Disclaimer: Gravity Falls le pertenece a Alex H.

Summary: Conjunto de one-shorts, drabbles y viñetas de la pareja MaBill. Chapter 8: [Reverse Falls] Mabel es una niña-rosa con espinas envenenadas y Will solo desea limpiarle la tristeza de los ojos.

Advertencia: Universo Alterno: Reverse Falls. One-short.

Notas: Ya he llegado con una nueva actualización, y como ven nuevamente es algo sobre Reverse Falls. Realmente amo este AU y también el MaBill de allí obvio ewe Espero que les guste este one-short, no olviden dejar un review si desean.


Como rosas


Mabel Gleeful es un invierno asolador, con sus sonrisas de témpanos glaciales y la piel de nieve recién caída que hace a Will Cipher estremecerse bajo su tacto —y es que esta es tan fría que incluso a él le parece completamente anti-natural—. También tiene ojos de océanos tormentosos que hipnotizan y ahogan a cualquiera que se atreva a posar su mirada en ellos, a deleitarse en las facciones de muñeca que ella ostenta con cierta vanidad.

—Will también lo hace a veces, mas él poco a poco aprende a nadar contra la corriente de los abismos profundos de Mabel, a zambullirse en ella y—

Mabel Gleeful es frío devastador que congela los corazones de aquellos seres irracionales que se creen capaces de amarla, y ella solo ríe —y su risa, oh es tan melodiosa que a Will le destroza los tímpanos, desea poder encerrarla y envolverla como un regalo para atesorarla en esos momentos en que las tinieblas de su mente atormentada lo envuelven, negándose a dejarlo marchar— al ver como ellos caen rendidos ante esa máscara de belleza idealizada que tanto disfruta llevar. Pero Will sí logra ver a través de ella, a los cielos nocturnos que tiene envés de ojos y a las sonrisas de sal amarga que se extienden en sus labios finos como una mueca pregrabada. Sabe que miente, que se engaña a sí misma, que se ha bautizado como reina y soberana de ese mundo-tiranía imaginario en el que solamente ella habita —su hermano también, porque claro Dipper siempre estaba ahí—, pero que en realidad ella vive sumida en los recuerdos de una inocencia destrozada y una infancia feliz que cada vez le parecía más lejana a su realidad.

Y se le empañan los ojos con más frecuencia de la que le gustaría admitir al recordar entre sueños nocturnos el rostro de su madre y la calidez de su padre, que se marcharon un día para ya nunca más regresar, así como Stan lo haría unos años más tarde. A Will le gustaría tener el valor para acercarse a ella y secar aquella melancolía que lleva cargando bajo los ojos sin querer dejarla ir —hay veces en que realmente llega a olvidar de lo que aquella niña es capaz, y prefiere pensar que no importa—, pero sabe que no lo tiene al igual como no tiene el derecho. Y se sume en esos pensamientos pesimistas y tristones y termina siendo él quien derrama tristeza de los ojos, cargando el peso que Mabel se niega a soltar.

(siempre sería así, después de todo él no era más que su sirviente)

(…)

Entonces:

Mabel bien puede ser invierno en su estado más puro, pero Will también suele gustar de compararla con aquellas rosas —azules, siempre siempre azules— que ella mantiene con tanto anhelo, sosteniéndolas entre las manos como si de un tesoro se tratasen. Y hay veces en que llega a pensar que ciertamente esa sería una comparación más apropiada, especialmente cuando la ve allí en medio del azul de las flores de su invernadero —aquel que él cuida con tanto empeño pues sabe cuanto aprecio le tiene Mabel a ese lugar—, es en esos momentos cuando ella luce más llena de vida que nunca antes, incluso más que cuando está bajo los reflectores engañando a un publico ingenuo.

De belleza indescriptible y apariencia frágil, casi pareciendo que si la tocabas por un segundo se rompería en mil pedazos y ya no habría forma de volver a recomponerla —y de cierta forma aquello calzaba perfectamente con Mabel, que por debajo de aquella máscara no era más que pedazos resquebrajados de una niña con los sueños rotos—. Pero que al mismo tiempo estaban dotadas de filosas espinas aguardando para herir a cualquiera que se atreviera a posar sus manos sobre ellas, como un mecanismo de defensa, como una armadura hacia el resto del mundo.

Y claro, aquello es singularmente similar a lo que Mabel es en el fondo, descrita por muchos —especialmente los Pines— como una arpía en espera de que cualquier alma desafortunada cayera en sus redes, para aprisionarla y demostrar su verdadero rostro —para clavarle las espinas en el palpitante corazón y envenenar sus ganas de vida—.

(Pero ellos, ninguno de ellos lo sabía, claro que no lo sabía. Que ella no lo hacía por nada más que por miedo, por el temor de verse débil, de que alguien pudiera ver a través de todas las ilusiones que ella misma se había construido)

Y a Will en realidad no le molestaría llenarse el cuerpo de sus espinas si con eso logra ver a su señorita sonreír con sinceridad.

Es curioso en realidad, porque no sabe muy bien porqué repentinamente comienza a pensar en eso, solo sabe que incluso si no es más que un disfraz y que su verdadero ser debería aterrarle —es quien lo ha mantenido atrapado por tantos años; esclavizado y humillado, ella y su hermano y claro que no lo ha olvidado, es solo que— no puede evitar mirarle cada vez con más adoración (como si de una diosa se tratase, como si su tacto que normalmente le congela ahora no hiciera más que hacer su piel arder de maneras impensables), a querer pasar más tiempo a su lado, a extrañar su figura de muñeca quebradiza cuando se marchaba, a anhelar poder siquiera tocar la punta de sus cabellos con las garras de demonio que carga envés de manos, a—

Will Cipher siente como el pecho le pesa ante tales pensamientos, como todos los órganos de ese cuerpo humano que porta se reducen a simples nudos ante su presencia. Y es que Mabel podía ser tan intrigante; algunas veces melancólica, algunas veces cruel, en ciertos momentos fría y en otros colmada de una dulzura atemorizante, pero siempre tras esa máscara. Esa, esa que oculta sus tristezas pasadas y presentes, aquella debilidad que se niega a mostrar ante el mundo. Will desea que llegue el día en el que ella decida ya no esconderse, en la que pueda expresar todo ese dolor que niega a soltar, en la que se empape orgullosa de aquel sufrimiento y él pueda ser quien la sostenga en brazos y le seque los ojos humedecidos y que ella se lo permita y—

(…)

Al final:

Mabel es una niña-rosa con espinas envenenadas y Will solo desea limpiarle la tristeza de los ojos.