Retazos de versos cortos.
En el silencio sepulcral escuche sus pasos. Cada uno acercándose mas a mi. Di pasos tontos hacia atrás alejándome de su presencia.
Por la ventana veía la luz cegadora de una tormenta sin fin; cayendo agónica sobre una ciudad en tinieblas. Solo la luz encandilante sobresalia rugiente a través de mis cortinas de satín purpura.
Los pasos volvieron a escucharse y yo retrocedí con angustia y pesar. Estaba sola, y los pasos rechinaban sobre la madera vieja de mi hogar.
Retrocedí ante el ruido de susurros, llamándome. Repitiendo mi nombre cada vez con mas atrocidad. Los pasos aceleraron y yo me lance a correr para que no me alcanzaran. Corrí, corrí como no lo había hecho antes.
Mis pies sintieron lo frío del suelo traspasar, sintieron la humedad de la lluvia apropiándose de la calidez de mi casa. Todo mientras huía.
Fue cuando me detuve. Sin salida, tuve que detenerme.
Mi aliento se volvió pesado mientras intentaba tragar la bola en mi garganta. Frente a mi se encontraba mi captor, mi ruina. Mi tormenta.
No moví un sólo musculo intentando así, no me viera con esos enormes ojos culposos; llenos de cólera, de ira... De lastima.
Ahogue un sollozo y le vi moverse en la oscuridad. Su frío aliento acaricio mi pecho y albergo en mi su pena.
Intente alcanzarlo con mi mano mientras "él" se mantenía en la misma quietud. Estaba a sólo un paso de mis demonios, siendo estos personificados en lo que mas temía.
Lo toque.
Sentí su frío y pude verme reflejada en sus ónix oscurecidas. Sentí su cólera y repulsión por mi. Sentí su angustia, su dolor. Su cinismo.
Pude sentir su maldad. Sus pecados y aberraciones. Le sentí en esplendor y consciencia. En esencia y pútridez...
Un rayo ilumino la habitación, mostrándome como acariciaba un espejo.
Fue entonces que lo entendí; Le sonreía a la misera misma.
Anónimo.
