Hola.
Naruto no me pertenece.
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LUZ DE VIDA
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Capítulo II Técnica de Restauración de Almas
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Una figura femenina yacía erguida entre los altos árboles que rodeaban el lago. Unos leves destellos de chakra y el reflejo de la luna plateada sobre la oscuridad de las aguas eran las únicas luces de aquella noche. Sakura se esmeraba en perfeccionar la técnica de la Restauración de Almas.
Tres meses atrás, cuando el equipo de Gai partió en una importante misión secreta, la vida de Sakura dio un giro: Tsunade le pidió que aprendiera técnicas curativas prohibidas. Mientras, en los cargos más altos y en los clanes empezó a correr el rumor de una posible guerra en caso de que el equipo de Gai y los planes de Tsunade fallaran.
Sakura pasó días encerrada en la Biblioteca de la Hokage analizando las técnicas de sanación y restauración completas, así como la transferencia de almas. Limpió las gotas de sudor que bajaban por su frente, recordando…
FLASH BACK
—No estudies mucho la transferencia de almas, ya la has visto—le había dicho Tsunade en una noche de estudio.
—La he visto, maestra, pero eso no quiere decir que la entienda del todo.
—Lo que viste es suficiente.
—Resultó exitosa gracias al enorme chakra de Naruto.
—No creas… La anciana Chiyo estaba agotada.
—¿No estará usted pensando que yo haga esa tec…?
—¿El riesgo de acelerar la regeneración de las células es? —interrumpió enfáticamente Tsunade mientras se sentaba en un taburete cerca de la ventana.
FIN FLASH BACK
—Una semana, Sakura.
Las palabras de la Quinta irrumpieron en su cabeza, azotándola duramente. Mordió su labio inferior temerosa y alejó los pensamientos que la distraían. Tenía menos de una semana para dominar la primera parte de la técnica: la inserción, que, según sus propias reflexiones, era complementaria a la importante misión de Gai y su grupo. Apretó los ojos con más fuerza, tratando de ignorar la vocecilla molesta que le recriminaba el tiempo perdido o la hacía ver la poca mejoría.
Concentró el chakra en sus manos. La fluidez y flexibilidad del chakra habían aumentado, no resultaba tan matador centralizar tanta cantidad de poder en sus manos. Su chakra se removía inquieto entre sus manos.
Para aprender la técnica de la restauración de almas, usaba una cajita que guardaba una llama, esto es una concentración de chakra muy poderosa, capaz de hacer regresar el alma a un cuerpo. Sakura, con su propio chakra, debía atrapar a la llama y hacer la transferencia o inserción a un cuerpo.
Cuando la cajita quedó vacía y su chakra encerraba la llama entre sus manos, una trémula sonrisa se formó en su rostro. La primera parte del entrenamiento había sido superada. Podía invocar un chakra lo suficientemente puro que le permitía atraer el chakra de Restauración de la Hokage.
Se había instruido arduamente durante los pasados meses para lograrlo. Muchas noches de desvelo junto con Tsunade estudiando y aprendiendo la técnica. Ahora que tenía el chakra entre sus manos, debía moldearlo y convertirlo en una llama de energía. Su mente jugaba el papel más importante, al ser la fuerza creadora, pues debía visualizar la llama.
Según el plan, a inicios de su tercer día debía dominar la primera parte de su entrenamiento, cosa que sucedió muchas horas después del amanecer del cuarto día; y ahora, no podía con la segunda parte: no podía crear la llama.
La Hokage la necesitaba y ella no lograba perfeccionar la técnica. ¿Se trataba de otra derrota? Un único pensamiento le estaba robando todas sus fuerzas: inútil. Una y mil veces, inútil.
Observó con cansancio el cuerpo inerte de una ardilla. Ya habían pasado cuatro días desde la muerte del animal, no podría restaurar su alma y flujo de chakra después de tanto tiempo. Murió en vano.
Sakura consumió una poderosa medicina hecha por Tsunade que era capaz de acelerar su restauración de chakra, vendó sus manos, descansó unos minutos y se volvió a poner en pie.
—¡Mi bella flor! —soltó Rock Lee cuando la vio—. ¡Por fin te encuentro!
Desde que Tenten lo visitó, habían transcurrido casi cuatro horas; tiempo que pasó buscándola en la ciudad y campos de entrenamiento. Su sonrisa se acrecentó mientras corría hacia ella.
—Mi flor de loto, la Hokage nos ha dado una misión, partiremos mañana…—le dedicó una de sus mejores sonrisas, en la que incluyó su pose favorita de elevar el pulgar.
—¿Misión? —Sakura habló alarmada—. No es posible, estoy en una misión.
Aún el chakra, aunque débil, manaba de sus manos.
Lee notó lo maltrecha que estaba la mujer, así que le dedicó una gran sonrisa para animarla.
—¡La frustración y decepción no son parte de la llama de la juventud! —exclamó resuelto.
Ella sonrió levemente al ver el parecido que se acrecentaba cada día más entre Lee y su maestro. La idea no duró mucho en su cabeza, puesto que lo importante era la misión.
—Lee—habló tímidamente—. ¿Podrías llevarme con la Hokage?
Desde que la vio en la lejanía supuso que algo no iba del todo bien. El lugar y su posición eran muy sospechosos. ¿Qué hacía Sakura en un lugar tan apartado y sola? Al acercársele, su preocupación aumentó, se veía realmente muy debilitada, además el chakra que rodeaba sus manos lo inquietaba, ¿estaría Sakura tratando de aprender el Chidori o el Rasengan? Sucediera lo que sucediera, le daría ánimos y no dejaría que su tenue llama de la juventud se apagara. Él siempre apoyaría a todas las personas que entrenaran para enfrentarse a su rival, aunque sus posibilidades no fueran muchas.
Le dedicó su mejor sonrisa para levantar el espíritu, como le decía Tenten, y le ofreció su ancha espalda a Sakura, quien lentamente se acomodó. Una vez Sakura en su espalda, emprendió el regreso a la ciudad rumbo al hospital, donde Tsunade estaba.
Su auto impuesta misión le exigía ir exclamando frases salidas de la cabeza de Gai-sensei sobre la juventud y su poder, todo para que el espíritu de la médico no flaqueara y su cuerpo no cayera. Ella agradeció suavemente el favor, pero cerró sus ojos y trató de concentrarse en crear la llama, ignorándolo por completo.
Tuvieron dificultades para ingresar a la oficina de la Hokage, puesto que el guardia de seguridad creyó que se trataba de una pareja de enamorados. Lee, indignado por no poder cumplir con su tarea, procuró tal escándalo que atrajo la atención de la Quinta.
Al verla, Sakura reaccionó y le dijo que aún no lo lograba. Lee y el guardia dejaron su pelea para fijar los ojos en la Hokage. Después de tomar un sorbo de su botella, Tsunade les pidió que la siguieran.
Tsunade observó las quemaduras en el cuerpo de su pupila, pero le habló sin contemplación.
—El equipo de Lee llevará 3 llamas plateadas hasta la Aldea de las Nubes, aunque no hayas perfeccionado la técnica, los acompañarás—definió.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sakura, con un hilo de voz dijo:
—No puedo controlar la llama.
—Lee, trae al resto de tu equipo—ordenó Tsunade.
Sakura evitó la mirada de su maestra.
El chico partió. Instantes después de ser reprendido por uno de los criados de la casa Hyuga por interrumpir la calma de la Gran Casa a horas tan poco adecuadas, Lee corría al lado de Neji rumbo a casa de Sakura, donde Tenten se encontraba. Gai sensei se les unió ya en la Oficina de la Hokage.
Tres pares de ojos inmediatamente captaron el deplorable estado Sakura.
—Sakura, ¿qué te ha sucedido? —la primera en hablar fue Tenten, al notar los ojos rojos de la mujer, además de su ropa sucia y rasgada. La preocupación se hizo notar tanto en su voz como en su mirada, agrandándose aún más al ver las quemaduras causadas por chakra en las manos.
—Sakura ha tenido dificultades con una técnica—explicó la Hokage, haciendo que todas las miradas se dirigieran a ella—, con la técnica que necesitan para finalizar su misión. Dado la urgencia, habrá un cambio de planes.
El equipo de Gai consciente de la delicada situación de la niña de la familia Onohara, comprendieron la gravedad de las palabras de Tsunade. Lee adquirió una postura muy rígida y sobria, comprendiendo la causa del estado de Sakura. Tenten abrió levemente la boca en señal de temor, mientras que Neji frunció el ceño. Se desvanecía la esperanza de devolverle la vida a la niña de las Nubes y de evitar una guerra mayor.
—Lee, Tenten, Gai—la Quinta los miró fijamente—, partirán mañana cargando con las tres llamas.
—¿Disculpe? —interrumpió Neji, irritado por no ser incluido en la misión.
—Te quedarás aquí, tu misión será proteger a Sakura en el trayecto. Al cuarto día se les unirán.
El equipo 8 de Maito Gai asinitió.
—Cuento con ustedes—dijo Tsunade, despidiéndolos. Con la mirada, le pidió a Neji que la esperara en la oficina.
A pesar de la seriedad de la situación, Gai y Lee, antes de salir del despacho, estallaron en sonoros gritos de victoria y juventud. Tenten resopló y lanzó una cansada mirada a Neji, que la correspondió con el ceño fruncido por la actitud de sus compañeros; la chica los empujó hacia afuera y trató de silenciarlos.
Tsunade acompañó a Sakura a la dependencia del descanso, contigua a su oficina.
—Necesitas descansar, ¿has comido algo?
—No tengo hambre.
—Eso no es lo que dice tu estómago, ¿qué tal un poco de ramen? Seguro te hace bien.
Sakura comió lentamente. Su maestra la observaba atenta.
—¿Qué sucederá…?—le costaba tanto decirlo, le dolía.
La mujer le acarició maternalmente la espalda.
—Lo lograrás.
—Pero no a tiempo—exclamó Sakura dolida.
—Tienes cuatro días más—Antes de que la muchacha se estremeciera con más dudas, le dijo—. Confío en ti.
Sakura dejó el plato y caminó hacia la puerta, no perdería más tiempo.
—Sakura—llamó Tsunade antes de que la muchacha desapareciera—, tu misión es insertar las llamas y velar por la salud de la niña. No tienes que crear las Llamas de Restauración de Almas, solo debes controlar las que yo hice. No te agobies… sé que lo lograrás.
Tsunade suspiró. La misión en la Aldea de las Nubes se había tornado peligrosa, pero Gai y sus chicos le había demostrado que aún había solución. Si tan solo Sakura creyera más en ella misma, podría sentirse tranquila. Ahora, le esperaba una larga charla con Neji…
o.o.o
Sakura volvió a su lugar de entrenamiento. Continuó con su práctica por al menos un día más. Reconocía que su técnica era bastante limpia, con el tiempo y la experiencia podría depurarla aún más. Sin embargo, no lograba lo más importante: el color de su chakra no era el ideal. Se sentó sobre la hierba, meditó cuál podría ser su fallo, cómo podría crear un chakra gris que envolviera el chakra de restauración de Tsunade y lo protegiera de impurezas.
Batallaba contra el sueño, mientras ideaba una manera de hacerlo bien. Sus ojos bailaron en el reflejo de la luna en el oscuro lago. Luna plateada, ojos plateados. Los ojos de Neji Hyuga vinieron a su mente. Con la idea en la cabeza se concentró una vez más.
Poco a poco el chakra que brotaba de sus manos se moldeó en una llama grisácea, rodeando el poderoso chakra que había salido de su envase protector para resguardarse entre las manos de Sakura. Casi perfecta. La energía de la joven era tan poca que la llama tentaba a la muerte con un baile agitado. No obstante, entre sus manos yacía, aunque tenue, Luz de Vida.
Grabó la imagen de la luna reflejada en el lago y de los ojos del Hyuga en su mente. Eran su clave para crear la llama, devolvió el poderoso chakra a su envase protector. Se ruborizó un poco al pensar en los ojos del shinobi, pero no le dio muchas vueltas.
Debía encontrar un animal en el cual probar su técnica. Bebió los medicamentos que Tsunade le había dado y alivió el ardor de sus palmas con un ungüento especial traído de la Arena, recogió sus pergaminos, acomodó sus ropas y se adentró en el bosque, haciendo el suficiente ruido para alejar a cualquier animal que no quisiera morir.
Tarareaba alguna canción que había oído cuando niña, al tiempo que avanzaba y deseaba encontrar algún animal muerto en su camino. En el fondo de su corazón se sentía alegre por su triunfo.
Sin darse cuenta, cayó en una trampa. Pronto se encontró boca abajo a los pies de un ninja desconocido. Lo escuchó reír y con el poco conocimiento de la lengua que hablaba el tipo, muy toscamente, entendió que se burlaba de ella. No pudo liberar el grito de frustración que se le había atascado en la garganta.
Una gruesa mano la sostuvo del cuello y un fuerte golpe le fue propinado a la altura de la sien. El hombre, sin cuidado, la sujetó con un delgado hilo de chakra; fue tan fácil. Con la trampa que había colocado para conseguir algo para comer, consiguió a la joven médico. La alzó y antes de hacer algo más, Sakura volvió a caer al suelo.
—Creí que mi misión empezaría hasta dentro de unos días—dijo una voz masculina, después de arrancarle la máscara al tipo, un espía de las Nubes. Sakura se mantenía a una distancia prudente. Neji Hyuga no podía ocultar su enfado, la estupidez de la chica por poco cuesta la misión.
Si no fuera por él, ella estaría en la trinchera de un grupo de shinobis de las Nubes a unos cuantos kilómetros de la ciudad y muy posiblemente muerta. Neji se alejó de Sakura. Aquel ninja se había alejado del grupo, debía encontrar con premura a los demás, sólo esperaba que la joven ninja no cometiera más estupideces.
Sakura cayó de rodillas al suelo. Se sentía débil y humillada. Si Neji no hubiera aparecido estaría seis metros bajo tierra junto con la niña de las Nubes, y habría puesto en peligro a Lee y a los demás. Debía agradecérselo, pero pensar en su error y en lo que el Hyuga le diría la hacían desfallecer.
Tardó varios minutos en recuperarse del todo. Hurgó entre la ropa del shinobi, que ató a un árbol, encontró un poco de pan que devoró hambrienta, una botella a medio vaciar de sake y otra botella vacía de algún licor extraño y muy fuerte, y un pergamino con un informe sobre la reunión en la oficina de la Quinta dos días atrás.
Guardó el pergamino y se refugió bajo un tronco. Debía informar inmediatamente a Tsunade sobre el traidor: Kuranade Soshima, el guardia de aquella noche. Leyó el pergamino:
—La Hokage obligó al Pájaro Enjaulado a proteger a Sakura Haruno hasta que regresaran a Konoha, lo cual planean hacer dentro de tres meses.
—Gracias Tsunade—murmuró la joven cansada.
Guardó nuevamente el pergamino en su mochila y continuó alerta la búsqueda. Deseó que aquel hombre no hubiera advertido a más personas de los detalles de la misión.
Encontró una familia de erizos a la orilla de un tronco caído. Después de lo que había pasado se sentía débil. Pero debía intentarlo. Con cuidado atravesó al erizo más pequeño con un Kunai, toda la familia corrió horrorizada a refugiarse en su madriguera.
Sus primeros intentos por invocar la llama fallaron, se vio obligada a vomitar y esperar algunos minutos para recuperar energía. Al tiempo, la llama grisácea se sostenía sobre su palma.
Murmuró las palabras del jutsu y empujó despacio la llama hacia el cuerpo inerte del animalillo. Una vez insertada, abrió sus ojos. Una pequeña cría muerta de erizo yacía sobre su propia sangre. No lo había logrado. El animal no resucitó.
Sacudió fuertemente su cabeza. Evocó de nuevo la imagen de la luna. Una segunda llama más débil que la anterior se adentró en el cuerpecillo. Pasaron los minutos, largos y desesperantes.
Sakura lo volvió a intentar, desesperada. ¿Dónde estaba su habilidad médica? Un gemido lastimero se le escapó del pecho, se levantó ofuscada y cayó recostada sobre un árbol. Se quedaba sin fuerzas…
—Sakura—habló una conocida voz a sus espaldas.
Kakashi la miraba confundido. No esperaba encontrarla ahí, a pocos metros de un invasor inconsciente y con aquel mal aspecto. Entre la suciedad del rostro de la muchacha pudo ver la desesperación. A sabiendas de que no era muy bueno para esas cosas y de que la situación podía ser grave, supo que debía consolarla, o al menos, ofrecer apoyo.
Los ojos verdes de Sakura observaron con detalle a su sensei, antes de que él se acercara más exclamó angustiada:
—No puedo.
Kakashi no hizo ningún movimiento, ella cayó de rodillas.
—No puedo hacer la técnica… y una niña en la Aldea de las Nubes me necesita y no logro hacer el jutsu de restauración de almas.
Kakashi la observó perplejo, ¿a caso su estudiante menos dotada intentaba hacer el jutsu de restauración de almas, mejor conocida como Luz de Vida, una técnica prohibida para los ninjas médicos? ¿Cuánto tiempo había tardado Tsunade en aprender esa técnica: meses?
—Sakura—habló él—. Esa técnica toma mucho tiempo y esfuerzo, no pretendas…—Kakashi fijó su ojo en el erizo muerto detrás de la kunoishi. Sakura había matado a la criatura. Obviamente, la joven se entrenaba para una misión y no podría revelarle todos los detalles. Ya era demasiado que él conociera el nombre de la técnica, una técnica que le acarreaba a la joven el peligro de ser atacada.
Unos instantes antes, se había encontrado a Neji Hyuga luchando contra dos shinobis de las Nubes. Sin escuchar explicaciones, él mismo había exterminado a uno que intentaba huir. Al despedirse del Hyuga, este le pidió que velara por sus estudiantes. Le extrañó el comentario y decidió rondar por si encontraba alguna situación inusual.
Neji no se podía referir a Sasuke, los dos sabían de sobra que Sasuke podía cuidarse solo. Respecto a Sakura, había considerado imposible que el Hyuga pensara en ella. Así que solo le quedaba el pobre de Naruto. ¿Estaría Neji dispuesto a atacar a Naruto por lo que había ocurrido con Hinata?
En la mente de Kakashi antes de encontrarse con la pelirosada solamente había una idea: encontrar a Naruto. Topó con Sakura por casualidad.
Ahora, las cosas tenían otro sentido. Había escuchado de la muerte de la sacerdotisa del País del Rayo y sabía para qué servía la técnica que Sakura trataba de aprender. ¿Estaba Sakura envuelta en aquellos acontecimientos? Conociendo a Tsunade, era muy probable.
No era la primera vez que Kakashi observaba a su única estudiante mujer con un mal aspecto debido al entrenamiento. Sin embargo, esta vez podía notar que había algo más profundo. No era una fatiga por exceso de trabajo, Sakura como ninja, y principalmente, como médico, estaba preparada para contrarrestar los efectos de un cuerpo cansado. Había algo más. Una preocupación extrema. Pero no era solo eso. Sakura no perdía el brillo de sus ojos con la preocupación, al contrario, esta la motivaba a conseguir una solución, a apoyarse en sus compañeros, pero esta vez parecía estar sola. Había frustración y temor en el aura de aquella chiquilla. Soledad.
El jounnin se atrevió a suponer. Reconoció que envidiaba que Gai estuviera metido en asunto tan grande y él en su pacífica aldea tratando de evitar que Naruto se metiera en problemas. Observó las quemaduras a medio curar en las manos de ella. Realmente la había subestimado; pero reconoció que Tsunade la sobrestimaba.
—No es una técnica de rápidos resultados, especialmente cuando estás iniciando…. Se toma su tiempo para surtir efecto—dijo él, en tono casual, la chica lo miró sin fiarse del todo de aquellas tranquilizadoras palabras, él continuó—. ¿Crees que una técnica que requiere tanto esfuerzo y preparación tendrá efectos instantáneos?
Sakura asintió y liberó su preocupación en unas sonoras carcajadas que habrían molestado a Neji. Se preguntó cuáles serían las secuelas por usar una técnica tan poderosa varias veces sobre la misma criatura. Se giró hacia el pequeño erizo.
Kakashi se recostó contra un ancho tronco unos cuantos pasos atrás. Pudo reconocer las heridas que le había causado el ninja de las Nubes que la atacó, Sakura no las había sanado completamente con su chakra, evitando así el gasto de energía. El moretón en el ojo se veía asqueroso y tenía sangre seca cerca del labio. Se notaba que no estaba comiendo bien, tenía la cara pálida y las mejillas más saltonas. Por un momento, a pesar de la suciedad, le pareció que era atractiva.
Sacudió su cabeza negando sus pensamientos. No era el momento para descubrir la belleza y fortaleza de su estudiante.
Un largo rato hubo de pasar para que el animal tuviera un ligero estremecimiento. Sakura se sobresaltó emocionada. Poco a poco los ojillos negros del erizo atisbaron la luz. Sakura gritó de la emoción.
—Inténtalo de nuevo—le dijo Kakashi.
Sakura miró al pequeño erizo que trataba de escaparse de sus manos sucias y quemadas, pero Kakashi la sorprendió con toda una familia de erizos muertos.
Sakura sonrió confusa. Colocó al erizo que acababa de volver a vivir en el suelo.
Kakashi se vio tentado a activar su Sharingan, pero no lo hizo, pues Sakura notaría el chakra, era una sensación conocida para ella, además si lo hacía tendría que dar engorrosas explicaciones a la Hokage. Decidió prestar la debida atención.
Consideraba que Tsunade actuaba con suma irresponsabilidad al permitir que Sakura anduviera sola, alejada de la ciudad y cargando chakra tan poderoso; sin embargo, había sido una acertada idea la de tener listo el chakra de la restauración, así la ella solo tendría que preocuparse por moldearlo e insertarlo.
La kunoishi cerró los ojos y atrajo hacia sus manos el chakra de su maestra, que guardaba en un pequeño recipiente.
Kakashi pudo admirar un despliegue de control de chakra y magnetismo fabulosos. De una manera habilidosa el chakra de Sakura atraía y mantenía unido aquel chakra azul tan poderoso, que tan pronto como ella lo manipulaba se volvía gris plata.
Esta vez fue más rápido, no requirió atraer hacia sus manos todo el contenido del envase. En el momento de hacer la ruptura, Kakashi aplaudió extasiado, el control era magnífico.
El chakra se arremolinaba entre aquellas manos pequeñas. En este momento de la técnica, la kunoishi alcanzaba un grado de meditación que la distanciaba completamente de su realidad. En su mente solo había una cosa: los ojos del Hyuga.
Kakashi admiró la concentración de su estudiante, sabía que la mente jugaba un papel definitorio en la producción de la técnica. El chakra ondeaba al compás de aquellas expertas manos, hasta que su color se fue aclarando, adquiriendo un gris pálido y la forma de una llama de fuego. Quiso saber cuál era el proceso creador que utilizaba la kunoishi. Si lo supiera habría una muchacha altamente ruborizada.
Poco a poco, Sakura insertó la llama en el cuerpo del animal. Kakashi pudo percibir como el chakra de Sakura servía como puente para el ingreso del chakra de Tsunade en el cuerpecillo del animal. Sonrió ante el éxito de su estudiante.
Una hora después, la familia de erizos trataba de huir de las manos de Kakashi quien los pretendía como los conejillos de indias de Sakura, consideró que debía practicar con ellos hasta dominar la técnica. Después de haber revivido a la familia unas cinco veces Kakashi dio por terminada la "clase".
La emoción de Sakura era tanta que su maestro tuvo que vendarle las manos y colocarle ungüento en algunas heridas que se habían abierto a causa del esfuerzo físico y mental. Estaba orgulloso de conocer de primera mano el enorme poder que albergaba la kunoishi. Llevaba casi una semana al intemperie, alimentándose de lo que encontrara, durmiendo poco, utilizando grandes cantidades de chakra y restableciéndolo con medicamentos, sin olvidar los altos niveles de frustración; no eran las mejores condiciones para hacer esa técnica, pero ahí estaba, algo cansada pero con la frente muy en alto.
La invitó a comer un poco de ramen.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
Yo ando reeditando, la historia es la misma, pero le hago cambios de redacción porque es una historia monstruosa y no quiero que sea tan, tan larga.
Recorté el capítulo un poco, para dejar este como una nota introductoria sobre la Técnica de Restauración de Almas. En poquísimas palabras, Sakura debe manipular un chakra de Tsunade que es lo suficientemente poderoso para revivir a una persona; y Neji Hyuga juega un papel importante, claro, todo en la mente de Sakura.
Les agradezco montones su lectura, así como sus comentarios: todos son muy bien recibidos y me alegran montones :) Gracias, chicas.
