Capítulo 7: "Siempre"

Nanoha se dirigió hacia el acantilado mientras Hayate y Signum iban a casa de Fate para llevarla junto a la cobriza con la excusa de hacerle una despedida de soltera sorpresa. Llegaron al apartamento, tocaron al timbre y esperaron a que abrieran la puerta.

- ¡Hola chicas! Mucho tiempo sin verlas. ¿Cómo se encuentran? –abrió la puerta y saludó una señora peligris.

- Buenas tardes, señora Testarossa. Sí, mucho tiempo. Gusto de verla de nuevo. Estamos bien, felices. Gracias por preguntar. –contestaba educadamente la pelirosa.

- ¿Se encuentra Fate-chan? –preguntaba directa al grano Hayate.

- La verdad es que no, chicas. –las chicas se miraron la una a la otra– Se marchó anoche con una chica de pelo cobrizo. Dijo que era una amiga que hacía tiempo que no veía y aún no volvió. –las chicas se asustaron– Habíamos quedado para almorzar, pero no se ha presentado. –suspiró– Tendré que esperar aún más. ¿Pasó algo?

- Oh, no. No pasó nada. Sólo es que le hemos preparado una despedida de soltera sorpresa y veníamos a "secuestrarla". –rió nerviosa la castaña.

- Vaya. Eso es todo un detalle. Gracias chicas. Si la encontráis decidle que me avise diciendo que está bien. Ya terminaremos de organizar el evento mañana. Divertíos mucho.

Hayate y Signum se marcharon. Al llegar al coche llamaron a Nanoha.

- ¿Ya la tenéis? –preguntaba la cobriza.

- Nanoha-chan… –dijo preocupada Hayate– Fate-chan ha desaparecido…

- ¿Qué? –dijo la cobriza sorprendida– ¿Qué quieres decir con que ha desaparecido, Hayate-chan? –medio gritó Nanoha.

- Después de marcharse de tu apartamento no regresó al suyo. Su madre piensa que aún está contigo… –la castaña miró a la pelirosa– Tenemos que encontrarla, Signum, Nanoha-chan.

Tras esa breve conversación, Hayate y Signum fueron al hospital por si la encontraban allí. Nanoha, por su parte, buscó en las cercanías al acantilado. No hubo suerte para ninguna de las tres. Estaba empezando a oscurecer y no tenían noticias de ella. Signum la llamó una y otra vez, pero nunca respondió a sus llamadas. A la décimo quinta llamada, Fate desconectó el teléfono. La pareja fue a buscarla al teatro y al club mientras Nanoha seguía buscando por parques. ¿Dónde podía estar Fate? Había oscurecido ya. Se había marchado de casa de Nanoha en la mañana. No había vuelto a su apartamento, no avisó a su madre y no contestó las llamadas de Signum. Pasaban las horas y seguían sin encontrarla. Nanoha no aguantó más y llamó a Subaru. Si ellas no podían encontrarla, Ginga Nakajima sabría dónde estaría. Tenía que hablar con ella, y para ello tenía que conseguir su número de teléfono o dirección para pedirle ayuda. Tras contarle a Subaru por encima lo que pasaba, la peliazul facilitó a la cobriza el número de su hermana. Nanoha no dudó ni un segundo, y la llamó.

- ¿Sí? –contestó la pelimorada.

- Ginga-san. Soy Nanoha Takamachi. Necesito de tu ayuda.

- ¿Takamachi-san? ¿Qué pasa? ¿Cómo tienes mi número?

- Se lo pedí a tu hermana. Hay un problema y necesitaba contactar contigo. Eres la única que puede ayudarme. Fate-chan ha desaparecido.

- ¿Cómo que Fate ha desaparecido? ¿No fuiste anoche en su busca? Pensé que lucharías por ella.

- Es una larga historia. Te la contaré más tarde. Por favor, ayúdame a encontrar a Fate-chan. Tú la conoces bien. No sé dónde buscarla más. –decía mientras sollozaba– Por favor, por favor Ginga… tengo que encontrarla. Ayúdame, por favor. –dijo finalmente quebrada.

- Tranquila, Takamachi-san. Te ayudaré, pero si ella no quiere ser encontrada, lo tendremos complicado. –dijo la pelimorada preocupada por su rubia amiga– ¿Dónde la has buscado?

- La hemos buscado en el club, en el teatro, acantilado, parques,...

- ¿Y en la costa? ¿Habéis buscado ahí? –preguntaba la pelimorada– Ella ama el mar. Hay un puente cerca de la costa donde puedes ver el mar. Ella puede estar ahí durante horas y no cansarse nunca de esa vista.

- Gracias Ginga-san. –decía la cobriza.

- De nada. Avísame si la encuentras, por favor. Ella es muy importante para mí. –pidió la pelimorada.

- Lo haré. Adiós.

Con esa nueva pista, Nanoha se dirigió al puente que había indicado Ginga. En el trayecto, llamó a Hayate y le contó lo que le había dicho Ginga, por lo que todas se dirigieron hacia el puente. Llegaron a la vez. Bajaron de sus coches y se dirigieron hacia el puente. Ya había anochecido, pero, allí, a lo lejos, apoyada en una baranda, se veía una silueta de una mujer alta. Signum y Hayate se quedaron atrás para avisar a Ginga y darle privacidad a la cobriza mientras que ésta última se dirigió lentamente hacia la silueta.

- Fate-chan… –la llamó, pero la rubia la ignoró– ¿Fate-chan? –lo intentó de nuevo acercándose a la rubia.

- Está bien, ya me voy. La ciudad es grande, pero tenías que aparecer justo aquí. –dijo enfadada mientras se marchaba en dirección opuesta a donde se encontraba la cobriza.

- No... –la sujetó de la muñeca.

- Ya me lo dejaste todo bastante claro, Takamachi-san. –dijo y Nanoha sintió su pecho doler– Suéltame. –Fate se soltó de su agarre y comenzó a andar.

- ¡Te amo Fate! –gritó la cobriza haciendo que la rubia detuviera su andar.

- ¿Qué? –murmuró la rubia girándose lentamente y con lágrimas en sus ojos– ¿Qué es lo que quieres de mí, Takamachi-san? –gritó con rabia.

- ¡Deja de llamarme así! –le pidió frunciendo el ceño.

- Primero me ilusionas para al día siguiente destruirme. Después me dices que lo recuerdas, que me quieres y me besas para después pedirme que te deje en paz antes de explicarte nada. ¿No tuviste suficiente? ¿No te conformas con este dolor que porto? ¿Necesitas que sufra más? ¡Te dije que te dejaría en paz! –gritaba con mucha rabia y lágrimas que no dejaban de caer– Me iré y no volveremos a vernos. –dijo para volverse de nuevo y seguir caminando.

Nanoha estaba estupefacta. Lágrimas comenzaron a caer mientras se daba cuenta de todo el dolor que había hecho a Fate, pero no podía dejarlo así. Tenía que arreglar todo lo que había causado por culpa de su inmadurez y estupidez. Nanoha reaccionó y comenzó a correr tras la rubia hasta alcanzarla, abrazándola por detrás.

- ¡Perdóname! –suplicó la cobriza con lágrimas en sus ojos y apretando el agarre que tenía con la rubia.

- …

- Por favor, Fate-chan. Sé que te he hecho mucho daño, pero quiero arreglarlo. –apretó un poco más el abrazo– No quiero que te alejes de mí. Siento mucho lo que pasó esta mañana, pero no lo dije de corazón. Te amo y quiero estar contigo, por favor. Algo podremos hacer para evitar que te cases y podamos estar juntas. No me voy a rendir y pienso luchar por ti hasta el último segundo. –dijo firme– Por favor…

- … –la rubia seguía sin decir nada.

- Fate-chan… –la cobriza volteó a la rubia– Te amo con todo mi corazón. –dijo susurrando frente a su boca y atrapó los labios de la rubia con los suyos.

Fate abrió los ojos en sorpresa. Nanoha ansiaba que la rubia le devolviera el beso, pero eso no ocurrió. Fate se separó de la cobriza y se volteó.

- Es demasiado tarde, Nanoha. Es mejor que me olvides. –decía seria la rubia– Cuídate. –se volteó a mirar a la cobriza– Gracias por haberme hecho feliz. Hasta siempre. –dijo y se marchó corriendo.

Nanoha cayó al suelo clavando sus rodillas mientras gritaba y lloraba por esa rubia que se había ido para no volver. No quería luchar con ella. No quería luchar por ella. Se había rendido desde aquel momento en el que Nanoha se marchó de su apartamento hacía ya un año. Dejó de creer en el amor y aceptó su destino. Un destino que la llevaba lejos de Nanoha.


- Estamos aquí reunidos… –hablaba el sacerdote mientras la rubia se distraía divagando en los recuerdos y en cómo hubiera sido su vida si aquella cobriza no hubiera huido.

"Han pasado trece días desde que le conté la verdad a Nanoha y le pedí que me olvidara. Me partió el alma dejarla allí en el suelo mientras lloraba y gritaba mi nombre, pero no podía hacer nada. Si le daba esperanzas sería peor porque mi madre jamás habría cambiado de parecer, mucho menos si había un contrato de por medio, por mucho que se tratara de la felicidad de su hija. Me pregunto si estará bien. Signum y Hayate han venido a pesar de que les dije que no lo hicieran. No quería que vieran cómo caía en un abismo del que jamás saldría. Ginga me llamó diciendo que llegaría media hora tarde por problemas de tráfico. –decía mientras se volteaba a ver a la persona que la tenía tomada de la mano– Miro a este hombre de ojos esmeralda que me tiene tomada la mano, aceptando también el acuerdo que nuestros padres firmaron hace mucho tiempo. Un hombre que conocí por casualidad no hace mucho y pude comprobar que él la amaba también. Aunque nos convirtamos en esposos jamás podré entregarle mi corazón y alma. Tendré que entregarle mi cuerpo, pero jamás mi corazón. Eso pertenece solo a Nanoha. Ella es la única que tiene derecho a poseerlo. –bajó la mirada mientras las primeras lágrimas se escapaban de sus ojos– Lo siento, Nanoha".

- Scrya Yuuno, ¿quieres recibir por esposa a Testarossa Harlaown Fate y prometes serle fiel, tanto en la alegría como en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza, en la salud como en la enfermedad, amándola y respetándola durante toda su vida? –preguntaba el sacerdote.

- Sí, acepto. –dijo serio.

- Testarossa Harlaown Fate, ¿quieres recibir por esposo a Scrya Yuuno y prometes serle fiel, tanto en la alegría como en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza, en la salud como en la enfermedad, amándolo y respetándolo durante toda su vida? –preguntó de nuevo el sacerdote.

- … –la rubia comenzó a temblar.

- ¿Lo aceptas? –le volvió a preguntar el sacerdote.

- Sí… acepto. –dijo con la voz rota y lágrimas en los ojos.

- Si hay alguien que se oponga a este matrimonio, que hable ahora o calle para siempre. –dijo el sacerdote mientras miraba a los invitados.

Nadie dijo nada. Hubo silencio absoluto. Fate estaba totalmente destrozada. No podía creer que ahora sería la señora de Scrya. El joven que estaba enamorado de Nanoha y que era su mejor amigo.

- Bien. En ese caso, yo os declaro…

- ¡Yo me opongo! –gritó una mujer peliacua desde la puerta casi sin aire haciendo que todos se voltearan a mirar.

- ¿Ma-má? –dijo la rubia viendo como dos figuras se colocaban junto a la señora.

- ¡Precia Testarossa! ¿Qué crees que estás haciendo con nuestra hija? –empezó a caminar hacia el altar– Fate, hija. No tienes que casarte si no quieres. –decía con dulzura mientras extendía sus brazos hacia su hija.

- ¡Lindy Harlaown! Fate aceptó este matrimonio, así que por favor. Deja que el sacerdote termine la ceremonia. –dijo la peligris.

- No, Precia. Nuestra hija se casará por amor y no por un maldito contrato de negocios.

- Mamá… –decía la rubia mientras la abrazaba con lágrimas en sus ojos.

Lindy se llevó a Fate por la puerta trasera y la llevó a la cabaña de madera a la que iban de vacaciones en verano. Entraron y le dio ropa a Fate para que se cambiara mientras ella preparaba té. Cuando se cambió, se sentó junto a su madre en el sofá y se acurrucó en ella.

- ¿Por qué no me llamaste? –intentó regañarla sin éxito– Menos mal que Ginga-san me contó la locura que estaba planeando tu madre.

- Así que fue Ginga… –susurró la rubia– Lo siento. Sabes que no creo en el amor, mamá. El amor de mi vida se esfumó hace tiempo y si no es con ella no soy feliz, pero firmé el acuerdo junto con mamá. Quiero hacerme cargo del hospital. Estudié mucho para ello. No quería decepcionar a mamá.

- Hija… No puedes renunciar a tu felicidad por algo que tu madre piensa que es lo correcto. Yo siempre te apoyaré. Sé que he estado durante mucho tiempo viajando y no he podido pasar tiempo contigo, pero a partir de ahora viviré en Uminari con tu madre. Estaré muy cerca de ti. Ya verás como a partir de ahora todo va bien.

Llamaron a la puerta y la rubia se tensó pensando que era su otra madre. Lindy sonrió, apretó su abrazo y la besó en la frente antes de levantarse.

- Tiene que ser la persona que he pedido que traigan. –dijo mientras se dirigía a la puerta y la abría dejando paso a una cobriza con lágrimas en los ojos– Os dejaré solas. Creo que tenéis mucho de lo que hablar. Iré a casa a hablar con Precia. Te llamaré mañana. –dijo guiñándole un ojo y sonriéndole con ternura– Nanoha-chan –llamó a la cobriza– Cuídala, por favor. Hasta mañana.

- No dude que lo haré. Hasta mañana, Lindy-san. –contestó la cobriza.

Lindy se marchó dejando a Nanoha y Fate solas. La rubia la miraba con sorpresa e incredulidad. ¿Qué hacía Nanoha ahí? ¿Por qué y para qué? La cobriza se acercó a ella lentamente hasta quedar frente a ella.

- Te dije que lucharía por ti hasta el último segundo. –dijo con lágrimas en los ojos mientras acariciaba la mejilla de la rubia.

- No quise creerte. –contestó la rubia también con lágrimas y sujetando la mano de Nanoha para sentirla más.

- Estoy aquí, Fate-chan. He venido por ti. Te amo y quiero estar contigo para el resto de mi vida. No voy a dejarte ir. –se sentó en su regazo– Te amo, Fate. Te amo como no tienes idea. No quiero vivir sin ti. Hayate-chan me dijo que Lindy-san estuvo a punto de llegar tarde, pero que lo consiguió. No sé qué habría hecho si al final te hubieras casado con él. –la rubia bajó la mirada– Fate, mírame. –la rubia la miró– Te amo. ¿Tú me amas?

- Te amo con todo mi ser, Nanoha. –dijo firme.

Ambas lloraron de alegría. Se abrazaron y se fundieron en un apasionado beso hasta que tuvieron que separarse, jadeantes, por falta de aire.

- Fate-chan –la llamó la cobriza– Ahora que no hay nada ni nadie que nos impida estar juntas… ¿Quisieras ser mi novia? –preguntó de repente sorprendiendo a la rubia.

- Estoy tan enamorada de ti que sería una estupidez decirte que no. Sí, Nanoha, quiero ser tu novia.

Nanoha, ante la felicidad que llenaba su pecho, se abalanzó sobre Fate abrazándola fuertemente para después pasar sus brazos por alrededor del cuello de la rubia para darle un beso más apasionado que el anterior. Estuvieron besándose durante un rato hasta que se hizo tarde.

- Sé que estás cansada, corazón. ¿Por qué no nos tomamos un baño de agua caliente y después nos vamos a dormir, o a lo que tú quieras? –dijo en tono sugerente a la rubia, quien se ruborizó, mientras le guiñaba un ojo.

La rubia asintió y siguió a su amada hasta el baño. Esa noche, por fin fueron libres y pudieron amarse como nunca antes lo habían hecho. Esa fue una de las tantas noches que vendrían de pasión, lujuria y desenfreno.


Ya han pasado tres años desde que Nanoha y Fate se habían casado. Fue una ceremonia donde solo acudieron familiares y amigos cercanos. Fue una boda íntima, preciosa y emotiva. Y han pasado también dos años desde que Nanoha y Fate decidieron agrandar la familia y adoptaron a una niña rubia con ojos bicolor que les robó el corazón desde el momento en el que la vieron por primera vez. Vivio era una niña dulce y cariñosa que tenía la misma melodiosa risa de su Nanoha-mama. En esos momentos no podían ser más felices. Fate salía de trabajar al mediodía, recogía en la escuela a Nanoha, donde ésta era profesora, y a Vivio y siempre volvían a casa juntas. Tras ayudar a su hija con las tareas del colegio, siempre jugaban las tres juntas.

Una noche, tras acostar a Vivio, Fate se dirigió a su dormitorio y se apoyó en el marco de la puerta mientras que veía como su esposa se cambiaba de ropa y se ponía el pijama.

- ¿Fate-chan? ¿Qué haces ahí parada? Pareces una acosadora. Nyahaha. –ambas rieron.

- Nanoha… –la llamó mientras cerraba la puerta y se acercaba a ella– Gracias. –dijo mientras la abrazaba.

- ¿Por qué me das las gracias, Fate-chan? ¿Qué pasa? –preguntaba confundida la cobriza.

- Por hacerme creer en el amor. Por hacerme ver que puedo ser feliz junto a las dos personas que más amo en esta vida. Por buscarme cuando yo me había rendido. Por amarme tanto. Eres tú quien me hizo ver que los sueños se cumplen si uno quiere. Eres tú quien me enseñó a amar. Eres tú quien me ha dado la mayor felicidad. Eres tú… –suspiró mientras que a la cobriza se le humedecían los ojos– el amor de mi vida, Nanoha. Te amo. Ahora, y siempre.

La cobriza saltó a sus brazos y la besó suave, lenta y tiernamente mostrándole todo el amor que su corazón le profesaba. Un amor que durará toda la vida porque es un amor verdadero.

FIN


Siento la demora, pero el trabajo me tenía agotada. Sé que el último capítulo no ha sido muy especial, pero la inspiración se fue con mi agotamiento...

Gracias a todos los que habéis seguido esta historia. Espero que os haya gustado. A todos los que os pasáis por aquí. Gracias también.

Nos leemos en la siguiente historia (que tengo en mente).

¡Viva el Nanofate!


Saizouh: Realmente no sabía a quien utilizar de pareja, pero supuse que nadie esperaría que fuera Yuuno y lo usé para que se llevara la decepción al ver como Nanoha amaba a Fate y no a él... Menos mal que Lindy llegó en el momento justo y evitó la catástrofe...

Nadaoriginal: Nanoha actuó antes de pensar y provocó más dolor a Fate. Por suerte, nunca se rindió a pesar de que Fate le pidió que la olvidara... También tuvo suerte de que su madre Lindy llegara en buen momento y evitara la boda en el último segundo.