—Madara-onisama—llamó un muchacho de al menos 17 años, cabellos y ojos negros cual carbón, además de una piel pálida.
— ¿Qué ocurre Izuna?—respondió el azabache mayor.
— ¿Quién es Hashirama?—preguntó acusador el menor.
— ¿De-De dónde has sacado ese nombre?
—Tienes de contacto a un tal Hashirama—dijo mostrándole su celular.
—IZUNA—reprochó el mayor— ¿Qué te he dicho sobre revisar mis cosas?
—Que no lo haga—bufó—pero no pienso hacerte caso, tú eres mío oni-sama y nadie va a apartarte de mi lado, mucho menos ese tal Hashirama.
Izuna fue y aventó el celular de su hermano a la piscina de su casa, despues tomó una mochila y se fue satisfecho a la universidad.
Madara solo negaba con la cabeza, estaba seguro de que tendría que comprarse otro celular, ese ya era el sexto del mes, si seguía así gastaría más en esos aparatos que en cualquier otra cosa existente.
El azabache ya estaba acostumbrado a esto, siempre respaldaba todos los números telefónicos de sus contactos o en su defecto los memorizaba, era tan típico que Izuna hiciera aquellas cosas que ya ni siquiera se molestaba, pero no podía culpar a su hermanito, claro que no, toda la culpa era de aquella mujer.
Cuando él tenía 17 años su madre murió, toda su familia se quedó tan devastada que la mayoría de sus hermanos se suicidó dejándole solo al pequeño Izuna. Con su padre las cosas tampoco iban bien, se había hundido en el vicio del alcohol y sus hijos lo sentían cada vez más perdido, hasta que llegó ella.
Su nombre era Kuripako, era egocéntrica, presumida, mal hablada y obviamente los detestaba, al menos cuando su padre no estaba porque cuando él se encontraba cerca ella se transformaba en una inocente angelito, Madara e Izuna suponían que su padre había visto en ella el parecido físico con su madre, porque esa mujer no tenía muchos más dotes.
Ellos decidieron dejar pasar el hecho de que la mujer los odiara porque su padre parecía estar mejor, se casaron y todo iba de maravilla... Hasta que su padre murió.
En el testamento se reveló que Tajima había dejado todo lo que poseía a sus hijos... Y eso la hizo explotar.
Gritó a los cuatro vientos que se alegraba mucho de haber provocado la muerte de Tajima, y aunque ella se encontrara pagando por la muerte del mayor de los Uchiha su revelación había dejado grandes cicatrices en el par de azabaches, sobretodo en Izuna.
Su hermano menor tenía mucho miedo de que a él le pasara lo mismo que a su padre, por eso se la pasaba espantando a toda chica, doncel o varón sospechoso que siquiera volteara a ver a su hermano.
No podía culpar a su hermanito por comportarse de esa forma.
Con los Senju
Hashirama suspiró fastidiado, se encontraba en medio de un gran salón rodeado de gente que no conocía y si lo hacía no le caían del todo bien, la decoración del lugar era hermosa aunque un poco anticuada para su gusto, el lugar y su vestimenta elegantemente eran adecuados para la ocasión... Su fiesta de compromiso.
Hashirama estaba un poco molesto, desde que su padre le había hablado de su compromiso nunca le dijo quién era su "prometido", el nombre del susodicho y porqué su padre lo había escogido habían quedado como uno de los más grandes misterios sin resolver.
Solo le había dicho que sabría de quien se trataba durante la fiesta de compromiso y también que ya le conocía.
El castaño no entendía nada, ¿Qué ya le conocía?, durante toda su vida solo había tenido contacto con dos varones, esos eran su padre y su hermano, puede que consideraran a los socios de la empresa pero era de su conocimiento que todos estaban casados.
Todas sus dudas fueron resueltas cuando se dio el anuncio de que los dos prometidos ya estaban en el salón, volteó hacia donde debía estar su supuesto "prometido" pero grande fue su sorpresa al ver una cabellera roja muy conocida por él.
— ¿Que-é?
Frente a él se encontraba Mito Uzumaki, su mejor amiga y "prometida".
—Demo...
Mito se acercó a su oído para susurrarle:
—Te explicaré todo más tarde Hashirama.
El resto de la ceremonia Hashirama la pasó ausente, todas sus acciones eran automáticas y secas, la pelirroja estaba muy preocupada ya que nunca había visto actuar a su amigo de esa forma.
Más tarde
La ceremonia terminó finalmente y Mito buscaba a Hashirama para hablar con él, entendía que su amigo estuviera tan shockeado pues él pensaba que tenía un prometido y que de un momento otro se enterara de que es prometida no debía ser fácil.
—Hashirama—llamó cuando lo vio sentado en el jardín observando el cielo.
— ¿Por qué Mito?
— ¿Qué cosa Hashirama?
— ¿Porque no me dijiste que eras tú prometida?, no, más importante, ¿Por qué aceptaste convertirte en mi prometida?, ¿acaso olvidaste lo que te dije?
—Claro que no Hashirama...
Gritando—ENTONCES ¿POR QUÉ RAYOS ACEPTASTE CUANDO TU SABIAS PERFECTAMENTE QUE QUERÍA CASARME POR AMOR?
—Tú, tú tampoco te negaste...—dijo en un susurro.
—ES COMPLETAMENTE DISTINTO—bramó el furioso—yo no tenía opción, tenía que casarme aunque no quisiera, tu sabes perfectamente que no puedo negarme a las órdenes de mi padre.
—Yo... solo quería ayudarte Hashirama.
— ¿Ayudarme?, ¿Cómo creías que esto iba a ayudarme Mito?, voy a casarme contigo, eres mi mejor amiga y te aprecio mucho, pero no te amo—Mito sintió como algo en su interior se rompía— ¿Cómo esto iba a ayudarme?
—Tu padre dijo que si yo rechazaba el compromiso te comprometería con cualquier varón de buena posición, quería que si te casabas fuera por lo menos con alguien que conocieras.
Hashirama bufó—Gracias, pero no gracias Mito, me importa poco si te conozco o no, casarme contigo es como casarme con cualquier otro varón que mi padre quiera, porque yo sé que de cualquier forma el matrimonio seria sin amor.
El castaño se fue mientras la pelirroja caía de rodillas comenzando a llorar.
—Pero yo si te amo Hashirama.
