Anduvieron en silencio hasta que salieron por el pasadizo, ya comenzaban a alejarse del castillo, pero antes Judai dio un último vistazo al imponente palacio que solía ser su hogar. Cerro sus ojos recordando la fotografía que llevaba escondida, siendo esa imagen reemplazada por una de Johan derrotado.

"Te sacare de ahí" giro su cuerpo y comenzó a creer a toda prisa sin mirar atrás "Te lo prometo" una lagrima cayó al suelo, una lagrima de un amante triste añorando a su amado.

Pero sin que el castaño se diera cuenta, unos ojos curiosos veían la escena tras una máscara. Un joven de ropajes negros salió de la sombra del muro a la luz, viendo con mucho detenimiento a un joven encapuchado que corría lejos del palacio.

-Hmmm… ¿pero ¿qué es esto? - su voz era suave pero rasposa, con un aire de arrogancia- Parece que encontré a una rata- se dibujó una sonrisa torcida tras esa mascara negra que cubría su rostro- a Edo le encantara esto…- se desvaneció lentamente entre las sombras en búsqueda de su "queridísimo "rey.

Mientras tanto en un oscuro callejón de la ciudadela se encontraban dos agitados muchachos, el de capucha negra apoyándose sobre sus rodillas, y el de capucha café recargado en la pared, ambos en búsqueda de aliento, habían acelerado mucho para poder llegar rápidamente a la ciudadela sin ser detectados, sin darse cuenta que Judai se había quedado atrás. Decidieron esperarlo ahí, habían acordado que si por algún motivo llegaban a separarse ese sería el punto de reunión, respiraban pesadamente, Jun ya comenzaba a inquietarle la ausencia del castaño, pero todo eso cambio en cuanto vieron a un encapuchado adentrarse al callejón jadeando, apoyándose sobre sus rodillas respirando agitadamente.

-¿Dónde estabas?. Er ala voz de Jehu la que resonaba en aquel oscuro callejón

-Me tropecé…y.…quedé un poco…atrás- decía el castaño con la voz entrecortada

-No te vio ningún guardia ¿verdad? -ahora era Jun el que tomaba la palabra mientras se acercaba al castaño

-No…descuida- este contesto con una media sonrisa

-Ya está anocheciendo- ambos jóvenes giraron sus miradas para ver a Jehu que estaba con la mirada perdida en el celo- Debemos regresar…-giro su cabeza para mirar al castaño y con una sonrisa maldosa declaro- Prepárate para la ira de Haou- el castaño suspiro y asintió cansado, sabía que tarde o temprano tenía que enfrentar a su hermano, pero lo que no sabía Judai era que las cosas no saldrían como se las imaginaba.

-Bien…-el chico de cabello negro fue el que tomo la palabra, alejando a los otros dos chicos de sus pensamientos- Sera mejor que me retire- comenzaba a encaminarse hacia la salida hasta que alguien detuvo su avance, al girar su rostro pudo notar que Judai le tomaba del brazo.

-No puedo dejar que te vayas- Jun miro los ojos castaños de Judai, que, a pesar de tener el antifaz, este no opacaba sus hermosos ojos chocolate, fieros y decididos- Ven con nosotros…por favor- su voz era suave, y para el chico de cabellos negros, parecía una droga, una droga que no estaba dispuesto a dejar. Jehu al ver que el joven no contestaba decidió incitarlo para que aceptara.

-Si Jun, después de ver de lo que eres capaz nos vendría bien tu ayuda- Jun miro a Jehu que tenía una sonrisa burlona en el rostro- además…no rechazarías la oferta de Judai, ¿o sí? - el chico de ojos grises desvió la mirada de nuevo a la del castaño, y por todos los dioses, si las miradas hablaran hubiera apostado todo a que la de Judai le estaba suplicando.

-Está bien, iré con ustedes- dijo en un suspiro, disimulando a la perfección la felicidad que sentía en ese momento. Judai y Jehu sonrieron satisfechos, la del chico de ojos ámbar parecía más bien de burla. Ya más tranquilos, y habiendo aclarado las cosas, dieron marcha hacia la mansión.

Los tres guerreros caminaban en silencio, cada uno tenía su mente perdida en los muchos acontecimientos de ese día. Por una parte se encontraba Jehu que estaba dispuesto a a todo para sacar al imbécil de Edo Phoenix del poder, su mente divagaba en el movimiento del castillo, comenzó a hacerse un mapa mental con todas las salidas, entradas, en los guardias, empezaba a hacerse una idea de lo que les esperaría el día del ataque, si bien los guardias no parecían ser muy listos, pero tenía que aceptar que se veían fuertes, y su altura los hacia verse imponentes, si esas eran los guardias que se veían por fuera, ¿Cómo serían las fuerzas especiales de Edo?, fue entonces que recordó aquella bestia gigante de hace 5 años, aquella bestia que lo dejo inhabilitado y por la cual su hermano tuvo que entregarse, gruñido ante este pensamiento, se juró mentalmente que esta vez estaría listo y que no sería tan descuidado como la última vez. Suspiro, tenía que platicar de esto con Haou, tenía que decirle todo lo que había visto lo antes posible, porque si su instinto era correcto, la batalla sería más difícil de lo que pensó en un principio, y tendría que hacer uso de ese "ultimo" recurso del que Haou le había platicado.

Por otro lado, se encontraba Jun que aún seguía sin poder creer que Jehu, Haou, y sobretodo Judai, estuvieran con vida.

"Judai…"

Por años se había mentido a si mismo respecto a sus sentimientos de Judai, el era un joven soldado, pasante a caballero, de origen humilde, pero con su corazón en el lado correcto. Siempre veía a Judai caminar alegremente por los pasillos, jardines y salones, siempre con esa sonrisa que parecía de un ángel caído del cielo, siempre tan amable con todos, siempre tan jovial, y él, sin darse cuenta, se había enamorado del joven príncipe, pero tenía que despertar, su amor nunca pudo ser correspondido, el príncipe estaba enamorado de su capitán, y este igualmente de él. Sentía envidia, no lo podía negar, verlos caminar tomados de la mano, siendo cuidadosos para que nadie se diera cuenta. Él lo hubiera dado todo para no percatarse de aquel amor, hubiera preferido vivir ignorante de ese sentimiento, ver a Judai tan feliz le daba una mezcla de placer y dolor porque sabía que esa felicidad no la proporcionaba él, si no Johan.

Cuando ocurrió la invasión hace 5 años, lo primero en lo que pensó era ir a proteger a Judai, lamentablemente nunca pudo hacerlo, cuando Edo se corono victorioso, él junto con lo que quedaba de caballeros huyeron, sintiendo un dolor agudo al pensar que su amado había muerto. Por años se dedicó a entrenar, a volverse más fuerte, con el ideal de que algún día él vengaría a sus amigos y a Judai, pero ahora todo era destino, la vida le había dado una segunda oportunidad y por supuesto que la iba a aprovechar.

Mientras tanto Judai solo pensaba en una cosa, o más bien en una persona, en Johan, aún seguía sin poder creer el estado en el que se encontraba, tan demacrado, tan desalmado, sus bellos ojos verdes siempre estaban llenos de energía y vida, pero ya no era así. No quiso imaginarse por todo lo que Johan había pasado durante esos 5 años, de repente su mente le jugó una mala pasada, reviviendo aquel beso entre Edo y Johan, y como este le había correspondido, un dolor agudo se formó en su pecho, le dolía, le dolía el pensar que mientras él buscaba un amanera de salvarlo Johan lo haya reemplazado.

"¿Reemplazado?"

Judai sacudió fuertemente su cabeza en un inútil intento de alejar ese pensamiento, no era posible, Johan no podía sentir algo por Edo después de todo lo que lo hizo sufrir, era ridículo, era imposible.

"¿Y si se olvidó de mí?"

Otra punzada en corazón, ¿Johan lo habría olvidado?, no, eso tampoco era posible, él había dado su vida para protegerlos, para protegerlo, todo el abuso, todo el sufrimiento que ha soportado Johan durante 5 años había sido para que ellos estuvieran a salvo, había sido por él…

"¿Y si me odia?"

Nuevamente esa punzada, aunque no quisiera reconocerlo ahí estaba esa posibilidad, latente en su mente, y tal vez era cierta, cada cicatriz, cada moretón, cada abuso hacia su persona era por su culpa, por no tener el coraje para enfrentar a Edo hace años.

Sacudió nuevamente su cabeza, ya no quería seguir pensando, seguir atormentándose. Respiro profundo, tenía que calmarse, había sido un día difícil para él y todavía no asimilaba todo lo que había visto, sí, eso debía hacer, necesitaba poner en orden su mente si quería pensar en una forma de sacar a Johan de ahí.

En otro lado de la ciudadela, específicamente en la sala del trono se encontraba Edo sentado en este, con las piernas cruzadas, dando pequeños golpecitos con sus dedos en el descasa brazos, estaba impaciente, y con cada segundo que pasaba su impaciencia aumentaba. De pronto las puertas se abrieron revelando a un joven vestido completamente de negro, con una larga gabardina con las solapas en rojo, debajo de este se podía ver un body sumamente ceñido a su cuerpo que delataba su bien marcado abdomen. Su cabello era largo de un tono rubio cenizo, su rostro se ocultaba tras una máscara negra que parecía de hierro.

-Más te vale que sea algo bueno Fujiwara- el aludido retiro la máscara dejando al descubierto su rostro, era apuesto, sus ojos eran de un azul oscuro como muros de acero inquebrantables, su nariz era fina y delgada, sus labios eran delgados formando una sonrisa torcida y arrogante- Estaba en medio de algo importante- El rostro de Edo era severo, con el ceño fruncido y los dientes apretados.

-Relájate- la sonrisa del rubio se hizo más alargada- Pronto regresaras a jugar con tu "juguete" favorito- Edo se mantuvo callado, fulminando con la mirada al rubio- Bien, iré justo al grano- el joven se acercó lentamente hasta quedar a la mitad de la sala- Parece que su seguridad "majestad", no es tan impenetrable como piensas

-¿A qué te refieres?- la voz del peli plata era grave y sombría

-Me refiero a que vi a un encapuchado salir de entre los matorrales a las afueras dl castillo

-¿Encapuchado?

-Asi es, parecía que iba saliendo de tu amado palacio

-Hmmm…-Edo se llevó sus nudillos a la boca pensando en lo que el rubio le decía, por un lado Fujiwara no era una persona totalmente de fiar y él lo tenía muy claro, y puede que estuviera mintiendo, pero por otro lado pudiera que fuera cierto que alguien estuviera merodeando por las afueras del castillo, y eso no era bueno para sus intereses- Haz que redoblen la seguridad en el castillo y da un aviso al pueblo- de pronto se puso de pie son una sonrisa burlona en su rostro- debemos deshacernos de la mala hierba antes de que se propague

-Como ordene…su alteza- ambos sonreían sombríos, nada ni nadie se interpondría en sus planes.

Ya pasaban de las 10:00 de la noche cuando arribaron a la mansión, Jehu y Judai ya se estaban preparando mentalmente para los gritos de Haou, mientras que Jun estaba asombrado, nunca pensó que su nuevo refugio iba a ser una mansión, y menos la mansión de la familia Tejoin.

Al entrar por la puerta los recibió un mayordomo que parecía aliviado de ver a los jóvenes guerreros

-Gracias a Dios están a salvo- su voz delataba que realmente estaba aliviado de verlos, aunque se sorprendió al ver a un tercer muchacho entrar por la puerta- iré a informarle a mis señores que han llegado- dio una reverencia retirándose rápidamente haca las escaleras.

-Hubiera sido agradable que me dijeran cuál era su refugio- decía Jun con una media sonrisa divertida, quitando su capucha.

-Nosotros también somos nuevos aquí- decía Judai retirando su capucha y su antifaz- llegamos anoche

-Llegaron anoche ¿y ya te infiltraste al castillo? - Jun aún seguía con su sonrisa- sí que eres rápido- Judai le devolvió la sonrisa, pero pronto esta se desvaneció al escuchar cierta voz que él conocía a la perfección

-Demasiado diría yo- la voz severa de Haou resonaba por todo el salón, los tres chicos giraron sus rostros para observar al dueño de la voz, que bajaba las escaleras con los brazos cruzados, seguido muy de cerca por los hermanos Tenjoin- ¿Cuál es tu excusa Judai?- sus ojos dorados eran como dagas apunto de clavarse en el rostro de su hermano.

-Ninguna- la voz de Judai era grave y firme, con un rostro impenetrable- Tu sabes perfectamente la razón de mi visita al castillo- Jun miro de reojo al castaño junto a él, podía jurar que el chico que tenía al lado no era con el que había platicado hace unos segundos, su semblante era serio, frio, con unos ojos fieros y severos

-Te pusiste en peligro, pusiste en peligro la misión- Haou se acercó a su hermano con furia, mientras más pasaba el tiempo, más fuerte se volvía su voz- Ya eres un adulto, ¡deja de comportante como un crio!

-¿Yo soy el crio?- ambos hermanos ya estaban muy cerca el uno del otro, ambos con una mirada fulminante y retadora- ¡JA! Por favor ubícate…

-¡Ubícate tú!- Haou ya estaba perdiendo la paciencia- ¡¿Quién te crees?! ¡¿Crees que por que eres Judai Yuki puedes ir haciendo lo que te plazca?!- Los ojos del castaño menor seguían firmes antes la dureza de las palabras de su hermano-¡o porque estas "enamorado" puedes ir y arriesgar todo en los que hemos trabajado!- para este momento Haou ya estaba gritando eufórico, mientras los presentes veían la escena en shock, incapaces de hacer algo, todos a excepción de Jehu, que ya se veía venir que la bomba estallaría en cualquier momento, pero después de lo de hoy tal vez ese no era el mejor momento, sabia de lo hiriente que podía ser Haou cuando estaba enojado, pero hasta ¿dónde era capaz de llegar Judai?- ¡ERES UN IMBECIL AL PENSAR TODAVIA EN JOHAN! ¿¡CREES QUE SIGUE CON VIDA?! ¡JAJAJA! POR FAVOR ¡¿CREES QUE VOLVERA CORRIENDO A TUS BRAZOS Y QUE SERAN FELICES POR SIEMPRE?! ¡DESPIERTA! ¡NO LE INTERESAS!, SI LE INTERESARAS YA HABRIA ESCAPADO, ASI QUE DEJA DE SER TAN INFANTIL Y…- y lo que siguió nadie lo vio venir, Judai cerro su puño estrellándolo en la cara de su hermano, el golpe fue tan fuerte que Haou cayo de rodillas, agarrándose la mejilla, con un hilo de sangre comenzando a salir de sus labios.

-¿Y tú quién te crees que eres?- los ojos de Judai irradiaban ira y rabia, su voz era fuerte, grave, daba miedo- ¿Crees que eres mi padre para hablarme así?- Haou volteo a ver a Judai atónito, jamás pensó que su hermano pequeño, aquel ser puro e inocente que siempre lo desesperaba pudiera…asustarlo- El único desubicado aquí eres tu- Se agacho para estar a la misma altura que su gemelo tomándolo con firmeza de la camisa, acercándolo a él- No vuelvas a hablar así de Johan en tu vida, porque si lo haces…-de pronto a Haou se le heló la sangre al ver como los ojos de Judai cambiaban de color a unos verde y rojo- no me importara que seas mi hermano- su voz era grave, sombría, metálica, aterradora, como si alguien más hubiera hablado por él. Sus ojos recobraron su "normalidad", soltando la camisa de Haou y mirando a todos los presentes que aún estaban en estado de shock, incluso Jehu estaba así.- Disculpen el altercado- hizo una pequeña reverencia y sin esperar a que alguien le dijera algo salió de la estancia en dirección a su habitación.

Pasaron varios minutos sin que nadie se moviera, a excepción de Jun que por instinto decidió seguir a Judai, todos estaban atónitos ante lo que acababan de presenciar, no sabían que pensar, Jehu por su parte no sabía del lado de que hermano estar, por una parte Haou se había comportado como todo un cretino al gritarle así a Judai, y por otro lado ese golpe, y sobretodo esa amenaza, no era algo que esperaría de Judai jamás, no era lógico, era como si por un instante no fuera Judai, hasta su voz sonaba diferente. Decidió tomar acción y acercarse a su novio que aún seguía en el suelo en estado de shock, tenía que admitir que a él también le molesto la forma de la que hablo de su hermano, y más por como lo había visto hace unas horas.

-Realmente eres un cretino- le decía a su novio mientras lo ayudaba a incorporarse- Creo que si te merecías ese golpe- los ojos del peli azul eran severos, mientras tanto Haou ignoro lo que su novio le había dicho mirándolo con ¿miedo?

-Jehu-las manos de Haou temblaban haciendo que su novio se preocupara, jamás había visto a Haou en ese estado- Es Judai…- Jehu lo miro confundido, estaba bien que el golpe fue muy fuerte pero tampoco era para que su novio se pusiera así

-No entiendo Haou, Judaai es ¿Qué?

-Creo que…- el castaño miro a su novio con terror, trago saliva y al final dejo salir su preocupación- creo que Judai es a quien "ella" eligió…- de pronto un par de ojos ámbar se abrieron con sorpresa

-No puede ser…

-Yo vi cuando los ojos de Judai cambiaron, y ¿no lo escuchaste?, esa no era la voz de mi hermano- Jehu solo miro con preocupación, si lo que decía Haou era cierto eso quería decir que Judai era el elegido, y no era precisamente algo bueno- No puede ser- el castaño golpeó fuertemente el piso con sus puños- Ella no tenía que elegir a Judai.

-Cálmate- el peli azul tomo las muñecas de su novio mirándolo con severidad- aun no estamos seguros de ello, recuerda que cualquiera de los dos podría serlo

-Me niego a que Judai se encuentre con ella- los ojos de Haou habían recobrado su frialdad natural- Yo puedo manejarlo mejor, él no podría hacerlo, estaría en riesgo

-Judai ya te lo dijo, no eres su padre- Jehu retiro sus manos de las de Haou para cruzarlas sobre su pecho- y tampoco es un crio, él es quien debe tomar la decisión

- ¿Qué pasa con Judai? - ahora era el mayor de los Tenjoin el que tomaba la palabra

Jehu suspiro, habían pasado tantas cosas que se habían olvidado de contarles a sus anfitriones el plan que tenían.

-Sera mejor vayamos a un lugar tranquilo para platicar…

Mientras tanto en otro lugar de la mansión se encontraba cierto castaño recostado en su cama mientras miraba el techo. ¿Qué había hecho?, se dejó llevar por la ira, no pensaba en que hacía, su lado racional lo traiciono, lo había abandonado en aquel instante, suspiro, necesitaba urgentemente aclarar su mente.

Sabía que su hermano era una persona difícil, era mandón, frio y bocón, siempre había sido así, y él había aprendido a manejar el temperamento de Haou mostrándose siempre sereno y tranquilo. Judai amaba a su hermano, era, junto con Jehu, la única familia que le quedaba, y se arrepentía a sobremanera de sus acciones. Su hermano podía ser explosivo e insensible, pero sabía que se preocupaba por él a su manera, y sabía que todo lo que dijo lo hizo sin pensarlo, en una forma un poco extraña y retorcida de protegerlo, y aun así él lo golpeo, y lo peor de todo ¡lo amenazo! No sabía porque, pero era como si por un instante no hubiera sido él

-¿Por qué lo hice?- pero entonces sus pensamientos fueron interrumpidos por un pequeño golpeteo en la puerta, seguro que era Jehu que venía a hablar con él- Adelante…-contesto sin muchas ganas, cerrando sus ojos para no tener que encarar al chico de cabellos azules, lo último que quería era un sermón por parte de Jehu. La puerta se abrió lentamente dejando ver a un joven de melena negra que entraba silenciosamente en la habitación. Había pasado varios minutos fuera de la habitación de Judai sin atreverse a molestar al castaño, pero reunió fuerzas suficientes para tocar la puerta y ahí estaba, a pocos metros del castaño.

-¿Qué quieres Jehu?- pregunto el castaño sin ánimos.

-Lamento desilusionarte- el castaño se incorporó rápidamente para observar a Jun sentándose frente a él

-¿Jun…? ¿Qué haces aquí? - su voz se volvía más suave y tranquila

-Estaba preocupado por ti- decía mirando los ojos del castaño con ternura

-Perdona el alboroto de allá abajo- Judai bajo su rostro, realmente estaba avergonzado y arrepentido. Jun solo tomo la mandíbula del castaño obligándolo a mirarlo

-No tienes porque disculparte- dijo acariciando tiernamente la mejilla de Judai, quien solo atino a sonrojarse ante el acto de su compañero, Jun le dedico una genuina sonrisa para tranquilizar al castaño, quien rápidamente retiro la mano de Jun aun con un sonrojo en su rostro. Volvió a bajar la mirada, estaba deprimido, necesitaba sacar ese malestar urgentemente de su sistema.

-No quise golpearlo…- decía aun con la cabeza gacha, mirando sus manos que descansaban en sus piernas- Tampoco quise amenazarlo…no sé qué me paso, era como si…no tuviera el control de mí mismo- cerro sus puños, estaba molesto consigo mismo, decepcionado, deprimido- Cuando menciono a Johan…yo…me bloque, era como si mi juicio se hubiera ido, como si una parte de mi…supiera que Haou tiene razón- Jun escuchaba atentamente a Judai, estaba abriendo su corazón y no quería interrumpirlo- Después de lo que vimos hoy…no sé qué pensar, mi corazón dice que Johan está sufriendo, pero aun así…- Judai cerro con más fuerzas sus puños en un intento de controlarse, pero era inútil, ya no podía detener su sentir, solamente pudo ocultar su rostro desesperado bajo ese flequillo marrón- ¡Johan estaba besando a Edo!...me duele pensar que Hoau tal vez tenga razón…¿Y si Johan ya no es el mismo?...y si él….¿me olvido?- y sin previo aviso unas lágrimas traicioneras salieron de sus ojos castaños, rodando por sus pálidas mejillas- Duele…me duele- y sin más comenzó a sollozar a todo pulmón, Jun rápidamente lo acerco a él para abrazarlo, Judai hundió su cabeza en el hombro de su amigo, abrazándolo con toda la fuerza que le quedaba, ya no podía controlarse, ya no, todo el dolor, la incertidumbre, la impotencia habían salido y ya no podían regresar.

Jun lo acerco aún más a su cuerpo, colocando su mano en la parte posterior de la cabeza de Judai en un intento de consolarlo, su hombro estaba húmedo, y los constantes sollozos de Judai inundaba sus oídos, eran años de dolor, años de sufrimiento en silencio con la idea de que Johan estaría esperándolo con los brazos abiertos y con una sonrisa en el rostro, pero la realidad era otra, su amado ya no era el de antes, sus ojos sin vida y la palidez de su piel lo delataban…ese beso…ese maldito beso lo estaba desgarrando por dentro, su mente le decía que debía aceptar lo que vio, que debía aceptar que Johan estaba con Edo y que se había olvidado de él, pero su corazón le indicaba que todo era una mentira, que Johan aun lo amaba y que estaba sufriendo tanto como él.

Estaba cansado, ya no quería que su mente estuviera en constante guerra con su corazón ¿a quién debía creerle?, ¿en quién debía confiar?

-Yo siempre estaré para ti…-la voz de Jun retumbaba en los oídos de Judai, separándose lentamente para mirarle, Jun le dedicaba una mirada compasiva que extrañamente lo tranquilizaba.

-Gracias…-sintió como un dedo limpiaba el resto de sus lágrimas, sin saber porque tomo las manos de Jun y con una voz suave y un sonrojo en sus mejillas declaro- ¿Podrías quedarte?, hasta que me duerma- se sentía estúpido, parecía un chiquillo de años que tenía miedo de que algún monstruo saliera y lo comiera

-Claro…-Jun le dedico una sonrisa ayudándole a recostarse. El castaño cerro sus ojos al sentir como una mano acariciaba su cabeza, el tacto era suave y relajante, se dejó llevar por ese sentimiento y sin darse cuenta a los pocos minutos ya estaba en un profundo sueño.- Yo no te abandonare…- el guerrero se acercó al rostro durmiente de Judai, depositando un dulce beso en su frente. Sin hacer ruido salió de la habitación, era mejor dejar que el castaño descansara.

Judai se encontraba en un lugar oscuro y sombrío, no sabía que era exactamente ese lugar, estaba lleno de espejos flotando por todo el lugar, sentía mucho frio y un escalofrió se paseaba por su espina dorsal.

-¿Dónde estoy?- miro en todas direcciones en búsqueda de una salida sin tener ningún éxito, todo el lugar era exactamente igual.

-Oh mi querido Judai…- una voz resonó por todo el lugar, su voz era seductora, aterciopelada y a la vez metálica y fría- No tienes por qué temer…

-¿Quién eres tú?

De pronto una imagen se reflejó en todos los espejos, era aquella imagen que lo había estado atormentando todo el día, ese beso…Judai trato de ignorarlo, pero le fue imposible, en la dirección que volteara se encontraba con esa imagen.

-Míralo bien- de nuevo aquella voz- ¿Te parece real?

-¿A qué te refieres?- pregunto Judai mirando a todas direcciones en búsqueda de la dueña de dicha voz

-Yo puedo ayudarte a ver la verdad…-una pequeña risa sonó por todo el recinto

-¿Y cómo puedes hacerlo?- su voz ya no era nerviosa, ahora era curiosa. De pronto todos los espejos cayeron a lo que parecía ser la nada y una sombra apareció frente a él materializando un espejo enorme que reflejaba el rostro de Judai, el castaño sin saber porque, acerco lentamente su mano temblorosa al espejo al hacer contacto se revelo una nueva imagen ante él, era su mismo rostro, pero desfigurado con una sonrisa torcida y siniestra acompañado de unos ojos color rojo y verde

-Libérame…

Judai salto de su cama despertando agitadamente, con una gota de sudor frio recorriendo su frente

-¿Qué fue eso?