Comprometido.
Esa palabra retumbaba en la cabeza de Madara mientras miraba con esperanzada incredulidad al castaño, una muda petición para que le dijera que no era cierto, que realmente todos los artículos en los periódicos y las revistas eran mentira.
Hashirama negó con la cabeza, sus ojos cubiertos de lágrimas no podían encontrarse con los de Madara, sabía que le había fallado de mil formas: le falló cuando se permitió tal acercamiento, le falló cuando permitió que se enamorara de él, le falló cuando tardó tanto en decirle que estaba comprometido, le falló al permitir que sus sentimientos por él crecieran.
Hizo todo mal pero no pudo evitarlo, cuando estaba con Madara no podía pensar en nadie ni nada que no fuera él, estaba total y absurdamente enamorado del pelinegro, pero en su enamoramiento había olvidado su situación y el daño que a Madara podía hacerle.
— ¿Cuándo pensabas decírmelo? — Exigió saber el Uchiha.
Hashirama sollozó antes de responderle —. No pensaba hacerlo... no creí que mi padre... — Hashirama tragó saliva por la penetrante mirada de Madara —... yo pensé que podía convencerlo de que abandonara su idea, pensé que me tendría un mínimo de cariño, nunca creí que me vendería como si fuera mercancía —. Nuevas lágrimas bajaron por el rostro del Senju, recordando lo poco que valía para aquel que se hacía llamar su padre.
Madara sintió una punzada en su pecho al ver las lágrimas de ese castaño que tanto amaba, se encontraba dolido y traicionado, Hashirama estaba comprometido con la heredera de la fortuna Uzumaki y no fue el castaño quien se lo dijo, había tenido que enterarse por un maldito periódico, no había querido creerlo así que citó al doncel en un hotel para exigirle respuestas y este solo confirmó lo que ya sabía.
Para su mala suerte lo amaba, él estaba terriblemente enamorado de ese precioso doncel con cabellos castaños y ojos color chocolate, dolido o no, Madara podía darse cuenta de que estaba sufriendo y eso no podía simplemente ignorarlo, el castaño lloraba desconsoladamente en la cama del hotel, y el azabache sabía que no podía no consolarlo.
Acarició varias veces con el dorso de su mano una de las mejillas del doncel procurando ser lo más suave posible, no quería asustarlo, pudo sentir como la tensión del castaño bajaba con esa simple caricia, como su respiración se hacía más suave y como los gimoteos se detenían, bien, había cumplido su cometido el doncel estaba más tranquilo, se supone que debería retirar su mano pero no podía, Hashirama buscaba otra caricia y él estaba dispuesto a dársela.
Deslizó el dorso de su mano hacia abajo, trazando suavemente la forma de esa fina mandíbula y llegando hasta el cuello, el doncel se estremeció cuando los gruesos dedos del varón comenzaron a dar caricias en esa parte de su cuerpo que nunca creyó sensible pero que en realidad lo era. La mano de Madara no se quedó quieta, comenzó a introducirse por el cuello de la camisa mientras acariciaba el moreno hombro, Hashirama gimió bajito tratando de que fuera inaudible pero el azabache lo había escuchado.
Madara lo miró extasiado al darse cuenta de lo que su solo tacto provocaba en el doncel, no había hecho más que deslizar su mano por la morena piel de Hashirama y aun así este no paraba de suspirar. ¿Qué haría Hashirama ante una caricia más profunda?
Retiró su mano del hombro de Hashirama y la introdujo por debajo de su camisa, acariciando su torso mientras lentamente lo recostaba en la amplia cama. A Hashirama se le cortó la respiración cuando Madara se inclinó sobre él para besarlo, tenía miedo, nunca había estado con nadie ni hombre ni mujer, ni siquiera había pensado en que llegara ese día.
Madara notó el estado de alarma en el castaño así que limitó el beso a la comisura de esos labios que lo volvían loco, volvió más lentas sus caricias con el objetivo de tranquilizarlo, seria duro para él, pero si Hashirama no lo amaba tendría que dejarlo, no estaba dispuesto a perder su vida en un amor no correspondido, tal vez debería comenzar deteniéndose, ¡Por Kami! Estaba a punto de hacerle el amor, tenía que parar antes de que fuera tarde... pero no podía detenerse.
Usó su otra mano para acariciar brevemente el cuero cabelludo del doncel, pasó sus dedos suavemente por los largos cabellos y después fue deslizando esa misma mano lentamente por cuanto tenía la oportunidad de tocar.
Hashirama dejó de sentir los labios de Madara en los suyos, estos ahora vagaban por su cuello haciéndole sentir un extraño cosquilleo que lo hacía suspirar, todavía tenía miedo, pero la delicadeza con la que Madara lo trataba le decía que podía confiar en que no le haría daño.
Madara siguió explorando con su mano dentro de las prendas de Hashirama, pronto encontró uno de sus pezones y lo pellizcó. El castaño se sobresaltó por la nueva sensación pero no por mucho, pues Madara continuó dando atención a ese pezón y los gemidos de Hashirama comenzaron.
Hashirama lanzó un involuntario quejido de protesta cuando las manos de Madara se retiraron de su cuerpo, el azabache se rio suavemente mientras le sacaba la camisa a su amante, miró con hambre el moreno torso para gran vergüenza de Hashirama y el mismo se sacó la camisa haciendo que el doncel se ruborizara mirando hacia otro lado.
A Hashirama siempre le había molestado que Madara alardeara de su buena apariencia, pero no podía negar que el varón tenía razones para hacerlo ¡Era un maldito dios griego! La cantidad de músculos perfecta en los lugares adecuados y una fina línea de vello que se pedía en su pantalón ¿Llegaría hasta su...?
Madara levantó una ceja cuando el sonrojo de Hashirama aumento considerablemente ¿en qué estaba pensando para ponerse así? Ignoró el asunto mientras se colocaba entre las piernas de Hashirama, se inclinó para tomar entre sus labios uno de los obscuros pezones y mordió.
Hashirama jadeó por la nueva sensación, en especial cuando Madara comenzó a succionar ese pezón y pellizcar el otro con su mano libre, la otra estaba ocupada desabrochándole el pantalón, aunque el castaño no se había dado cuenta aún.
— No-no te detengas o-onegai — pidió Hashirama cubriéndose inútilmente la boca con su mano.
La mano que le desabrochaba el pantalón seguía haciendo su trabajo pero se detuvo un segundo al encontrar su objetivo al mismo tiempo que la boca de Madara abandonó el pezón de Hashirama para acercarse a su oído y susurrar con voz ronca:
— Sólo me detendré si tú me lo pides — y presionó el miembro del castaño haciéndolo gemir.
Los pantalones del Senju desaparecieron junto con su ropa interior, si antes Madara se lo comía con la mirada ni que decir ahora, Hashirama trató de cubrirse con las manos pero Madara no se lo permitió, comenzó a besarle el cuello para distraerlo, repartió lamidas y una que otra mordida mientras bajaba por el torso de su amado, la sinfonía de gemidos que emitía Hashirama llegaba hasta su entrepierna, su erección estaba dolorosamente apretada dentro de sus pantalones, usando una mano para sostener las de Hashirama, con la otra abrió su propio pantalón para complacerse.
¡Maldita sea! Nunca había estado en una situación así antes. Madara había tenido cientos de amantes, tanto donceles como mujeres, pero Hashirama era el primero que no necesitaba tocarlo para que su lívido encendiera.
Hashirama sentía miles de descargas eléctricas recorrer su cuerpo cada vez que Madara besaba o mordía alguna parte de su piel, dio un grito ahogado cuando sintió esos labios en su pene.
El azabache sabía que ya no era necesario sujetar a Hashirama, así que liberó sus manos para poder acariciarle los testículos, mientras su lengua lamía el ya muy duro miembro del Senju, eso sí, su otra mano no abandonaba el miembro propio.
Con cada lamida el Senju sólo gemía y jadeaba por más, se retorcía apretando las sábanas mientras Madara continuaba en lo suyo y con un grito se corrió en la boca de su amado.
Madara no sabía porque, nunca lo había hecho antes pero sintió el impulso de hacerlo, tragó la semilla de Hashirama y se relamió frente a la avergonzada mirada del castaño.
— No-no h-agas eso, es asque-roso — pronunció con dificultad pues el azabache había comenzado a acariciar nuevamente su flácido miembro.
— ¿De qué hablas? — dijo mientras comenzaba a besar y morder el cuello del doncel, dejando marcas más que notorias. — Todo tú eres absolutamente delicioso — susurró apenas para que Hashirama lo oyera y después atacó sus labios en un apasionado y desesperado beso.
Si no hubiera estado aturdido por el beso de Madara, Hashirama se habría cubierto la cara con las manos mientras pensaba en lo descarado que era el azabache, pero el Senju estaba muy ocupado en las sensaciones que Madara le provocaba aún con un simple beso, su primer beso.
Madara no podía más, la erección en sus pantalones era imposible de ignorar, separándose un segundo de Hashirama (el cual estaba decepcionado porque abandonara el beso) se bajó los pantalones y el bóxer por igual, dejando ante la vista de Hashirama el camino de vello que terminaba en los testículos, Hashirama se ruborizó y volteó la cabeza cuando Madara le sonrió socarrón.
El azabache volvió a colocarse sobre Hashirama haciendo que ambos miembros se frotaran, el Senju lanzó un gemido necesitado que convenció a Madara de que ya era hora. Puso tres dedos frente al rostro de Hashirama pero se desconcertó al ver que este sólo lo observaba confundido.
— ¿Qué sucede Madara? — preguntó al ver que seguía mostrándole tres de sus dedos y había parado sus caricias, eso sin contar el rostro desconcertado del mayor.
— Hashirama tengo que prepararte — el castaño se mostró incluso más confundido que antes.
— No sé de qué hablas, ¿no sé supone que ahora debes — el castaño se ruborizó — penetrarme?
Madara alzó una ceja. — ¿Siempre lo haces sin preparación?
— Está es mi primera vez, Madara. Siempre quise guardar mi virginidad para alguien especial. Alguien que yo... — se ruborizó nuevamente —... que yo amara.
Madara lo miró con incredulidad mientras su corazón se regocijaba por saberse correspondido, tomó a Hashirama por la nuca y lo besó con mucha más pasión que antes, pero esta vez derramando en el beso todo el amor que sentía por SU castaño, si, suyo, ¡y que las divinidades lo maldijeran si le permitía a Hashirama irse!
Abandonó el beso bajo un gemido de protesta de Hashirama, Madara no lo sabía, pero a la mañana siguiente volvería a regocijarse sabiendo que no solo era su primera vez, también su primer beso.
Madara le mostró tres dedos a Hashirama nuevamente, pero esta vez pronunció una indicación:
— Lámelos.
Hashirama no entendía porque debería hacerlo, pero aun así metió esos dedos en su boca y comenzó a lamerlos como si de una paleta se tratara, Madara ahogó un gemido al imaginar esos labios y esa lengua haciendo exactamente lo mismo pero en su pene, sus labios se secaron ante aquella visión y su miembro dio un respingo, trató de concentrarse en cualquier otra cosa mientras Hashirama terminaba de humedecer sus dedos, pues si continuaba por ese camino acabaría tomando a Hashirama de una sola estocada y sin preparación.
Hashirama dio una lamida más a los dedos antes de que Madara consiguiera retirarlos, observó como el azabache bajaba hasta su entrepierna y lamía su pene antes de introducirlo nuevamente en su boca, el castaño jadeó cuando sintió la lengua de Madara moverse mucho mejor que la vez anterior, estaba tan ocupado en esta sensación que no notó el travieso dedo que acariciaba el contorno de su entrada hasta que esté se introdujo en su interior.
Hashirama se sobresaltó pero sólo se removió incómodo, no entendía lo que Madara estaba haciendo pero estaba seguro de que no era nada malo, lanzó un quejido de dolor cuando Madara introdujo el segundo dedo, afortunadamente que Madara le hiciera una felación lo distraía bastante bien. Cuando introdujo el tercer dedo estuvo a punto de decirle a Madara que lo sacara, y fue en ese preciso instante que esos dedos tocaron algo en su interior haciendo que gritara de placer.
Madara continuó tocando ese punto hasta que sintió que Hashirama estaba lo bastante dilatado, sacó el pene del castaño de su boca y sus dedos de esa exquisita entrada que se moría por probar, Hashirama protestó otra vez y movió sus caderas como si aún tuviera los dedos de Madara en su interior, indicándole al mayor lo que deseaba.
Se acercó al oído de Hashirama —. Gírate para mí — dijo con voz entrecortada.
El Senju obedeció más por costumbre que por otra cosa y deleitó a Madara con la visión de su moreno trasero y su entrada que se contraía ansiosamente.
Madara rebuscó entre los bolsillos de su casi olvidado pantalón hasta que encontró un condón, era una suerte que no hubiera perdido la costumbre de cargarlos, se lo colocó rápidamente al observar como el trasero de Hashirama se balanceaba de un lado al otro impaciente.
Tomó a Hashirama de las caderas antes de alinear su pene con la entrada del castaño y comenzó a introducirse lentamente.
Hashirama gimió de dolor al sentir cómo Madara lo penetraba, este sólo continuó mientras le susurraba palabras dulces y que el dolor pasaría pronto, cuando se introdujo completamente en el interior de su castaño Madara jadeó extasiado, se notaba que Hashirama era virgen pues sus paredes internas apretaban deliciosamente su pene, resistió la tentación de embestirlo salvajemente en ese mismo instante.
Hashirama respiró profundo cuando sintió como Madara terminaba de introducirse en su interior, aquello dolía como el infierno y por eso no entendía cómo fue que su pene dio un respingo cuando Madara lo penetró, pero recordando lo que sintió con los dedos de Madara movió sus caderas con la esperanza de encontrar ese mismo placer.
Madara sacó su miembro de esa exquisita entrada hasta que sólo quedó la punta dentro y lo volvió a introducir con rapidez, estuvo a punto de detenerse cuando escuchó como Hashirama jadeaba de dolor, pero el movimiento incitante de las caderas de Hashirama pudo más con su raciocinio.
Comenzó a meter y sacar su miembro con un ritmo constante, sintiéndose aliviado cuando escuchó a Hashirama comenzar a lanzar pequeños gemidos de placer, entonces encontró ese punto.
— ¡MÁS! ¡MADARA, MÁS!
Madara comenzó a aumentar la fuerza y la velocidad de las embestidas, convirtiendo el cuarto en una sinfonía de gemidos, al final, Hashirama se corrió por segunda vez haciendo que su entrada se contrajera apresando el pene de Madara y este soltara un gemido ronco, estaba a punto.
Dio un par de embestidas más y su orgasmo lo alcanzó, derramando su semen en el condón que llevaba puesto.
Ambos esperaron a que sus respiraciones se normalizaran antes de que Madara saliera de Hashirama, el doncel gimió un poco por el dolor que el acto sexual le había dejado. Se limpiaron y se acomodaron en la cama, listos para dormir, con Hashirama recostado en el pecho del azabache mientras este le acariciaba sus castaños cabellos.
Madara besó una vez más a Hashirama —. Te amo.
— Y yo a ti Madara — respondió soñoliento el menor, estaba muy cansado.
— No te cases Hashirama, no me dejes.
— No es tan sencillo Madara... — el azabache lo interrumpió, él nunca le había dicho a Hashirama quien era y su posición social podía ser un problema, pero el castaño le correspondía, podía sentirlo, así que ya no temía revelar que le pertenecía medio Japón.
— ¿Es por el dinero? Porque si es por eso yo...
— El dinero no es el problema Madara, al menos no en lo que a mí concierne, yo te amaría igual así vivieras bajo un puente — aclaró el castaño. — El problema es mi padre... y mi hermano de cierta forma, no puedo simplemente dejarlo a su suerte.
— No te preocupes por él, Hashirama, encontraremos la forma de ayudarlo en lo que necesite, pero no te cases con ella, te lo ruego, yo te lo daré todo, incluso el mundo si me lo pides, pero por favor no me dejes.
Hashirama se derritió ante el ruego de Madara, ¿a quién trataba de engañar? Él no podía vivir sin ese azabache egocéntrico.
— Nunca me iré de tu lado Madara, te amo, y estaré contigo así sea lo último que haga.
Madara sonrió antes de decidir qué no había tenido suficiente de su amado, comenzó a besar su cuello.
— Ma-Madara esper-ra ¡AHH!
