Capitulo VI
"San Valentín"
Las últimas palabras de Byakuya habían dejado muy pensativa a nuestra heroica pelinegra, quien ahora caminaba algo solitaria por las calles de Karakura. Había decidido tomarse un tiempo alejada de sus nuevas responsabilidades como futura líder del clan Kuchiki y la futura señora de Ashido.
¿Esposa? ¿Líder? Parecían palabras muy fuertes al igual que sus inevitables realidades; pero por que había decidido pasar su tiempo de soledad en el mundo humano. Allí seguramente estarían todos sus amigos y cuando supiesen cual sería su irrevocable futuro la asediarían con interminables preguntas algo acosadoras. Pero estar junto a ellos la reconfortaba.
Mientras Rukia se deslizaba casi en silencio por las estrechas calles de Karakura pudo ver a la distancia a cierto joven conocido quien parecía realizar una transacción un tanto extraña con una muchacha de cabellos claros.
Su instinto de shinigami, la previno inmediatamente, agazapándose cerca de un poste lindero. El chico y la muchacha intercambiaron unas cuantas palabras y algunos objetos tras lo cual el joven se marchó con toda naturalidad.
Lo siguió dos o tres calles hasta que le perdió la pista cerca de un callejón oculto detrás de un bonito restauran de comida tradicional. Miró a todos lados, incluso cruzando la calle, pero el resultado fue exactamente el mismo ¡nada!
-¡Rayos! –Se sintió furiosa al parecer estaba perdiendo su toque.
-¿Por qué me sigues? –Inquirió una voz a sus espaldas haciendo que se sobresaltara.
-¡Ahh! Bueno yo solo... pasaba por aquí... –Dijo la chica con nerviosismo.
-Me has estado siguiendo desde tres cuadras atrás.
-La verdad es que yo... ¡Quería saber que tramabas! –Sentenció en voz alta. El chico la observó con cierto desinterés y emprendió nuevamente la marcha. -¿Adónde vas?
-Estoy trabajando
-¿Trabajando tú? Eres un Arrancar...
-Pero ahora vivo como humano ¿Acaso te molesta eso? Ya le dije a Kurosaki Ichigo que no me interesa en lo absoluto Inoue Orihime y tampoco me interesan ustedes ¿No lo comprenden? –Expreso mientras caminaba con naturalidad.
-¿Acaso has hablado otra vez con Ichigo? –pregunto Rukia. Ulquiorra la miró otra vez con desprecio y continúo su camino.
-¿Por qué regresaste? –La pelinegra lo siguió con sumo interés notaba cierta expresión melancólica en el joven y eso le causaba intriga.
-No les incumbe mi presencia en éste lugar basta decirles que no estoy aquí para dañarlos y no soy su enemigo.
-Sabes... no tuve la oportunidad de conocerte, digo al menos no como un enemigo, pero Inoue me hablo de ti... –Dijo Rukia mientras caminaba a su lado.
-Inoue Orihime... te hablo... de mí. –El chico la observó bastante confuso.
-Así es, tú fuiste quien la tomó prisionera, Ulquiorra Shiffer. –Recalcándole la inevitable verdad.
-Ummp –Ulquiorra prosiguió el paso en silencio. Al parecer la mujer humana no olvidaba con facilidad su agravio ¿Sería que la chica sentía por él eso que los humanos solían llamar odio y repulsión?
-¿Te has quedado pensando? –Acoto Rukia al verlo caminar silencioso y con la mirada extraviada en el horizonte.
-La mujer humana...
-Te refieres a Inoue. –Dijo Rukia interrumpiéndolo.
-Inoue... Orihime... ¿Crees que ella me odie?
-¡Ahh! ¿Odiarte? –Rukia detuvo su marcha y lo miró a los ojos. Ulquiorra no entendía lo que ocurría pero la muchacha echo a reír con cierto descaro.
-¿Por qué ríes?
-Por nada... –tratando de contenerse y al notar la cara de desagrado del chico. –No creo que Inoue te odie es más jamás la he escuchado hablar mal de ti, ni antes ni después de que hayas resucitado mágicamente.
-¡Ummp! –Ulquiorra retomo la marcha nuevamente.
-¿Por qué te interesa tanto lo que Inoue sienta? –volviéndolo a perseguir.
-¿No tienes algo mejor que hacer?
-¿Por que evades mi pregunta? –Incisito la pelinegra.
Unos momentos antes...
Mientras ésta incomoda charla se sucedía entre Rukia y Ulquiorra en otro lado de la ciudad dos muchachas transitaban con tranquilidad observando las vidrieras de las tiendas.
-Te dije que por aquí encontraríamos el regalo perfecto. –Exclamó Tatsuki con alegría.
-No quiero regalarle algo fuera de lo normal Tatsuki, recuerda que Ichigo y yo solo somos amigos.
-Bueno eso por ahora. –La pelinegra sonrió.
-Si, bueno pero ya sabes que, aún... –La muchacha guardó silencio, pues sintió un gran nerviosismo resurgir de su interior al recordar a cierto pelinaranja de ojos imponentes.
-Es obvio que cada vez te aturde más Orihime, pero ya va siendo hora de que le confieses todos tus sentimientos.
-Es que no podría simplemente ir y decírselos así como así.
-¡Ahh Inoue! –Exclamo Tasuki con desespero. –No puedes pasarte la vida dudando sobre lo que debes o no sentir u hacer, es obvio que te mueres por Ichigo y lo mejor que puedes hacer es hablar con él al respecto y quitarte las dudas. Un sentimiento que se guarda finalmente se marchita y muere sin llegar nunca a cumplir su cometido.
Mientras ambas charlaban sobre las dolorosas y hasta algo perturbadoras decisiones del corazón, entraron al interior de una imponente tienda. La mayoría de objetos ahí presentados eran chucherías y adornos exclusivos para homenajear la tan esperada celebridad de casi todos los jóvenes. Quien no tuviese pareja al menos homenajearía a algún amigo o ser querido con alguna tarjeta, golosina, gorro insólito o incluso algún extraño artefacto de moda en la ciudad.
Ambas muchachas relojeaban con sumo cuidado las tarjetas que comprarían para los chicos, y como ambas estaban solteras su deber primordial era saludar a todos sus amigos por igual, aún que Inoue éste año se armaría de valor para confesarle finalmente a Ichigo sus sentimientos o eso le había aconsejado Tsuki y que mejor que una tarjeta de San Valentín como llave para abrir aquel cerrojo que cotidianamente envolvía el corazón del pelinaranja.
-¡Ojala fuese más fácil Tatsuki! –Suspiro mientras contemplaba una hermosa tarjetita con corazones.
-Bueno no lo sabrás si no lo intentas ¿además piensas pasarte toda la vida sin decirle nada?
-¡Claro que no! –dijo mirando con rapidez a su amiga cuya figura se alzaba frente a la vitrina de calle, junto a la cual descansaba el estante de tarjetas.
-¿Qué ocurre Inoue? –La pelinegra la observo con asombro, pero la muchacha solo miraba algo consternada hacía la vidriera.
-Es... es... –parecía que un pequeño roedor había devorado su lengua, por que no lograba concluir aquella frase lo que pareció sacar de quicio a Tatsuki.
-¿Es que? –mirando al ventanal. –¡Es Kuchiki Rukia! –Tatsuki se quedo impávida, pues no solo la conmociono la presencia de Rukia, también lo hizo la de cierto pelinegro que la acompañaba.
Afuera de la tienda...
-Piensas seguir evadiendo la pregunta. -Insistió Rukia.
-¿Acaso quieres que te mate? –dijo Ulquiorra molesto deteniéndose en medio de la vereda.
-No veo el por que debes ponerte así... pero yo creo que Inoue lo que más desea es que le pidas perdón por tus actos pasados.
-Perdón...
-Así es... pero no estoy segura de por que te interesa tanto.
-No te conozco y no veo el por que deba hablar contigo. -Ulquiorra emprendió nuevamente la marcha con tal de alejarse de aquella enana parlanchina.
-¡Por qué quizás le tengas cierta estima a Inoue! –haciendo que el chico se parara en seco y volteara a verla. –¡Lo sabía! –decretó la pelinegra triunfante, pues se había echo adicta las telenovelas de la tarde cuando se hallaba en el mundo humano, y solía perder algunas horas de su vida frente a la pantalla del televisor junto a Yuzu y Karin, aún bajo las protestas de Ichigo quien finalmente había optado por dejarlas en paz durante esas abstraídas horas mirando escenas románticas.
-¿A que te refieres con tenerle estima? –Inquirió Ulquiorra mirándola con ingenuidad e incredulidad, lo que logro sacar de éxtasis a Rukia quien sintió que el chico no tenía ni idea sobre lo que era querer a alguien.
-¿Dime alguna vez te haz enamorado? –El chico no cambio para nada su serio semblante y solo la miraba más confuso. –Supongo que no ¿Pero haz querido a alguna Arrancar me explico? –Aproximándose un poco más a él –Creo que no –notando el mismo semblante.
-En nuestro mundo no existe el amor, solo la competitividad y la lucha por la supervivencia. –Sentenció finalmente al notar el frustrado seño de Rukia.
-¿Entonces nuca has amado o querido a alguien? ¿Nunca has expresado tus sentimientos con una mujer?
-Eso es algo que nunca entenderé de ustedes humanos... –sentenció con desprecio haciendo la vista a un lado.
-¡Rukia! –Dijo la voz casi apagada de Inoue, quien se aproximó a su lado con algo de asombro.
-Inoue ¿Qué haces aquí? –Pregunto la chica quien rió nerviosamente como siendo desenmascarada en alguna travesura.
-¿Cómo has estado Kuchiki-san? –Pregunto Tatsuki junto a la pelinaranja quien se había tildado mirando a Ulquiorra impávido frente a ellas.
-Bueno nada venia de visita y me encontré con... bueno... –Rascándose la cabeza al recordar que de echo no solo lo encontró, también lo siguió varias cuadras, lo que le hizo sentir algo de pena. Realmente éste chico no le caía tan mal -¿Y que hacen aquí? –Tratando de cambiar el tema.
-Comprando algunas tarjetas de San Valentín… -Comentó Tatsuki al notar el silencio de Inoue.
-¡Ohh! Es verdad será mañana… creo que me compraré unos dulces. –Rukia sonrió satisfecha elevando su dedo índice al cielo.
-Pues está tienda tiene de todo. –Acotó Tatsuki.
-¿Qué haces aquí? –Pregunto Orihime al notar la figura de Ulquiorra aun parada junto a Rukia.
-Será mejor que me vaya… -Ulquiorra giro sobre su eje y comenzó a caminar en dirección contraría a las jóvenes.
-Creo que es bastante reservado… -Dijo Tatsuki en un suspiro.
-Al parecer se esfuerza en entender a los humanos pero hay sentimientos dentro de él que aún no logra interpretar. –Exclamó Kuchiki mientras también lo contemplaba alejarse.
-¿De que hablas Rukia? –Inoue, que se hallaba de espaldas a la pelinegra observando la figura de Ulquiorra desvanecerse en la esquina, se giro para observarla intrigada.
-Creo que ésta algo confuso con respecto a ti Inoue…
¿A mi? –La peli naranja sintió un extraño palpitar en su corazón ¿Acaso sufriría un ataque cardíaco?
-Si…
-¿Por qué lo dices? –Inquirió apurada.
-Bueno me pregunto si tú lo odiabas…
-¿Y que le dijiste?
-Qué debería pedirte perdón por lo que hizo.
-Pues yo coincido en ese punto. –Acoto Tatsuki.
-¿Y que dijo?
-Bueno… -Rukia la miró algo pasmada. –Le pregunte si estaba enamorado de ti.
-¡Qué! –grito la otra pelinegra.
-Pero él… él es…
-¡Un Arrancar! Ese es el problema creo que no sabe si lo que experimenta es amor o atracción… en fin…
-Ulquiorra ésta… ¡No, no puede ser! –negándolo rotundamente con la cabeza.
-Pues en todo caso deberías preguntárselo a él, y ahora vayamos por esos dulces. –Rukia se interno en la tienda dejando a Orihime bastante consternada. Ésta revelación la inquietaba muchísimo más que al principio, sobre todo por que el chico solía emanar ciertas feromonas que no conseguía disuadir.
-Rukia tiene razón Inoue…
-¿Pero Tatsuki? –Inoue quiso continuar la charla pero la chica ingresó con rapidez a la tienda.
-¿Ulquiorra me quiere? –Exclamó en voz baja mordiéndose suavemente los labios.
Al día siguiente…
El día de San Valentín se respiraba en el aire. Las chicas pululaban sonrientes por toda la escuela. Miles de tarjetas, osos de peluches, chocolates y un sin fín de productos acordes a la ocasión eran distribuidos con gran elocuencia.
Varios suspiros se escuchaban por todo el salón de clases. Ichigo llegó algo temprano ese día aun que no entendía muy bien por que tanto alboroto.
-¡BUENOS DÍAS ICHIGO! –Grito Keigo a su lado. -¿Haz recibido algún presente? –molestándolo mientras circundaba alrededor del pupitre.
-Un presente ¿Por qué? –Exclamo con una mano en la barbilla.
-¡COMO! ¡ HOY ES SAN VALENTÍN! –Volvió a gritar.
-Y por eso tanto escándalo…
-Seguramente lo dices por que sabes que no recibirás nada… -Contesto burlonamente.
-Por lo que me interesa… -respondió apático.
-Déjalo en paz Keigo. –Expresó Mizuru observando la pantalla del celular.
-¿Y tú haz recibido algo Mizuru? –Pregunto Keigo intrigado.
-Si cuatro tarjetas y dos cajas de chocolates… -Señalándole el pupitre.
-¿Qué? Creo que me siento mal… -dijo haciendo un melodrama pues él no había recibido ni una postal.
-Buenos días Kurosaki–kun. –Exclamó una vocecita femenina tras él.
-Hola Inoue… -Acomodándose en su silla. –Hola Tatsuki… -notando la presencia de la pelinegra detrás de Orihime.
-Yo quería darte… quería entregarte… es decir me gustaría…-Tomó algo de aire antes de continuar -¡Darte esto! –Sentencio finalmente con firmeza tras tanta dubitación.
-¿Que es? –Tomando aquel regalo y notando que era una preciosa tarjeta y una caja de bombones. -¿En verdad es para mi Inoue?
-¡Hai!
-Gracias… -Exclamó sonriendo y haciendo que la chica sintiera un impune calor recorrerle el cuerpo y llevarla al extremo de sus fantasías.
-¡NO PUEDE SER! –grito Keigo desparramándose por el piso.
Las chicas repartieron todas las tarjetas, a Ishida, Chado, Mizuru y Keigo, y unos cuantos chocolates también. Ichigo abrió la tarjeta la cual las solapas en el medio de la misma formaban dos mitades de un corazón al unirlas. En el interior del mismo una frase.
"El amor puede ser algo maravilloso sobre todo si lo compartes conmigo. ¡Te quiero!"
El peli naranja sonrió con satisfacción pero pudo además percibir otra pequeña inscripción al pie de la tarjeta.
"Necesito hablar contigo Kurosaki-kun. A la salida te espero en el salón de clases.
Inoue"
Ichigo permaneció algo impávido ¿sería a caso que Inoue se le declararía? Pero conociéndola sabía que ella no tenía ese carácter y no haría una cosa así ¿O si?
-Entonces… -dijo en voz muy baja mientras releía la tarjeta.
-Buenos días a todos. –Dijo una voz conocida para el peli naranja haciendo que se abstrajera completamente de lo que estaba pensando.
-¡Rukia! –Girándose en su lugar para verla llegar mientras ésta comía un chocolatín.
-Hola chicos ya regrese…
-Pensamos que estarías presa en la sociedad de almas… -Exclamó Ishida quien terminaba de guardar algunos chocolates y osos en su banca.
-Pues no… pero si tuve algo de entrenamiento y… -Rukia recordó el otro suceso pero prefirió guardar silencio.
-Es bueno que estés aquí Rukia…
-¿Desde cuando te alegra verme? –Pregunto curiosa.
-Bueno solo lo digo por que somos amigos y haría lo mismo por cualquiera. –Defendiéndose de antemano a cualquier replica.
-¡Muy bien jovencitos comenzaremos las clases! –Sentenció el profesor haciendo que todos se ubicaran en sus lugares.
Inoue miró algo desconsolada la escena de Ichigo con la pelinegra, tras su llegada, haciendo que se replanteará su decisión de confesarle todo al atractivo muchacho.
La joven miró a Tatsuki a su lado, ésta le sonrió y le guiñó el ojo en señal de tranquilidad, más la semilla del temor y la duda crecían ahora con ahínco en su corazón.
Inoue retrajo un poco su vista y se acomodó mejor en su pupitre. Antes de mirar al frente no pudo evitar mirar hacía atrás donde unos radiantes ojos verdes la contemplaban inquietantes.
La muchacha rápidamente evito aquel choque de poderes y volvió a centrarse en sus tareas.
Tras dos agotadoras clases de matemáticas la campana del almuerzo por fin sonó. Un desparramo de estudiantes avasallaban los pasillos algo estrechos de la escuela.
-¡Por fin! ¿Irán por algo a la cafetería? –Pregunto Ishida.
-Yo sí. –Sentenció Rukia con alegría.
-También iré… -dijo Chado.
-Bueno espero que tengan algo bueno hoy. –Ichigo se levantó de su asiento dispuesto a salir por la puerta junto con sus amigos. -¿vienen Tatsuki y Inoue?
-¡No nosotras trajimos algo! –Grito Tatsuki quien tomó a Inoue de la mano y la saco arrastrando del salón.
-Bien… -Ichigo las miró algo confuso, pero luego dirigió su mirada a Ulquiorra quien sacaba un sándwich de su valija.
-¿Vienes Ichigo tengo hambre? ¿Acaso quieres que desfallezca tonto? –grito Rukia.
-Bien ya voy no tienes por que gritar… -Indicó molesto saliendo del aula.
Tatsuki y Orihime se escabulleron de la multitud hasta un lugar más alejado del edificio, cerca de una zona arbolada, en donde la pelinegra se sentó con pesadez.
-Creo que me duele un poco el brazo –refunfuño Inoue tras todo aquel zamarreo.
-¡Dime Inoue! ¿Acaso no piensas confesarle a Ichigo tus sentimientos? –inquirió mientras sacaba el almuerzo de las bandejas.
-Bueno es que ahora no estoy segura… -sentándose a su lado.
-Pero lo planeamos toda la semana…
-¿Pero y Rukia?
-Rukia no tiene nada que ver con tu decisión de decirle a Ichigo que lo amas.
-¿pero tú viste el rostro de Ichigo al verla?
-¿Y que? también vi su rostro cuando le entregaste la tarjeta y los chocolates.
-Pues no lo se Tatsuki… -Comiendo una albóndiga del almuerzo preparado por la joven.
Mientras las dos chicas hablaban una figura cabizbaja y algo apesadumbrada que se aproximo unos cuantos metros más adelante y se sentó junto a una enorme fuente del jardín estudiantil.
-¿No es ése? –Dijo Tatsuki mirando la escena.
-¡Ulquiorra! ¿Nos habrá visto? –Inquirió la peli naranja.
-Pues creo que no… -Al notar lo completamente desapercibidas que pasaban para el muchacho, y no solo ellas toda la escuela también -es algo triste…
-¿Triste por que Tatsuki?
-Por que desde que está en nuestra escuela no ha hecho amigos y siempre está solo…
-Bueno es algo apático… -dijo Inoue quien ya conocía al menos algo el carácter del pelinegro.
-Es una lastima por que a pesar de su atractivo las chicas le huyen… -Tatsuki continuo comiendo.
-Sabes… yo…
-¡No me digas! ¡Te enamoraste de Ulquiorra y ahora te debates por su amor y el de Ichigo! –Dijo entre carcajadas.
-A decir verdad…
-¿Es cierto? –Tatsuki paró de comer súbitamente.
-No… claro que no… pero ayer yo…
-¿Qué?
-Le compré esto… -Dijo extendiendo su mano frente a la pelinegra.
-¡Una tarjeta! –mirando el objeto en su mano derecha – ¿pero Inoue?
-Sí lo sé… no debí hacerlo pero… cuando lo vi ayer me dio mucha nostalgia, es decir no es que me guste ni nada de eso pero es su primer San Valentín aquí y quizás el ultimo yo quería que…
-No digas más Inoue… te entiendo… -Dijo la chica mirándola a los ojos con ternura.
-¿En serio? –Exclamó asombrada.
-Si, será mejor que se la entregues…
Ulquiorra comía su algo austero almuerzo. Al parecer Ururu había dejado el suyo sobre la mesada de la cocina, pero Shinta se lo devoró en la noche después de un ataque de gula.
El Arrancar últimamente se veía agobiado con interminables encomiendas las cuales repartía casi todo el día o después de clases, por ello poco le importaba comer o no. Al parecer según Urahara, su atractivo había acrecentado la clientela femenina de su tienda, así que a pedido de las clientas él debía hacer las entregas; claro ésta que el chico no entendía demasiado la situación, pero últimamente se esforzaba por comprender un poco más a los humanos.
Flash Back…
-¡Ahh! Es increíble, nuestras ventas prácticamente se ¡duplicaron! –grito Urahara sentado en un cómodo almohadón.
-¿Puedo preguntarle algo? –dijo el chico con total tranquilidad sentado frente a él.
-¡Ahh! Si claro…
-Bueno es que hay algo que no comprendo sobre las actitudes humanas…
-¡Aja! –Dijo Urahara mientras seguía sumando sus finanzas de la semana.
-Se trata de…
-¡Urahara! –grito Shinta interrumpiendo…
-¿Que ocurre muchacho?
–Es Yoruichi-sama…
-¿Donde? –Poniéndose de pie…
-Afuera, quiere hablar contigo.
-Bien, bien… debe ser urgente para que Yoruichi éste aquí.
-Aquí esta el té Urahara-san… -expreso Ururú con algo de timidez ingresando a la sala.
-¡Ahh! Déjalo por ahí ya regreso. –Intentando escabullirse por la puerta. –Ururú puedes ayudar a Ulquiorra con una duda. –Tras estas palabras salió con Shinta del salón.
-Si Urahara-sama. –Observándolo salir. -¿Y que puedo hacer por ti? –sirviéndole el té.
Ulquiorra la miró con detenimiento. Ciertamente ésta niña no era adulta pero debía conocer al menos algo los sentimientos humanos, después de todo era una ¿o no?
-Si alguien… comete un error… -El pelinegro guardó silencio mientras pensaba correctamente como formular su pregunta.
-¡Si! –Ururú intento apresurar aquella plática.
-¿Como hago para disculparme si cometo un error? –mirándola a los ojos.
-¡Ahh! Bueno supongo que… -la niña agacho un poco la cabeza mientras trataba de recrear una respuesta justa a pesar de su corta edad y falta de experiencia en el tema. –Bueno lo mejor que puedes hacer es…
Fin de Flash Back…
-¡Ulquiorra! –dijo la dulce voz de Orihime, sacando al muchacho de sus cavilaciones.
-Eres tú mujer… -Dijo tras voltearse a ver a la chica.
-¿Puedo sentarme? –Inoue se acerco un poco al chico, pero al no obtener respuesta de éste se acomodó a su lado.
-¿Qué quieres? –Dijo con frialdad.
-Se que tratas de comprendernos y yo quería… colaborar contigo…
-¿Colaborar? –Ulquiorra la miró confuso, pero la chica desviaba su mirada continuamente.
-Si… -Dijo tragando saliva. –Esto es para ti. –Extendiéndole la mano con algo en ella.
Ulquiorra dejó su almuerzo a un costado y tomó aquel extraño obsequio. Era la primera vez en su vida que le regalaban algo. El chico miró con detenimiento la tarjeta la cual poseía una caja de regalo con un enorme moño rojo sobre la misma y una pequeña inscripción.
"No sabía que darte espero que éste regalo te alcance"
El pelinegro la abrió algo desconcertado para encontrarse con la misma caja dibujada pero esta vez en su interior se hallaba un enorme corazón.
"Es todo lo que tengo para ti"
Ulquiorra se sintió raro. Como si su cuerpo se tensara y le comprimiera la boca del estomago. Varias imágenes vinieron a su mente en solo un instante, imágenes de lo más aterradoras.
El joven agacho la cabeza y soltó con lentitud la tarjeta la cual cayó sin impunidad sobre la hierba fresca.
-¿Qué te ocurre Ulquiorra? –Exclamó Inoue, pero al parecer el muchacho estaba completamente ido pues permanecía cabizbajo y petrificado como una roca.
"Siempre fuiste una mala persona, y siempre lo serás… Nada cambiará, piensas que nuestras vidas son diferentes ahora pero me has vuelto a mentir como has podido Ulquiorra.
Lo prometiste ¡Lo prometiste!"
Él podía escuchar esa voz atormentándolo con total claridad. Era parte de algo que había enterrado en su pasado, en el lugar en donde ahora descansaba aquel enorme hueco el cual le recordaba la clase de monstruo en el cual se había convertido.
-¡Ulquiorra! –Inoue se arrodilló sobre la hierba y con sus manos intento tomar con delicadeza el rostro del muchacho.
Era extraño pero su accionar la tenía muy preocupada ¿Por qué debía preocuparse por éste hombre? ¿Acaso no fue él quien más daño le hizo en el pasado? ¿Entonces por que su cuerpo actuaba en contra de sus propias negaciones y deseos? ¿Por qué?
-¿Estas bien Ulquiorra? –Levantando un poco su rostro de manera que pudiera verlo a los ojos.
El chico la miró algo confuso y perdido. Parecía como si su mente se hubiera extraviado en el tiempo y el espacio dejando simplemente un cascaron vacio. Le acarició sus renegridos cabellos y como si entrará en un trance peligroso y mortal; la joven, sucumbió ante el encanto de aquellos melancólicos ojos los cuales carecían de su brillo habitual.
Aproximó su rostro al del chico mientras la respiración de ambos se fusionaba en un solo compás casi rítmico ¿Por qué la atraía tanto? ¿Acaso era su aroma? Que delicioso es su aroma pensó la chica, o tal vez ¿Sería su gélida piel la que la incitaba hechizada? ¿O tal vez sus delgados labios a penas rosados los cuales con cada exhalación le hacían perder la poca cordura que le quedaba? Son tan excitantes… Se dijo para sus adentros mientras acercaba más los suyos a los del joven.
¿Siempre lastimo a las personas? Es lo que hago después de todo soy un monstruo. Un ser sin corazón que disfrutaba atormentando a otros seres, pensó para sus adentros; pero si era así ¿Por qué está mujer no le temía? ¿Por qué parecía extasiarse con sus tenues expiraciones? ¿Por qué acercaba su rostro de esa forma? ¿Por qué olía tan bien? ¿Por qué sentía éste poderoso incendio en su interior? ¿Acaso se estaba convirtiendo en cenizas?
Ulquiorra se mordió apenas el labio inferior. ¿Qué sería ese revoltijo en su estomago? ¿Su sándwich lo había indigestado?
Éste acto del arrancar pareció sumir a la peli naranja en un fuego casi incontrolable que no lograba apagar haciendo que suspirara casi en voz alta.
-Perdóname… por… haberte… -Dijo el pelinegro con voz casi ahogada.
El chico aproximo su rostro finalmente al de ella. Era como si un poderoso imán tirara de su nuca y lo apresará en un maravilloso hechizo.
Flash Back…
-Bueno lo mejor que puedes hacer es pedir disculpas con un… beso. -Exclamó Ururú
-¿Un beso?
-Si… yo suelo pedirle disculpas a Shinta con un beso en su mejilla… aún que no siempre le gusta. –Sentenció la niña mirándolo con desconcierto.
Fin de Flash Back…
Ulquiorra se sentía distinto, diferente a tal punto que creía que todo su ser hervía por algún extraño fenómeno espiritual ¿O tal vez era el mal funcionamiento de su gigai? Lo que fuera lo embriagaba ¿Sería acaso esa la palabra correcta?
Ésta mujer no solo lo extasiaba, lo enloquecía. La chica era quien llevaba el ritmo de aquel apasionado beso él solo la seguía como podía ¿Estaría bien lo que estaba haciendo? ¿Sería correcto tenerla así solo para él? ¿Qué era esto que sentía? ¿Acaso ese sentimiento llamado egoísmo se adentraba ahora en él?
La sujeto de su cintura atrayéndola más hacía si. La chica se incorporó un poco pero sin desprenderse de aquel sabor que se había apoderado de su boca. Podía sentirlo, era tan cálido, tan delicioso que le generaba una excitación como nunca había sentido antes, ni siquiera en los más maravillosos sueños que tenía con Ichigo; aun que esto era mucho más real que un simple sueño.
Aquel elixir propinado a su cuerpo no le permitía reparar su acto, es más ni siquiera le importaba. Se aferró a la nuca del chico cuando él la abrazo con fuerza. Lo beso con más ahínco y deseo. Su respiración era agitada, sentía que le faltaba el aire pero de alguna manera no estaba dispuesta a liberar a su presa. ¿Sería su inconsciente que había tomado el mando de su cuerpo?
Ulquiorra casi no poseía aliento alguno ¿ésta mujer le había arrebatado su alma? Lo que fuera que Inoue Orihime le hacía deseaba desde el fondo de su gigai que jamás se detuviera.
La estrechó con más fuerza y sin querer mordió con suavidad el labio inferior de la chica haciendo que ésta abriera súbitamente sus ojos como despertando de una pesadilla ¿O acaso era una excitante fantasía?
Inoue lo miró espantada mientras respiraba con agitación, pero no solo ella estaba fuera de sí el chico solo la miraba fijo como si le hubiese hurtado algo muy privado.
La chica sintió un fuerte calor en sus mejillas. No sabía si era por la vergüenza que ahora sufría o por el calor que corroía su cuerpo impunemente.
Mientras jadeaba completamente fuera de sí, no pudo evitar percatarse del error que había cometido ¿Pero era un error? ¿Cuántos errores había cometido con éste chico ya? Al parecer había perdido la cuenta.
-Yo… -Dijo Ulquiorra intentando apoderarse de su cuerpo y aferrarla contra él.
-¡NO me toques! –grito espantada.
Inoue elevó su mano al aire y le propino una fuerte bofetada ¿Qué locura insana cometía ahora? El rostro del chico giro con fuerza tras ser abatido por la endeble mano de la chica. Ulquiorra se paró de golpe haciendo que Inoue se cayera despatarrada hacía atrás por lo desprevenido de aquella acción. El joven colocó sus manos en los bolsillos y se alejó del lugar sin decir ni una sola palabra más.
-Inoue ¿Qué pasó? –Dijo Tatsuki quien se acercó a ella ayudándole a ponerse en pie.
-Tatsuki…
-Mejor dicho ¡Guau! No puedo creer que lo hayas besado…
-Yo no… no quise yo…
-Por Dios Inoue ese chico te pone como un tren y tú no quisiste. Te das cuenta de que es capaz de hipnotizarte o algo así.
-¿Me habrá hipnotizado? –Inquirió algo preocupada.
-¿Lo Hizo? –Tatsuki la miró con fijeza.
-No lo sé…
-Dime Inoue… ¿Qué sentiste? ¿Estabas presionada?
-Yo la verdad es… yo… -Inoue observó la tarjeta desparramada en el piso. Se agachó y la recogió con cuidado entre sus manos. -¡Me encantó! –Dijo algo cabizbaja.
-Pues así parecía por que por un momento creí que lo ibas a almorzar. –Tatsuki echo a reír pero la campana del recreo sonó con fuerza llamándolas nuevamente a clases.
Las dos muchachas entraron al aula. Al parecer fueron las ultimas en llegar. Cada una se ubico en su asiento para retomar sus clases. Inoue echo una leve miradita hacía atrás para observar al pelinegro quien se hallaba ensimismado en sus cuadernos; pero al volver su vista hacía adelante se encontró con el rostro abatido de Ichigo lo cual le llamó la atención.
Después de que las clases concluyeran todos comenzaron a retirarse con rapidez. La luz del atardecer se reflejaba anaranjada y rojiza por las amplias ventanas del salón.
El profesor le pidió a Ichigo y a Keigo que entregaran unas cosas en la biblioteca antes de marcharse por lo cual se encaminaron hacía allí con rapidez.
Ulquiorra iba a retirarse cuando el profesor lo llamó a parte pues el director quería charlar acerca de su reciente traslado y varios papeleos.
Rukia también lucía cabizbaja. Simplemente elevó su mano al aire saludando a los muchachos y se marchó.
-Te veo en casa Inoue. –Grito desde la puerta del salón.
-¡Hai! –Sentenció la chica confusa.
-Yo también me retiro ¿los espero? –Pregunto Chad.
-Creo que hoy nos iremos solos Chado. –Exclamó Ishida sonriente.
-¡Nos vemos Inoue y suerte! –Dijo Tatsuki quien se retiró acompañada de Chad.
-Inoue… -Ishida se acerco un poco a la chica.
-¡Hai! –contesto sonriente.
-Es tú oportunidad, no la desperdicies…
-¿Por qué lo dices Ishida?
-Rukia se va a casar… y bueno ahora tienes el camino libre. –El muchacho se acomódalos anteojos con gracia.
-¡Se va a casar!
-Si con Ashido… Acompaña a Ichigo y no lo dejes solo te necesitará mucho más de lo que crees. –Ishida tomó su valija de la butaca y escapó tras la puerta dejando a una Inoue bastante confusa.
-Ichigo… entonces tú seguramente…
-¿Yo que? –Inquirió el peli naranja ingresando al salón.
-¿Y Keigo?
-Le dije que se fuera que tenía que hacer algunas cosas antes.
-Ishida me dijo lo de Rukia en verdad lo siento. –Sentenció cabizbaja.
-Rukia es dueña de hacer su vida como guste…
-¿Pero tú no estas triste? –Suspirando seguramente Ichigo no sería muy feliz ahora ¿Sería bueno confesarle su amor bajo esas circunstancias? -Kurosaki-Kun… -La chica se apartó un poco de él, sentía culpa y miedo en su interior. –Ichigo yo no quiero que pienses que soy una chiquilla ni una egoísta y no quiero que dejes de luchar por lo que deseas. Yo quería que supieras que ¡te amo! Te amó con locura desde que te conocí y yo… -la muchacha se mordió sutilmente los labios. –Quiero que seas feliz aún que no sea conmigo. –dijo mirando la luz del atardecer atravesar las ventanas del salón.
-Te amo Inoue… -Exclamó el chico con tranquilidad.
-¿De que hablas? –pregunto con cierta timidez y un ajetreado palpitar de su corazón.
-Me refiero a que tenías razón, siempre he buscado anteponer la fuerza a mis propios sentimientos y he dejado de lado muchas cosas de las cuales hoy me arrepiento.
-¿Y una de esas cosas es Rukia? –dándole con rapidez la espalda para que el chico no notara su amargo semblante.
-No, no me refiero a Rukia hablo de ti. –Ichigo se acerco más a la muchacha y la estrecho fuertemente entre sus brazos, mientras ella aún permanecía de espaldas, y apoyó con suavidad su rostro sobre el hombro de ella suspirando con ansiedad en su oído.
-Ichigo... –Inoue sentía que le temblaban las piernas ¿Acaso su sueño se hacía realidad? ¿Estaba acaso alucinando?
Ulquiorra caminaba algo distraído. No comprendía muy bien los sentimientos humanos. Se esforzaba constantemente por pintar su corazón con varias gamas de colores pero a su parecer lo único que obtenía era un molesto he insulso tono gris.
¿Sería que un Arrancar jamás podría comprender los sentimientos tales como el amor? Estaba claro que el lugar en donde debía estar su corazón era usurpado por un enorme agujero que solo le mostraba el reverso de su chaqueta, y el cual ahora se hallaba oculto tras todo aquel disfraz de carne diseñado por Urahara.
El chico se introdujo en silencio al salón pero allí se encontró con una escena que lo turbo y paralizó. Pudo escuchar con total claridad un fuerte tamborileo en su interior que parecía desestabilizar su frío eje interior.
Era la mujer humana Inoue y Kurosaki Ichigo ¿Entonces ambos eran algo más que simples amigos? ¿Por qué el verlos abrazados lo perturbaba de alguna manera? El chico se acurruco en la entrada posterior del salón y los observó entre las sombras.
¿Sería capaz de aprender algo de esta escena? Seguramente sacaría algún provecho y le serviría para aclarar muchas cosas sobre el amor ¿Pero por que sentía más nostalgia que curiosidad?
-Inoue... jamás supe verte Inoue... llámame idiota si quieres realmente me lo merezco. –Ichigo la giro para poder contemplarla a los ojos sin tapujo alguno.
-Espera Kurosaki-kun, no creo que esto este bien, solo estas dolido...
-¡De ninguna manera! Esto no es despecho Inoue yo...
-Kurosaki... –La muchacha no pudo terminar la frase pues el chico la estrujó entre sus brazos y la beso apasionadamente.
