Retazos de versos cortos.
Era enorme resaltando en el noctámbulo oscuro de un lienzo infinito y ceruléo.
Espesa tu textura; parecías una nubosa de algodón. Tu perfección era absoluta cuando una tela fantasma y otoñal cubrió la palidez de tu luminosidad con la bronceada capa de una estación.
Te ví rebosante en las alturas; moviéndote lentamente al este. Dejando a su paso estrellas incandescentes seguirte el paso; siguiendo la huella de tu belleza y espléndura.
Estabas tan alta que desee tocarte con mis manos mortales. Pero me fue imposible al tenerte tan alejada. Fue cuando entendí la belleza de la noche y la perfección de un ocaso.
Vas saliendo lentamente por la tarde compartiendo conmigo la frescura de tu presencia. Y, por las noches, eres fiel cómplice de las delicias de un sueño. Invades mi habitación con tu luminosa estadía. Llenas con tu claro la sombra de mi piel atravesando por la ventana.
Sin pensarlo, he dedicado palabras a algo tan natural que, cuando no lo veo en las alturas, no me parece noche.
Se que eres una roca sin vida pero, eres algo que me une a quien no tengo cerca; por que, cuando los siento lejos y los extrañé, puedo imaginar que ambos vemos el mismo punto en el cielo nocturno.
Al final, todos tenemos una cita fantasma con alguien que contempla la luna.
Anónimo.
