Capitulo 2

Isabella, querida, no me acerques tanto las tijeras con esa mirada. Isabella parpadeo, miro las tijeras que tenia en la mano y después al espejo, donde se encontró con los ojos receloso de Sue Clearwater, que esperaba a que la cortara el pelo como todos los meses.

- Lo siento, Sue. Estaba pensando ...

En Edward Cullen, por supuesto, Isabella no podía evitar que algo culpable por el modo en el que había hecho las cosas la noche anterior. Muy bien, quizás al colar por la ventana de su dormitorio, a la historia y a la vuelta por la ventana, no hay mucho que ver. Pero al menos había dicho lo que tenia que decir. El análisis en profundidad del tema de esperar.

- Bueno.¿Que estas estas Harry? - le pregunto a Sue durante comenzaba a coartarle el pelo, emitió algo parecido a un quejido.

- Isabella, querida, no puedo describir ... - así que comenzó una descripción detallada de todos los problemas médicos de su esposo.

Hice bien en salir de allí anoche, se aseguraba Isabella así misma mientras Sue continuaba hablando. Una vez que se recuperó de la impresión, quien sabia que podría haberle dicho a Edward; desde cuestionar el hecho de que el niño fuera realmente suyo hasta insultar o acusar de intentar atraparlo para casarse con el Si, darle la noticia era lo que podía haber hecho en la misma noche, ya había tenido tiempo para las acusaciones, los gritos y los reproches. Igual que tendría tiempo para decidir qué papel desempeñaría en la vida de su bebe, o si desempeña alguna.

- Habia pensado que no me cortaras tanto por los lados esta vez - sugirió Sue, observando como iba evolucionando el corte de pelo.

- Muy bien- convino Isabella.

Pero no podía dejar de preguntarse como había sido acostado con Edward Cullen ... repetidamente y sobre todo, como era posible que los demás le gustaran tanto. ¿Qué demonios le ocurría? Por lo que más grave de todo era que no podía dejar de soñar con seguir acostándose con el. Especialmente ahora que sabia con seguridad que nadie tiene que compartir con Edward en secreto había tenido una importante consecuencia. EMBARAZADA, pensó con sincera preocupación. Aquello era precisamente lo que Isabella había jurado cien veces más que ella le había llegado a ella y, durante los últimos años, había llegado al convencimiento de que había conseguido su abuela como ella. Después de todo, solo tenia una debilidad, el estúpido y guapísimo Edward Cullen, el que llevaba enamorado en el secreto toda la vida. Pero había creído que esa debilidad nunca le acarrearía ningún problema que Edward no parecía saber ni que existía. Pero luego se ha metido en la cabeza y se ha presentado a alcaldesa. Y una vez ganadas las elecciones, Edward había descubierto que existía.

Isabella había sido investida alcaldesa por seis meses, a primeros años. Edward y ella tenía luchado denodada mente durante tres juntas de ayuntamiento; las de enero, febrero y marzo. Entonces el invitado fue a cenar ... Los dos solos en el enorme y impresionante salón del rancho de su familia. Se suponía que había venido de allí con la manera de trabajar juntos para conseguir que el pueblo mejorara. Pero no habia hablado mucho de trabajo aquella noche. Abajo había conseguido llegar a los aperitivos cuando Edward la había tomado en sus brazos y ella no había protestado. Isabella había caído rendida en su cama ... No, en realidad se había lanzado a ella, arrastrándolo a el consigo. Todos aquellos años sin nada que se parecieran ni remotamente a una vida sexual,

y ahora estaba embarazada.

Una mujer como Isabella sabia que enfrentarse a la realidad. Tenia treinta años y, hasta Edward, no había ningún hombre en su vida. No había ningún motivo para pensar que era otro después del, por lo que quizás era su única oportunidad de ser madre. Asi que estaba atrapada. No pensaba que la oportunidad de ser madre, pensó lo que pensaba Edward, ni tampoco iba a abandonar su salón de belleza o el pueblo de Texas que tanto amaba. Por lo tanto, alli estaba, igual que su madre y su abuela tenía estado antes; Embarazada y soltera en el pueblo en el que había crecido. En cuanto comenzase a notarse le, comenía los comentarios. Del tal palo, tal astilla, diria todo el mundo. Bueno, pues tendria que enfrentarse a los chismorreos con la cabeza bien alta, por que iba a quedarse con el bebe.

- Isabella, ¿has oído algo de lo que he dicho? - preguntó Sue.

- Claro. Pobre Harry, no se como lo soporta - se apresuro a decir, mirando a su clientela. Sue la observación de unos segundos antes de decir:

- Querida, no tienes buen aspecto.

- Pues estoy perfectamente- Respondió Isabella, con voz fingidamente desenfadada -. Nunca me he encontrado mejor. Pero Sue enarco las cejas.

- No estarás dejando eso este Edward Cullen te intimide, ¿verdad? el oído que el otro día te grito en la junta del ayuntamiento ...

Isabella siente como el corazón le dio un bote dentro del pecho. ¿Acaso Sue lo sabia? No. En cuanto se hizo que pregunta, la contesto con seguridad. Nadie lo sabia, al menos por el momento. Edward y ella habían llegado al acuerdo de mantener en secreto su aventura. El no quería que nadie supiera que se acostaba con la mujer que tenía la contraria a la menor oportunidad. Y ella no quería que la gente que contaba con ella descubriera que no podía resistirse a los encantos del hombre que se oponía a todos los cambios que había que llevar a cabo en el pueblo.

- No te preocupes Sue - dijo, adoptando un gesto despreocupado mientras peinaba una Sue-. Puedo manejar un Edward Cullen sin problema - y era cierto, lo tenía manejado con una maestría que me había puesto a Sue las mejillas rojas.

- Claro que puedes, por eso te elegimos como alcaldesa. Ya era hora de que alguien pusiera en su sitio a todos esos Edward.

Aunque el apellido de Edward era Cullen, su madre había sido descendiente del último Edward, por lo que Edward y su hermano menor, Jasper, había heredado las múltiples propiedades de la familia tras el fallecimiento de su madre. Nadie habla jamas del misterioso hombre llamado Cullen que, según la madre de Edward, se había casado con ella y con el que había tenido sus hijos. Para todos los habitantes del pueblo, Edward y Jasper eran los Edward y no los Cullen. Ha sido Edward Edwards Edward's Junction recibió el nombre del primer Jasper Edward en el año 1884.

- Ya sabes que todos admiramos tus agallas, Isabella.

- Gracias, Sue - respondió ella, soltando las tijeras para agarrar el secador-. Bueno, voy a terminar de peinar con el secador, ¿Te parece ?.

No fue el único cliente que noto lo distraído que estaba Isabella, así que paso el día oyendo: Isabella, pareces preocupada. ¿Que te ocurre? o La tierra llamando a Isabella. ¿Estas ahi ?. Ella le aseguro que cada una de ellas estaba bien, perfectamente, mejor que nunca, pero lo cierto era que el nudo que tenia en el estomago parecía augurar que en cualquier momento Edward irrumpiría en la peluquería y comenzaría a gritarle. Cuando llego el momento de cerrar, a eso de las seis de la tarde, estaba hecha un manojo de nervios y lo unico que deseaba era acurrucarse en la cama, echar las cortinas y ponerse un paño frió sobre los ojos. La casa que Isabella tenia en bluebonnet lane era su orgullo y su alegría. Habia que admitir que era muy pequeña, con solo dos diminutos dormitorios, pero era suya y eso era lo importante. El hecho de que estuviera rodeada de eucaliptos y roble y situada en una zona no muy explotada del pueblo, le daba a uno la sensación de encontrarse en la mitad del campo.

Isabella aparco el coche y atravesó el jardín mientras sentía como las tensiones acumuladas durante el día iban desapareciendo. Todavía no hacia mucho calor, unos veinte grados refrescados por una agradable brisa que le rozaba la piel. Una ardilla descarada se le cruzo por el camino y se subió rápidamente a un árbol, ella se paro a mirarla y sonrió. Estaba subiendo las escaleras del porche cuando la puerta se abrió y apareció la abuela Marie, con pantalones vaqueros, camisa a cuadros y botas de montar.

- Querida, no vas a creer lo que tengo para contarte.

Edward, pensó Isabella mientras la tensión volvía a instalarse en los hombro. Dios, ¿Que habría hecho?¿Habría estado en su casa, se lo habría contado a su abuela?

La abuela Marie era famosa en el condado por odiar a los hombres, y era una fama que se había ganado a pulso. Solo había confiado en un hombre en toda su vida... y había sido el equivocado. Se trataba de un rico ranchero de montana que había llegado al pueblo para hacer negocios con los Edward, había dejado a Marie embarazada de la madre de Isabella y había vuelto rápidamente junto a su esposa. Después del ranchero, Marie Swan no había vuelto a necesitar a ningún otro hombre.

-¿ Que ocurre? - pregunto Isabella con miedo.

-La loca de tu madre dice que va a casarse con Phill, eso es lo que ocurre.

No era Edward. La tensión volvió a desaparecer el corazón dejo de intentar escaparse le del pecho.

- Ha llamado hace una hora - continuo quejándose la abuela-. Estaba emocionada con la noticia. ¿Tu que crees, querida, ha perdido el poco juicio que le quedaba? Ese Phill Dwyer es todo un partido; el ultimo empleo lo tuvo cuando Yorkie era presidente. Y madre tiene 46 años; debería haber madurado lo suficiente como para no cometer estas tonterías de adolescente enamorada. ¿ Es que no le bastaba con habérselo llevado a vivir con ella? ¿No podía conformarse con mantenerlo en lugar de atarse legalmente a el? ¿Que demonios...?

- Abuela.

Los ojos siguieron echándole chispas, pero al menos había dejado hablar.

- ¿Crees que podría entrar en casa antes de que se haga de noche?

Marie sonrió, haciendo que se le marcaran todas las arrugas de la cara.

-Claro, mi amor- dijo, sujetándole la puerta para que entrara y, una vez lo hizo, noto el delicioso aroma a pollo frito-. He hecho tu plato preferido. Normalmente habría estado encantada de degustar los filetes de pollo frito de su abuela, pero ese día se le encogía el estomago con solo pensar en ello.

- A lo mejor coma mas tarde; ahora necesito echarme un rato. Me duele mucho la cabeza.

- Pero, mi amor.¿No tendrás fiebre? - pregunto con sincera preocupación- ¿Quieres que...?

- No. De verdad, abuela solo necesito descansar un rato - se dirigió al dormitorio, con Marie siguiendo sus pasos, lo que le obligo a recordar que la mayoría del tiempo le encantaba que su abuela viviera en su casa.

- Te dejare la cena caliente- le ofreció cariños amente mientras Isabella se dejaba caer sobre la cama y se le quitaba las sandalias con los pies.

- Gracias- dijo, tratando de sonreír.

- A lo mejor te vendría bien un paño frió para los ojos...

La sonrisa de Isabella aumento ostensiblemente.

-Parece que me leyeras los pensamientos.

- Ahora mismo vuelvo.

Un minuto después, las cálidas manos de su abuela le colocaron el paño sobre los ojos, cosa que hizo un efecto inmediato.

- Ah- Dijo de pronto Marie-. Casi se me olvida decirte que te llamo Edward Cullen. Le dije que no estabas y que si quería te daría un mensaje, pero que no esperara que lo llamaras. Isabella se quedo quieta, con el paño ocultándole los ojos mientras la abuela sonreía satisfecha por haber puesto es su sitio al poderoso Edward Cullen. A Marie le divertía los continuos enfrentamiento de su nieta y Edward y le encantaba ver como Isabella se enfrentaba continuamente a ese Edward en las juntas del ayuntamiento. Pero creía que todo lo que había entre ellos estaba relacionado con la política y los planes de mejora del pueblo. Por el momento, Isabella no se había atrevido a poner al día a su abuela sobre los cambios que había experimentado su relación con Edward.

- Gracias, abuela - Susurro, girándose hacia la pared. Al menos no se había presentado en la tienda.

- Descansa, querida - dijo suavemente antes de salir de la habitación.

Edward la había llamado.

Sin poder controlarlo, Isabella sintió aquel cosquilleo de deseo que tan bien conocía ya. Era horrible. Lo deseaba tanto... a pesar de que sabia que era el hombre que menos le convenía al mundo. Suspiro profundamente. Tarde o temprano tendría que llamarlo. Pero ahora no. Ahora tenia que relajarse , respirar hondo, ordenar al dolor de cabeza que desapareciera y al estomago que dejara de retorcerse. Por el momento, iba a descansar sin pensar en Edward Cullen o en el bebe. Durante una media hora, Isabella estuvo tumbada en la cama y estaba a punto de dormirse cuando oyó la puerta principal.

- Eh, lárgate ahora mismo. Vamos - era la voz de la abuela procedente del porche. hubo un momento de silencio y después volvió a hablar-: Sal de aquí. Ya te lo he advertido una vez y no volveré a hacerlo. Una voz de hombre contesto desde el jar...¿ Era Edward? No estaba segura. Fuera quien fuera, no podia oir lo que decia. Se quito el paño de los ojos y lo dejo en la mesilla.

- ¿Recuerdas que te advertí? - Dijo la abuela Marie se sentó en la cama.

- Escuche un momento - respondió el hombre - baje eso. Isabella gruño. Si era Edward y se acercaba a la casa. Puso un pie en el suelo.

- No des un paso mas - le ordeno la abuela. - No voy a marcharme hasta que hable con...- un ruido atronador lo interrumpió. La abuela debía de haberle disparado con su escopeta.