Capitulo XVI

"Cuidados intensivos Parte I"

Dos días habían pasado desde aquel atentado contra la vida de Orihime y de la reunión en casa de Urahara. La lluvia no había amainado durante ese tiempo y lograba instaurar un gélido invierno en toda la ciudad.

Ulquiorra llegó al colegió completamente empapado. Había vivido los últimos dos días en el parque de Karakura. Tenía hambre, frío y ni un solo céntimo para adquirir algo caliente en la cafetería ni en una de esas extrañas maquinas de bebidas.

Dejó algunas cosas en su taquilla. Sacó sus libros que había guardado y que aún estaban mojados por la tormenta del día anterior. Le dolía la cabeza y no entendía por que ¿Sería un mal funcionamiento de su gigai? ¿Sus partículas espirituales estaban mermando? Pudo sentir un leve mareo apoderarse de su cuerpo falso haciéndolo tambalear. El chico se apoyó contra su taquilla mientras respiraba algo agitado. Definitivamente debía hablar con Urahara sobre aquellos defectos en su nuevo cuerpo.

El chico camino hasta el salón de clases como pudo y se sentó en su banco. Los alumnos lo miraron sorprendidos pero ninguno se le acercó. A pesar de su atractivo, su introvertido carácter, no le había permitido sociabilizar con nadie. Se dejó caer sobre banca mientras respiraba dificultosamente.

La campana marco las ocho de la mañana y un apresurado grupo de jóvenes se internó con prontitud al aula. Tatsuki y Orihime habían ido por algo caliente antes de empezar las clases y se habían visto retrasadas en las maquinas del pasillo. Aquel retraso casi les causa una severa amonestación por parte de su maestro.

Al ingresar al salón Inoue pudo avistar a Ichigo algo taciturno y pensativo. Chado sacaba sus libros e Ishida se acomodaba en su lugar; pero lo que llamó poderosamente su atención, fue un empapado muchacho cuya cabeza caía pesadamente sobre la banca.

Tatsuki e Inoue se miraron algo atónitas. Era la primera vez que veían al muchacho tan desgarbado.

-¡Señoritas pueden sentarse de una vez! –refunfuño el maestro quien ya quería comenzar las clases.

Ambas se ubicaron con rapidez en sus lugares antes de que fueran reprendidas nuevamente. Durante la hora de clase Ulquiorra a penas si podía mantener fija su atención. Se sentía mareado y preso dentro de aquella vestimenta falsa. No entendía por que aún seguía con esa estupidez de hacerle caso a Urahara y tener que portar uno de esos cuerpos o incluso tener que asistir a un mediocre establecimiento educativo, cuando él, ya había sido espiritualmente preparado e instruido en diversos tipos de conocimientos.

El chico podía sentir un claro zumbido en sus oídos, un dolor en el pecho y cabeza, mareos, visión difusa y un potente escalofríos recorrer su cuerpo. Tiritaba levemente, lo que trató de controlar por todos los medios posibles ¿Acaso su cuerpo falso iba a explotar? A lo mejor, el mismo, poseía un mecanismo auto destructor por mal funcionamiento. Debía deshacerse de ese gigai lo antes posible.

La campana del almuerzo sonó. Todos se levantaron con rapidez al igual que Ulquiorra quien salió disparado como un rayo. Un profundo sentimiento de que su cuerpo explotaría lo aquejaba y alarmaba. Necesitaba encontrar un buen lugar para abandonar su gigai. Subió las escaleras del edificio hasta llegar a la azotea; aun llovía intensamente.

El joven intentó separar su cuerpo espiritual de aquel cuerpo material, pero por alguna extraña razón, parecía que estaba adosado al mismo. Intentó varias veces el mismo procedimiento sin ningún resultado positivo ¿Acaso estaba atrapado en un cuerpo que explotaría? Podía sentir el calor apoderarse de todo su ser, ya era demasiado tarde la bomba se había accionado y él estaba atrapado en aquella prisión de carne. Ulquiorra se desvaneció en la azotea del colegio mientras la lluvia caía impunemente sobre su cuerpo.

-¿Inoue trajiste algo para comer o quieres ir a la cafetería? –Inquirió Tatsuki.

-Traje algo… -Dijo centrando su mirada en el banco vació de Ulquiorra.

-¿Chicas vamos a la cafetería, vienen? –preguntaron los tres muchachos parados en medio del salón.

-Nos quedaremos aquí, trajimos el almuerzo.

-Bueno nos veremos en un rato. –Contesto Ishida.

-Tatsuki ¿Ulquiorra se veía muy mal hoy verdad? –Inquirió Inoue tras la partida de sus tres amigos.

-Ulquiorra se veía algo enfermo ¿Pero eso es posible? Digo él esta muerto.

-No esta muerto Tatsuki… pero no se si pueda sentirse mal…

-¿Por qué no lo buscamos? –Tatsuki sonrió con complicidad.

-Si, estoy algo preocupada.

-Vaya ¡Mostrarás abiertamente tus sentimientos por él! –la pelinegra rió.

- No es eso… solo…

-¿Solo que?

-Estoy preocupada.

Tatsuki y Orihime buscaron largo rato por el establecimiento, pero por más que dieron vueltas en círculo y prestaron el mayor detenimiento posible intentando localizarlo; no había ni rastro del espada.

-No esta… -Inoue suspiró preocupada.

-¿Crees que se haya ido?

-No lo se, ya buscamos en la enfermería, en la cafetería, en los salones, en los pasillos, en las escaleras, en la sala de educación física… -Inoue se sentó al pie de las escaleras algo frustrada.

-Será mejor que regresemos Inoue, pronto tocará la campana. –Tatsuki intentó animarla pero la chica se veía muy deprimida. -¿Lo amas Inoue? – le pregunto afectuosamente.

-Yo… no se si puedo llamarlo amor… pero siento algo… -La chica calló.

-¿Algo como que? -Tatsuki se sentó a su lado.

-Sabes que Ichigo siempre fue un amor casi platónico ¿Verdad?

-Bueno si pero…

-Claro que mis sentimientos por él eran y son más bien inocentes… hasta cierto punto noto que mi amor por él es más puro… más juvenil.

-¿Quieres decir que él no te despierta sentimientos tan "salvajes"?

-Exacto… en cambio Ulquiorra es tan… tan… "sexy" cuando él me toca… me besa o me ve con su melancólica mirada… siento que aflora una Orihime que no estoy segura de querer confrontar.

-Es complicado Inoue. –Tatsuki suspiró.

-Lo sé… pero aun que lo niegue me encanta que rompa mis esquemas…. –La pelinaranja agacho la cabeza y la sujeto entre ambas manos. –Me doy cuenta de que ya no soy una niña… y que mis deseos no son los de una pequeña.

-Y ya no lo eres Inoue, pero tienes que enfocarte en lo que deseas.

-Lo sé… y no es fácil… además…

-¿Qué?

-No estoy segura de lo que siente Ulquiorra o si él y esa tal Nurielle tienen una relación…

-Bueno yo creo que le atraes, aun que hace todo lo posible para no demostrarlo.

-¿Tú crees? –Mirándola anonadada.

-Claro que si Inoue, pero tú tonta obsesión por Ichigo te nubla la mente y el panorama, recuerda que a veces el árbol no nos permite ver el bosque

-Yo se que Ichigo y yo ya no tenemos posibilidad de regresar e intento no pensar más en él… -respondió poco convencida.

-Pues díselo a tú corazón y a tú mente Inoue por que no haces más que correr a sus brazos.

-¡Ahh! Por que es tan complicado… si tan solo supiera que debo hacer…

-Supongo que lo sabrás cuando sea el momento ¡Vamos! –la pelinegra se puso de pie y le extendió la mano.

Una nueva hora había pasado. Las clases ya casi llegaban a su fin y Orihime veía con inquietud el banco del desaparecido espada. ¿Dónde estaba? ¿Por qué no había aparecido? ¿Realmente estaba enfermo? En la mañana no se veía nada bien y que ahora no estuviera allí le provocaba leves palpitaciones llenas de angustia.

-¿Qué dices Inoue? –Inquirió Ishida más la chica se había ensimismado mirando por el ventanal del salón.

-¡Oye Inoue! –grito Ichigo.

-¿Que ocurre? –preguntó algo exaltada.

-Parece que no estuvieras aquí Orihime. –Chado se puso el bolso al hombro dispuesto a marcharse con rapidez –Yo me marcho chicos tengo que asistir a mi empleo de medio tiempo.

-Cuídate Chad –Ichigo lo saludo con un movimiento de su mano.

-¿Y bien que dices Inoue? ¿Quieres quedarte en casa de Ichigo o en mi casa? –Reformulo Ishida mirándola fijamente –No creo que mi padre tenga inconveniente así que estarás vigilada por hoy.

-Yo… -Inoue volvió a centrar su mirada en el banco del pelinegro, sus cosas aún estaban arrumbadas sobre el mismo

-¿Alguien ha visto a Ulquiorra Shiffer? –Inquirió el maestro antes de que todos sus alumnos se escabulleran del salón más solo le respondió un claro murmullo.

-¡Yo lo buscaré profesor! –grito Inoue.

-¡QUE! –Ishida e Ichigo se miraron sorprendidos.

-¿Acaso estas loca Inoue? –pregunto el pelinaranja en voz baja.

-Voy a buscarlo estoy preocupada Ichigo –saliendo a toda prisa de aquella aula.

-¡Espera Inoue!

-¡Déjala Ichigo! –la pelinegra lo miró con seriedad.

-¿Pero que dices Tatsuki? ¡Ulquiorra puede hacerle daño!

-No lo hará. Vamos Ichigo no me digas que no te has dado cuenta –Tatsuki sonrió mientras terminaba de juntar sus libros.

-¿Cuenta de que?

-De que Orihime siente algo por ese espada. –Acotó Ishida llevándose la mano izquierda a la barbilla.

-Y si mis observaciones son correctas creo que Ulquiorra siente algo por ella.

-¡ULQUIORRA! ¡Si es más frio que un tempano!

-Pero no puedes negar los sucesivos actos heroicos que ha tenido para con ella Ichigo –esta vez fue Ishida quien tomó la palabra –esas reacciones en un chico que no suele expresar sus sentimientos abiertamente a las personas dice mucho ¿no crees?

-Supongo… aún que no olvidemos que él es un Hollow y querámoslo o no, está envuelto en algo turbio. –Ichigo se llevó las manos a los bolsillos mientras veía fijamente la puerta tras la cual se había perdido Orihime hacia tan solo unos instantes.

Inoue volvió a la enfermería. Tenía la esperanza de dar con el chico allí pero sus expectativas no rindieron sus frutos deseados. Hacia casi diez minutos que rondaba la escuela y no había podido encontrar a Ulquiorra.

La muchacha se detuvo frente a los ventanales que llevaban a la escalera; afuera, el cielo se hallaba abrumado y ensombrecido por varios contoneantes y pavorosos nubarrones que emitían portentosos destellos de luz y ensordecedores rugidos, los cuales, iluminaban el interior de aquel recinto.

¿Con aquella semejante tormenta donde había ido Ulquiorra? ¿Se habría escapado de la escuela? Orihime cerró sus ojos e intentó por un momento localizar el reiatsu del cuarto espada.

-¡No está! –exclamó enfadada y preocupada.

¿Acaso Ulquiorra había partido al Hueco Mundo? ¿Acaso había vuelto con esa tal Nurielle "su prometida"? Volvió a subir las escaleras pero esta vez con lentitud y pereza, estaba cansada de correr y dar vueltas por el colegio en vano.

Suspiró, y sus ojos se elevaron hacia la puerta de la azotea. Ahora que caía en cuenta, era el único lugar en donde no había buscado ¿Estaría el pelinegro allí? Corrió con desesperación e ingreso con prisa a la misma; para su sorpresa y espanto, Ulquiorra yacía desfallecido en el piso. Su cabello y su ropa estaban empapados y el joven permanecía inmóvil boca a bajo.

-¡ULQUIORRA! –la chica se acuclillo a su lado e intento darlo vuelta. -¡Ulquiorra! ¿Qué ocurre? ¡Reacciona! –acariciándole el rostro.

Inoue toco su frente. Ardía en fiebre ¿Cómo era posible que un cuerpo falso tuviera fiebre? ¿Por qué Ulquiorra se veía tan mal? Desplego con rapidez su escudo regenerador. Le acarició el rostro mientras la lluvia mojaba su ropa y su cabello. Apoyó su frente contra la del chico. Hacía frío y la lluvia no ayudaba en tal situación.

Tras unos minutos la pelinaranja notó con espanto que su técnica de curación no funcionaba.

-¡ULQUIORRA! –grito.

"No importa lo que diga mi padre Ulquiorra, yo te amo y te amaré por toda la eternidad"

"No tienes por que enfadarte, sabes que a la única persona que amo es a ti"

"Nos casaremos y seremos felices juntos, ya lo verás, después de todo soy la única mujer que puede darte toda la dicha que mereces"

"¿Por qué te vas? ¿Por qué me dejas? Sabes que mi decisión es estar contigo ¡No quiero a alguien más!"

"Me has mentido, siempre lo has hecho; jamás te importe ¿no es así? ¿Cómo pudiste mentirme? ¡TE ODIO ULQUIORRA!"

Un estruendoso sonido pareció confundir su mente y sus oídos. Un destello de luz lo encegueció y la poca vitalidad de su cuerpo pareció esfumarse, ensombrecida, bajo parpadeantes y diminutas figuras blanquecinas.

Cuando despertó se hallaba en un lugar oscuro; más oscuro y tenebroso que la noche. Solo podía ver la luna brillar solitaria sobre el firmamento.

No sentía nada, no había dolor ni sufrimiento. No apreciaba ningún tipo de emociones ni alegría ni tristeza ni odio ni amor, nada, no había ni una pizca de aquellas sensaciones que alguna vez fueron parte importante de su humanidad. Lo único que identificaba en su interior era un inmenso vacio, y era tan grande que parecía consumirlo, desgarrarlo desde su interior.

Quería olvidar, alejarse, perder lo poco que le quedaba de conciencia ¿Por qué había ido a parar allí? ¿Por qué estaba solo? ¿Acaso así debía ser?

Se alimentaba y consumía pequeñas criaturas inmersas en la oscuridad. Los sabores eran desagradables pero el tiempo pareció nublar los pocos recuerdos que aún guardaba de la comida y de lo que fue alguna vez su vida.

Flotaba, como nunca antes pudo hacerlo. Eso le daba rapidez, la velocidad requerida para ser el más furtivo cazador. No importaba cuanto lo dañasen el jamás sufriría ¿Cómo sufrir si se carece de eso que llaman emociones?

Necesitaba más; esas insípidas presas no saciaban su hambre y su instinto animal. Podía pensar, no era una simple criatura nocturna. Podía elegir las hora más oportunas para alimentarse, saber que presas atacar, cuales eran sus puntos débiles. Disfrutaba devorándolas y consumiendo su esencia, pero no se conformaría con algo tan simple quería más… más… mucho más…

-Ulquiorra Shiffer, ese será tú nombre de ahora en adelante…

-¿mi nombre?...

-¿Es tú nombre no es así? ¿Ulquiorra?

-¿Ulquiorra?

-Únete a mi Ulquiorra y podrás saciar y satisfacer tus ansias de más, de entender…

-¿Quién eres?

-Mi nombre es Aizen… Aizen Sousuke. –El sujeto sonrió con sarcasmo pero para él solo era una oportunidad de más.

-Te has ganado el derecho de ser la cuarta espada Ulquiorra Shiffer, esto lo pone interesante. –Exclamó el sujeto de cabello amarronado y mirada escueta.

-Muchas gracias Aizen-sama –hincándose ante él.

-Ya esta lista la siguiente generación. –Dijo Tousen ingresando al palacio de las noches.

-Haz que Gin la traiga ante mí.

-Entendido Aizen-sama…

Aquel sujeto de mirada zorruna no tardo en ingresar al palacio acompañado de una figura envuelta en una sabana larga. Ambos se pararon delante del trono donde Aizen habitualmente se sentaba.

-Déjame verla Gin.

El sujeto de cabellos claros la descubrió con rapidez dejando ver a una hermosa mujer de cabello rubio y preciosa figura.

-Ha salido perfecta Aizen. Lo más parecido en poder y habilidad si lo quieres llamar de alguna manera.

-¡Excelente! Acércate Nurielle…

La muchacha, antes de avanzar, dio un pequeño vistazo hacia su posición y Ulquiorra pudo apreciar sus ojos, su rostro angelical y también pudo percibir su maldad. La mujer sonrió y luego esquivo su mirada para ver fijamente a Aizen.

-Tousen te llevará a las facciones de Harribel, asegúrate de aprender bien allí. Pero no olvides nunca que tú me sirves a mi "Nurielle Andevallete" –Dijo besándola en los labios.

Esa fue la última vez que la vio. Sabía que existía, él fue testigo de su creación. La conocía y ahora recordaba quien era pero por alguna razón no existían sentimientos en su interior, solamente indiferencia.

-Con respecto a la información que me has traído Ulquiorra, me parece que ésta mujer Inoue Orihime es sumamente interesante… quiero su poder. –Apoyando su mano izquierda en la barbilla y el codo en el apoyabrazos de su trono. –Enviaré a un espada por ella…

-¡Permítame ser quien cumpla esa misión Aizen-sama! –Hincado unos cuantos escalones más abajo.

-¿Tú lidiarás con la humana? Tengo entendido que es muy sentimental ¿Lo tolerarás Ulquiorra? –acercándose a él y mirándolo fijamente.

-Descuide yo cumpliré su orden y la traeré ante usted, mi señor Aizen.

-Entonces ve Ulquiorra y quizás eso satisfaga tú curiosidad –Exclamó el sujeto castaño que ahora pasaba a su lado con total indiferencia perdiéndose en uno de los pasillos del palacio.

¿Curiosidad? Era eso lo que despertaba esta mujer en él. Algo que creía perdido ¿Acaso esta humana era la representación misma de todo aquello que una vez dejo morir?

-La próxima palabra que digas será "sí". Si respondes cualquier otra cosa, rodarán cabezas. Pero no la tuya... sino las de tus amigos. No preguntes nada. No digas nada. No tienes derechos ni opciones. En tus manos está la cuerda que sostiene la guillotina sobre los cuellos de tus compañeros. –Temblaba podía verlo a la distancia, le temía, ella le tenía pavor, y no era para menos -No te equivoques, mujer. Esto no es una negociación... es una orden. Aizen-sama desea tus poderes y me ha pedido que te lleve conmigo. Sólo lo diré una vez más... ven conmigo, mujer.

No la odiaba ni la estimaba, simplemente era su carcelero. Pero últimamente disfrutaba atormentarla tras sus cortas visitas. Le gustaba ver sus reacciones ante sus insinuaciones retorcidas y sombrías. Ella lloraba, temblaba. Sabía que moriría. Bastaba una orden de Aizen para que él ejecutara aquella despiadada decisión.

-Te he traído la comida. Come. Tu misión aquí es mantenerte con vida. ¿Qué pasa? –Notando su estática figura mirarlo altaneramente -¿Es que quieres que te la inserte por la garganta o prefieres que te la inyecte vía intravenosa? Come.

Aquel dominio que poseía sobre la mujer humana lo hacia sentir poderoso, superior y en más de un aspecto, pero había algo, algo que anidaba en su interior, algo que había muerto en su anterior vida, la cual, apenas si recordaba; algo, que despertaba su curiosidad.

-¿Qué es el corazón? ¿Si te abro el pecho, lo veré ahí? ¿Si te abro el cráneo, estará ahí?

Ella ya no temblaba, no le temía ¿Por qué? ¿Cómo y cuándo fue que perdió aquel absoluto dominio sobre ésta mujer? ¿Por qué ella confiaba tanto en los demás? ¿Acaso eso que llamaba corazón era la causa? ¿Era por eso que él ya no era distinto? ¿Pero como era posible, él ya no tenía corazón?

-¿Me tienes miedo, mujer...? –Ese era su indiscutible final pero aún no entendía toda aquella metafórica idea de lo que era un corazón ni donde hallarlo ¿o tal vez si?... -Ya veo... esto que esta en mis manos... ¿Es un corazón?

Tengo envidia por un corazón, tengo gula por un corazón, tengo codicia por un corazón, tengo orgullo por un corazón, tengo pereza por un corazón, tengo ira por un corazón; Por un corazón... tengo lujuria por todo acerca de ti.

Ese fue su final. Todo había acabado. Lo comprendía… Tal vez… o tal vez necesitaba vivir, necesitaba recordar lo que era tener un corazón.

-¡ULQUIORRA! –exclamó una voz femenina a la distancia.

¿Dónde estaba? ¿Quién lo llamaba y por que? No podía pensar en alguien que lo llamará con tanta vehemencia ¡NADIE! ¿O quizás?

-Ulquiorra… despierta… -Exclamó una voz femenina muy suavecito. –Despierta…

Pudo sentir una calidez en su rostro que intento reconocer. ¿Quería abrir los ojos pero por que le costaba tanto?

-Ulquiorra… ya estás bien… mírame…

El joven pudo abrir sus ojos con mucha lentitud y percibir a duras penas una silueta de largo cabello susurrar a su lado ¿Quién sería? ¿Quién se preocuparía por él acaso era?

-Nu… Nurielle… -La figura guardo silencio y pareció apartarse de su lado ¿Acaso se había equivocado?

No podía fijar la vista. Se sentía mareado y débil, no se había sentido así desde que tenía memoria. Él era el cuarto espada, uno de los Hollows más fuertes del Hueco Mundo y sus fuerzas no habían estado tan mermadas desde que lucho con Ichigo Kurosaki. Intento recuperar la potencia en sus músculos; hizo un esfuerzo intentando sentarse pero el movimiento fue completamente en vano.

-¡Ohh… ohh! ¡Tranquilo chico no puedes levantarte tan rápido! Déjame que te examine.

-¿Quién es usted? ¿Urahara? –intentando vislumbrar la figura

-No soy Urahara. Mi nombre es Kurosaki Isshin, y tuviste un principio de pulmonía. Es raro en un sujeto que lleva un gigai pero quizás se deba a que el mismo esta fallado o algo así. Bueno será mejor que te deje descansar otro poco. ¡Más vale que te recuestes! –Gruño el sujeto a quien luego de un buen rato pudo divisar con normalidad.

-Gracias señor Kurosaki. –Sentenció la vocecita de Inoue.

-De nada, solo cuídalo quieres.

-Lo haré… gracias… -Viéndolo partir.

Inoue regreso con rapidez junto al convaleciente muchacho pero para su espanto el chico estaba tirado en el piso. Había querido moverse y aquel temerario acto había concluido en un doloroso desparramo en el suelo de la habitación.

-¡ULQUIORRA! ¿Qué haces? –acuclillándose a su lado e intentando levantarlo.

-¿Qué quieres mujer? –pregunto el chico con indiferencia.

-¿Qué, que quiero? ¿Acaso crees que he estado cuidándote aquí por los últimos tres días como para que eches por la borda todo mi esfuerzo? –Inoue lo asió con esfuerzo hasta sentarlo en el borde de la cama.

-¿Dónde estoy?

-Estas en mi casa Ulquiorra; ésta era la habitación de mi hermano Sora –Recostándolo sobre la cama.

-¿Tú hermano?

-Así es… él murió hace varios años y desde entonces vivo sola aquí –cubriéndolo con las cobijas cuya acción no fue interrumpida por el chico quien solo se limito a mirarla preguntándose si aquello no era un sueño. –Mis padres murieron cuando yo era una niña y mi hermano se hizo cargo de mí; cuando él murió tuve que arreglármelas por mi misma y eso es lo que he estado haciendo o al menos intentándolo. –Inoue sonrió.

-¿Estas sola? –el pelinegro la observo sentarse con cuidado en el borde de la cama justo a su lado.

-Bueno tengo a mis amigos y eso es suficiente por ahora… -la chica intentó sonreír nuevamente –pero tú me preocupaste Ulquiorra.

-¿Yo? ¿Por qué te preocuparías por un enemigo? –mirándola incrédulo.

-¡No eres un enemigo! ¡No para mí! –sentenció algo espantada.

-¿Entonces que soy para ti mujer?... –pregunto con calma.

-¡Ahh! ¡Dejé la comida en el fuego!

Inoue se excuso con rapidez y salió a toda prisa de la habitación eludiendo aquella incomoda pregunta. Ulquiorra pudo observar con detenimiento la habitación. No había mucho allí, un pequeño escritorio de madera de pino, una mesa del mismo material, un pequeño armario enclaustrado en la pared de color madera, unas estanterías vacías, una mesita de luz con una lámpara, la cual se hallaba apagada debido a que la luz principal del techo se hallaba encendida. Sobre la mesa de luz había dispuesto unos remedios, un termómetro y algunos paños inmersos en una pequeña fuentecita con agua.

Hubo algo que llamó poderosamente su atención y fue que sobre el escritorio se hallaba depositado un enorme conejo de felpa de color blanco que supo reconocer casi al instante, pues era el mismo que él había ganado en la feria aquel día que se marchó ¿Por qué aquel objeto seguía en las manos de la humana?

Al cabo de unos cuantos minutos, la muchacha, ingreso a la habitación con una bandeja acompañada de un vaso de agua y un humeante plato de sopa.

-Muy bien aquí esta la cena… -depositando la bandeja sobre la mesita de luz y ayudando al, aún debilitado espada, a sentarse en la cama. –Debes comer algo para que te repongas cuanto antes.

-¿Por qué me tienes aquí encerrado?

-No estas encerrado Ulquiorra, y yo no soy tu carcelera, simplemente estás aquí como mi invitado.

-¿Invitado?

-¡Tanto te sorprende! Te encontré desmayado en el suelo de la azotea, casi no respirabas y ardías en fiebre. Intenté curarte con mi poder pero no pude hacerlo estaba muy preocupada…

-Eso ya lo dijiste… -Mirando el plato de sopa humear ahora sobre su regazo.

-¡Pues lo estaba! Tuve que hacer grandes vericuetos para traerte hasta aquí, incluso, el escuchar los refunfuños de mis amigos.

-Quizás lo mejor hubiese sido que no me ayudases mujer. –Tomando su sopa.

-¿Esta rica? –pregunto ella aproximando su rostro al del joven lo que llegó a causarle a Ulquiorra un súbito ascenso de temperatura.

-Si… lo está, esta deliciosa… -exclamó a media voz apartando su rostro ¿Por qué se sentía así? ¿Acaso él podía avergonzarse?

-Cuando mi técnica no funcionó intentamos ubicar a Urahara pero él se ha ido por una semana y como no sabíamos a quien acudir el señor Isshin nos ayudo.

-Supongo que no ha de haber sido grato para Kurosaki Ichigo –bebiendo otro poco de aquella cena.

-No, claro que no, pero finalmente ayudó. No iba a dejar que murieses en ese lugar Ulquiorra.

-Quizás cometiste un gran error mujer…

-¡No lo creo! –Mirándolo a los ojos –¡Se que no me arrepentiré! –Inoue pudo notar el desconcierto en el joven y eso le genero un fuerte deseo de abrazarlo, pero seguramente produciría una gran catástrofe si lo hacia mientras comía, así que se reservo ese placer, al menos por ahora. -¿Y dime por que te enfermaste? –Inquirió con curiosidad.

-¿Enfermar? Yo no enfermo… -dijo con autosuficiencia.

-Ulquiorra… tienes pulmonía… -mirándolo con ternura.

-Debe de ser algún defecto en el gigai –afirmó

-El señor Isshin cree lo mismo ¿Pero que te dijo Urahara y que te pasó para que estuvieses así? –Acomodándole un mechón de su renegrido cabello el cual caía sobre su rostro.

-Yo… -Ulquiorra la miró ¿Por qué sentía más calor que antes? ¿Por qué la humana lo trataba así? ¿Acaso todo esto era obra de Nurielle, era eso una ilusión? –Esto es una mentira ¿verdad? … -dejando rudamente la cuchara sobre el plato.

-¿Mentira? –Inoue lo miró perpleja.

-¿Eres tú Nurielle? –agachando la mirada.

-¡NURIELLE! –Inoue se sintió enfadada y se paró de sopetón -¡VOY A LA COCINA POR ALGO! –dijo de mal humor ¿Por qué Ulquiorra solo pensaba en esa mujercita? Esto la fastidio pero a la vez aquellos celos le produjeron algo de risa

-¿Por qué ríes? –Inquirió el pelinegro al verla ingresar al cuarto.

-Por nada… solo me reía de mi misma… pero no soy Nurielle… -guardando silencio unos instantes -Ulquiorra ¿Quieres que le avise que estas enfermo? –La chica volvió a sentarse a su lado pero esta vez su rostro trasmuto a tristeza y agachó la cabeza. –Entenderé si es lo que deseas… Creo que puedo hacerle llegar el mensaje –mirándolo ahora a la cara.

-Será mejor que no te acerques a ella mujer… - volviendo a consumir su sopa.

-¿Por qué, ella me odia?

-No lo sé… pero creo que no le agradas…

-Pues que bien por que ella a mi tampoco. –Sentenció furica cruzándose de brazos mientras agitaba su precioso y largo cabello.

-Pero Nurielle es muy peligrosa y además es un poderoso arrancar.

-¡Pues no le temo! ¡Y a partir de hoy seremos rivales! Hasta que entienda que no puede vivir haciéndole daño a los demás… -sentenció finalmente con enojo.

-¿Rivales? –Ulquiorra la miró aun más confuso. El chico terminó de comer y dejó la bandeja sobre la mesa de luz volviéndose a recostar en la cama.

-¡No entiendo que le ves! –dijo enfada caminando por toda la habitación.

-¿Verle?

-Entiendo que es bonita

-¿Bonita?

-También debe de verse sumamente sexy pero no es algo con lo que no pueda competir.

-¿Competir? –podía sentir una extraña pesadez apoderarse de su cuerpo.

-¡No voy a sentirme celosa por ella! –exclamó con vehemencia.

-Celos… -Ulquiorra sentía un severo cansancio así que se acurruco un poco más en aquella cama y cerró los ojos.

-Descansa… -Exclamó ella acariciándole el rostro con suavidad -¿Ulquiorra si yo te pidiera algo lo harías? –inquirió con suavidad cerca de su oído. Ulquiorra se había entre dormido y una extraña pesadez se apoderaba de su cuerpo falso dificultándole tomar coherencia de lo que vivía.

-Si… -respondió despacito y suspirando.

-¿te quedarías conmigo para siempre? –besándole la mejilla.

-yo… si… -exclamó con dificultad casi perdiendo la conciencia.

-Es una promesa… Ulquiorra… -besando con suavidad aquellos dos deliciosos labios.

-Inoue… -susurro él sumergiéndose en un profundo letargo.

Muchísimas gracias a todos los que me han dejado sus comentarios especialmente a:

* Orihime Sweet Princess

* Chikytina

* Hime Phantomhive

* Megami Mars

* EldaCifer07

Muchas gracias chicas por tomarse el tiempo de comentar eso me alienta a seguir escribiendo como siempre digo por que al menos se que a alguien le llega este fan fic.

Se aceptan sus críticas y comentarios, eviten los tomatazos por que ensucian mi monitor jejej saluditos