[ Hace trece horas… ]

Como de costumbre y sin poder dormir lo suficiente por el consumo de cafeína, Tweek se encontraba en su cama, de madrugada, haciendo otro de los intentos en conciliar el sueño.

Desde que Craig estaba a su lado y le brindaba su apoyo, se sentía más tranquilo y, a menos que hubiera una situación muy estresante para él, mantenía la calma.

Pero, esa noche, unos ruidos extraños llamaron su atención, sobresaltándole y yendo rápidamente a darle al interruptor de la luz, dándose cuenta de cierto bulto entrando por la ventana.

—¡WAH! —exclamó al ver cómo un gordo estaba haciendo el intento de meterse a su cuarto.

Cartman se había colado en su habitación, llevaba una mochila e iba vestido de negro.

—¡¿Qué haces aquí?! —se exaltó el rubio, retrocediendo y en una posición defensiva.

—Vengo en son de paz —mintió Eric con falsa amabilidad y levantando ambas manos.

—¡Son como las tres de la madrugada! —siguió Tweek, comenzando a sospechar de las intenciones de aquel gordo con mala fama.

—Está bien, te lo diré. Craig me ha enviado aquí —cambió de tema rápidamente, haciendo que la mención de aquel nombre tranquilizase al joven Tweak.

—¿Craig? —dudó, bajando su tono de voz—. ¿Te ha dicho algo sobre mí? —inquirió algo nervioso y acercándose más hacia Cartman.

—Se suponía que era una sorpresa —suspiró el gordo fingiendo decepción.

—¿Una sorpresa?

—En el cementerio. Ahora mismo.

Pero algo no cuadraba.

¿Por qué Craig habría acudido a Cartman para darle una sorpresa a las tres de la madrugada?

—Entonces… ¿vienes? —preguntó el gordo.

—Agh, v-voy a llamar a Craig —se negó, comenzando a ponerse más nervioso por no entender la situación y a punto de marcar el número de su pareja.

Eric, al haber previsto un posible fallo en su plan, tenía una poderosa estrategia elaborada para la situación.

—De acuerdo… —comentó el gordo mientras se quitaba la mochila y la abría para sacar una botella que contenía un líquido marrón oscuro—. ¿Quieres café? —inquirió ofreciéndosela.

Aquella palabra hizo que Tweek se detuviera y recibiera la botella. A continuación, la abrió y comenzó a beber como si le fuera la vida en ello.

Cartman sonreía con malicia mientras observaba cómo el rubio ingería todo aquel líquido.

—Oh, sí —murmuró para sí mismo al ver que el joven Tweak, de un momento a otro, dejaba caer la botella al suelo para, segundos después, comenzar a marearse y caerse también.

Y todo gracias a que Cartman habló por la tarde con Toallín, el cual le recomendó unos polvos extraños que mezcló con el café.

Así, preparando la escena perfecta en el cuarto de Tweek y dejando la nota que leería Craig, trató de llevarse al rubio a rastras hasta el cementerio.

Pero, al bajar las escaleras, cierto hombre que estaba despierto en la cocina se percató del ruido y se acercó al salón, pudiendo verle arrastrando algo que estaba cubierto por una manta.

—Oh, ¿eres amigo de Tweek? —inquirió el señor Tweak al ver al gordo a punto de marcharse.

—Ehm… sí —respondió manteniendo la compostura.

—¿Puedo preguntar qué llevas ahí? —agregó el hombre mientras señalaba lo que fuese que estuviera arrastrando Cartman.

—Ah, sí, esto… —respondió mientras pensaba en una excusa barata; que tuviera que encontrarse con el padre de Tweek no estaba en sus planes—. Es un cerdo muerto —comentó algo nervioso—. Tengo que irme —prosiguió, avanzando cada vez más rápido y abriendo la puerta para salir, dejando a aquel hombre con un par de dudas.

Cuando llegó al cementerio, el gordo se encargó de atar al dormido Tweek y sacar de su mochila el portátil que "cogió prestado" cuando estuvo preparando la grabación falsa en el cuarto del rubio. Con un pendrive en el que estaba la película que afectaba tanto a cualquiera, se dispuso a dejar todo listo para cuando despertase su víctima.

Tuvo que pasar bastante tiempo y, de no ser por el grito del rubio, Cartman hubiera seguido durmiendo ya que era muy tarde.

—¡¿QUÉ HAGO AQUÍ?! —se exaltó, moviéndose con fuerza para intentar soltarse y poniéndose cada vez más nervioso por estar inmovilizado.

—Tranquilo, tranquilo, solo voy a ponerte una película —aplicó Eric soltando un bostezo.

—¡¿Q-Qué película?! ¡AGH! —siguió gritando, cosa que no le agradaba demasiado al niño con sobrepeso.

—El Señor de los Anillos —respondió mientras abría su mochila para sacar cinta adhesiva, la cual usaría para callar al rubio.

Y, así, ignorando las reacciones del pequeño Tweek y sus casi insonoros gritos, Cartman se puso unos cascos para dormir a gusto hasta que amaneciera, donde se retiraría dejando otra nota más para Craig y consiguiendo traumar al rubio.

[...]

[...]

[...]

—Hmm… Veamos —hablaba solo cierto gordo en su sótano.

Después de haber conseguido dar el debido susto a su primera víctima, Cartman se hallaba observando su tablero de objetivos y finalizando los preparativos para la continuación de todo.

—Quién será el siguiente… —prosiguió observando con malicia el nombre escrito—. Ah, sí. ¡El judío traidor de mierda! Aunque… Lo mejor será matar dos pájaros de un tiro —finalizó leyendo el nombre de Stan.

[...]

[...]

[...]

Mientras tanto, como habían salido del colegio y tenían toda la tarde libre, Kyle se encontraba esperando a sus amigos en salón de su casa; como de costumbre, iban a pasar el rato juntos con cierta cosa.

El sonido del timbre le hizo sonreír inconscientemente al saber que era uno de ellos, así que se levantó del sofá y se dirigió a abrir la puerta.

—Hola, Stan —saludó al verlo dejándole entrar y bastante entusiasmado—. ¿Lo tienes?

—Por supuesto —respondió sonriéndole y mostrando lo que parecía ser una caja—. Venga, vamos a tu cuarto.

—¿Y Kenny? —inquirió el judío, cerrando la puerta y avanzando junto a su gran amigo.

—Me dijo que estaba ocupado con algo y que esta vez no podía venir.

—¿No había comentado hace unas semanas que se acercaba el cumple de su hermana...?

[...]

[...]

[...]

—Muy bien, pequeñajo —comentaba un hombre con sombrero mientras analizaba de brazos cruzados a cierto rubio—. ¿Tienes experiencia con los animales?

—Supongo —respondió Kenny encogiéndose de hombros.

—¿Y sabes en qué consiste este trabajo?

—Recolector de esperma, ¿no?

—¡Exacto! —exclamó con alegría—. Así que vamos a ello. ¿Ves a ese caballo de ahí? —prosiguió, señalando a dicho animal—. Toma un par de guantes y este bote. Ve a por él. ¡Buena suerte!

Recibiendo los correspondientes objetos y soltando un suspiro, el joven McCormick se dispuso a realizar aquella labor.

De todas formas, aquel señor pagaba bastante bien por el trabajo.

[...]

—Aquí... está la muestra —informaba Kenny, con la cara ensangrentada y el cuerpo lleno de moratones, mientras le ofrecía el bote con semen de caballo al señor.

—Oh, ¡excelente! —agradeció el hombre, recibiéndolo y permaneciendo unos instantes mirando dicho bote—. Excelente…

Por el aspecto del señor, era obvio que aquella muestra no iba a ir a ningún laboratorio; sobre todo al verle sonreír de una extraña manera mientras se relamía.

Pero a Kenny le daba igual lo que aquel hombre hiciera con el semen de caballo; lo importante era conseguir cierta cantidad de dinero para darle un bonito regalo a su hermanita.

—Buen trabajo, pequeñajo. Te veo mañana, ¿no?

El joven rubio asintió y, aún adolorido por los golpes que había recibido cuando trató de hacerle una paja al caballo, se dirigió a casa a descansar.

[...]

[...]

[...]

Cartman, decidido a poner en marcha su plan número dos contra sus siguientes víctimas, se dirigió a casa de Kyle donde sabía que estarían sus objetivos, subiendo a la habitación del judío y abriendo la puerta para dar comienzo a todo.

Pero, nada más entrar, lo que vieron sus ojos le dejaron en silencio y con varias dudas.

—¿Qué coño hacéis? —inquirió arqueando una ceja más que la otra.

Stan y Kyle permanecieron en silencio durante unos segundos, aún en unas posiciones un tanto extrañas, mientras observaban al gordo que acababa de entrar.

—Pues… Jugando al Twister —comenzó el de cabello negro.

—¿Los dos solos? —prosiguió Eric algo pensativo.

Nuevamente, permanecieron en silencio otros segundos más y sin cambiar sus expresiones.

—Kenny estaba ocupado —prosiguió Stan manteniendo la posición.

—Y... ¿quién es el que gira la ruleta? —continuó el niño con sobrepeso mientras señalaba aquel objeto que estaba en el suelo a unos metros de distancia.

—Deja de preguntar gilipolleces, culo gordo —optó Kyle por responder con rabia y frunciendo el ceño—. ¿Qué quieres? —cambió de tema bastante harto.

—Oh, siento haber interrumpido vuestro momento —aplicó resaltando las últimas palabras—. En realidad no es importante. Es solo que hace poco vi una película muuuy interesante y había pensado que os gustaría, así que, como buen amigo que soy, os la he traído —respondió con falsa dulzura y pestañeando un par de veces—. Está en este pendrive —agregó sacando de su bolsillo una memoria USB y colocándola lentamente en el suelo—. Bueno, aún tengo un par de cosas más que hacer —se despidió satisfecho internamente y alejándose con una perversa sonrisa.

Una vez escuchado el sonido de la puerta al cerrarse, Stan y Kyle intercambiaron miradas durante unos segundos para saber perfectamente qué hacer.

—Bueno, que le den por culo. Seguimos jugando, ¿no? —aplicó el pelirrojo.

—Por supuesto.

[...]

[...]

[...]

De nuevo en su sótano, Cartman seguía analizando sus planes perversos y a sus próximas víctimas.

—Veamos…

El nombre de Clyde Donovan le hizo sonreír perversamente, sabiendo que sería realmente fácil de asustar.

[...]

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Tbh, adoro que Kenny sea un buen hermano mayor ;; se me hace precioso el cómo se preocupa por su hermanita. Es adorable, así que también quería escribir algo sobre eso xD