir a ningún otro lugar, porque realmente no existe lugar donde ella pueda huir.

No lo sabe. No lo sabe.

Pero quiere creer que no fue un sueño. Que en realidad existió o existe (eso le trae sin cuidado) una realidad en la que ella era feliz, libre, en la que tenía un hermano vivo que la amaba más que a nada y que la protegía. En donde todo sería alegrías irracionales mezcladas con tristezas efímeras de una vida mundana y ella ya no tendría que temer por los ojos dorados que la miran como si fuera una presa (su presa).

Y ella quiere creer. Realmente quiere creerlo. Ella quiere—

Con la respiración agitada y los labios sangrantes, Mabel eleva la mirada para observar al joven sentado en frente de ella con parsimonia. Aprieta los dientes y los puños al ver aquella figura y se mantiene en esa posición a pesar de que las cadenas hagan que hacerlo le provoque cierto dolor.

Ya no importa, después de todo.

No le importa.

—Bill —pronuncia con lentitud, logrando captar rápidamente su atención—. Creo que realmente te odio, Bill.

El Cipher parpadea un par de veces, sintiendo de lleno la sinceridad con la que Estrella Fugaz dijo aquellas palabras.

(Finalmente)

Y sonríe de lado.

(Finalmente es suya)

—Y yo creo que te amo Estrella Fugaz.


Muy bien creo que estoy considerando seriamente dejar de escribir lo primero que se me venga a la cabeza (?)

En fin, espero que esto le haya gustado a alguien (?) Intentaré no tardar mucho con el siguiente one-short, crucen los dedos para que escriba algo menos raro y más lindo que esto (?) XDDD

Nos vemos.