Capitulo 3

Isabella salto de la cama, corrió hasta la puerta del dormitorio, llegó a la entrada en dos zancadas y atravesó la puerta principal. Alli estaba la abuela, farfullando algo mientras volvíamos a cargar la escopeta.

- Abuela. No pongas mas cartuchos en ese chisme.

- Dile a esta loca que suelte la escopeta - Grito Edward desde detras de un roble.

Marie Levanto La vista de la escena que tenia abierta, con el cañon apuntando el suelo.

- Mira lo que tiene hecho. La ha despertado.

- ¿Qué demonios está pasando aquí? - Grito Isabella.

- Solo estoy tratando de librarme de un bicho enorme, eso es todo, querida. El dolor de cabeza habia vuelto, con mas fuerza. Salio al porche frotándose la frente.

-Dame la escopeta- le pidió.

- No tienes que preocuparte, solo era un aviso. Está apuntando al cielo. Te aseguro que no podría haberlo hecho ni un rasguño. Isabella dejo de frotarse la cabeza y extender el brazo.

- Dámela- la abuela farfullo alguna grosería, pero hizo lo que le pedí su nieta-. Déjame que hable un segundo con Edward.

-¿Que tienes que hablar con un tipo como este, Querida? - Abuela por favor.- No tienes por que ... - Entra - insistió, mirándola a los ojos fijamente. Después de unos 10 segundos, Marie se rindió, eso sí, sin dejar de maldecir entre dientes. Isabella espero hasta que hubo desaparecido tras la puerta para llamar a Edward-. Ya puedes salir.

- ¿Qué demonios le ocurre a esa mujer? - pregunto, subiendo los escalones del porche con mirada funesta.

Isabella trato de no hacer caso de como se aceleró el corazón y comenzó a leer las manos con solo verlo acercarse, y lo miro con frialdad.

-Nada que no pudiera curar la exterminación total del sexo masculino del planeta. El comentario le valió una lenta mirada de arriba abajo.

- ¿Estabas echándote una siesta? - Isabella Isabella resistió el lamentable impulso de ahuecarse el cabello aplastado por la almohada.

- ¿A ti que mas te da? - ¿Te conviene descansar, eso es todo. Es bueno para ti y para el bebe - la respuesta no estuvo mal, nada mal. Sin embargo, tuvo que reprimir otro comentario ácido. Vio como la palabra determinada no se ha importado. Finalmente, fue el quien hablo:

- Tenemos que hablar. ¿No crees?

Isabella se siente tan ... a la defensiva. Tenia la espalda rigida y la lengua siempre apunto para atacar.

-Como si alguna vez te hubiera importado mi opinión. - Edward dio un paso hacia ella. - Edward: el modo en que se hizo el deseo de pedir la estrechez en los brazos y la mano de obra, en el porche, la palabra y la palabra de la vida. Dios que locura. Jamas sucedería. Ella no seseaba que sucediera. En absoluto.

- Esta bien respondió antes de haber hecho el momento de los gritos y las acusaciones. - Hablemos - Seguía teniendo la escopeta en una mano, mientras que la otra señalo al columpio del porche -. Siéntate, ahora mismo vuelvo. Entro a la casa antes de que el poder decir nada.

- ¿Abuela? - No obtuviste respuesta, solo o en el aire acondicionado de la cocina. Se asomo al pasillo, la puerta del dormitorio de la abuela estaba cerrada. Estupendo. Escondió la escopeta en el doble fondo del armario de su cuarto, en un lugar que estaba seguro Marie desconocía, lo que significa que no volverá a amenazar a ningún otro hombre durante el tiempo. Una vez guardado el arma, puso las sandalias, el bolso y fue a llamar a la puerta de su abuela.

- Edward y yo tenemos algunas cosas de las que hablar. Volveré dentro de un rato. Se abrió la puerta, Marie la miraba de soslayo, frunciendo el ceño.

- Estas son las redes de seguridad - Isabella embozo una sonrisa y se incluye en la mejilla.

- Luego nos vemos - ¿Dónde está mi escopeta? - Guardada. - Vaya- Protesto Marie. - No puede ir por ahí. - Isabella, querida, todos los hombres necesitan un buen disparo. No hace falta. - Isabella meneo la cabeza. - Tienes suerte de que no haya dicho nada de denunciarte.

- ¿Volverme a mi? Eso es lo malo de este país. Disparas a un canalla a unos metros de la cabeza y te lleva al juzgado.

- Abuela, por favor, cálmate y descansa un rato, ¿de acuerdo? - Marie apretó los labios.

- Llámame si te molesta. De vuelta al porche, Isabella le dijo a Edward.

- Aquí no podemos hablar, la abuela esta algo alterada - Vamos a tu rancho, allí podríamos hablar sin que nadie nos moleste.

- Muy bien - Asintió el con una amago de agarrarla del brazo.

- Ire en mi coche - Así, cuando hubieran acabado de gritar, no dependería para volver a casa.

- Como quieras - se dio media vuelta sin decir nada más y debajo de los escalones delante de ella.

La casa del rancho se erige elegante y acogedora al final de un camino flanqueado por robles. El ala principal, la central, había sido construido a principios del siglo veinte por el tatarabuelo de Edward, Jasper Cullen II; Y el ala norte se había añadido por el deseo de Jasper Cullen III y el sur por el abuelo de Edward, Jasper Cullen IV. Edward era el único miembro de la familia que recidivaba en la actualidad, por lo que a solas ocupaba el ala central, dejando otras cosas al cuidado del servicio. Detuvo a Candillac junto a la puerta principal, donde lo esperaba Michael Newton, chófer ocasional y encargado de mantenimiento de la residencia.

- Gracias, Michael - le dijo al salir del coche - Puedes guardarlo en el garaje. La pequeña ranchera de Isabella se encuentra justo detrás del Cadillac.

- ¿Y el de la señora? - pregunto Michael con cierto nerviosismo, que no era una época de extrañar pues esa era el sentimiento que solía provocar a Isabella en la mayoría de los hombres.

Isabella salio del coche, cerrando con un portazo.

- Por el momento, sugirió Edward.

Michael se alejo con su coche y Edward no pudo evitar mirar una Isabella de arriba abajo una vez mas. Iba vestida a juego con su ranchera: pantalones rojos hasta las rodillas, sandalias rojas y una camisa del mismo color que se ajusta a los ecos de cualquier hombre que se ha mantenido boquiabierto.

- Terminemos con esto - murmuro ella.

Su hostilidad resultó algo desesperante, solo esperaba que cambiara de actitud una vez le enseñara el diamante de ocho quilates que había ido a comprar a un abilene esa misma tarde. Edward de colocar esbozar una sonrisa de suficiencia. Desde que ha sido colado por la ventana de su dormitorio la noche anterior y el soltado la noticia bomba, Edward había dedicado bastante tiempo a pensar seriamente en su pequeño problema. Finalmente había decidido hacer lo correcto y poner un anillo en el dedo de Isabella.

- ¿Por que sonríes? - pregúntame en el tiempo que lo fulminaba con tus ojos color marrones caoba. Pero no iba a perder los nervios.

- ¿Te parece que entremos? - Le ofreció el brazo, pero ella no lo acepto. - Bueno.

La sala de estar es familiar, donde Jessica, el ama de llaves y la esposa de Michael, ofrece algo de beber. Isabella rechaza el ofrecimiento y Edward le dio las gracias y le dijo que no la necesitaría hasta el día siguiente. Por fin estaban a solas. Isabella no dejó de caminar por un lado a otro de la habitación, sus sandalias sonaban con elegancia sobre las baldosas de cerámica española

- ¿Por que no te sientas? - dijo Edward señalando el sillón de dos plazas.

- Gracias, pero estoy bien de pie - se detuvo, cruzo los brazos y lo miro de frente -. Bueno, hablemos. No fue precisamente un comienzo prometedor, sino que fue tan difícil como una mujer tan difícil como Isabella. Resoplo con impaciencia y volvió a caminar. No puedo hacer otra cosa que observar, admirar el modo en que se puede controlar las caderas con cada paso, ser consciente de lo que le preocupa que no le guste. Pero Edward no tenia ninguna duda al respecto. Isabella era virgen hasta que se había acostado con el ... una virgen apasionada y deseosa, pero virgen al fin y al cabo. Cada vez que se graba, se dibuja una sonrisa en sus labios. Lo cierto era que la noticia de su virginidad lo había sorprendido profundamente; Isabella era una mujer muy sexy y nada tímida, por lo que había tenido hasta el momento que hubiera tenido tantos amantes como hubiera deseado. Pero no era así. Y sabia que era sincera. Por muy loco que lo vuelvo a veces. Edward sabia que jamas tenía motivos para hacerle dudar de su palabra. Si tenías que tener un hijo y ese hijo era el suyo, teníamos un niño que tuviéramos un padre ... Lo que significaba que tenías que hacer lo correcto y convertirla en su esposa. Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Edward sabia que jamas tenía motivos para hacerle dudar de su palabra. Si tenías que tener un hijo y ese hijo era el suyo, Teníamos un niño que tuviéramos un padre ... Lo que significaba que tenías que hacer lo correcto y convertirla en su esposa. Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Edward sabia que jamas tenía motivos para hacerle dudar de su palabra. Si tenías que tener un hijo y ese hijo era el suyo, teníamos un niño que tuviéramos un padre ... Lo que significaba que tenías que hacer lo correcto y convertirla en su esposa. Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, Y lo cierto era que la idea no lo disgustaba lo mas mínimo. Por supuesto, sabia que ha habladurías. En primer lugar, por todo el mundo, en el pueblo, por el lado de Isabella, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa, y en el mismo momento, nadie ha tenido una aventura. Y en segundo lugar, todo el mundo esperaba que llegara el momento de elegir esposa,

Si debía ser sincero, el había esperado lo mismo. Sin embargo, no he encontrado esa mujer ideal que se supone que haríamos sentir la cabeza. Ahora ademas estaba isabella. Si no hubiera tenido poco interés por encontrar una mujer, desde que había conocido a Isabella, su interés había disminuido hasta desaparecer por completo. Así no he tenido ningún problema. Cumplir con sus obligaciones y compartir la cama con Isabella de ahí en adelante. Habia otro beneficio ademas del sexo; en cuanto a Isabella fuera su esposa, quizás pueda tener algo de poder sobre ella y se refiera a la gestión del pueblo.

- Bueno - dijo ella, deteniéndose de nuevo -.¿ Vas a quedarte ahí toda la noche, mirándome con esa estúpida y petulante sonrisa? Edward se controló para no reaccionar con la misma hostilidad.

- Isabella, Isabella. No hay absolutamente ninguna razón para que trates así.

-Escucha, ¿Por qué no hablas de una vez por todas? ¿No puedes decirme lo que quieras y acabar con esto cuanto antes, por favor ?.

Sus palabras eran tan frías como su mirada. Pero al menos se había pedido por favor. Edward se lanzo a soltar el discurso que había estado ensayando durante todo el día.

-Bueno isabella. Desde tu ... ultima visita, he estado pensado detenidamente en lo que me dijiste. La única forma de hacerlo fue hacer una pausa.

No sabia que pensar de la expresión de tu rostro ¿sorpresa? ¿Emoción? No había manera de adivinar lo que sentía. Atravesó el salón hasta la base de la chimenea que su padre había hecho construir con piedras traídas de México. En la pared, colgaba uno de los cuadros de su madre. Elizabeth Cullen había estudiado Arte en la universidad de California, aunque nadie lo había dicho viendo sus obras. Habida sido en Los Ángeles, donde había conocido al padre de Edward, el misterioso Antony Cullen. Edward fingió observar el cuadro mientras ordenaba sus ideas.

- Isabella, Seguramente a muchos les sorprenderán nuestros planos, pero a mi no me importa lo más mínimo. Ya estás acostumbraran. Lo importante es que demos a nuestros hijos el ambiente adecuado paara nacer, que dejemos a un lado nuestras diferencias y trabajemos juntos para asegurar ...

- Edward - Isabella dijo su nombre con evidente tentación, después de respiro hondo.

- ¿Es que no puedes dejarme terminar con lo que estoy tratando de decirte? - Protesto el algo irritado. A continuación, llegaremos al momento en el que, al mismo tiempo, no es el tipo de hombre que se arrodillaban ante nadie.

- Pero Edward - Trago saliva con esfuerzo -. Tengo que saberlo ... ¿Es posible ... quiero decir ... estas respuestas para sugerir que nos casemos?

Edward sonrió. ¿Cómo podría no hacerlo? Ella estaba tan adorable con ese gesto sorprendido. Lo que ocurrió fue quizás mejor ahorrarse lo de ponerse de rodillas; Después de todo, la impresión fue bastante impresionante.

- Si, Isabella - confirme orgulloso mientras se aseguraba a sí mismo que todo saldría bien, que pasaría con esa noche ... y todas las de su vida - Eso es lo que estoy sugiriendo. Te estoy pidiendo que los mares mi esposa. Supongo que, a estas alturas, no puedo hacer otra cosa, se trata de la mano en el bolsillo para sacar el anillo. Pero antes de que pudiera hacerlo, ella dijo:

- NO.

Edward estaba seguro de que no había oído bien.

- Isabella, ¿Me has parecido parecido a lo que decías ...?

- Que no. Él dijo que no.

Saco la mano del bolsillo ... sin el anillo y dio un paso atrás. Aquello lo había pillado desprevenido, completamente desprevenido. Y le había hecho tanto daño como la mordedura de una serpiente. Ni siquiera le había dejado mostrarle el diamante. Para ocultar su orgullo herido, hizo una mueca y la mirada fríamente. Ella también dio un paso atrás.

- Eschame Edward, no funcionara. Tienes que darte cuenta ¿Por qué querrías intentarlo siquiera? Piensa en eso abuelo, Piensa que diría el.

- Mi abuelo esta muerto, no importa que diría. Como ya me he dicho, me importa un poco lo que diga lo correcto y lo que vamos a hacer.

- No - dijo levantando las manos, como si tratara de protegerse-. No, Edward. No es lo que vamos a hacer. Necesito todo el auto control del que disponía para no agarrarla y tumbarla sobre sus rodillas.

- Isabella, cariño - dijo en voz baja, pero fría -. Has dicho un montón de estupideces desde que tengo el placer de conocerte, pero rechazarme en esto supone una nueva cota de estupidez. Incluso para ti. En los ojos de Isabella había un brillo letal que le decía que mas le valía tener cuidado.

-No vuelvas a llamarme estúpida, cretino machista.

¿Cretino machista? la sangre le hervía en las venas, pero controlo la furia.

- Isabella, tienes que pensar... - No tengo que pensar vamos a casarnos, Edward Cullen. ¿Que demonios, sabemos cualquiera de los dos del matrimonio? Absolutamente nada. Aunque hay algo que si se. Cuando dos personas se casan, deben, al menos, aguantarse el uno al otro.¿Y que es lo que hacemos tu y yo? Desde luego no nos aguantamos; o estamos peleando o arrancándonos la ropa el uno al otro y buscando una cama desesperada mente ¿Que clase de matrimonio seria ese? Tiemblo de pensarlo, de verdad. - Con tremendo esfuerzo, Edward se aferro a la logica:

- Isabella, vas a ser la madre de mi hijo. Y por el amor de dios, vas a casarte conmigo.

- No, no voy a hacerlo - dijo agarrando su bolso de la silla antes de dirigirse a la puerta.

-Isabella, vuelve aquí - pero ella hizo caso omiso - Isabella, maldita sea - corrió tras de ella y, ya en el pasillo, ella se volvió a mirarlo. - Déjalo, Edward. Déjalo ahora mismo. -Isabella... - Me voy a casa.¿Me escuchas?. Me voy a casa . Sola. - De eso nada.¿Por que no puedes ser razonable ? - ¿Razonable? - repitió con sarcasmo-. Ya estamos otra vez Edward. - ¿Ya estamos con que?¿ De que hablas? - No se si te habrás dado cuenta, pero cuando hablas de lo que es razonable, lógico , correcto o justo,quieres decir que hay que hacer las cosas a tu manera eso es lo que es razonable, lógico o correcto,¿Verdad?

¿Como podía desearla tanto a pesar de ser tan arpía? Eso, pensó Edward, siempre seria un misterio para el.

- No salgas por esa puesta, Isabella. - Si claro, ahora dándome ordenes si quieres... pero sueñas si crees que voy a obedecerlas. - Hablo enserio no te vayas.

Esa vez fue ella la que lo miro de arriba abajo antes de dar media vuelta y salir por la puerta, cerrándola con un golpe. Edward se quedo de pie en el recibidor, le latían las sienes mientras oía el ruido de su coche alejándose. Esto no acaba así, Isabella, le prometió en silencio. Lo quisiera ella o no , lo razonable , lo correcto, lo lógico y lo justo era que se casase con el. Y, de un modo u otro, Edward Cullen siempre hacia lo razonable, lo correcto, lo lógico y lo justo.