¡Hola a todos! Lamento la tardanza, me puse a corregir el cap y me llegó una ráfaga de inspiración traducida en "De holografía y veronal" y como puede pasar mucho sin que mi musa aparezca, decidí darle carta blanca.

En respuesta a los comentarios:

Camib312: ¡Muchas gracias! Me alegra mucho que te haya gustado.

mari. chan. 906: ¡Lo sé! Siempre lo ponen a cargar a él con las culpas, que las armas, que la armadura, que las patentes, que la destrucción de NY, que la destrucción de Sokovia, que los acuerdos de Sokovia, deberían dejar descansar al pobre.

Dan Felton: Muchas gracias. Steve lo aprenderá, por la vía dura, pero lo hará.

Positive Young Lady: ¡Gracias por tus comentarios! La primera vez que vi Los Vengadores y vi esa escena pensé "Pobre Steve, no sabe la que le espera". En la segunda, quizás sí, quizás no, pero conociendo a Steve y su discurso de "no hay que adelantarse a la guerra", lo dudo. Muero por escribir ese capítulo, la calma antes de la tormenta —inserte aquí cara diabólica—.

Este cap está dedicado a todos los que dejaron comentarios, marcaron esta historia como favorita o la siguen. Sobra decir, a mi lo único que me pertenece es la historia, el resto a Marvel y sus respectivos dueños. Dicho esto, no los canso mas ¡A leer!


Te intereso… búscame.

No sé le ocurrió como disculparse, ¿Qué podía decir alguien en situaciones como esa? Lo siento Stark, no fue tu culpa, solo que bueno, estaba estresado por Ultron y no atendí a razones. No. Definitivamente no.

En cuanto tuvo algo de tiempo libre por su búsqueda de Bucky, llegó al edificio y se encontró con la señorita Potts. Ella llevaba unas cuantas cajas de pizza y parecía que se dirigía al laboratorio.

—¿Ustedes tienen planes? —preguntó Steve mientras pensaba en aplazar la charla.

La señorita Potts negó con la cabeza mientras cambiaba de brazo las cajas, como había sido criado en los 40 creía en la caballerosidad así que las tomó para ayudarla.

—No realmente, pero tengo algo de tiempo libre y sería bueno pasar tiempo con él.

Steve frunció el ceño. La señorita Potts era una mujer maravillosa, casi como Peggy, y en su época eso habría implicado que debía ser mimada y atendida más allá de cualquier consideración en lugar de ser ella quien buscara afecto.

—¿Por qué él no la busca?

Ella le sonrió de forma indulgente, le recordó a su madre.

—Porque las cosas no funcionan así con Tony, Steve.

Steve frunció el ceño mientras hacía una nota mental de cantarle las cuarenta a Tony, por su negligencia con su encantadora novia.

—¿Entonces cómo?

—Tony es generoso —al ver la mirada que Steve le dirigió, aclaró— a su manera, claro. Todo el mundo toma lo que él da y él no tiene reparos en dar eso o más, puedes preguntarle a Natal…Natasha. Pero nadie le da algo a él, salvo Rhodey, Happy y yo, nadie lo busca para darle algo, en especial afecto. Por eso lo busco, porque nadie lo ha hecho por él.

Steve tragó saliva mientras reconocía que la señorita Potts tenía razón. No sabía que tenía que ver Romanoff ahí, pero Tony siempre era llamado cuando necesitaban ayuda y era el quien tenía que lidiar con todos los destrozos.

—¿Necesita algo? —la voz de la señorita Potts interrumpió sus pensamientos.

Steve negó con la cabeza, no iba a interrumpir el poco tiempo que ese par pasaban juntos sin importar cuanto lo carcomiera su conciencia. La señorita Potts entrecerró los ojos y le dio una mirada evaluadora, luego tomó su celular y envió un mensaje.

—Sé que ustedes necesitan hablar, si quiere puedo agendarle una cita.

En ese momento el teléfono de la señorita Potts sonó y ella comenzó.

—¿Si?... ¿Es en serio?... ¿Por qué no me informaron antes?... Tendré que hacer varias llamadas… Bien… Nos vemos en veinte minutos.

La señorita Potts colgó y negó con la cabeza exasperada.

—¿Podría hacerme un favor Capitán Rogers? Hay un problema en la empresa y tengo que hacer control de daños, si no es mucha molestia ¿Puede llevarle la pizza a Tony? No tengo hambre y conociéndolo no ha comido nada en todo el día.

Parecía que el universo se confabulaba a su favor o en contra dependiendo como se mire. Le prometió a la señorita Potts que se aseguraría de que Tony comiera y que aprovecharía a hablar con él.

Y como un hombre de palabra, cumplió su promesa.

Lo que él nunca supo fue que dicho problema en la empresa nunca existió.