Retazos de versos cortos.

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Y, en la soledad, su llanto fue escuchado; Como una melodía triste recitada por voces agónicas en tempestad.

¿Que era eso que le susurraba en la sosobra?

¿Acaso algo capaz de apiadarse de su alma turbulenta y dolor indescriptible?

El dolor, paradigma egoísta que entabla comunicación personal con los que no la conocen. Les muestra algo que nunca verán llegar a sus vidas y consumir de ellas aquella luz ardiente de miseria y calamidad. El dolor como tal es sólo espejismo de algo que no ente demos para bien; ¿Y que si duele?

¿Y que si lástima?

Al final sólo logra acogernos y hacernos dormir en sus alas temblorosas de incertidumbre y cuentionantes. Logra abatir la vida misma y congraciarse con las dudas que abundan las profundidades del mismo pensamiento. Sólo queda entender que el dolor llega para quedarse y nunca Abandonar en la soledad de todo misterio. Se queda e invade tu ser con inquietudes inexistentes que muestra cuán desdichado eres en realidad.

¿Que es real y que no lo es; lo que se siente o lo que se vive?

Los lamentos fueron escuchados y contemplados por la mirada de la misericordia. Le esperaba con los brazos abiertos mientras en sus alas escondía el látigo del cinismo.

Uno. Dos cortes tan liberadores que el bermellón resbalaba ligero con todo y sus calamidades. Era tan liberador tan desahogante.. Su sofocado ser respiro. Sus pulmones llenaron de un aroma ambiguo y perfecto.

Paz. Sencilla paz.

Limpio sus lágrimas y puso de pie. Paradójicamente se sentía calmo y pasible.

Taciturno, se encaminó a donde la farola iluminaba el ascua que le rodeaba. Sentó frente a sus invitados de esa noche y les brindo una deslumbrante sonrisa.

Mientras que, con sus mangas, cubría las heridas fraguadas en su carne débil y pecadora.

Tres. Cuatro.

Sobre las cicatrices viejas de su liberante agonía.


Anónimo.