Te encontrabas en tu departamento dentro del área más peligrosa de New York, con la cabeza pegada a la computadora y disfrutando de un momento de paz.
¿Quién dijo que escuchar la voz de una sirena sería tan malditamente frustrante?
Agradecías a cualquiera que te haya escuchado y hecho dormir a esa cosa marina.
Así con silencio podías por fin concentrarte en la búsqueda del que hacer con él.
Un lapsus en tus pensamientos te hizo rememorar la travesía de Palermo a New York, del hotel a tu departamento.
~~Flash back~~
Cuando al fin habías conseguido sacarlo de la habitación del hotel (haciendo circo, maroma y teatro para lograrlo), te dirigiste directamente a un buque carguero para largarte de Palermo y llegar a New York. Fue todo un horror de travesía pasar todo el viaje encerrado en la bodega con esa cosa, a temor de ser descubiertos.
Pero no fue peor que conseguir un camión para transportarlo en las siempre atestadas y escandalosas calle neoyorquinas.
Ya en tu departamento, con la tranquilidad del mismo, te golpeo la veracidad del ¿Qué diablos hacías con el pescado ese?
No sabias que te había llevado a rescatarlo de su fatídico destino en un principio, solo lo habías visto aferrarse al yate (del que había sido el encargo a eliminar) desesperadamente, algo muy dentro de ti (no sabes si es alma o conciencia, porque dudas de tener ambas) te hizo asirlo después de haber tirado el cadáver de ese pobre diablo al que recién ejecutaste con un sencillo y tradicional balazo en la cabeza.
La memoria de tu buena acción te desconcertaba a un nivel íntimo, extraño en mismo y tú forma de ser.
~~Fin del flash back~~
El sonido de disparos provenientes de uno de los departamentos vecinos, te puso en alerta y despertó a tu acuático inquilino.
Era común escuchar discusiones a gritos, pero nunca antes un disparo.
Tomando la barreta de debajo de la mesa, te dirigiste al baño donde solo le dedicaste una mirada y un guarda silencio al tritón en la tina antes de cerrar la puerta del mismo. Con precaución abriste lentamente tu puerta y observaste hacia la izquierda, nada parecía fuera de lo ordinario, volteaste hacia la derecha y la puerta del apartamento de tu vecina (una pelirroja escultural con un carácter de mierda) estaba completamente abierta.
Te deslizaste con cautela, para mínimamente escuchar que es lo que sucedía.
-no está aquí bebe- una voz femenina de porte sereno te dio el indicio de que buscaban algo –ese pez mutante no está en este departamento-
-maldición Wendy, se supone que esa cosa estaría aquí- la otra voz también femenina te hizo maldecir, dos mujeres con armas serían mucho más difíciles de manejar si la situación lo ameritaba.
-tal vez nos equivocamos de edificio- el suspiro de la primera chica estaba cargado de mucho hastío –es el quinto edificio en el que buscamos-
-pero mi fuente era confiable Wend- la frustración parecía ser la contraparte del hastió de la otra –se suponía que esa cosa estaría en el apartamento 10-B-
Apartamento 10-B.
El jodido apartamento 10-B, era tu jodido apartamento.
-¿no nos habremos equivocado de departamento?- la chica, bebe si no mal supones provoco que te erizaras con su suposición acertada.
-bebe, tu misma viste la placa en la puerta- el hastió en la voz de la otra chica parecía ir mutando lentamente en molestia –aunque bueno si con eso me dejas en paz, revisemos también el de alado.
Un escalofrió de anticipación te hizo moverte con el mismo sigilo de nuevo al interior de tu departamento.
Ese par de locas buscaba a tu acuático inquilino, ¿a quién si no, se le puede referir así?
Mierda.
Ya bastante tenías con toda la mierda de tu trabajo, para que además tu única acción buena en más de una década hiciese aparecer más problemas de los que siempre tienes.
Sin hacer ruido para no alertar a las locas en el departamento de alado, te desplazaste por tu departamento hasta el baño, abriste la puerta de la habitación de tu no-deseado-inquilino para descubrir que ya no estaba.
¿Qué carajos?
